La selección española de fútbol se ha reunido con el aficionado Alexander Peatow para invitarle a ver el partido de este viernes contra Francia en Múnich. La razón de ello es la imagen viral que él mismo protagoniza.
La celebración de Peatow por el triunfo de España frente a la Alemania, que permitió el paso a la semifinal de la Eurocopa 2024, captada en vídeo, se volvió en una imagen viral que llegó a recorrer el mundo.
El alemán, rodeado de fanáticos alemanes, aparece haciendo aspavientos bruscos celebrando el gol que metió el centrocampista español Mikel Merino en el partido de este pasado viernes contra Alemania.
Peatow es alemán y ha sido invitado el partido de semifinal que disputarán las selecciones de España y Francia este viernes a partir de las 21:00 en Múnich.
«Los españoles nos quejamos de que ahora no tenemos un gran referente, pero en Italia pasa lo mismo y en Francia llevan 40 años esperando un nuevo Bernard Hinault». Javier Guillén, en la presentación del 90º aniversario de la Vuelta a España, analizaba la irrupción de talentos procedentes de países con escasa tradición ciclista (Eslovenia, Dinamarca, México, Australia, Inglaterra), que ahora eclipsan a las naciones con más tradición. Francia añora el pasado, pero hoy se ilusiona con una joya consagrada en el Critérium Dauphiné: Paul Seixas, nacido en Lyon el 24 de septiembre de 2006. Con 18 años es el más joven en la élite del ciclismo y ya le están preparando para asaltar el Tour.
El nuevo fenómeno cautiva por su polivalencia y valentía. Sube con soltura y contrarrelojea con aplomo. En la crono del Dauphiné de la pasada semana fue décimo. Encabezó el grupo de los mejores en las etapas de montaña. Terminó octavo, si no hubiera sido por una caída en el último tramo de la jornada de clausura habría sido sexto. Increíble resultado para un debutante en la histórica ronda gala, en la que peleó contra Tadej Pogacar, Jonas Vingegaard, Remco Evenepoel y el resto de los mejores escaladores del mundo.
Seixas se desenvuelve con acierto en todos los escenarios. «Me gusta competir en el llano, en los adoquines, en subidas cortas y largas y en contrarreloj. No quiero ponerme límites. No voy a decir que no puedo ganar esta o aquella carrera», ha advertido Seixas. «También me siento cómodo en los sprints de pequeños grupos. Es importante mantener el lado lúdico del ciclismo, porque creo que cuanto más te diviertas, mejor funcionas», ha declarado a AFP.
campeón del mundo júnior de contrarreloj
Los responsables de su equipo, el Decathlon-AG2R, no tenían previsto convocarle para el Dauphiné, aunque cambiaron de idea debido al gran inicio de temporada de Seixas. «No le habíamos puesto el Dauphiné en su calendario de principio de año, pero Paul ha respondido fenomenalmente. Le planteamos la posibilidad de completar etapas intermedias y la aprovechó», explicó a AFP Jean-Baptiste Quiclet, director de rendimiento de la formación francesa.
El heredero de Hinault ha ratificado todo lo bueno que apuntaba en categorías inferiores. En 2024 se proclamó campeón del mundo júnior de contrarreloj y pasó directamente a profesional. El pasado febrero, en el Gran Premio de La Marsellesa, su primera carrera en la élite, sorprendió con un quinto puesto. En el Tour de los Emiratos, su debut en el World Tour, terminó en la cima del Jebel Jais. Fue segundo en la París-Camembert y logró dos segundos puestos en el Tour de los Alpes, prueba en la que ganó la Clasificación por Puntos y entregó una victoria de etapa a su compañero, Nicolas Prudhomme.
Administración de Empresas
Seixas cursa estudios de Administración de Empresas y tiene ascendencia portuguesa. Ha firmado un contrato de tres años con el Decathlon-AG2R, donde ha tenido a Romain Bardet como guía y maestro. «Creo que hay una cierta transmisión, un legado. Paul sigue los pasos de Romain», añade Quiclet. En el Decathlon-AG2R ya han planificado la trayectoria de Seixas y esperan que en 2028 esté plenamente preparado para optar al Tour de Francia. Pero vista su evolución, no extrañaría que esos plazos se adelanten.
Ahora, Francia se ilusiona con Seixas, destinado a terminar con una sequía en el Tour que persiste durante 40 años. Desde 1985 ningún francés ha ganado la Grande Boucle. Hinault aún busca heredero. Warren Barguil, Sylvian Chavanel y Thomas Voeckler intentaron emular sin éxito al bretón y otros se consolaron con el podio: Jean François Bernard (tercero en 1987), Richard Virenque (tercero en 1996 y segundo en 1997) y Romain Bardet (segundo en 2016 y tercero en 2017).
El fútbol le ha salvado la vida a Gianluca Scamacca (Roma, 1999) y no duda en reconocerlo. En el barrio a las afueras de Roma donde nació, Fidene, no había futuro y el presente era perseguir la pelota en la calle con los amigos. "Era difícil no acabar en determinados círculos. Gracias al fútbol no me he descarriado", confiesa el máximo goleador de la Serie A que hoy pondrá en aprietos a España.
A sus 25 años ha trotado por media Europa para acabar encontrando su lugar en el Atalanta en una temporada en la que ha marcado 19 goles, ha sido campeón de la Europa League y se le han abierto las puertas de la selección. Pero para radiografiar a Scamacca hay que volver al extrarradio romano y al origen de la fama de pendenciero que, según el propio jugador, arrastra desde los 16 años.
"Siempre la liaba en el colegio. Un día corté la luz de todo el edificio", relata el delantero, que comenzó a enmendarse en la cantera de la Lazio para después dar el salto a la Roma, donde comenzó a moldearse como goleador y a fijarse en los movimientos de Totti cuando le tocaba ser recogepelotas en el Olímpico. Nunca pudo ni siquiera entrenar con él. Con 16 años, la Roma lo traspasó al PSV, con 270.000 euros.
"Holanda es una escuela de fútbol. Fue una decisión atrevida de la que no me arrepiento", asegura el futbolista, que tuvo como entrenador a otro mítico Ruud Van Nistelrooy. Pero aquel no era su lugar. Scamacca, sin haber cumplido la mayoría de edad, tenía tres o cuatro tatuajes y en el campo era capaz de todo, algo que chirriaba en un equipo modosito. "Si hacía un taconazo me decían si quería imitar a Ibrahimovic. Me veían raro. Y yo no entendía que para ir a tomarme un helado con ellos tuviera que decirlo diez días antes", contaba el delantero en una entrevista a su regreso al Calcio.
Fue incapaz de pasar más de dos años en Eindhoven pero su figura ya apuntaba y sí, además de por los tatuajes, se asemejaba a la del astro sueco. 1,95 de altura, buen juego aéreo, potencia en el remate y capacidad de asociarse en el área. Un tanque que complica la vida a las defensas: "La verdad es que veía sus vídeos y pensaba que sí nos parecíamos. Me gustaba su atrevimiento y yo en el campo me transformo y soy capaz de todo: de dar una carrera más que el rival o de pegarle".
Scamacca, durante el partido ante Albania.EFE
Eso vio el Sassuolo para llevarla de nuevo a Italia A en 2017, pero las lesiones complicaron su carrera y comenzó a trotar por el Cremonese, el Ascoli o el Génova antes de volver para despedirse con 16 goles. Fue entonces cuando la Premier, el West Ham, sacó el talonario y pagó 29 millones. Eso a pesar de un sambenito que arrastraba sin poder evitarlo.
Familia conflictiva y prejuicios
Meses antes, su abuelo fue detenido por amenazar con un cuchillo a los clientes de un bar y su padre por destrozar con una barra de hierro varios coches de directivos de la Roma en la ciudad deportiva de Trigoria. "A mí padre lo veo muy poco. Mi familia son sólo mi madre y mi hermana", tuvo que aclarar el delantero.
Cinco goles en su primer mes en auguraban que había encontrado su lugar en el mundo en Londres, pero todo cambió por una lesión. "En la Premier, si no estás al 100%, te barren". De allí se trajo un enorme león tatuado en la espalda y un convencimiento: "Nunca subestimes el poder que tienes dentro".
Ese poder le llevó a Bérgamo el pasado verano. Gasperini iba a ser su domador y el Atalanta el equipo que le catapultara. 12 goles en la Serie A, seis en la Europa League, y el título, y otro más en la Copa. Son 19 en total y siete asistencias, números que no pasaron desapercibidos para Spalletti, que también ha tenido que amansar a la fiera.
En marzo lo dejó fuera de la convocatoria para los amistosos ante Venezuela y Ecuador. La razón es que en la anterior concentración se había quedado jugando a videojuegos hasta la madrugada.
"Nadie sale lo que hago en la habitación, pero hay prejuicios hacia mí desde que tenía 16 años", contestó airado el jugador, pero el aviso surtió efecto y Scamacca apretó para estar en Alemania: de sus 19 goles que le convierten en el máximo goleador azurro, diez lo consiguió desde marzo. Imposible que Spalletti, necesitado de acierto, le dejase de vacaciones, pero no lo tiene ganado.
Le da una de cal y otra de arena. "Me gustan las mechas con las que ha venido", dijo el primer día de concentración para rebajar la tensión. Después volvió a repartir elogios y avisos. "Veo crecimiento y tiene un poco de todo: tamaño, velocidad, técnica y goles. También un poco de pereza", advirtió el convencido de que, si agita el látigo, Scamacca despertará para ser letal.