La retirada temprana de Aliona Bolsova, la tenista ‘punk’ que no quería serlo: “El tenis es muy tieso, yo no era una rebelde”

La retirada temprana de Aliona Bolsova, la tenista 'punk' que no quería serlo: "El tenis es muy tieso, yo no era una rebelde"

Tenía 21 años cuando todos los ojos se posaron en ella. Aliona Bolsova, entonces fuera de las 100 mejores del mundo, se coló en Roland Garros 2019 a través del torneo previo y se convirtió en protagonista. Era su tenis lo que la llevó hasta octavos de final, pero también era su imagen. Pelo corto, tatuajes y rechazo a los modelitos. Nada de falditas, menos aún de volantes. Bolsova fue catalogada al mismo tiempo de nueva promesa del tenis español y de jugadora underground, rebelde, incluso punk. Hace unos días, con solo 28 años, se retiró del circuito profesional en el Open Catalonia Solgironès de La Bisbal d’Empordà con el número 88 del ranking WTA como techo de su carrera y la sensación de que nadie la entendió.

«Quizá llamaba la atención, pero solo era una forma de expresarme. No era rebelde ni quería reivindicar nada. El tenis es muy tieso y yo no quería adaptarme a ciertos estándares de género, a lo que se asocia con la feminidad. Simplemente quería jugar cómoda», cuenta.

¿Aquel magnífico resultado en Roland Garros le ayudó o le presionó el resto de su carrera?
Durante el propio torneo disfruté bastante porque no me esperaba nada y todo me salió muy bien. Pero luego me agobié bastante por la atención que recibía. Eso me agotó mucho mentalmente. Notaba que me etiquetaban de cierta manera y yo en realidad no quería llamar tanto la atención.

Una relación tóxica

La trayectoria de Bolsova estuvo marcada por una relación de amor-odio con el tenis desde la infancia. Nacida en Chiinu, Moldavia, y vecina de Palafrugell, en Girona, desde los tres años, su abuela Valentina y sus padres Vadim y Olga fueron atletas olímpicos -ella en Roma 1960 y ellos en Barcelona 1992-, pero Aliona escogió la raqueta. En el Club Tenis Llafranc se divertía, pero pronto su padre Vadim transformó ese entretenimiento en trabajo, obligación y tormento. Bolsova quiso dejar el tenis, la presión desembocó en una bulimia y necesitó alejarse de su padre para sanar y reconciliarse con el deporte.

«Eso ya quedó en el pasado y no me apetece hablar mucho de ello. Fueron cosas de la infancia, de mi familia, y ya está. Solo quiero decir que si tu hijo viene y te dice que quiere dejar el tenis o cualquier otra cosa, hazle caso. El disfrute es esencial en todo», asegura Bolsova, que se retira con el W80 de Valencia de 2022 como título más importante y varias rondas de la Copa Federación con España como mejor recuerdo. Este mismo año, de hecho, clasificó al equipo para las Finales de noviembre.

¿Aprendió a disfrutar del tenis?
El tenis puede ser una trituradora mental, pero también tiene mucho que ver con cómo nos lo enseñan desde pequeños. Tiene que ser superprofesional, superserio, y así perdemos esa capacidad de diversión. Cuando pasas de niño a adolescente te profesionalizan y pasas de disfrutar a sufrir. Da gusto ver a [Carlos] Alcaraz divertirse en la pista, pero hay pocos ejemplos así. Yo disfruté más al final de mi carrera, cuando aprendí a hacerlo.

La raqueta, aún cerca

Bolsova se retira con 48.000 dólares en premios WTA y toda una vida por delante. Graduada en Historia, Geografía e Historia del Arte por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), estudiará un máster en la materia y luego decidirá. Quizá acabe siendo maestra. Quizá regrese al tenis como entrenadora. De momento sigue jugando para disputar la Bundesliga, una competición semiprofesional veraniega en Alemania, y la raqueta no acabará en ningún rincón del garaje.

«No voy a estar meses sin jugar. Lo dejo porque estoy agotada de los viajes y quiero cerrar esta etapa, quiero otra vida, quiero estar en casa. Pero no he acabado hasta las narices del tenis. Para nada. Al final ni siquiera me molestaban los apostadores que me insultaban en redes; me lo tomaba a guasa. Pero no quiero volver a coger aviones», apunta en su despedida. De la generación de Paula Badosa, con quien compartió duelos y concentraciones con la selección española, Bolsova deja atrás el recuerdo de aquel Roland Garros prodigioso y una actitud distinta que no era reivindicación ni rebeldía. Simplemente era ella.

kpd