La gran fiesta española en Cornellá, manchada por los gritos xenófobos de “musulmán el que no bote”

La gran fiesta española en Cornellá, manchada por los gritos xenófobos de "musulmán el que no bote"

Barcelona, el estadio de Cornellá, respondió a Luis de la Fuente, pero también puso a España en un aprieto. El seleccionador advirtió de que ante Egipto no se disputaba un amistoso, sino que había mucho en juego. El primer puesto del ranking FIFA, engrasarse para el Mundial y mantenerse «a la altura» de lo que se le pide a una selección favorita. Y la grada lo entendió… hasta que fue más allá del puro fútbol y del respeto. Los 37.000 aficionados que llenaron el estadio de Cornellá lo vistieron como si se jugara una final. Y no solo durante los 90 minutos del partido. Desde horas antes de que arrancara, los alrededores se tiñeron de camisetas rojas -la nueva camiseta blanca de Adidas está arrancando-, con banderas de España y cánticos que ya no cesaron.

La primera gran muestra de entrega se vivió con el himno nacional, cuando todo el estadio tarareó al unísono, y continuó con cánticos de ‘yo soy español’ y ‘qué viva España’. Sin embargo, antes buena parte del público había mostrado un comportamiento reprochable al pitar el himno de Egipto. Lo que debió ser una fiesta se enturbió cuando, de nuevo al unísono, la grada entonó, en dos ocasiones y de forma mayoritaria, «musulmán en el que no bote». Se olvidaron de que una de las estrellas de España, Lamine Yamal, profesa ese credo. Y se arriesgaron a que el partido se parara.

No se activó ningún protocolo, pero hubo una charla, con el partido en juego, entre la delegada, Nuria Martínez, y el cuarto árbitro. Quizá los colegiados búlgaros no entendieron la dimensión del cántico, como tampoco los insultos al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. A eso se sumaron nuevos pitos al centrocampista Issa cuando, al pitar el descanso, se arrodilló y besó el césped.

No es una buena imagen para la RFEF, que organizará el Mundial de 2030 con Marruecos, un país musulmán, en el que Cornellá aspira a ser una de las sedes elegidas. Quizá por eso en el descanso, por la megafonía, se pidió al público que se abstuviera de realizar «cánticos ofensivos o racistas» y en los videomarcadores se proyectó un mensaje en que se recordaba que la legislación «prohíbe y sanciona la participación en actos violentos, xenófobos, homófobos y racistas».

Antes del inicio de la segunda mitad, la megafonía volvió a lanzar el mismo mensaje. Y, desde uno de los fondos, volvió el «musulmán el que no bote», esta vez protestado por el resto de la grada.

A los jugadores egipcios no les afectó; a los españoles no les ayudó a entonarse en un partido que se fue espesando. El arreón de la selección hacia la portería de Shobeir apenas duró, y para cuando los seguidores se acordaron de Dani Jarque, como ocurre en cada partido del Espanyol en el minuto 21, se había esfumado. Era Egipto quien crecía, con capacidad para tener el balón y acercarse a Raya. El meta de Arsenal fue titular y vio en el minuto 29 cómo un disparo de Marmoush se estrelló en el palo. Había tenido el atacante del City la mejor ocasión.

Debut de Joan Garcia

No le gustaba a De la Fuente cómo estaba respondiendo el equipo. Por primera vez en mucho tiempo, un rival había dejado la estadística de posesión en un 50-50 en la primera parte. Por eso Rodrigo, desde la banda donde calentó desde la media hora de juego, pedía calma. Al volver del vestuario, lo mandó al campo, junto a Pedri y Fermín, y sacrificó a un poco acertado Lamine.

Fue en el minuto 62 cuando volvió a atronar el campo. Esta vez el protagonista era el guardameta Joan Garcia. Luis de la Fuente lo hizo debutar en casa, en el que fue su estadio durante muchos años, pero en el que le castigan porque decidió cambiar el Espanyol por el Barça. Como no todo el público era perico, hubo división de opiniones. Recibió una pitada masiva, pero también escuchó cómo se coreaba su nombre. Fue el colofón a una noche en la que la grada, siempre el jugador 12 de un equipo, pudo acabar desquiciándolo.

kpd