Sin brillantez, pero España también gana. Cuatro de cuatro camino del Mundial 2027, ya clasificada matemáticamente para la segunda fase. Esta vez, de nuevo ante Ucrania, ahora en Oviedo, una selección de pico y pala, sabiendo combatir en el fango. Con personalidad. Hay días más o menos lúcidos, pero Chus Mateo ha conseguido en muy poco tiempo que este equipo tenga tal confianza en sí mismo que supera, de momento, cualquier obstáculo. [78-64: Narración y clasificaciones]
Tantas veces en el deporte las diferencias se marcan en la falta de comodidad. Como si echara de menos la frescura o como si Ucrania, ya dura de por sí, hubiera aprendido la lección. Y, pese a todo, ni un segundo peligró la victoria de una selección que sólo se desmelenó a falta de seis minutos, para deleite del público asturiano y para cargar las pilas todavía más de un grupo que transmite unidad y entusiasmo. La imagen de todo el grupo, cuerpo técnico y staff incluidos, celebrando en el centro del campo un nuevo triunfo, dice mucho de lo que se está cociendo en ese vestuario.
La España que amaneció en Oviedo (esta vez los descartados fueron Isaac Nogués y Alex Reyes; entraron Lluís Costa y Pep Busquets) fue una prolongación del festival de la segunda parte en Riga. Como si en aquel descanso en el Xiaomi Arena, la selección hubiera descubierto la pócima ucraniana. O más bien la propia, la del baloncesto frenético, la defensa agresiva, el contagio de la alegría. Pero, esta vez, los protagonistas del arranque fueron precisamente dos de los que pocos que menos brillaron allí. Fran Guerra metió las dos primeras en la pintura. Y Santi Yusta sus dos primeros triples. Una ventaja que ya jamás abandonaría España en toda la noche.
Sin embargo, ese zarpazo inicial no tuvo continuidad. Fue un espejismo. Funcionaba la defensa (otra vez seco Kovliar), totalmente apagados los ucranianos, pero no el ataque español. Entró en una preocupante parálisis España, apenas 12 puntos en todo el segundo cuarto y porque Jaime Fernández lo zanjó con un triple sobre la bocina. Chus Mateo meneaba el banquillo, pero nadie tenía la clarividencia como para escapar del cúmulo de fallos.
El marcador al descanso era raquítico (28-21), el acierto un drama. La primera noche en la historia de la selección en Oviedo necesitaba un electroshock. De nuevo pareció una España más fresca a la vuelta de vestuarios. Pequeños arreones. Incluso se vio 12 arriba (36-24) con Jaime Fernández como luz en ataque. Pero Ucrania respondía para engancharse, menos maniatada que el viernes.
Hasta que la resistencia rival se dio por vencida, desesperados los ucranianos. Pierre Oriola otra vez decisivo, el paso adelante de Oriol Paulí, los triples de Francis Alonso. No hubo héroes ni nombres propios. Fue un triunfo coral. Uno más, cuatro de cuatro, a redondear en julio contra Dinamarca y en Georgia. Para acudir al siguiente escalón con la hoja de servicios limpia (se arrastran todos los resultados), para vérselas contra Grecia, Portugal y seguramente Montenegro, con un buen colchón hacia Qatar.












