El español consiguió su segunda victoria de etapa y rozó el primer puesto de la general, que se llevó el danés Skjelmose con 9 segundos sobre el catalán.
Ayuso, tras ganar la crono.Gian EhrenzellerAP
Lo que se antoja una misión imposible, el sueño de un loco, la quimera de un iluso, ganarle una contrarreloj aRemco Evenepoel, lo consiguió Juan Ayuso en la última etapa de la Vuelta a Suiza. Era su segunda victoria de etapa en la ronda.
El español relegó al belga a 8 segundos. Y al danés Mattias Skjelmose-Jensen, que fue tercero, a 9. Ayuso (UAE) acabó segundo en la general, a esos mismos 9 segundos, tras Skjelmose (Trek), con Remco tercero a 45. El cuarto, Wilco Kelderman, los vio de lejos, a 2:09.
Estamos ante la eclosión de, objetivamente, un corredor excepcional; alguien que, a los 20 años, una edad muy temprana para un ciclista, incluso en estos tiempos, protagoniza unas exhibiciones reservadas a los privilegiados. Su dominio técnico de la bicicleta es absoluto. Sus descensos, en una mezcla de audacia y pericia, con riesgos controlados, rozan la perfección.
Asombra la tranquilidad con la que, tras los triunfos, se asoma, se enfrenta al, digamos, “post partido”. Es consciente de la trayectoria que, salvo desastre de algún tipo, lo aguarda en el ciclismo y la encara con la naturalidad de quien se sabe un elegido. Hay mucha serenidad, mucha madurez en alguien tan joven.
La etapa constaba de 25,6 kilómetros, en un recorrido para especialistas, con unos repechos de cierta exigencia entre los kilómetros 10 y 20. Decir ya que Ayuso es uno de esos especialistas, y de los mejores, no es ninguna exageración, ni ningún juicio dictado por el patriotismo, después de que, también en Suiza, se impusiera en la crono del Tour de Romandia. Ayuso reúne ya tres victorias en el año, y es el mejor español en cantidad y calidad.
La pregunta era tan recurrente como sospechosa. ¿Dónde estaba Oier Lazkano? El prometedor ciclista vasco, uno de los fichajes estrella del Red Bull-Bora Hansgrohe, no disputaba una carrera desde la pasada París-Roubaix, en abril, sin que hubiera explicación oficial ni pronunciamiento personal del ex de Movistar. Falta de adaptación a la estructura alemana, problemas físicos o... La tercera opción, la más polémica, ha resuelto la ecuación. Este jueves, la UCI (Unión Ciclista Internacional) ha anunciado su suspensión provisional por "anomalías inexplicables en su pasaporte biológico".
El organismo comunicó la medida a través de una nota oficial en la que detalla que la decisión se ha tomado de acuerdo con su Reglamento Antidopaje. Aunque durante los procedimientos pertinentes "no realizará más comentarios mientras el proceso esté en curso", la UCI sí que especifica que dichas anomalías corresponden a los años 2022, 2023 y 2024. Exactamente los tres que estuvo en el Movistar después de abandonar la disciplina del Caja Rural - Seguros RGA.
En su nota, la UCI explica el procedimiento del PBA (Pasaporte Biológico del Atleta), un registro electrónico individual para cada ciclista en el que se recopilan los resultados de todos los controles antidopaje realizados durante un período determinado. Lazkano se había convertido en uno de los ciclistas españoles más pujantes. A sus 25 años, había firmado un extraordinario 2023, en el que, además de proclamarse campeón de España, ganó la general y una etapa de la Boucles de la Mayenne, una etapa de la Vuelta a Burgos y fue segundo en la prestigiosa A través de Flandes, por detrás de Christophe Laporte.
En 2024, además de debutar en el Tour de Francia, se impuso en la Clásica Jaén Paraíso interior de principio de temporada. Sus grandes prestaciones le hicieron fichar por el equipo alemán, que ahora le ha borrado hasta de su página web. Sus resultados en este comienzo de 2025 estaban muy por debajo de lo esperado, con varios abandonos. Y, desde abril, sin ninguna noticia.
El Tour abandona el Norte, poco a poco hacia el macizo central, en nada ya en los Pirineos, donde la batalla se enciende el jueves en Hautacam. Lo hace pidiendo tregua, al fin un par de días de (supuesta) calma, de escapadas largas y equipos de sprinters afilando el cuchillo. Porque las siete etapas iniciales, en las que no se ha subido ningún puerto superior de tercera categoría, han resultado tan extraordinarias como exhaustas.
Menos el pasado sábado en Lille, victoria al sprint de Jasper Philipsen, y en la siesta que se permitieron hacia Dunkerque (Tim Merlier), la nómina de ganadores ha sido de quilates: dos victorias de Pogacar, una de Van der Poel, otra de Ben Healy y la contrarreloj de Evenepoel en Caen. El amarillo se lo han repartido entre el propio Van der Poel y Pogacar, que sólo dos días desapareció de los 10 primeros puestos de la etapa. Es tal el despliegue que se presenta este sábado en la salida de Saint-Méen-le-Grand como líder de la general y de la regularidad... y a un solo punto de su compañero Tim Wellens en la montaña. El décimo en la general está ya a casi cuatro minutos, por ejemplo. Primoz Roglic se ha dejado 3:06, Enric Mas (que ayer se vio involucrado en la dura caída final) 4:35, Carlos Rodríguez 4:51, Ben O'Connor 8:10...
Casi todo son buenas noticias para Pogi, casi todo parece encaminado hacia su cuarto Tour (sin cumplir los 27 años), el segundo consecutivo. Pero, llegando al Muro de Bretaña, aproximándose a la segunda de las ascensiones a la icónica colina, el esloveno tuvo la peor noticia de lo que va de Tour. En una velocísima transición, Joao Almeida -quien, como el propio Mas y otros, marchaba innecesariamente atrás del pelotón-, su gran escudero, el hombre llamado a escoltarle en las etapas de montaña, en esas «maratones de los Alpes» donde Vingegaard «puede marcar la diferencia» (como avisa su compañero Jorgenson), el luso se vio involucrado en una espeluznante montonera. Pudo retomar la marcha y en meta se dejó más de 10 minutos. «No todo ha sido perfecto: Joao se está sometiendo a rayos X tras su caída. Por supuesto, es bonito ir de amarillo y ganar la etapa, pero como Tim [Wellens] me acaba de decir, era un lujo tener a Joao tan cerca en la general. También era una buena oportunidad para él, porque está en una gran forma física. Espero que no se haya roto nada y pueda continuar», se lamentaba Tadej tras el triunfo 101 de su carrera: en el arreón definitivo alcanzó una velocidad de 55 kilómetros por hora... con el viento en contra.
Después, las pruebas supusieron un alivio. El UAE Emirates descartó fracturas, pero el estado de Almeida, que sería sin duda uno de los grandes favoritos al podio de competir para otro equipo, era preocupante. En las imágenes de la llegada se le vio repleto de rasguños, sangre en las manos y cojeando. Tiene un fuerte golpe en las costillas (fractura costal izquierda sin complicaciones), aunque lo que más preocupaba era la mano.
Pogacar y Vingegaard, en el sprint del Muro de Bretaña.Tour de Francia
Si no hay nada raro, Pogacar llegará al lunes con 1:17 de ventaja sobre Vingegaard. Ese día, reservado habitualmente al descanso, coincide con la fiesta nacional francesa (16 de julio), así que el Tour ha preparado su propia fiesta. Una etapa nunca vista: entre Ennezat y Monte Dore, poco más de 160 kilómetros y hasta ocho puertos, casi todos de segunda categoría, para un desnivel acumulado de 4.400 metros. Como una jornada pirenaica o alpina. «Será duro, de mucho sufrimiento, con altas temperaturas y muchas subidas durante todo el día. Puede haber algunos movimientos... pero ya veremos», advertía Pogacar, con la mosca detrás de la oreja por la actitud que está teniendo estos días el equipo Visma Lease a Bike de Vingegaard y su «carrera extraña».
Parece una buena renta, pero el pasado confirma que se encuentra en las distancias normales que los dos han mantenido en los comienzos del Tour. Porque sólo la contrarreloj (1:05 a favor de Pogacar), marcó diferencias: el resto es gracias a las bonificaciones. En 2022, el esloveno llegó a le etapa 11 con 39 segundos a su favor, dilapidados en la recordada jornada del Granon. Un año después, en la quinta etapa gozaba de 11 segundos, pero Vingegaard le golpeó con 1:04 en Laruns. Y el año pasado, cuando Jonas acudía tras su fatal caída en la Itzulia, al Galibier, cuarta etapa, acudieron igualados y allí Pogi le distanció en 50 segundos.
El gigante de Verbania, un año después, se venga de una de sus afrentas más dolorosas. Filippo Ganna, el contrarrelojista más potente y elegante del pelotón, se adjudicó este lunes, en Lido di Camaiore, la crono de apertura de laTirreno-Adriático. Un triunfo que sirve para cicatrizar la herida moral sufrida en 2024 en el mismo escenario, donde fue batido por el español Juan Ayuso.
El barbado italiano, con su maillot de campeón de italia, firmó un extraordinario ejercicio, de más a menos, en los 11,5 kilómetros de recorrido. El rodador del Ineos paró el cronómetro en 12 minutos y 17 segundos, 23 segundos menos que Ayuso. En el tiempo intermedio, Ganna sólo superaba al chaval de Jávea en dos segundos, pero últimos seis kilómetros, sin apenas curvas, fueron un festival para el italiano, aclamado por el público.
Ayuso, el mejor contrarrelojista de los escaladores, estuvo espléndido, marcando siempre los mejores tiempos antes de la salida del italiano. Terminó segundo y ya atesora una ligera aventaja sobre sus principales rivales en la conquista de la ronda de los dos mares, como medio minuto a Simon Yates y Pello Bilbao, 15 sobre su compañero Isaac del Toro y seis sobre Antonio Tiberi.
Ganna portará la maglia azurra en la etapa de esta martes, con un trazado llano entre Camaiore y Follonica, con 189 kilómetros de recorrido.
Por otra parte, el belga Tim Merlier repitió victoria a sprint en la segunda jornada de la París-Niza, que transcurrió entre Montesson y Bellegarde y la que en el último tramo hubo varias caídas. Este martes se disputa una contrarreloj por equipos en la que el Visma de Jonas Vingegaard parte como favorito.