Ilia Topuria, hijo de padres georgianos, nació en Halle, ciudad de Alemania, se mudó a Alicante con 15 años y el equipo de fútbol de su vida es el Real Madrid. Por eso este domingo, después de haberse convertido en campeón del mundo de la UFC en la categoría Peso Pluma, el peleador hispanogeorgiano recibirá el homenaje del Santiago Bernabéu. Topuria realizará el saque de honor en el encuentro que el conjunto blanco disputará ante el Sevilla y se sentará en el palco de Chamartín.
Sobre el césped, el futbolista en el que siempre se ha fijado: Sergio Ramos, que justo volverá al Bernabéu por primera vez desde su marcha. “Es el jugador al que más seguía desde pequeño y con el que más parecido me veía. Ahora tenemos una buena relación, pero le admiraba desde antes”, ha dicho hoy, en una rueda de prensa en Madrid tras aterrizar desde Estados Unidos.
En los próximos días, Topuria será recibido por el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, y visitará el programa de televisión ‘El Hormiguero’, pero en su primera comparecencia desde su victoria ante Volkanovski ha lamentado no haber recibido la felicitación de Pedro Sánchez: “Me dolió que no me felicitara el líder de nuestro país. Pero eso no cambia mi amor por el país, no guardo rencor”.
Topuria ha insistido en que “la única pelea que voy a aceptar es en territorio nacional. En España”. “Sucederá”, añadió. “El Santiago Bernabéu es un estadio mítico. Parece que todos los astros se han alineado y va a pasar”, aseguró sobre una supuesta pelea en el campo del Real Madrid. Sobre el rival, espera acontecimientos y duda sobre la valentía y el nivel actual de McGregor, estrella de la UFC: “Lo veo preparado para aguantar dos botellas de whisky. Si estuviera en su mejor momento, sería igualmente una ‘meriendita'”.
Sobre el homenaje del domingo antes del duelo ante el Sevilla, Topuria admitió que “Florentino es una de las personas que más ilusión me hace conocer“. “Es un fenómeno”. Y confesó que “sin ofender a nadie, el equipo que más representa los valores de mi país, España es el Real Madrid. Me tira el Madrid”. “Haré el saque de honor en el Bernabéu”, confirmó.
El Caso Negreira sigue copando la actualidad del fútbol español tras las declaraciones de Joan Laporta y algunos exentrenadores del conjunto catalán en el juicio y de las palabras de Florentino Pérez en la comida de Navidad del Real Madrid con los medios de comunicación. A ese discurso se ha sumado esta mañana Xabi Alonso, en la previa del encuentro entre el conjunto blanco y el Talavera en la Copa del Rey.
"En todas las ligas hay árbitros de diferentes personalidades y distintas formas de arbitrar, pero es un caso que hay que investigar y depurar responsabilidades. Lo que ha sucedido aquí... En el extranjero sorprende muchísimo que no haya consecuencias o responsabilidades. Es importante saber qué ha pasado. No es normal y no se puede tomar con naturalidad", reflexionó el técnico vasco en la sala de prensa.
Cuestionado por el comunicado del sindicato de árbitros criticando la postura de Pérez y defendiendo a los colegiados, el entrenador del Madrid declaró que "es legítimo que cada uno defienda sus intereses y alce la voz cuando se siente perjudicado". "Nosotros hacemos exactamente eso", añadió.
Sobre su situación en el banquillo del conjunto blanco, Alonso se abrió un poco a nivel personal. "El Xabi de junio no es el mismo que el de ahora. En esencia sí, pero hay cosas que he aprendido, cosas que he tenido que ajustar de mí mismo, conocer, adaptarme... A los jugadores les pasará lo mismo al ver el tipo de entrenamientos, forma de jugar... Es normal. No somos fotos fijas. Lo interesante es que sea para bien, no para mal. Queda camino por desarrollar", aseguró el de Tolosa, que admitió estar "disfrutando" de su etapa en el club del Bernabéu.
"La unidad es fundamental"
"El cargo te hace saber lo que te toca en cada momento. Disfruto de la oportunidad que tengo, con todo lo que conlleva. Es un orgullo estar aquí y querer mejorar. Hay cosas que me gustaría hacer mejor. Si somos mejor equipo en marzo que ahora será buena noticia", expresó.
Eso sí, reconoció que la comunicación con los responsables del club sigue siendo "buena". "La situación sigue siendo la misma, mantenemos una buena comunicación y estamos juntos en esto. La comunicación es fluida, hay confianza constante, respeto y ambición de querer mejorar. Sabemos que hay momentos buenos y no tan buenos y la unidad es fundamental. Las relaciones se van desarrollando y nos vamos conociendo mejor. El foco son los cuatro días, acabar bien antes del parón, pero siempre con la ambición y exigencia de mejorar, tanto en el vestuario como en el campo".
Kylian Mbappé agarró al Real Madrid a la Liga con un doblete de sábado noche ante un correoso Leganés, que dio la vuelta al 1-0 del francés, se puso por delante antes del descanso y terminó cediendo por un buen tanto de falta de la nueva estrella del Santiago Bernabéu.
Si el lector ha visto una cantidad respetable de partidos del Madrid a lo largo de los últimos años, lo que sucedió en Chamartín no debería sorprenderle demasiado. El conjunto blanco aterrizó en la Castellana después de un nuevo parón por los compromisos internacionales: un par de viajes, dos encuentros mas o menos importantes, algún día libre y de nuevo sobre el césped para seguir peleando la Liga. Una situación que se repite y que casi siempre tiene el mismo resultado, un Madrid somnoliento.
Y eso que Carlo Ancelotti innovó en la alineación. Dejó en el banquillo a los sudamericanos, lastrados por un viaje mucho más largo que los continentales, y apostó por los europeos. Vinicius, Rodrygo y Valverde se quedaron en la banda y Güler, Brahim y Modric se adueñaron del centro del campo junto a Camavinga, dejando a Bellingham y a Mbappé liberados en el ataque. Pudo ser una buena idea de inicio, pero fracasó.
Los blancos tardaron 23 minutos en tirar a puerta, un tímido lanzamiento de Brahim, se encontraron con un penalti a favor para poner el 1-0 y se lanzaron al principio antes del descanso, dejándose remontar por un Leganés con las ideas muy claras: sólido en defensa y vertical en el contragolpe. Los silbidos del descanso lo dijeron todo y explicaron la situación de un equipo que se olvidó por lo que estaba luchando.
El conjunto blanco dominó la posesión, pero no tuvo ritmo en el último tramo del campo. Una constante durante gran parte de esta temporada. Atacó a tirones, en jugadas en las que aprovechó la calidad superior de sus futbolistas, pero no creó fútbol sin balón, con movimientos dirigidos. Construyó su casa desde el tejado, sin cimientos. De momento el curso le acompaña, en plena batalla por los tres títulos más importantes, pero siempre da la sensación de vivir en el alambre.
Ante el Leganés se adelantó con un penalti transformado a lo Panenka por Mbappé tras un empujón de Óscar a Güler. Lo protestó el cuadro pepinero, pero González Fuertes lo tuvo claro. El gol adormiló todavía más a los de Ancelotti y los visitantes remontaron en diez minutos.
La remontada pepinera
El empate llegó en la siguiente jugada, al aprovechar Rosier un espacio a la espalda de Fran García. El lateral cedió atrás, Raba remató, Lucas no acertó a rechazar y el balón le quedó plácido a Diego García.
Siete minutos después, Brahim perdió una posesión en el medio del campo que provocó la contra del Leganés. Óscar aprovechó la ausencia de Lucas en el carril derecho blanco, perdido el gallego en la zona ofensiva, llegó a la línea de fondo y su pase de la muerte lo envió a gol Raba. El Madrid pidió mano de Óscar al llevarse la pelota ante Asensio, pero el colegiado no consideró la infracción.
La reacción madridista
El descanso apareció con sonidos de viento en Chamartín, que veía escaparse la Liga tras la victoria del Barça el jueves. Algo cambió en los vestuarios, sea por fútbol o por rabia, pero el Madrid apretó en los primeros instantes y encontró el premio por el ímpetu de Bellingham, tan elegante y técnico como generoso en cada esfuerzo.
El inglés se inventó un derechazo desde la frontal que Dmitrovic sacó abajo. El rechace lo recogió Brahim, que volvió a rematar ante el portero serbio. El balón salió disparado al larguero y Bellingham voló para lanzarse y empatar el encuentro.
El duelo se rompió por momentos. El Leganés siguió encontrando huecos a la contra con relativa facilidad y Diego García se plantó ante Lunin para igualar, pero su remate salió desviado ante la llegada defensiva de Bellingham. Los pepineros pidieron penalti por un toque del británico al delantero, pero ni el colegiado ni el VAR señalaron nada.
Ancelotti mascaba los cambios, con Vinicius y Rodrygo como chispas necesarias, cuando Brahim envió una pelota al palo. El partido era incontrolable y en el 75, la locura. Mbappé aprovechó una falta en la frontal para sorprender a Dmitrovic, desesperado porque su barrera se había abierto. Un doblete para igualar al Barça y agarrarse a la Liga.
"Estoy agotado. Necesito un vino o una cerveza. Y este domingo el puro, seguro", bromeaba Carlo Ancelotti en los pasillos del Estadio de Wembley, una vez superada la celebración sobre el césped, la entrega de la copa, los compromisos con los medios oficiales, la rueda de prensa y la zona mixta. El técnico italiano, a sus 64 años, vivió otro partido después de la final de la Champions League. El Real Madrid, su Real Madrid, levantó la Decimoquinta con cierto sufrimiento pero mucha felicidad, dos palabras que el italiano ha repetido sin cesar durante esta temporada, y cuando el colegiado anunció el final se inició un nuevo partido en el estadio que tuvo de todo: fiesta, muchas fotos, muchas palabras, risas, cánticos e incluso alguna pelea. Veamos.
Las lágrimas de Courtois tras el pitido final fueron el comienzo de la fiesta. Bellingham saltó del banquillo sin control, dando saltos de alegría, y se sumó al corrillo que se había creado alrededor de Carvajal, Rüdiger y Nacho. Mientras, en el banquillo, tranquilo, Toni Kroos iba abrazando a todos los presentes y buscaba con la mirada a su compatriota Hummels, amigo de la selección. Para él fue su saludo más sincero y su primera pausa. Un señor hasta el final.
Kroos, a hombros.ADAM VAUGHANEFE
A unos metros comenzaban los bailes. Vinicius se acercó a celebrarlo con el fondo madridista mientras Tchouaméni y Camavinga bailaban y el resto cantaba ese "Cómo no te voy a querer" y los operarios de la UEFA preparaban el escenario para la entrega del trofeo, momento reservado para Zidane, que entregó la copa a Nacho. El francés y Gareth Bale fueron los ex que acompañaron al equipo. Todo quedó en familia.
Carvajal y Vinicius.ADAM VAUGHANEFE
Manteo, bailes, el capote...
Después de que el capitán elevara la orejona al cielo de Londres, la situación se descontroló. Los jugadores celebraron el triunfo en la zona del césped más cercana al fondo de la afición madridista y en el córner donde se congregaban la mayoría de los familiares de los futbolistas. Y desde un primer momento esa situación fue un problema, porque la seguridad del estadio no quería dejar pasar a los familiares al césped y los jugadores sólo querían celebrar con ellos.
Trabajadores del Madrid intentaron reconducir la situación mientras la fiesta seguía. Manteo a Ancelotti, baile con el italiano, Nacho con el capote torero, Kroos a hombros de Militao rodeado de sus compañeros en una imagen icónica... Y todos levantando la copa, incluido Jeremy de León, jugador del Castilla que ha viajado con el equipo en Champions para cuadrar el número de jugadores en los entrenamientos y al que en el vestuario llaman, con cariño, el "amuleto".
Rüdiger en la grada.Kiko HuescaEFE
A su lado, Rüdiger casi acaba con Modric. "¡Mi rodilla!", le tuvo que gritar el croata, en broma, al alemán cuando éste le cogió a hombros. "¡Seis, seis, seis, seis!", repetía como un loco el central, en referencia a las Champions ganadas por Luka.
Pelea entre la seguridad
En la grada, los miembros del club consiguieron convencer a la seguridad para que los familiares saltaran al campo, pero hubo algunos malentendidos y la situación se tornó en pelea. Trabajadores del departamento de seguridad del Madrid y de seguridad del estadio de Wembley (no de la UEFA) se enzarzaron en una discusión que llegó a las manos, con agarrones y empujones entre ellos. Todo porque no dejaron pasar a algunos familiares, lo que provocó el enfado de los futbolistas y del club. Los trabajadores del estadio argumentaban que esas personas no tenían la acreditación correspondiente y los propios futbolistas tuvieron que subir a los asientos a buscarlos. La situación continuó en el interior con varios operarios de seguridad de Wembley empujando contra las paredes del estadio a los de seguridad del Madrid. Un caos.
Bellingham y su familia.JUSTIN TALLISAFP
La madre de Bellingham, fan de Mourinho
En el césped, el hermano de Vinicius corría a abrazar a Bellingham, que le recibía como un familiar más. El inglés hizo de gancho entre su madre y Jose Mourinho, al que le pidió una foto con ella. "Mi madre es una gran fan de Jose desde hace años y le tuve que pedir que se sacara una foto con ella", explicaba el jugador, que le regaló la medalla de la Champions y la camiseta del partido a su madre. "Si la próxima temporada te enfrentas al Fenerbahce, relájate", le dijo el técnico portugués, que acaba de fichar por el conjunto turco.
Vinicius se acercó a la grada a saludar a su 'jefe', el rapero Jay-Z, propietario de la agencia de representación Roc Nation, que el pasado verano adquirió la empresa que lleva los negocios del brasileño. Fue uno de los VIP que se acercó a los jugadores, junto a otros como Lando Norris, piloto de Fórmula 1, que bajó al césped a sacarse fotos con varios futbolistas. En la portería, Camavinga, incansable, jugaba al fútbol con su hermano pequeño y con los hijos de otros compañeros. Tenía gas para más.
Vinicius.GLYN KIRKAFP
La fiesta se trasladó a la zona mixta y al autobús, donde Vinicius apareció ya con gafas de sol. No se las quitó en toda la noche mientras tarareaba canciones del Madrid. "Llega un momento que los jugadores del Madrid dicen 'ahora', y van y ganan", resumía Florentino Pérez en los pasillos. "Sin armar ruido, creo que hemos hecho una buena temporada", bromeaba el presidente.
Al lado del máximo responsable del club estaba Vinicius, que le pedía "que me renueve otra vez, quiero estar aquí para siempre". Toni Kroos, admitía que es "el final perfecto" para su carrera, Bellingham reconocía que "no es una temporada perfecta, nos faltó la Copa", y Modric recordaba que está "cansado de que hablen de la edad, yo me siento bien". Todo mientras desde el bus se escuchaban los golpes de las manos contra las ventanas. Ya había empezado la música que no se apagará hasta que termine la fiesta en Cibeles, este domingo por la noche.