Ibai Llanos continúa su expansión y ha anunciado que creará un equipo para la Queens League, la versión femenina de la Kings League, la exitosa competición de fútbol 7 creada por Gerard Piqué que arrasa en Twitch.
El popular streamer, reconocido a finales de enero como el mejor en lengua española con el Premio Esland, desveló este lunes que está buscando jugadoras para su nuevo equipo, el Porcinas FC.
“Voy a tener mi propio equipo de fútbol femenino. Si alguna jugadora o ex jugadora se quiere unir al proyecto de Porcinas FC y reventar la liga con el mejor equipo que me avise. Entrenador o entrenadora que se quiera unir al proyecto también me ayudaría“, escribió Ibai Llanos en su cuenta de Twitter.
El streamer vasco es el presidente del Porcinos FC, uno de los 12 equipos que compite en la Kings League, la competición no profesional que aglutina a personalidades de internet y jugadores retirados como Iker Casillas, Kun Agüero, Joan Capdevilla o Chicharito Hernández.
Ahora sabemos que Ibai tendrá también equipo en la liga femenina, que arrancará en mayo y que organizará sus partidos los sábados, un día antes que los chicos.
El Barça tuvo que prácticamente sudar sangre para solventar la papeleta ante un Girona que llegó a ponerle las cosas muy complicadas. Un gol de Araujo, en el añadido, acabó por romper el empate, después de que Pedri lo abriera y Witsel pusiera la igualada con un tanto estéticamente inmejorable en el primer tiempo, y darle al conjunto azulgrana tres puntos que pueden ser balsámicos para tratar de reencontrarse con sus mejor imagen. [2-1: Narración y estadísticas]
Todo, además, con una grada que protestó con palabras muy gruesas varias de las decisiones de un Jesús Gil Manzano que anuló un tanto de Cubarsí para los azulgrana por falta previa de Eric García y que expulsó a Hansi Flick por doble amarilla ante las airadas protestas del germano por una de sus resoluciones. Algo que, salvo que prospere un posible recurso del club, le impedirá estar en el banquillo en el clásico del Bernabéu. Sus gestos tras el 2-1, emulando aquellos cortes de mangas de un Bernd Schuster entonces barcelonista en una final de Copa frente a los blancos, pueden complicarle muchísimo las cosas.
En los primeros minutos del partido, las cosas parecían pintar muy bien para el Barça. El Girona se pasaba todo el rato persiguiendo sombras y todo invitaba a pensar que la llegada del primer gol era cuestión de tiempo. Y así fue. Pedri, con un toque suave, envió un balón ajustadísimo que, tras tocar en el poste izquierdo de la portería de Gazzanigga, acabó por convertirse en el 1-0 antes de que cayera el primer cuarto de hora. El gol, no obstante, le sentó mejor al conjunto visitante que al azulgrana. Con un desempeño defensivo que recordaba peligrosamente al del Sánchez-Pizjuán, los de Míchel empezaron a rondar con peligro el área barcelonista y Witsel, con un plástico remate de tijera, puso un 1-1 en el marcador que, al llegar al descanso, se antojó hasta corto. El equipo gerundense, rompiendo una y otra vez el fuera de juego, tuvo hasta tres opciones claras para aumentar las distancias. La primera, de Vanat, la salvó Szczesny. La segunda, de Portu, dio en el poste izquierdo de la portería local. Y la tercera, de Bryan Gil, se perdió por encima del travesaño.
Cierto es que los azulgrana tuvieron también alguna que otra opción para marcar. Rashford que ya había obligado al meta visitante a rechazar de puños un tiro de falta bastante esquinado en los primeros minutos, estrello otro contra el larguero poco después de que De Jong provocara que Gazzanigga tuviera que lucirse para enviar un remate del neerlandés a córner. En la reanudación, Flick apostó por dar entrada a Fermin por un Toni Fernández al que le tocó la papeleta de estrenarse oficialmente en la Liga, a sus 17 años y tras jugar su primer partido oficial con el primer equipo en la Copa del Rey frente al Barbastro el curso pasado, como referencia en punta. Con el onubense las cosas mejoraron. El centrocampista, en su reaparición, lo probó con tremenda insistencia y los barcelonistas, siguiendo en gran parte su estela, pusieron coto a la portería del arquero argentino, quien hizo horas extra para evitar que el balón acabara besando la red. Lo consiguió Cubarsí, si bien el tanto acabaría siendo anulado por una acción previa de Eric sobre un rival. A la desesperada, Flick decidió darle entrada a Araujo para que actuara como punta, como tantas veces hizo Johan Cruyff con Alexanco cuando las cosas pintaban realmente feas. Y la apuesta, casi al límite del añadido, acabó por resultar absolutamente vencedora para afrontar una semana marcada en rojo en el calendario: la semana del clásico.
Sus padres tenían que vender gallinas para verle correr por las vegas del Amazonas. El ecuatoriano Jhonatan Narváez (El Playón de San Francisco, 1997) creció en una granja en la que cuidada y ordeñaba vacas. La austeridad, el sacrificio y el valor del trabajo moldearon a un chaval que comenzó a montar en bicicleta con menos de tres años. En su primera carrera, en la provincia de Sucumbíos, terminó último. «Llovía muy duro, llegué empapado a la meta, pero llegué», recuerda un corredor acostumbrado a sortear dificultades y que ahora atraviesa por un momento estelar como escudero de Tadej Pogacar en este Tour de Francia.
En la primera semana de la Grande Boucle, el ecuatoriano ha sido el primero de los gregarios del esloveno en neutralizar las acometidas de rivales e imponer el ritmo adecuado en esos finales en rampa en los que se siente tan cómodo. A pesar de realizar esa labor de desgaste, ocupa la 28ª plaza de la general, a 7.55 minutos del líder, Mathieu van der Poel.
Narváez rompe la norma del tradicional ciclismo sudamericano, especializado en la alta montaña. Él se desenvuelve con acierto en las clásicas y en rondas de una semana. «Es el más belga de los latinos», dicen sus compañeros. Es un cazador de etapas que el año pasado se consagró en el Giro de Italia y cautivó a Pogacar por su osadía. El ecuatoriano se impuso al esloveno en la primera jornada de la Corsa rosa en un espléndido sprint entre ambos y el germano Maximilian Schachmann. Esa victoria impidió que Pogacar fuera líder desde el principio al fin de la carrera. «Ese tío es bueno», susurró entonces el nuevo Caníbal. Al final de aquella temporada, Narváez abandonó el Ineos de Tom Pidcock y Carlos Rodríguez para integrarse en el UAE.
La clásicas y los adoquines
A Narváez ya le conocía Joxean Fernández Matxin desde su ciclo como Scouting Talent del Quick Step de Patrick Lefevere. En 2018, el ecuatoriano se incorporó a la escuadra belga, destacando por su rápida adaptación a las clásicas de los adoquines.
Narváez es un tipo duro que se educó en un ambiente familiar en el que el deporte ocupaba un lugar destacado. A su padre y hermano siempre les apasionó el ciclismo. «Jhonatan nunca dejó de asistir a ninguna carrera por falta de dinero. Cuando había una competencia, juntábamos los realitos, vendiendo la gallina, vendiendo el cuy para ganar los 50 dólares que valía alquilar un carrito para la ida y vuelta», dijo su padre, Manuel, en Radio Sucumbíos en una entrevista realizada en 2020.
Narváez, durante el último Tour Down Under.TEAM UAE
Jhonatan, como no podía ser de otra forma, jamás olvidará los sacrificios realizados por su familia para que él, con 19 años, pudiera marcharse de su casa, a la orilla del Amazonas, y fichar por el Klein Constantia, filial del Quick Step, donde coincidió con Iván García Cortina y Enric Mas. Ahí arrancó su notable trayectoria, en la que figuran, entre otros logros, una etapa en el Giro de Italia, tres campeonatos nacionales de ruta, la Vuelta a Austria, la Semana Coppi-Bartali y un oro en la prueba de ruta de los Juegos Panamericanos.
En el actual curso se ha anotado la general y una etapa del Tour Down Under. Es rápido en sprints reducidos y con final en cuesta. Fue elegido por la Federación de Eucador para representar a su país en los Juegos Olímpicos de París, lo que generó una gran controversia porque su elección provocó que Richard Carapaz (el gran ídolo de su país) no acudiera a la cita olímpica. Una controversia que sirvió para curtir al nuevo y valioso soldado de Pogacar.