La temporada de Unicaja, campeón de Supercopa, Copa y Champions League, no podía morir así, tan temprano, tan sin ser ellos. En el Palau Blaugrana, contras las cuerdas tras su derrota del martes, los de Ibon Navarro desplegaron su versión más voraz para seguir con vida, para pasar por encima del Barça y forzar el tercer partido (será el domingo en el Carpena) que resuelva la eliminatoria de cuartos. [59-81: Narración y estadísticas]
Fue Oleg Balcerowski el as que se sacó de la manga Navarro, el elemento desequilibrante de ese plan que siempre tiene alternativas. El gigante polaco desplumó definitivamente en la segunda parte a un Barça que nunca se encontró, siempre a remolque del ritmo de Kendrick Perry, incapaz de aprovechar el match ball que se trajo de Málaga.
Un duelo roto ya mediado el tercer acto, cuando Joan Peñarroya buscaba soluciones y no las encontraba ante un rival sin fisuras. Una paliza finalmente. “El peor partido del año en el Palau”, resumió el técnico local.
Desde bien pronto el Barça pareció desinflado, como si el esfuerzo de la prórroga en Málaga el martes hubiera dejado sin fuerza a su menguada rotación, pese a la victoria. Todo fueron problemas desde el amanecer: una agresión de Justin Anderson a Barreiro (que sólo fue sancionada con antideportiva…), dos faltas rápidas de Fall y un Unicaja eléctrico y acertado. Con los puntos de Perry y un par de buenas acciones de Tillie cerró el primer round con ventaja clara (17-26). Que no menguó después, agresivos Taylor y Carter también, decididos mientras los azulgrana aguantaban como podían.
Pero el empuje de Unicaja se mantuvo a la vuelta. Enérgico. Perry era un demonio en el Palau y el Barça se tambaleó, con preocupantes grietas defensivas hasta un -14 (38-52), alarma roja. La solución de Peñarroya fue directamente un suicidio. Quitó a Willy Hernangómez y jugó sin pívots ante Balcerowski (Ibon Navarro dejó fuera esta vez a Sima y Osetkowski), que se puso las botas y estiró la distancia hacia lo inasumible.
«¡Aún soy grande! Son las películas las que se han hecho pequeñas». Podría pronunciar LeBron James lo que Norma Desmond o aceptar el crepúsculo. También Steph Curry o Kevin Durant, los que fueron dioses del mejor baloncesto del mundo, los que dominaron los últimos 20 años de la NBA y ahora, por primera vez en 19 temporadas, ni siquiera se asoman por el segundo escalón de los playoffs.
Estos días toca ir asimilando los nombres de los que avisaban con reinar en el futuro y ya lo hacen con el presente. Empezando por el descomunal Anthony Edwards y siguiendo por Jalen Brunson. Donovan Mitchell, Jayson Tatum, Shai Gilgeous-Alexander o Tyrese Haliburton. Ninguno más de 27 años, todos protagonistas absolutos de la actual lucha por el anillo. Es la nueva hornada de estrellas, que habría que separar, por formación y origen, de los europeos Nikola Jokic, Giannis Antetokounmpo (con él lesionado, sus Bucks fracasaron ante los Pacers, por segunda temporada seguida fuera en primera ronda) y, por supuesto, Luka Doncic.
De 2012 a 2022, entre LeBron (39 años) y Curry (36), ganaron ocho anillos y acumularon galardones, récords y halagos. Fueron las 'divas' de la NBA, que aún mantienen estadísticamente su pujanza, como incluso Kevin Durant (los tres estarán este verano con el USA Team en París). Más que perder prestaciones -tampoco hay rastro ya de Joel Embiid, James Harden...-, han visto como tira la puerta abajo la nueva generación, chicos muchos de ellos pregonados, pero otros no tanto.
Jalen Brunson, durante la serie contra los Pacers.ELSAGetty Images via AFP
Nadie estos días como Anthony Edwards, que fue número 1 del draft de 2020, pero que en su progresivo despegue ha sido esta temporada cuando ha terminado de estallar. Y más aún en los playoffs, donde sus Wolves, que ya eliminaron a los Suns de Durant en primera ronda, tienen contra las cuerdas al mismísimo campeón. Los movimientos atildados y los mates espectaculares de Ant Man, que el gran público pudo ver como Némesis de Juancho Hernangómez en la película Garra, recuerdan por momentos a los del mismísimo Michael Jordan y, como Kobe Bryant, fue capaz de anotar más de 40 puntos en dos partidos consecutivos de playoffs con menos de 23 años. Abandonado por su padre, luce apellido materno aunque ella murió de cáncer cuando tenía 13 años. Por entonces escribió en la pared de su habitación: «Futuro jugador de la NBA». Sus prestaciones y promedios se han disparado en postemporada, donde lidera a un equipo lanzado e invicto en terrenos que no pisaba desde hacía 20 años: 32,3 puntos y porcentajes por encima del 40% en triples y del 60% en tiros de dos.
Los Knicks
Si todos avanza como parece y ni Jokic ni Doncic logran revertir el rumbo de las semifinales, en la lucha por el trono del Oeste se producirá toda una revolución, pues los Thunder parecen más frescos y decididos que los Mavs. El equipo más joven de siempre capaz de ganar esa conferencia está liderado por el canadiense Gilgeous-Alexander, un tipo de 25 años (el más veterano del quinteto) que en su día los Clippers incluyeron como moneda de cambio por el traspaso de Paul George.
Aunque para infravalorado, el otro gran nombre propio del panorama. Si alguien ha tenido que labrarse su propia historia ese ha sido Jalen Brunson, un fenómeno en la Gran Manzana. El zurdo sólo bajó de 40 puntos la última noche tras cuatro consecutivas (algo que no ocurría desde Jordan en el 93), aunque sus Knicks, que barrieron a los Sixers en primera ronda, se impusieron a los Pacers de Haliburton, reviviendo una histórica rivalidad: Reggie Miller, Johs Starks, Spike Lee... En el Madison no disputan una final del Este desde hace 23 años. Crisis encadenadas que ahora hace olvidar un base que no llega a 1,90, hijo de Rick (nueve temporadas NBA), que no apareció hasta el puesto 33 del draft de 2018 (pese a haber conquistado dos títulos de NCAA con Villanova) y que, tras tres temporadas algo olvidado en los Mavericks, fue traspasado en la cuarta, ya en pleno despegue. En seis años ha pasado de no promediar más de 10 puntos a 28,7 este curso, que son 35,6 (además de 8,1 asistencias) en los presentes playoffs en los que nadie parece capaz de detenerle (lanza casi 30 tiros por noche). «La fortaleza mental es muy importante, la capacidad de superar las cosas. Dar lo mejor de ti cuando sea necesario, incluso cuando no te sientas lo mejor posible. Eso es lo que él es. Un gran líder», le elogió Tom Thibodeau tras el segundo partido, heroico después de superar unas molestias físicas.
Si los Knicks avanzan, allá estarán los Celtics, los que mantienen el orden, cumpliendo con su rol de favoritos y con su consistencia habitual. Pese a la baja por lesión de Porzingis. De las estrellas emergentes, sólo Tatum hizo valer todas las predicciones. Los Cavaliers van pagando su modo arrollador pese a la compulsiva acción de Donovan Mitchell.
Ocho años después vuelve a ser campeón de Europa el Fenerbahçe, el primer equipo turco que reinó, de Zeljko Obradovic a Sarunas Jasikevicius, el pupilo aventajado. Tuvo que ser a la sexta del técnico lituano, como maldito en las Final Four, ahora todopoderoso. Derrotó al Mónaco de Spanoulis tras un último cuarto con la determinación de los que no están dispuestos a dejar pasar la oportunidad, Marko Guduric en modo héroe y Abu Dabi como extraño e inédito escenario. [70-81: Narración y estadísticas]
Lloraba Jasikevicius, tanta frustración pasada con el Barça, en el Etihad Arena. Rugían las tribunas amarillas y por el fondo se marchaba el perdedor, el que fue su compañero, otro tipo que será mago de los banquillos. Spanoulis era debutante en la cita y estuvo tan cerca como años atrás Saras, todos hijos de Zeljko. Fue una final de nervio e igualdad, resuelta por una recta de meta en la que la experiencia resultó determinante. Un mal comienzo del acto final, más de cuatro minutos sin anotar, le costó la vida a Mike James y compañía.
Que habían avanzado con solvencia toda la tarde, especialmente al comienzo. Porque los focos no estaban sólo en los banquillos. Había en el Etihad Arena tipos dispuestos a adueñarse de toda una final de la Euroliga. Bien lo sabe Mike James, a sus casi 35 años, uno de los talentos más grandes que jamás conoció la competición, dispuesto a levantar el trofeo por primera vez. De ahí la salida fulgurante del Mónaco, el nuevo rico por el que pocos daban un duro como campeón.
Devon Hall, defendido por Diallo, durante la final.FADEL SENNAAFP
Era el año de los griegos, decían. O del Fenerbahçe. Proyectos de puro lujo, sin un resquicio en sus plantillas. Pero la Roca Team, un recién llegado como quien dice (en los 70 llegó a disputar la Copa Korac, pero no volvió a la primera francesa hasta 2015), ya sobrevivió a un tiro final de Kevin Punter en cuartos. El invitado sorpresa que dominó el primer acto de toda una final, cuatro triples de cinco intentos, sin rastro de la presión del escenario. Más lejos todavía en el segundo cuarto, con el poderío de Alpha Diallo y los rebotes de Jaiteh. Justo ahí (32-23 tras un 12-2 de parcial), despertó el Fenerbahçe.
Devolvió el parcial (1-12) y cerró la primera mitad adueñándose de las sensaciones. El martillo de Hayes-Davis (nombrado MVP de la final, 23 puntos, 14 tiros libres sin fallo) y dos acciones de físico y talento de Devon Hall para que las tribunas, repletas del amarillo de los turcos, estallaran.
Guduric celebra una de las canastas clave, en la final ante el Mónaco.RYAN LIMEFE
Después del descanso acudió un precioso intercambio y más igualdad. Ya Guduric había asomado, pero nadie parecía quebrarse. Y, sin embargo, cuando el Fenerbahçe intuyó la presa, ya no la soltó. Amaneció en el parcial final con un triple de Baldwin, con un dos más uno de McCollum. Una ventaja a su favor que por primera vez se disparaba. Intentó reaccionar el Mónaco, aunque Diallo, su mejor hombre, había sido eliminado por faltas. Y ahí estaba Guduric, un canastón, otro triple de Hall. Cada vez más cerca de Estambul la gloria. El último intento monegasco lo resolvió, quién si no, Guduric.
Es la segunda Euroliga en la historia del Fenerbahçe, con la que iguala al Efes, la cuarta de un equipo turco en las últimas ocho ediciones. Es la Euroliga de Jasikevicius, que une su nombre a leyendas. Sólo Lolo Sainz (Real Madrid), Armenak Alachachian (CSKA), Svetislav Pesic (Bosna y Barça) y el propio Saras saben los que es ganar la Copa de Europa como jugador y como entrenador.