Cuatro años después de su irrupción en el golf mundial, el LIV Golf afronta su capítulo más oscuro. Lo que nació como una revolución financiada por el Fondo de Inversión Público (PIF) de Arabia Saudí, con la promesa de cambiar para siempre el panorama del golf profesional, se acerca ahora a un final que pocos en el circuito se atreven a pronunciar en voz alta, pero que casi nadie descarta ya en privado.
Las malas noticias han ido goteando hasta casi rebosar el vaso. El circuito saudí ha dejado de serlo en la práctica tras la retirada de Al–Ruymayyan, cabeza visible de la familia real saudí. De los 14 torneos iniciales apenas quedan la mitad. Del estelar plantel de jugadores se echan en falta nombres como PatrickReed o Brooks Koepka. El propio formato ha cambiado: ya no son tres rondas de 54 hoyos, sino cuatro de 72. Y el horizonte financiero está acotado: el PIF ha garantizado fondos solo para los siete torneos que quedan hasta agosto de 2026, en los que se seguirán repartiendo 25 millones de dólares semanales.
Una lenta agonía que nadie quiso ver
En los corrillos del Turkish Airlines Open, celebrado el pasado fin de semana en el National Golf de Antalya, no se hablaba de otra cosa. Los jugadores del DP World Tour observaban con una mezcla de resignación y alivio el declive de la liga rival. No son muchos los que quieren entrar en el tema, y los que lo hacen miden sus palabras con cuidado.
Ángel Ayora, número 103 del mundo y considerado la próxima gran promesa del golf español —llegó a rechazar hasta dos ofertas del LIV— resume bien el sentimiento general: “Había mucho dinero ahí y no sé si había tanto retorno. Viendo cómo está el mundo, no me sorprende que hayan decidido retirar el dinero que invierten.”
La hoja de ruta de Ayora es clara: llegar al PGA Tour, y le da igual lo que haya a su alrededor. Como él, muchos otros jugadores señalan que su principal aliciente es poder competir contra los mejores del mundo cada semana, algo que el LIV, en su formato de liga cerrada, nunca llegó a ofrecer con plenitud.
Rahm, el jugador franquicia ante la encrucijada
Si hay un nombre que condensa toda la complejidad del momento, ese es el de Jon Rahm. El mejor golfista español de la historia se convirtió en el gran fichaje del LIV y en el símbolo de su ambición. Ahora, con la liga en cuidados intensivos, el de Barrika habla con una honestidad poco habitual en el mundo del golf profesional.
Cuando se le pregunta por la posibilidad de rescindir su contrato si el LIV dejara de ser el circuito que conocemos, Rahm no esquiva la pregunta, aunque tampoco ofrece certezas: “Yo tampoco soy abogado. No tengo ni idea. Tengo muy pocos talentos en la vida, y leer un contrato o un documento legal no son dos de ellos. Todavía me quedan varios años de contrato y estoy bastante seguro de que hicieron un buen trabajo al redactarlo. No veo muchas salidas y, ahora mismo, no estoy pensando en ello, ya que aún nos queda una temporada por jugar y majors por los que competir.”
Sobre la posibilidad de que la liga reduzca sus espectaculares bolsas de premios para sobrevivir, Rahm apunta a que la decisión no puede ser individual: “No se trata solo de mí, es un esfuerzo de equipo. Creo que todos -capitanes, dueños de equipos y jugadores- necesitamos una gran mayoría para que esto funcione. Si el plan de negocio cambia, tendremos que hacer algunas concesiones.”
La paz con el Circuito Europeo y la Ryder Cup en el horizonte
En medio de la incertidumbre, Rahm sí cerró esta semana una cuenta pendiente: alcanzó un acuerdo con el DP World Tour que le permitirá volver a ser elegible para la Ryder Cup de 2027, en Adare Manor. Según fuentes cercanas a las negociaciones, el español se habría comprometido a disputar seis torneos del Circuito Europeo de aquí a final de año.
“Nunca me preocupó eso. Había ciertas cosas en las que creía y quería que estuvieran de acuerdo conmigo, y sabía que era cuestión de tiempo”, afirmó Rahm, sin querer entrar en los detalles del acuerdo. Y añadió sobre la Ryder Cup: “Aún está muy, muy lejos, pero me alegra pensar que, con suerte, no tendré que preocuparme por nada. Quiero apoyar el DP World Tour.”
El único obstáculo que podría afectar a sus compromisos de otoño es el nacimiento de su cuarto hijo. “Ese es el único inconveniente que me impediría estar en el Open de España. Aparte de eso, creo que pueden contar con mi participación”, aseguró.
¿Qué pasaría si el LIV desapareciera?
La pregunta que todos evitan, pero que flota en el ambiente de cada torneo, es qué ocurriría con los jugadores en el momento en que el LIV cerrara sus puertas. La respuesta depende mucho del perfil de cada uno.
Las grandes estrellas -Jon Rahm, Bryson DeChambeau– no tendrían dificultades para reintegrarse en el PGA Tour o el DP World Tour. El circuito americano, que en principio sanciona con un año sin competir a quienes se marcharon al LIV, no tardó en conceder una rápida amnistía a Brooks Koepka a cambio de una sanción económica simbólica. Cabe esperar un tratamiento similar para los grandes nombres.
Para los veteranos que quemaron sus naves –Sergio García, Ian Poulter, Lee Westwood, Phil Mickelson-, la situación es más delicada. Sacrificaron relaciones, patrocinadores y posiciones en el ranking para apostar por un proyecto que no ha llegado a cuajar. Algunos ya no tienen edad ni ranking para competir en los grandes circuitos a un nivel relevante.
Getty Images via AFP
Entre los jugadores del DP World Tour, las opiniones sobre un posible regreso de los jugadores del LIV están divididas. “No me parecería justo que volvieran sin que haya pasado nada”, confiesa un jugador en Antalya que prefiere no revelar su nombre. Aunque reconoce que competirían todos en igualdad de condiciones, y que los puntos del ranking que reparte el LIV le parecen “un tanto injustos” para los jugadores del Circuito Europeo.
Otros tienen una visión más generosa. Rocco Repetto, uno de los españoles con más proyección en el DP World Tour, lo resume con deportividad: “Siento que hay que jugar donde están los mejores. Si vuelven, encantado; son casi todos leyendas y me motiva jugar con ellos.”
La burbuja que lo cambió todo, y que ahora pincha
Más allá del destino del LIV, el circuito saudí ha dejado una huella indeleble en la economía del golf. El PGA Tour tuvo que reaccionar subiendo sus bolsas de premios y creando los llamados torneos ‘signature’, que distribuyen 20 millones de dólares semanales. Para retener a sus grandes estrellas, el circuito americano también tuvo que improvisar bonos de popularidad -el Player Impact Program- que repartió 250 millones entre los jugadores más mediáticos durante cuatro años.
Los números del LIV son, en cualquier caso, difíciles de asimilar. Según datos conocidos, las pérdidas acumuladas desde su creación ascienden a 5.300 millones de dólares. El PGA Tour, por su parte, anunció la semana pasada el despido del 4% de su plantilla de aproximadamente 1.300 empleados. La resaca de la guerra del dinero en el golf la están pagando también quienes nunca jugaron en ninguna de las dos ligas.
Valderrama, última parada española de una liga en retirada
Desde el Real Club de Golf Valderrama, única cita española del LIV Golf en 2025 -prevista para el cuatro al siete de junio-, el mensaje es de tranquilidad. Los compromisos de pago pendientes se han ido cumpliendo con puntualidad, y el torneo se celebrará según lo previsto.
Pero el decorado no puede ocultar la realidad: el LIV Golf afronta su recta final. Lo que queda por dilucidar es si ese final será una disolución ordenada, una fusión con algún otro circuito, o simplemente un apagado silencioso tras el último torneo de agosto. Mientras tanto, los jugadores siguen compitiendo, los managers negocian en los márgenes y el golf, como siempre, sigue adelante.






