”No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo”, afirmaba Óscar Wilde. Y, sin duda, las personas mayores tienen mucho que decir. Para celebrar su talento, la Fundación ”la Caixa” regresa con la 17ª Edición del Concurso de Relatos 2025 para autores de más de 60 años.
"Amigos periodistas. Quisiéramos recordaros que el torneo se llama Nitto ATP Finals desde 2017, no Masters ni World Tour Finals. Apreciaríamos el uso de la terminología correcta". El viernes, a pocas horas del partido inaugural entre Daniil Medvedev y Taylor Fritz (este domingo, a las 14.00 horas, Movistar), la ATP enviaba un mensaje a todos los medios acreditados para recordar el nombre del torneo. ¡El nombre del torneo! Un problema desde los cimientos.
Las Nitto ATP Finals, que antes fueron las World Tour Finals, la Tennis Masters Cup, las ATP Tour World Championship o el Masters Grand Prix y que en España siempre ha sido la Copa de Maestros es una competición que arrastra una paradoja. Sólo juegan los ocho mejores tenistas y los partidos 'grandes' están asegurados, pero año a año va perdiendo importancia respecto a los Grand Slam. Si hubo un tiempo en el que se le llamó "el quinto grande", eso ya es pasado. ¿Por qué?
"Hay demasiados torneos"
"Últimamente el tenis está perdiendo ciertas cosas porque el calendario está saturado. Hay demasiados torneos, demasiada exigencia, demasiadas lesiones. Antes en el tenis no teníamos tanta carga física y la mayoría llegábamos bien al Masters. Ahora la temporada es mucho más dura y en el Masters hay peores partidos", analiza a EL MUNDO Manuel Orantes, uno de los dos españoles que han ganado el torneo. Fue en la séptima edición, en 1976, después de ganar la final al polaco Wojciech Fibak en una remontada que predijo Anne Buydens, la mujer de Kirk Douglas.
"El torneo era en Houston y en la final el matrimonio estaba en las gradas, justo detrás de mi banquillo. En un descanso, cuando yo iba un set abajo, les entrevistaron y Douglas dijo que lo tenía difícil. Ella, en cambio, recordó que yo ya había remontado en la final del US Open y comentó que todavía podía ganar. Lo oí y le hice un gesto, me dio mucha moral. Unos meses después me invitaron a desayunar en su casa de Palm Springs", recuerda Orantes que no, no está acompañado por Rafa Nadal en el historial del torneo. El mejor tenista español de la historia disputó la Copa de Maestros en once ocasiones y nunca venció. De hecho, sólo llegó dos veces a la final, en 2010 y 2013, con derrotas ante Roger Federer y Novak Djokovic.
"Siempre en pista rápida"
"Quizá por eso en España no le damos tanta importancia al torneo, en Estados Unidos y otros países el Masters sigue siendo importante, pero es verdad que los Grand Slam han crecido mucho más. Para mí, un problema es que siempre se juega en pista rápida. Estos partidos tan marcados por el saque no generan afición. Entiendo que sea indoor, pero la superficie debería ir cambiando. ¿Cuántos Masters hubiera ganado Nadal en tierra batida?", añade Álex Corretja, el otro campeón español.
En su caso fue en 1998, en una final ante Carlos Moyà, y después de una victoria en semifinales ante el gran favorito, Pete Sampras. Entre 1991 y 1999, el estadounidense ganó cinco veces, un récord que sólo pudieron superar después Novak Djokovic (siete) y Roger Federer (seis). En los últimos años se han encadenado las sorpresas con campeones como Grigor Dimitrov, Alexander Zverev o Stefanos Tsitsipas y finalistas como David Goffin, Dominic Thiem o Casper Ruud. "Es un torneo al que casi todos llegan triturados físicamente, psicológicamente exhaustos. Cuando yo crecía el Masters tenía aura porque siempre se jugaba en el Madison Square Garden de Nueva York y ganaban McEnroe, Borg o Lendl. Ahora ha perdido peso", añade Corretja, que estos días ejercerá como comentarista del torneo para Movistar.
Las opciones de Alcaraz
En su opinión, "Sinner llega un poco por encima del resto y Zverev también será peligroso porque llega en buena racha, después de haber sido campeón del Masters 1000 de París-Bercy. Alcaraz dependerá de cómo se sienta en una superficie tan rápida, de cómo saque, de cómo se mueva".
MARCO BERTORELLOAFP
El formato de la Copa de Maestros, con fase de grupos, semifinales y final, suele permitir un desliz y por eso las posibilidades del español son elevadas. En su grupo ha caído un tenista, Ruud, hundido en una profunda mala racha -sólo ocho partidos ganados desde Roland Garros-, y otro, Rublev, que sufre problemas físicos, y el paso a semifinales no debería exigirle hasta el límite. Allí se podría encontrar con Sinner, aunque es más probable que aparezca Medvedev o incluso Fritz. En realidad, con debut mañana ante Ruud (14.00 horas, Movistar), la mayor exigencia podría ser aguantar cinco partidos en siete días contra los mejores del mundo. Si lo consigue sería el tercer español que gana la Copa de Maestros, o las Nitto ATP Finals, o como se llame.
Ya nadie se acuerda, pero la revolución empezó con un ridículo. Hace una década, Eliud Kipchoge, el mejor maratoniano de la historia, ganó en Boston después de correr media carrera con las plantillas de sus Nike por fuera. Avanzaba y las plantillas se escurrían de sus zapatillas por los talones. Una chapuza.
Desde ese día cambió de modelo. Ese día cambió la historia.
En 2017 Kipchoge estrenó las Nike Vaporfly, las primeras zapatillas mágicas, las primeras con placa de fibra de carbono, y todo se precipitó. El propio Kipchoge batió dos veces el récord del mundo de maratón, todas las marcas presentaron modelos parecidos, cambiaron de arriba abajo la lista de los mejores tiempos de la historia, un portento llamado Kelvin Kiptum se quedó a 35 segundos de romper la barrera de las dos horas y...
Y ya está.
Hasta ahora cada temporada aplaudió nuevas plusmarcas, nuevos asombros, nuevas gestas; este 2025 no. El año atlético ha finalizado sin grandes registros. ¿Se ha acabado el efecto de las zapatillas mágicas?
Parón a varios niveles
En categoría masculina, este curso solo se han registrado cuatro de los 30 mejores tiempos de la historia de maratón y en categoría femenina, seis de los mejores 30. Nadie ha bajado de las dos horas y dos minutos y no ha aparecido ningún joven capaz de heredar el trono del recientemente retirado Kipchoge. Ni tan siquiera Sebastian Sawe, vencedor de Londres y Berlín.
«Se ha parado el crecimiento exponencial que generaron las Vaporfly y es lógico. Ya llevamos casi 10 años con zapatillas con carbono, ya hay marcas realmente exigentes, ya no es tan fácil que haya diferencia», analiza Ignacio Barranco, maratoniano y redactor de la revista 'Corredor'.
Kai ForsterlingEFE
«Es algo que se ve a varios niveles. En el maratón de Valencia, por ejemplo, hubo un boom de corredores por debajo de dos horas y 30 minutos que ya se ha estancado», añade Barranco, que en cambio señala la aparición de Sawe como relevante para el futuro, así como el cambio al maratón del ugandés Jacob Kiplimo.
«No hay nadie que esté cerca de las dos horas como estuvo Kiptum, pero es que lo suyo... Yo no sé si volveremos a ver un prodigio así», apunta con otros motivos para la detención del progreso en maratón.
La trágica muerte a principios de 2024 del plusmarquista mundial impidió descubrir de lo que era realmente capaz. Además, en Kenia ha habido cambios.
Poco antes de la revolución de las zapatillas mágicas, la Federación Internacional de Atletismo escogió a un nuevo presidente, Sebastian Coe, y este tomó una decisión trascendental. Cuando llegó al cargo, decidió que el trabajo de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) no era suficiente en países concretos, como Kenia, y que había que recolectar sus propias muestras, utilizar sus propios laboratorios y contar con sus propios inspectores para luchar contra los tramposos.
Y funcionó. En el país africano cada año hay más sanciones, es decir, cada vez el deporte es más limpio y eso también puede haber frenado los récords. ¿Qué pasará en el futuro?
O un héroe o un invento
Para que vuelva la incertidumbre, aquella que hacía que el público se agarrara a la silla cada vez que se corría un maratón, aquella que acercaba a la humanidad a la barrera de las dos horas, se necesitan dos cosas: un nuevo héroe y una innovación. Ambas cosas parecen lejanas.
De momento nadie apunta a ser el nuevo Kiptum y las marcas de zapatillas están ahora rentabilizando todo lo invertido en I+D hace 10 años.
«Tienen que sacar nuevos modelos cada año y es difícil que todo sea muy innovador. Además ahora el reglamento ya está limitado. Últimamente lo que más se ha hecho es jugar con la posición de las placas de fibra de carbono, pero eso no parece que suponga mucho cambio en los tiempos», observa Barranco, que es optimista sobre el año que viene.
«Veremos a alguien por debajo de los 2:02, seguro», comenta. Y sobre lo que vendrá a largo plazo, añade: «Con las zapatillas mágicas sí ha quedado claro que ya no se necesita mucha experiencia para dominar el maratón. Vendrá un atleta fresco, incluso con cierta inconsciencia, y lo reventará».
Las zapatillas mágicas ya son simplemente zapatillas y a ver de dónde sale la magia.
Aparece la estadounidense Emma Navarro en el precioso Media Theatre del All England Club, la sala para las ruedas de prensa en Wimbledon, y un detalle destaca en su camiseta. «Look at that», advierte un periodista de su país. La marca que la viste, Fila, no es lo más visible en su equipación, un sponsor aparece más grande: CreditOne Bank. Otros tenistas cuentan con el apoyo de bancos, pero nadie tiene tantísimo apoyo. Porque Navarro no es la imagen de la entidad. Es la dueña. O mejor dicho lo será. Su padre, Ben Navarro, compró el 100% de la entidad en 2005 y hoy, gracias a su negocio con las tarjetas de crédito subprime en Estados Unidos, amasa unos beneficios netos anuales de más de 450 millones de dólares.
La herencia de Emma Navarro se calcula en 3.800 millones de dólares y la convierte en la más rica del circuito con diferencia. Por comparar, los patrimonios de Novak Djokovic, Rafa Nadal y Roger Federer sumarían conjuntamente unos 1.500 millones, según la revista Forbes. Navarro no está en el tenis por dinero, no, seguro que no, y eso le otorga cierto mérito.
¡Porque sin la motivación que concede la necesidad, Navarro ha construido una carrera que estos días está en pleno despegue. A sus 23 años, después de ganar la Division I de la NCAA con la Universidad de Virginia y de empezar en el circuito WTA desde abajo -la última temporada llegó a disputar 88 partidos-, entró en el Top 20 del ranking antes de Wimbledon y en el torneo londinense es la revelación.
«Me costó mucho creer en mí»
Con una actitud exageradamente calmada y un juego muy completo -si acaso le falta mejorar el saque- en segunda ronda derrotó a Naomi Osaka y este domingo venció a la segunda favorita, Coco Gauff, con facilidad. Este martes, mientras Carlos Alcaraz se enfrenta a Tommy Paul por un puesto en semifinales (sobre las 16.00 horas, Movistar), ella hará lo propio ante Jasmine Paolini.
Alberto PezzaliAP
«Le debo mucho a mi padre. Es el hombre más inteligente que conozco y me ha transmitido mucho conocimiento y sabiduría», comentaba Navarro al ser cuestionada por su familia, aunque también reconocía que ese éxito empresarial le presionó en sus inicios: «Me conformaba con ser una jugadora universitaria decente o ni tan siquiera eso. Me costó mucho creer en mí misma y darme cuenta que podía ser profesional. Soy perfeccionista y siempre pienso que no soy suficientemente buena».
Dueño de clubes y torneos
A sus 23 años, su holgura económica y la presión por alcanzar la gloria pueden explicar su ascenso tardío, aunque su camino era más llano que otros. Estudiante de internado y tenista porque su casa de veraneo tenía una pista, su debut en el circuito llegó en 2018 a través de una invitación para el WTA 500 de Charleston, propiedad de su padre. A Navarro nunca le faltaron los mejores entrenadores -su progenitor también compró el club donde practicaba- ni mucho menos el dinero para poder viajar a todos los torneos menores posibles. Como le ocurre a su compatriota Jessica Pegula, también hija de multimillonario, lo único que necesitaba era pasión. Y ahora ésta ya es innegable.
«Estoy disfrutando mucho del torneo, quiero volver a jugar ya. Me gusta centrarme en cada partido sin mirar más allá, sin pensar en hacer algo más grande. Esa mentalidad creo que me ayuda», explica quien el próximo lunes ascenderá como mínimo al número 14 del mundo y se convertirá en la enésima representante del dominio yankee del tenis femenino. Con Gauff, Pegula, Danielle Collins o Madison Keys, está ella, ya inscrita para los Juegos de París y con el futuro a sus pies. Su cuenta bancaria ya rebosa, ahora sólo le falta llenar sus estanterías.