Jugar tanto con fuego suele tener consecuencias. A la segunda vez que el Real Madrid no estuvo a su altura competitiva en tres días, llegó la derrota en el WiZink. Un estupendo BAXI Manresa, aupado por el descaro y el talento de Brancou Badio, tumbó a los blancos, incapaces esta vez de remontar, de enmendar demasiados errores. [72-83: Narración y estadísticas]
Contrastó la seriedad visitante con la ansiedad local. Fue así toda la mañana en el Palacio. El líder de la ACB parecía el grupo de Pedro Martínez, sólido ante las embestidas del Madrid, agresivo y acertado, un ejercicio que confirma al equipo revelación de la Liga Endesa, que ya estuvo presente en la Copa de Málaga y es muy probable que también lo este en los próximos playoffs. Con la de este domingo ya son cuatro victorias seguidas y 16 en lo que va de curso.
Cuando más quemaba la responsabilidad, con el Madrid apretando en la remontada, en los del Bagés apareció un héroe. Badio, ex del Barça, acertó con un tremendo triple a falta de minuto y medio que sentenció todo. Fueron 12 de sus 23 puntos en el acto final, al que el Madrid llegó apuradísimo, pese a que Sergio Rodríguez y Poirier amenazaron con otra remontada marca de la casa.
El partido se asemejó desde el comienzo al del viernes ante el Estrella Roja, aunque esta vez el Real Madrid sí tenga objetivos aún latentes en ACB, mantener esa primera plaza que lleva luciendo desde el inicio del curso. Y además, Chus Mateo recuperaba a tres de sus puntales (Campazzo, Deck y Poirier), que descansaron en Euroliga. Y, aunque el arranque fue alegre (11-2), pronto el Manresa se reordenó para dejar en el WiZink una estupenda primera mitad.
Deck, ante el Manresa.ZIPI ARAGONEFE
Con intensidad y sabiduría táctica logró hacer dudar al Madrid. Paulatinamente fue adueñándose de todas las facetas del juego hasta sumar un parcial de 12-29 y verse nueve arriba (23-31, tras triple de Geben), con la buena dirección de Dani Pérez, los puntos de Robinson y la defensa que hacía perder balones a un Madrid precipitado. El viernes, Hezonja (que esta vez no jugó, pese a estar convocado), lo dijo claro, como suele: “La primera parte fue baloncesto de verano, una vergüenza”. Se podría aplicar esta vez también.
A la vuelta no mejoraron mucho las sensaciones para un Madrid perezoso, que llegaba tarde a casi todo y hasta fallaba canastas insólitas. Además de todos los triples. De todo eso se aprovechaba un serio Manresa, que con un triple de Oriola puso el alarmante +11 (38-49). Y, entonces, los nervios. Porque los árbitros no daban ni una, siempre corregidos desesperadamente por las revisiones. Y en tal ansiedad por remontar, eso sacaba de quicio a unos y otros.
Con tres triples de 25 aciertos, la misión del Madrid se tornó en imposible. Campazzo, Tavares y Musa grises, Hezonja descansando y sólo Poirier y algo de Deck. Con la irrupción de Badio, llegó la segunda derrota en casa en toda la temporada ACB del Madrid en un fin de semana de no muy buenas sensaciones en el WiZink.
«Me he caído muchas veces, tengo cicatrices por todo el cuerpo, pero nada iguala ese sufrimiento. Recuerdo una etapa del Tour. Me dolía tanto que no podía ni pedalear, se me saltaban las lágrimas». Ane Santesteban (Rentería, 1990) revive en voz alta su 2024, el que era el año de la vuelta a casa después de una década corriendo en equipos extranjeros, siendo una de las mejores ciclistas españolas de siempre, dos Juegos Olímpicos, Mundiales, top 10 en Giros y Tours... Un dolor tan insoportable como misterioso, una tortura mental también, hasta que en el lugar más improbable halló la solución. Una revisión ginecológica rutinaria iba a dar con el problema. «Tienes un quiste grande en el ovario y una endometriosis», le anunciaron. «Gracias a Dios. Qué liberación», respondió.
Ane cuenta lo que muchas otras callan, «por vergüenza o por miedo», por tratarse de salud femenina. Lo hace, una vez superado, para «normalizar, dar visibilidad y ayudar a otras mujeres». Las que le escriben en privado confesándole que su caso es el mismo, pidiéndole consejo. Detalla su experiencia, que es la de tantas deportistas, un tabú del que ahora escapa y se vuelve a sentir plena encima de la bici. Con los colores del Laboral Kutxa - Fundación Euskadi, el pasado fin de semana corrió la primera edición de la Milán-San Remo femenina. Acabó 35ª (a 1:25 de la ganadora, Lorena Wiebes), pero dejó un alarde. Como Pogacar en la masculina, la ciclista vasca marcó el mejor tiempo de siempre en la emblemática subida a la Cipressa, los 5,6 kilómetros en 11 minutos y 37 segundos (a de 29,1 km/h). «Este año quiero hacer las tres grandes, Vuelta, Giro y Tour», anuncia en conversación con EL MUNDO desde Rentería.
Es un renacimiento el de la menuda corredora errenteriarra. Porque, tal dolor le provocaba el problema ginecológico, que pensó hasta en dejarlo: «Al final dudas de todo». Hasta de sí misma, de si lo que le estaba ocurriendo no sería producto de su propia imaginación, porque ninguna prueba detectaba nada. «Le decía a Pablo (Rodríguez, también ciclista profesional, de mountain bike), mi pareja: '¿A ver si me estoy volviendo loca y me estoy inventando el dolor?' Entré en un bucle bastante complicado».
Ane Santesteban.Rosa GonzalezMUNDO
La temporada no arrancaba como las de antaño. No sólo era el malestar, tampoco los números salían. Tanto en entrenamientos como en competiciones, su rendimiento había bajado «entre 20 y 30 vatios». «Empecé el año pasado sin encontrarme bien en la bici. Estaba siempre con dolores, en las lumbares, hacia la espalda, me bajaba a una pierna. En ningún momento lo relacioné con los ovarios, claro. Y el Tour fue un calvario de dolor. Hablé con el médico del equipo y le dije los síntomas. Que no encontraba postura en la bici. Hicimos una resonancia en la espalda y no había nada. Yo decía: 'Algo tiene que haber'. Estaba en el sofá, sin entrenar, y no me podía ni mover, tenía muchísimo dolor», describe Ane.
Allí, en la Grande Boucle, donde en 2023 había finalizado octava de la general (fue séptima en el Tourmalet en la etapa reina), donde todo se hizo insoportable. «Recuerdo un momento durísimo. Día tras día, iba acumulando el dolor. En las últimas tres etapas... Sobre todo, hubo una, que se salía subiendo un puerto, donde yo mejor me defiendo. Lloraba. Pedía analgésicos para poder competir. Por mi experiencia, quería estar al lado de Usoa Ostolaza, aportar al equipo. Por intentar terminar, fue un sufrimiento bastante agónico», rememora.
Lo terrible para Ane era, sobre todo, no saber de donde provenía aquello. «No puedes empezar un tratamiento porque no sabes lo que es. Nuestros médicos están más acostumbrados a trabajar con resfriados, clavículas, dolores musculares...», explica. El calvario acabó el 31 de octubre en el sitio más insospechado, el ginecólogo, «en la revisión rutinaria de todos los años». Tenía un quiste en el ovario y sufría endometriosis, una enfermedad que se define por la presencia de endometrio (tejido mucoso que tapiza el interior del útero) fuera de la cavidad y musculatura uterinas y que afecta al 10% de las mujeres en edad reproductiva. «Me dijeron que lo mejor que podía hacer era tomar la píldora. El problema iba a seguir estando, pero iba a tener 'calidad de vida'. Desde que empecé, al poco ya empecé a sentirme muchísimo mejor», desvela, aliviada.
Pero no fue hasta el mes pasado que Ane quiso dar a conocer lo que le había ocurrido. Lo hizo con un sincero post en sus redes sociales en el que hablaba de «desesperación», pero también de que «las buenas sensaciones» habían vuelto. «No pensé que fuera a tener tanta repercusión. Llevaba tiempo dándole muchas vueltas. Venía guardando para mí todo lo que estaba sufriendo. Me daba un poco de miedo o vergüenza. Decidí que, como deportista, con el altavoz que tenemos, quería hablar de algo que muchas mujeres sufrimos en silencio. Darle visibilidad y contar mi experiencia por si podía ayudar a otras», proclama. Y tanto. La escribieron compañeras, ciclistas y de otros deportes. También ginecólogas y nutricionistas «para ofrecerme su ayuda».
«Es algo de lo que no se habla en el pelotón ni en el deporte femenino en general. Igual que hablas de una rotura de fibras, de una rotura de clavícula o de cualquier otra lesión o enfermedad. ¿Porque sea el ovario o el útero no se va a hablar? Es un tema tabú, da como vergüenza o respeto tratarlo», reflexiona Ane la escaladora, aquella niña a la que su padre, profesor de ciclismo en las escuelas del pueblo, inyectó en vena la pasión. Y a la que los puertos, en los que desde bien temprano se desenvolvió con facilidad, la hicieron profesional.
Ane Santesteban, en carrera con el Laboral Kutxa, esta temporada.Laboral Kutxa - Fundación Euskadi
Ane, que en diciembre cumplió 34, se siente ahora renacida. Dispuesta a aprovechar esta segunda oportunidad que le ha dado el ciclismo, a lograr su primera victoria después de tantos buenos puestos. «Creo que va a llegar, porque veo las cosas de diferente manera, porque vengo de pasarlo mal. He cambiado la forma de correr. Disfruto más y no tengo miedo de perder. Otros años me costaba más arriesgar, era más conservadora», explica, echando un vistazo a una carrera en la que transitó el camino del «cambio brutal» en el ciclismo femenino. «Ahora hay más equipos, más dinero, se retransmiten las carreras... En mis inicios, terminaba y tenía que escribirle a mis padres para decirles que estaba bien. Ahora hay salarios que son buenas cantidades, se ha conseguido tener un sueldo mínimo. Unos avances muy grandes», se sincera a quien le hubiera gustado nacer «un poco más tarde»: «Mi carrera hubiera sido diferente. Hubiese sido más sencillo. Cuando empecé era muy difícil tener un referente. Casi no podías soñar con ser profesional, porque no había ni estructuras. Tenías que ir al extranjero...».
La Copa del Rey se presentaba como un oasis para Real Madrid y Barcelona, la oportunidad de un título que aliviara más o menos sus tortuosas temporadas. Incluso un resorte para enderezar el camino. Era fácil pensar que uno de los dos regresaría de Gran Canaria con un poderoso impulso anímico con el que afrontar su realidad, pues de las últimas 15 ediciones habían ganado 14 (con 10 finales entre ambos incluidas). Pero no sólo volvieron derrotados, -uno en la final, el otro en cuartos-, también con más problemas de los que se fueron. Este jueves se enfrentan en el Palacio (20.45 h., Movistar), un clásico de Euroliga cargado de urgencias.
Diez días después de que el Unicaja se proclamara campeón, al Real Madrid le falta un jugador, pues Dennis Smith Jr., uno de sus refuerzos invernales, pegó la espantada y ya está en Atlanta intentando reconducir lo que iba a ser una carrera de estrella. Para la no historia blanca quedarán los 35 minutos de juego, repartidos en cuatro encuentros, del que venía con la vitola de haber sido todo un número tres del draft. «No se ha adaptado a nuestra forma de hacer», confirmó Chus Mateo, también que nadie vendrá por él (ya se cerró el mercado Euroliga) y que se queda con los «14 que van a pelear hasta final de temporada» (Gaby Deck está en la recta final de su recuperación). Incluido un Serge Ibaka del que se deslizó su malestar por su poca trascendencia en la rotación (menos tras el fichaje de Bruno Fernando), incluso que estaba dispuesto también a salir. «Rumores que no creo que tengan una muy buen intención», en palabras de su entrenador.
Tampoco parece que el Barça vaya a fichar, pese que Joan Peñarroya confirmó ayer la lesión de Juan Núñez (inflamación del menisco externo de la rodilla derecha), del que no descarta que no vuelva a jugar en lo que resta de temporada. Se une el base madrileño a Kevin Punter, caído en Las Palmas, Jan Vesely y Nico Laprovittola. Los azulgrana se quedan con apenas un base puro en la plantilla, Tomas Satoransky (Brizuela, incluso el joven Dame Sarr, tendrán que echar una mano en la dirección), y con muchos problemas hasta para completar la convocatoria. También ellos experimentaron lo de las incorporaciones fallidas. Raulzinho Neto por lesión y el gatillazo inexplicable de Thomas Heurtel, al que hicieron regresar de China y ahora está jugando en el Leyma Coruña.
Juan Núñez y Darío Brizuela, durante la pasada Copa.MARIANO POZO / ACB PHOTO
Con todo esto, ¿quién está peor? A priori, parecería que el propio Barça, eliminado en cuartos de Copa, séptimo en ACB (11-9) y que no levanta un título desde la Liga de 2023 (sin contar sus últimos años de penurias). Los de Peñarroya tienen, eso sí, una victoria más en Euroliga. Es decir, en caso de caer hoy se quedarían igualados al Real Madrid con 14-13 (con el basket average perdido, pues los blancos ganaron en el Palau 90-97). Una victoria les daría un buen balón de oxígeno.
Porque lo cierto es que el Madrid tampoco está para muchos alardes. Desde la final perdida en Berlín, se recuperaron en parte levantando la ACB ante el UCAM Murcia, pero han vuelto a perder dos finales a un partido, la Supercopa y la Copa, ambas contra Unicaja. Son líderes de la Liga Endesa, pero su panorama en Europa a falta de ocho jornadas es alarmante. «Ahora vienen muchísimos enfrentamientos directos con equipos implicados en esta lucha, queremos hacer un buen esprint final», admitía ayer Mateo refiriéndose a la disputa de los playoffs. Es decir, acabar entre los seis primeros, algo que se antoja complicado si no empieza a ganar hoy mismo (el próximo jueves visita la pista del campeón Panathinaikos). Objetivo de mínimos sería estar al menos en el play in, que disputan a un partido del séptimo al décimo.
Hacía seis años que un español no ganaba dos etapas en la misma grande. Entonces, 2018, fue, nada menos, Alejandro Valverde en La Vuelta. Ni los más osados hubieran situado en semejante plano a Pablo Castrillo (Jaca, 2001), bajo el radar hasta hace un mes, revolución total del ciclismo nacional ahora. No sólo por sus dos triunfos de etapa, especialmente por cómo se impuso tanto en Manzaneda como en Cuitu Negro. Osadía, perseverancia, agonía y colmillo. Ciclismo del de antes. «A mí es el que me gusta, el de atacar sin mirar los números», cuenta a EL MUNDO el corredor del Kern Pharma (otra revolución), integrante de pleno derecho de la selección que este domingo afronta el Mundial de Zúrich.
¿Le ha dado tiempo en estas casi tres semanas a procesar todo lo que le sucedió en La Vuelta a España?
Tras la Vuelta estaba bastante fatigado, tanto mental como físicamente. La primera semana fue descanso total y la segunda empecé a creerme y a asimilar lo que me había pasado, las dos victorias y todo lo que había conseguido el equipo. Me ha cambiado la vida, bastante. Esos tres días...
Si le cuentan antes lo que iba a pasar...
No me lo hubiera creído. Veníamos bastante bien preparados y con la intención de ganar al menos una etapa, aunque sabíamos que era muy complicado. Con eso nos hubiéramos ido satisfechos como equipo... ¡Ganamos tres etapas, dos mías! Y sobre todo la del Cuitu Negro. Sabía que estaba en buena forma, pero no me lo esperaba para nada.
¿Siente que fue una reivindicación del ciclismo valiente en plena era de los pinganillos y los vatios?
Es que a mí el ciclismo que siempre me ha gustado es ese, el de antes. Desde que empecé a competir he sido valiente. Siempre me ha dado igual si reventaba o no. Es lo que me gusta. Nunca he tenido miedo a atacar en cualquier sitio, aunque muchas veces me ha salido mal. Estas dos victorias son una recompensa a todas esas veces que no salió bien. Es reivindicar el ciclismo de atacar, de ser valiente y de no mirar tanto los números. Aunque sabemos que también son importantes, claro.
¿De dónde sale ese carácter, esa capacidad de agonía?
No lo sé. Desde que empecé en la bici he tenido esa capacidad de sufrimiento, siempre me he exprimido al máximo, es lo que me ha caracterizado. En esta Vuelta lo he sacado al máximo. Las dos victorias de etapa fueron de mucha agonía. Siempre me ha gustado sufrir... y hasta donde pueda llegar. En Manzaneda ataqué a falta de 10 kilómetros para la meta, iba pensando en Manolo Azkona [fundador del Kern Pharma, fallecido ese mismo día], en la familia... eso me da la fuerza para pasar mi límite. En el Cuitu Negro tenía mejores piernas.
Castrillo celebra una de sus victorias en La Vuelta.KERN PHARMA
Indurain decía eso de «sufrir a gusto».
Cuando vas mal y te vas quedando todo el rato, es un sufrimiento que es muy malo, no se disfruta nada. Pero cuando vas bien de piernas, te ves adelante y disputas la etapa, es un sufrimiento que disfrutas, que te impulsa más a seguir.
Explíqueme esa victoria en el infierno del Cuitu Negro, esa rampa final...
Son paredes. He visto bastantes veces repetida la etapa, los últimos tres kilómetros fueron épicos para mí. El ataque a Vlasov y Sivakov... En mi mente tengo el recuerdo de cuando llegó Vlasov hasta mí y en ese descansillo tuve la calma y la sangre fría de tomarme un respiro y mirar cómo iba mi rival. Ahí tuve la decisión de arrancar, de ver hasta dónde podía ir él. Y, efectivamente, Vlasov iba mal y pude llevarme la victoria.
Tan corpulento, no tiene pinta de escalador... ¿Sorprendió a quién no le conocía?
Desde que empecé lo que más me gustó fueron los puertos de montaña. He podido mejorar en el llano, pero la capacidad de subir bien no la he perdido a pesar de que mi cuerpo cambió, de ser un ciclista corpulento. Espero no perderlo.
¿Cómo te miran en el pelotón al día siguiente?
Fue un honor que me felicitaran tantos ciclistas, sobre todo gente como Van Aert. El pelotón te va tratando diferente, con más respeto. Lo malo de eso es que en las siguientes fugas estás más vigilado. Y ya todo es más complicado, en la escapada te dejan la responsabilidad de cerrar los huecos... Así que tiene sus cosas buenas y sus cosas malas.
Empezó jugando al hockey hielo en Jaca, su pueblo.
Sí, estuve siete años, disfrutando bastante, como un hobbie de chaval. No se me daba mal, era medio buenillo, pero no es que fuera a llegar a ligas profesionales ni nada. Luego influyeron las salidas en bici con mi madre y, sobre todo, cuando estaba mi hermano en el Lizarte e íbamos a todas las carreras. Eso me enganchó a la bici y decidí probarlo en cadetes. Desde el primer momento disfruté muchísimo tanto de entrenar como de la competición, pero nunca pensaba que iba a ser ciclista profesional. Poco a poco te vas centrando, vas viendo que tus capacidades pueden ser válidas para el ciclismo.
¿En quién se fijaba, quiénes eran sus ídolos?
Me enganché al ciclismo tarde. Pero Valverde me inspiró bastante con sus ataques y victorias, enganchaba. Es uno de mis referentes, como Contador y Purito.
Pablo Castrillo, durante la Vuelta a España.KERN PHARMA
La primera ciclista de la familia fue su madre.
Los veranos en los que íbamos a Cambrils salía con ella con la bicicleta. De ahí me viene el ciclismo, mi madre fue una inspiración. Siempre le ha gustado la bicicleta y ahora el ciclismo femenino va aumentando, ganando popularidad y su nivel va subiendo. Es la presidenta del club del pueblo.
Y su padre corre maratones.
Los dos son militares. Mi padre se jubiló hace años y mi madre hace un mes. Mi padre empezó tarde, con más de 40, pero se hizo unos cuantos maratones. Somos una familia de deportistas y eso es de agradecer para que un niño como yo se enganchara al deporte.
Su hermano Jaime, cinco años mayor, ex ciclista del Movistar y el Kern Pharma entre otros, tuvo que parar. ¿Cómo viviste el proceso?
Mi hermano siempre ha sido un ejemplo, un pilar fundamental. Siempre lo he visto con un motor increíble, capaz de hacer grandes cosas encima de la bici. Pero siempre le ha costado, se ponía mucha presión y acabó desembocando en una depresión. Decidió dejarlo, porque para su salud era lo mejor. Fue una decisión valiente que le ayudó bastante. Estos dos años que ha estado sin bici notaba que le faltaba algo y ha decidido volver [con el equipo portugúes de categoría Continental Sabgal / Anicolor]. Para mí es una decisión muy importante y complicada; después de estar dos años parado meterte en un pelotón profesional, con lo duro que es y con el estrés que hay. Con todo lo que ha pasado han sido unas enseñanzas para mí muy grandes. De que lo primero es intentar disfrutar de la bici, no meterte tanta presión y luego viene lo demás. La bici es importante, pero primero eres una persona que tiene su vida. No todo es la bici.
¿Qué le dijo tras sus victorias?
Estaba feliz y emocionado. Lloró bastante. Me dijo que me mantuviera con los pies en la tierra. Que los éxitos no se me suban a la cabeza. Que siga trabajando como hasta ahora, apoyándome en las personas cercanas que tengo al lado.
¿Nos va a sorprender a todos también en el Mundial?
Esto es un premio para mí, con lo duro que es y el cartel que hay... Tenemos un equipo muy bueno para poder ganar, con Enric [Mas], Peio [Bilbao] y [Juan] Ayuso. Me tocará aportar al máximo a la selección, ayudar lo que se pueda y volver a ir de tapado.
El tema de moda: ¿dónde correrá el año que viene?
Es normal que se hable y que haya rumores después de las dos victorias etapas y de que aún no haya firmado. Ahora tengo que elegir. Me lo estoy pensando, en negociaciones [estaba con Ineos, pero han surgido más pretendientes]. Pensando en lo mejor para mi futuro, para seguir progresando y ver donde está mi techo. Valoro lo económico y lo deportivo, el proyecto, las personas que hay detrás, el grupo de rendimiento... Es una decisión importante.
¿Cómo es Pablo Castrillo cuando se baja de la bici?
Me gusta ir a caminar al monte y mucho jugar al pádel. Me gusta mi pueblo, me ayuda a desconectar.