Una vuelta detrás de Esteban Ocon, y otra, y otra, y otra y al final Carlos Sainz acabó desesperado, abroncando a su equipo, cometiendo errores. Fue el mayor damnificado por el pelotón que organizó el francés detrás de Max Verstappen y Fernando Alonso y, al mismo tiempo, el piloto que más posiciones perdió respecto a la parrilla. De su cuarto puesto de salida al octavo puesto en meta. Y eso que su lugar era claramente el podio.
Desde el principio estaba claro que el español era más rápido que Ocon, pero entre los muros de Montecarlo no pudo superarle. Quiso hacerlo en la chicane y acabó chocando contra él. Quiso hacerlo en su primer paso por boxes y Ferrari erró el momento, demasiado temprano. Y quiso hacerlo finalmente bajo la lluvia y sufrió el trompo que le retrasó.
“Podíamos haberlo hecho mejor. La primera parada me sorprendió porque había cuidado mucho el neumático y podía haber aguantado, me metieron demasiado pronto. Luego volví a salir detrás de Ocon y me frustré. Fui víctima de la frustración, por eso fallé. Igualmente es mejor que me pase este año porque el coche no está donde queremos que esté”, aseguró Sainz.
Su resultado le llevó a perder un puesto en el Mundial -ahora es sexto por detrás de George Russell– y confirmó el mal año para Ferrari, entre sus problemas con la degradación, las estrategias erradas y los fallos de los pilotos. De hecho, pese a las decepciones, Sainz es el mejor piloto de la escudería, por delante de Charles Leclerc, que en su casa sólo pudo ser sexto.
Otra historia
JAVIER SÁNCHEZ
@javisanchez
Actualizado Miércoles,
18
octubre
2023
-
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En los descansos entre juegos, Carlos Alcaraz observaba las repeticiones que ofrecía los videomarcadores de la Philippe Chartrier y analizaba las jugadas previas. No decía nada, claro, o no se le escuchaba, pero en su rostro se podía entender el golpe del que estaba orgulloso y el golpe que desaprobaba. En esos ratos lo habitual es que los tenistas observen el infinito, un punto inconcreto de la grada, y se tranquilicen, o se fustigan, o simplemente dejen la mente en blanco. Pero Alcaraz estaba estudiándolo todo, lo que había pasado y lo que iba a pasar. Estaba metido en el partido. Muy metido. Sumergido en él.
Y así le fue: en su mejor partido desde que se proclamara campeón en el Masters 1000 de Indian Wells en marzo, venció a Sebastian Korda por 6-4, 7-6(5) y 6-3 y se clasificó para octavos de final de Roland Garros. Allí se encontrará a un rival duro, tan joven como él, el vencedor del duelo entre Ben Shelton y Félix Auger-Aliassime -pospuesto por la lluvia, debe decidirse este sábado-, pero si mantiene la concentración será complicado pararle.
Durante las dos horas y 40 minutos que duró el duelo se mantuvo en él, robusto, siempre brillante. Si acaso se despistó a mediados del segundo set, entregó su saque una vez y lo pagó con un tie-break, el momento más tenso del encuentro. Ahí se lo notaban los nervios, las celebraciones eran tímidas, ni un grito, ni un puño al cielo. Pero lo resolvió con maestría. Un saque prodigioso a 217 km/h -su segundo más rápido esta temporada- le adelantó en la muerte súbita y resolvió con un derechazo potente que llevaba semanas guardando. Entonces sí llegó un festejo propio, el puño cerrado, el rugido al aire. En el tercer set, resuelto rápido, confirmó su predisposición en el Grand Slam parisino.
"He estoy muy contento con mi actuación durante todo el partido, creo que he estado muy sólido, que he subido el nivel. También he podido jugar sin miedo con la derecha, de hecho en el tie-break, con ese 'winner', he pensado: 'Lo echaba de menos'", confesaba Alcaraz al finalizar el encuentro.
El peligro de Korda
La propuesta de Korda realmente podría haberle causado muchos más problemas. El estadounidense es un especialista en el saque, un dinamitero, y en tierra batida se debilita, pero igualmente es peligroso. Aunque este viernes estaba desafinado con su derecha, exigía solidez. Ante la dificultad para romperle el servicio, un mal juego situaba a Alcaraz ante el abismo, como ocurrió en el segundo set. El ahora número tres del mundo respondió a toda esa fuerza con dos argumentos.
ANNE-CHRISTINE POUJOULATAFP
Para empezar, enfoque en el resto. Aunque algunas bombas de Korda eran imposibles de devolver, el español lo intentaba y, en ocasiones, lo conseguía. El estadounidense apenas pudo apuntarse puntos con su saque-volea. Ya unas horas antes, en el calentamiento, Alcaraz reclamaba a su hermano Álvaro más dureza en el servicio y practicaba y practicaba y practicaba para lo que le vendría en el encuentro. Su segundo argumento fue su creatividad. Al contrario de lo que le ocurrió ante De Jong, Korda no le arrebató la red, su red. Con dejadas y contradejadas, ofrecía intercambios chisporroteantes, esos 'highlights' de los que tanto goza.
El amor de París
El público de la Philippe Chatrier se lo agradeció con varias ovaciones, aunque también estuvo animando a Korda, especialmente en el tie-break, cuando los espectadores soñaban con un duelo épico. Alcaraz tiene ya muchos fans en París, más incluso que un Novak Djokovic todavía controvertido, pero todavía le queda mucho para alcanzar el ánimo unánime que recibió Rafa Nadal en sus últimas participaciones. Es el heredero, o así se lo considera, pero le faltan galones
De entrada necesita dominar por primera vez un torneo que a las puertas de la segunda semana sigue sin sorpresas, ni en el cuadro masculino ni en el cuadro femenino. Siguen adelante los cinco mejores hombres y las cinco mujeres, con la segunda, Alyna Sabalenka, enfrentándose este sábado (14.00 horas, Eurosport) a Paula Badosa en tercera ronda. Habrá un desenlace de altura. Más si Alcaraz continúa tan concentrado.
Moha Mottaghinia no encaja en el estereotipo del nacionalizado. De Mashhad, una ciudad al noreste de Irán, tenía una «buena calidad de vida», hijo de un banquero, y acumulaba fama en el deporte más importante del país, la lucha. A los 19 años, en 2017 fue campeón de Asia y tercero del mundo junior y su camino estaba claro: en los Juegos de Tokio 2020 subiría al podio. Pero discutió con su Federación, varios países le ofrecieron pasaporte, empleo y sueldo y escogió España. Fue entonces, a principios de 2018, al llegar a Torredelcampo, cerca de Jaén, cuando la vida se le complicó. Y no se solucionó hasta el pasado miércoles, cuando recibió la nacionalización del Consejo de Ministros. Entre medias, seis años en el limbo sin poder salir de España y sin competir. En el CAR de Madrid, donde se prepara para los Juegos de París 2024 relata lo vivido a EL MUNDO.
¿Habías visitado España antes de la oferta de nacionalización?
No, cuando llegué no sabía casi nada del país. Fui directo a Jaén porque allí tenía trabajo. Me costó porque me hablaban un español muy cerrado, pero me adapté. Fue bien que no hubiera ni un iraní, hice muchos amigos. Ahora tengo mucho cariño a Jaén, me siento andaluz.
Fue tan buena su adaptación que el Ayuntamiento de Torredelcampo le pidió ayuda y, ahí, el problema.
Yo estaba tranquilo trabajando en el club y esperando la nacionalización, que tenía que tardar unos meses. Vinieron del Ayuntamiento para pedirme que les ayudara con unas clases para jóvenes y acepté encantado. Pero entre el Ayuntamiento y el club modificaron mi contrato y por culpa de ese cambio me multaron y me quitaron el permiso de residencia. No fue mi culpa, pero a partir de entonces no pude salir del país.
Y así hasta el año pasado, cuando recuperó el permiso de residencia.
Pude volver a Irán y ver a mi familia casi cinco años después, pero no aún podía competir. Y para mí es casi más importante. En Irán yo vivía bien, no tenía problemas económicos, y vine a España para crecer como luchador. Fue duro no ver a mi familia, pero más no poder luchar.
Hasta hace 10 días. En el pasado Europeo, Mottaghinia volvió a la competición tras seis años de parón, ya como español, y fue el mejor de la selección. En categoría de más de 74 kilos alcanzó los cuartos de final y rozó el bronce ante el azerí Turan Bayramov, nacido a escasos kilómetros de la frontera con Irán. En los próximos días Mottaghinia acudirá a la jura de bandera y en abril y mayo tendrá dos Preolímpicos para conseguir su billete a París. Si lo logra será la opción más clara de medalla de España en la lucha.
Mottaghinia, en el último EuropeoRobert GhementEFE
¿Cómo se mantuvo en forma tantos años sin competir?
La lucha es un deporte en el que si paras una semana lo notas muchísimo. Sabía que si me hundía y dejaba de entrenar dos meses quizá no podría volver a competir con los mejores, tendría que volver a mi país y todo el viaje no hubiera servido para nada. Por eso nunca dejé de entrenar, ni un solo día. En el Europeo noté que me faltaba ritmo de competición, sobre todo rapidez para cambiar la táctica, pero que puedo estar en los Juegos de París.
¿Durante este tiempo qué le decía su familia desde Irán?
Mis padres no querían que me marchara a otro país, pero es mi vida y yo puedo elegir lo mejor para mí. Al final lo aceptaron y me apoyaron en este tiempo. Mi padre, que fue luchador aficionado, lo entendía más. Yo hice gimnasia desde los cuatro años y él fue quien me animó a pasarme a la lucha cuando tenía 12.
Ahora, ya instalado en Madrid, habrá conocido a más compatriotas iraníes.
Sí, pero tengo tantos amigos españoles que ya no me hace falta. Sé que en Madrid hay algún restaurante iraní, pero no he ido. Estoy muy contento en el CAR, trabajo muy bien con el equipo nacional y tanto el presidente como el seleccionador siempre me han ayudado mucho.