La Federación Española de Fútbol tiene tomada la decisión de que Jorge Vilda deje de director deportivo y seleccionador absoluto femenino. Pese a su comunicado calificando como «impropio e inaceptable» el comportamiento de Luis Rubiales, no hay vuelt
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Cuando Olga Carmona soltó un zurdazo en el minuto 29 de la final del Mundial que sorprendió a la portera inglesa Mary Earps, España volvía a hacer historia. Eran campeonas del mundo contra viento y marea, gracias al talento de sus jugadoras, que ya acumulaban tres Balones de Oro, y su capacidad de guardar bajo la alfombra los desprecios. Muy poco había cambiado desde que, un año antes, un grupo de ellas levantara la voz contra unas condiciones de trabajo inmerecidas. Algunas estaban en Sídney, en un ejercicio de resiliencia y olvido forzado; otras estaban en casa. Pero aquello que apartaron para jugar al fútbol lo sacudió un beso, una agresión sexual de Rubiales a Jenni Hermoso que escandalizó al mundo. «Se acabó». Una frase de Alexia Putellas que fue principio y final de todo.
En Sídney nació la España campeona que hoy volverá a pelear por un título que no tiene, la Eurocopa, de nuevo ante Inglaterra, dejando un reguero de elogios por su fútbol y su talento. Pero el legado supera al hecho histórico. «Sabéis todo lo que hemos pasado, todo lo que hemos luchado, siempre manteniendo el foco en el fútbol. Y eso es muy complicado. Esta Eurocopa ha sido muy tranquila, cosa que agradecemos, y creo que eso también ha ayudado a sacar nuestra mejor versión. Siempre es más difícil jugar cuando tienes cosas externas», reflexiona Aitana. Esa resiliencia, que por momentos no fue eso sino un amargo trágala, les hizo más fuertes. «Este equipo es mucho más maduro, tiene mucha más experiencia y sabe competir en los partidos», añade la jugadora.
Montse Tomé tiene claro por qué España merece ganar la Eurocopa, y va más allá del fútbol. «Somos un equipo, una selección, unas jugadoras, que llevan luchando, trabajando y esforzándose con mucha energía en muchos lugares. Y ahora hemos sido capaces de que la tuvieran en lo importante, que es el fútbol», sentenció la seleccionadora.
Una reconstrucción difícil
«Esto ha hecho tener un bagaje increíble de todas y que todos los que acompañamos a la selección podamos disfrutar de la profesión pura. Que pueda sentarme aquí y que todas las preguntas sean de fútbol es de las cosas más grandes que habla del cambio que estamos consiguiendo. Por todo el esfuerzo, el equipo se lo merece», añadió.
El camino de reconstrucción no ha sido fácil. El despido de Jorge Vilda y la inhabilitación de Luis Rubiales -en medio de un clamor político y social sin precedentes que terminó también en una condena judicial-, no cerraron las heridas. Con un presidente interino, Pedro Rocha, sin demasiada capacidad de maniobra y con desconfianza absoluta en Montse Tomé, segunda de Vilda, la selección echó a andar tras una larga noche de reproches y compromisos en el salón de un hotel de Oliva. Todo era tóxico menos el fútbol de España, que dos días después ganó a Suecia y goleó a Suiza en la Nations League.
La campeona se exhibió en la nueva competición, la ganó y, por primera vez, se plantó en unos Juegos Olímpicos. Tomé resistía la pregunta constante sobre las convocatorias de Jenni Hermoso, las que iba y las que no, y fue trabajando un equipo que necesitaba muchos cambios en el staff y algunos en el terreno de juego.
Aitana, Martin-Prieto y Esther, durante el último entrenamiento en Basilea.AFP
La RFEF, inmersa en una crisis de imagen, se vio abocada a un camino que imponía la igualdad, el respeto y la atención a sus jugadoras, a las que debía dotar de todos los medios posibles para seguir haciendo su trabajo. El modelo lo tenían en Inglaterra y, más cerca, en el Barcelona. Media docena de jugadoras pasaba de un club hiper profesionalizado, entre los mejores de Europa, a una selección precaria. El fichaje de Markel Zubizarreta empezó a poner en marcha un cambio que, ya sin él, aceleró la llegada a la presidencia de Rafael Louzán. Sólo había que acompañar.
A Montse Tomé, cuyo contrato acaba el 30 de agosto, le han permitido dotarse de un cuerpo técnico amplio y preparado, capaz de analizar rivales y transmitir a las jugadoras dónde están sus puntos débiles, como que Berger se adelanta. Luego Aitana, pura inteligencia en el campo, lo interpreta y lleva a España a una final. Porque en la élite, los detalles marcan diferencias.
a golpe de meritocracia
Tomé ha sabido manejarse con un grupo de jugadoras que desconfiaban de ella, pero a las que ha ido convenciendo. En tres años ha ido moldeando al equipo, primero con las convocatorias, renovando el grupo a golpe de meritocracia sin subvertir el orden natural del vestuario. Dejó en sus manos las capitanías, que volvieron a Irene Paredes y Alexia, y ha ido sumando al centro de mando a nuevas jugadoras que garantizan la cohesión. El bloque no ha cambiado demasiado, salvo la irrupción de jóvenes como Vicky López y Jana y el premio a veteranas como Martín-Prieto.
El legado en el campo es tan fuerte que puede servir para conquistar un título que completaría una triple corona inédita: España sería la primera vigente campeona del mundo que también gana la Euro, pero, además, suma una Nations que puede revalidar en noviembre. En el campo siempre quieren más. «Hemos hecho historia, pero somos ambiciosas, queremos ganar y competir al máximo», recuerda Alexia, brillante de nuevo en este campeonato.
Lejos del césped la huella es casi igual de profunda. Igualdad, respeto, audiencias millonarias... el fútbol femenino ha ganado visibilidad en el deporte y seguimiento. Aunque el impulso a la Liga F ha sido limitado, estas jugadoras son iconos nacionales y mundiales. Empezando por Alexia y Aitana, las dos balones de Oro, y siguiendo por aquellas que han dado el salto a otras competiciones, como Esther o Mariona, cuyas experiencias enriquecen la selección. Es el círculo virtuoso de un éxito que se labró en Sídney con un gol y muchas lágrimas.
Real Madrid 4 - Barcelona 1
INMA LIDÓN
@inma_lidon
Actualizado Domingo,
14
enero
2024
-
22:00Ver 11 comentariosSu 'hat trick' muestra las vergüenzas...
Las lágrimas de Aitana Bonmatí sobre el césped del José Alvalade de Lisboa tenían muchas interpretaciones. Eran de tristeza, porque la final de la Champions se les había escapado. También de rabia, porque habían caído en la trampa de las inglesas. Incluso de impotencia por no haber encontrado la salida a tiempo. El Barça cayó derrotado por un gol de Blackstenius en el minuto 74 en un duelo incómodo y espeso que impidió que emergiera todo su potencial. Quedaron a merced de un Arsenal que llevaba 19 años sin rozar la gloria europea y que, humildemente, supo interpretar su guion a la perfección.
El Barça buscaba su cuarta Champions, la tercera consecutiva y el posible póquer de títulos en una temporada y no logró que brillaran ni sus balones de oro ni las estrellas secundarias que también son el alma de este equipo arrollador en España que ha liderado Pere Romeu. Se lo advirtió Mariona Caldentey: no iba a Lisboa a vivir la experiencia de una final, iba a competirla.
Supo muy bien el Arsenal cómo desquiciar a un equipo acostumbrado, quizá en exceso, a someter a rivales. Presión altísima, mucho orden y contundencia en los duelos en la medular hasta la asfixia. Si el motor del Barça se gripa, su potencia merma y a Patri Guijarro, Aitana y Alexia les costó aparecer en el partido mientras las inglesas crecían. Sin prisa, de manera sólida para no cometer errores.
Inquietó Aitana en los primeros minutos y Ewa Pajor, la goleadora polaca, buscó el error de la guardameta Van Domselaar del que a punto estuvo de aprovecharse. Conectaba poco el Barça pero era capaz de soltar chispazos. Ahora bien, el Arsenal no tembló y empezó a encontrar el camino al área de Cata Coll, casi siempre franco por el carril derecho. Fue la capitana Little quien puso un centro al segundo palo para un testarazo de Foord que no pudo conectar cómoda. Quisieron responder las blaugrana, poco precisas o frenadas por una eficaz contundencia, como la que mostró Williamson para salvar el tiro de Aitana tras un recorte en el corazón del área. Otro fue Van Domselaar, que de puños también repelió un centro de Claudia Pina.
El Barça quería despertar, pero las gunners se empleaban a conciencia para maniatarlas sin renunciar a contras que a punto estuvieron de ser productivas. Un centro tenso de Frida Maanum, otra vez burlando a Rolfö, lo desvió Irene Paredes al fondo de la red, la fortuna es que la revisión de VAR cazó el fuera de juego de la noruega, que aún hizo volar a Cata Coll para sacar una mano salvadora a otro derechazo. No encontraban la manera de sacudirse a un equipo pegajoso que las atrapaba en ataque y las descomponía en defensa.
Aitana Bonmatí se abraza con Joan Laporta.EFE
Fue Aitana quien, a la media hora de partido, dio un paso adelante. Se lanzó, encontró pasillo hasta el área y, aunque su disparo fue a las manos de la guardameta, hizo a todo el equipo despertar y encerrar al rival en su campo. Emergió Alexia y su conexión con Pina en la banda izquierda y Ewa Pajor, a quien Williamson entendió que tenía que vigilar. A las londinenses el peligro empezaba a llegarles en oleada.
Sin acierto
Esa sensación se incrementó en la segunda parte. Las blaugrana volvieron del vestuario encorajinadas y dispuestas a imponer su fútbol, ese que hace que Alexia y Aitana se encuentren en el área para servirle a Claudia Pina un disparo que estrelló en el larguero. Todo, al doble de velocidad para incomodar a las inglesas, obligadas a convertirse en un muro y de sus rechazos pudo aprovecharse Ona Batlle con sus derechazos desde la frontal. El Barça estaba empezando a disfrutar y eso se reflejó en la obligación de Van Domselaar de salvar cada pelota de Aitana buscando los tres palos.
Movió entonces el banquillo Renée Slegers para volver al plan inicial. El Arsenal, con poco protagonismo de Mariona y de su goleadora Alessia Russo, se refugió en las contras que nacían de los errores del conjunto catalán. El pie de Cata Coll evitó que la delantera inglesa adelantara al Arsenal tras lanzarse a la carrera y que ni Mapi León, que acabó lesionada, pudo frenar e Irene Paredes solo alcanzó a dificultarle el mano a mano.
Nada pudo hacer la cancerbera balear cuando en el minuto 74 Mead, cómoda en la media luna, filtró un balón a la sueca Blackstenius para marcar el primer gol de la final. Había sobrevivido el Arsenal al estéril dominio culé y había asestado un golpe que pesó como una losa imposible de alzar.