El ciclista francés Julien Bernard dijo este sábado que aceptaba la multa que le impusieron por haber besado a su pareja durante la 7ª etapa del Tour de Francia.
“Acepto realmente esta multa. La pagaré y espero que sea el final de esta historia y dejemos de hablar de ello”, declaró el corredor del equipo Lidl-Trek en el inicio de la 8ª etapa, en el centro-este de Francia.
Aunque fue aplaudida por los aficionados, la decisión de Bernard de besar a su pareja durante la prueba contrarreloj del viernes no gustó a la Unión Ciclista Internacional (UCI). Basándose en el artículo 2.12.007-8.6 C del reglamento de la UCI, esta lo multó por “un comportamiento inapropiado durante la carrera y por dañar la imagen del deporte”. Lo castigó con una multa de 200 francos suizos (unos 223 dólares).
El oro lo albergaban los pies y el amor propio de dos atletas de época. María Pérez y Álvaro Martín, los dioses de la marcha, una pareja que recordará la historia, campeones olímpicos en París en la novedosa prueba del relevo mixto. Completaron una mañana impecable a los pies de la torre Eiffel, un maratón de éxtasis dividido en cuatro en 2:50:31, para la octava medalla de la marcha atlética nacional, el semillero de leyendas.
Fueron un martillo, la perfección. El temple y la calma cuando tocó, el sufrimiento en el momento oportuno. Mientras el resto padecía con la parte técnica, a ellos ninguna sanción en las casi tres horas de prueba. Cuando María cruzó la meta llegó el abrazo emocionante, las lágrimas. Justo asomaba el sol en el Trocadero. Son bicampeones mundiales, plata y bronce olímpicos individualmente y ahora también oro. Oro puro.
Había amanecido París con grisura, algo más fresco y lluvioso, con esta humedad que se va tornando en insoportable. El asfalto mojado, la brisa en un escenario idílico en el que marchar, en el estupendo circuito diseñado en los alrededores de la Torre Eiffel. Álvaro Martín, con su competir matemático y pulcro, cumplió en la primera posta (la más larga de todas, 11,45 kilómetros), sin abandonar la cabeza, sin entrar en pánico con los tempraneros intentos de fuga del japonés Kawano y del canadiense Dunfee.
María Pérez cruza la meta primera en la marcha mixta.Vadim GhirdaAP
El extremeño iba a llegar, limpio de amonestaciones técnicas, en el quinteto de cabeza que dio el relevo tras 43 minutos y 32 segundos, con una pequeña ventaja sobre los chinos que pronto remontó la campeona olímpica Jiayu Yang y su llamativo ombligo tapado, esta vez con el rojo de su bandera. No fue frenético el ritmo femenino, cómoda María Pérez, y el grupo se amplió a ocho con la llegada de la australiana, la mexicana (que, con problemas, hacía la goma una y otra vez) y la peruana.
La alarma saltó en esos últimos metros finales, cuando la granadina cedió con el pelotón de cabeza, menos grave los segundos, siete, que las sensaciones. Quizá sólo era un respiro. Porque Álvaro iba a recuperar enseguida. Y en ese comienzo de su relevo fue cuando todo se empezó a resolver.
Primero, por el tirón del ecuatoriano Daniel Pintado que sólo el español consiguió aguantar. Por atrás, un reguero de víctimas, entre ellos el italiano Stano, pero también el chino Zhang, que, además, iba a arruinar todas sus opciones con hasta dos tarjetas rojas.
Álvaro Martín, en acción en París.MIGUEL GUTIÉRREZEFE
Pintado era cada vez más agresivo pero también navegaba en los límites. Vio la segunda roja, a una ya de la sanción de tres minutos. Sobre aviso hasta los restos. Martín, que paladeaba la gloria, sufría. Perdió unos metros, pero sin venirse abajo. Todo lo contrario, puro coraje, remontó, adelantó al campeón olímpico, se dejó la vida y le dio tres segundos que eran un diamante para María, con 10800 metros hasta la meta.
Los dos estaban asegurando la medalla, casi 40 segundos con el italiano. Y todo iba a quedar en manos de María y Glenda Morejón. La ecuatoriana fue sexta en la plata de la española el pasado jueves. Esa era la esperanza de oro. Y pronto voló María, con su marchar rítmico, espoleada por las banderas españolas que poblaban el corazón de París. En su mente todos los peajes del éxito, la operación de este invierno, los kilómetros y kilómetros en la altitud de Sierra Nevada. Ese cuarto puesto de Tokio. Los problemas pretéritos con la técnica. Hasta el cielo se llega por caminos insospechados. Pero María tuvo tiempo para saborear todo eso, clavando parciales como un metrónomo, sonriendo ya al otear la meta, porque su ventaja con la ecuatoriana se fue ampliando sin prisa pero sin pausa.
La dupla ecuatoriana se quedó con la plata, a 51 segundos de los españoles. El bronce fue para Australia, con Jemima Montag y Rhydian Cowley. La otra pareja española - Miguel Ángel López y Cristina Montesinos- terminó en novena posición.
Es la octava medalla de la historia olímpica de la marcha española -que se había estacado desde Atenas 2004 y esa plata de Paquillo Fernández-, la punta de lanza del atletismo nacional desde el pionero Jordi Llopart. Es el segundo oro también, después del único de Daniel Plaza en los 20 kilómetros de Barcelona 92.
Había que ver cómo se levantaba el Atlético del varapalo de la Copa del Rey. No por la derrota, sino por las sensaciones que dejó a los rojiblancos el torneo del ko y de las que venía en Champions y en Liga. Afortunadamente, el equipo volvía a su guarida, donde se siente fuerte, donde sería líder si no existieran los partidos a domicilio. Y lo hacía ante una de las víctimas preferidas de Simeone. No ha perdido el argentino ante Pellegrini y le volvió a ganar, aunque con mucho suspense al final y con el equipo embotellado y plagado de defensas. [Narración y Estadísticas, 2-1]
Los colchoneros se pusieron el traje de casa, el que mejor le sienta. El de la presión alta y el rodillo al adversario. Tres ocasiones en los primeros 15 minutos tanto por mérito rojiblanco como por demérito de Bellerín, principal asistente de la ofensiva rival. El primer error terminó con un chut de De Paul al lateral de la red. En el siguiente, en cambio, el balón tocaba la red, pero por dentro.
Fue gracias al instinto de Hermoso, que cortó un pase en campo contrario, y a la fortuna rojiblanca en varios rebotes. El gol podría asignarse a Pezzella, aunque el argentino solo pasaba por allí. El Betis era un flan y eso es pecado en la catedral rojiblanca. Pudo Memphis en una doble ocasión darle la extrema unción en el minuto 12 y luego vino un nuevo capítulo de esa magnífica herramienta para sembrar polémica como es el VAR.
Tras el enésimo error de la zaga verdiblanca, Lino filtró a Morata que, en el límite del fuera de juego, encaró a Rui Silva. El madrileño cayó tras driblar al portugués y Soto Grado pitó penalti. Dos revisiones por una. El videoarbitraje concluyó que Morata estaba habilitado y que la pena máxima estaba bien pitada. La primera fue una cuestión de fe, la segunda... también. Algo debía de estar masticando la diosa Fortuna para que luego decidiera que el delantero fallara no solo el penalti, sino los dos disparos que tuvo tras el rechace de la pena máxima.
La lluvia se unió al frío para aplacar los ánimos rojiblancos y los del público, que redujo decibelios, aterido como estaba. Rodri casi silencia del todo a la grada si lleva a embocar una vaselina que tuvo al filo del descanso. Mala idea hubiera sido despertar a un equipo que estaba muerto. Un espejismo.
Fornals, con un cambio de banda horrible, dejó el balón franco a Memphis cuyo disparo terminó en córner. Tras el saque de esquina, el rechace llegó a las botas de De Paul que disparó fuerte y raso para que Rui Silva detuviera, pero su despeje terminó en la cabeza de Morata que buscó el fallo del cancerbero y lo encontró. Brazos al cielo. Por fin recuperó el madrileño su olfato en la mejor temporada como 9 rojiblanco, 20 chicharros lleva.
Necesita este Atlético al mejor Morata para afrontar este mes donde se juega la temporada. Aunque perdió la Copa, llega el Inter en 10 días y debe mantener la ventaja respecto al equipo que le despojó del sueño del torneo del Ko, quien acecha a un partido de los rojiblancos en el torneo doméstico. Además, sin Griezmann, lesionado con un esguince, aunque es probable que el francés pueda estar en la vuelta contra los italianos.
Salió el Betis en la segunda mitad con otra actitud gracias, en parte, a los cambios en el medio donde Guido, un futurible para el Atlético, y Carvalho dieron otro empaque al equipo de Manuel Pellegrini. Sería el portugués, tras una pérdida en defensa del Atlético quien pondría picante al choque con un golazo de bandera a la escuadra de Oblak desde 30 metros. Malas noticias para un equipo, el rojiblanco, que últimamente le están cayendo los goles en contra como mazazos.
Reacción bética
Pasó el Betis a tener la iniciativa en el juego mientras el Atlético esperaba para matar a la contra. No es mala situación para los rojiblancos. Saúl pudo hacerlo tras una pared de Morata con la espalda de un defensor verdiblanco, pero marró el disparo a tres metros del portero. Quién sabe si se acordarían de esa o de otra anterior que tuvo Hermoso algo menos clara.
Ayoze avisó en el 77 y Guido casi empata el partido a la salida de un córner, pero entre Oblak y el poste salvaron a los rojiblancos. La parada recordó la mejor versión del portero esloveno, algo que necesita el Atlético de Madrid. Simeone veía que se le escapaba el partido y decidió apuntalarlo atrás con la salida de Reinildo por Memphis. Si el equipo ya estaba atrás... entró también Savic, por si no se había entendido el mensaje. El plan, finalmente, salió bien.