El fútbol francés permanece en vilo tras el choque del internacional hondureño Alberth Elis con el defensa Donatien Gomis durante el Burdeos-Guingamp de este pasado sábado. Tras el encontronazo, Elis se encuentra en coma inducido tras haber sido sometido a una operación.
El Girondins indicó que “en estos momentos, no es posible aún pronunciarse sobre el pronóstico vital” del internacional hondureño. “El club no espera poder comunicar ninguna nueva información decisiva hasta dentro de unos días y no hará más comentarios sobre el estado de salud de Alberth”, indicó el equipo francés en un comunicado.
“Por respeto a él, a su familia y a sus allegados, rogamos moderación a la hora de divulgar información médica en un momento en el que nada más importa”, agregó el club.
Elis, de 28 años, sufrió un duro golpe en la cabeza en un lance del juego con el defensa Donatien Gomis, al comienzo del partido de la segunda división francesa.
Sufrió un traumatismo craneal, por lo que se le indujo un estado de coma para proteger su salud y fue sometido a cirugía durante la noche en el hospital universitario Pellegrin de Burdeos.
“Queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a todos los que han mostrado su apoyo a Alberth y a su familia, en particular a los clubes de toda Francia. Sus palabras calientan nuestros corazones y son una gran fuerza en la lucha de Alberth”, manifestó en el comunicado Gérard López, presidente del Girondins de Burdeos.
Entre las figuras que han tenido palabras de aliento para el hondureño figura el capitán de la selección francesa, Kylian Mbappé. “Todos mis pensamientos positivos van para ti, Alberth Elis”, publicó en su cuenta de Instagram el delantero del Paris Saint-Germain.
Ni siquiera había entrado aún en el estadio. Estaba con la chaqueta de entrenamiento puesta, sentada, esperando a que dieran la orden al equipo para acceder. Seria, llevaba la pierna izquierda vendada, pues había sufrido molestias. Cuando su imagen se proyectó en las pantallas, comenzó la ovación, la primera de muchas, a Simone Biles. Cuando entró, el estadio retumbó. Ella lo agradeció, abriendo su sonrisa poderosa y saludando con la mano. El gesto fue recibido con otra aclamación aún mayor.
La mejor gimnasta de todos los tiempos ha vuelto por todo lo alto al pabellón olímpico, tres años después de su retirada en los Juegos de Tokio por problemas de salud mental. Su retorno generaba mucha expectación y Biles ya marcha por delante en la general individual, en barra, en suelo y en salto, y solo en las asimétricas, el único aparato en el que nunca ha ganado una medalla olímpica, fue superada por varias rivales.
Su metro 42 centímetros explosivos y su sonrisa radiante tienen un efecto imán. Las cámaras siguen todos sus movimientos, cada gesto es aclamado e interpretado. Si está seria o sonríe. No llevo el moño perfectamente recogido, como sus compañeras, sino desordenado. Se recoloca las horquillas antes de comenzar. Arranca en la barra, el mismo aparato donde acabó su experiencia olímpica en Tokio.
"Es impresionante haber podido estar aquí y ver la vuelta de la mejor atleta de todos los tiempos", dice Joe, que ha venido desde San Francisco exclusivamente para ver el retorno de la americana en París. "Es curioso, porque es diminuta, pero es poderosa, es una auténtica diosa", señala su mujer.
Biles entró al estadio con su maillot radiante y su coleta desordenada, hizo sus marcas en la barra antes de la competición y saludó a la grada. La atracción es tal que eclipsa al resto: Cuando ella entrenaba en la barra y la atleta del equipo italiano estaba realizando su prueba de suelo, a quien aplaudía el público era a Biles. "Ha sido un espectáculo. Es como ver a Taylor Swift en concierto", dice Laure, una francesa que viene a verla con su hija, ambas con la cara pintada con los colores de la bandera francesa.
Tom Cruise (derecha) viendo a Biles este domingo en París.EFE
En el estadio, además de la estrella Biles, había otras que querían ver su regreso al olimpo. Estaban Tom Cruise, Jessica Chastain, Ariana Grande, Snoop Dogg o Anna Wintour, la directora de Vogue. "La he seguido desde siempre. Era un sueño para mí poder verla en estos Juegos, me quedé muy triste cuando se retiró en Japón", explica Julia, que ha venido desde Kentucky con su marido y sus hijas para ver a la gimnasta.
En el ejercicio de suelo, danzó en el aire al ritmo de Taylor Swift. Las asimétricas es el único aparato en el que Biles no tiene medalla. Era el último en la rotación: Biles entró y realizó sus piruetas con seguridad. Al acabar su ejercicio se giró y miró a la grada, llena de banderas de EEUU, luego levantó los brazos y sonrió. El público tronó. Se abrazó a sus compañeras y a su entrenadora, la francesa Cecile Landi.
Una legión de medios americanos la seguía al irse al vestuario. Su entrenadora salió a hablar y los periodistas se agolparon. Justo al lado, una de las gimnastas chinas que acababa de competir hacía declaraciones a dos o tres periodistas, pero la legión no estaba con la atleta, sino escuchando lo que tenía que decir Cecile Landi.
La gimnasta Simone Biles, tras realizar su ejercicio en barra este domingoCharlie RiedelAP
"No puedo expresarlo (la alegría), estoy muy orgullosa de ella, de lo que ha pasado y de lo que está mostrando al mundo que es capaz de hacer", señaló. Biles no dará ninguna rueda de prensa hasta que no acaben las competiciones.
La atleta se retiró en los Juegos de Tokio en 2021 por problemas de salud mental. Al hablar abiertamente sobre el tema ha visibilizado este problema en los deportistas. Tras un tiempo de pausa, retomó los entrenamientos y volvió en el Mundial de 2023 de Bélgica, donde ganó cuatro oros.
En total, tiene 37 medallas (entre Mundiales y Juegos) y podría sumar seis más en las pruebas por equipos del martes, el concurso general individual del jueves y en las finales, el 3, 4 y 5 de agosto. Además, Biles, que tiene cinco movimientos propios, busca en París sumar un sexto con su nombre, esta vez en las asimétricas, ese aparato donde aún no ha conseguido la gloria.
Jack Nicklaus, una de las figuras más emblemáticas en la historia del golf, tiene que ser indemnizado con 50 millones de dólares tras ganar una demanda por difamación en Florida contra Nicklaus Companies, empresa con la que mantuvo una larga relación comercial.
Un jurado de seis miembros en el condado de Palm Beach concluyó este lunes que la empresa Nicklaus Companies dañó la reputación del 18 veces campeón de torneos majors, exponiéndolo al desprecio público, la burla y la desconfianza. Y, aunque el propietario de la firma, Howard Milstein y el ejecutivo Andrew O'Brien estaban directamente acusados en el proceso, el jurado no los consideró personalmente responsables.
El abogado de Nicklaus, Eugene Stearns, celebró el veredicto, señalando que su cliente "ha dedicado su vida a ayudar a otros" y ha sido admirado tanto por su desempeño deportivo como por su integridad personal. "Merecía un trato mejor, y estamos satisfechos de que el jurado haya reconocido lo injusto de la situación", declaró.
La demanda alegaba que Milstein, O'Brien y otros altos cargos de Nicklaus Companies difundieron falsedades, incluyendo rumores de que el golfista estaba considerando una oferta de 750 millones de dólares para unirse a la controvertida LIV Golf —respaldada por Arabia Saudí— y que padecía demencia, lo que lo incapacitaba para manejar sus propios asuntos.
La defensa negó cualquier intención de difamar a Nicklaus y argumentó que el conflicto era, en esencia, una disputa comercial. Añadieron que la reputación del golfista nunca estuvo realmente en riesgo y que no tenía sentido que una empresa que lleva su nombre tratara de perjudicarlo.
Este caso se suma a una batalla legal previa, cuando a principios de año un juez de Nueva York desestimó una demanda de Nicklaus Companies que intentaba impedir que el golfista utilizara su nombre e imagen para promover su propio negocio de diseño de campos de golf.
Nicklaus había firmado un acuerdo con la empresa en 2007 por 145 millones de dólares, pero posteriormente se desvinculó para continuar su carrera como diseñador de campos por cuenta propia. Actualmente, conserva el derecho de usar su nombre para esos fines, aunque Nicklaus Companies mantiene los derechos comerciales sobre el uso de su imagen en productos como ropa y equipamiento de golf.
Estoy cansado de escribir sobre le épica de la derrota. El Atleti pierde de manera cruel, tecleas desde la grada una columna sobre el sentido de pertenencia, el coraje y el corazón, recoges los aplausos fáciles y hasta el siguiente disgusto. Es un truco barato porque perder es poético a veces, pero normalmente es una puta mierda. Si convertimos cada derrota en una epopeya lo único que hacemos es edulcorar la realidad. Y la realidad es que el equipo de Simeone ha visto escapar (o casi) dos torneos en cuatro días.
El primero, con ese doble toque que es cuestión de fe y yo soy ateo, sí aceptaba elogio y emoción. El segundo, con un Atleti caótico desde el 2-0, lo que merece es autocrítica. Los últimos 20 minutos, en el campo y en el banquillo, son inexplicables. Pero lo que ambos sí merecen es tristeza.
"¿Cómo puedes estar triste por un partido de fútbol?" es una de las frases más estúpidas jamás pronunciadas y todos los aficionados de cualquier equipo la hemos escuchado mil veces. Esa absurda superioridad moral que reprocha que te afecte un juego, un problema ficticio, cuando hay tantas tragedias en la vida real. Precisamente por eso, almas de cántaro. La tristeza es maravillosa cuando duele y se va, cuando permite sentir sin dejar cicatriz, cuando lloras con lágrimas de fogueo.
El fútbol te da eso como te lo dan el cine, la música o la literatura, lo que pasa es que tiene peor prensa. Nunca me cansaré de llorar viendo a Roy Batty asumir que es hora de morir, la expresión de Jim Carrey mientras escucha las cintas en Olvídate de mí, a Keira Knightley y Mark Ruffalo hacer lo que deben y no lo que merecen en Begin Again, el hermoso final de The Leftovers, a Sean Connery cayendo del puente en El hombre que pudo reinar, a Rick dejando escapar a Ilsa.
Pretendo reencontrar en las lecturas de mis hijos la primaria emoción de las muertes de Dumbledore y Boromir, de Ártax hundiéndose en el Pantano de la Tristeza, de Piggy pagando la deshumanización del resto en El señor de las moscas. Y no pasa una semana en que no necesite estremecerme con Johnny Cash sangrando el Hurt de Trent Reznor, con Jota desesperado por Florent en Línea 1, con los altos edificios que tiemblan y evocan el 11-S en Jesus, Etc. de Wilco. Y nadie me lo reprochará.
El fútbol, pese a quien pese, ofrece lo mismo. Sufres y disfrutas con la extraña sensación, entre el dolor y el confort, de saber que por real que resulte no es grave, que se pasará en unos días y podrás recurrir a ella siempre que quieras. Necesitamos sentir tristeza, no vivir en ella. "¿Cómo puede afectarte un partido?", insisten. No es que pueda, es que quiero. Y me encanta.