El ex boxeador Fabián Martín y el coche que le apartó del ring y le hizo el mejor pizzero del mundo: “Gracias al accidente ahora vivo tranquilo”

El ex boxeador Fabián Martín y el coche que le apartó del ring y le hizo el mejor pizzero del mundo: "Gracias al accidente ahora vivo tranquilo"

Otra historia

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Estaba a un paso de los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996 cuando le embistieron. Con el dinero de la indemnización abrió una pizzería que le llevó a ganar concursos, a crear una cadena y a salir por la televisión. Ahora está centrado en su local de Puigcerdà, en la frontera con Francia

Martín posa para EL MUNDO en su restaurante de Puigcerdà.DAVID RAMÍREZ / ARABA

En una pared del restaurante Fabián de Puigcerdà, en la frontera con Francia, se esconde una historia. A la vista está que su dueño, Fabián Martín, es pizzero y que amasa reconocimiento del sector: llegó a tener tres restaurantes con su nombre en Barcelona, ganó el Campionato Mondiale della Pizza en Nápoles -primer no italiano en hacerlo-, cocinó en programas de televisión como Espejo Público y Masterchef, escribió un libro de recetas… Pero en una lateral, un retrato suyo con un guante descubre un relato oculto y, cuando aparece, aún con harina en las manos, lo confirma: “Fui boxeador, pero nunca me han entrevistado por eso”.

“Después de los Juegos de Barcelona 1992 entré en la selección española. Veníamos del éxito de Faustino Reyes, fui compañero de Rafa Lozano, éramos una gran generación. Vivimos en la Blume y luego en el CAR de Sant Cugat, que estaba recién terminado. Yo quería ser olímpico, quería ser profesional. Hasta el accidente”.

David Ramirez / Araba Press 22/09/2023 Puigcerda. Cataluña. Reportaje a lt;HIT gt;Fabian lt;/HIT gt; lt;HIT gt;Martin lt;/HIT gt; exboxeador y propietario de una pizzeria en PuigcerdaDAVID RAMÍREZ / ARABA

Fabián Martín, pizzero de renombre, fue, en efecto, uno de los mejores boxeadores amateurs de los años 90, con 35 victorias, cinco nulos y ocho derrotas en 48 combates, hasta que en 1996, rumbo al aeropuerto de Barcelona para volar a Dinamarca, donde se iba a disputar un Europeo, un coche se lo llevó por delante y acabó con su carrera. Era, junto a Lozano, el español mejor situado para pelear por una medalla en los Juegos de Atlanta 1996. Pero nunca más volvió al cuadrilátero. “Estuve ocho meses en el hospital, ¡ocho meses! Tenía 25 años y cuando me dieron el alta volví a entrenar, pero mentalmente fue muy complicado. Ya no tenía futuro en el boxeo. Me puse a trabajar de portero de discoteca y de repartidor de pizzas y, cuando años después recibí el dinero de la indemnización, abrí mi propia pizzería”, rememora en una biografía que parece sencilla, pero no lo es.

¿Y por qué se hizo boxeador?
Lo hice sin darme cuenta. Mi hermano mayor boxeaba y yo jugaba al fútbol hasta me lesioné, la operación salió mal y empecé a boxear como él. Cuando me di cuenta ya llevaba 20 combates. Venía de una infancia compleja, mis padres se separaron, estuve una temporada en un orfanato, di muchas vueltas entre Francia y España y al final me encontré encima de un ring.

La hemeroteca muestra a un Martín triunfante después de una victoria contra Pedro Tudela en la discoteca Studio 54 de Barcelona y le acusa de haber mordido a un rival en Marsella.

“Es muy buena esa anécdota. Diría que fue en 1990 o 1991. Me llamó Jean Pierre Di Stefano, seleccionador francés, para participar en un combate allí y, como le conocía y estaba bien pagado, acepté. Me metieron en un gimnasio del norte, en el barrio de Zidane, con todo el público en contra y cuando llegué al vestuario descubrí que mi rival pesaba 10 kilos más que yo, que tenía mucha más experiencia… Una encerrona. Él estaba tranquilísimo y yo, atacado. Empezamos el primer asalto y el tío me empieza a pegar hostias, una paliza, me deja tibio. En el segundo asalto, igual. Y, en el tercero, estaba tan seguro que me bajó la guardia, le solté una torta y se cayó redondo. Ahí cambió el combate. Al final, en el último asalto, nos enganchamos, le pegué un bocao, se fue para atrás y le dejé KO. Cuando se despertó, le enseñó la marca al árbitro, me descalificaron y se montó una… ¡Uf! Me tuvo que sacar de allí la policía escoltado hasta la autopista. Y yo, vestido de boxeador, acojonado, no paré hasta Narbona. Pum, pum… casi llego a casa con los guantes puestos”.

DAVID RAMÍREZ / ARABA

“Tengo un recuerdo bonito del boxeo, conservo grandes amistades, pero es un deporte demasiado complicado. Siempre estás en el filo porque no te puedes permitir una mala racha y cobras muy poco. Desde los años 80 en España no se puede vivir bien del boxeo porque no hay televisión. Cuando tuve el accidente maldije mi suerte, perdí mi sueño de ir a los Juegos de Atlanta y ser profesional, pero ahora pienso: ¡Qué suerte tuve! Muchos de mi generación no prosperaron. Yo ahora vivo tranquilo gracias a dejar el boxeo”, finaliza Martín que hace unos años, superados los 50, decidió bajar el ritmo.

Dejó la televisión, se apartó de los concursos a la mejor pizza, vendió sus restaurantes en Barcelona y se centró en cuidar de su familia. Ahora, ya lejos de los focos, en una pared de su único local, el restaurante Fabián de Puigcerdà, en la frontera con Francia, esconde una historia.

kpd