Kevin De Bruyne, el hombre que anotó el gol del empate ante el Madrid en la ida de las últimas semifinales de Champions aliviando el camino hacia el 4-0 de Manchester, vuelve a estar en plena forma. El belga sufrió una lesión muscular al principio de la temporada que le tuvo cuatro meses alejado de los terrenos de juego, pero ahora, justo antes de medirse de nuevo con el conjunto blanco, ha alcanzado su pico de forma. Anotó dos goles ante el Crystal Palace que completaron la remontada del City y le engancharon de nuevo a la Premier League (2-4).
Pep Guardiola rotó algunas de sus piezas antes de volar al Santiago Bernabéu, pero mantuvo sobre el césped a algunos de sus principales futbolistas. Sin Kyle Walker y Nathan Aké en defensa, ambos lesionados, al catalán no le quedó más remedio que apostar por Rico Lewis, Stones, Ruben Dias y Gvardiol, los disponibles.
En el medio, Rodri, De Bruyne, Grealish, Julián Álvarez y Bobb, dando descanso a Foden, Doku y Bernardo Silva. Arriba, el de siempre: Haaland.
El Palace se adelantó rápido con un tanto de Mateta, pero De Bruyne empató antes del cuarto de hora. Tras el descanso, Rico Lewis, Haaland y de nuevo De Bruyne sentenciaron el triunfo de los de Guardiola, que no usó a Foden ni a Doku y le dio unos segundos a Silva, así que los tres apuntan a titulares en el Bernabéu.
El triunfo eleva al City a la altura del Liverpool, líder, ambos con 70 puntos, aunque los ‘reds’ tienen que jugar este domingo en Old Trafford ante el Manchester United.
Su adolescencia caminó hacia el tenis, como la de muchos y muchas, pero finalmente Gemma Triay encontró la felicidad y el techo mundial en el pádel. Ahora, con 33 años y todavía siendo número uno del mundo, reflexiona sobre una carrera tan inesperada como exitosa.
Es usted número uno del mundo con 33 años.
Uno de los años más felices. No es la primera vez que soy número uno, pero creo que por la madurez, por la edad que tengo ya lo estoy disfrutando mucho más. Ser número uno implica muchas cosas, esfuerzos, sacrificios, nervios, presión... Pero lo llevo de una forma diferente. Lo disfruto más. Aceptar cuando las cosas no salen, normalizar que hoy soy número uno y mañana puedo no serlo. Con el equipo que tenemos con Delfi (Brea) y Rodri, el entrenador, me siento muy afortunada.
¿Hay que estar un poco loco para ser número uno?
Diría que sí. Tienes que ser un poco obsesivo en tu trabajo. Yo lo normalizo porque tal vez no te das cuenta y lo ves como algo normal, pero para la gente no lo es. Mi entrenador me lo dice, que yo puedo estar dos horas haciendo A y B y me resulta fácil y natural, y para otros no. Se desconcentran, quieren probar otra cosa... A mí eso me pone nerviosa. He llegado a la conclusión, con los años y el trabajo con la psicóloga, que tu compañera hace lo que puede, que somos diferentes y que no todo el mundo hace lo mismo que tú. Imagínate un clon mío al lado, nos mataríamos. Me gusta dar el 100% e irme tranquila a dormir. Venía de tres años siendo número uno, el año pasado fui la dos y este año si no acabamos como número uno, pues dolerá, pero lo habré dado todo. Si llega un día en el que no me apetece levantarme y entrenar es que algo habrá cambiado y será el momento de dejarlo.
¿En un deporte de pareja cómo se gestiona el error de una compañera?
Es un trabajo que se tiene que hacer bien con tu psicólogo. Creo que me ha costado más asumir mi propio error que el de mi compañera, pero ambos son difíciles de gestionar. Llevo tiempo trabajando esa frustración y de hecho soy una jugadora que le tiene pánico al error. Lo que trabajo siempre cada año es aceptar mejor el error porque no me gusta fallar y mi entrenador me repite: "Permítete fallar". Esa es la pelea que tengo y no es fácil, y aceptar el error de tu compañera tampoco, para mí lo más difícil es saber cómo ayudarla, porque las dos queremos ganar y no tiene sentido meterle más caña, decirle algo malo o meterle presión. Hay que encontrar la manera, y no siempre es la misma que te viene bien a ti. Es algo difícil que se trabaja tanto individualmente como en pareja.
¿Desde cuándo trabajas con la psicóloga?
Llevo ya mucho tiempo, he tenido varios en mi carrera y ahora estoy con Eli Amatriain, que fue jugadora. Y me da una paz mental brutal. Cuando viene a los torneos solo verla ya me da calma. Es imprescindible y es un trabajo muy constante, hay semanas que hablo más y otras menos, pero siempre. Trabajo la frustración y aceptar el error, porque todas juegan muy bien y los partidos muchas veces se deciden por la capacidad de gestionar las emociones.
En los 'Major' de Premier Padel los premios son los mismos en el cuadro masculino y en el femenino. ¿En el día a día se nota la igualdad?
Creo que tenemos que estar contentos porque vamos dando pasos. Esos 'Major' reparten lo mismo, también el mundial por parejas, y luego en los demás los premios son diferentes, pero estamos trabajando mucho con Premier y ellos son conscientes de que tenemos que llegar a la igualdad. El pádel femenino está atrayendo mucho espectador y eso es importante. Sería preocupante que jugáramos con las gradas vacías porque dirían que no tenemos motivos para cobrar más, pero los motivos están, el esfuerzo es el mismo, tenemos los mismos gastos y queremos luchar por nuestros derechos.
¿En qué momento dejas el tenis, ves que no hay futuro ahí y terminas en el circuito de pádel?
Pues yo soy de Menorca y toda mi familia jugaba al tenis. No tenía ni tres años y ya estaba con la raqueta por todas partes. Empecé a jugar en el club de tenis, destaqué y con 14 me fui a Mallorca, al Centro de Tecnificación de Baleares, donde estuve hasta los 19. Tuve una lesión en el abdominal, que me lo rompí, y estuve un año para recuperarme, y cuando volví, a los 18, sentí que algo había cambiado. Tenía ese dolor que también me iba a la espalda y sufría mucho. Fue un momento duro y me replanteé un montón de cosas. Llevas toda la vida jugando al tenis para intentar ser buena jugadora y te lo replanteas todo. Así que decidí dejarlo e irme a Barcelona a estudiar, como una adolescente normal y corriente. A los dos años me volvió el gusanillo del deporte y como el tenis lo tenía aparcadísimo y el pádel estaba en auge, me apunté a un torneo universitario con una compañera. Y de ahí a un club, a jugar interclubes, a entrar en el circuito catalán y a las previas de World Padel Tour. Fue todo muy rápido. A los seis meses de empezar a jugar estaba en mi primer torneo de WPT.
Una segunda oportunidad.
Fue una decisión compleja también. Cuando me dijeron de entrar en el circuito eso implicaba viajar, y justo estaba estudiando Lenguas aplicadas en pleno plan Bolonia, tenía seminarios, asignaturas a las que tenía que ir... Tuve que decidir, seguir estudiando o probar con el pádel. Yo no trabajaba ni tenía para pagarme los viajes, así que mis padres me ayudaron. Para mi padre dejar el tenis fue como tirar la toalla, no le gustó, creo, y el pádel era una segunda oportunidad. Y sé que la mentalidad que tengo ahora en el pádel no la tenía en el tenis. Podía haber dado muchísimo más de lo que di. Y creo que vivir la carrera de tenis, el no llegar a profesional, que es algo que le pasa a casi todos, me ha ayudado a ser como soy ahora.
Hace un año, Carlos Alcaraz transitaba cansado de todo, incluso triste, por el mismo pabellón, el Inalpi Arena de Turín. Antes incluso de su eliminación en la fase de grupos de las ATP Finals, las entrevistas televisivas se le hacían larguísimas y las ruedas de prensa suponían un martirio. Esta temporada es otro. O, mejor dicho, esta temporada es él. El escenario es idéntico, también es noviembre, pero estos días en el norte de Italia luce la sonrisa de siempre, el ánimo que le caracteriza, lo que los ingleses llaman mood.
«Cuando juega con este mood es realmente difícil estar a la altura. Cuando está tan alegre juega a su máximo nivel, utiliza todas sus armas, puede crear un golpe ganador desde cualquier lugar de la pista», proclamaba este domingo su primera víctima en el torneo, Álex de Miñaur. Por primera vez en toda su carrera, Alcaraz se estrenó en una Copa de Maestros con una victoria, ante el australiano, por 7-6(5) y 6-2 en una hora y 40 minutos de juego. Más allá de su tenis, con un afinadísimo revés y una derecha discordante, quedó en evidencia su alegría. Llega feliz, muy feliz.
«Ha sido un proceso. Este año he aprendido a darme cuenta de lo que necesito para estar motivado en los últimos meses, sobre todo fuera de la pista. La temporada es muy larga y es normal que haya cansancio físico, pero esta vez he tenido más tiempo de descanso entre torneos, he estado más días en casa, y eso me ha ayudado a mantenerme fresco. Realmente quiero ganar este torneo por primera vez y vengo con buenas sensaciones», contaba después de la victoria con tanta energía que se abalanzaba sobre un dilema. ¿Ganar las ATP Finals o ganar la Copa Davis, el otro torneo que queda por jugar este curso? Nada de elegir: mejor ganarlo todo.
MARCO BERTORELLOAFP
«¿Por qué elegir? Quiero hacerlo bien aquí y después en la Copa Davis. Realmente quiero pelear por los dos títulos este año», proclamaba después de pasar unos minutos por la bicicleta estática, como siempre, y de atender una de las obligaciones habituales en Turín: después de cada partido, toca saludar a un jugador de la Juventus. Este domingo fue Arkadiusz Milik.
El revés, la mejor arma
La derrota en la primera ronda del Masters 1000 de París ya es pasado, más aún en Turín, donde la pista rápida es realmente rápida y tanta velocidad le permite hacer más daño. Ante De Miñaur demostró que le sobra confianza; no hay adversario más resistente. En el primer set le remontó un 4-1 y 0-40 a favor y, en el segundo, peleó hasta el último punto. A base de piernas y actitud, su defensa hizo que Alcaraz empezara a acumular fallos, sobre todo con su derecha, pero en ningún momento se desesperó. Cuando no podía ser por fuerza, era por precisión, y así el español fue desarmando a su adversario.
Con varios golpes muy delicados, especialmente su revés paralelo, el murciano se impuso pese a tener que cruzar por instantes tensos, como el tie-break del primer set, cuando llegó a encontrarse con un 5-3 en contra. «Álex es muy rápido y por eso siempre es difícil jugar contra él: tienes que ganar el punto tres o cuatro veces», valoró Alcaraz, que ahora observa un horizonte claro.
Descansará este lunes, día del debut de Jannik Sinner ante Félix Auger-Aliassime, y el martes se enfrentará al vencedor del duelo entre Taylor Fritz y Lorenzo Musetti. Si el español vence entonces, ya estará clasificado para las semifinales y le quedarán dos partidos, dos oportunidades, para asegurarse matemáticamente el número uno a final de temporada. En principio, en ese tránsito debería encontrarse a Novak Djokovic, pero su renuncia a participar en las ATP Finals lo ha simplificado todo.
«Cuando está Novak en el cuadro, siempre lo hace más difícil, por la experiencia que tiene. El año pasado perdí con él y no jugué mal, pero me pasó por encima. No voy a mentir: prefiero enfrentarme a Lorenzo, aunque también viene mostrando un nivel muy alto», confesó Alcaraz en las entrañas del Inalpi Arena de Turín, donde hace un año le vieron mustio, superado por las exigencias del tenis, y ahora por fin lo disfrutan en todo su esplendor.
Marc Márquez escribió una página más de lo que, por ahora, parece estar destinado a ser poco menos que un paseo triunfal hacia su noveno campeonato del mundo, el que sería el séptimo en MotoGP. En la sprint race del Gran Premio de Italia sumó un nuevo triunfo, aunque, por esta vez, dándole algo más de emoción de lo que parecía inicialmente. Un problema en la salida le llevó a caer desde la pole hasta, momentáneamente, la séptima posición, pero no tardó en ponerse las pilas y, con su estilo característico, acabó por encaramarse otra vez hasta la primera plaza en el arranque de la cuarta vuelta. Y, a partir de allí, solo su hermano Álex, a la postre segundo, como de costumbre, fue capaz de seguirlo de cerca mientras Pecco Bagnaia se veía condenado a conformarse de nuevo con el tercer escalón del podio.
«La verdad es que, en primer lugar, no sé exactamente qué pasó en la salida... Bueno, tal vez sí lo sé un poco... Lo cierto es que perdí posiciones, pero, en cualquier caso, dimos un buen espectáculo y pudimos ganar la carrera. Espero que toda la afición italiana haya disfrutado, porque la remontada ha sido muy chula», destacó el vigente líder del Mundial al término de la prueba.
«Lo he intentado al principio, vi que tenía algo más de velocidad e incluso en las primeras vueltas hubo una primera curva muy bonita, con los tres en paralelo. Quizás me pasé un poco con estas temperaturas, pero lo he intentado y me quedo con eso. El domingo, desde luego, volveremos a intentarlo», aseguró por su parte un Álex Márquez quien se encuentra ahora mismo a 35 puntos de su hermano en la clasificación. Una distancia que, en el caso del tercero en discordia, Pecco Bagnaia, asciende ya hasta los 98 puntos.
«Me siento un poco decepcionado, porque me gustaría haber brindado un mejor espectáculo a esta afición, pero esta temporada no me está saliendo todo aquello que sé que soy capaz de hacer, y es una pena. Trataré de recabar información para poder dar más en la carrera del domingo», señaló por su parte el italiano, cuyo nombre fue coreado con fuerza por el público que se dio cita en Mugello, buscando, quizás, la manera tanto de espolearle un poco más como de agradecerle su esfuerzo.
No en vano, en los compases iniciales de la prueba, Bagnaia fue capaz de ponerse en cabeza, aprovechando el fallo en la salida de su compañero en el equipo oficial de Ducati. En el arranque de la tercera vuelta, tras ese mano a mano entre los tres al que se refirió Álex Márquez al término de la sprint race, con todo, se vio superado por ambos hermanos y, poco a poco, fue quedándose cada vez a más distancia de ellos. Por un instante, pareció incluso que Maverick Viñales iba a poder aprovechar tal circunstancia para descabalgarlo del podio, pero el piloto de KTM, a la postre, tuvo que conformarse con el cuarto puesto.
En cuanto al resto de pilotos españoles, Raúl Fernández fue finalmente el octavo clasificado, Fermín Aldeguer cerró la zona de los puntos con la novena plaza, Joan Mir fue decimocuarto, Alex Rins, decimoctavo y Pedro Acosta, mientras, no pudo acabar la carrera a causa de una caída, tal y como les sucedió también a Johann Zarco y Brad Binder nada más empezar la prueba.