Samu Omorodion, autor de cuatro goles, lideró el contundente triunfo de la selección española sub-21 ante la de Malta (6-0) en el estadio Mirador de Algeciras en su último partido de la fase de clasificación para el Europeo 2025 que la Rojita termina invicta, con nueve triunfos y un empate.
España no tardó en adelantarse en el marcador y lo hizo al aprovechar el delantero del Oporto un centro del punta sevillista Gerard Fernández ‘Peque’ (m.5).
Hasta la recta final de la primera parte, el combinado español que dirige Santi Denia se dedicó a madurar a su rival, atrincherado en su terreno con cinco defensas.
Omorodion, que estuvo a punto de marcar el segundo en el minuto 31 con un remate de cabeza, no perdonó en el 36 tras un centro de Carmona al segundo palo y firmó por bajo el 2-0.
El delantero del Oporto tuvo tiempo antes del descanso para conseguir otras dos dianas. En el minuto 38, tras un envío largo y elevado de Peque, exhibió su velocidad, superó a su par con potencia y marcó con un disparo raso.
El melillense, voraz y hambriento goleador, no se conformó con un triplete y en el tiempo añadido de la primera mitad anotó de cabeza el cuarto tanto de España para completar su póker individual de dianas (m.46).
Tras el descanso, con todo decidido, Malta solo pudo contener el juego de España diez minutos, hasta que Peque, en su segundo partido con la sub-21, tras debutar la pasada semana en La Línea de la Concepción ante Kazajistán (4-3), marcó el quinto después de hacer una bonita pared con Yeremay (m.55).
La selección española dominó el duelo a placer, aunque no volvió a marcar hasta el minuto 75. El exmalaguista Roberto Fernández robó un balón en una cesión equivocada de un defensa al portero maltés y mandó un chut a la red (m.75).
España, que atesoró un 65% de posesión, disparó 27 veces a puerta (10 entre los tres palos), por una sola de Malta, estadísticas que reflejan la diferencia abismal entre ambas selecciones.
Se podría argumentar que lo que mejor define a Trinity Rodman es su potencia y su intensidad en la línea de tres cuartos. La agresividad y energía. La velocidad y la capacidad de desbordar por banda derecha. Su conducción o su fantástica pegada, con la pierna buena para poner centros o con la izquierda, a pie cambiado, para definir. Pero, seguramente, lo que define con mayor precisión a la jugadora de 23 años de las Washington Spirits es su facilidad para romper récords y el entusiasmo que genera.
Hija del legendario pívot Dennis Rodman, con el que no tiene una relación cercana, llegó a la liga profesional recién salida del instituto, como número 2 del Draft tras renunciar a la beca que tenía para la Universidad de Washington State. La más joven drafteada hasta hoy. En su primera temporada, las Spirit ganaron la liga y el club le ofreció un contrato de 1,1 millones de dólares a lo largo de cuatro años, una marca aún sin superar para una jugadora de 19 años que aún no había participado siquiera en un gran torneo con la selección.
En sus cinco temporadas en la NWSL, Rodman ha marcado 33 goles y ha dado 21 asistencias (en 109 partidos sumando todas las competiciones), lastrada por su espalda y su cadera, pero aun así consagrándose como la más joven en la historia de la liga en alcanzar las 50 «contribuciones de gol». Desde ahora, además, es probablemente la jugadora mejor pagada del planeta, con el permiso de la tres veces Balón de Oro Aitana Bonmatí. Más de dos millones de dólares por año, con todos los bonus incluidos, pero sin contar los jugosos contratos con Adidas, Red Bull, Oakley... ¿Sus señas de identidad? La ética del trabajo y la pasión, aprendida en parte, asegura, de Kobe Bryant.
Trinity Rodman, durante un partido con la selección estadounidense.KEVORK DJANSEZIANGetty Images via AFP
Aunque fue top 10 del Balón de Oro en 2024 y 18ª en 2022, Rodman no ha logrado ser MVP de la liga nunca, siempre por detrás en las votaciones de rivales como Lindsey Horan, Sophia Smith, Naomi Girma, Alyssa Naeher o Rose Lavelle, la mejor jugadora de 2025. Pero cuando está físicamente bien ofrece más espectáculo que nadie. Regates, taconazos, ruletas y la jugada que ha convertido en marca de la casa y bautizado como Trin spin, un cambio de sentido vertiginoso, pisando el balón mientras da un giro completo por el otro lado, a menudo acompañado de un caño.
Las marcas se la disputan, los podcasts se pelean por traerla, atraídos por la historia de amor y odio con su padre, una figura ausente de la que ella reniega, pero al que abraza entre lágrimas cuando acude a sus partidos. Rodman es, como su progenitor, no solo carne de salón de la fama, sino figura icónica, incluyendo la moda. Junto a Mallory Swanson y Sophia Wilson (antes Smith) formó el Triple Espresso, la equivalente a la BBC madridista que llevó a EEUU a ganar el oro en las Olimpiadas de París. Recogiendo el testigo de las gigantes que las precedieron, las Mia Hamm, Brandi Chastain, Alex Morgan o Megan Rapinoe y superando el fracaso del mundial de 2023.
«Me siento increíble, estoy muy feliz, me siento muy afortunada. Creo que este es un momento trascendental que cambiará las reglas del juego. Ni siquiera puedo describir con palabras lo que siento. Obviamente, cada uno tendrá sus propias ideas y opiniones al respecto, pero a mí nunca me ha importado. Así que eso no cambia nada. Siempre he tenido una visión, una idea de cómo quiero que sea mi legado y cómo quiero que continúe. Creo que esto abre oportunidades para las chicas estadounidenses con sueños, y yo soy una de ellas, y por eso estoy muy agradecida», celebró durante la firma del contrato en Los Ángeles, donde está concentrada con la selección.
Contrato
El deporte profesional estadounidense llevaba en vilo meses, especialmente desde que el 31 de diciembre el contrato de Rodman expiró. Ella, tras un año plagado de lesiones y sin continuidad, quería renovar, a pesar de las tentadoras ofertas que llegaban de Europa, a donde muchas estrellas del soccer femenino han emigrado en busca de oportunidades mucho más lucrativas. Ella asumía que era inevitable su salto.
El problema de fondo es el límite salarial, que impone un tope de 3,5 millones de dólares por plantilla. En noviembre, el equipo de Washington y Rodman llegaron a un acuerdo que definieron como «especialmente creativo» para pagarle más de un millón por temporada, pero la comisionada, Jessica Berman, lo vetó, diciendo que violaba el espíritu de la norma y podía alterar la competición. Sólo quedaban tres opciones: que Rodman aceptara un salario mucho más bajo, que se fuera a Europa o que cambiara la norma. Y eso ha conseguido. La NWSL ha aceptado una cláusula especial para Jugadoras de Alto Impacto (HIP en inglés), conocida ya como la Cláusula Rodman, que permite a los clubes gastar hasta un millón de dólares por encima del límite salarial pero sólo para estrellas, algo que se define con el cumplimiento de una serie de criterios de impacto económico, galardones y estadísticas.
En EEUU, el límite salarial para los equipos se establece anualmente a través de un convenio colectivo que estará vigente hasta la temporada 2030. El tope se ajusta en función del reparto de ingresos y si todo marcha al ritmo actual podría cerrar 2026 con 3,7 millones y superar los cinco millones de dólares a final de la década.
La liga y los clubes han asumido en todo caso que hacía falta algo para evitar la fuga de talentos. Dos de los puntales de la selección, Alyssa Thompson y Naomi Girma, se fueron al Chelsea el año pasado. Y la centrocampista de las Portland Thorns Sam Coffey firmó por el Manchester City la semana pasada. La reacción está siendo a gran escala. Además de Rodman, las Denver Summit FC han firmado a la capitana de la selección, Lindsey Heaps, invocando la cláusula para que sea considerada jugadora de alto perfil (HIP), algo que debe ser aprobado. Portland, por su parte, se ha aferrado a Sophia Wilson, la MVP de 2022 que no ha jugado en 2025 por baja de maternidad, ofreciendo más de un millón por año.
«Trinity es una jugadora excepcional, pero lo que es aún más importante, representa el futuro de este club y el futuro del fútbol femenino», ha celebrado la propietaria de las Washington Spirit, Michele Kang. Puede ser la estrella de la próxima década.
«Estamos ya en el segundo tiempo, vamos a sacar de centro tras el segundo gol del Sestao, cuando veo que Cheikh se acerca a retirar una botella. Se oyen gritos, muchos, aunque es difícil percibir lo qué dicen. De pronto, se gira hacia la grada, señala, se acerca y salta donde se encuentran los aficionados. En ese momento, se me pasa por la cabeza el insulto racista, claro, pero lo primero que pienso es en sacar de ahí a mi compañero. Cuando llego, tiene cogido a un aficionado por la bufanda de su cuello, y agarro a Cheikh prácticamente en volandas».
El relato de Jorge Casado, capitán del Rayo Majadahonda, revive los nuevos instantes de la vergüenza en la que se ha instalado el fútbol español, tras lo sucedido el sábado en el estadio Las Llanas de Sestao. Un fútbol que socava la reputación del país por los episodios de racismo y corrupción de los casos Negreira y Rubiales, justo cuando ha de decidirse el reparto del Mundial 2030 con Portugal y Marruecos. Al mismo tiempo que al senegalés Cheikh Sarr le llamaban «puto mono» y «puto negro de mierda» en Sestao, según su testimonio y la denuncia presentada ante la Ertzaintza, Marcos Acuña y Quique Sánchez Flores escuchaban en Getafe cómo les gritaban «¡vienes del mono!» y «¡gitano!», respectivamente, como si el racismo fuera una metástasis que se extiende por los campos, imposible de erradicar.
"Lo sujeta de la bufanda"
«Otros aficionados se acercaron para agredir a nuestro portero, pero Cheikh no pasó de sujetar por la bufanda al que había identificado. Es injusto que ahora sea él quien haya tenido que pagar por todo esto, ya que el árbitro lo sancionó con tarjeta roja. Puede que en ese momento se equivocara en su reacción, pero Cheikh es la víctima en todo esto, no al revés, como lo es Vinicius o lo fueron Acuña y Quique», prosigue Casado, en conversación con este periódico. Cheikh ha sido, asimismo, denunciado por el aficionado al que sujetó en la grada, y el colegiado García Riesgo reflejó en el acta que se acercó a él con «intención de agredirme».
El partido correspondía a la competición de Primera RFEF, no enmarcada en el fútbol profesional, por lo que el capitán rayista lamenta que «en estas categorías no existan los medios para probar estos episodios, como micrófonos. Mientras sea de ese modo, muchos de los que insultan saldrán indemnes. Yo creo a Cheikh».
Denuncia en la Ertzaintza
Casado acompañó al portero y a un vicepresidente del club a una comisaría de la Ertzaintza, donde pusieron una denuncia. Se ha identificado a un grupo de aficionados que estarían en la grada en estado ebrio.
«Fallaron, además, los protocolos, porque el árbitro debía haber suspendido el encuentro. En cambio, cuando llegó y yo le insistí, me dijo: 'No me lo pongas más difícil'. Lo único que hizo fue expulsar a nuestro portero, lo que todavía provocó más ira en él, y tuvimos que volver a sujetarlo», continúa Casado. La suspensión únicamente llegó, en el minuto 84, cuando los futbolistas visitantes decidieron que no continuarían jugando y el resultado favorecía al Sestao River (2-1). El colegiado argumenta que no lo hizo, porque ni él ni sus asistentes pudieron escuchar que fueran gritos racistas. Las cámaras pueden arrojar luz. Hubo momentos de mucha tensión e incertidumbre, en los que hasta Casado llegó a colocarse la camiseta de portero.
«Cuando entramos en el vestuario, vi a Cheikh abatido. Apenas podía hablar, mientras se cubría la cabeza con las manos. Sentía rabia y a la vez vergüenza por su reacción, y eso es injusto», añade Casado. «Lleva tiempo en España y, como todos, hemos recibido insultos en los campos de todo tipo, pero decía que nada comparable a lo de esta vez. Todos decimos que es terrible lo que pasa, pero nosotros nunca sabremos el dolor que sienten bajo su piel», , concluye el capitán que sacó a Cheikh de la grada, pero no de la vergüenza donde el fútbol español continúa.