Si entras en una autopista y ves que todos los coches vienen de frente, no piensen que eres el más listo, no pienses que todos se equivocan, lo más probable es que quien vaya en sentido contrario seas tú. En Qatar, McLaren cometió el mayor error estratégico de los últimos tiempos y lo hizo con los dos coches. Ordenaron, con una decisión absurda, que sus dos pilotos entrasen en sentido contrario en la autopista.
En una carrera de 57 vueltas en la que, por normativa, no podías acumular más de 25 giros en cada juego de neumáticos, era fácil hacer los números. Pasase lo que pasase había que esperar cómo mínimo hasta la séptima vuelta para hacer la primera parada. Y, bromas del destino, el único coche de seguridad de la carrera salió, precisamente, en esa vuelta.
Me hubiese gustado ver la cara de estupefacción de Max Verstappen o del muro de Red Bull cuando se dieron cuenta de que ninguno de los dos McLaren había entrado en boxes. Fueron los únicos. Todos los demás pararon aprovechando la ventaja de que hacer esa primera parada con un safety car era 10 segundos más rápida que sin él. Y la hicieron todos porque en todos los libros de estrategia estaba marcada en rojo esa ventana del coche de seguridad que se abría a partir de esa vuelta.
Sin embargo, McLaren no paró. No lo hizo con Oscar Piastri, que lideraba la carrera, ni tampoco con Lando Norris, que iba tercero tras Verstappen. Era un error inconcebible, inexplicable, inaceptable. Un error que condenaba a sus dos pilotos a perder como mínimo la carrera, regalársela en bandeja de plata a Max y, lo que aún es peor, dejar a la bestia con opciones de ganar el Mundial en la última carrera dentro de siete días.
Después de sendas pifias monumentales de McLaren en dos grandes premios consecutivos, la descalificación en Las Vegas y el fallo estratégico de Qatar, el título se decidirá ahora en Abu Dhabi, donde Norris llegará con 12 puntos sobre Verstappen, que ya es segundo y 16 sobre su compañero Piastri. La historia de Yas Marina está repleta de heridas. Difícil de olvidar aquel descalabro de Ferrari en 2010, cuando un error, también de estrategia, le regaló el título a Sebastian Vettel. Fernando Alonso había llegado con 15 puntos sobre el alemán, pero una acertada maniobra de Red Bull que utilizó de anzuelo a Mark Webber (era el segundo del campeonato) hizo que Ferrari mordiera el cebo, el sedal y la caña.
Dentro de siete días, el depredador más despiadado y hambriento del paddock tendrá una oportunidad de arrebatarle el título al equipo con el coche más rápido. Hasta ahora ha conseguido ganar las mismas carreras que Norris y Piastri, siete, con un monoplaza notablemente inferior. No es fácil hacer esto. De hecho, hace mucho tiempo que alguien no gana un Mundial con un monoplaza que no es el dominante.
Ferrari con Alonso estuvo a punto de hacerlo en 2010, pero fallaron al final. También en 2012. Sin embargo, el último precedente puede que sea también el de Fernando en 2005, cuando logró derrotar a Kimi Raikkonen a bordo de un McLaren más rápido, pero quizá menos fiable, o en 2006, cuando venció a Michael Schumacher, que lo tenía todo a su favor. Un coche más rápido, unos neumáticos más eficientes y una política en la Fórmula 1 que a toda costa quería ver a Michael ganar el octavo título en su última temporada. Verstappen podría coger ese testigo dentro de siete días.
Max y Fernando han demostrado que son capaces de hacer cosas inexplicables y en este club quiero meter también a Carlos Sainz. El podio de Qatar es algo imposible. Era un circuito que estaba marcado en rojo en el calendario desde principio de temporada por ser probablemente el más complicado para Williams. Sin embargo, con un reglaje agresivo, con un pilotaje que rozó la perfección y gracias al error de McLaren y a la mala parada de Mercedes, Sainz se llevó el segundo podio del año, garantizando matemáticamente el quinto puesto de Williams en el Mundial de Constructores. Y lo que es aún más importante, Carlos va a terminar el año despejando cualquier atisbo de duda, orgulloso de un curso brillante, convencido de haber acertado con su elección y sabiendo que es y será el líder de un equipo que no ha desarrollado su coche en 2025 pensando sólo en 2026. Ese será su año.




