La separación de Carlos Alcaraz y Juan Carlos Ferrero fue un shock para todos. Normalmente, en el tenis, los cambios llegan cuando hay una mala racha y Carlos venía del mejor año de su carrera. No me lo esperaba, como nadie se lo esperaba. Pero hay que dar tiempo para saber cómo influirá en su carrera.
De momento, lo veo feliz, lo veo animado, incluso lo veo aliviado. Empieza un Open de Australia con mucha presión, por el cambio de técnico y porque es el único Grand Slam que no ha ganado, pero se le nota relajado. Por primera vez en su carrera ha pasado por el despido de un miembro de su equipo, nada menos que el entrenador principal, y eso nunca es fácil. Pero tarde o temprano tenía que pasar.
Los jugadores que siempre han tenido el mismo entrenador son casos muy contados. Lo normal en los circuitos ATP y WTA es abrir y cerrar etapas. Es bastante habitual que el técnico que te ha dirigido de junior no siga contigo cuando estás luchando por ganar torneos grandes porque las necesidades son distintas. De joven te ayuda alguien que te organice también fuera de la pista, que te haga de padre y de psicológico, que te incluye disciplina y te enseñe hábitos. Después ya no hace falta esa figura o no debería. De ahí que haya tanto cambios de entrenador.
Y también es que estas relaciones nunca son faciles. Pagas alguien para que te diga lo que debes hacer. Es una situación extraña. En el tenis lo vives desde niño, te acostumbras desde las clases particulares que contratan tus padres, pero igualmente es raro. Genera rifirrafes y el equilibrio es muy delicado. Si pensamos en los grandes de la historia, incluso las relaciones de Rafa Nadal con su tío Toni o de Novak Djokovic con Marian Vadja tuvieron un final.
En mi opinión, Carlos acabará contratando un segundo entrenador. Lo necesita porque juega muchos torneos, viaja mucho, y sobre todo para tener un contrapunto. En un banquillo debe haber un técnico serio y un técnico relajado, al igual que debe haber uno técnico y otro experimentado. Sentir la ayuda de alguien que haya jugado finales de Grand Slam es muy importante y, aunque todo le vaya muy bien, en algún momento puede echarlo de menos.
Carlos Alcaraz seguía siendo Carlos Alcaraz. Look fresquísimo, con una camiseta de béisbol Nike ‘oversize’ y una gorra del estilo, sonrisa preparada y un discurso diáfano, muy sincero. Este viernes, el número uno ofreció su primera rueda de prensa desde noviembre y todo parecía igual. Pero su concentración al escuchar las preguntas demostraba que la ocasión exigía un esfuerzo extra. En Melbourne, un día antes de su debut en el Open de Australia ante el local Adam Walton (09.00 horas, Eurosport), Alcaraz habló por primera vez de su ruptura con su entrenador de siempre, Juan Carlos Ferrero, y se notaba la precaución en sus palabras.
"Era un capítulo de la vida que debía terminar", comentó ante los medios internacionales. "He aprendido muchísimo. Probablemente gracias a él soy el jugador que soy hoy. Estoy realmente agradecido por estos siete años", aseguró, aunque tampoco quiso ofrecer más detalles de los motivos de la separación.
"Cerramos este capítulo de mutuo acuerdo. Seguimos siendo amigos, tenemos una buena relación, pero simplemente decidimos hacerlo así", añadió Alcaraz en una versión de lo ocurrido que se aleja de la versión de Ferrero que desde el primer momento aseguró que le hubiera gustado seguir. Según el número uno, la decisión de cambiar de entrenador fue parte de un proceso que vivió junto a todo su equipo, de una deliberación conjunta: "Fue algo interno, algo nuestro. Es algo que decidimos como equipo. Al ser un grupo tan profesional y tan unido, no hay un simple movimiento que no pongamos todos encima de la mesa y se hable. Así que fue una decisión interna y al final se llevó a cabo de esa manera".
La relación con López
"Para mí está todo prácticamente igual. Obviamente ha cambiado el entrenador principal y cada uno tiene sus pensamientos y su método, pero yo ya venía trabajando con Samu [López] desde el año pasado. Que sea segundo o primero no quiere decir que haya cambiado su manera de entrenar, de aportar sus opiniones o de hacer las cosas. Nos conocemos muy bien, así que no ha cambiado nada en mi rutina de entrenamientos", aseveraba Alcaraz que cerraba así el trámite de tener que hablar de su cambio de técnico y abría su temporada con el objetivo claro de vencer en el Open de Australia y convertirse en el jugador más joven de la historia en ganar los cuatro Grand Slam.
De hecho, el propio jugador aseguró que el torneo en Melbourne es su "objetivo principal" de la temporada, una intención que nunca se había planteado a lo largo de su carrera. "He hecho la pretemporada centrado únicamente en el Abierto de Australia, para llegar en muy buena forma aquí física, mental y tenísticamente. En todos los aspectos", finalizaba Alcaraz que este viernes descansará -no entrenará en el Melbourne Park- antes de encarar un debut de Grand Slam ya sin Ferrero, su técnico de siempre, en su palco.
Carlos Alcaraz iniciará ante el australiano Adam Walton el Abierto de Australia, primer torneo del Grand Slam de tenis de 2026, donde el defensor del título, el italiano Jannik Sinner, debutará con el francés Hugo Gaston, tras el sorteo celebrado este jueves en Melbourne para establecer la configuración del torneo.
Alcaraz evitó al serbio Novak Djokovic que quedó ubicado en la otra parte del cuadro, en el de Sinner, con el que se encontraría en una hipotética semifinal. El ganador de diez Grand Slam se enfrentará en el primer tramo al español Pedro Martínez. En el camino del murciano, antes de la final, tendría enfrente al alemán Alexander Zverev, tercero del mundo y finalista una vez en Melbourne.
Carlos Alcaraz irrumpe en el intento de lograr el único evento grande que falta en su historial en el choque contra Walton, 79 en el ránking ATP, con el que ya se había enfrentado en junio de 2025 en los Queen's Club Champianships de Londres, donde Alcaraz ganó al australiano por 6-4, 7-6(4).
Por el lado de Alcaraz, una vez superada la primera ronda, apuntan jugadores como el alemán Yannick Hanfmann, el galo Corentin Moutet o Sebastian Korda, el estadounidense Tommy Paul o Alejandro Davidovic en octavos, y Alex de Miñaur, el kazajo Alexander Bublic, o el estadounidense Frances Tiafoe en cuartos. En semifinales, Zverev, Daniil Medvedev o Andrey Rublev.
Sinner coincide con jugadores como Lorenzo Musetti, el estadounidense Ben Shelton, o su compatriota Taylor Fritz.
En cuanto al resto de españoles, Pablo Carreño se enfrenta al checo Jakub Mensik, mientras que Roberto Bautista ha sido emparejado con el chino Juncheng Shang.
Jaume Munar será el rival del checo Dalibor Svrcina y Alejandro Davidovich iniciará su recorrido con el austríaco Filip Misolic. Carlos Taberner se medirá con el italiano Lorenzo Sonego.
Cuenta Kilian Jornet que una de las peores lesiones de su vida no fue corriendo por las montañas, mucho menos ascendiendo a las alturas del Himalaya; fue en Puigcerdà, la ciudad más cercana a su hogar de infancia, donde resbaló al cruzar una calle y se destrozó una rodilla contra la acera. No es algo tan raro. El ciclista que vuelve del Tour de Francia y se estrella mientras pasea en bici con sus hijos, el maratoniano que se rompe trotando por el parque.
La relajación puede llevar al desastre; eso fue lo que descubrieron Carlos Alcaraz y Jannik Sinner en su partido de exhibición en Seúl este sábado. El español ganó por 7-5 y 7-6(6) en una hora y 43 minutos, pero fue lo de menos. Lo importante es que ambos acabaron sanos, sin un rasguño, y estarán preparados para el Open de Australia que empieza el próximo domingo. De hecho, justo después del amistoso ambos volaron a Melbourne en un jet privado y este domingo por la tarde ya se entrenarán en la ciudad australiana.
Una suerte para ambos. El partidillo ante 12.000 personas en el Incheon Inspire Arena empezó como debía: con risas. Sinner y Alcaraz intercambiaban reveses cortados hasta el infinito o se entretenían con dejadas y contradejadas. El público coreano aplaudía, la organización ya contaba la recaudación y todos contentos.
La moqueta, culpable
Pero a finales del primer set ocurrió algo inesperado. En una decisión extraña, se había instalado una moqueta como superficie de juego, un material que no se usaba en el tenis desde los años 90, y Sinner resbaló. No fue nada, un susto, pero en ese instante el italiano se dio cuenta del riesgo al que se estaba exponiendo. Por una pachanga, por dos millones de ingresos, toda su temporada estaba en peligro.
HAN MYUNG-GUEFE
Y dio un paso atrás. Con mucho tiento dejó que Alcaraz se llevara ese primer periodo y en el segundo set empezó incómodo. Otro tropiezo y podía romperse. Luego, con el paso de los minutos, volvió a soltarse, a divertirse, incluso le cedió su raqueta a un niño para que le ganara un punto a Alcaraz. Pero con el primer set decidido ya estaba marcado todo el encuentro. Ninguno de los dos contendientes quería llevar el partido de exhibición hasta el tercer set, así que en el tie-break del segundo Sinner entregó tres puntos y se acabó. La amenaza se esfumaba y así el 2026, otro año que posiblemente guardará muchos duelos entre Alcaraz y Sinner, ya está listo para empezar.
Carlos Alcaraz aterrizó en Seúl el jueves, atendió a fans coreanos en el aeropuerto, visitó la sede de Hyundai, ofreció una rueda de prensa amabilísima -muchas preguntas de broma, ninguna sobre su separación de su ya exentrenador Juan Carlos Ferrero- y este sábado (08:00 horas, Movistar) se enfrentará a Jannik Sinner en una exhibición de una hora y media. Gane o pierda, este domingo se marchará de la ciudad con dos millones de euros más, según publicó La Gazzetta dello Sport.
Unas horas después, Alcaraz llegará a Melbourne, se entregará a numerosos actos publicitarios -entre ellos un partido a un punto con un aficionado-, se enfrentará en las siguientes dos semanas a los mejores tenistas del mundo en siete partidos de esfuerzo máximo e intentará levantar su primer Open de Australia. Si lo logra, con el propio Sinner como amenaza, ingresará 2,4 millones de euros, no mucho más de lo que ya tiene asegurado en Seúl. De hecho, si es subcampeón apenas recibirá la mitad.
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Siempre ha habido encuentros de exhibición en el tenis. Antes de la Segunda Guerra Mundial, jugadores históricos como Bill Tilden o Suzanne Lenglen ya disputaban partidos amistosos y recibían notables cantidades por ello, aunque entonces prevalecía la excusa proselitista: descubrieron el tenis a muchos que no lo conocían. En las décadas posteriores hubo auténticos profesionales de las exhibiciones, como Bjorn Borg, pero con la madurez de los circuitos ATP y WTA la tendencia fue decreciente. Roger Federer y Rafa Nadal también disputaron en 2006 un lucrativo encuentro en Seúl, por ejemplo, pero en sus agendas apenas había huecos para informalidades.
En los últimos años, en cambio, la moda de las exhibiciones ha vuelto con fuerza. Pese a que el calendario tenístico es cada vez más exigente por medidas como la ampliación de los Masters 1000 a dos semanas, los mejores tenistas no paran de disputar encuentros de esta índole por todo el mundo por un motivo muy claro: se pagan exageradamente bien. Lejos de las obligaciones que implica la organización de un torneo -y de la dificultad de entrar en el universo ATP-, empresas y gobiernos de todo el mundo ven en el formato de exhibición una forma de promoción y no dudan en gastar lo que haga falta.
La defensa de Alcaraz
Gracias a ello, Alcaraz, que según los extenistas del podcast Nothing Major tiene un caché superior a los 1,5 millones de euros, puede ganar en una única temporada entre ocho y 10 millones únicamente a través de las exhibiciones. En los últimos años, el número uno ha tenido que escuchar críticas por la falta de descanso que esto implica, pero la recompensa no es poca cosa.
«Es un formato muy diferente. Es muy distinto jugar una exhibición que un Grand Slam oficial, con 15 días seguidos de una concentración muy alta y una exigencia física enorme», declaró hace unos meses Alcaraz a BBC Sports, y añadió: «Los jugadores elegimos las exhibiciones porque consisten en simplemente divertirse y eso es genial». El año pasado, el español participó en las exhibiciones previas al Open de Australia en enero, se midió en marzo a Frances Tiafoe en Costa Rica, en octubre disputó el multimillonario Six Kings Slam de Arabia Saudí y en diciembre volvió a verse con Tiafoe en Nueva Jersey y se midió a João Fonseca en Miami.
Los torneos pequeños, los perjudicados
Para él y el resto de jugadores, el riesgo de estas exhibiciones es mínimo y el beneficio, alto. Para el tenis es otra cosa. Los Grand Slam van incrementando sus premios para no quedarse atrás, pero la tendencia afecta con mayor fuerza a los torneos pequeños. Las exhibiciones impiden que los mejores tenistas incorporen citas ATP 250 como las que se disputan estas semanas -Brisbane, Hong Kong, Adelaida, Auckland- en sus preparaciones y, sobre todo, les roban protagonismo.
La mirada del público, que durante toda la temporada ya está centrada en los duelos entre Alcaraz y Sinner, no puede extenderse a torneos más humildes ni cuando ambos están fuera de la competición oficial. En la pista es normal que haya alegría durante las exhibiciones; en los despachos crece la preocupación.
La sombra de la sospecha de la compra de plazas en los torneos profesionales de tenis planea sobre el W35 de Nairobi (Kenia), un torneo profesional con miles de dólares en premios. Y, la verdad, es que es evidente que algo raro ha pasado en esa competición cuando se ven los viralizados vídeos de una de las participantes, una egipcia de 21 años llamada Hajar Abdelkader.
En el vídeo salta a la vista desde el segundo uno que la mujer no había jugado al tenis en su vida. En primer lugar no sabe ni coger la raqueta, por no decir sacar, uno de los aspectos más complicados del juego. Por no saber, no sabe ni parar la pelota cuando su rival, la alemana Lorena Schaedel, se la devuelve para que pueda intentar otro nuevo esperpento de saque.
Como era de esperar, Abdelkader perdió en dos sets con sendos roscos (6-0, 6-0). Cometió más de 20 dobles faltas (alguna bola entraría de 'chiripa' en el cuadrado de saque de su rival) y solo ganó tres puntos en todo el encuentro. Bueno, se podría decir que los perdió la alemana, ya que dos se produjeron por dobles faltas y otro por un error no forzado.
La lamentable actuación recuerda a la del nadador Éric Moussambani, quien participó en la prueba de 100 metros de los Juegos Olímpicos de Sídney 2000 defendiendo la bandera de Guinea Ecuatorial y casi se ahoga. En este caso, el hombre fue a los Juegos porque fue el único que se presentó a unas pruebas para incentivar los deportes de piscina en su país.
Pero el caso de Hajar Abdelkader es bastante más grave ya que la 'deportista' recibión una wild card para participar en el torneo. Es decir, fue invitada. Se desconoce el motivo pero en las redes sociales ya se especula con la compra de la plaza, cosa que muchas voces del tenis denuncian como práctica habitual en muchos países.
No hay pruebas, más alla de los documentos gráficos, que demuestren que se ha comerciado con las plazas para el torneo. Pero la egipcia debe de ser una persona super optimista si creía que comprando la plaza podría ganar sin saber nada de tenis y optar así a los miles de dólares del premio. Muy extraño y muy bizarro todo.
Estaba en un hotel de puro lujo en una isla paradisiaca de Turcas y Caicos, tenía una playa privada frente a su habitación y un barco a su disposición para navegar hasta Miami, pero lo que recordará Carlos Alcaraz de sus semanas de vacaciones recién finalizadas serán las partidas de mus o de League of Legends junto a su hermano Álvaro y sus amigos de siempre, el Joserra, el Pedro, el Fran, el Álex.
2025 fue el mejor año de la carrera de Alcaraz: remontó la final de todas las finales en Roland Garros ante Jannik Sinner, volvió a derrotar a su máximo rival en el US Open y acabó la temporada como número uno. Pero sobre todo 2025 fue el año en el que encontró el equilibrio.
Hay muchos motivos técnicos y muchos motivos tácticos y muchos motivos técnico-tácticos, pero si el español domina el tenis de la manera en la que lo hace, hasta sumar seis Grand Slam con apenas 22 años, es porque ha entendido una cosa: las victorias no dan la felicidad, la felicidad puede llevar a las victorias.
Otras temporadas acabó cayendo en la desesperación, el llamado burn-out: en 2025 ya no. Alcaraz ha comprendido que lo primero es su bienestar. Para vencer necesita alegría y su alegría se basa en la compañía, en sentirse querido, en estar con los suyos el máximo tiempo posible. Más que trofeos, le llenan las comidas con su familia, los ratillos con los amigos.
Bajo esa máxima también se puede entender el divorcio con su entrenador, Juan Carlos Ferrero: por encima de todo, su espacio. Bajo esa máxima incluso se puede entender su ventaja respecto al resto de tenistas.
El antiejemplo, Zverev
Este 2025, cuando el español o Sinner no estaban en pista, se observaban cuadros de ansiedad, montones de hombres padeciendo el privilegio de vivir holgadamente de un juego. Hay un debate encendido sobre qué posición ocuparían Alcaraz o Sinner si hubieran nacido 15 o 20 años antes, pero no hay duda sobre qué pasaría con el resto de jugadores del Top 10 actual. Nada bueno.
El caso paradigmático es Alexander Zverev. De otros, como Alex de Miñaur o Lorenzo Musetti, se puede decir que su tenis no les alcanzó para discutir a los dos mejores del mundo. Pero con el alemán es distinto: tiene el juego, siempre lo ha tenido, pero le falta precisamente eso, la alegría.
Zverev vive en una constante lucha contra sí mismo que le lleva a sabotarse cuando menos debe. Cuatro veces se enfrentó al italiano durante la temporada y cuatro veces se empequeñeció hasta desaparecer. Su estabilidad parece depender de ganar, incluso de ganar mucho, de celebrar por fin su primer Grand Slam, y así será difícil que lo consiga.
En un deporte individual, más en uno tan cruel como el tenis, esa inquietud es letal. Y al mismo tiempo quizá sea inevitable. Quienes llegan a lo más alto de la ATP lo hacen cargados de un entorno armado de halagos y exigencias -normalmente personificado en el padre- y es imposible hollar la cima con tanto peso.
Muchos de su generación ya han caído por lo mismo: Daniil Medvedev, Stefanos Tsitsipas, Andrei Rublev. Y muchos otros lo harán. La revelación del final de temporada fue Felix Auger-Aliassime, aunque en sus ojos se sigue leyendo la tristeza.
Sinner aprende a disfrutar
También les pesa la diferencia con Alcaraz, siempre disfrutón, y con un Sinner que este 2025 ha emprendido su mismo camino. La rivalidad con el español sería un nido de frustración para muchos, ya no digamos perder como perdió en París, pero el número dos del mundo analizó lo ocurrido y extrajo la mejor conclusión posible: su rival le derrotó porque al final se lo gozó más. El balance, Sinner también ha hallado el balance.
En el último de seis duelos Alcaraz-Sinner del curso recién terminado, la final de las ATP Finals, pasó algo extraordinario. Durante el segundo set, Sinner engañó con una dejada de revés a Alcaraz y este, que no llegó a devolverla, sonrió. Sonrió de verdad. Sonrió con todos los dientes.
Si hubiera sido un partidillo en el club, sin trofeos ni cámaras, lo hubiera parado y le hubiera dicho a su amigo: «Lo ves, ahí me has pillado». Son muy distintos, pero Sinner devolvió el detalle a Alcaraz con una miradita cómplice. Dentro de todo, los dos estaban echando un buen rato.
Poco después, en Turín, las cámaras ya estaban apagadas, pero al acabar la ceremonia de trofeos, Sinner saltó a la pista con su equipo, unos familiares, su nueva pareja y su perrete. Ahí se podía ver que el tipo es mucho más alegre de lo que parece.
Le lanzó un «Sit!» al animal, el animal le hizo caso y entonces Sinner soltó una carcajada. ¡Una carcajada! Como Alcaraz, parece que también se siente en paz, que duerme bien, que tararea al pasear por la calle. Este 2025 fue el año de la felicidad en el tenis; la felicidad de Alcaraz y Sinner que no se sustenta en victorias.
El australiano Nick Kyrgios ganó el partido de exhibición de tenis ante la número 1 mundial bielorrusa Aryna Sabalenka, en lo que se presentó como una nueva "Batalla de los Sexos", este domingo en Dubái.
Kyrgios, subcampeón de Wimbledon en 2022 pero caído actualmente a sus 30 años al 671º puesto del ranking ATP, derrotó 6-3 y 6-3 a Sabalenka (27 años).
El excéntrico jugador australiano se impuso además con la sensación de no estar golpeando la bola tan fuerte como de costumbre, en un partido que tenía más de show que de pulso deportivo real y que contaba con unas reglas modificadas para tratar de brindar un duelo más equilibrado.
La pista tenía dimensiones reducidas y el australiano jugaba en una parte un 9% más grande que el de la bielorrusa. Ambos tenían además una única bola con su servicio en vez de las dos habituales.
Este partido hacía pensar inevitablemente en otra mítica "Batalla de los Sexos" del tenis, la que en 1973 enfrentó al excampeón estadounidense Bobby Riggs, que tenía entonces 55 años, con las dos mejores tenistas femeninas de la época, Margaret Court y Billie Jean King.
Para ambas, aquellos partidos servían de reivindicación en un momento en el que se estaba organizando el circuito profesional de mujeres. Riggs ganó claramente a Court pero perdió ante Billie Jean King, lo que adquirió un enorme valor simbólico en aquel momento histórico.
La situación es ahora muy diferente, con un tenis femenino sólidamente asentado desde hace décadas y que ha logrado equiparar los premios económicos en los principales torneos.
Por ello el partido se leía más en clave de espectáculo y 17.000 espectadores acudieron a presenciarlo en Dubái. Entre los asistentes estaban los exfutbolistas brasileños Ronaldo o Kaká.
Deportivamente, el interés del partido fue limitado. El australiano dominó claramente e incluso se permitió algunos momentos de diversión como un saque de cuchara, un arma que él mismo ya utilizó en otros partidos más serios en el pasado.
Bobby Riggs era un bocachancla. Ganador de tres Grand Slam antes de la Segunda Guerra Mundial, varias décadas después, en los años 70, observó los avances del tenis femenino y se colocó enfrente. Literalmente enfrente.
"Las tenistas no tienen estabilidad emocional para ser deportistas y deberían restringir su actividad a la cama y a la cocina", soltó en uno de sus alegatos machistas. Después desafió a Billie Jean King, líder y fundadora de la WTA, a un partido. King, entonces dominadora del circuito, lo consideró una provocación y pasó de él, pero Riggs insistió. Y mucho. Incluso puso sobre la mesa unos 100.000 dólares, lo que King ganaba en toda una temporada.
Al final logró enfrentarse a ella el 20 de septiembre de 1973 en Houston en la llamada Batalla de los Sexos y su rotunda derrota por 6-4, 6-3 y 6-3 ante una audiencia millonaria —se emitió en prime time en la ABC— fue un espaldarazo para el tenis femenino. Años más tarde, la ESPN desveló que pudo ser un amaño, que el tenista debía dinero a la mafia y que perder significaba limpiar sus deudas, pero la historia ya estaba escrita. Riggs era un bocachancla, pero a su manera cambió el tenis.
Ahora todo es distinto.
Este domingo, un hombre, Nick Kyrgios, se volverá a enfrentar a una mujer, Aryna Sabalenka, y hay alguna que otra similitud con el partido entre Riggs y King, pero sobre todo hay mil diferencias. Kyrgios también es un charlatán cuyo esplendor tenístico quedó atrás —está medio retirado desde 2023 por lesiones recurrentes—, Sabalenka también es la mejor jugadora del momento y el duelo también ha recibido el apodo mediático de Batalla de los Sexos, pero deja de contar. Todo lo demás es distinto.
Un producto de marketing
El encuentro se disputará en Dubái (17.00 horas) y en la mayoría de países se emitirá en plataformas de pago, como Movistar+ en España. No nace de una dialéctica previa, sino de una promotora o de algún brainstorming en Evolve, la agencia de representación que dirige la carrera de los dos contendientes. Y, lo que es más importante, no servirá para impulsar ningún debate alrededor del tenis femenino, más bien para regresar a uno que ya parecía cerrado.
Los Grand Slam ya han igualado sus premios a hombres y mujeres, las tenistas son las deportistas mejor pagadas con diferencia y la lucha por la paridad en el tenis ya solo trata detalles. Importantes, pero detalles. Desde hace años, las jugadoras reclaman que en los torneos grandes las programen en mejores horarios, por ejemplo. Pero pocos en las pistas dudan de que lo que cobran ellas tenga que ser lo que es. De momento.
Aunque se trate de un encuentro de exhibición, una victoria de un Kyrgios jubilado ante la todopoderosa Sabalenka daría argumentos a quienes quieren reabrir ese melón y organizar un reparto monetario desigual.
La previsión de Muguruza
La propia Billie Jean King y otras exjugadoras, como Garbiñe Muguruza, no lo ven con buenos ojos. "Mi partido se centraba en el cambio social que se estaba produciendo, en la situación que vivíamos en 1973, este no tiene nada que ver. Quiero que Sabalenka gane, pero el contexto no es el mismo", comentó King a BBC Sport. Muguruza señaló en Cope: "Es un show, no tiene nada que ver con lo que fue la Batalla de los Sexos. Esto es por diversión, para que los fans se lo pasen bien".
El argumento de Muguruza estuvo acompañado de un pronóstico que ya trajo polémica: si Kyrgios juega en serio ganará sí o sí. "Yo creo que incluso un júnior me ganaba estando yo en el número uno", anotó la ganadora de dos Grand Slam sobre la superioridad física masculina. Pero el australiano, en realidad, lo tiene en contra. De hecho lo más probable es que pierda.
Más allá de su estado de forma y del momento de Sabalenka, el partido de exhibición probablemente ya nace con un marcador pactado y si no, como mínimo, con ciertas condiciones.La pista será un 9% más pequeña por un estudio que considera que las mujeres son un 9% más lentas que los hombres y los dos contendientes sólo dispondrán de un saque para entorpecer la potencia del australiano.
"Le voy a ganar de paliza", aseguró Sabalenka y quizá tenga razón. Si lo hace las partes se dividirán el botín -por ahora desconocido- y promotores y responsables de marketing considerarán los beneficios del partidillo. Si no lo hace, en cambio, el tenis se puede sumergir en una discusión que creía enterrada desde los tiempos de Billie Jean King y el bocachancla de Bobby Rings.
Antes de sentarse en el banquillo de Carlos Alcaraz por primera vez la temporada pasada, Samu López ya sabía qué era trabajar con él. Nacido en Alicante en 1970, entrenador de tenistas españoles como Santiago Ventura, Nicolás Almagro y Guillermo García-López, López llevaba ya casi un década como director deportivo de la academia Equalite, la actual Ferrero Tennis Academy, y había visto crecer a Alcaraz en sus pistas.
Junto a Antonio Martínez Cascales, era un habitual de los entrenamientos del actual número uno, aunque durante nueve temporadas estuvo centrado en ayudar a Pablo Carreño, su anterior pupilo. Junto a él celebró éxitos como el bronce en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, hasta que a finales de 2024 Alcaraz le pidió ayuda.
"Hemos hecho mucho hincapié en que sea uno mismo. Que tenga muy claro lo que tiene que hacer, sus rutinas, su actitud, que esté por encima de todo. Preocuparse mucho de eso y no tanto del tenis para, a partir de ahí, construir", comentaba López en Eurosport, más cerca de la filosofía 'a mi manera' de Alcaraz que el propio Ferrero.
"Son muchos años trabajando con Juan Carlos Ferrero y el trabajo viene de él, yo siempre he estado cerca. No entro de nuevo. Lo conozco desde hace mucho tiempo. Mi experiencia de haber viajado con muchos jugadores creo que puede aportar", confesaba también el técnico. La temporada pasada ya pudo disfrutar de las celebraciones en Roland Garros y el US Open y, de hecho, fue premiado por el circuito ATP. López y Ferrero fueron escogidos como mejores entrenadores del año de manera conjunta, un galardón que había obtenido Ferrero en solitario en 2022.
Carlos Alcaraz ha anunciado este miércoles, a través de un comunicado en redes sociales, el fin de su relación profesional con Juan Carlos Ferrero, su entrenador desde 2018, cuando aún tenía 15 años. «Es muy difícil para mí escribir este post. Tras más de siete años juntos, Juanki y yo hemos decidido poner fin a nuestra etapa como entrenador y jugador», aseguró el número uno del ranking ATP.
«Gracias por haber hecho de sueños de niño, realidades. Empezamos este camino cuando apenas era un chaval y, durante todo este tiempo, me has acompañado en un viaje increíble, dentro y fuera de la pista. He disfrutado muchísimo de cada paso contigo», continúa el escrito.