La celebración de Alcaraz, de una copa de champán al tatuaje de un canguro: “Mucha gente habló de mí y me puso en duda”

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"Sabe bien", aseguraba y, la verdad, es que sí: sabía bien. Durante la atribulada celebración de su Open de Australia, Carlos Alcaraz ofreció champán a los periodistas desplazados a Melbourne y se permitió tomar un trago de una de las copas. "No bebo más, que esto es un non stop", comentaba en pleno trajín. Ser campeón de un Grand Slam es un duro trabajo. Desde que recibió la copa de manos del australiano Mark Edmondson -qué oportunidad perdida que no lo hiciera Rafa Nadal- hasta que se marchó a su hotel, Alcaraz anduvo arriba y abajo por el edificio Centerpiece del Melbourne Park.

Primero fue a la televisión australiana Nine, luego a Eurosport, más tarde a ESPN, a la sala de prensa escrita, frente a las cámaras de TNT británica, CCTV china, Sky Italia... Todo sin ni siquiera pasar por la ducha, todo sin ni siquiera disfrutar de la celebración. Más allá del abrazo con su equipo -especialmente con su entrenador, Samu López- al acabar la final ante Novak Djokovic, apenas pudo saltar un poco con ellos, hacerse unas fotos con cada uno y poco más. Melbourne está demasiado lejos para que sus amigos viajen hasta aquí -como sí hacen a París, Londres e incluso Nueva York- y esta vez le tocará esperar a aterrizar en Murcia para disfrutar de una merecida fiesta.

MARTIN KEEPAFP

"Con el tiempo he aprendido a parar después de ganar un Grand Slam y saborearlo. Quizá no veo todos los partidos, pero me pongo puntos, momentos concretos... Así me doy cuenta de que lo que he conseguido es muy complicado. Con el tiempo he visto que parar y disfrutar es la mejor manera de seguir trabajando e ir a por el siguiente título", reflexionaba Alcaraz en una reivindicación muy íntima.

En las semanas previas al primer Grand Slam de la temporada, su separación de Juan Carlos Ferrero generó polémica: fue criticado e incluso se puso en duda su capacidad. Todos esos comentarios los tenía guardados. En la ceremonia de entrega de trofeos ya habló de su "montaña rusa de emociones" durante el invierno y luego fue más allá: "Mucha gente habló sobre mí y puso en duda el nivel que podría ofrecer en este torneo. Cada año venía a Australia pensando en ganar, pero esta vez tenía más ambición todavía. He tenido que ser fuerte mentalmente para no escuchar a esa gente, para centrarme en mi juego, y ahora estoy contento porque he demostrado que se equivocaban".

Niega ser leyenda

Durante la rueda de prensa, el ya ganador de siete Grand Slam confesó que pronto se hará un nuevo tatuaje, esta vez un canguro "en una pierna", y que no cree que ahora le falte motivación. El Open de Australia era su gran objetivo de la temporada, pero ahora vendrán otros. "Me plantearé nuevos objetivos. De alguna manera mi cabeza ya está en Roland Garros. También me gustaría ganar algunos Masters 1000 por primera vez y completarlos todos. Y, obviamente, están las ATP Finals y la Copa Davis, que es un título que realmente quiero conseguir. No quiero dejar nada a nadie", confesaba, con la ambición por las nubes.

JOEL CARRETTEFE

Tanta que incluso rechazaba uno de los elogios de Novak Djokovic. Tras el partido, el serbio aseguró que Alcaraz ya era una "leyenda". Pero el propio Alcaraz lo negaba: "Entiendo que me llamen así por los siete Grand Slam o los 25 títulos que llevo. Hay gente que lo hace, pero una leyenda se forja durante mucho tiempo. No es cosa de tres o cuatro temporadas. Una leyenda tiene que ser un jugador que, año tras año, vaya a los torneos con la misma hambre, la misma energía y la misma ilusión".

El mejor partido posible

El mejor partido posible

En un partido cargado de simbología y también de nostalgia, Carlos Alcaraz conquistó el único Grand Slam que le faltaba frente a quien lo ha ganado más veces. La mejor final posible no era el mejor partido posible, categoría reservada, por definición, al disputado entre el primero y el segundo del ránking. Pero Australia mostró al tenis, entusiasmado por los nombres, los antecedentes y las circunstancias, que un enfrentamiento inesperado y desigual puede suscitar el mayor interés que cabe pedir y celebrar.

Dos semifinales eternas habían puesto en la final, frente a frente, a dos hombres y dos épocas. Una nacida como ley natural para aplicar la última pena a la otra. Y ésta decidida a resistir como un deber consigo misma, con el propósito de aplazar la sentencia por medio de una victoria insospechada. O, en la presumible derrota, extinguirse con un grito y no con un gemido. Con una explosión y no con un crujido. Se medían el más arrollador presente y el más glorioso pasado, reunidos en un punto común a través de un destino devenido neutral tras haber tomado partido por ambos con el fin de juntarlos en un mutuo homenaje.

Alcaraz es depositario de una herencia individual que crece y se expande. Djokovic, custodio de otra tripartita que agoniza y con él expira. El tiempo no se había detenido para permitir a Nole jugar otra final de Grand Slam. Únicamente se había tomado un descanso antes de volver a transcurrir en beneficio de quien tiene la edad para aprovecharlo y no para sucumbir ante su peso.

Desde el crepúsculo de su grandeza, intacta en la historia y el recuerdo, Djokovic, orgulloso, quiso morir matando. Lo hizo hiriendo. De gravedad en el primer set y, en el cuarto, con un estertor muy parecido a una reacción. En un regalo al aficionado, en una oda y una ofrenda al tenis, Alcaraz lo fue macerando con la cruel violencia de los servicios y la venenosa dulzura de las dejadas. Nole nunca se rindió, aunque siempre careció de auténticas posibilidades. Incluso agotado, no entregó las armas: se las tuvieron que arrebatar.

A casi cuatro meses de cumplir 39 años, no volverá a jugar otra final de Grand Slam. En Australia ha compartido con Alcaraz el mejor partido posible. A partir de ahora, ese mejor partido volverá a ser un Alcaraz-Sinner.

La reivindicación ‘en caliente’ de Alcaraz: “Nadie sabe lo duro que he trabajado”

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No fue una celebración descontrolada. No parecía que hubiese hecho lo que ha hecho. Estaba contento, sí, pero no aparentaba ser el tío más feliz del mundo. Aunque seguramente lo era. Al ver cómo la derecha de Djokovic se marchaba fuera, Carlos Alcaraz se tiró al suelo, se llevó las manos a la cara y respiró fuerte. Fueron unos pocos segundos. Se levantó porque su rival había cruzado la red para felicitarle. El abrazo entre ambos significaba, como pocas veces, un relevo en la historia.

Después se marchó a celebrarlo con su equipo, todos fuera de sí con su nuevo entrenador, Samu López, a la cabeza. Para él, para Samu, de hecho, fueron algunas de las primeras palabras de Carlos cuando le dieron el micrófono: "Nadie sabe lo que hemos pasado, gracias por estar ahí. Ha sido duro, nadie sabe lo duro que hemos trabajado para conseguir esto", explicaba el número 1 del mundo, completado ya su gran objetivo de este 2026. Y estamos a 1 de febrero.

Porque él arrancó la temporada buscando lo que ya tiene. Es el hombre, el chaval, más joven de la historia en completar los cuatro Grand Slam. Con 22 años y 274 días, destrona a Rafa Nadal, para el que también tuvo un cariñoso recuerdo. "Tú me viniste a ver en directo cuando yo tenía 14-15 años, pero no habías vuelto. Es un honor y un privilegio que hayas venido y estés aquí viendo mi partido", le dijo.

"Esto es una locura", decía en Eurosport luego, más calmado. "Mucho trabajo, mucho esfuerzo, mucha dedicación, y en fin, muy contento", resumía. "Tener aquí a mi equipo, a mi familia, a mis amigos, es lo mejor que puede haber", insistía, y entrando ya en lo que ha sido el partido, explicaba: "El primer set Nole ha jugado a un nivel altísimo. Su bola le resbala mucho y así es muy difícil. He intentado estar fuerte mentalmente en el inicio del segundo set, he visto que él fallaba cosas que en el primer set no fallaba y eso me ha dado confianza".

La reivindicación de sí mismo tomó forma, y de qué manera, en esta entrevista televisiva. Le preguntaron de quién se acordaba. "Si te digo la verdad, me acuerdo de la gente que ha dicho que no lo iba a conseguir. Pensaban que iba a venir y no iba a pasar de cuartos. A los que no creían en mí. Me acuerdo de esa gente, cuando en teoría me tengo que acordar de mi equipo, de mi gente, pero esa mentalidad es la que me ha venido ahora. No he venido aquí para decirle a nadie que soy capaz, simplemente venía a demostrarme a mí mismo que soy capaz de solventar los problemas".

Por su parte, Novak Djokovic tomó la palabra para, con la enorme clase que tiene, dedicarle unas palabras muy bonitas a su rival de este domingo. "Felicidades Carlos, a ti y a tu equipo, a tu familia. La mejor palabra para definirte es histórico, legendario", le soltó, antes de animarse con una broma. "Estoy seguro de que nos veremos muchas veces en los próximos 10 años". El público, claro, rompió a reír.

El serbio, el hombre de los 24 Grand Slam, posiblemente el mejor de la historia, también se dirigió a Nadal. "Se me hace raro verte ahí en la grada y no aquí en la pista. En todo caso, es un honor que hayas venido. Gracias".

El rey ha muerto, viva el rey: Alcaraz destrona al mejor Djokovic en Australia y todos los Grand Slam son suyos

El rey ha muerto, viva el rey: Alcaraz destrona al mejor Djokovic en Australia y todos los Grand Slam son suyos

El mismísimo Novak Djokovic, campeón de campeones, inclinado ante Carlos Alcaraz. El rey ha muerto, viva el rey. En la Rod Laver Arena, escenario de muchas de sus hazañas, el tenista más laureado de la historia reconoció a su sucesor y aceptó el traspaso. Djokovic fue Djokovic más allá de su edad, pero Alcaraz fue Alcaraz. La final del Open de Australia de este domingo fue una bella batalla intergeneracional que se resolvió con la victoria del español por 2-6, 6-2, 6-3 y 7-5 en tres horas de juego.

A Alcaraz ya no le queda tierra por conquistar: campeón en los cuatro Grand Slam, ahora solo le resta seguir y seguir y seguir. Tiene 22 años; el horizonte es infinito. En la cuenta histórica suma siete majors, un dato que ya deslumbra, como también lo hacen sus más de 3.000 puntos de ventaja como número uno. Pero en la pista las sensaciones son todavía más incuestionables. Únicamente una lesión o la súbita pérdida de la ilusión se presentan como motivos de una derrota. De otra forma, ¿quién le va a parar?

Un Djokovic "imposible"

Djokovic fue quién era durante media hora. Hace unas semanas, con el estreno de 2026, hubo un trend en redes sociales que proponía regresar a 2016: colgar una foto de aquel año, recordarse entonces. El serbio se lo tomó muy en serio. En su primera final de Grand Slam en más de un año apareció con la concentración, la puntería, la potencia y la velocidad de quien se sabe ante una última oportunidad. Para Alcaraz era un partido importante, quizá el más importante del año. Para Djokovic era un partido para lo que le resta de vida. Si ganaba, qué mejor momento para despedirse. Los sacrificios realizados para llegar hasta aquí -de los dolores a los disgustos, pasando por los días lejos de sus hijos- se los iba a hacer pagar a su rival.

Por eso, en el primer set llevó el tenis a la perfección. Todos sus saques tenían intención, todas sus derechas quemaban, todos sus reveses acababan en la línea. Tomando todos los riesgos posibles, solo cometió cuatro fallos en todo el parcial. "Es imposible", lamentaba Alcaraz en conversación con su equipo, y tenía razón. "¡Novak, Novak, Novak!", gritaba el público de la pista central del Melbourne Park, y el actual número uno se veía en una situación inusual: superado en tierra hostil.

Asanka Brendon RatnayakeAP

La solución fue doblar la apuesta. Alcaraz tenía que ser Alcaraz. Y lo fue. Ante Djokovic, el español suele mostrar demasiado respeto. Ya le pasó en citas anteriores, como en la final de los Juegos Olímpicos de París: sea por fascinación infantil, sea por pura admiración entre iguales, la figura que tiene enfrente le genera más nervios que Jannik Sinner, ya no digamos cualquier otro adversario. En esa primera media hora, Alcaraz cayó en la precipitación y se dejó hacer. Pero después reaccionó con la ayuda de su equipo.

Alcaraz encuentra su tenis

Su actual entrenador, Samu López, le dio un consejo extraño, contraintuitivo, que nadie entendía. "Dale más spin", pedía el técnico: más efecto, más altura, menos velocidad. Con Djokovic abrasando cada bola, ofrecerle golpes más lentos sonaba a suicidio, porque seguiría imponiendo su ritmo. Pero Alcaraz hizo caso y todo cambió. El ajuste le permitió dar un paso atrás, alargar los intercambios, asumir menos riesgos y, poco a poco, con más margen de error, fue encontrando su juego.

Asanka Brendon RatnayakeAP

Con cada punto, con cada juego, Alcaraz se sentía más cómodo en la pista, hasta llegar a disfrutar. La aparición de su dejada fue una revelación. Y pronto fue él quien alcanzó la excelencia, especialmente con la derecha y en los intercambios largos. Hubo varios puntos para el recuerdo, como un passing shot que Djokovic le clavó por fuera de la red y que el español alcanzó a devolver de manera incomprensible, casi milagrosa. El segundo y el tercer set transcurrieron como quiso el actual número uno: breaks tempranos y sin sobresaltos.

Resistencia hasta la extenuación

Pero para derrotar a Djokovic hay que hacerlo muchas veces. En su semifinal ante Sinner también estuvo contra las cuerdas, con dos sets en contra, y fue capaz de remontar para hacerse con el triunfo. Alcaraz había visto ese partido. Vaya si lo había visto. Y sabía lo que le venía encima. Rafa Nadal, presente en el palco, podría haberle dado algún consejo. En el cuarto set, el ganador de 24 Grand Slams resistió hasta la extenuación. En el primer juego llegó a salvar seis bolas de break: era un aviso. Luego aguantó, aguantó y aguantó.

El saque de Alcaraz solo estuvo en duda en una ocasión, pero qué ocasión. Retumbaban los ánimos a Djokovic desde el público australiano y cualquiera habría temblado. Pero el español forzó el error de su rival y luego, solventada la situación, se reía. ¡Se reía! Estaba en la 'zona Alcaraz': de aquellos nervios del principio a este placer en el desenlace. Ya en el último juego antes del tie-break, consiguió la rotura que tanto había costado y celebró por los suelos su primer título del Open de Australia. El séptimo major, el pleno de plenos. Sus números son deslumbrantes, pero las sensaciones lo son aún más.

Lo que para otras leyendas fue un trauma convierte a Alcaraz en historia: el ‘Career Slam’ que confirma su histórica precocidad

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"No sé si fue mi mayor éxito, pero estoy seguro de que fue el Grand Slam en el que me sentí más presionado. Después de aquello estaba completamente en paz conmigo mismo, ya no necesitaba nada más en mi carrera". Roger Federer hablaba con esa grandilocuencia de un logro que le llegó cuando tenía 27 años, cuando ya era Roger Federer. En 2009 ya había convertido el tenis en arte y el arte en gloria en el Open de Australia, Wimbledon y el US Open, pero en Roland Garros solo encontraba derrotas. Hasta tres veces había chocado en la final contra el muro de Rafa Nadal, y ahí podía quedarse por los siglos de los siglos, atrapado en una frustración histórica.

Uno de los ídolos de infancia del suizo había sido Pete Sampras, y este nunca llegó a triunfar en París. ¿Y si le sucedía lo mismo? Para su fortuna, aquel 2009 un sorprendente Robin Söderling eliminó a Nadal en octavos de final y, pese a toda la presión acumulada durante años, le abrió las puertas del cielo: el llamado Career Slam, el pleno en los cuatro Grand Slam, una barrera derribada al fin.

Sirve el sufrimiento de Federer para poner en valor lo conseguido por Carlos Alcaraz este domingo. Después de derrotar a Novak Djokovic en la final del Open de Australia, el español se convirtió, con 22 años y 274 días, en el tenista más joven en dominar los cuatro grandes. El récord anterior lo poseía su amigo y compatriota Rafa Nadal, también presente en la Rod Laver Arena, con 24 años y 101 días, una evidencia de la precocidad de ambos y de una generación que reescribió los plazos. A Nadal, el Grand Slam que más le costó fue el US Open, cuando aún estaba pendiente su transformación en un jugador verdaderamente polivalente, pero igualmente celebró el pleno en sus inicios.

Antes de ellos dos, el Career Slam suponía la culminación de toda una carrera, un colofón, el cierre definitivo de un palmarés. Solo nueve hombres lo han conseguido en toda la historia y la mayoría lo hicieron rondando o superando la treintena, cuando el tiempo ya pesaba. La lista es la siguiente: Fred Perry, Don Budge, Roy Emerson, Rod Laver, André Agassi, Roger Federer, Rafa Nadal, Novak Djokovic y ahora, sí, Alcaraz.

Nadal, durante la final entre Alcaraz y Djokovic.

Nadal, durante la final entre Alcaraz y Djokovic.AFP

"¿Firmarías ser campeón aquí y no volver a ganar un Grand Slam en toda la temporada?", le preguntaron en la previa, y su respuesta fue clara: "Sí, este año sí lo firmaría". Alcaraz sabe que su pleno a edad temprana le define en la comparación entre leyendas. Pase lo que pase a partir de ahora, alcance la veintena de Grand Slam de Djokovic, Nadal y Federer o no, quedará que fue quien más rápido se adaptó a todas las superficies y contextos del juego moderno. Al serbio, derrotado ayer, por ejemplo, le costó un mundo. Como le sucedió a Federer, en Roland Garros tropezó una y otra vez contra Nadal e incluso contra Stan Wawrinka antes de conseguir su título. Cuando lo logró ya tenía 29 años, igual que André Agassi, mientras que los clásicos, como Laver, lo hicieron con más de 30 años y con cierta fortuna.

El tenista más laureado que nunca alcanzó el Career Slam es Sampras, pero hay una larga lista de grandes campeones con algún agujero en su palmarés. Björn Borg nunca ganó el US Open; a Jimmy Connors le faltó Roland Garros; Ivan Lendl no pudo triunfar en Wimbledon; John McEnroe falló en Australia y Roland Garros; Mats Wilander en Wimbledon; Stefan Edberg, Boris Becker, Guillermo Vilas o Jim Courier tampoco completaron el pleno. Manolo Santana nunca llegó a viajar a Melbourne y Sinner todavía sueña con reinar en París, una asignatura pendiente del presente.

"Obviamente es un gran logro para mí. Era el objetivo que me había marcado esta temporada", aceptaba Alcaraz, que además eleva su cuenta de Grand Slam a siete. Ya tiene los mismos que McEnroe y Wilander, apenas uno menos que Connors, Lendl y Agassi. De nuevo, el récord es suyo, aunque ya está acostumbrado: es el más joven en alcanzar esa cifra. Cuando Nadal llegó a siete Grand Slam acababa de cumplir 24 años; Federer estaba en camino de los 25 y Djokovic ya había celebrado su 27 aniversario.

A sus 22 años, a Alcaraz le queda toda una carrera por delante, pero ya acumula récords, consecuciones y adjetivos. Nunca hubo un tenista tan precoz y nunca hubo un tenista tan versátil; solo el futuro dirá si tampoco hubo nunca un tenista mejor.

¿Hasta dónde puede llegar Carlos Alcaraz? Sólo él puede limitarse

¿Hasta dónde puede llegar Carlos Alcaraz? Sólo él puede limitarse

La nostalgia ganó el primer set; la naturaleza, el partido. Lo logrado por Djokovic en este Open de Australia, tras dos temporadas completas sin pisar una final ante el dominio de Sinner y Alcaraz, ha sido memorable, pero estaba condenado a un final amargo. Pudo con el italiano, asustó al español y recordó por qué es el más grande. De la Historia, no de la actualidad. Ése es Carlos.

En un partido normal para sus estándares, bastante espaciadas esas genialidades que ha convertido en rutina, Alcaraz ganó con solvencia al tenista perfecto que, incluso a los 38 años, sigue pareciendo diseñado por ordenador para jugar a esto. Una dejadita por aquí, tres golpes imposibles por allá, la calma que le ha dado la madurez cuando el serbio apretaba y el séptimo Grand Slam para casa antes de cumplir los 23 años. Ya los tiene todos. Es un sinsentido, una aberración histórica, un portento.

A la edad del murciano, Djokovic tenía dos grandes, igual que Federer. Nadal, el más precoz de los tres reyes, iba por seis. Nadie ha escrito un comienzo de su novela como este pero, aunque tenemos tendencia a recordar siempre el principio y el final, lo que define cualquier historia es lo que sucede entre medias. Antes de semifinales, un periodista con menos tacto que una madre cuando coges kilos preguntó a Novak cómo se sentía "persiguiendo" a Sinner y Alcaraz tras comenzar su carrera "persiguiendo" a Roger y Rafa. La elección del verbo molestó, con razón, al serbio, que clavó la respuesta: "Entre medias hubo 15 años en los que yo dominé los Grand Slam. Es importante tener perspectiva". Y tanto.

Esa es la fase de su carrera que ahora afronta un Carlos que ha zanjado en Melbourne la sobredimensionada polémica del adiós de Ferrero. Escuchamos a Samuel López decir a su pupilo: "Va a ir a saco", "disfruta del momento", "háblate, vamos, sé positivo". Ayudó, seguro, pero hay que poner en perspectiva la importancia de este tipo de consejos y recordar que esto es tenis, no baloncesto. Va de un tipo con una raqueta tomando decisiones milimétricas bajo presión durante horas. El 99% es suyo y la importancia de las frases para taza de su equipo es moderada. Federer tuvo ocho entrenadores durante su carrera. No le fue mal.

Si las lesiones le respetan, será Alcaraz y sólo Alcaraz quien decida hasta dónde quiere agigantar su leyenda. Su sentido lúdico de la vida será compatible con dominar el circuito durante unos años más, pero para llegar a los 24 Grand Slam y los 38 años que hoy luce Djokovic necesitará convertirse en un ciborg que viva por y para su legado, poniendo en pausa el resto de cosas que le hacen feliz. Si quiere, puede, pero quizás no le compense. El libro es suyo y va camino de escribir El Quijote. Lo acabe o no, las páginas que lleva serán recordadas siempre. Disfrutémoslo como él disfruta. Dure lo que dure.

Alcaraz, ante Djokovic, a por el único récord que le obsesiona: “Firmo ser campeón en Australia y no volver a ganar este año”

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De visita en Melbourne para recibir un homenaje, Rafa Nadal paseaba ayer por la ciudad lo que no pudo pasear como jugador. O, al menos, lo intentaba. En una de las orillas del río Yarra disfrutaba del sol junto a su padre, Sebastián, y su responsable de prensa, Benito Pérez-Barbadillo, pero la tranquilidad duró poco. En un corto trayecto se montó la marimorena: decenas de aficionados aparecieron para pedirle fotos y hubo que acortar el camino. Nadal se retiró, pero sigue siendo Nadal: uno de los mejores de la historia, ganador de 22 Grand Slam y, entre un millón de cosas más, el jugador más joven en conseguir el Career Slam, el pleno de torneos grandes. Al menos, de momento. Quizá hasta este domingo.

Si Nadal completó su palmarés con 24 años y 101 días, Carlos Alcaraz puede hacerlo con 22 años y 274 días si vence en la final a Novak Djokovic (09.30 horas, HBO Max y Eurosport), y por eso este Open de Australia obsesiona al actual número uno.

«¿Firmarías ser campeón aquí y no volver a ganar otro Grand Slam en toda la temporada?», le han preguntado en las últimas dos semanas. Y su respuesta siempre ha sido la misma: «Sí, este año sí lo firmaría». Los deportistas de la talla de Alcaraz no suelen dar importancia a los récords, porque si no el peso de la historia no les dejaría ni levantarse de la cama. Es el más joven en llegar a 100 o a 200 victorias en la ATP, el más joven en ganar un torneo en todas las superficies, el más joven en alcanzar cuatro finales consecutivas de Grand Slam, el más joven en... De muchos de esos logros ni tan siquiera es consciente, pero el Career Slam es distinto. El Career Slam le sitúa entre las leyendas.

"Es mi objetivo principal"

Si el español vence, será la confirmación de una versatilidad que otros no tuvieron o que, como mínimo, tardaron más en adquirir. Hay campeones históricos con agujeros en su palmarés, como Pete Sampras, que nunca ganó Roland Garros. Y luego están los campeones históricos que sufrieron lo indecible para lograr el pleno, como Roger Federer y su larga travesía hasta conquistar París.

«Este Open de Australia es mi objetivo principal de la temporada. Otros años no había sido así, pensaba en llegar al máximo a la primavera y al verano, pero esta vez ya planteamos la pretemporada con este título en la cabeza. Completar el Career Slam es un objetivo muy importante para mí, sería maravilloso hacerlo», comentaba Alcaraz hace unos días.

Aaron FavilaAP

En años anteriores, en el entorno del jugador se consideraba que para ganar el Open de Australia debía pasar la Navidad en el verano austral, disputar algún torneo previo -como los ATP 250 de Adelaida o Auckland- y llegar rodado a Melbourne. Pero este año Alcaraz planteó a los suyos otro enfoque: hacerlo a su manera. En lugar de centrarse en adaptarse al cambio horario y en jugar partidos antes del primer Grand Slam del curso, organizarían la pretemporada más exigente de su vida, y lo harían en Murcia, rodeado de su familia y amigos. Así llegaría preparado y, al mismo tiempo, feliz.

El trabajo en invierno

Al contrario que la mayoría de tenistas, Alcaraz pasó la Nochebuena, la Nochevieja e incluso los Reyes en casa y solo después tomó un avión a la otra punta del mundo. Pero eso no significa que estuviera descansando. Tras la separación profesional de Juan Carlos Ferrero, Samu López le organizó una serie de sesiones con sparrings de lujo, como Flavio Cobolli, pensadas para exigirle el máximo. Además de perfeccionar el saque, Alcaraz trabajó la concentración con simulaciones de partidos de hasta tres horas en las que relajarse estaba prohibido. Era diciembre y solo eran entrenamientos, pero debía vivirlo como si fuera una final de Roland Garros contra JannikSinner. Visto lo visto, funcionó.

«Hemos trabajado mucho la atención. Ahora cada vez tiene menos altibajos. Lo está haciendo muy bien», valoraba López antes de la cita de Alcaraz con la historia. El jugador más joven en conseguir el Career Slam, un récord que importa.

El método de Alcaraz para recomponerse antes de la final: masaje, baños fríos y “dormir lo máximo posible”

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«Dormir lo máximo posible», contestaba un miembro del equipo de Carlos Alcaraz cuando se le preguntaba por la clave de la recuperación antes de su final del Open de Australia contra Novak Djokovic de este domingo (09.30 horas, HBO Max y Eurosport). Dormir, dormir, dormir y dormir. En el mercado hay un millón de artilugios carísimos, desde colchones deportivos hasta botas de compresión, pasando por pistolas de masaje, pero todavía no se ha inventado nada que mejore o iguale el efecto reparador de un buen descanso.

Cuando anteayer llegó a su hotel, el Crown de Melbourne, desde el Melbourne Park, la prioridad para Alcaraz era rebajar la adrenalina por lo vivido en las semifinales ante Alexander Zverev, encontrar una buena postura en la cama y dormir cuantas más horas mejor. Que nadie le despertara, prohibido picar a la puerta. Antes había hecho 15 minutos de bicicleta elíptica en el gimnasio de la Rod Laver Arena, se había sumergido en baños de contraste entre frío y calor y había recibido un masaje de su fisioterapeuta, Juanjo Moreno. Pero ya en su habitación la prioridad era dormir. Moreno es un estudioso de las Ciencias del Deporte, suele innovar en su preparación como hace con las bandas de restricción sanguínea y otros descubrimientos, pero también sabe de los efectos únicos del sueño.

Al contrario que otros días, este sábado Alcaraz no apareció por las pistas de entrenamiento del Grand Slam, ni tan siquiera reservó una hora por si acaso. Su plan fue simplemente estar con los suyos, relajarse jugando a cartas con ellos y dejar que las horas de tranquilidad hicieran efecto en su cuerpo. Antes de empezar los partidos en Melbourne, el número uno dedicaba muchas horas a ver la serie Stranger Things, pero con el transcurso del torneo dejó de hacerlo y este sábado no era el mejor día para estar solo frente al televisor.

La relajación, clave

Como pudo comprobar ante Zverev, en la final una de las claves para evitar que vuelvan a aparecer los calambres será estar relajado desde el primer punto. Si una ventaja tiene Djokovic, que tampoco entrenó ayer, es su extensa experiencia en estos escenarios. Alcaraz jugará su octava final grande a sus 22 años, una cifra superlativa. Pero el serbio disputará la número 38. Además lo hará en una racha muy difícil de igualar. En ese mismo lugar, la pista Rod Laver, Djokovic ha vivido muchas cosas, pero todavía no ha perdido nunca una disputa por el título: diez finales, diez victorias.

«Físicamente parece que tiene 25 años, es impresionante lo que está consiguiendo», le elogiaba Alcaraz en la previa y ahí estará una de las claves del partido. Si Djokovic pudo derrotar a Jannik Sinner en su semifinal fue porque llegó con energía después de que la fortuna le sonriera tanto en octavos como en cuartos de final. En la final habrá que ver si cuenta con tanta frescura.

En el último enfrentamiento entre ambos, las semifinales del US Open, el ganador de 24 Grand Slam lamentó unas molestias en la pasada. Antes, en los dos partidos previos, con menos problemas físicos, Djokovic venció a Alcaraz tanto en los cuartos de final del pasado Open de Australia como en la final de los Juegos Olímpicos de París 2024. Quién se llevará la gloria se empieza a decidir en la cama: tendrá ventaja el aspirante que haya conseguido «dormir lo máximo posible».

Rybakina vuelve a desnudar las debilidades de Sabalenka y se corona campeona del Open de Australia

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Algo ocurre con Aryna Sabalenka. Es la número uno indiscutible del circuito WTA, no tiene una rival que la amenace con regularidad y la mayoría de sus partidos acaban en victoria en menos de una hora. Pero en las finales exagera sus nervios, duda -siempre duda- y pierde en demasiadas ocasiones. Hasta cuatro veces ha vivido el mismo drama: la derrota a un paso de levantar un Grand Slam. La última, este sábado, en el Open de Australia.

Como ya hizo en las WTA Finals del año pasado, Yelena Rybakina volvió a desnudar sus carencias para derrotarla por 6-4, 4-6 y 6-4 y hacerse con el título en Melbourne. La rusa nacionalizada kazaja celebró así el segundo «grande» de su carrera tras dominar un duelo de furia desde el fondo de la pista. Si hay una jugadora capaz de igualar la potencia de Sabalenka, esa es Rybakina, y a la número uno le cuesta resolver este tipo de enfrentamientos tan parejos.

«Mentality», escribió Sabalenka en la cara de su entrenador —sí, sí, en la cara— antes de saltar a la pista. Pero no se aplicó la lección. Sus errores volverán a pesarle en los días posteriores, como ya ocurrió otras veces, aunque en esta ocasión también tuvo mucho que ver su rival.

La fuerza de Rybakina

Otras adversarias de Sabalenka habían optado por una defensa paciente, esperando a que la número uno se desesperara con sus propios fallos. Rybakina no hizo eso. Con un servicio potentísimo, quizá el más potente de todo el circuito, intentó dominar desde el primer juego, se emparejó en fuerza con Sabalenka y acabó adueñándose de muchos intercambios. Incluso cuando en el tercer set pareció perdida, supo regresar.

¡Boom! ¡Boom! ¡Boom! La derecha de Rybakina obligaba a Sabalenka a correr de lado a lado, algo casi nunca visto. En ese último parcial ganó cinco juegos consecutivos, remontó del 0-3 al 5-3 y demostró que merecía ser la campeona. «Muchas gracias a todo el mundo, especialmente a mi equipo. Han pasado muchas cosas y estoy muy orgullosa de lo que hemos hecho juntas», declaró la rusa-kazaja, con una cruda historia reciente.

En los días previos al US Open de 2024, Rybakina despidió a su entrenador, Stefano Vukov. Él se dedicó entonces a perseguirla por los pasillos de su hotel en Manhattan, a escribirle decenas de mensajes y a llamarla más de cien veces, en busca -aseguraba- de otra oportunidad. Según publicó The Athletic, ambos mantenían además una relación sentimental. El acoso obligó a Rybakina a presentar una denuncia y a revelar que durante los entrenamientos la llamaba «estúpida» o «retrasada». «Me decía que sin él todavía estaría recogiendo patatas en Rusia», afirmó.

El circuito WTA intervino para protegerla, pero todo lo sufrido terminó lastrándola en la pista. Tras llegar a ser número tres del mundo, cayó fuera del Top 10 al no alcanzar los cuartos de final en ningún Grand Slam y tardó en rehacerse. Después, en las WTA Finals, certificó su recuperación. Y este sábado, ante Sabalenka, en el Open de Australia, confirmó que es la única capaz de jugarle de tú a tú.

Nadal llega a Australia para la final: “Carlos puede recuperarse mejor que Djokovic”

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Rafa Nadal agradecía a los semifinalistas del Open de Australia que le hubieran hecho más amenas las largas horas de vuelo entre Manacor y Melbourne. "Estuve viendo en el avión todo el partido de Carlos y aterricé justo cuando empezaba el quinto set del Djokovic-Sinner", explicaba a la prensa internacional frente a la pista Margaret Court. Este sábado, el dos veces campeón del Grand Slam fue protagonista de un acto promocional de Kia, la presentación de un coche en el Melbourne Park, aunque apenas unas horas antes ya se había hablado mucho de él en el recinto.

Tras su victoria ante Jannik Sinner, Novak Djokovic recordó la épica final a cinco sets que protagonizó en ese mismo lugar con Nadal en 2012, cuando ambos acabaron acalambrados y tuvieron que esforzarse para mantenerse en pie durante la ceremonia de entrega de trofeos. Por su parte, después de su triunfo ante AlexanderZverev, Carlos Alcaraz recordó que en 2009 el propio Nadal superó también allí unas semifinales exigentes ante Fernando Verdasco y, 48 horas después, se rehízo para levantar su primer título.

"Cada uno hace su camino y es evidente que cuando sucedió él era muy jovencito y no era consciente de nada [Alcaraz tenía entonces cinco años]. Pero cuando eres un niño y has crecido viendo lo que hacen otros, de alguna manera te puedes inspirar y desarrollar pasión por lo que has visto. Y eso es algo que a mí me sucedió y que podría pasarle también a Carlos", comentaba Nadal, valorando cómo el cansancio podría afectar a uno y otro en la final de este domingo. "Estoy seguro de que Carlos se va a recuperar, aunque haya sido una batalla larga. La otra semifinal tampoco fue corta y creo que él tiene más posibilidades de recuperarse mejor que Novak Djokovic".

JOEL CARRETTEFE

Antes del partido, el Open de Australia le rendirá homenaje: estará en el palco y después será protagonista de la ceremonia posterior. La organización del torneo quiere mantener la incógnita, pero es evidente que el español es uno de los candidatos a entregar la pesada copa Norman Brookes al vencedor de la final. ¿Quién prefiere que sea ese vencedor?

"Con Djokovic tuvimos una historia increíble, con todos esos años compitiendo por las cosas más importantes, y le deseo todo lo mejor. Pero, por supuesto, Carlos es de mi país, tengo una buena relación con él; compartimos los Juegos Olímpicos juntos, compartimos el equipo español", aseguró y posteriormente añadió: "Si Novak gana, me alegraré por él porque es espectacular lo que está haciendo en esta etapa de su carrera. Así que estaré contento, no será un drama para mí. Pero si tengo que apoyar a alguien, siento que debo apoyar a Carlos"