Mike Macdonald, el genio de la defensa que come, bebe y respira fútbol

Mike Macdonald, el genio de la defensa que come, bebe y respira fútbol

Hay cierto consenso en la NFL en que Mike Macdonald, el entrenador que el domingo llevó a los Seattle Seahawks a ganar su segunda Super Bowl es un "genio". Se usa mucho la palabra en el deporte, pero los que mejor lo conocen, y los que juegan para él, dicen que en su caso no es a la ligera. Un genio de los números, de las combinaciones, con un libro de jugadas infinito y una capacidad asombrosa para escuchar e incorporar ideas, vengan de quien vengan. Alguien que come, bebe, respira y exuda fútbol las 24 horas, pero capaz de sintonizar con los jugadores, de establecer una conexión basada en el respeto, en la sinceridad y en la franqueza que el 'coach' aprendió de su padre, un graduado de West Point.

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En la final, los Seahawks destrozaron a los New England Patriots, la franquicia más poderosa de la historia. Anularon sin piedad a Drake Maye, el quaterback al que sólo le faltó un voto para ser escogido mejor jugador de la liga en esta temporada. Dieron una exhibición defensiva que pasará a los libros de historia y con un quaterback trotamundos, descartado, ninguneado o humillado en sus aventuras anteriores que nunca dejó de creer e sí mismo.

El mérito, en gran medida, es de su entrenador jefe, un hombre de 38 años, en su segunda temporada como máximo responsable de un equipo profesional que ha roto además otro tabú, el de ser el primero que logra el anillo siendo además el responsable directo de la defensa, sin intermediarios. Alguien, elogiado siempre por su enorme inteligencia y su capacidad analítica, fiel a su estilo desde hace una década, pero que ha entendido que para alcanzar la gloria tenía que adaptarse, crecer y hacer cosas que no le salen de forma natural. Como, quizás, establecer vínculos personales, cercanos, con jugadores no mucho más jóvenes que él, pero que buscan desesperadamente en el campo una figura casi paterna que los proteja.

En las ruedas de prensa posteriores al partido, las estrellas de los Seahawks explicaban que en cierto modo la victoria había sido como el carácter de Macdonald. Un partido sustentado en la inteligencia, metódico, sin nada al azar y sin excesos. No hubo nadie que acaparara los focos, aunque Kenneth Walker III, un atacante,se llevó el premio al MVP. Fue un ejercicio colectivo, el reconocimiento a un trabajo exhaustivo en los despachos. Un despliegue táctico impecable, como la firma del entrenador. Sin épica, sin discursos de Disney, sólo con trabajo diario, exigencia, disciplina y una fe enorme en el sistema y en cada uno de los integrantes. Seattle hizo lo que llevaba dos años entrenando, un método casi perfecto para acosar, asfixiar, el ataque rival.

Mike Macdonald, con el Lombardi Trophy, junto al comisionado de la NFL Roger Goodell.

Mike Macdonald, con el Lombardi Trophy, junto al comisionado de la NFL Roger Goodell.Jeff ChiuAP

"Siempre nos reímos diciendo que el coach tiene ciertos rasgos como... de inteligencia artificial, como si lo hubieran implantado y estuviera aprendiendo a ser humano día a día", bromeó en los días previo el 'defensive tackle' Leonard Williams. Directo pero introvertido. "Es tremendamente inteligente. Bromeamos con que parece que hace falta haber ido a Harvard para jugar en esta defensa porque constantemente está añadiendo nuevas presiones, nuevas ideas". A veces, admiten, es demasiado. Hay tanta información, tantas permutaciones, que no son capaces de asimilarlo. Y Macdonalds, simplemente, se disculpa y da un paso atrás en el siguiente partido.

"Su estilo es el día a día, no una performance. No es alguien de gritar, volcar una mesa y dar un discurso apasionado. Es simplemente una repetición abrumadora de un trabajo realmente bueno, es el resultado de tomar decisiones acertadas y calculadas, tratar bien a la gente y centrarse en lo correcto", ha explicado desde San Francisco esta semana Jay Harbaugh, el responsable de los equipos especiales de Seattle, que empezó a trabajar con MacDonald hace una década, en los primeros compases de ambos en la liga con Baltimore.

Solo cinco entrenadores han ganado una Super Bowl con dos o menos temporadas de experiencia previa como entrenador principal. No ha sido el más joven de la historia, pero casi (el tercero). En sus dos temporadas ha tenido números magníficos, los mejores de la franquicia en mucho tiempo. Este curso, fueron el equipo que menos puntos encajó (17,2 puntos por partido) y fueron uno de los dos equipos junto con los Denver Broncos en ubicarse entre los 10 primeros en casi todos los apartados: anotaciones, carreras, pases, terceras oportunidades y defensa total. Eso no ocurre por casualidad. "Creo que lo que hace especial a nuestro grupo es que hablamos de 12 como uno solo. Es la sinergia de nuestro grupo, cuando jugamos juntos y realmente intentamos crearlo como si estuviéramos jugando contra más de 11 chicos. Eso es lo que queremos que sea nuestra huella y nuestra identidad, y los chicos lo han aceptado" celebró anoche Macdonald.

De joven, en Georgia, el hoy entrenador fue un atleta con posibilidades en fútbol y béisbol, pero las lesiones tempranas cerraron todas las puertas. Se volcó enseguida en los banquillos, primero a nivel de instituto, rápidamente en la universidad y explotando las posibilidades que se abrían a nivel profesional. En cada equipo que ha estado destacó enseguida, deslumbrando a sus jefes con un arsenal de ideas, combinaciones y creatividad. Y con una personalidad y una fortaleza mental únicas. Los entrenadores con vocación defensiva han ganado solo 10 de los últimos 30 campeonatos, y ninguno desde 2018. El legendario Bill Belichick, al frente precisamente de los Patriots, aporta seis de esos 10. Y ahora Macdonald ha abierto una categoría propia.

Los jugadores, que aprecian que les hable no sólo de objetivos y sueños sino de proceso y cada paso, tienen fe ciega en él porque notan que sabe más, que entiende sus dudas y porque es capaz de resolverlas y hacer que lo sigan sin vacilar. No les da ordenes sin más, sino que ha logrado integrarlos en el proceso, haciendo que integren cada movimiento, cada zona, la razón de cada decisión. Y asumiendo sin dudar la responsabilidad y la culpa cuando algo va mal, sin excusas. Por eso en una liga marcada por el ego, la ambición, el individualismo, sus jugadores han aceptado algo tan contraintuitivo como que el éxito del grupo es más importante que el personal. Por eso tienen los mejores números colectivos, pero ninguno domina las estadísticas de la liga por si mismo.

"Es increíblemente agudo, joven e innovador", ha elogiado el safety Julian Love, uno de sus mayores fans. "Tiene principios de la vieja escuela, pero métodos de la nueva y los vive en su forma de dirigir la defensa. El esquema ha sido el mismo desde siempre, pero él encuentra maneras de ajustarlo y hacerlo suyo. Su forma de implementarlo es lo que lo hace especial. Desde el principio, hemos creído en su forma de dirigir el juego. Para mí, es insuperable", zanjó antes del partido. Al terminar, sólo podía celebrar en la sala de prensa: "os lo dije".

Los Seattle Seahawks destrozan a los New England Patriots y logran su segunda Super Bowl

Los Seattle Seahawks destrozan a los New England Patriots y logran su segunda Super Bowl

Los Seahawks de Seattle han destrozado este domingo a los New England Patriots logrando la segunda Super Bowl de su historia. Un partido soñado para el equipo de Mike Macdonald, que dominó desde el primer minuto al último. Que reivindicó su papel de favorito, tras haber sido el mejor conjunto durante toda la temporada. Que anuló completamente a la estrella rival, el jovencísimo quaterback Drake Maye, superado, anulado, desesperado. Que impuso su ritmo, su defensa, un ataque machacón. Que consumó, 11 años después, una venganza servida más que fría, tras la derrota dolorosísima en la final de 2015.

El partido, jugado en California, nunca estuvo en disputa, y el resultado final, 29 a 13, ni siquiera hace del todo justicia. Pudo ser peor, mucho peor, por la extraordinaria defensa de los ganadores, una de las exhibiciones más importantes de las últimas décadas. Los Patriots, sin ideas, sin brazo, sin piernas ni estrategia, no lograron anotar hasta el último cuarto. Hasta el tercero sólo había logrado completar ocho pases, tantos como despejes. Maye recibió seis placajes, una cifra demoledora para una estrella emergente que se quedó esta semana sólo a un voto de ser nombrado MVP de la NFL. Por no hablar de tres pérdidas de balón, la última de las cuales fue interceptada por Uchenna Nwosu para el touchdown que redondeó la masacre.

Los Patriots sólo tuvieron un destello en todo el partido, un touchdown en el último cuarto para intentar recortar distancias y soñar con un milagro que nunca estuvo cerca. Que nunca merecieron. Seattle fue mejor en todo. En el planteamiento, en la ejecución, en las ganas, en el espíritu. Sin necesidad de que su quaterback, Sam Darnold, una cenicienta que ha llevado a su equipo a la gloria después de una carrera plagada de decepciones, traspasos, cortes y desprecios, brillara demasiado.

No fue un partido vistoso, ni de los que crean aficionados nuevos, quizás, en busca de pases largo, jugadas legendarias, carreras imposibles. Sí fue uno para gourmets, para los que disfrutan con lo más profundo de este deporte: el análisis, la táctica, las miles de horas de estudio, preparación y combinación de diagramas. Un trabajo fino que no deja momentos precisos de belleza o épica, que no deja héroes ni villanos obvios. Pero que será estudiado durante décadas por los expertos.

Fue una victoria de equipo, de sistema, de planteamiento. De una defensa espectacular, liderada por xxxxxxxx, el merecido MVP del partido. Habitualmente los premios son para los lanzadores, los receptores, los corredores. Pero de vez en cuando, incluso cuando el marcado no ha sido escaso, el reconocimiento llega a los que batallan cada posesión.

Los Seahawks arrancaron haciendo daño enseguida, en el primer minuto. Con una ráfaga de carreras y un inesperado pase de más de 30 yardas que los colocó enseguida en distancias de anotación. Sin sobresaltos, metieron la primera patada y los primeros tres puntos en menos de cuatro minutos. No hubo fallos de la defensa, sino un acierto del ataque y fue suficiente. No marcó el ritmo del primer cuarto pero sí el resultado y la tendencia de lo que vendría después.

Los Patriots, escasos en el ataque desde los playoffs, respondieron de forma conservadora, protegiendo a su joven quaterback estrella, optando una y otra vez por carreras y pases corto por la izquierda. Salió bien dos veces, hasta que un sack, un placaje, lo derribó y generó las primeras dudas, y los primeros agujeros, en el muro defensivo. Antes de que acabara el cuarto, un segundo sack para un equipo que ha defendido bien la temporada, pero que en tres partidos de play off permitió que su estrella fuera derribado 15 veces. Después llegaron cuatro más en una noche desastrosa que tardará en ser olvidada.

La misma tónica marcó los siguientes 15 minutos, y los demás. Los puntos llegaron primero poco a poco, en cuatro patadas sin que los de Nueva Inglaterra, el equipo que más Super Bowl tiene, la franquicia más exitosa y temida de toda la historia, aparecieran. Estaban perdidos, desanimados, imprecisos. Incapaces no ya de anotar, sino de acercarse lo suficiente como para soñar con una patada lejana. Después ya llegó la masacre, la humillación. Una batería de errores, debilidades y exposiciones en toda la defensa que permitieron un festival de sus rivales.

Drake Maye, el niño prodigio que convierte en oro lo que toca, vs Sam Darnold, el trotamundos descartado que resurgió de sus cenizas

Drake Maye, el niño prodigio que convierte en oro lo que toca, vs Sam Darnold, el trotamundos descartado que resurgió de sus cenizas

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Dicen los expertos que el resultado de la Super Bowl número 60, que se disputa este domingo en Santa Clara (California) dependerá tanto del ataque como de la defensa. Que será, sobre todo, una cuestión de carácter, ambición y concentración. Que debería ser un partido muy igualado y físico en el que los errores se paguen muy caros. Que los New England Patriots acostumbran a llegar siempre por delante al descanso, pero que los Seattle Seahawks saben remontar en la segunda parte. Que el resultado se decidirá según la inspiración y conexión de Jaxon Smith-Njigba, el explosivo receptor de los Seahawks votado esta semana mejor jugador ofensivo de la liga, y de la capacidad de New England de contenerlo, más que de anularlo. Dicen los expertos muchas cosas, pero al final, claudican, esto es fútbol, y el duelo entre Drake Maye y Sam Darnold, los quarterbacks de los dos equipos, será lo que determine todo.

Para saber más

Ambos jugadores tienen una complexión física muy similar, ambos fueron elegidos en el número 3 del draft y ambos buscan su primera Super Bowl. Pero sus historias son completamente diferentes. Maye, de sólo 23 años, llega como la promesa precoz que rompe todos los récords en busca de la gloria absoluta. El niño prodigio (de una familia de atletas prodigiosos) que convierte en oro todo lo que toca, y que en su segundo año en la liga, cuando la mayoría apenas está acostumbrándose a la velocidad, la fuerza y la presión de los profesionales, no sólo ha liderado a su plantilla, sino que se ha quedado a apenas un voto de ser escogido como MVP.

Darnold, de 28, es en cambio la cenicienta. Un jugador que llegó a la NFL con enormes expectativas en 2018, una generación brillante con nombres hoy tan importantes en su mismo puesto como Baker Mayfield, Josh Allen o Lamar Jackson, más reputados, pero que todavía no han podido siquiera aspirar a un anillo. Sin embargo, en sus ocho años ha acumulado más decepciones que éxitos. Desahuciado por los Jets, cortado por los Panthers, sin minutos en San Francisco y casi humillado por Minnesota, que no mostró el suficiente interés por retenerlo a pesar de unos números más que buenos el año pasado. Un trotamundos que brilla por fin en su quinta franquicia. Un talento que pareció una y otra vez acabado, pero nunca se rindió y que en las dos últimas temporadas ha resucitado para convertirse en uno de los jugadores más sólidos. Especialmente en estos últimos playoffs, superando en estadísticas al resto de la liga.

A por el séptimo

El partido de esta noche, uno que nadie imaginó al comenzar la temporada, necesita héroes y villanos, a falta de grandísimas estrellas. Los de Nueva Inglaterra, el equipo más galardonado de la historia, con un entrenador (que fue jugador de la plantilla en su época dorada) debutante en su casa, sueñan con recuperar el trono en su primera final desde 2018. La mayoría de los equipos sueñan con llegar una vez a la Super Bowl, y los Patriots confía en que una victoria hoy apuntale los cimientos de una nueva era gloriosa. Nueva Inglaterra busca hacer historia al convertirse en el primer equipo de la NFL con siete victorias en el Super Bowl y busca su primer anillo desde la era de Tom Brady y Bill Belichick. La última vez que los Seahawks llegaron aquí, en 2015, fue precisamente contra los mismos rivales de hoy, y perdieron, por lo que buscan venganza.

Los de Seattle, considerados en general favoritos tras haber sido probablemente el mejor equipo desde el verano, quieren imponer su estilo, más apasionado, desbordante y caótico. Los Patriots, a veces quirúrgicos, a veces mecánicos, han demostrado que saben adaptarse a lo que tienen en frente y a los recursos disponibles. Menos efectivos en ataque en los playoffs, han sabido compensar con la defensa. Pero contra sus rivales hoy, los mejores en ese aspecto en la fase regular, tendrán que romper moldes.

El trofeo Vince Lombardi, entre los cascos de Seahawks y Patriots.

El trofeo Vince Lombardi, entre los cascos de Seahawks y Patriots.AFP

Las plantillas son amplias, y en las finales de conferencia se vio que pequeños errores (en patadas, coberturas, pérdidas) pueden resultar fatales. Pero la presión está en los dos 'mariscales de campo'. De su sobriedad, su madurez y su valor en los momentos clave dependerá la gloria o el llanto. La historia muestra que los entrenadores tienden a proteger en estos partidos a sus estrellas, apostando más por el juego de carrera que de pase. Evitando intercepciones, nervios y derrumbes.

Maye recibió nada menos que 15 sacks en los playoffs, tres por partido, un dato inquietante antes de una cita tan importante. Darnold, muchos menos, pero más de los que el equipo técnicos puede soportar sin un infarto. Si Brian Dawkins, uno de los grandes safetys de todos los tiempos, tenía razón y el football "es un juego de ira controlada, de venganza y de voluntad", este domingo no se impondrá quien más ganas de ganar tenga, sino quien odie más perder ante 200 millones de espectadores en todo el mundo.

La Super Bowl 2026 en cifras: 10 millones por un anuncio, 8.000 dólares por una entrada y 1.800 millones en apuestas

La Super Bowl 2026 en cifras: 10 millones por un anuncio, 8.000 dólares por una entrada y 1.800 millones en apuestas

La Super Bowl vuelve este domingo a Santa Clara, California, y arrastra con ella la contagiosa fiebre del oro. Pocos eventos deportivos mueven tanto dinero, tanto personal y a tantas celebridades. Todo es espectáculo en América y no hay uno mayor que la Super Bowl, una semana entera de conciertos, fiestas y presentaciones. De lujo, oportunidades y mucho márketing para un Estado que albergará el all-star de la NBA la semana que viene, partidos del Mundial de fútbol en verano, la final de la NFL también en 2027 y los Juegos Olímpicos en 2028. Sólo el impacto económico de las citas de este año se espera que llegue a los 1.400 millones de dólares.

La edición del fin de semana, la número 60, ofrece una vez más cifras récord. Según han explicado los directivos de NBCUniversal, la mayoría de los anuncios de 30 segundos costarán ocho millones de dólares. Pero unos pocos, los más exclusivos, romperán por primera vez lo ocho dígitos, llegando a los 10 millones de dólares. La parrilla viene con muchos nombres importantes de Hollywood. Post Malone (para Bud Light), Sabrina Carpenter (Pringles), Ben Stiller (Instacart), Lady Gaga (Rocket + Redfin), Kurt Russell (Michelob Ultra), William Shatner (Kellogg's), Emma Stone (SquareSpace) y un anuncio espectacular de la teléfonica Xfinity, con los protagonistas de Jurassic Park adaptando una de las escenas más legendarias de la película.

De momento, sin embargo, uno de los que más repercusión está teniendo es el de Anthropic, la empresa de Inteligencia Artificial, burlándose abiertamente de la decisión de su rival OpenAI de incluir anuncios en ChatGPT. El anuncio de 30 segundos, y por tanto ocho millones, muestra escenas absurdas de publicidad en medio de una petición, con su eslogan: "Los anuncios llegan a la IA. Pero no a Claude".

el espectáculo del descanso

Las audiencias ya no son, en términos relativos, lo que eran, por la competencia en la emisión, los servicios de streaming y el auge de las redes sociales, pero casi 130 millones de personas vieron el partido el año pasado, con su publicidad constante y el espectáculo musical del descanso. Y más se esperan ahora, por lo que las marcas están dispuestas a rascarse el bolsillo, confiando además en la cobertura adicional de los días previos y posteriores. Los anuncios de la primera Super Bowl, en 1967, costaron en torno a 40.000 dólares, y no se superó la barrea del millón hasta mediados de los 1990. Desde entonces, los precios han subido casi todos los años, pasando de 5,6 millones de dólares en 2021 a siete millones en 2023, ocho millones en 2025 y los 10 de ahora.

Ese público potencial explica el interés de los grandes artistas en ser los protagonistas del espectáculo del descanso, a pesar de que no cobran apenas por ello. Según la política de la NFL, se cubren los gastos de la producción del espectáculo, incluyendo los gastos de viaje. Eso puede suponer, en función del despliegue, incluso más de 12 millones de dólares a veces, a menudo financiados por marcas. Pero los artistas no reciben un salario. Según datos de Sports Illustrated, Usher, el artista invitado de 2024, recibió "671 dólares por la actuación" y "unos 1.800 dólares por los ensayos previos al Super Bowl". Y otros grandes nombres llegaron a poner millones de su bolsillo para poder hacer lo deseado aunque se saliera de presupuesto.

Todo es a lo grande. El indicador menos fiable, pero más citado siempre, es el del consumo de comida. Según el Informe anual del Consejo Nacional del Pollo, cuyo lema oficioso es que en el mundo sólo hay dos tipos de personas, los que adoran las alitas y los que acabarán adorándolas, se espera que los estadounidenses coman 1.480 millones de piezas el domingo, 10 millones de alitas más que el año pasado. Por no hablar de las promociones, juegos y sorteos de todas las grandes cadenas de comida rápida.

Cascos de los Seahawks, durante un entrenamiento, el jueves en San José.

Cascos de los Seahawks, durante un entrenamiento, el jueves en San José.AFP

A principio de semana, la entrada más barata en la reventa para Levi's Stadium, la sede de los 49ers a las afueras de San Francisco, rondaba los 4.400 dólares, un dineral, pero casi un 30% menos que los 6.200 dólares de la semana pasada. Eso sí, el precio medio que los más rezagados estaban dispuestos a abonar supera aún los 8.000 dólares, el doble casi exacto de lo que se desembolsaba para el mismo estadio en la Super Bowl de hace 10 años.

Sólo unos pocos de miles de afortunados disfrutarán del espectáculo en directo. El resto se sentará ante la pantalla y para la retransmisión de este año, la NBC movilizará más 700 personas, utilizará 145 cámaras, 130 micrófonos, 120 kilómetros de cable y 22 unidades móviles. En el escenario más favorable, hasta un 80% de los adultos estadounidenses verán el choque de los New England Patriots y los Seattle Seahawks, según una encuesta reciente de la Federación Nacional de Minoristas. Más de 120 millones de personas organizarán o asistirán a una fiesta con amigos, y varios millones más planean ir a un bar o restaurante, según el sondeo de Prosper Insights & Analytics, que habló con casi 8.000 personas.

Desconfianza en Santa Clara

Según las estimaciones del Comité Organizador del Área de la Bahía, se espera que todo el show alrededor del deporte genere esta semana 5.000 empleos y atraiga a unos 90.000 visitantes. El impacto económico total en la región oscilaría entre 370 millones y 630 millones en su mejor escenario. Aun así, las autoridades de Santa Clara, que en el último lustro han tenido enormes disputas con los San Francisco 49ers, desconfían del beneficio económico para la ciudad. Primero, porque la mayoría de los eventos de la semana de la Super Bowl se van a celebrar en San Francisco, por lo que el grueso de los asistentes se alojará y consumirá allí. Y segundo, porque tiene dudas sobre el acuerdo por el que la empresa organizadora debería cubrir los costes de los servicios públicos en Santa Clara. La alcaldesa, Lisa Gillmor, calcula que serán por lo menos 6,5 millones de dólares, sobre todo en seguridad y limpieza. Pero la empresa tiene mucho margen para decidir qué facturas abonar y cuáles no.

Así que albergar el partido es, en gran medida, una apuesta. Precisamente, la Asociación Americana del Juego calcula que los estadounidenses apostarán legalmente en torno a 1.800 millones de dólares, casi 500 millones más que en el partido del año pasado. "Ningún evento une a los aficionados como la Super Bowl", ha celebrado el presidente de la AGA, Bill Miller. "Este récord demuestra cuánto disfrutan los estadounidenses de las apuestas deportivas como parte de la experiencia, y por qué es importante hacerlo legalmente".

El espectáculo de Bad Bunny en la Super Bowl polariza Estados Unidos

El espectáculo de Bad Bunny en la Super Bowl polariza Estados Unidos

Este domingo, los New England Patriots y los Seattle Seahawks se disputarán la LX Super Bowl, la final de la NFL, la mayor liga de fútbol americano. Y a falta de una rivalidad histórica entre los equipos, de récords asombrosos que romper o de figuras greater-than-life que acaparen los focos, el protagonismo se ha desviado estos días. Hacia la 'electrical substation theory', la última teoría medio conspiranoica sobre cómo los campos electromagnéticos de una estación eléctrica cercana al estadio de los San Francisco 49ers, donde se juega el partido, están lesionando a los jugadores. Al enfado de los aficionados porque el Salón de la Fama no ha incluido el legendario entrenador Bill Belichick. Y sobre todo, por la esperadísima y polémica actuación de Bad Bunny en el descanso.

La elección del artista portorriqueño el pasado septiembre enfureció inmediatamente a medio país, especialmente al presidente Donald Trump (que este año no asistirá al encuentro) y sus seguidores, indignados por el hecho de que el artista vaya a cantar en español y por sus posicionamientos políticos. "Tienen cuatro meses para aprender el idioma", dijo el cantante en octubre durante una aparición en el Saturday Night Life, desatando una ola de furia. La situación sólo ha empeorado desde que el pasado domingo, en la entrega de los Grammy en la que se llevó el premio al álbum del año, arrancara arremetiendo contra el ICE, la agencia migratoria que acapara las protestas por todo el país, y concluyera dando el discurso de agradecimiento en su idioma natal.

Turning Point USA, la organización del difunto activista conservador Charlie Kirk, asesinado en un acto en septiembre, ha promovido un 'All-American Halftime Show,' un espectáculo rival "puramente americano" para robar la audiencia durante el descanso, con el apoyo de Senadores (Tommy Tuberville, de Alabama, y premiado ex entrenador universitario de fútbol ha bautizado al partido como la 'Woke Ball'), congresistas y políticos republicanos en general. Con actuaciones de Kid Rock, Brantley Gilbert, Lee Brice o Gabby Barrett. "Afrontamos este programa como David y Goliat", dijo Kid Rock el lunes. "Competir con la maquinaria del fútbol profesional y una superestrella mundial del pop es casi imposible... ¿o no?". "No sé quién es esa persona", ha dicho Trump de Bad Bunny. "No sé por qué lo hacen. Es una locura. Y luego le echan la culpa a un promotor que contrataron para que se hiciera cargo del entretenimiento. Me parece absolutamente ridículo".

Un show "excesivamente político y sexual"

Una petición online en Change.org ha recogido 100.000 firmas pidiendo un boicot. La organización Un Millón de Madres ha hecho un llamado a los cristianos para que boicoteen la actuación del rapero, denunciando que será un show "excesivamente político y sexual" centrado en "iconos queer".

El ataque desde los medios conservadores, las redes sociales y los influencers MAGA es brutal. "Bad Bunny no es un artista estadounidense", dice una y otra vez la activista Tomi Lahren sobre el portorriqueño. La secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kristi Noem, ha flirteado con la idea que ICE esté presente en el espectáculo del descanso. Su pareja y asesor principal del Departamento dijo en el mismo podcast: "Es vergonzoso que hayan decidido elegir a alguien que parece odiar tanto a Estados Unidos para representarlos". Hay mucho más.

"No se preocupan porque haya un travesti que no habla inglés cantando; si hubiera ganado las elecciones Kamala Harris estaría en su gabinete", dijo un invitado de la Cadena Fox que se ha viralizado. "Todos sabemos que el espectáculo del descaso es para las mujeres, los hombres es cuando vamos al baño", respondió riéndose el presentador estrella Jesse Watters.

Bad Bunny, en los Grammy.

Bad Bunny, en los Grammy.Chris PizzelloChris Pizzello/Invision/AP

Pero la NFL y sus propietarios, blancos y conservadores en casi su totalidad, están buscando desesperadamente aumentar la audiencia internacional. Esta temporada se han jugado partidos oficiales en São Paulo, Dublín, Londres, Berlín y Madrid. La liga añadirá Australia en 2026. Y el comisionado, Roger Goodell, ha avanzado que quiere que cada equipo juegue al menos un partido en el extranjero cada año. "Miren, Bad Bunny es, y creo que eso quedó demostrado este domingo, uno de los mejores artistas del mundo, y esa es una de las razones por las que lo elegimos. La otra razón es que comprendió la plataforma en la que estaba, y esta plataforma se usa para unir a la gente con su creatividad y su talento, y para aprovechar este momento para lograrlo, y creo que otros artistas lo han hecho. Creo que Bad Bunny lo entiende y creo que tendrá una gran actuación", aseguró esta semana el comisionado

Un sondeo con jugadores de la liga publicado esta semana por The Athletic muestra que al 41% de ellos no les gustaba la elección de Bad Bunny. Algunos eran muy explícitos, pero una parte importante se amparaba en no conocer de nada al artista o en preferir otros estilos musicales. "Ni siquiera sé quién es Bad Bunny. Creo que siempre debería ser un artista estadounidense. Creo que se están esforzando demasiado con esto de la internacionalidad", dice uno de los encuestados a pesar de que el músico es ciudadano estadounidense. "No me gusta. Prefeiría a alguien que estuviera vinculando a la cultura del fútbol", dice otro jugador.

"Obviamente he escuchado su música, pero no hablo español, así que no me gusta mucho. Pero sí creo que es genial tenerlo, porque Estados Unidos se basa en la diversidad. Estados Unidos se construyó sobre la inmigración. Así que creo que tenerlo simplemente promueve ese sueño americano. Me gusta. Me gusta la elección", replica otro anónimo. DeMarcus Lawrence, de los Seahawks, apuntó ayer en las entrevistas previas al partido a la importancia para la gente de habla hispana. "Tenemos tantas culturas y orígenes étnicos en Estados Unidos que creo que es hora de empezar a aceptarlos todos... eso es lo que realmente hace grande a Estados Unidos".

Bad Banny, durante una reciente actuación.

Bad Banny, durante una reciente actuación.Alejandro GranadilloAP

En realidad, la del domingo no será la primera aparición del músico. En 2020, el espectáculo de la Super Bowl contó con dos estrellas consagradas, Jennifer López y Shakira, pero Bad Bunny también apareció. Ahora, la NFL ha puesto el foco en el público latino, más de 70 millones de potenciales consumidores y espectadores, y está dispuesto a la polémica con tal de hacer un guiño. Tampoco será la única controversia.

El espectáculo está acostumbrado a las discusiones, la polémica (como el famoso pezón de Janet Jackson) pero sobre todo a las sorpresas. Trump también ha expresado su enfado con la actuación de Green Day en la previa del partido, después de que la banda haya cambiado en algunas actuaciones la letra de su éxito 'American Idiot', para que ahora diga "No formo parte de la agenda MAGA". Por su parte, Charlie Puth cantará el himno nacional y la compositora Brandi Carlile entonará America the Beautiful, una de las canciones patrióticas por antonomasia.

Bad Bunny: el descanso de la Super Bowl "será una gran fiesta y llevaré mucho de mi cultura"

Bad Bunny: el descanso de la Super Bowl “será una gran fiesta y llevaré mucho de mi cultura”

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Bad Bunny aseguró este jueves que convertirá el escenario de la Super Bowl en "una gran fiesta" y que llevará "mucha cultura puerturriqueña" al espectáculo del descanso, en el que se convertirá en el primer artista en encabezar el medio tiempo del deporte rey de Estados Unidos con un catálogo musical íntegramente en español.

"Sólo quiero que la gente se divierta, será una gran fiesta, y haré lo que la gente siempre espera de mí. Eso es lo que quiero llevar, y por supuesto mucho de mi cultura", indicó el artista puertorriqueño en una conferencia de prensa ofrecida este jueves en San Francisco.

Bad Bunny evitó revelar detalles sobre los trece minutos que durará su espectáculo, ni siquiera cuando se le preguntó directamente por los posibles invitados que podrían acompañarlo.

"Tendré muchos invitados, que van a ser mi familia y toda la comunidad latina alrededor del mundo", se limitó a decir.

"No quiero destripar nada, la gente sólo se tiene que preocupar de bailar. Sé que le dije a la gente que tenían cuatro meses para aprender español, pero no hace falta tampoco, sólo aprendan a bailar y hagan lo que les salgan del corazón", agregó.

El cantante reconoció que aún no ha asimilado todo lo que le ha ocurrido en los últimos meses, en los que ha estado "trabajando mucho" para ofrecer su mejor versión.

"Hay mucha gratitud. Así me he sentido todo este año con el álbum. El mayor sentimiento es estar agradecido. Estoy feliz, todavía procesando, pero muy emocionado", comentó.

Bad Bunny aseguró que sólo piensa en disfrutar esos trece minutos. "Intento disfrutar y sé que me voy a divertir, y el equipo también. Trato de no presionarme tanto", señaló.

Sobre su más reciente álbum 'DeBÍ TiRAR MáS FOToS', el artista destacó que le "enseñó mucho" y que supone "el proyecto más especial" de su carrera.

Con este disco, su sexto de estudio y en el que engloba la nostalgia de su tierra natal "quería conectar con mis raíces, con mi gente más que nunca y con mi cultura, y lo hice de una manera muy honesta porque yo sólo quería hacer mi residencia en Puerto Rico y ya, quedarme en la isla", contó.

"Pero luego fue como 'el mundo de verdad me quiere, debería devolverles ese amor y mostrarles el cariño que realmente merecen'. Y ahora, la oportunidad de llevar ese sentimiento que expresé en este álbum en uno de los escenarios más grandes es algo que nunca imaginé", añadió.

Visiblemente emocionado, Bad Bunny respondió sobre quién estará más presente en sus pensamientos en los días previos a la Super Bowl: "Mi madre siempre ha creído que yo era capaz de todo, pero sobre todo, de que soy una buena persona", concluyó.

El descalabro de Patrick Mahomes cierra el debate: Tom Brady es y será el mejor de la Historia

El descalabro de Patrick Mahomes cierra el debate: Tom Brady es y será el mejor de la Historia

Hay una etapa complicada en la valoración pública de cualquier grande del deporte que son los años inmediatamente posteriores a su retirada, cuando ya no está provocando asombro cada semana y el paso del tiempo aún no ha convertido sus hazañas en leyendas. Ahí está ahora mismo Tom Brady, que dejó la NFL hace dos años como indiscutible mejor jugador de la historia.

¿Indiscutible? Según algunos, no tanto. La necesidad de llenar rápidamente el trono llevó a que durante los días previos a la Super Bowl, disputada el domingo en Nueva Orleans entre Kansas City y Philadelphia, las tertulias estadounidenses, que son igual que las de aquí pero con mejores trajes, acometieran una y otra vez un debate sorprendente: si ganaban los Chiefs y Patrick Mahomes lograba su cuarto anillo, tercero seguido, ¿sería el quarterback tejano ya tan grande o más que Brady?

La pregunta era osada, teniendo en cuenta que el mito de los Patriots ganó siete títulos (seis en New England y uno en Tampa Bay), tres más que ningún otro quarterback (Montana y Bradshaw, con cuatro) y más del doble que Mahomes, pero algunos, incluso así, respondieron que sí. Philadelphia decidió zanjar el debate con una paliza (40-22) en la que el marcador no hace justicia al castigo, físico y a su legado, que recibió Mahomes.

Mediado el tercer cuarto, los Eagles ganaban 34-0 y Kansas City no había logrado cruzar el mediocampo. No es una exageración, es un dato. Mahomes, absolutamente superado, había regalado tres veces el balón a sus rivales y no había exhibido nada de lo que de él se espera: magia para salir de cualquier problema. Por una noche, fue un quarterback cualquiera.

La derrota pone a dormir su asalto al reino del más grande, más por la forma que por el hecho. Ha jugado cinco Super Bowls y ha perdido dos. La primera, ante unos Buccaneers liderados por un Brady de 43 años, fue otra paliza: 31-9. El hoy comentarista jugó diez y perdió tres, dos contra los Giants y la última ante los Eagles, pero en todas tuvo a su equipo en el partido hasta el último minuto. Jamás fue humillado. Las derrotas de Mahomes se recordarán de muy distinta forma cuando toque hacer balance.

Tom Brady, durante la Super Bowl que comentó para la TV estadounidense.

Tom Brady, durante la Super Bowl que comentó para la TV estadounidense.AFP

Mahomes aún tiene 29 años y tiempo de sobra para reabrir el debate. A su edad, Brady tenía los mismos tres títulos y acababa de perder la Super Bowl contra Nueva York en, seguramente, la mayor sorpresa de la historia. Mahomes jugó mal en Nueva Orleans, pero sigue siendo el mejor jugador de la NFL sin mucha discusión.

La victoria de Philadelphia no dice demasiado sobre el nivel del quarterback preferido de Donald Trump, pero sí recuerda que en una liga montada para que ningún equipo domine durante mucho tiempo seguido (temporadas muy cortas, límite salarial duro, lesiones constantes, eliminatorias a un partido, carreras breves, draft favoreciendo a los peores...) ganar siete anillos es un milagro. ¿Podrá repetirlo Mahomes?

Lo primero, tendrá que convertirse en el enfermo de la competición y la preparación física que fue Brady, capaz de ser élite en un deporte de contacto hasta los 44 años. Mahomes no ha tenido, hasta ahora, esa disciplina. Después necesitará que su entrenador, Andy Reid (66 años), decida seguir a su lado como Bill Belichick acompañó al californiano y que la franquicia rehaga un equipo envejecido. Por último, requerirá salud y suerte. Como en cualquier deporte, pero un poco más. Son muchas cosas. Mientras tanto, Tom Brady sonríe plácidamente en su trono.

Un hombre se cuela con una bandera palestina en el espectáculo del descanso de la Super Bowl

Un hombre se cuela con una bandera palestina en el espectáculo del descanso de la Super Bowl

Actualizado Lunes, 10 febrero 2025 - 08:04

La Super Bowl es uno de los mayores escaparates del mundo debido a los cientos de millones de espectadores que tiene y es el mejer sitio para publicitar o reivindicar una causa. Eso debió de pensar el hombre que, con una bandera palestina, se coló este domingo en el espectáculo del descanso del rapero Kendrick Lamar en la Super Bowl, informa Efe.

Tras conseguir pasearse y hondear su bandera brevemente por el césped del Caesars Superdome de Nueva Orleans, en Luisiana, el hombre fue detenido por la seguridad.

Entre los miles de asistentes, se encontraba el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, algo histórico y razón por la que la seguridad fue aún más estricta en el campo.

Lionel Messi, Luis Suárez, Sergio Busquets y Jordi Alba también asistieron este domingo juntos al estadio Caesars Superdome para ver el partido entre los Kansas City Chiefs y los Philadelphia Eagles.

Super Bowl: Los Philadelphia Eagles humillan a Patrick Mahomes delante de su fan Donald Trump

Super Bowl: Los Philadelphia Eagles humillan a Patrick Mahomes delante de su fan Donald Trump

Eligió un mal día Donald Trump para convertirse en el primer presidente de Estados Unidos en acudir a una Super Bowl. O, al menos, eligió mal a quién dar su apoyo. Horas antes del partido declaró su amor por Patrick Mahomes y, aún más, por su mujer Brittany, fan declarada del republicano (o lo que sea). Ni siquiera le desanimó compartir la bufanda de los Chiefs con su odiada Taylor Swift, que le hizo más daño en las elecciones que Kamala Harris, y su novio, Travis Kelce, la otra gran estrella de Kansas City y supervillano en el planeta MAGA por ser el rostro de la campaña de vacunación durante la pandemia. Nada de eso desanimó a Trump porque él había ido a Nueva Orleans a ganar y, jubilado Tom Brady, nadie acerca tanto la victoria en la NFL como Mahomes. Un rato después, los Philadelphia Eagles celebraban el título tras una de las mayores humillaciones de la historia (40-22, gracias al maquillaje final).

No fue una victoria, fue una aniquilación, un partido para el que se deberían haber recuperado los dos rombos. Hay cosas que los niños no deben ver. La primera vez que Kansas City cruzó el mediocampo, acababa el tercer cuarto, perdía ya 34-0 y los Eagles pensaban ya en dónde ir a celebrarlo.

No necesitó siquiera el equipo dirigido por Nick Sirianni, que ha pasado en un año de hombre-meme cuya cabeza peligraba a campeón, un gran partido de su superestrella ofensiva, Saquon Barkley, que cerró el, seguramente, mejor año que se ha visto de un corredor con una actuación discreta para sus estándares. Más brillante estuvo su quarterback, Jalen Hurts (nombrado MVP con dos touchdowns de pase y otro de carrera), pero tampoco necesitó grandes heroicidades. La Super Bowl se decidió cuando ambos descansaban, en el ataque de unos Chiefs absolutamente destrozados por la defensa que vestía de verde. Fue una exhibición. Si hubiera sido boxeo, la esquina de Mahomes habría tirado la toalla antes del descanso.

Donald Trump, junto a su hija Ivanka y su nieto Theodore, en la Super Bowl.

Donald Trump, junto a su hija Ivanka y su nieto Theodore, en la Super Bowl.AP

Una y otra vez, liderados por un sensacional Josh Sweat (probablemente más merecedor del MVP que Hurts, pero el ataque siempre reina), golpearon al mejor jugador del planeta hasta convertirlo en un pelele que regaló dos intercepciones impropias a los fantásticos Cooper DeJean y Zack Baun. Y es que, para poner en perspectiva la obra de arte de la defensa coordinada por Vic Fangio, hay que recordar que Mahomes, aún sin cumplir los 30, buscaba su cuarto título (el segundo, contra estos mismos Eagles hace dos años) y el tercero seguido, un triunfo que le haría mirar ya sólo hacia Brady (siete anillos y que comentaba su primera Super Bowl en la tele) y la Historia. Aún está a tiempo, pero de Nueva Orleans salió su leyenda magullada.

Todo estaba ya resuelto (24-0) cuando Kendrick Lamar salió a actuar en el descanso. No fue el espectáculo más brillante que hemos visto, la propia NFL le había puesto la zancadilla sacando a Beyoncé a hacer magia en la jornada navideña, pero sí uno de los más morbosos. Primero, porque terminó de rematar al pobre Drake cantando ‘Not like us’ ante el mundo entero y acompañado de Serena Williams y Samuel L. Jackson. Tanto flow es abusar. Segundo, porque uno de los bailarines lució un buen rato una bandera palestina mientras regateaba a seguratas como Lamine Yamal a defensas. Tercero, porque nunca ha ocultado su (pésima) opinión sobre un Trump que le observaba desde el palco con cara de estar pensando a cuántos de esos tipos que en nada se parecían a él y a sus amigos podría deportar. A veces, la música no es lo más importante de un show.

La segunda parte fue un plácido paseo de Philadelphia hacia la gloria, hora y media de ver qué famosos aparecían en pantalla. Como siempre, no escaseaban. La citada Taylor Swift (que gestionó conuna fabulosa media sonrisa el tremendo abucheo de la afición de los Eagles al verla en el videomarcador), Jay Z, Kevin Costner, Bradley Cooper, Adam Sandler, Paul McCartney... y una llamativa representación de nuestro fútbol: Messi, Rodri, Griezmann, Koke, Luis Suárez, Busquets... Todos viendo cómo los Eagles ponían en pausa el ascenso de Patrick Mahomes a la sala más exclusiva del Panteón de los quarterbacks. Tendrá más oportunidades, no lo duden. Para la próxima, tal vez decida pedirle a Donald Trump que se quede en casa. Una humillación así tarda en curarse. Si es que se cura...

Las reglas de juego de la NFL para entender la Super Bowl: del papel del 'quarterback' a cómo se anotan los puntos

Las reglas de juego de la NFL para entender la Super Bowl: del papel del ‘quarterback’ a cómo se anotan los puntos

La final de fútbol americano, conocida como Super Bowl, es el partido que proclama al campeón de una liga disputada por 32 equipos pertenecientes a las principales ciudades de los EEUU y divididos en dos conferencias: Conferencia Nacional (NFC) y la Conferencia Americana (AFC). A su vez cada una de ellas se subdivide en otras cuatro: Norte, Sur, Este y Oeste.

Tras disputarse 17 partidos, repartidos en 18 semanas, se clasifican 14 equipos para los playoffs, 7 por cada conferencia y de ahí salen los dos finalistas. Éste año los dos finalistas son los Kansas City Chiefs y los Philadelphia Eagles. El partido tendrá lugar en el Caesars Superdome de Nueva Orleans, en Luisiana EEUU, a partir de las 00.30 horas, hora peninsular española.

La duración de un partido de la NFL (National Football League) se puede alargar más de tres horas, aunque el tiempo real de juego es de una hora repartida en cuatro cuartos de 15 minutos cada uno. El reloj se detiene solo cuando la pelota se sale de los márgenes del terreno de juego pero las lesiones, la repetición de las jugadas en pantalla para su revisión, las faltas y un intermedio largo, prolongan el partido varias horas.

Las actuaciones del descanso superan en audiencias al partido

Durante el descanso tiene lugar una de las actuaciones musicales más esperadas del año. Michael Jackson (1993), Tina Turner (2000), U2 (2002), Rolling Stone (2006), Bruce Springsteen (2009), Madonna (2012), Coldplay (2016) o Lady Gaga (2017) han sido algunas de las más recordadas con el paso de los años. Para esta edición la responsabilidad recae en el rapero californiano Kendrick Lamar, reciente ganador de 5 premios Grammy. Los más agoreros no descartan que el cantante interprete junto a Taylor Swift el tema 'Bad Blood', tema que lanzaron hace 9 años.Por su parte, Jon Batiste cantará el himno nacional con Donald Trump, Leo Messi o Taylor Swift en las gradas.

ALGUNOS DETALLES PARA ENTENDER LAS REGLAS DEL JUEGO

El terreno de juego mide más de 100 metros de longitud y unos 50 metros de ancho, similar en longitud a un campo de fútbol de la Liga española pero más estrecho. Cada equipo debe intentar llevar la pelota a las zonas de anotación, conocidas como 'End Zones' situadas en ambos extremos para lograr puntuar. El equipo contrario debe impedirlo buscando el contacto físico como el choque o el placaje, no estando permitido agarrar.

Cada equipo está formado por 53 jugadores divididos en tres grupos, ataque, defensa y equipos especiales aunque en el terreno de juego solo juegan 11. La brutalidad de algunos placajes exige que cada jugador esté equipado con casco y protecciones en la parte superior e inferior del cuerpo. La condición física de los jugadores es muy exigente, hasta el punto de que algunos corredores del equipo podrían competir con los grandes velocistas olímpicos.

CÓMO SE PUNTUAN LAS DIFERENTES ACCIONES

Cuando un jugador llega a la zona de anotación con el balón se anotan 6 puntos. Puede llegar corriendo sorteando a los rivales o encontrándose desmarcado en la zona y recibir un pase del ‘quarterback’. Cualquiera de estas estas dos acciones valen 6 puntos (Touchdown!).

Tras cualquiera de estas dos acciones, los atacantes disponen de un punto extra si logran patear desde la línea de 15 yardas y meter la pelota entre los dos postes. Esta acción vale 1 punto. (Punto extra!).

Si tras tres intentos no han logrado avanzar 10 yardas, el equipo especial del pateador entra en el campo. Si la pelota se encuentra a una distancia adecuada para el pateador, éste intentará pasar la pelota entre los dos postes. Esta acción vale 3 puntos, (Fieldgoal!).

Por ultimo, la acción más improbable, cuando la defensa logra placar a un atacante en su propia área de anotación en la ‘End Zone’.
Esta acción vale 2 puntos,
(Safety!).

DAZN, Forbes, Wikipedia, Universidad 'North Carolina NC State University' , 'Super Bowl: A Money Machine, But for Whom?' by Mike Edwards, profesor de 'NC State', Nielsen, New York Times y NFL.