España llega al Mundial en su día más gris y descomprimido, después de levantar la Eurocopa, como hizo en 2010, y con más solvencia en el campo que entonces, aunque decirlo con la perspectiva posterior, el título conquistado en Johannesburgo y la segunda Eurocopa, parezca un sacrilegio. Ahora lo hace con el mismo entrenador, Luis de la Fuente, y después de perder la Liga de Naciones en los penaltis, mientras un año antes de aquel Mundial, la España que acababa de heredar Vicente del Bosque cayó con claridad en las semifinales de la Copa Confederaciones ante Estados Unidos. Esta fase de clasificación, cerrada con 21 goles a favor y dos en contra, refuerza su posición en el primer puesto del ranking FIFA. El sueño de un segundo Mundial es realizable, pero el camino hasta entonces y una vez en el torneo, está lleno de trampas. La primera es que cualquier relajación, como la sufrida ante Turquía, hace a España vulnerable.
Pero antes de llegar hay más trampas. Una tiene que ver con la administración de los jugadores, inmersos en un calendario de locos. Lamine Yamal y Nico Williams, los dos futbolistas más diferenciales en la Eurocopa conquistada, dependen de una cuidadosa recuperación de sus pubalgias que han de realizar en paralelo a su participación con sus clubes, que piensan en sus objetivos, no en el Mundial. Los jugadores han de tener, pues, un gran sentido de la responsabilidad, en su exposición y recuperación, y la Federación debe estar cerca de ellos, misión que corresponde a Aitor Karanka, no a De la Fuente, por el desgaste que supone la primera línea. Es lo que hizo Fernando Hierro con Iniesta. El último episodio del caso Lamine demuestra que estamos lejos de esa dinámica.
El sorteo, el 5 de diciembre en Washington, definirá el camino, todavía bajo las ocurrencias de Donald Trump, que quiere cambiar algunas sedes gobernadas por demócratas con la excusa de la seguridad, como es el caso de Seattle, a cuya alcaldesa calificó de "comunista". En un Mundial de semejantes proporciones, con temperaturas y usos horarios distintos, es clave la elección del lugar de concentración. El de Curitiba, en Brasil 2014, fue un desastre, una ciudad fría para ir a debutar al calor de Salvador de Bahía. El desenlace, mejor no recordarlo.
De España se destaca su juego, la calidad de sus futbolistas y la variedad de recursos, aunque continúa pendiente fijar el rol del 9, con Oyarzabal ya como principal candidato. Sin embargo, el mejor dato para encarar el torneo es el de haber encajado solo dos goles en esta fase de clasificación, los que logró Turquía en La Cartuja. Son los mismos que le marcaron a la campeona de 2010 en todo el torneo en Sudáfrica. Incluso la selección del tiki-taka tuvo que ser pragmática, con victorias por 1-0 salvo el 2-1 frente a Chile, en el fútbol más pragmático y sembrado de trampas, donde se necesita el talento, por supuesto, pero también el temple, la suerte y al portería a cero.
Anda la cosa algo fría por Sevilla. Los cálculos más optimistas de la Federación sitúan en 35.000 los hinchas que irán hoy a La Cartuja. Eso es exactamente la midad de la gente que cabe en el hoy estadio del Betis. Está el tiempo algo revuelto y, aunque hoy no se anuncia lluvia, la que ha caído en los últimos días no ayuda. Tampoco colabora el hecho de que no haya nada en juego, porque sólo perder por siete goles de diferencia deja a España sin Mundial, y los turcos, que tienen varios apercibidos, van a guardarlos a casi todos para que no sean sancionados en la repesca que jugarán en marzo.
Con este panorama, la atención se centra en varios puntos y en un hombre. Primero, los puntos. El primero es igualar la racha de una selección invicta a nivel mundial (Italia con 31 partidos). Otro punto es comprobar hasta qué punto se atreve Luis de la Fuente a darle carrete a los que juegan menos (un anticipo: no serán muchos). Y el último punto, si acaso, es disfrutar del fútbol que hace este equipo. Y ahora, el personaje: Aymeric Laporte.
El central hoy en el Athletic no venía a la selección desde hace exactamente un año. El 18 de noviembre del año pasado fue suplente en el trámite con el que España se clasificó para los cuartos de final de la Liga de Naciones. Desde entonces, no había vuelto, entre otras cosas porque no jugaba un partido oficial desde el 30 de abril. Fue el último con el Al-Nassr de Arabia Saudí, del que finalmente pudo escapar, no sin problemas, en septiembre de este año, con la intervención de FIFA para subsanar una negligencia con el papeleo del Al-Nassr.
"Es un lujo"
El club saudí le sacó al Athletic alrededor de 10 millones por el traspaso de un futbolista al que le quedaba un año de contrato (en 2023 firmó tres cursos a razón de unos 20 millones netos por año). A sus 31 años, y viendo que la oportunidad de jugar su último Mundial se le podía escapar, hizo todo lo posible por volver a Bilbao, consciente también de la confianza que le tiene Luis de la Fuente, que ayer hablaba así de él. «Es uno de los centrales que mejor desarrolla la idea que tenemos. Lo hace perfectamente. Es un lujo. Ya dije tras la Euro que es el mejor central. Nos ofrece jerarquía. Es muy completo. Técnicamente es excepcional y cambia de orientación, filtra pases...», le elogió el técnico.
Porque, pese a que al seleccionador le gustan Pau Cubarsí y Dean Huijsen, sabe que un Mundial hay que jugarlo con, al menos, un par de colmillos. Robin Le Normand y Laporte los tienen. Aymeric es uno de los líderes, acaso el mayor líder, de un vestuario al que llegó de la mano de Luis Enrique en 2021. Suma 42 partidos y ha marcado dos goles en estos cuatro años largos. Supo, con la personalidad que tiene, superar las suspicacias que, por su origen francés, levantó al principio, y de algún modo allanó el camino para que el caso de Le Normand, muy parecido, fuese asumido con mucha más naturalidad.
De regreso al Athletic, «mi casa», como ha dicho varias veces, el futuro allí y en esta selección que aspira a todo es esplendoroso para él. Después de asegurarse (todavía más) el futuro en su aventura saudí, hoy prioriza el primer plano futbolístico.
Habrá una buena entrada este martes en La Cartuja, donde España sellará su presencia en el próximo Mundial salvo que le dé por perder 0-7 contra Turquía, que además está en Sevilla sin una de sus dos grandes estrellas, Calhanoglu, lesionado, y con Montella, su entrenador, meditando que no jueguen titulares habituales como Yildiz. ¿El motivo? Sabiendo que es imposible la misión, a esos titulares que están apercibidos por tener una amarilla es mejor reservarlos para la repesca del mes de marzo.
Así las cosas, el último partido del grupo servirá para certificar ese acceso al Mundial, pero también para festejar que la selección española atraviesa uno de los mejores momentos de su historia. Y al frente un hombre, Luis de la Fuente, que no puede estar más orgulloso de lo que está ocurriendo. "El secreto es un trabajo muy bien hecho, empezando por los clubes y siguiendo por la Federación, que siempre ha apostado por un estilo de juego y ha ido mejorándolo. Formación, inversión y conocimiento de los futbolistas", ha explicado en la mañana de este lunes en La Cartuja.
El técnico se ha mostrado encantado de ir a un Mundial a los mandos, además, de una de las grandes favoritas. "Es un honor y un orgullo que se hable de la selección por encima de los individuos. Yo sólo trato de hacer cada día mejor mi trabajo y que los futbolistas se sientan bien con nosotros", ha explicado, y ha insistido: "Es un honor dirigir a la selección de mi país. Es lo máximo para un entrenador. Para mí, con todo lo que he vivido, poder dirigirla en un Mundial me hace darme cuenta del honor de ser seleccionador".
No tiene pinta de que vaya a revolucionar el once dándole minutos sin ton ni son a los que menos juegan. "Porque queremos seguir ganando, porque queremos sumar 31 partidos invictos, por respeto a los rivales... Por todo, no vamos a regalar minutos a nadie, aquí hay que ganárselos", ha dicho, y a todo esto hay que sumarle el precario estadio del césped de La Cartuja, que ha obligado a que el entrenamiento de este lunes se realice por la tarde en la Ciudad Deportiva del Sevilla.
Con Huijsen ya en Madrid por las molestias musculares que arrastraba, la duda está en el reparto de minutos que hará el técnico en un partido intrascendente.
«Son unos jugadores con una dimensión histórica, pero sobre todo son buenas personas». La frase, pronunciada por Luis de la Fuente en la sala de prensa del estadio donde España arrasó a Georgia el sábado, tiene su miga. Porque viene referida a un grupo de futbolistas que está haciendo cosas realmente extraordinarias. Veamos.
En el verano de 2023, este grupo, que venía de perder su último partido oficial, ganó a Italia en semifinales y a Croacia en los penaltis de la final para alzar su primera Liga de Naciones. En el verano de 2024, ganó a Croacia, Italia, Albania, Georgia, Alemania, Francia e Inglaterra para levantar su tercera Eurocopa. En el verano de 2025, ganó a Francia y sólo hincó la rodilla contra Portugal en los penaltis de la Liga de Naciones. Ahora, lleva cinco partidos de clasificación para el Mundial del próximo año, con cinco victorias, 19 goles a favor y ninguno en contra. Suma 30 partidos oficiales sin perder, superando a la gran España de 2008-2012, y está a un duelo de igualar a Italia, la selección que, en toda la historia, ha estado más tiempo sin perder.
Pues bien, todo ello lo ha conseguido un grupo de futbolistas la mayoría de los cuales podrían caminar por la calle principal de cualquier ciudad de España sin ser reconocidos.
Porque cualquiera que les vea en su día a día se dará cuenta de que, en la inmensa mayoría de los casos, no responden al estereotipo de futbolista de 2025. Repasemos el once titular de ayer: Unai Simón, Pedro Porro, Cubarsí, Laporte, Cucurella, Zubimendi, Fabián, Merino, Ferran Torres, Alex Baena y Oyarzabal. El más llamativo, quizá, por los tatuajes, sería Baena, pero el resto, aunque algunos los tienen, no sobresalen en un grupo por nada. Ni por ellos (por los tatuajes), ni por el peinado, ni por la ropa especialmente estridente. Ni un pelo de colores, muy pocos pendientes... Es verdad que no estaban Lamine Yamal y Nico Williams, que suben la media de este tipo de cosas cuando están. Son jóvenes.
«Iniesta no tiene tatuajes, ni piercings, ni lleva el pelo pintado... Pero es el mejor», dijo hace muchos años Pep Guardiola sobre el entonces jugador, y algo así piensa hoy Luis de la Fuente. «Es un lujo trabajar con este grupo de futbolistas, que siempre quieren más, siempre quieren mejorar», suele decir el seleccionador, encantado con esa normalidad que transmite su equipo. De hecho, el ambiente dentro de la concentración es prioritario para el cuerpo técnico. Y hay jugadores que han dejado de venir (o que, al menos, se ha tenido en cuenta su comportamiento) por su desdempeño de puertas para dentro. Es el caso de Ceballos, llamado una única vez en esta etapa. En esa concentración, tuvo un incidente con Gavi tras un clásico y eso le ha penalizado desde entonces más allá de que su rendimiento deportivo haya sido también irregular.
El Mundial del próximo verano va a ser especialmente largo. Pensando en llegar las últimas rondas, la concentración difícilmente bajará de 40 días. Ahí, ese interés por mantener el buen ambiente pesará en la decisión de Luis de la Fuente. Antes el seleccionador, que llegó ayer al frente de la expedición a Sevilla a la hora de la cena, deberá tomar otras decisiones. Por ejemplo, quién jugará mañana en La Cartuja ante Turquía. Es un partido intrascendente (no es realista pensar en un 0-7, única vía para no estar en el Mundial). Quienes le conocen intuyen que van a jugar los titulares, si es que tal distinción existe en este grupo. El récord de Italia está ahí.
«Podría decir que he estudiado en Harvard la filosofía del fútbol, pero soy más básico. Nuestra fortaleza es que nadie conoce mejor que nosotros el fútbol español. Tenemos jugadores de una dimensión histórica, es un privilegio dirigirlos». Así resumió Luis de la Fuente la trayectoria de su España, que ya mira al Mundial del próximo verano relamiéndose. Le falta un pasito que nadie se atreve a menospreciar, pero que se antoja de trámite viendo cómo este equipo tritura estadísticas. De momento, ya supera con 30 partidos sin perder a la España gloriosa de Vicente Del Bosque entre 2010 y 2013.
¿Cómo va siquiera a soñar Turquía hacerle un 0-7 a una selección que es «contundente en defensa y con una pegada tremenda»? No puede ser modesto el seleccionar porque los datos son incontestables. España ha encadenado 12 partidos marcando al menos dos goles. En esta fase de clasificación han sido 19, con una media de casi cuatro por jornada, y la portería la ha dejado a cero. A expensas de lo que ocurra en el último encuentro, Suiza e Inglaterra son los únicos equipos que no han recibido un gol en esta clasificación. Los ingleses y Noruega, además, tampoco han perdido ningún partido.
La responsabilidad de este éxito la pone De la Fuente en la espalda de sus jugadores. «Hay tantos futbolistas buenos... Es un lujo, un privilegio dirigir a un grupo que no se cansa de mejorar, fantásticos profesionales y buenas personas», insistió. Quizá el técnico riojano tenga mucha responsabilidad, al menos, en la apuesta invariable por alguno de ellos. Mikel Oyarzabal es el mejor ejemplo. Como falso nueve, ante Georgia marcó el gol 100 de la era De la Fuente. En total, con España suma 21, 15 con este seleccionador, lo que significa que ha anotado el 15% de los tantos españoles en los últimos dos años y medio. 2025 está siendo su año, porque suma, entre la Real y la selección, 25 goles. «Estoy aquí para lo que Luis pida. Sabemos lo difícil que es estar y la competencia que hay, así que lo importante es estar listo para cuando llegue su momento», explicó el donostiarra, siempre con perfil bajo fuera del campo y dentro, ayer, con el brazalete de capitán, marcando y asistiendo.
Precisamente a Ferran Torres le regaló el tercero de España. «Me ha puesto perfecta», reconocía el valenciano, que suma 23 goles y se cuela, junto a dos mitos como Sergio Ramos y Di Stefano, en la lista de los diez máximos goleadores. «Es un sueño estar ahí e igualar a dos defensas. Vamos a por más y a subir en esa tabla», se marcó como reto el Tiburón.
Cada vez más acostumbrado a celebrar está Martín Zubimendi, que suma tres goles, pero mira más allá, al juego colectivo y las mejoras que puede aportar. No le falta razón a De la Fuente de que sus hombres siempre están pensando en la mejora. «En la presión no hemos estado del todo bien. En las vigilancias en la segunda parte, nos hemos dejado llevar... Hay cosas que mejorar. Por momentos nos ha quitado la pelota y nos ha metido un poco atrás, pero el equipo ha sabido sufrir», analizaba el centrocampista del Arsenal.
Dos molestias
El lunar de la noche georgiana fue la «ligera molestia» que sintió Huijsen antes del partido y que le dejó fuera. ¿Será desconvocado? «De momento no se va nadie. Es una ligera molestia, estamos en comunicación con los servicios médicos del Real Madrid y valoraremos. La prioridad es cuidar al jugador, aunque algunos no lo crean», dijo De la Fuente con retintín.
Esa frase se la recordará el Athletic de Bilbao si la ligera cojera con la que Unai Simón abandonó el estadio tras el partido se convierte una molestia mayor.
Con Lamine o sin Lamine, España llega virtualmente al Mundial con pasos de gigante, goleada tras goleada. Lo hacen otras ilustres, claro, pero ninguna con semejante solvencia y variedad de recursos. Sin la estrella azulgrana ni Nico Williams, pero tampoco Rodri, quien levantó el Balón de Oro que la Eurocopa merecía, pasó por Georgia como lo haría una centuria romana, con el orden y la espada, para desesperación del bárbaro Kvaratskhelia o el firme Mamardashvili, dos top en tierra extraña.
La autoridad en el juego y el gol, no sólo la que le confiere el primer lugar del ranking FIFA, no es la misma que España tiene frente a sus estrellas, como ha puesto de manifiesto el caso Lamine. Los jugadores son propiedad de los clubes y eso implica que la Federación deba manejar las convocatorias con sensibilidad, pero también con la exigencia de respeto.
Nadie piensa en un Mundial sin Lamine, ni el jugador ni De la Fuente ni Laporta, que sabe bien dónde y cuándo se revalorizan los activos, pero los resultados demuestran que esta España tampoco depende de Lamine. A todos les conviene, pues, respetarse, porque eso significa respetar a los que juegan, golean y callan.
El azulgrana es, como Nico Williams, un especialista de la banda, pero con un juego hacia adentro mortal. Si están, la dirección del juego es unívoca. Si no, España encuentra otros caminos, dada la versatilidad de los recursos de que dispone De la Fuente. En el centro del campo tiene futbolistas para dos selecciones. La crecida de Zubimendi, la consolidación de Alex Baena o la llegada de Barrios, todos con minutos y brillantez ante Georgia, en un día sin Rodri ni Pedri, son el ejemplo.
Oyarzábal, de nuevo con dos goles, es ya algo más que una alternativa a Morata. Borja, que dispuso de ocasiones, estuvo entre los cambios escogidos por De la Fuente cuando el partido ya estaba definido. Eran sustituciones en un once sin muchos de los titularísimos, y la realidad es que, pese a los intentos de una orgullosa Georgia, España mantuvo el tono en Tiblisi para sumar 30 partidos sin perder, un récord, 19-0 goles en esta fase de clasificación y dejar el pase al Mundial pendiente sólo del sello, un formalismo.
Seamos serios. España va a jugar el Mundial del próximo verano. No es matemático, pero tendría que pintarse la Capilla Sixtina de las hecatombes futbolísticas para que el equipo de Luis de la Fuente no acudiera, y quizá como la gran favorita, al evento. ¿Cuál sería esa madre de todos los desastres? Pues que el próximo martes, en La Cartuja, España perdiera contra Turquía por... ¡0-7! (el primer criterio de desempate es el goal-average general). Seamos serios, pues. España va a jugar el Mundial del próximo verano y va a ser, sin mucho margen de error, la gran candidata. Eso no significa nada, de hecho casi nunca gana quien asume tal papel, pero la realidad es la que es, y lo visto en la tarde de este sábado en Tiflis no hace más que corroborarlo. España es un equipo monumental que ha arrasado a (la débil, sí) Georgia con un montón de matices que merecen disparar el optimismo. [Narración y estadísticas].
El primero de ellos, no menor, es que la campeona de Europa arrancó el partido sin más de medio equipo titular en aquella final de Berlín. Carvajal, Le Normand, Rodri, Dani Olmo, Nico Williams, Lamine Yamal y Morata no estaban. ¿Y? Jugaron Pedro Porro, Cubarsí, Zubimendi, Merino, Ferran, Baena y Oyarzabal. La conclusión es sencilla: cuando llegue la lista del Mundial, no habrá temores. Esta España coral no depende de nadie. Casi, aunque cueste escribirlo, ni de Lamine Yamal. Tiene tantos, tantísimos argumentos, y tantos, tantísimos futbolistas buenos, que dará igual la lesión de última hora o el momento bajo de este o de aquel. Dará igual. De la Fuente, al que se valora mucho más de lo que él supone, ha construido un grupo de, más o menos, 30 jugadores realmente poderoso.
No solamente por la calidad individual, infinita, sino por los automatismos que potencian esa calidad. El segundo gol de ayer, por ejemplo, es un espectáculo de fútbol al primer toque que se culmina con el mediocentro, Zubimendi, recibiendo en la zona natural del delantero centro. Y definiendo como uno de ellos.
Oyarzabal remata a portería.
Otro matiz. Los registros. España puede jugar en largo, en corto, en muy largo y en muy corto, puede jugar a un toque o a quinientos, puede jugar a correr o a pararse, en horizontal o en vertical, muy rápido o muy lento... España puede jugar a todo lo que se puede jugar en esto del fútbol. Y eso tiene mucho de desconcertante para los rivales, que siempre dudarán cómo intentar defender a España. Ayer Georgia tiró de manual y metió a once jugadores por detrás de la pelota. Le dio exactamente igual. Como un martillo pilón, en una primera parte descomunal, cada 10 minutos el equipo marcaba un gol. Primero Oyarzabal de penalti, después Zubimendi, después Ferran...
Otro matiz, y van tres. La capacidad para aislarse del ruido. Últimamente hay mucho alrededor del equipo, especialmente desde que en septiembre se lesionase su estrella. Esta semana ha venido marcada por el último episodio, con el chico largándose el martes por la mañana tras la trifulca de su club y su selección. Se ha hablado de todo menos del partido contra Georgia, y también ha dado igual. Como un robot, el equipo viajó hasta Tiflis, que no está cerca, salió al campo y pasó por encima de su rival.
Más matices, bajando ya al detalle del partido, que por cierto era el quinto del grupo de clasificación. Cinco victorias, 19 goles a favor y ninguno en contra. Conviene detenerse en Álex Baena, uno de esos futbolistas a los que el exceso de jugadores de calidad tiene cerrada la puerta del estrellato. De la Fuente le tiene muchísima fe, pero claro, teniendo por delante a tanta gente, ha de esperar. Lo bueno para él es que puede jugar de interior o de extremo, como ante Georgia, metiéndose constantemente hacia dentro y generando desequilibrios de ese modo. De él nacieron el segundo y el tercer gol.
Siguiendo con los nombres propios, parece que Pedro Porro se ha apoderado definitivamente del lateral derecho. Con todas las reservas a las que obliga el estado físico de Carvajal, ese lugar del campo le ha dado no pocos quebraderos de cabeza a Luis de la Fuente. A falta de empresas más exigentes, parece que el jugador del Tottenham ya es el dueño. Y, por cierto, el regreso de Laporte. Es el capo del vestuario, un tipo necesario dentro y fuera del campo que ha vuelto para quedarse.
Y luego, en fin, cuando se van los que juegan, entran otros que tal bailan. Fermín, que atraviesa un estado de forma increíble, Pablo Barrios, que tres cuartos de lo mismo... En resumen, que España va a estar en el Mundial del próximo verano después de otra exhibición, otra más, y que el martes en La Cartuja hay un trámite que cumplimentar porque el reglamento así lo exige.
Más allá de su imagen, un punto distante, Unai Simón (Vitoria, 28 años) es un tipo muy educado y, a su manera, a la manera, quién sabe, de un vasco, muy divertido. Buen conversador y con las ideas claras, es el capitán de esta concentración. Porque faltan unos cuantos, sí, pero también porque lleva 54 partidos con la selección desde su debut en 2020. Le puso Luis Enrique y le mantuvo De la Fuente. Ha tenido algún problema, y no por culpa suya, con la prensa, y hay quien no entiende su forma directa de responder. Como aquí.
Pregunta. En 2021 me dijo que era su madre quien, si se le subía un poco el ego, le decía: '¡ya vienes con aires de Bilbao!', cuando iba a comer.
Respuesta. Sí sí, pero hace mucho que no me lo dice. Eso es buena señal, digo yo, pero si volviese igual que volvía a casa hace años, seguro que me lo vuelve a decir.
P. Ella sigue siendo la que le pone los pies en el suelo...
R. Bueno, siempre ha sido ella, claro, pero yo creo que todo mi entorno. Al final, las amistades desde pequeño, mi pareja, mi padre evidentemente, y toda mi familia, creo que han sido los que me han hecho ver la realidad de lo que es la vida de los futbolistas. Al final, los futbolistas vivimos en un mundo que no es el real.
P. También dijo entonces que dedicarse profesionalmente al fútbol le impide disfrutarlo como juego.
R. Yo empecé a jugar al fútbol por eso, porque me divertía mucho, con los amigos en el pueblo, en un campo que era un barrizal, tirarte allí, ponerte perdido... Pero a medida que iba quemando etapas, la exigencia iba siendo mayor y el disfrute menor. Ahora sí que vuelvo a notar ese disfrute en el día a día, en el vestuario, tras un partido ganes o pierdas.
P. Es que si alguien le escucha decir que no disfruta realmente del fútbol, puede decir: 'Oiga, ¿qué más quiere? Son jóvenes, ganan mucho dinero haciendo lo que les gusta...'
R. Si yo jugase en un equipo en el que no tuviese una afición como la del Athletic, con ese sentimiento, probablemente no lo disfrutaría tanto. Ver a la gente emocionarse con nuestras victorias o sufrir con nuestras derrotas es lo que me hace disfrutar fuera del campo y vivir así el fútbol.
P. En resumen, ¿es fácil ser futbolista profesional o es difícil?
R. Depende de cómo se gestione. Creo que mientras uno sepa cuál es su realidad y el fútbol que le toca jugar, podrá disfrutarlo. Si cree que es más o menos de lo que realmente es, acabará frustrado. Saber gestionar la realidad, los estados mentales, es lo que permite disfrutar del fútbol.
P. ¿Tiene ayuda para gestionar eso o lo hace usted solo?
R. No tengo ayuda, y no digo que sea lo mejor. Recuerdo que terminé mentalmente tocado el Mundial de Catar, y con el tiempo logré superarlo. El tiempo y conocer la realidad me ayudaron a salir de esa etapa. No obstante, recomiendo a todos que, si tienen dudas, busquen ayuda profesional.
P. Hace poco los futbolistas pararon unos segundos para protestar por el partido de Miami. Es de las pocas iniciativas colectivas que se les recuerdan, y triunfó.
R. No sé si fue exactamente por eso que se suspendió el partido. Creo que había otros factores detrás que complicaban la organización. Pero sí, lo que la gente vio fue a los futbolistas deteniéndose 10 segundos. Aunque tengamos rivalidades, todos formamos parte del mismo gremio. Si creemos que una acción nos perjudica, debemos manifestarnos. Aunque seamos empleados de una gran empresa que es el fútbol, no todo vale.
El portero de la selección española.ÁNGEL NAVARRETEMUNDO
P. ¿Cree que ese gesto puede abrir camino para otros temas, como el del calendario?
R. Iñigo Pérez hizo una reflexión muy interesante: todos nos quejamos, pero cuando hay dinero de por medio, nadie lo rechaza. Yo estaría dispuesto a ganar menos dinero con tal de jugar menos partidos y evitar lesiones. Pero hay gente que se queja de los partidos y aun así no quieren renunciar a la parte económica. Hay que buscar equilibrio, no ser hipócritas.
P. ¿Me permite discrepar en algo? En la Eurocopa, tras unas declaraciones de Mbappé sobre las elecciones francesas, dijo que los futbolistas deberían hablar sólo de cuestiones deportivas. ¿Por qué no pueden dar su opinión sobre otros temas?
R. ¿Sabes qué pasa? Que si tú a mí me pides opinar sobre cohetes aeroespaciales, yo puedo tener mi opinión, pero no soy un experto, y mi opinión no estará acertada. El tema político es muy delicado y arriesgado, sobre todo porque somos personajes públicos y hay muchos jóvenes que están perdidos políticamente y que pueden dejarse influir. Al final terminarán votando a quien vote su ídolo futbolístico. Yo puedo saber lo que es bueno para mí, pero eso no necesariamente tiene porqué serlo para los demás. Por eso creo que quienes deben hablar de política son los políticos, no los futbolistas.
P. Pero usted ve las noticias, los telediarios, sabe lo que pasa ahí fuera.
R. Sí, claro. Hay casos extremos, como aquello de Francia y Mbappé, donde es evidente que no quiero en mi país fascismo, racismo ni xenofobia. Eso va más allá de la política, eso son cosas lógicas, va más allá de ser de derechas o de izquierdas. Después de aquella rueda de prensa se me malinterpretó y se me acusó de cosas que no soy. Yo simplemente no quiero condicionar a nadie políticamente, para empezar porque por supuesto que no tengo todas las claves.
P. Hay mucho ruido con Lamine Yamal. ¿Cómo ha vivido estas horas?
R. Con los años uno gana experiencia y aprende cómo funciona todo. Siempre se va a hablar de algo. Entiendo que el periodismo necesita vender y muchas veces lo que más atrae son las polémicas. A la sociedad española le gusta el salseo. Ya lo asumo como parte de la normalidad del fútbol, aunque no me guste.
Unai Simón.ÁNGEL NAVARRETE
P. ¿Pudo hablar con Lamine el lunes?
R. Es muy maduro para su edad. Desde fuera puede parecer inmaduro o disperso, pero quienes lo conocemos sabemos lo profesional que es. Tiene una pubalgia, que es difícil de gestionar, pero lo está haciendo muy bien. A veces lo mejor es descansar si no se está al cien por cien.
P. ¿Le afecta lo que dicen de él?
R. Aunque no lo demuestre, estoy seguro de que le influye. Lo importante es que tiene los pies en la tierra y sabe quién es.
P. Convivir con un fenómeno como él, para usted como capitán, ¿supone un desafío?
R. Intento tratarlo como a uno más. Sabemos la calidad que tiene y el potencial para ser el mejor del mundo. Tiene 18 años, hay que darle normalidad. Aquí es un chico trabajador.
P. ¿Le da vértigo decir que España es una de las favoritas para el Mundial?
R. España debe aspirar a todo, pero paso a paso. Hay que tener suerte, pero este grupo puede pelear por ello por supuesto.
La vida sigue, mal que bien, en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, donde el campo número dos parece el escenario de una película de terror (están cambiando el césped), las salas aledañas al gimnasio se llenan de periodistas porque es el día (ayer) de atención a los medios y el sol aprieta tanto que Mikel Merino baja de la residencia en chanclas y con los pantalones puestos como si fuera un bañador turbo.
«Es que el sábado, con la tontería, nos jugamos el Mundial», recuerda un empleado de la Federación, resumiendo en esa frase el nuevo mantra que rodea a la selección: hay que pasar página del caso Lamine. Eso, lógicamente, es mucho más fácil de decir que de hacer, y basta repasar cómo fue la jornada de ayer para comprenderlo. Por la mañana, habló Joan Laporta, el presidente del Barcelona: «El jugador tiene que estar a disposición del Barça, y eso no perjudica a la selección española». Luego, a mediodía, y puestos a hablar, habló José Manuel Rodríguez-Uribes, la máxima autoridad del Gobierno en asuntos deportivos, que en este caso tampoco es decir mucho pues ni al Gobierno ni al propio Uribes les interesa demasiado el deporte. El presidente del CSD acudió a lugares comunes: «Hay que pensar en los intereses de todas las partes, que son compatibles», dijo. Pues eso.
El caso es que todo el mundo habla de Lamine Yamal aunque no esté. Y en el cuerpo técnico lo entienden, cómo no hacerlo, pero desde ayer mismo se han puesto manos a la obra para poner el foco en el césped, en lo que ocurrirá a partir de las 18.00 horas del próximo sábado en Tiflis, la capital de Georgia. Una victoria allí clasifica a Espara para el Mundial, acaso no matemáticamente, pero sí virtualmente (en la última jornada tendría que caer goleada, por muchísima diferencia, con Turquía en Sevilla). No hace ni un mes que se produjo la victoria contra los georgianos en el Martínez Valero de Elche (2-0), pero en su estadio será otra cosa.
Y además España acude a la cita no solamente sin Lamine Yamal, sino sin una lista bastante grande de titulares, o al menos presuntos titulares. Faltan Carvajal, Le Normand, Pedri y Nico Williams. Contando al extremo del Barça que llegó el lunes por la noche y se marchó el martes por la mañana, son cinco futbolistas que, en condiciones normales, estarían en el once. Bien es verdad que el desempeño de tipos como Zubimendi, Oyarzabal o Álex Baena han hecho que, de momento, no se eche de menos a los que no están, pero no es menos cierto que un tropiezo en Georgia podría, probablemente de forma innecesaria, el cartel de urgente al último partido contra los turcos.
Luis de la Fuente hizo la ronda de las radios en la noche del martes para intentar zanjar con ello todo lo relacionado con Lamine, pero no lo consiguió. Ayer no se hablaba de otra cosa, incluso en la presentación de un nuevo patrocinio en el que estuvieron Unai Simón y Cucurella. Hoy el equipo entrenará por la mañana y viajará por la tarde para llegar a Tiflis a cenar. Mañana, será el turno del seleccionador en rueda de prensa, donde él sabe que tendrá que volver a hablar de Lamine. Intentará poner el foco en el césped, pero en la propia Federación no tienen muy claro cómo hacerlo. La dureza misma del comunicado del martes invita a pensar que las heridas no están cerradas.
No fueron pocos los insultos y las palabrotas que se escucharon el lunes por la noche en la residencia de la Ciudad del Fútbol de Las Rozas. Mientras los jugadores reposaban la cena, unos en los salones comunes y otros ya en sus habitaciones, los médicos y el cuerpo técnico de la selección no salían de su asombro al leer, y releer, el informe médico donde los doctores del Barça explicaban el «procedimiento invasivo de radiofrecuencia» que le habían hecho a Lamine Yamal esa misma mañana. Les habían pedido más datos hacía horas, cuando supieron del tratamiento con una escueta descripción, pero no fue hasta las 22.37 de la noche del lunes cuando leyeron, y releyeron, especialmente la frase final, donde se recomendaba reposo «entre 7-10 días».
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«¿Y qué hacemos nosotros con eso?», se preguntaban ayer en Las Rozas. La recomendación era en realidad una amenaza. Si no se cumplen las prescripciones médicas y el jugador recae... «No había otra salida», insisten fuentes de la Federación, que comunicaron ayer por la mañana la desconvocatoria de su estrella para los partidos donde se decide la clasificación para el Mundial. Ni más ni menos. Era el colofón a dos meses de guerra entre la selección y el Barça a cuenta de una lesión en cuyo origen no se ponen de acuerdo. La historia es tal que así.
Lamine llega a Las Rozas el 1 de septiembre. Normalidad. Juega en Bulgaria el día 4 y en Turquía el día 7, completando su mejor partido de la temporada (hasta que jugó ante el Brujas la semana pasada). El lunes 8 regresa a Barcelona. Tras una semana de aparente normalidad, habiendo entrenado en al menos una ocasión con su equipo, el sábado 13 Hansi Flick, técnico del Barça, sale muy enfadado con De la Fuente. «Es una pena. Ya se fue de aquí con dolor. Le dieron analgésicos y jugó 73 y 79 minutos. Y entre los partidos no entrenó. Eso no es tener cuidado con los jugadores», dijo, enfadado por una lesión descrita así en el comunicado médico del Barça: «El jugador presenta molestias en el pubis que le impiden entrenar y jugar a día de hoy».
La sorpresa en la selección fue grande. Durante los días que pasó con el grupo, no refirió dolor alguno en el pubis. Habló siempre de molestias en la espalda, y por ellas recibió un analgésico por vía intramuscular (un pinchazo en el culo) para el segundo partido. Esa es la laguna principal que desde la Federación observan en toda esta historia. Si Lamine volvió el lunes 8 a Barcelona sin haber dicho nada del pubis, entrenó, al menos una vez, entre el martes 9, miércoles 10 y jueves 11, si incluso rodó un anuncio publicitario ese miércoles... ¿dónde aparece la lesión en el pubis? Así se queda la cosa (de momento).
Lamine Yamal, en su último partido con España.AP
El día 28 de septiembre, Lamine reaparece ante la Real sociedad. Han sido, pues, 15 días de baja (tomando como inicio el 13, el día del parte médico del Barça). El 1 de octubre, el extremo juega contra el PSG y, dos días más tarde, el 3, De la Fuente le convoca, respondiendo de paso a Flick: «Me extraña que diga eso habiendo sido seleccionador, esperaba algo más de empatía», dice el riojano. Pero tres horas después de esas palabras, el Barça emite otro comunicado médico. «Lamine ha recaído de sus molestias» y filtra que estará entre dos y tres semanas de baja. La noche anterior, la del 2 de octubre, en las conversaciones habituales entre los médicos del equipo nacional y de los clubes, ni una palabra sobre esas molestias. En la Federación intuyen la mentira, pero no lo explicitan, pues la naturaleza misma de la pubalgia hace muy difícil esa vía.
La recuperación, entre dos y tres semanas, se sustancia en dos, y Lamine juega unos minutos contra el Girona el día 18 de octubre. Desde ese día, participa en todos los partidos disputados hasta ayer, y marca cuatro goles, y vuelve a ser, a ratos, el Lamine deslumbrante, ruptura con Nicki Nicole mediante e ignorando todos los comentarios a su alrededor. Así que De la Fuente le llama. El Mundial está en juego. Y el Barça responde como responde, con ese tratamiento «invasivo» sin consultar a la Federación el día en que el jugador debía concentrarse y con ese informe médico donde se «recomienda» un reposo de 7-10 días.
«No me parece muy normal lo que ha pasado. Nunca había vivido una situación similar», dijo ayer Luis de la Fuente, mordiéndose la lengua porque el horizonte es el que es. Cuando se cierre esta concentración, hasta marzo todo quedará dormido. Eso si la selección logra el billete para el Mundial, porque si no, el lío sí que puede ser morrocotudo. Será el momento de la diplomacia pensando en ese Mundial del próximo verano, donde España va a necesitar a su máxima estrella y donde quizá Adidas, la marca que tiene en Lamine a su máxima figura, no sea tan neutral como hasta ahora. Esa diplomacia en Las Rozas, por cierto, debería estar en manos de Aitor Karanka. Aunque el que dio el primer paso ayer fue Rafael Louzán, el presidente de la Federación, hablando de "no avivar la polémica".