Alcaraz sufre, remonta y maniata a Zverev para completar su ópera prima en Roland Garros

Alcaraz sufre, remonta y maniata a Zverev para completar su ópera prima en Roland Garros

Dejó dicho Rafa Nadal tiempo atrás que Carlos Alcaraz heredaría su tierra. Nunca fue un deseo por la simpatía hacia él, los amigos en común o la bandera propia; su afirmación nacía del tenis. "No tiene debilidades como las que tenía yo a su edad. Lo tiene todo para ser un campeón", aseguraba, pero entonces a Alcaraz aún le faltaba una virtud: aguantar el sufrimiento, disfrutar del sufrimiento, ganar pese el sufrimiento. Ya no. A los 21 años, Alcaraz levantó este domingo su primer Roland Garros, su ópera prima en París, y confirmó que volverá a por más. Es el inicio de una dinastía.

Hubo antes una celebración en el US Open y otra en Wimbledon, pero en ambas todo estaba por hacer; en cada partido había un descubrimiento, para lo bueno y para lo malo. Ahora eso ha cambiado. Alcaraz sigue siendo el tenista completo que señalaba Nadal, con una paleta repleta de recursos y una desbordante creatividad, pero además ya ha madurado. En la final ante Alexander Zverev sufrió molestias físicas en su muslo izquierdo y pese a ello remontó para imponerse por 6-3, 2-6, 5-7, 6-1 y 6-2 en cuatro horas y 19 minutos de juego.

Antes del partido, en los pasillos de la Philippe Chatrier, uno de sus entrenadores, Antonio Martínez Cascales, que ya fue técnico de Juan Carlos Ferrero, recordaba las semifinales ante Jannik Sinner y concluía: "Ha aprendido a ganar sin jugar tan bien". Y más que análisis era premonición. Como ocurrió ante el italiano, Alcaraz ofreció más garra que entretenimiento, incluso hubo juegos en los que negó el espectáculo, pero se agarró a la victoria como si sólo pudiera ser suya. Es más, venció cuando peor estaba: desorientado y a un set de la derrota.

Alcaraz, atendido por los fisios, este domingo.

Alcaraz, atendido por los fisios, este domingo.Thibault CamusAP

En el cuarto set, superados unos minutos de desconexión mental, ya renqueante de la pierna izquierda, entendió que sólo le quedaba sobrevivir y sobrevivió. En primer lugar, exageró su concentración para apoyarse en su primer servicio y en segundo, lanzó mil bolas altas para confundir a Zverev. Funcionó. El alemán, extrañado, obligado a decidir, se impacientó, exageró sus errores y cuando quiso darse ya estaba en el quinto periodo con un break abajo. Entonces a Alcaraz ya nadie le podía arrebatar el triunfo, ya nadie le podía arrebatar su primer Roland Garros. Para cerrar el partido, de hecho, dejó un 'passing shot' de revés que aparecerá en los libros de historia del tenis. Show después de tanto sufrimiento.

Las quejas de Zverev

"¡Carlos, Carlos, Carlos, Carlos!", le premiaba entonces el público de la Philippe Chatrier que se decantó por él por los siglos. Hasta entonces, en las primeras dos horas, la afición se dividía entre los dos aspirantes: hubo cánticos para Alcaraz, pero también para el alemán, sobre todo en el tercer set, cuando remontó un 5-2 en contra con cinco juegos consecutivos. Pero al final no había dudas sobre qué campeón prefería la grada parisina.

Zverev se queja al árbitro, este domingo.

Zverev se queja al árbitro, este domingo.Thibault CamusAP

Tampoco es que Zverev se hiciese querer. Con todos los escándalos y todas las polémicas protagonizadas previamente, en esos instantes el ahora número cuatro del mundo empezó a protestar bolas al juez de línea, el local Renaud Lichtenstein. En varias ocasiones no tenía motivos. En otros, como en un saque suyo que se cantó 'out' y le costó un break en el quinto set, no estaba tan claro. Pero tantas quejas le hicieron perder el favor del público y marcharse del encuentro. Alcaraz había sufrido, había remontado y le había maniatado. Todo se había acabado.

Una tradición española

Sin los clásicos intercambios de la tierra batida -ni el 25% de los 'rallys' pasaron de los nueve golpes- fue un partido marcado por el acierto en el saque Zverev. Cuando el alemán afinó y aceleró su servicio -llegó a sacar a 222 km/h-, Alcaraz estuvo atrapado: ocurrió en el segundo y en el tercer set. Pero cuando desfalleció, la puerta empezó a abrirse para el español.

Detrás estaba la remontada, la victoria, la Copa de los Mosqueteros y la historia. Además de superar varios récords -como el más joven en ganar un Grand Slam en tres superficies-, Alcaraz se convirtió en el décimo español en ganar en París en una tradición que se presume eterna, pese a los problemas en la base. De Santana pasó a Gimeno, luego a Sánchez Vicario y Bruguera, más tarde a Moyà, Costa y Ferrero y, al final, a Muguruza y a Nadal, a Nadal, a Nadal, a Nadal, 14 veces a Nadal. Dejó dicho él tiempo atrás que Carlos Alcaraz heredaría la tierra, su tierra. Ya lo ha hecho.

Cemento, hierba y tierra batida, Alcaraz completa el círculo y arrebata un récord imposible a Nadal

Cemento, hierba y tierra batida, Alcaraz completa el círculo y arrebata un récord imposible a Nadal

Antes de vencer en Wimbledon el año pasado, Carlos Alcaraz tuvo que irse al estadio Monte Romero de Murcia, cruzar la pista de atletismo y compartir césped natural con el equipo de fútbol americano que habitualmente entrena allí. Antes de vencer en el US Open hace dos años, Alcaraz se pasó toda una adolescencia esperando que su club, la Real Sociedad Club de Campo de El Palmar, aplanara alguna de sus 12 pistas de tenis y suerte tuvo que su familia dirigía el lugar. Antes de vencer este domingo en Roland Garros, Alcaraz simplemente se entrenó durante varias semanas en tierra batida como había hecho desde que su padre le descubrió el tenis a los cuatro años.

Después de dos Grand Slam en el 'extranjero', en París celebró un éxito 'en casa', en la arcilla que le formó, la superficie en la que más tiempo ha jugado, y cerró el círculo, pero... ¿Por qué lo hizo en ese orden? En su camino para dominar todos los escenarios Rafa Nadal ganó primero cuatro Roland Garros, luego abordó Wimbledon y, al año siguiente, el Open de Australia. Hasta derrotar a Alexander Zverev este domingo y levantar la Copa de los Mosqueteros Alcaraz siguió un rumbo completamente opuesto.

"Siempre he querido ser uno de los mejores del mundo y para serlo debes dominar todas las superficies. Crecí jugando en tierra batida, pero ahora me siento más cómodo jugando sobre cemento. En pistas duras puedo desarrollar más mi estilo, aunque sé adaptarme", explicaba Alcaraz y no le faltaba razón. Al contrario que sus predecesores, el ya campeón de tres Grand Slam basa su juego en el ataque, disfruta cuando el tenis es más directo y, además, está construyendo un saque demoledor. Mantiene rasgos de la tradición española, como el despliegue físico, pero para triunfar este año en Roland Garros, de hecho, necesitaba algunos cambios, transformarse en un terrícola.

El trabajo en pretemporada

Este invierno en la Academia JC Ferrero Equelite de Villena estuvo trabajando en la paciencia, la consistencia, la capacidad para mantener la brillantez durante más golpes. Con su paleta de recursos, Alcaraz antes pecaba al apresurarse y en arcilla a veces esa estrategia fracasa. "Entrenamos para que, sin perder su velocidad y su fuerza, fuera más consistente. Si antes podía meter tres bolas seguidas cerca de la línea, que ahora metiera cuatro o cinco. Eso le hace mejorar en cada punto, ser todavía más peligroso», analizaba Antonio Cascales, entrenador de Juan Carlos Ferrero durante toda su carrera y parte del equipo del nuevo número dos del ranking mundial.

Ahora Alcaraz ya vuelve a estar por delante de Novak Djokovic en la lista ATP, sólo por detrás de Jannik Sinner. Ahora Alcaraz ya se encuentra entre los elegidos que han conseguido el Surface Slam, el pleno en todos los terrenos, y la lista no es larga. Desde 1978, cuando el US Open cambió la hierba por el cemento, sólo lo habían conseguido 13 tenistas, seis de ellos hombres, Nadal, Djokovic, Federer, Agassi, Connors y Wilander, y ninguno lo había hecho ni tan rápido ni tan pronto. Alcaraz acaba de cumplir los 21 mientras Nadal lo logró con 22 años y medio y Wilander, con 23 años y medio. Alcaraz ha necesitado menos de dos años, exactamente en 634 días, para dominar todas las superficies mientras Nadal, que también tenía el récord previo, requirió el doble de tiempo, casi cuatro años, 1.336 días.

La posibilidad de repetir

"En cuanto empezó a entrenar en pista rápida tanto su padre como yo teníamos claro que le iría bien. Siempre entrenó en tierra batida, pero su juego, tan agresivo, tan variado, con tantas subidas a la red, es ideal para cemento. Veremos ahora si consigue más US Open o más Roland Garros", aventuraba el entrenador de adolescencia de Alcaraz, Kiko Navarro, ante un futuro brillante.

Ahora Alcaraz, que debe volver a saltar de superficie para intentar mantener el título en Wimbledon y regresar de nuevo a la tierra batida para los Juegos Olímpicos de París, está en disposición de construir una carrera multisuperficie como se han visto pocas. Si sólo hay seis tenistas que hayan ganado en todas las superficies, sólo dos de ellos han repetido, Djokovic y Nadal. El primero ganó tres veces aquí, en París, su punto débil porque enfrente tenía al español, que venció dos veces en Wimbledon, en hierba. ¿Los superará Alcaraz? Quién sabe, pero sus primeros años, de momento, son inmejorables.

De Nadal a Alcaraz: del método al instinto

De Nadal a Alcaraz: del método al instinto

Hijo de la tierra, concebido sobre ella para su explotación y disfrute, Rafael Nadal ha obtenido en esta superficie buena parte de su inmenso patrimonio profesional. El mallorquín irrumpió en arcilla. Primero, en aquella final de la Copa Davis en 2004, cuando fue reclutado por la entonces capitanía colegiada del equipo español para disputar el individual frente a Andy Roddick, en perjuicio de Juan Carlos Ferrero, hoy entrenador de Carlos Alcaraz. Meses después, ya prologadas sus habilidades en la gira europea, Montecarlo, Barcelona, Roma, con la conquista de la primera de sus 14 copas en Roland Garros.

Recién cumplidos los 19 años, dos menos que Alcaraz, Nadal pasó por encima de Roger Federer, entonces número 1 del mundo e indiscutible dominador del circuito, en semifinales, antes de imponerse en la final al argentino Mariano Puerta. Estábamos, estamos, ante un auténtico especialista, un zurdo capaz de revolucionar la pelota hasta el infinito con su drive liftado, de crear ángulos que cuestionaban las reglas de la geometría. Un fajador curtido también en el arte de la defensa. Un danzarín que resbalaba sobre el polvo de ladrillo sin ofrecer flancos vulnerables.

Hay evidentes confluencias entre el flamante campeón del torneo y el hombre que ha establecido un registro tal vez inalcanzable. Les une la explosividad, el ardor mediterráneo, el sentido táctico, una cultura común que ya convirtieron en dominante en otro tiempo, cada una con sus propios matices, raquetas como las de Manolo Santana, Andrés Gimeno, Sergi Brugera, Carlos Moyà, Albert Costa, Ferrero, Arantxa Sánchez Vicario y Garbiñe Muguruza. Pero la génesis, la personalidad y la forma de desenvolverse en la pista de Nadal y Alcaraz es distinta.

Estreno en Nueva York

Alcaraz ganó el primero de sus tres grandes sobre el cemento de Flushing Meadows en 2022. El siguiente lo consiguió un curso más tarde sobre la hierba del All England Club. Ha sido en su cuarta participación en Roland Garros, asimilado el trance de la semifinal perdida en 2023 frente a Novak Djokovic, cuando ha tocado el centro de la tierra. Comparte la formación y el concepto de juego de los españoles, pero tiene mucho de librepensador, se mueve por instinto y cuenta con una versatilidad a partir de la cual se explican los éxitos que precedieron al conseguido este domingo en Roland Garros tras imponerse en la final a Alexander Zverev.

Nadal, poseedor de 22 majors, ganó el primero de sus dos títulos en Wimbledon en 2008, ya con cuatro victorias consecutivas en París. Fue el triunfo de la perseverancia y la capacidad de adaptación. Hasta su llegada, y sobre todo a partir de los años setenta, la hierba había sido mirada con cierto complejo y desdén por parte de los jugadores españoles. No así entre las mujeres, pues ahí están los triunfos de Conchita Martínez y Muguruza y las dos finales de Sánchez Vicario.

Nadal ponderó desde el principio el inmenso valor de un torneo como Wimbledon. Perdió en tercera ronda en 2003 y en segunda en 2005, perdió dos finales consecutivas contra Federer antes de destronarle en el inolvidable atardecer de 2008. Dos años después volvería a ganar el torneo y se haría también, en su octava participación, con el primero de sus cuatro Abiertos de Estados Unidos, en una de las mejores temporadas de su vida. En 2009 había ganado el primero de sus dos Abiertos de Australia.

Sólo cuatro 'intrusos'

Desde la victoria de Nadal hace 19 años y la conseguida ahora por Alcaraz, sólo otros tres jugadores levantaron la Copa de los Mosqueteros: Federer, en 2009, Stan Wawrinka, en 2015, y Djokovic, en 2016, 2022 y 2023. Nadal hizo valer sus aptitudes congénitas sobre la superficie en el momento más deslumbrante de la historia del tenis, en competencia directa con Djokovic, 24 grandes, y Federer, 20. Alcaraz vive en un tiempo distinto, con una rivalidad que se vislumbra intensa y longeva con Jannik Sinner, a quien derrotó en las semifinales del viernes, aún con Djokovic sin haber dicho su última palabra y a la espera de la progresión de otros jugadores que tratan de seguirle el paso, ya a una considerable distancia. Es "demasiado bueno", como apuntaba Stefanos Tsitsipas tras verse sometido una vez más en cuartos, y se puede esperar todo de él.

Nadal creció desde la tierra y forma parte del selecto grupo de ocho jugadores que han conquistado los cuatro grandes: Fred Perry, Donald Budge, Rod Laver, Roy Emerson, Andre Agassi, Federer y Djokovic. Lo suscribió con 24 años y 32 días. Fue el tercero más joven en lograrlo, el primero en la era profesional. Alcaraz podría superar en precocidad incluso a Laver y Budge si conquista el próximo Abierto de Australia. Cumplió los 21 el pasado 5 de mayo.

Alcaraz, en la final que tantas veces soñó de niño: “Salía corriendo del cole para ver Roland Garros”

Actualizado Domingo, 9 junio 2024 - 01:09

Fue en mayo de 2015 cuando Carlos Alcaraz visitó París por primera vez y se estrenó en Roland Garros. Tenía 12 años recién cumplidos. Como campeón de un torneo alevín en España, fue invitado al Longines Future Tennis Aces, un Roland Garros sub-13 oficioso, y junto a uno de sus primeros entrenadores, Carlos Santos, vivió la experiencia completa: jugó en unas pistas situadas a los pies de la Torre Eiffel, conoció la Philippe Chatrier y pudo ver la victoria de Novak Djokovic ante Rafa Nadal en unas pantallas gigantes instaladas en el Campo de Marte. Entonces cayó en semifinales ante un rival chino, Xiaofei Wang, que venía de derrotar a Holger Rune y que le desesperó: Alcaraz, raro en él, llegó a discutir con el juez de silla. Entonces ya soñaba con ganar algún día Roland Garros, el Roland Garros de verdad. Este domingo (14,30 horas, Eurosport) en la final ante Alexander Zverev tendrá la primera oportunidad de cumplir ese anhelo.

«Aquella fue la única vez que vine a París antes de debutar ya en el torneo grande [en 2020, cayó en el clasificatorio]. Fue muy bonito: jugar abajo de la Torre Eiffel, vivir la experiencia de un partido internacional... Recuerdo coincidir con Holger, por ejemplo. Guardo muy buenos recuerdos», explica Alcaraz que nunca ha escondido la importancia de Rafa Nadal en su formación y, por lo tanto, la influencia del Grand Slam parisino.

Dan IstiteneMUNDO

«Con este torneo siempre he tenido un feeling especial, está claro. Cuando era pequeño salía corriendo de clase para encender la tele y ver Roland Garros. Coincidía muy bien en horas, ya estaba acabando el curso... Vi muchos partidos. Por supuesto veía siempre los de Rafa y muchos otros», rememora el actual número tres del ranking mundial que, aunque triunfó antes en el US Open y en Wimbledon, ambiciona escribir por fin su nombre en la lista de campeones que decora la Philippe Chatrier. «1925. René Lacoste», se puede leer en las paredes exteriores y la enumeración va avanzando hasta que hay un momento que parece que se ha atascado. «2005. Rafa Nadal», empieza y luego, ya saben, medio estadio pintado con el mismo nombre.

Aquellos partidos en Tarbes

«Su sueño siempre ha sido ganar Roland Garros. Se ha criado viendo a Rafa, en su entorno siempre estábamos con Roland Garros en la boca y, es más, en su club sólo teníamos pistas de tierra batida», recuerda Kiko Navarro, entrenador de adolescencia de Alcaraz junto al propio Campos, quienes guiaron sus pasos antes que lo hiciera su actual técnico, Juan Carlos Ferrero. El ex entrenador del español incide en un detalle curioso. Aunque su juego se adapta a todas las superficies, hasta que tenía 14 o 15 años apenas había entrenado sobre cemento, mucho menos sobre hierba. Entonces en el Club de Campo de El Palmar sólo había tierra batida.

«Teníamos 13 pistas y todas eran de tierra. Luego con su tío abuelo Paco conseguimos convertir una de esas en una pista rápida. Creo que por eso nunca le fue muy bien en Le Petits As», analiza Navarro y nombra el otro torneo francés que encaró Alcaraz durante su formación. Cada enero, en Tarbes, cerca de Pau y de los Pirineos, se disputa una especie de Mundial sub-14 oficioso y el español estuvo dos veces, en 2016 y en 2017. La primera vez sólo ganó un partido y la segunda, tres. «Su formación en tierra le perjudicaba entonces», finaliza el ex técnico de Alcaraz que rememora sus aspiraciones infantiles.

Los dibujos con el trofeo

En un Campeonato de España sub-10 le entrevistaron por primera vez en su vida y reconoció que Roland Garros era su mayor deseo. Luego, dos años más tarde, con más partidos vistos, en otra entrevista añadió Wimbledon a la ecuación. «Sí, sí, en las primeras entrevistas hablaba de Roland Garros», asegura Josefina Cutillas, la psicóloga que ayudó a Alcaraz en sus inicios, de los 8 a los 16 años, con una anécdota: el hoy tenista solía dibujar y se retrataba a sí mismo levantando la Copa de los Mosqueteros. Cutillas guarda algunas de esas pinturas para la historia, aunque aseguran que no verán la luz si el tenista no lo pide expresamente. Quizá nunca haga falta: este domingo mismo puede convertir aquellos dibujos en realidad.

Christophe EnaAP

Enfrente, Zverev, un tenista ante el que ha perdido más partidos (cinco) de los que ha ganado (cuatro), pero que ha sucumbido ante él en los últimos meses. En cuartos de final del último Masters 1000 de Indian Wells, Alcaraz venció por 6-3 y 6-1. Entre las armas del alemán para ganar Roland Garros, su saque agresivo, la potencia con el revés y las ganas de levantar por fin, a los 27 años, un Grand Slam. Entre los argumentos del español, todos los recursos tenísticos que existen, un físico capaz de aguantar cinco sets al máximo y, sobre todo, el sueño de cuando era un niño.

Zverev, mejorado y reivindicativo

Zverev, mejorado y reivindicativo

Actualizado Sábado, 8 junio 2024 - 20:17

Nominado para liderar el relevo generacional del Big 3, Alexander Zverev carecía hasta ahora de le estabilidad suficiente para responder a semejante cometido. A los 27 años, se presenta en su primera final de Roland Garros en pleno proceso de maduración, con la cabeza mejor amueblada y fortalecido por las adversidades sufridas en el terreno personal y profesional. El campeón del reciente Masters 1000 de Roma es un jugador más consistente que anta

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Swiatek pasa por encima de Paolini y levanta su cuarto Roland Garros

Actualizado Sábado, 8 junio 2024 - 16:59

Hubo unos minutos, en segunda ronda, ante Naomi Osaka, en los que Iga Swiatek pareció mortal. Desafinaba con sus golpes, incluso defendió una bola de partido en contra. Fue un espejismo. La número uno del mundo levantó este sábado su cuarto Roland Garros en una final sin discusión, sin competencia, sin historia. Ante la italiana Jasmine Paolini, Swiatek dominó con un 6-2 y 6-1 en sólo una hora y cinco minutos de juego para elevarse todavía más en la historia. Ya suma más títulos en París que Arantxa Sánchez Vicario, Monica Seles o Serena Williams y por encima sólo tiene a cinco mujeres: Chris Evert, Suzanne Lenglen, Steffi Graf, Adine Masson y Margaret Court. Las alcanzará.

Más allá de sus 23 años, excelente motivo para pensar en más éxitos futuros, Swiatek se encuentra ahora como dominadora única del circuito. Nadie la puede parar. En pistas duras corre peligro ante tenistas más altas y fuertes que ella, pero en tierra batida nadie resiste ante su velocidad y la velocidad que imprime a la bola.

"Casi me eliminan en segunda ronda, así que gracias a todo el mundo por apoyarme. Ha sido un torneo muy emocional para mí", comentaba muy nerviosa la polaca después de cerrar el partido, enviar unos mensajes por el móvil y recibir el trofeo de manos de Evert y Martina Navratilova. Mientras, su rival, Paolini, pasaba por el trago de la mejor manera posible. "Han sido los mejores días de mi vida, era muy difícil intentar ganar hoy a Iga en esta pista", comentaba también clasificada para la final de dobles de este domingo. De alguna manera para Paolini este sábado su éxito ya era estar allí. Fuera del Top 25 del mundo hasta su explosión este año, la italiana era una rival ideal para la enésima exhibición de Swiatek.

Menuda y rápida como la polaca, en el intercambio de iguales tenía muchas opciones de perder. Sus argumentos tenísticos flaqueaban ante Swiatek, pese a su actitud. Porque, en su debut en la final de un Grand Slam, la italiano saltó decidida y sorprendió. En el segundo turno de saque de la polaca, se encontró con una bola de break y la aprovechó. El público de la Philippe Chatrier, que temía otro paseo de Swiatek, otro partido breve, se frotaba las manos. Por fin una final disputada, espectacular, larga. Pero desde ahí la número uno arrambló con todo. Ganó el siguiente juego, y el siguiente y el siguiente y así hasta 11 consecutivos para llevarse la final y su cuarto Roland Garros.

Los gritos de Ferrero, el jugo de pepinillo y la “cabeza fuerte”: las claves de la victoria de Alcaraz ante Sinner

Actualizado Viernes, 7 junio 2024 - 23:03

En el laberinto del tenis de Jannik Sinner, Carlos Alcaraz no encontraba la salida hasta que su entrenador, Juan Carlos Ferrero, le empezó a guiar. «¡Esto es muy largo, Charly, pero hay que buscarlo! ¡Constante! ¡Constante!», reclamaba el técnico en el primer set cuando todo parecía caerse y Alcaraz no sabía cómo sostenerlo. «¡Me equivoco todo el rato, tío!», se quejaba el tenista. Al final tenía razón Ferrero. Las semifinales fueron muy largas,

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Alcaraz vence a Sinner en una guerra de nervios y jugará su primera final de Roland Garros

Actualizado Viernes, 7 junio 2024 - 18:50

El padre de Carlos Alcaraz hacía el gesto de secarse el sudor de la frente; cuánto sufrimiento. Por primera vez su hijo disputará la final de Roland Garros después de aguantar para vencer a Jannik Sinner por 2-6, 6-3, 3-6, 6-4 y 6-3 en unas semifinales de nervios, temblores y calambres. Hasta dos veces estuvo derrotado el español y hasta dos veces se levantó para llevarse una victoria que recordará por lo que fue. No hubo disfrute, pero sí supervivencia. La madurez era esto.

Los dos jugadores, sus equipos, el público y la televisión esperaban un partidazo, un choque en los cielos, un 'remake' de los duelos que protagonizaron el 'Big Three' y no sucedió de esa manera. Alcaraz y Sinner estuvieron agarrotados la mayoría del tiempo y triunfó quien se liberó en los momentos decisivos, quien jugó mejor al final, quien supo concluir. Los 102 errores no forzados que sumaron entre ambos resumen lo ocurrido en la Philippe Chatrier, pero el valor histórico de la victoria es el mismo. El domingo (15.00 horas, Eurosport), ante el vencedor del duelo entre Alexander Zverev y Casper Ruud, Alcaraz puede convertirse en el décimo español que levanta la Copa de los Mosqueteros.

Hubo una constante en el encuentro que duró más de cuatro horas: cuando jugaba uno, no jugaba el otro. Y hasta el desenlace los instantes de brillantez siempre pertenecieron a quién perdía. Toda la expectación, la motivación y la ilusión que portaban Alcaraz y Sinner se convirtieron en nervios y el intercambio fue extraño. Desde el principio.

El inicio arrollador de Sinner

Durante la primera hora de partido, Alcaraz apenas levantó la mirada; el público no le vio los ojos. Sinner lo dominaba todo, el tenis era suyo, todo lo que ocurría nacía de sus manos. El italiano, menos emocional, apareció en la Philippe Chatrier como un ciclón, dominador y veloz, y al otro lado no había respuesta. La mirada al suelo. El ánimo por los suelos. Pero la proximidad de la derrota despertó a Alcaraz.

DIMITAR DILKOFFAFP

Mientras Sinner empezaba a bajar su efectividad -sobre todo en el saque-, Alcaraz soltaba su derecha y veía la luz. Al final, el nuevo número uno del ranking ATP, un hombre de hielo, sereno como pocos, también sucumbió al miedo. Con calambres en los brazos y más lento, concedió el segundo set y los temores de uno y del otro chocaron en el tercer set.

La reacción de Alcaraz

Un aficionado canta, "Papapapapapapapapapa", y el resto contesta: "¡Olé!". Es una tradición en muchas pistas de tenis, más en la muy española Philippe Chatrier pero en ese tercer periodo nada salía bien. "Papapapapapapapapapa", entonaba un espectador en ese momento y soltaba tal gallo que nadie le respondía; un escalofrío recorría las gradas. Sirva la anécdota para resumir lo ocurrido.

Alcaraz es más terrícola, por eso es favorito

Actualizado Viernes, 7 junio 2024 - 02:07

Carlos Alcaraz contra Jannik Sinner, el partido que todos los aficionados esperaban, el que más atención atrae hoy en día. Mi pronóstico es que ganará Alcaraz, creo que es favorito.

Habrá mucha igualdad, los dos están jugando de película, pero Alcaraz es más terrícola. Aunque su juego es agresivo, aunque no es tan defensivo como manda la tradición española, es una bestia físicamente y domina las dejadas, que son claves en la tierra batida. Alcaraz

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Las rutinas de Alcaraz en París: un “¡golpea todo lo duro que puedas!” a su hermano, los paseos por el bosque y el risotto

Actualizado Jueves, 6 junio 2024 - 22:36

«Intenta pegar todo lo duro que puedas», reclamaba este jueves el entrenador, Juan Carlos Ferrero, y, al otro lado de la pista, Álvaro Alcaraz, en labores de sparring, se dejaba el físico. Debía ser Jannik Sinner, el rival de su hermano Carlos este viernes en semifinales de Roland Garros (14.30 horas, Eurosport), como antes fue Stefanos Tsitsipas, Félix Auger-Aliassime o Sebastian Korda. «Venga, al mejor de tres», retaba Ferrero a los hermanos e

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