Los desafíos de la película más ambiciosa sobre la F1: de los consejos de Mercedes al grave 'spoiler' en Yas Marina

Los desafíos de la película más ambiciosa sobre la F1: de los consejos de Mercedes al grave ‘spoiler’ en Yas Marina

La más ambiciosa película jamás filmada sobre la Fórmula 1, con un elenco liderado por Brad Pitt y Javier Bardem, llega de la mano de un spoiler. Nada extraordinario, pero spoiler al fin y al cabo. El próximo 25 de junio, en los cines de todo el planeta, millones de espectadores podrán regodearse con el final feliz de F1, el rodado por Joseph Kosinski durante el reciente GP de Abu Dhabi. El pasado 8 de diciembre, en el podio de Yas Marina se filmaron dos escenas donde el equipo de Pitt brindaba con champán, en compañía de Charles Leclerc y George Russell. La gran estrella de Hollywood, que no ha dudado en ponerse al volante durante las escenas de acción, junto a dos de los mejores pilotos del Mundial. El colofón para la cinta producida por Apple TV. Una apuesta de riesgo, dado su astronómico presupuesto, que ya supera los 300 millones de dólares, en la línea de Mission Impossible: Dead Reckoning y Avatar.

«Estamos totalmente convencidos de que esta película llevará a otra dimensión a nuestro deporte en términos de popularidad», vaticinó, en junio de 2023, Stefano Domenicali. A un par de semanas del inicio del rodaje, el CEO del Gran Circo preveía un impacto similar al de Drive to Survive, la popular serie de Netflix. Hoy, a seis meses de su estreno, los análisis no resultan tan entusiastas. Al menos, a tenor de las audiencias en EEUU, el mercado estrella para la Fórmula 1, donde el Mundial 2024 registró una media de 1,1 millones de televidentes, por debajo ya de las cifras de 2022 (1,2 millones). Según los cálculos de los grandes estudios, para que F1 resulte rentable deberá recaudar al menos 750 millones de dólares. Un hito sólo al alcance de tres estrenos a lo largo de 2024 (Deadpool y Lobezno, Del revés 2 y Gru 4. Mi villano favorito).

La delgada línea entre el éxito y el fracaso se dilucidará con el material rodado en los circuitos del Mundial. Desde el GP de Gran Bretaña 2023, con varias secuencias en la parrilla de Silverstone, a los más recientes en Hungría, Las Vegas o Abu Dhabi, donde la cinta -como el propio campeonato- termina. Una de las obsesiones de Kosinski, cuyo pulso narrativo guio la muy taquillera Top Gun: Maverick, fue plasmar las sensaciones al volante de los coches más complejos del mundo. Así que, siguiendo el consejo de Toto Wolff, team principal de Mercedes, adaptó un monoplaza de Fórmula 2, montó 15 cámaras en él y sentó dentro a sus actores. Lewis Hamilton también quiso supervisar el proceso. No por amor al cine, sino porque se juega mucho dinero a través de su productora Dawn Apollo Films. «Tratamos de ser útiles con la narrativa. Lewis es productor ejecutivo, por lo que quería asegurarse que sea lo más realista posible», añadió Woff.

«No tuve que ensayar»

Tanta cuota de pantalla para las Flechas de Plata, por supuesto, terminaría soliviantando a Red Bull, que temió convertirse en el «villano» de la historia. «Tardamos tres años en convencerles de que no iban a serlo», explicó Jerry Bruckheimer, un productor de indiscutible olfato comercial (Superdetective en Hollywood, Piratas del Caribe o CSI: Las Vegas). Su guion, firmado por Ehren Kruger y Kosinski, se centra en la relación entre Pitt, piloto veterano que regresa al Mundial años después de un terrible accidente, y Damson Idris, su compañero novato de raza negra. Ninguno de los dos consigue sacar al APX GP del fondo de la parrilla. Hasta la última carrera en Abu Dhabi, claro. Para añadir empaque, Bardem se pondrá en la piel del dueño de la escudería. Y para potenciar la epopeya, su partitura la compondrá Hans Zimmer, uno de los músicos más aclamados de Hollywood.

«Todos los equipos nos han abierto las puertas. Mohammed [Ben Sulayem] y Stefano [Domenicali] nos han ayudado mucho. La película va a ser realmente buena», relató Pitt nada más ponerse ante las cámaras, muy agradecido con el presidente de la FIA y con el CEO de la F1 por las facilidades para montar su garaje, el undécimo de la parrilla, cada fin de semana. Y por el permiso para utilizar la pista, con público en directo, durante los breves intervalos en los que permanecía vacía. Se prevé que el rol de Max Verstappen, Fernando Alonso o Carlos Sainz, no pase de muy secundario. El pasado julio, el corralito instalado por las televisiones en Silverstone se vio más animado que de costumbre por la irrupción de las cámaras de Kosinski. «No tuve que ensayar», admitió Alonso, cuyas dotes dramáticas siempre suscitan comentarios en el paddock. «No fue demasiado difícil, así que espero que salga bien en la pantalla», admitió el asturiano.

Pitt, en la parrilla del GP de Gran Bretaña 2023.

Pitt, en la parrilla del GP de Gran Bretaña 2023.GETTY

Asimismo, se confía en la profesionalidad de la segunda unidad de Kosinski durante los 148 días, entre mayo y septiembre de 2023, que duró la huelga de actores y guionistas. Había que cumplir con los plazos y minimizar un gasto ya desorbitado. Sólo el caché de Pitt ronda los 30 millones de dólares, pero a sus 60 años ha entrenado durante cinco meses para adaptarse a un monoplaza. Cuando preguntaron a Bruckheimer sobre la velocidad del coche, el veterano productor optó por la ironía:«No puedo decírtelo. La compañía de seguros me mataría».

Sin embargo, pese a tantos ganchos comerciales, a Apple le costó encontrar distribuidores que facilitasen el estreno en los cines. Cuando pudo sellar su alianza con Warner Bros y Sony, empezaron a fantasear con que F1, en pantalla grande y con tecnología IMAX, pueda convertirse en una experiencia cinematográfica inmersiva. En la línea de Barbie y Oppenheimer. Un éxito de taquilla en cada rincón del planeta.

Los últimos días de Ayrton Senna en Imola: calor anómalo, "condiciones extrañas" y los malos presagios de sus lágrimas por la muerte de Ratzenberger

Los últimos días de Ayrton Senna en Imola: calor anómalo, “condiciones extrañas” y los malos presagios de sus lágrimas por la muerte de Ratzenberger

Actualizado Viernes, 29 noviembre 2024 - 19:37

Imola, jueves 28 de abril de 1994, hora del almuerzo. Es un día espléndido, el sol pega fuerte sobre el circuito de Fórmula 1. Hace tanto calor que parece verano. Los mecánicos de los monoplazas trabajan sin descanso. Sudan incluso vistiendo camisetas ligeras.

El paddock aún duerme, estamos en la víspera de los entrenamientos libres y hay poca gente. Silencio. Ayrton Senna (34 años cumplidos en marzo) está ocupado atendiendo entrevistas. Se presta a la televisión y a los fans, dispuesto a intercambiar unas palabras con cualquiera que se le acerque. Lleva pantalones claros, una camisa azulada arremangada y no tiene puesta la -casi siempre presente- gorra con la inscripción "Nacional".

Parece sereno. Ha llegado a Italia sin su novia Adriane Galisteu (a quien llaman "las mejores curvas de Senna") -lo acompaña su hermano Leonardo- y tiene unas inmensas ganas de redimirse. En los primeros dos Grandes Premios de la temporada siempre ha conseguido la pole position, pero no ha terminado las carreras (retirada en Brasil y en Japón), mientras que un tal Michael Schumacher en su Benetton ha acumulado buenos puntos para el campeonato.

Así comienza el último fin de semana del piloto brasileño, tres veces campeón mundial. El último capítulo de una historia que en Netflix cuenta en la serie Senna, disponible desde el 29 de noviembre.

Imola, viernes 29 de abril de 1994, hora del almuerzo. El ruido de los monoplazas resuena en toda la ciudad. El circuito bulle de aficionados de todo el mundo y el día es extremadamente caluroso. Senna se queja tanto de la temperatura como del viento: tiene el monoplaza más rápido (el Williams que en 1993 coronó a Alain Prost como campeón del mundo) pero no puede controlarlo. El habitáculo es demasiado estrecho. Está incómodo. La aerodinámica presenta problemas: faltan las suspensiones activas que fueron determinantes el año anterior y que ahora están prohibidas por la FIA.

Está en el box cuando ve en los monitores el choque de un bólido contra una pila de neumáticos: el brasileño Rubens Barrichello, su protegido, desintegra el Jordan al chocar a 200 kilómetros por hora contra las barreras de la Variante Bassa. Un accidente espantoso. Barrichello sobrevive de milagro: tiene suerte y sale con una fractura del tabique nasal, una costilla fisurada, un brazo magullado y amnesia.

Senna ya no se muestra tan sereno. Habla con los periodistas sobre "condiciones extrañas", no solo por el calor anómalo. Ha dejado de sonreír. Alguien difunde el rumor de que preferiría no correr. ¿Verdadero o falso?

Imola, sábado 30 de abril de 1994, hora del almuerzo. Tests clasificatorios según la hora programada. Senna sabe que en la vuelta rápida tiene pocos rivales, aunque su Williams no es tan excepcional como el de 1993, huérfano de las "mágicas" suspensiones activas.

Todo transcurre sin problemas, el piloto de São Paulo conquista la pole position. Sin embargo, no hay nada que celebrar. El austriaco Roland Ratzenberger se estrella a 300 kilómetros por hora contra el muro de la curva Villeneuve. Muere. Senna entra en crisis. Llora detrás del box, inconsolable. Piensa que está solo, lejos de miradas indiscretas, libre para desahogarse, pero alguien lo observa. Está desesperado y furioso. Huye del paddock. Desaparece. No hay entrevistas. Los periodistas brasileños son los únicos que lo esperan pacientemente para una declaración. Pero él no quiere ver a nadie. "Nunca había pasado que nos ignorara a nosotros, los periodistas brasileños", dicen decepcionados. Mal presagio.

Anochece. Pasadas las 18:00 h, el box de Williams ya está cerrado. David Brown, el rubio ingeniero de pista de Senna, dice: "El coche está bien, no necesita modificaciones, hemos terminado de trabajar por hoy". Extraño. Porque en Ferrari todavía esperan el nuevo motor que llega desde Maranello, para montarlo durante la noche, mientras que en el equipo de Sir Frank el equipo se dispersa antes de la cena. ¿Había pasado esto antes? Quien sabe.

Primeras atenciones a Ayrton Senna tras sufrir un accidente mortal en Imola.

Primeras atenciones a Ayrton Senna tras sufrir un accidente mortal en Imola.E. M.

Imola, domingo 1 de mayo de 1994, hora del almuerzo. Los pilotos se preparan para el Gran Premio, a pesar de la muerte de Ratzenberger. No es costumbre cancelar las carreras por un luto. El show debe continuar. Se da la salida. Senna está a la cabeza, perseguido por Schumacher. En la séptima vuelta, a las 14:17 h, Ayrton se estrella a 200 kilómetros por hora contra el muro de Tamburello. No puede evitar el impacto porque la columna de dirección se ha roto. El choque con el cemento no es tan devastador, pero el destino interviene: un brazo de la suspensión vuela por el aire y, como una flecha puntiaguda, entra en el casco del piloto (entre la carcasa y la junta de goma), penetrando en el cráneo del genio. No hay mucho que hacer.

El helicóptero desciende sobre la pista. Aunque no tenía permiso para realizar esta maniobra, recoge a Senna y lo lleva al hospital de Bolonia, donde muere. Alguien ya se desespera en las gradas: sabe que el helicóptero no puede aterrizar en el circuito y, si ha violado el protocolo, algo ha ido muy mal. Sin embargo, el GP no se detiene, gana Schumi. El resto es historia.