España empieza con buen pie el Mundial de 2026. Un despegue suave para la selección de Luis de la Fuente, que tendrá rivales asequibles que no deberían complicarle la primera fase del campeonato. El sorteo -convertido por la FIFA en un show con sello estadounidense, a mayor gloria de Donald Trump- ha encuadrado a la selección en el Grupo H con enfrentamientos con la debutante Cabo Verde, Arabia Saudí y la Uruguay de Marcelo Bielsa. Al clasificarse los dos primeros equipos de cada uno de los grupos, España no debería tener problemas para estar en la fase de dieciseisavos de final, si quiere cumplir con su condición de aspirante al título. Además, este sorteo ha dejado un reguero de similitudes con aquel en Sudáfrica donde se bordó la primera estrella en la camiseta.
La FIFA hará público el calendario de sedes y horarios este sábado, pero la selección debutará el lunes 15 de junio ante Cabo Verde en las sedes de Miami o Atlanta, en la costa Este. Esta ex colonia portuguesa no es el país más pequeño presente en el Mundial porque le arrebató esa condición Curaçao, pero con apenas medio millón de habitantes y la mitad de extensión que la Comunidad de Madrid, pondrá a prueba su apuesta por el fútbol, que le ha llevado a buscar jugadores con antepasados caboverdianos por LinkedIn.
De hecho, más de la mitad de los jugadores que Pedro Leitão Brito, 'Bubista', el seleccionador con un breve pasado en el Badajoz, han nacido en Europa: seis en Países Bajos, cinco en Portugal, dos en Francia y uno en la República de Irlanda. En la lista definitiva podrían estar Duk, jugador del Leganés y Bebé, en las filas del Ibiza. El éxito es haber conseguido su billete después de haber sido el peor equipo en la fase de clasificación para la Copa África que arranca en unas semanas.
21 y 26 de junio
El segundo partido lo disputará España frente a Arabia Saudí el domingo 21 de junio, de nuevo en Miami o Atlanta. Los saudíes vuelven a un campeonato del Mundo en el país donde se estrenaron en 1994 y la inquietud que generan es, además de la experiencia de su seleccionador, Hervé Renard, y del crecimiento de su liga en los últimos cuatro años, haber sido la selección capaz de derrotar en Qatar a la Argentina de Messi y complicarles el camino hacia el título. No debería ser rival para España, pero no se confían.
El grupo lo cerrará la selección el viernes 26 de junio ante Uruguay esta vez en Houston o en Guadalajara, en México. Puede ser el partido que decida si España es primera y se garantiza un camino más fácil en los dieciseisavos. Es la segunda vez que, en un Mundial, aparece en el camino Marcelo Bielsa. La primera fue en 2010, en Sudáfrica, también en el Grupo H, pero esta vez el Loco defendía los colores de Chile. No atraviesan los charrúas su mejor momento, como se vio en Qatar, pero tienen viejos conocidos como Josema Giménez, Fede Valverde o Ronald Araújo que saben cómo se las gastan Lamine, Oyarzabal o Pedri.
Si España queda primera o segunda de este grupo, estará en la ronda de dieciseisavos, que se recupera ante el aumento de participantes. Por su condición de número 1 del ranking FIFA, quedar primera conlleva un premio extra: evitaría a Argentina hasta la final y con Francia o Inglaterra no se cruzaría hasta la ronda de semifinales, siempre y cuando estas selecciones sean también primeras de grupo.
Shaquille O’Neal, con la papeleta de Uruguay, el viernes en el sorteo.AFP
El sorteo ya ha deparado que los rivales de la selección en la segunda ronda del torneo saldrán del Grupo J, donde están encuadradas Argentina, como favorita, Austria, Argelia y Jordania, y las sedes serían de nuevo Miami o Los Ángeles. Si España y Argentina cumplen y ambas lideran sus grupos, el cruce no se antoja complicado para ninguna. Si una de las dos tropieza, se tienen en el horizonte. Si cumplen, los españoles podrían mirar en octavos cómo han quedado los grupos de Portugal e Inglaterra, y sus cruces. Lo que queda claro es que con la Brasil de Ancelotti no se vería las caras hasta una final.
El Mundial arrancará el 11 de junio con el partido inaugural en el estadio Azteca entre México y Sudáfrica —como ocurrió en Sudáfrica, otro dato para los supersticiosos— y la final se disputará el 19 de junio en el MetLife de Nueva Jersey tras la disputa de 103 partidos que determinará qué selección de las 48 participantes alzará la Copa del Mundo. Solo ocho equipos lo han logrado: Uruguay, Brasil, Argentina, Italia, Alemania, Francia, Inglaterra y España. Solo los azzurri no tienen aún garantizada su presencia en el Campeonato del Mundo.
Serán 104 partidos los que decidirán el campeón del último Mundial que disputarán Leo Messi y Cristiano Ronaldo, leyendas de nuestra época. Ante eso, Argentina y Portugal han tenido relativa suerte al cruzarse con Austria y Colombia como principales escollos en el sorteo de la fase de grupos. Un sorteo gigante, por primera vez con 48 equipos, 32 de los cuales pasarán a la ronda de dieciseisavos: los dos primeros de cada grupo y los ocho mejores terceros. Demasiado abanico para ver sorpresas. O no.
El evento ha deparado un par de conatos de grupos de la muerte. Mbappé y Haaland, herederos del trono del argentino y el luso, se medirán junto a Senegal en el inicio de un torneo que debe impulsarles en su carrera hacia el Balón de Oro. Croacia y Ghana tentarán a la Inglaterra de Bellingham y Tuchel, Ecuador y Costa de Marfil a la primera Alemania sin Kroos y Marruecos, semifinalista del último Mundial, calibrará las sensaciones de la Brasil de Ancelotti. Pero vayamos por partes.
ANFITRIONES
Sale rentable organizar un Mundial de fútbol, o al menos eso deben pensar Estados Unidos, México y Canadá. Después de darle el Premio FIFA de la Paz a Donald Trump, el sorteo de Infantino le entregó a los tres países que son sede del torneo un reparto no demasiado duro. Sudáfrica, contra el que jugará el partido inaugural el 11 de junio en el Azteca, Corea del Sur y un equipo de la repesca europea (debería ser Dinamarca o República Checa) se medirán a la México de Javier Aguirre. Suiza, Qatar y otro europeo (debería ser Italia) se cruzarán con Canadá, mientras que Australia, Paraguay y uno de los ganadores del playoff europeo (debería ser Turquía) pondrán en problemas al combinado estadounidense.
MESSI Y CRISTIANO
Son las dos grandes estrellas de este torneo. Leyendas en su ocaso que buscan la guinda, si hiciera falta, a sus carreras. El argentino quiere coronar su vitrina con su segundo Mundial (y su tercera final) para superar en números el legado de Maradona en la Copa del Mundo. Para ello el inicio suena apetecible. Compartirá el GrupoJ con Argelia, Austria y Jordania, selecciones que están lejos del máximo nivel de sus conferencias. A la albiceleste se le suele torcer la primera fase, como ya demostró en el Mundial de Qatar, pero la lección de 2022 y la facilidad para superar la ronda inicial allanan el camino argentino.
En cuanto a Portugal, tampoco debería tener problemas. Jugará en el Grupo K contra Uzbekistán y el ganador de la primera repesca internacional, que saldrá del trío formado por Congo, Nueva Caledonia o Jamaica. Rivales menores para una selección que aspirar a ganar su primer Mundial. La única piedra en el camino de su primera fase apunta a ser Colombia, tercera en las eliminatorias sudamericanas para el torneo por delante de favoritas como Uruguay y Brasil.
LOS ASPIRANTES
Francia, Inglaterra, Alemania y Brasil son junto a España y Portugal las selecciones llamadas a competir el trono mundialista de Argentina, y viendo el sorteo no parece que lo vayan a tener muy complicado para plantarse en dieciseisavos, aunque alguna estrella seguro que sufre en el camino. Mbappé liderará a los galos en el Grupo I, donde se medirá a la Noruega de Haaland. Dos compañeros de generación frente a frente en un duelo que tiene claro color 'bleu'. Los nórdicos del gigante del City y de Odegaard, la Senegal de Sadio Mané, invicta en la liguilla africana, y la ganadora de la segunda repesca internacional (Irak, Bolivia o Surinam) intentarán complicar el pase del cuadro de Deschamps.
La Inglaterra de Tuchel, subcampeona de la última Eurocopa, tendrá que ir con cuidado en el Grupo L. Croacia es una de las mejores selecciones de la década contando Eurocopas y Mundiales y seguro que quiere honrar la última Copa del Mundo de Luka Modric (no se atreverá a llegar a 2030, ¿no?), Ghana lideró su grupo africano y fue uno de los máximos goleadores, con Iñaki Williams o Thomas Partey al mando, mientras que Panamá terminó imbatida en la liguilla centroamericana.
Alemania tampoco puede relajarse en el Grupo E, que en Qatar se quedó se quedó fuera a las primeras de cambio. Ecuador, segunda en las eliminatorias sudamericanas, y Costa de Marfil le apretarán las tuercas, mientras que la novata Curazao pondrá el show. Más difícil todavía se lo ha dejado el sorteo a Brasil, que buscará en América pisar una final por primera vez desde 2002. En el camino de Ancelotti, Vinicius, Raphinha y compañía se cruzará Marruecos, semifinalista del último Mundial. Duro enemigo por el primer puesto del Grupo C con Escocia, de regreso a una cita mundialista, y Haití. El F lo pelearán Países Bajos y Japón y el G Bélgica y Egipto.
POSIBLES CRUCES
En el horizonte, unos dieciseisavos que arderán si alguna favorita no termina como primera. España se medirá al segundo del grupo de Argentina, por ejemplo. Unos cuartos de final podrían ser Francia - Países Bajos y España - Bélgica por un lado. En el otro, Brasil - Inglaterra y Argentina - Portugal. Pero la teoría es traicionera.
España empieza con buen pie el Mundial de 2026. La selección de Luis de la Fuente tendrá rivales asequibles que no deberían complicarle la primera fase del campeonato. El sorteo celebrado en Washington la ha encuadrado en el Grupo H con enfrentamientos con la debutante Cabo Verde, Arabia Saudí y la Uruguay de Marcelo Bielsa. Al clasificarse los dos primeros equipos de cada uno de los grupos, España no debería tener problemas para estar en la fase de dieciseisavos de final, si quiere cumplir con su condición de aspirante al título.
La FIFA hará público el calendario de sedes y horarios este sábado, pero la selección debutará el lunes 15 de junio ante Cabo Verde en las sede de Miami o Atlanta, en la costa Este. El segundo partido frente a Arabia el domingo 21 de junio en una de esas mismas sedes, mientras que el grupo, y previsiblemente la primera plaza, se la jugará ante Uruguay el viernes 26 de junio, esta vez en Houston o en Guadalajara.
Si España queda primera o segunda de este grupo, estará en la ronda de dieciseisavos, que se recupera ante el aumento de participantes. Por su condición de número 1 del ranking FIFA, quedar primera conlleva un premio extra: evitaría a Argentina hasta la final y con Francia o Inglaterra no se cruzaría hasta la ronda de semifinales, siempre y cuando estas selecciones sean también primeras de grupo.
El sorteo ya ha deparado que los rivales de la selección en la segunda ronda del torneo saldrán del Grupo J, donde están encuadradas Argentina, como favorita, Austria, Argelia y Jordania, y las sedes serían de nuevo Miami o Los Ángeles. Si España y Argentina cumplen y ambas lideran sus grupos, el cruce no se antoja complicado para los españoles, que en octavos tendrían que mirar cómo han quedado los grupos de Portugal e Inglaterra y sus cruces.
El Mundial arrancará el 11 de junio con el partido inaugural en el estadio Azteca entre México y Sudáfrica, y la final se disputará el 19 de junio en el MetLife de Nueva Jersey tras la disputa de 103 partidos que determinará qué selección de las 48 participantes alzará la Copa del Mundo. Solo ocho equipos lo han logrado: Uruguay, Brasil, Argentina, Italia, Alemania, Francia, Inglaterra y España. Solo los azzurri no tienen aún garantizada su presencia en el Campeonato del Mundo.
Trump, Trump y sólo Trump. El protagonista del sorteo del Mundial este viernes en Washington no ha sido el fútbol, ni el grupo de la muerte, sino el presidente de Estados Unidos. A figuras como la suya en este país las definen como larger-than-life, más grandes que la vida, y el acto montado en torno a su figura y sus obsesiones ha dejado claro que los próximos meses estarán completamente marcados por su presencia. Igual que ocurrió el pasado verano en la final del Mundial de clubes, cuando se saltó el protocolo para eclipsar a los jugadores del Chelsea, o en la final del US Open de tenis, que empezó con una hora de retraso por su asistencia.
Trump no permite que nada, ni nadie le haga sombra. Ya es su Mundial, y no el que comparte con Canadá o México, cuyos líderes Mark Carney y Claudia Sheinbaum, a los que ha ninguneado, insultado o amenazado desde su vuelta al poder, quedaron este viernes relegados a un papel testimonial, a su vera. El fútbol le da igual a Trump, pero sabe que "la Copa del Mundo es el evento más grande, probablemente el evento más grande en los deportes", en sus propias palabras, y coincide además con el 250º aniversario de la independencia de EEUU y el propio cumpleaños del líder republicano, y nadie entiende mejor el poder del simbolismo que él.
Por eso el sorteo de este viernes, en medio de una fuerte nevada tuvo lugar en el histórico Kennedy Center de la capital, un centro cultural de enorme peso en el pasado y en medio de una crisis brutal desde que Trump se colocara a sí mismo al frente de su junta directiva, metiendo de paso a 14 amigos y familiares en ella.
Riendo las gracias
Él fue quien maniobró para que el sorteo se celebrara en Washington y no en las Vegas (como ocurrió antes del Mundial de 1994) y quien insistió en estar presente (a diferencia de Bill Clinton entonces). Quiere estar en el corazón del meollo, igual que hará el domingo, en el mismo escenario, cuando se convierta en el presentador autodesignado del evento anual más importante del Kennedy Center, una gala justo de Navidad que históricamente ha estado en mano de grandes personalidades de la cultura o el periodismo.
El segundo plato de la jornada, más allá de los equipos y sedes, fue la entrega del Premio FIFA de la Paz 2025, un delirante invento del presidente Gianni Infantino para adular al presidente estadounidense con las tres cosas que más le gustan: halagos ante las cámaras, cosas doradas y el reconocimiento como estadista mundial que cree que merece y que el comité del Nobel de la Paz le negó hace unas semanas. Infantino se ha convertido en un habitual del Despacho Oval, riendo las gracias de Trump, mudo ante los ataques o insultos políticos en su presencia. Siempre listo para llevarle regalos y aplaudirle.
La organización emitió un video hagiográfico, comprando toda la narrativa de la administración sobre cómo el presidente estadounidense ha terminado ya con ocho, nueve o 10 guerras, salvando a millones de personas. "Un líder dinámico que ha participado en esfuerzos diplomáticos que crearon oportunidades para el diálogo, la desescalada y la estabilidad, y que ha defendido el poder unificador del fútbol en el escenario mundial", aseguró el equipo de Infantino.
La Copa del Mundo, con su nuevo diseño, el viernes en Washington.AFP
"Este es uno de los mayores honores de mi vida. Más allá de los premios, Gianni y yo hablábamos de esto, porque salvamos millones de vidas (...) Vamos a tener un evento como quizás el mundo nunca haya visto, nunca he visto nada igual (...) La coordinación, la amistad y la relación con México y Canadá han sido excepcionales. Estados Unidos, hace un año, no lo estaba haciendo muy bien, y ahora debo decir que somos el país más caliente del mundo y vamos a mantenerlo así", añadió sin desaprovechar la ocasión de criticar a su predecesor, Joe Biden.
También tuvo tiempo para pronunciarse sobre la selección española, a la que considera una de las grandes favoritas para la victoria final. "Son un gran equipo, siempre lo han sido. Soy fan, amo el país y tienen una muy buena oportunidad", aseguró Trump sobre el combinado nacional a su llegada al evento.
Cierre con Village People
Pero el premio FIFA, o que Andrea Bocelli cantara en un playback clamoroso el Nessun Dorma (una de las piezas favoritas de Trump), no fue todo. En primera fila estaba la persona encargada de la organización del Mundial por parte de la Casa Blanca, Andrew Giuliani, hijo de Rudolph Giuliani, ex alcalde de Nueva York y abogado, confidente y amigo del presidente, ahora caído en desgracia tras perder un pleito multimillonario por difamación. Y a nadie se le escapó el guiño de que en la ceremonia la cerrase Village People, el grupo del legendario himno YMCA, que decenas de millones de estadounidenses asocian ahora a los mítines de campaña de Trump y a su ya icónico bailecito.
Todo pensado y hecho a la medida del presidente estadounidense, con la modelo Heidi Klum y el actor Kevin Hart de presentadores, el ex quarterback Eli Manning en la alfombra roja y Thierry Henry en los micrófonos de la Fox. Y con leyendas del deporte estadounidense para sacar las bolas: Tom Brady, Shaquille O'Neal, el canadiense Wayne Gretzky o Aaron Judge.
Sólo la ovación cerrada a Haití, por primera vez en una fase final de un Mundial, tuvo un contexto crítico, al ser los haitianos uno de los colectivos más criticados xenófobamente por el presidente y su equipo. Hay política de fondo, especialmente entre los países con relación más complicada con la Casa Blanca. Igual que en septiembre Trump denegó los visados a la delegación palestina para acudir a la ONU, lo mismo ha hecho ahora con la federación de Irán, generando enormes dudas sobre lo que puede pasar con los equipos y sus familiares cuando arranque el Mundial. O con las sedes, ya que el presidente flirtea con la posibilidad de ir cambiando sedes sobre la marcha, en función de su humor y de la relación con las autoridades (del Partido Demócrata) de los estados o las ciudades en las que están previstos los enfrentamientos.
Lo que va a suceder esta tarde (18.00 horas) en el John F. Kennedy Center de Washington atraerá la atención del planeta. Del planeta fútbol, porque al final lo que se decide es contra quién va a jugar cada selección en el próximo Mundial, pero también del planeta que no tiene nada que ver con el fútbol, expectante ante la posibilidad, más que real, de que Gianni Infantino, presidente de la FIFA, otorgue al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, su recién creado Premio de la Paz.
Es, quitando lo puramente futbolístico, lo más novedoso que sucederá hoy en una cita que, como el Mundial en sí, tiene muchísimas novedades. Se trata, más que de un sorteo, de una gala al estilo de los Oscar, o de los Grammy, o de los Goya, para que nadie se enfade. La van a presentar Heidi Klum y el cómico Kevin Hart. Junto a ellos, el productor Danny Ramírez. Van a actuar Andrea Bocelli, que lo hará junto a Robbie Williams y a una «reconocida artista multifacética», que es la manera que ha encontrado FIFA de referirse a Nicole Scherzinger, ex pareja de Lewis Hamilton. El punto y final lo pondrán unos jovencitos llamados Village People, grupo de cabecera de Trump, que cantarán, cómo no, YMCA, la canción con la que llevan arrasando desde 1978 y que se ha convertido en un himno en los actos del presidente estadounidense.
Habrá un montón de famosos (Tom Brady, Shaquille O'Neal) y en mitad de todo este ruido, en algún momento alguien irá diciendo, poco a poco, cómo quedan conformados los 12 grupos de cuatro equipos que, entre el 11 de junio y el 19 de julio del año que viene, en las 16 sedes (dos en Canadá, tres en México y 11 en Estados Unidos) designadas, jugarán el Mundial más extraño de la historia. Hay muchos datos que corroboran esta afirmación (que es el más extraño de la historia), pero quizá uno por encima de todos: hasta ahora, en un Mundial entero se disputaban 64 partidos.
Pues bien, en el del próximo verano, sólo la primera fase, la fase de grupos, ya tiene 72 choques. Y todo para que, después de esos 72 partidos, apenas 16 equipos queden eliminados (avanzan a los dieciseisavos de final los dos primeros de cada grupo y los ocho mejores terceros). En esta toma de contacto, todos los días habrá cuatro partidos, y en las últimas cuatro jornadas serán seis.
Volviendo al sorteo de hoy, hay una novedad que para el gran público ha pasado desapercibida. Es la primera vez en la historia que FIFA dirige mínimamente el sorteo para que las cuatro primeras cabezas de serie, es decir, las cuatro mejores selecciones, no se enfrenten hasta semifinales. España, Argentina, Francia e Inglaterra no se verán hasta esa ronda si todas ganan sus grupos de clasificación.
Superados estos traumas, ¿cuál es el grupo más fácil y más difícil que le puede tocar a la mejor selección del mundo, España? Teniendo en cuenta que todavía hay equipos que no están clasificados, y que por ejemplo Italia puede ir al último bombo, sería algo como lo que sigue, ateniéndonos al ranking FIFA.
Grupo más fácil: Austria, Sudáfrica y Nueva Zelanda.
Grupo más difícil: Croacia, Egipto y Jordania.
Leído así, ambos parecen bastante sencillo. Ocurre que todo se puede complicar mucho si, por ejemplo, a España le cae Marruecos del Bombo 2, Costa de Marfil del Bombo 3 y tiene la mala suerte de que Italia se meta en la repesca y le caiga, al no haber caído ningún europeo del Bombo 2. El caso es que, por primera vez en muchos años, quienes no quieren jugar contra España son el resto. La gran favorita para levantar la Copa en Nueva York espera relativamente tranquila.
"Ahora empieza una época de mucho trabajo", dijo Luis de la Fuente pasada la medianoche en La Cartuja. Faltan cuatro meses para que la selección vuelva a juntarse, y seis, casi siete, para el Mundial. Pero en las próximas semanas España conocerá a sus rivales (el 5 de diciembre es el sorteo), deberá elegir dónde vivirá durante la primera fase del torneo (luego habrá de mudarse en función de los cruces) y tendrá que preparar todo el operativo que supone trasladar hasta Estados Unidos, México y Canadá a la gran favorita a ganar el Mundial en una comitiva que rondará las 100 personas.
Esas serán las tareas de la Federación. En ellas participará el técnico, cómo no, quizá también liberado porque de aquí a entonces, en lo que al listado de jugadores se refiere, no tendrá mucho que decidir. Salvo lesiones o alarmantes momentos de forma, Luis de la Fuente tiene decididos alrededor de 23 de los hasta 26 futbolistas que se puede llevar a una cita como esta. Lo mejor será explicarlo línea por línea.
PORTERÍA. Aquí hay dos nombres intocables. Unai Simón y David Raya son el uno y el dos de la selección. Hasta ahora, Álex Remiro también ha sido intocable en ese perfil de tercer portero. Sólo peligra tal condición si Joan García regresa al Barça y reemprende el camino que llevaba antes de la lesión. Pero conviene no olvidar el papel concreto que tiene un tercer portero en un torneo así. Las cualidades que se exigen no son siempre estrictamente deportivas.
DEFENSA. Empezando por el lateral derecho, aquí los dos nombres están claros. Dani Carvajal y Pedro Porro. Las dudas surgen por cómo llegará el capitán del Madrid a mayo. Si no está en condiciones, se abriría un cásting donde está Marcos Llorente, pero también Álex Jiménez, el titular de la sub'21, jugador del Bournemouth. Luego están los centrales, que también tienen nombre y apellidos. Laporte, Le Normand, Huijsen y Cubarsí, si están en condiciones, serán los cuatro que vayan. Si alguno falla, Vivian sería el recambio. Por último, el lateral izquierdo. Aquí Cucurella y Grimaldo se han hecho fuertes, y sólo un bajón de este último daría paso, si sigue la progresión de estos primeros meses de temporada, Carreras.
CENTROCAMPISTAS. Aquí hay un puñado de jugadores que se van a quedar fuera. Como mediocentros, no hay duda, Rodri y Zubimendi, y si Rodri no terminase de ser el que fue, aparece Aleix García, titular ayer en La Cartuja. Para los puestos de interior también hay varios fijos. Pedri, Merino, Fabián y Olmo. Y luego quedarían otros dos o tres puestos (en función de si lleva ocho o nueve centrocampistas) a repartir entre Fermín (este parece cada vez más seguro), Gavi, Barrios, Fornals o Isco.
EXTREMOS. Serán cuatro, dos en cada banda, y aquí no hay casi margen de error. Por la izquierda, Nico Williams y Alex Baena. Por la derecha, Lamine Yamal y Ferran Torres. El perjudicado aquí tiene pinta de ser Yeremi Pino.
DELANTEROS. Cómo no, Oyarzabal. Indiscutible. Y titular. Luego, detrás de él, y en función de si lleva otro más (otros dos, como mucho) están Morata, Samu, Borja Iglesias o Ayoze. ¿Cómo está este tema? Más o menos así: Morata no está pasando un buen momento, pero si despertara, sería él. Entre otras cosas porque, como se ha visto en esta ventana de noviembre, ni Samu ni Borja parecen mucho mejores. Así las cosas, la opción de Ayoze, una de las debilidades del seleccionador, crece, y mucho, a expensas de que le dejen sus constantes lesiones (ya estuvo en la Eurocopa, y se lesionó).
Desencanto, tristeza y casi Turquía mata el récord de la selección milagro. Un empate paupérrimo y también hasta una alarma, porque la selección fue cabeza de turco. Hizo un mal partido y llegó a recordar la tontería de De la Fuente en Glasgow, la última derrota de su selección.
Este equipo es también vulnerable. Se le pueden hacer goles. Incluso dos y casi tres. Aunque sólo cuatro minutos había tardado Olmo en marcar, como precipicio de la goleada (?). Pero lo que ocurrió después es que la selección era una pura caricatura de otros partidos.
Menudo repaso táctico le dio Montella a nuestro seleccionador. Con jugadores suplentes y con el lujo de reservar a Güler. Su defensa de cinco deslomó la pretenciosidad y la falta de ambición de España.
De la Fuente alineó mal, muy mal. Sólo hizo cuatro cambios, pero destrozó todas las coordenadas de su grupo. Se hacía muy mal la presión para amargar a los turcos.
Así que los turcos salían con facilidad de vez en cuando y había excesivos metros entre el centro del campo y los defensores. ¿Por qué? La clave fue que el péndulo de esta selección, Zubimendi, no puede ser sustituido por un mediocre Aleix García, que provocó un agujero en el equipo.
Yeremi Pino fue un patinazo, que incluso molestaba las incursiones de Llorente. Fabíán Ruiz parecía un fantasma en el centro del campo. Ni presionaba ni creaba. Encima desaprovechó una oportunidad de las que no se fallan, nunca. Desde la lesión es otro jugador.
De la Fuente presume que ve todos los partidos de los españoles en Europa. Pues no debido de ver mucho a Aleix, que está siendo un fracaso en el anterior equipo de Xabi Alonso. Aleix no hacía lo que tenía que hacer. Y parecía un jugador perdido, como si estuviera en Leverkusen. No era el día , porque hasta a Oyarzabal se le veía muy cansado y falló dos ocasiones fáciles. Si estuvo entonado Olmo, que era el mejor.
Además, a la selección se la vio cansada, rígida, poco centrada en lo que jugaba, con la desesperación de ser villanos en esa isla maldita para su entrada y salida.
Ignoro y me sonrojo que no apareciera Barrios en el medio del campo. Y Fermín demostró que debería ser insustituible. Hay otros jugadores que son para el seleccionador como su guardia pretoriana, pero le fallan.
España se ha clasificado, aunque el empate turco fue como una señal de alarma. Un arañazo al corazón de esta selección. Una preclaro aviso si De la Fuente vuelve a destrozar a la columna cerebral del equipo.
Se dirá que ha arrasado en esta fase clasificatoria, pero con Bulgaria y Georgia no se puede presumir mucho. Fue una noche nefasta, con la tristeza de no llenar ni medio campo de La Cartuja, como una dormida en el limbo en una pesadilla de la que ni se puede entrar ni salir. Te vuelves un cartujano como lo que vivían en esta Cartuja.
Ser tan insultantemente superior tiene estas cosas. ¿Qué cosas? Pues cosas como el partido de anoche en Sevilla, donde nada había en juego y donde todos lo sabían. Lo sabía Luis de la Fuente, que movió a cuatro jugadores para dar paso a chicos que no tienen mucho protagonismo. Lo sabía Montella, el seleccionador turco, que se guardó a todos los buenos que estaban apercibidos y, si veían tarjeta ayer, se perderían la repesca (Çalhanoglu no viajó, Güler y Yildiz lo vieron todo desde el banquillo). Lo sabía el público, que apenas medio llenó La Cartuja para ver un empate, y gracias. [Narración y estadísticas (2-2)]
Lo sabían todos, de modo que la sesión derivó en algo bastante aburrido. España jugará, y como una de las más favoritas, si no la que más, el Mundial del próximo verano, y ya sólo le queda saber los rivales en la primera fase (el sorteo es el 5 de diciembre). El empate deja un sabor tontorrón, como feo, aunque no tenga la más mínima trascendencia, y de paso salva la racha de partidos oficiales sin perder. La selección igualó ayer a Italia. Por los pelos, todo sea dicho, porque Turquía a punto estuvo de dar el susto.
El seleccionador podría haber puesto incluso a la unidad C, si es que existe, pero se conformó con hacer algunos retoques. Por ejemplo, decidió guardar a dos futbolistas que, pensándolo bien, son hoy los más importantes del grupo. Se trata de Zubimendi y Pedro Porro. Todas las incógnitas que rodean al desempeño de Rodri y Carvajal hacen que el mediocentro del Arsenal y el lateral del Tottenham sean, hoy, capitales.
Un elemento extraño
Detrás de Zubimendi el nivel ya baja, y mucho, aunque Aleix García, su sustituyo ayer, sea un buen jugador. Pero es eso, un buen jugador. Sin más. No el mejor mediocentro del mundo. En el caso de Pedro Porro, todas las vueltas que ha dado De la Fuente hasta encontrarle y tranquilizarle en el puesto merecen protegerlo, porque igual, detrás de él no hay mucho. Llorente cumple, pero es otra cosa. Es como un elemento extraño en una selección como la española. Es como que no pega.
Las otras dos caras nuevas fueron Dani Olmo y Yeremi Pino. Precisamente el futbolista del Barça acertó con la portería nada más empezar, así que al partido se le quitaba en ese momento la poquísima emoción que ya tenía. La primera parte fue surfeando la agradable noche sevillana en busca del descanso con Turquía metida en su campo, desinhibida cuando podía correr (muy pocas veces), pero muy académica en su 5-4-1, que a veces mudaba en un concreto 6-4 (seis defensas y cuatro medios corriendo como posesos detrás de la pelota).
Inevitablemente España se relajó, porque andando logró ir acumulando ocasiones. Una de Oyarzabal por aquí, otra de Olmo por allá, un paradón del portero turco un poquito más allá... Tanto se relajó que, aunque fuera a ratos, vio peligrar el récord de partidos invicta, que ya son 31, a uno de quedarse sola en ese escalón de la historia (se la jugará con Argentina en marzo). Sí se le escapó entre las manos otro, el de ser un equipo que termina una fase de clasificación, seis partidos, sin encajar un gol. Producto de esa natural relajación, en un córner los turcos encontraron el tanto después de un barullo. Era un asunto menor el del gol, al menos en ese momento.
Fermín, durante el partido contra Turquía.José Manuel VidalEFE
A la vuelta del descanso la inercia cogió vuelo y hasta Unai Simón tuvo que sacar con una buena mano la chilena de Yilmaz justo antes de que Turquía, envalentonada, se pusiera por delante, algo que no le ocurría a España desde el mes de marzo, cuando Países Bajos se le puso 2-1 arriba en la ida de los cuartos de final de la Liga de Naciones. Para ese momento el equipo ya estaba desconectado del partido.
Por suerte para los números se pudo conectar rápido con el gol de Oyarzabal justo antes de irse a descansar y dejar paso a Samu, uno de los opositores al puesto de Morata. El chico no pudo enseñar gran cosa, ni cosa pequeña, porque en el tramo que le tocó jugar no pasó casi nada. Si acaso, que Unai Simón tuvo que hacer otra gran parada para evitar el segundo sofoco.
A esas alturas de la película ya importaba muy poco lo que pasara, a excepción, claro, de que Turquía marcase, en cuyo caso ese récord de partidos sin perder se hubiera ido a paseo. Pero, más allá de eso, que puede tener trascendencia, o no, a este equipo tan insultantemente superior a casi todos los rivales le vendrá bien descansar hasta marzo, recuperar jugadores y poner el contador de la energía a cero de cara al Mundial. Sentirse tan por encima del resto tiene estas cosas. Cosas como la de ayer, que casi le cuestan un disgusto de lo más absurdo.
más calamitosa de nuestras eliminaciones camino de la Copa del Mundo (fueron cuatro, con vistas a Suiza-1954, Suecia-1958, México-1970 y Alemania-1974; a las otras dos que faltamos, Uruguay-1930 y Francia-1938 no nos inscribimos) fue la primera de todas, frente a Turquía. Un episodio chusco, con un seleccionador que accedió al cargo por el raro mérito de ser el dentista del presidente de la Federación y con un desenlace extravagante: un arrapiezo romano de 14 años, colado en los vestuarios del Olímpico de Roma, fue escogido como mano inocente para un sorteo que clasificó a los turcos.
Se llegó a eso tras una victoria en Madrid, una derrota en Estambul y un empatado desempate en Roma. Todo aquello me pilló con tres inocentes e ignorantes años, pero durante mucho tiempo escucharía de mis mayores y leería en prensa lamentos jeremíacos por aquel Lepanto al revés.
En 1950 fuimos cuartos en Uruguay, así que el precedente animaba. Allí habíamos ganado a los ingleses con un eterno gol de Zarra que provocó en el entonces presidente de la Federación, el doctor Muñoz Calero, un entusiasmo desmedido. Matías Prats estableció una conexión en Radio Nacional para que "ofreciera la victoria al Caudillo", y henchido de entusiasmo, el presidente federativo espetó: "¡Excelencia, hemos vencido a la Pérfida Albión!". Aquello creó una incomodidad diplomática que le costaría el puesto.
El General Moscardó, Delegado Nacional de Deportes como premio a su defensa del Alcázar de Toledo, nombró en primera instancia a Manuel Valdés Larrañaga, un falangista de primera hora (camisa vieja, se autodenominaban, como casta especial, para diferenciarse de los arribistas que al fin de la guerra acudieron por millares en auxilio del vencedor). Pero fue visto y no visto, porque pronto le nombraron embajador en la República Dominicana.
El 31 de enero de 1952, Moscardó confió el cargo al jerezano Sancho Dávila y Fernández de Celis, otro significado camisa vieja, primo segundo de José Antonio. Pistolero urbano en los días de la República, el golpe de Estado le pilló en la cárcel Modelo de Madrid, de la que salió gracias a la Embajada de Cuba.
Era hombre del toro, así que su designación cayó mal en la gente del fútbol, pues aún existía una desconfianza entre ambos mundos. Cuando yo era niño era frecuente que alguien te preguntara si te gustaba el fútbol o los toros. A su llegada se encontró sin seleccionador, porque el que había, el legendario Ricardo Zamora, aceptó una despampanante oferta de Venezuela. Lo resolvió contratando a Pedro Escartín, el gran sabio del fútbol español.
Símbolo anticomunista
Debutó con un 0-1 ante Argentina y siguió con un 2-2 ante Alemania y un 3-1 a Bélgica, todo ello en España. No era lo esperado. A eso siguió una gira por Sudamérica en el verano de 1953, que significó el debut de Kubala, el primer gran genio de importación de nuestro fútbol.
Fugado de Hungría con contrato en vigor con el Vasas, no pudo jugar en Italia por la fuerza del Partido Comunista Italiano y fue acogido de brazos abiertos en la España de Franco como símbolo anticomunista. Bernabéu le intentó fichar, pero la Federación le disuadió porque estaba suspendido por la FIFA. El Barça, que tenía de su lado al secretario de la Federación, Ricardo Cabot, se las apañó para inscribirle como aficionado a fin de utilizarle en amistosos. Al cabo de unos meses, tras nacionalizarle previo bautizo católico en Águilas (el pueblo del antes mencionado Muñoz Calero), pasó a jugar en el Barça, sin transfer FIFA.
Debutó en la Copa de 1951, que ganó, como ganaría el doblete Liga y Copa en 1952 y 1953, más la Copa Latina de 1952. Era un futbolista superior y un gran elemento de propaganda para el franquismo, que lanzó una película-panfleto protagonizada por él, Los ases buscan la paz. La predicada persecución del Barça por parte del Régimen tiene en este olvidado episodio un duro desmentido.
Partido de preparación entre los seleccionados españoles y Plus Ultra.E.M.
Aún no habían pasado los tres años preceptivos desde su nacionalización (se produjo el 1 de junio de 1953) para jugar con España, pero Escartín le llevó en su gira. Dado que se le tenía por un Superman, chocó la nueva derrota en Argentina (1-0) y la pobreza de la victoria en Chile (1-2). Escartín siempre fue un poco divo, las críticas por su juego defensivo en la gira le ofendieron y dimitió.
Marca hizo una encuesta nacional entre sus lectores para buscar sustituto, proponiendo cuatro nombres. Sancho Dávila pensó que le querían imponer el sucesor, decidió tomar el asunto en sus manos y dio la campanada al elegir a su dentista. Así, como suena. Se llamaba Luis Iribarren y no es que fuera un absoluto lego en fútbol, como su paciente: había militado en la época amateur en el Real Unión de Irún, aunque no por mucho tiempo, y siendo más bien un suplente.
Se fue a Nueva York, donde se doctoró en odontología y puso consulta en Madrid. Cuando sentaba a Sancho Dávila en el potro de tortura le hablaba de fútbol para distraerle. No era más que un mero aficionado, habitual de Chamartín y el Metropolitano, pero sin contactos en el mundillo ni un pasado glorioso que le avalara, pero al presidente le pareció un pozo de ciencia, le metió en el Comité de Competición, y le hizo seleccionador.
Había que encarar la clasificación para Suiza-1954. No parecía difícil: un doble choque con Turquía, país muy de segunda fila en fútbol, con un corto palmarés internacional: 23 partidos, siete ganados, tres empatados y 13 perdidos, 25 goles marcados, 50 encajados. El de España era otro: 97 partidos, 54 victorias, 22 empates, 21 derrotas, 224 goles a favor y 125 en contra. Habíamos sido cuartos en el último Mundial, y nos llegaba el refuerzo de Kubala. ¿Qué íbamos a temer?
Ensayo fallido
Hubo un ensayo previo, un amistoso contra Suecia, en San Mamés, el 8 de noviembre de 1953. Suecia tenía cierto prestigio, pero su liga todavía era amateur y sus buenos jugadores eran sistemáticamente absorbidos por Italia, o en algún caso, por España, y la selección los perdía. En San Mamés alinearían tres bomberos, tres camareros, dos maleteros, un ingeniero, un administrativo y un panadero, según informó puntualmente Marca.
Ni rastro de los Skoglund, Carlsson, Palmer, Gren, Liedholm o los hermanos Nordahl, todos ellos célebres profesionales. Pero, aun con eso y con Kubala, empatamos 2-2. Iribarren acusó a la defensa y se hizo el interesante: "Ya advertí antes del encuentro que Suecia era peligrosa".
Turquía nos visitó el día de Reyes de 1954, en tarde soleada y con el campo a reventar. Sólo repiten cuatro de los del fiasco en San Mamés. Caen el portero y la defensa al completo. Tampoco está Kubala. Aparte de que jugó mal ante Suecia, ahora se trataba de un partido oficial y por si acaso... España gana 4-1. Bien. Ya tenemos medio billete.
El 14 de marzo se devuelve la visita. Basta con empatar en Estambul. Sale a relucir aquello del infierno turco, el miedo a una encerrona en un campo seco, el público agresivo y todo eso, así que se decide contar con Kubala. Un poco con miedo, pero se le lleva. Sólo salen cinco de los que ganaron en Madrid, por la obsesión de que había que jugar de otra manera. El resultado es un pinchazo doloroso: 1-0. Como la clasificación es por puntos, no por goles, la derrota nos aboca a un desempate cuya fecha y lugar estaban predeterminados: tres días después, en Roma.
Los jugadores de la selección española posando antes de enfrentarse a Turquía en 1954.MARCA
El grupo, claro, es el mismo y vuela directamente desde Estambul. Ahora, en campo neutral, buen terreno y una vez digerida la sorpresa, damos la victoria por descontada. Por supuesto, jugará Kubala, porque, aunque no había hecho nada en Estambul, se seguía confiando en su excepcional clase. En la víspera es de los más animados, incluso promete dos goles para compensar su mal partido anterior.
Ya están nuestros muchachos pasando sus turnos de masaje cuando a Ottorino Barassi, presidente de la Federación Italiana y vicepresidente de la FIFA, le llega un intrigante telegrama del organismo que vicepreside: "Attention equipe espagnol situation joueur Kubala". Se lo entrega al coronel Gómez-Zamalloa, directivo de la española, un militar africanista que acuñó aquello de "Ahora, señores, cojones y españolía" en un fervorín a la selección durante el descanso de un partido en Suiza. Lo muestra con gritos indignados, apostando por desatenderlo. Dávila e Iribarren se quedan perplejos. Muñoz Calero, que es miembro del comité de la FIFA, aconseja prudencia y consigue que la camiseta con el número 8 de Kubala se la ponga Pasieguito.
Salen cuatro nuevos con respecto a Estambul y dos de siete repetidores juegan en puestos distintos. Turquía repite once. Salta al campo con la paz del que no tiene nada que perder y mucho que ganar (su seleccionador, el italiano Sandro Puppo, ha pasado la víspera diciendo que se sentían eliminados de antemano). Tratando de conquistar al público, cada jugador porta unas cajetillas de tabaco y se acercan al público a lanzarlas. El tabaco era un bien de lujo en aquellos años de posguerra, en los que por toda Europa había especialistas en reciclar colillas. España sale desconcentrada por el telegrama y su consecuencia. Y sabe que está entre la espada y la pared.
El partido empieza a las 15.30 y es apasionadamente seguido aquí por Radio Nacional en la voz del legendario Matías Prats. Turquía corre y corre, su fútbol es impreciso pero veloz y España juega intranquila, aunque consigue adelantarse con un gol del extremo debutante Arteche en el minuto 19. El marcador se mueve así: 1-0, 1-1, descanso, 1-2 y 2-2, éste en el minuto 79, obra de Escudero cuando ya nos veíamos fuera. En la prórroga no hay goles, lo que nos aboca al sorteo.
Un regreso fúnebre
La delegación española trata de pactar un nuevo desempate, pero los turcos se niegan y Ottorino Barassi se atiene a lo reglamentado. Bien hubiera querido complacernos, pues España daba más cartel al Mundial que Turquía, pero esta se mostró inflexible. Se busca una copa en la que se introducen dos papeles, previo teclear a máquina en cada uno ellos el nombre de uno de los dos países, para después doblarlos. En el de España, Sancho Dávila añade una cruz, impetrando el favor divino. (Ignoro si su homólogo turco pintó una media luna en el suyo). Se escoge como mano inocente un arrapiezo de 14 años llamado Franco Gemma, hijo de un cuidador del campo, que se había colado a curiosear en la sala. Se le vendan los ojos como a un secuestrado, mete la mano, le da un papelito a Barassi que lee: TURCHIA.
El regreso es fúnebre, con Zamalloa acusando a los jugadores de vagos y Muñoz Calero declarando que él ya sabía que Kubala no podía jugar y que si llega a hacerlo y ganamos nos hubieran echado igual.
Franco Gemma se hizo famoso en España y célebre en Turquía, que le invitó al Mundial en Suiza. Sandro Puppo, aureolado por el éxito de aquella clasificación, fue contratado por el Barça, donde pincharía. Sancho Dávila regresó al mundo del toro. Iribarren, a su consulta. En cuatro partidos utilizó 24 jugadores. Sólo Venancio los jugó todos, aunque alternando los puestos de interior y ariete.
Anda la cosa algo fría por Sevilla. Los cálculos más optimistas de la Federación sitúan en 35.000 los hinchas que irán hoy a La Cartuja. Eso es exactamente la midad de la gente que cabe en el hoy estadio del Betis. Está el tiempo algo revuelto y, aunque hoy no se anuncia lluvia, la que ha caído en los últimos días no ayuda. Tampoco colabora el hecho de que no haya nada en juego, porque sólo perder por siete goles de diferencia deja a España sin Mundial, y los turcos, que tienen varios apercibidos, van a guardarlos a casi todos para que no sean sancionados en la repesca que jugarán en marzo.
Con este panorama, la atención se centra en varios puntos y en un hombre. Primero, los puntos. El primero es igualar la racha de una selección invicta a nivel mundial (Italia con 31 partidos). Otro punto es comprobar hasta qué punto se atreve Luis de la Fuente a darle carrete a los que juegan menos (un anticipo: no serán muchos). Y el último punto, si acaso, es disfrutar del fútbol que hace este equipo. Y ahora, el personaje: Aymeric Laporte.
El central hoy en el Athletic no venía a la selección desde hace exactamente un año. El 18 de noviembre del año pasado fue suplente en el trámite con el que España se clasificó para los cuartos de final de la Liga de Naciones. Desde entonces, no había vuelto, entre otras cosas porque no jugaba un partido oficial desde el 30 de abril. Fue el último con el Al-Nassr de Arabia Saudí, del que finalmente pudo escapar, no sin problemas, en septiembre de este año, con la intervención de FIFA para subsanar una negligencia con el papeleo del Al-Nassr.
"Es un lujo"
El club saudí le sacó al Athletic alrededor de 10 millones por el traspaso de un futbolista al que le quedaba un año de contrato (en 2023 firmó tres cursos a razón de unos 20 millones netos por año). A sus 31 años, y viendo que la oportunidad de jugar su último Mundial se le podía escapar, hizo todo lo posible por volver a Bilbao, consciente también de la confianza que le tiene Luis de la Fuente, que ayer hablaba así de él. «Es uno de los centrales que mejor desarrolla la idea que tenemos. Lo hace perfectamente. Es un lujo. Ya dije tras la Euro que es el mejor central. Nos ofrece jerarquía. Es muy completo. Técnicamente es excepcional y cambia de orientación, filtra pases...», le elogió el técnico.
Porque, pese a que al seleccionador le gustan Pau Cubarsí y Dean Huijsen, sabe que un Mundial hay que jugarlo con, al menos, un par de colmillos. Robin Le Normand y Laporte los tienen. Aymeric es uno de los líderes, acaso el mayor líder, de un vestuario al que llegó de la mano de Luis Enrique en 2021. Suma 42 partidos y ha marcado dos goles en estos cuatro años largos. Supo, con la personalidad que tiene, superar las suspicacias que, por su origen francés, levantó al principio, y de algún modo allanó el camino para que el caso de Le Normand, muy parecido, fuese asumido con mucha más naturalidad.
De regreso al Athletic, «mi casa», como ha dicho varias veces, el futuro allí y en esta selección que aspira a todo es esplendoroso para él. Después de asegurarse (todavía más) el futuro en su aventura saudí, hoy prioriza el primer plano futbolístico.