McIntosh pulveriza en Budapest el último récord de Mireia Belmonte

Actualizado Sábado, 14 diciembre 2024 - 20:08

Adiós, pero hasta siempre, al último récord que le quedaba a Mireia Belmonte. Otra vez Summer McIntosh, otra vez esa adolescente canadiense de 18 años, apuñaló a la española. Sin matarla, porque, aunque superadas, las hazañas de Mireia permanecen en la memoria y tienen su lugar en la historia. McIntosh, tres oros y tres récords, nadó la final de los 400 estilos en 4:15.48, un recorte salvaje a los números de Belmonte (4:18.94). No hay más que hablar, entre otras razones porque se acaban las palabras. Gracias, Summer. Gracias, Mireia.

En la quinta jornada del Mundial de Natación en Piscina Corta, bajo los ojos asombrados, pero ya habituados de un Budapest orgulloso, con sistemática, casi monótona rutina, siguieron cayendo los récords del mundo. En las series matinales de los 50 libre, Jordan Crooks, de las Islas Caimán, rebajó la plusmarca hasta 20.08. Dejó atrás los 20.16 de Caeleb Dressel. En las semifinales de la tarde, le dio otro tajo a la marca y la dejó en... ¡19.90! Bajar de 20 segundos en 50 metros es, en principio, una imposibilidad biológica. Pero lo imposible se reveló real.

Dressel, volviendo a él, tuvo, allí donde estuviera, un mal día. En la final de los 100 mariposa, Noè Ponti lo despojó del último récord que le pertenecía. Nadó en 47.71, por debajo de los 47.78 del bueno de Caeleb. Su tercer oro está convirtiendo al suizo en Mr. Budapest.

Miss Budapest, equivalente a Miss Mundo, es Gretchen Walsh. Dominó los 100 mariposa en 52.71. Es la tercera vez que bate el tope de la prueba. Lo ha hecho cada vez que se lanzó al agua: en las series, en las semifinales y en la final. Pero es que, pocos minutos después, en las semifinales, dejó el récord de los 50 libre en 22.87. Ranomi Kromowidjojo, la anterior titular (22.93) le dio in situ el relevo con una sonrisa radiante. Deportividad pura. Walsh batía su noveno récord, octavo individual, y conquistaba su sexto oro. Se está haciendo de eso, de oro, a 25.000 dólares por récord.

Las aguas, exhaustas, se remansaron cuando el ruso Ilia Borodin, atleta neutral, ganó los 400 estilos con una buena marca, faltaría más, de 3:56.83. Pero sin amenazar realmente los 3:54.81 de Daiya Seto. Tampoco se encrespó la espuma con los 800 (libre), adjudicados a Zalan Sarkany (7:30.56), un héroe local. Tercera medalla para Hungría y primera de oro.

La jornada se cerró con los relevos mixtos de 4x100 estilos y el triunfo de NAB (o sea, de los rusos). España, con Carmen Weiler, Carles Coll, Mario Mollá y María Daza había establecido por la mañana un nuevo récord nacional (3:36.78). En la final, séptima, lo volvió a rebajar (3:35.52). Era el 14º récord de España de Coll en poco más de un mes: cinco en nuestro Campeonato y nueve en Budapest.

En cuanto a récords del mundo, van 24. ¿Cuántos se sumarán en la última jornada?

El largo camino hacia la retirada de Mireia Belmonte: "Ella no quiere hablar del día después"

El largo camino hacia la retirada de Mireia Belmonte: “Ella no quiere hablar del día después”

Hace ya más de tres años, Mireia Belmonte salió de la piscina en los Juegos Olímpicos de Tokio con un cuarto puesto de orgullo en los 400 metros estilos y se prometió un futuro esplendoroso. "Borrón y cuenta nueva. ¡A por ellas!", anunció después de decenas de lesiones, de miles de dolores, de millones de dudas. Entonces tenía 31 años aún podía regresar a los podios. Pero desde entonces está desaparecida. La mejor nadadora española de la historia, ahora con 34 años, lleva sin competir internacionalmente desde aquel 2021 y su futuro es un camino con una única salida: la retirada.

Después de las despedidas de Rafa Nadal, Pau Gasol, Andrés Iniesta o Alejandro Valverde, la siguiente en decir adiós se supone que debe ser Belmonte, aunque ella resiste, resiste y resiste. "Está afrontando la última fase de su periodo competitivo, que no es una fase sencilla. Sigue disfrutando de la natación, sigue disfrutando del entrenamiento y hay que concederle su tiempo", comenta Luis Villanueva, director técnico de la Federación Española de Natación (RFEN), que estos días está en Budapest.

Allí se celebra el Mundial de piscina corta, una competición en la que Belmonte reinó en 2010 y 2014 -siete oros-, y de la que ahora se ausenta. No sólo no está, es que no llegó a hacer la mínima. Hace menos de un mes, en los últimos Campeonatos de España, se quedó a tres segundos del tiempo requerido en los 200 metros estilos, la prueba en la que estuvo más cerca de conseguirlo, aunque finalizó en cuarto lugar.

"Veremos qué es capaz de conseguir este verano. Ella tiene la esperanza de remontar y llegar al Mundial de piscina larga que se celebrará en Singapur, pero hoy en día está lejos de eso. Está mejor de los hombros, pero sigue tocada y no puede entrenar al nivel que necesita. Además, precisamente en las pruebas que mejor le encajan ahora, los estilos, hay dos jóvenes [Emma Carrasco y Laura Cabanes] que están haciendo muy buenos tiempos", analiza Villanueva que espera que en el actual Mundial de piscina corta España esté presente en algunas finales y, si hay suerte, que celebre su primera medalla desde 2014, precisamente desde la mejor época de Belmonte.

"La decisión de salir del CAR es acertada"

En todo caso, Belmonte lo vivirá desde la distancia, puesto que ya no entrena con las jóvenes de la selección. Después de toda una vida en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat, primero junto a su entrenador Fred Vergnoux y más tarde ya sin él, la cuatro veces medallista olímpica perdió este verano su beca y tuvo que buscar una nueva 'casa'. El año pasado había roto su vinculación con la Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM) porque le había hecho una oferta a la baja y había firmado con el histórico Club Natació Barcelona (CNB) así que en los últimos meses entrena en las instalaciones de esta entidad, al lado del hotel W, frente a la playa de la Barceloneta. Con Jaume Morata como técnico, su grupo es amplio y joven, aunque sin grandes nombres más allá de Jimena Pérez, olímpica en Tokio. "Creo que la decisión de salir del CAR es acertada y ahora está entrenando con gente más enfocada a lo que ella está", afirma Villanueva, que espera a saber los próximos pasos de Belmonte a sus 34 años.

Belmonte, en un acto reciente de Santander.

Belmonte, en un acto reciente de Santander.FERNANDO VILLAREFE

"Ella no quiere hablar del día después", afirma el entrenador de la RFEN en consonancia a las palabras de la propia nadadora. "Para mí es muy importante saber diferenciar si una persona sigue nadando porque no tiene otra cosa que hacer o porque le guste. En mi caso es porque me gusta mucho", comentaba este noviembre a 'Marca' sin desvelar más sobre su futuro.

Sin formación como entrenadora, su vida después del deporte debería pasar por los negocios, en principio de la mano de patrocinadores personales como Hyundai o Santander. De hecho, en los últimos meses la marca de coches ha iniciado una competición de formación, el Open Promesas Mireia Belmonte, cuya dirección podría suponerle un desafío. Todavía con su padre, José Belmonte, como mánager y agente de prensa, sus apariciones en los medios de comunicación son esporádicas y los interrogantes se acumulan a su alrededor.

McIntosh rompe, 10 años después, el récord mundial de Mireia Belmonte en los 200 mariposa

Actualizado Jueves, 12 diciembre 2024 - 19:36

El paso del tiempo y el peso de la clase contribuyeron a que Mireia Belmonte perdiera el récord del mundo de los 200 mariposa. El paso del tiempo reside en que hacía 10 años que Mireia, los nadó en 1:59.61. El peso de la clase lo expresa Summer McIntosh, que lo ha hecho en 1:59.32. Que en natación haya durado tanto un récord habla elocuentemente de la excelsa categoría de Mireia. Y otro tanto que haya tenido que existir alguien como McIntosh para que la española sea ahora una ex plusmarquista.

Mireia se ha inclinado ante una "niña milagro", una chiquilla canadiense de 18 años, que desde los 15 viene estableciendo hitos y rompiendo moldes. El récord de McIntosh estaba cantado. Ninguna sorpresa, pues. Ninguna incertidumbre. Y sirva esta plusmarca de homenaje doble: a la joven canadiense, en la plenitud creciente de sus dones, y a la veterana española, todavía oficialmente en activo, pero fuera ya de los focos, incluso en las piscinas nacionales.

Mireia ha sido plusmarquista mundial de 400, 800 y 1.500 libre. Y de 200 mariposa y 400 estilos. Fue perdiendo algunos de esos récords. El de 400, en los que también reina ahora McIntosh, a manos de Jianjahe Wang. El de 800, nada menos que por el empuje de Katie Ledecky. El de 1.500 se lo arrebató Sarah Köhler-Wellbrock, antes de que a ésta se lo arrebatara Katie Ledecky.

Mantenía los de 200 mariposa y 400 estilos. Ya sólo conserva este último. Toda esta relación de récords expresa la importancia de Mireia en la natación mundial y su trascendencia sin parangón en la española. Casi somos ahora más conscientes de semejante título que cuando Mireia reinaba en el agua. El paso del tiempo inmortaliza a veces las hazañas en lugar de tender a borrarlas. Y en cuanto a peso de la clase, Mireia lo poseía a toneladas.

En la tercera jornada del Campeonato, Gretchen Walsh también rompió un récord del mundo. Dejó el de los 100 estilos, en las semifinales, en 55.71. En la misma prueba masculina, Carles Coll pasó a la final con el cuarto tiempo de los participantes y un nuevo récord de España: 51.30. El sexto en estos Campeonatos. En ausencia de Hugo González, era el líder del equipo español, y está haciendo honor a la púrpura.

El difícil momento del adiós: Nadal, Serena, Maradona, Bolt...

El difícil momento del adiós: Nadal, Serena, Maradona, Bolt…

Hubiéramos deseado una última, real y simbólica, victoria de Nadal en su apoteósica y merecida despedida sentimental. Pero ya era imposible, incluso frente a jugadores sepultados en las profundidades del ránking. Su adiós, postergado en exceso entre la tristeza, la comprensión y la gratitud de un país entero, suscita de nuevo una reflexión acerca de los deportistas que no se retiran «a tiempo».

El deportista muere dos veces. Y la primera ocurre cuando se retira (o le retiran). Se trata de una muerte biológicamente provisional, pero profesionalmente definitiva. Y el afectado no la acepta porque abre un abismo bajo sus pies. Así que, con frecuencia, y aunque, como en el caso de Nadal, haya proyectado un futuro confortable, experimenta una especie de horror vacui. No es raro. Después de todo, el deporte es la única actividad en la que la jubilación se produce en la juventud. El deportista tiene todavía por delante, en un territorio desconocido, amenazante por ignoto o incierto, incluso por extenso, la mayor parte de su existencia física. Le entra miedo, vértigo, inseguridad y trata de demorar el momento del adiós.

Autoengañándose acerca de sus, todavía, capacidades, o estirándolas con más o menos dignidad, permanece en activo, con frecuencia en un ámbito individual o, sobre todo, colectivo distinto e inferior del de sus mejores días. No lo hace por dinero, o sólo por eso, sino por mantener una ficción de permanencia.

Un tiempo innecesario

El caso de los futbolistas es paradigmático: Pelé, Cruyff, Beckenbauer, Maradona, Michel, Hugo Sánchez, Guardiola, Iniesta y un interminable etcétera alargaron impropia e innecesariamente sus carreras. Hoy siguen en activo Cristiano, Messi, Luis Suárez, Busquets, Alba y otro largo etcétera. Pero el fútbol sabe que este tiempo les sobra. No son Zidane, Kroos o como Rijkaard, que, en la celebración en el vestuario, después de ganar con el Ajax la Champions de 1995, anunció que ese había sido su último partido. O, cambiando de deporte, como Alberto Contador, que dio sus últimas y crepusculares pedaladas ganando en el Angliru.

No se retiraron a tiempo, entre nosotros, Alfredo Di Stéfano, Severiano Ballesteros e incluso un Alejandro Valverde en su longevidad digna... Ni, volviendo al tenis y al exterior, el mismo Federer. Y quizás Djokovic debe pensar en parar, ahora que está «a tiempo» de mantener su mejor recuerdo. Tampoco Serena Williams se fue cuando debía. Ni Usain Bolt. Existen «retirados en activo», valga la paradoja. Oficialmente aún en la brecha, pero en la práctica fuera de foco, Sergio Ramos o Mireia Belmonte siguen erróneamente la senda de Nadal.

Bolt, en los Juegos de Río 2016.

Bolt, en los Juegos de Río 2016.AP

Si un bel morir tutta una vita onora, un mal morir, metafóricamente hablando, no estropea un pasado merecedor de elogio y agradecimiento. Tampoco hace añicos una imagen que se reconoce irrompible. Pero sin borrarla en absoluto, la empañe un tanto por ser la última. Saber retirarse oportunamente, es, no sólo en el deporte, una virtud casi teologal, incompatible a menudo con la ciega y sorda naturaleza humana.

En el lado opuesto de quienes se resisten en vano a los odiosos imperativos de Cronos figuran quienes se retiran «a tiempo» por el procedimiento de hacerlo «antes de tiempo». A «destiempo», en suma. Son sobre todo nadadores, debido a la precocidad de su deporte con relación a otros. La australiana Shane Gould (Gold), que este 23 de noviembre cumplirá 68 años, tuvo en 1972 todos los récords en todas las distancias del estilo libre. Insólito. Apabullante. En los Juegos de Múnich se llevó tres oros, una plata y un bronce. Y le «faltó tiempo» para retirarse. Tenía 16 años. En los mismos Juegos, Mark Spitz conquistó siete oros estableciendo siete récords del mundo. Y se despidió de las piscinas a los 22 años. Le quitó «tiempo al tiempo».