¿Quién es Kirsty Coventry? De familia adinerada en Zimbabue, dos veces campeona olímpica, premiada por el dictador Mugabe y respaldada por Trump

¿Quién es Kirsty Coventry? De familia adinerada en Zimbabue, dos veces campeona olímpica, premiada por el dictador Mugabe y respaldada por Trump

Era sólo una niña, apenas 16 años, cuando Kirsty Coventry ya fue escogida Deportista del año en su país, Zimbabue. Tan sólo había debutado en los Juegos Olímpicos, llegó a semifinales en los 100 metros espalda de Sydney 2000, pero su existencia era tan extraña que se convirtió en una estrella. Su instituto, el privado y femenino Dominican Convent High School de Harare, se le quedó pequeño, se fue a estudiar a la Universidad de Auburn de Estados Unidos y, de ahí, a la gloria. Primero, campeona olímpica de los 200 metros espalda en Atenas 2004 y Pekín 2008, luego Ministra de Deportes de Zimbabue y finalmente desde este jueves, presidenta del Comité Olímpico Internacional (COI).

Será la primera mujer al frente del organismo en sus 130 años de historia, la primera dirigente nacida en África y, entre otras cosas, la primera escogida en la primera ronda de las elecciones. Ni Jacques Rogge ni Thomas Bach, sus dos predecesores, que también contaron con mucha competencia, se impusieron con tanta diferencia sobre el resto. En la votación inicial, Coventry obtuvo 49 votos de los 97 posibles mientras el español Juan Antonio Samaranch Salisachs, el segundo candidato, se llevaba 28; el británico Sebastian Coe, tercero, acababa con ocho; y el resto de aspirantes apenas eran respaldados.

El éxito de Coventry se explica principalmente a través del apoyo del propio Bach, que llevaba meses haciendo campaña interna por ella, pero también responde a otros factores. "Necesitamos que quien ocupe la presidencia tenga una idea muy clara sobre cómo afrontar el futuro a largo plazo", dijo Bach, poniendo en valor la edad de los aspirantes, y le sobraba razón. El dirigente alemán, cuyo bajo mandato se incorporaron más de la mitad de los miembros presentes -que le debían un favor-, sabía que su influencia era importante, pero necesitaba más argumentos.

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Coventry convenció por ser mujer, por su juventud a sus 41 años, por su currículo, por ser africana y por su formación estadounidense. Nadie como ella puede restablecer las relaciones entre el COI y el Gobierno de Donald Trump, que había sugerido su respaldo hacia ella, y al mismo tiempo representar un éxito para África, el único continente que todavía ha sido escogido como sede de unos Juegos Olímpicos. El equilibrio parece imposible, pero Coventry lleva en esa línea todavía; en peores se ha visto.

El polémico premio de Mugabe

Hija de una familia adinerada instalada décadas atrás en Zimbabue con su empresa química, cuando fue campeona olímpica supo lidiar con el dictador de su país, Robert Mugabe. "Nuestra chica de oro", la llegó a llamar Mugabe, que le premió con 100.000 dólares después de su éxito en Atenas 2004 y la expuso como un ejemplo de "blanca buena". Pese a su política identitaria poscolonial, a la expulsión de miles de granjeros blancos, Coventry se supuso un emblema de la unión del país y ella no rechazó esa figura.

Desde su residencia en Estados Unidos, participó en algunas campañas humanitarias, pero nunca se opuso abiertamente a Mugabe, un hecho que en las últimas semanas le había afeado la prensa inglesa, a favor de la candidatura de Coe. De hecho, cuando Emmerson Mnangagwa, ex vicepresidente de Mugabe, logró hacerse con la presidencia a través de un golpe de estado en 2017, la nombró Ministra de Juventud, Deportes, Artes y Recreación, un cargo al que ahora deberá renunciar. Su futuro ya no está en su país, aunque ha prometido que trabajará para que África tenga más voz.

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Ahora debe ponerse a trabajar por todo el mundo para, cuando reciba el relevo de Bach el próximo 23 de junio, encara múltiples problemas: la reentrada de Rusia en los Juegos Olímpicos, la pérdida de varios patrocinadores japoneses esenciales para el olimpismo, la negociación de los contratos televisivos, la elección de una sede para los Juegos Olímpicos de 2036 y, entre otras cosas, la llegada de las deportistas trans a las competiciones y los problemas económicos de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) por los recortes del Gobierno de Trump.

El anterior presidente, Bach, que nunca se opuso frontalmente a las trans, no mantenía buenas relaciones con el dirigente estadounidense, que amenazaba con vetar a deportistas de varios países en los Juegos Olímpicos de los Ángeles 2028, pero Coventry tiene armas para arreglar la situación. Ya ha anunciado "medidas estrictas" para acatar esas cuestiones de género y, a través de los medios estadounidenses, la administración Trump le ha dado su visto bueno.

El olimpismo da un triple mortal hacia el futuro: una mujer frente al debate de la transexualidad y la testosterona de Trump y Putin

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El apoyo de Thomas Bach, presidente saliente, a Kirsty Coventry podría justificar su victoria, pero no esta victoria, tan abrumadora que no necesitó que se eliminaran, uno a uno, el resto de los seis candidatos. El olimpismo ha hecho mucho más que apostar por la primera mujer. Ha dado un triple mortal hacia el futuro, en una decisión no carente de riesgos, porque el deporte quiere cambios que no observaba posibles con Juan Antonio Samaranch Salisachs ni con Sebastian Coe. Los miembros del COI entienden que ambos representan el pasado frente a un porvenir que va a necesitar de decisiones audaces y que difícilmente toman quienes han formado parte del establishment durante tanto tiempo: Coe, como presidente de la World Athletics; Samaranch Salisachs, como vicepresidente del propio COI.

Un rasgo de ese tiempo ha sido el presidencialismo, incluso el de Bach, y del que Coventry se ha desmarcado desde el primer momento. La ex campeona olímpica de natación, de Zimbabue, ha explicado que rige su vida a través de la filosofía 'Ubuntu': «Soy porque somos». Originaria de las culturas zulú y xhosa, rechaza el individualismo y entiende que los seres humanos son capaces de conseguir objetivos porque están conectados. De esa forma, insiste, quiere dirigir el Movimiento Olímpico. Loable propósito en un deporte que apuesta cada vez más por ex deportistas en puestos de gobierno, al contrario del antiguo régimen. Coe lo era, pero su arrogancia lo aproximaba al dirigismo del pasado. Los ocho apoyos que obtuvo en la votación envían al británico a la viñeta del cómic olímpico. Ridículo. Samaranch Salisachs fue segundo con 28, a 21 votos de la ganadora, muy lejos del consenso que inspiró su padre y patriarca del olimpismo moderno.

El caudillaje es también un signo de los tiempos en un mundo en el que va a tener que interactuar la nueva presidenta, con Donald Trump como anfitrión de los siguientes Juegos, y Vladimir Putin deseoso de volver a la platea olímpica si hay paz en Ucrania.

Coventry era, además, la candidata más joven, con 41 años, frente a Samaranch Salisachs y Coe, por encima de los 60. Su condición de mujer impulsará la paridad donde no haya llegado, pero antes deberá afrontar la peliaguda cuestión de la transexualidad. Como africana, su continente empieza a soñar.

Kirsty Coventry, al frente del COI: muchas votaciones en una

Kirsty Coventry, al frente del COI: muchas votaciones en una

El Comité Olímpico Internacional (COI) ha efectuado muchas votaciones en una. Y todas históricas. Ha votado uniformidad (49 sufragios, la mínima, pero suficiente, mayoría absoluta). Ha votado rapidez para dejar clara la dirección de la papeleta (elección en primera ronda). Ha votado juventud y, por lo tanto, futuro y estabilidad (Kirsty Coventry tiene 41 años y, antes de los 70, edad límite para el desempeño del cargo, podrá cumplir los ocho años de mandato, más, llegado el caso, una legal prórroga de cuatro).

Ha votado mujer, la primera en 131 años de historia. Mujer. No feminismo, en el sentido rabiosamente beligerante que le dan por aquí; y ya veremos si alguna de nuestras voces políticas más conspicuas al respecto, entre ellas la de la ministra de Deportes, se congratula del hecho. Seguramente no, porque Coventry es africana, sí, y ese aspecto se ha resaltado. De Zimbabue, por añadidura. Pero blanca y rubia en un país con el 98,8% de población negra. Así que, es probable que sea señalada como representante de la minoría privilegiada que mantiene en toda clase de precariedades al resto de la ciudadanía de su país. Además, de formación universitaria estadounidense, Coventry formará presumiblemente con Donald Trump, anfitrión en Los Angeles de los Juegos 2028, una entente cordial en un novedoso y turbulento contexto geopolítico.

El COI ha votado también excelencia deportiva individual en la natación, uno de los tres deportes reyes de los Juegos (Coventry, 1,80 de excepcional espaldista, reúne siete medallas olímpicas, dos de ellas de oro. Thomas Bach, el primer presidente campeón olímpico, fue oro en esgrima por equipos).

El COI ha votado, en definitiva, modernidad en una especie de consciente y loable inmolación. Si bien el organismo ya no es el cuerpo anquilosado, geriátrico y masculino de antaño, la elección de Coventry precipita los plazos que conducirán a los cambios. De algún modo, y con cierto retraso, porque los tiempos cambian a tenor de los acontecimientos y no de los calendarios, el siglo XXI olímpico empieza con esta presidencia revolucionaria que transforma, para reforzarlo, el olimpismo.

Coventry era la apuesta de Bach, el hombre que ha nombrado a más del 70% de miembros de la Asamblea y elevado en ella hasta el 44% el número de mujeres. Ése es su mayor legado. Actual y, a la vez, póstumo.

Kirsty Coventry es elegida por mayoría absoluta la primera presidenta del Comité Olímpico Internacional

Kirsty Coventry es elegida por mayoría absoluta la primera presidenta del Comité Olímpico Internacional

Kirsty Coventry será la próxima presidenta del Comité Olímpico Internacional (COI), la primera mujer al frente del organismo en sus 130 años de historia. En el complejo turístico griego de Costa Navarino, a 100 kilómetros de Olimpia, los 106 miembros presentes escogieron a la ex nadadora zimbabuense por delante de los otros seis candidatos, entre ellos el español Juan Antonio Samaranch Salisachs y le entregaron las riendas del deporte mundial.

La favorita del todavía presidente, Thomas Bach, se impuso haciendo valer su currículo, dos veces campeona olímpica, y su experiencia como gestora al frente del Ministerio de Deportes de su país, Zimbabue. En primera ronda recibió 49 votos, justo los necesarios para ganar, con Samaranch segundo con 28. Su elección fue una sorpresa, no tanto por ser escogida ella, como por su superioridad en votos respecto al resto.

Desde que, en los Juegos Olímpicos de París, Bach confirmó que no retorcería el reglamento para presidir el organismo cuatro años más, el proceso electoral pasó por distintas fases, pero en ningún momento se pensó que la votación podía resolverse en primera ronda. En los primeros meses, el inglés Sebastian Coe parecía el candidato perfecto gracias a su buena gestión de la Federación Internacional (World Athletics), a su conocimiento del propio COI -ya obtuvo los Juegos Olímpicos de 2012 para Londres- y a su ascendente como leyenda del deporte. El pasado 30 de enero, cuando los candidatos expusieron sus programas a los miembros en la sede de Lausana, no había dudas de que Coe estaba por delante. Pero en las semanas previas a las elecciones todo empezó a cambiar.

Coventry y el respaldo de Bach

El apoyo interno de Bach a Coventry la aupó en las apuestas y el trabajo en los despachos de Samaranch colocaron a ambos con posibilidades de ascender al trono. Pese al secretismo y a los poquísimos votantes, la igualdad se aceptó como una certeza. Y se multiplicó la tensión. Según desvelaba 'New York Times', en las horas previas hubo denuncias cruzadas de irregularidades y medios afines a unos y otros intentaron decantar la balanza.

El domingo, el 'Sunday Times' señalaba a Samaranch como "el hijo de un fascista" por los lazos de su padre con el franquismo y criticaba la existencia en China de una Fundación Samaranch dirigida por dos de los miembros votantes. De Coventry tampoco se quedaba atrás al denunciar los regalos que aceptó de quien fuera dictador de su país, Robert Mugabe. Finalmente la campaña británica no funcionó y Coe perdió la carrera.

Coventry ahora deberá ponerse a trabajar, aunque todavía en la sombra. Bach será presidente hasta el próximo 23 de junio, cuando oficialmente tendrá lugar el relevo. A partir de entonces el nuevo dirigente deberá encarar la reentrada de Rusia en los Juegos Olímpicos, los problemas económicos de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) por los recortes del Gobierno de Donald Trump, la llegada de las deportistas trans a sus competiciones, la pérdida de varios patrocinadores importantes para el olimpismo, la negociación de los contratos televisivos y, entre otras muchísimas cosas, la elección de una sede para los Juegos de 2036.

Los desafíos para el nuevo presidente: premios, Rusia, dopaje, trans y... ¿Arabia Saudí como sede olímpica?

Los desafíos para el nuevo presidente: premios, Rusia, dopaje, trans y… ¿Arabia Saudí como sede olímpica?

«Podemos introducir los premios económicos en los Juegos. Desde mis años como atleta siempre he hablado de la importancia del bienestar financiero de los deportes. Y creo que se puede hacer respetando la filosofía olímpica. Debemos aceptar que ahora vivimos en un mundo diferente», anunciaba meses atrás Sebastian Coe, uno de los siete candidatos a la presidencia del Comité Olímpico Internacional (COI) y explotaba la campaña que terminaba este jueves. De repente, un asunto peliagudo en el que todos los aspirantes tenían que mojarse. Desde su creación, los Juegos Olímpicos promueven el espíritu amateur del deporte, «lo importante es participar», pero teniendo en cuenta que el COI facturó 7.000 millones de euros en el pasado ciclo olímpico, el debate es lógico. ¿Premiar las medallas o no hacerlo?

Muchos comités nacionales ya recompensan a sus deportistas por cada oro, por cada plata, por cada bronce -en España, 94.000, 48.000 y 30.000 euros, pero en este caso sería un premio de la propia organización. Coe lo tiene claro y los otros candidatos también: el resto, ni hablar.

Excepto Coe, nadie más se ha proclamado a favor de los premios por una cuestión lógica: habría menos dinero a repartir. Si las más de 1.000 medallas repartidas en los Juegos Olímpicos llevasen consigo una retribución, los comités nacionales y las federaciones internacionales verían reducidos sus ingresos y sus presidentes forman el grueso de los votantes en las elecciones.

«Estoy totalmente en desacuerdo [con Coe]. Los campeones deben ganarse la vida con ello, pero tienen que ser sus comités olímpicos, sus patrocinadores o sus países los que recompensen sus éxitos», respondía Juan Antonio Samaranch Jr. en la misma línea que el resto de aspirantes. De hecho, tan rotunda ha sido la negativa de los candidatos a la propuesta de Coe, que el ex mediofondista ha tenido que matizarla. En sus últimas comparecencias ha asegurado que no habría premios generalizados y que sólo existirán en determinados deportes.

En el horizonte, la sede de 2036

En todo caso, el debate como mínimo ha puesto picante a una campaña electoral sin apenas diferencias entre los candidatos. En el resto de materias en cuestión, todos han coincidido, incluso en la necesidad de la pronta reintegración de Rusia al movimiento olímpico, que podría llegar antes de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. La crisis del sistema antidopaje mundial por culpa de los recortes de la administración de Donald Trump ha aparecido como una preocupación generalizada, así como la negativa a la integración de las deportistas trans en las competiciones femeninas.

La Directiva de Thomas Bach fue benevolente con las mujeres trans, pero después de que la mayoría de federaciones internacionales les cerraran la puerta, el papel actual del COI es simbólico. Si el nuevo presidente o la nueva presidenta veta definitivamente a las mujeres trans en los Juegos Olímpicos, esa medida apenas tendrá ningún efecto real, pues éstas ya están vetadas por los reglamentos específicos de casi todos los deportes.

En realidad, para muchos de los miembros del COI lo más importante son las promesas sobre su propia relevancia. Después de la crisis con las ciudades candidatas y de la corrupción en las elecciones de sedes olímpicas como Río de Janeiro, Bach decidió hacerse con todo el poder y la Asamblea sólo podía reafirmar sus decisiones. Los Ángeles fue escogida sede para 2028 y Brisbane para 2032 sin la necesidad de pasar por el proceso de votación clásico. Ahora todos los candidatos han prometido a los miembros que volverán a mandar y muchos han asegurado que trabajarán para que haya Juegos Olímpicos en lugares inhabituales, especialmente en África.

En el horizonte, la elección para 2036 y la intención de ciudades árabes como Riad o Doha de postularse. De momento, sólo hay cuatro candidaturas confirmadas, Nusantara (Indonesia), Estambul, Ahmedabad (India) y Santiago de Chile, pero habrá más y muchos años después podría volver la tensión al Comité Olímpico Internacional.

Coe, Samaranch o Coventry: el Comité Olímpico Internacional elige presidente con "el sistema más sigiloso y opaco que existe"

Coe, Samaranch o Coventry: el Comité Olímpico Internacional elige presidente con “el sistema más sigiloso y opaco que existe”

La sede: el Romanos Resort de Costa Navarino, en el Peloponeso griego, un hotel de tantísimo lujo que no sólo cuenta con un campo de golf, cuenta con dos, y hasta 14 restaurantes.

Los candidatos: siete en total, con un español Juan Antonio Samaranch Salisachs, un favorito, Sebastian Coe, y una única mujer, Kristy Coventry.

Los votantes: únicamente 111 miembros, desde aristócratas como la princesa Ana del Reino Unido o príncipe Alberto de Mónaco a ex deportistas como Paul Tergat, Pau Gasol o Federica Pellegrini pasando por dirigentes de múltiples federaciones internacionales y hasta una actriz, Michelle Yeoh, ganadora de un premio Oscar en 2023.

Las elecciones a la presidencia del Comité Olímpico Internacional (COI) se deciden este jueves (a partir de las 15.00 horas) con el deporte mundial en vilo y a través «del sistema más sigiloso y opaco que existe», según definía estos días la agencia AP.

Las restricciones del proceso

Después de la sorpresa por la renuncia de Thomas Bach a seguir al frente cuatro años más, el movimiento olímpico vivirá una tensión desconocida desde 2013 y lo hará con el secretismo de un cónclave papal. La reunión no será retransmitida y responderá a las restricciones impuestas por el COI durante todo el proceso electoral. Los candidatos no pudieron publicar videos de campaña, ni viajar para reunirse con los votantes, ni tan siquiera participar en debates entre ellos y apenas tuvieron oportunidades para presentar sus programas.

El actual presidente, Thomas Bach.

El actual presidente, Thomas Bach.FABRICE COFFRINIAFP

«Me he reunido por Zoom con todos los candidatos y he podido hablar con ellos, pero oficialmente sólo hubo un acto pre-electoral, en la sede del COI y a puerta cerrada», desvela a EL MUNDO uno de los pocos votantes castellano-hablantes, que reclama anonimato por miedo a infringir alguna regla.

El pasado 30 de enero, los siete aspirantes realizaron un discurso de 15 minutos en la sede del COI de Lausana, donde no se permitió la emisión en vivo de los mismos y tan siquiera que los asistentes entraran con teléfonos móviles. Además, no hubo preguntas de los miembros a Samaranch, Coe y compañía. «Si yo fuera el presidente, creo que sería un poco más flexible», comentó uno de los candidatos, el príncipe Feisal al Hussein de Jordania, quien también exigió más oportunidades de hablar: «El mundo tiene derecho a saber quiénes nos postulamos y qué representamos».

«Hay que tener en cuenta que todas las votaciones en el COI son personales y secretas. Votamos electrónicamente y nunca se sabe a quién ha votado a cada uno. Además va por rondas: empiezas los siete y se elimina el menos votado, siguen seis, luego cinco y así. Sólo se acaba si un candidato logra el 51% de los votos. La tensión va creciendo durante todo el proceso. Porque, además, somos muy pocos. Hay 111 miembros, pero los candidatos no pueden votar, ni tampoco los que procedan de su mismo país. Por poner un ejemplo, hasta que no eliminen a Samaranch, Pau Gasol no podrá votar», comenta un votante a este periódico de los que no tendrá permitido el voto al principio. En primera ronda, con todos los aspirantes en liza, sólo podrán escoger 95 miembros lo que establece la mayoría en apenas 48. ¿Qué decidirá? No se sabe.

Coe, el máximo favorito

Como siempre se han ido creando diferentes grupos de interés, por continentes, por intereses, por idiomas, pero es difícil apuntar diferencias entre los distintos presidenciables. Coe ha marcado la campaña con su propuesta de incluir premios en metálico para los medallistas, una idea que el resto han rechazado. Según las entrevistas concedidas a los medios por unos y otros, no hay programas realmente rompedores más allá del anunciado por Morinari Watanabe, un outsider, que busca que los Juegos Olímpicos se disputen en sedes divididas por los cinco continentes al mismo tiempo.

Juan Antonio Samaranch jr., este miércoles, en la Asamblea.

Juan Antonio Samaranch jr., este miércoles, en la Asamblea.Thanassis StavrakisAP

La candidatura de Samaranch, de hecho, se basa en la continuidad del mandato de Bach, del que es vicepresidente primero desde 2016. La conquista del público joven es su principal preocupación, con alguna novedad, como permitir a los deportistas que utilicen vídeos con derechos en sus redes sociales. Su máximo rival es Sebastian Coe, aunque con un censo tan limitado y tan heterogéneo todo es posible. Coe, presidente de la World Athletics y del comité organizador de los Juegos de Londres 2012 -un ejemplo dentro del olimpismo-, mito del atletismo, tiene el perfil perfecto para el cargo y sólo su favoritismo le puede jugar en contra. Especialmente porque se sabe favorito.

Bach ha apoyado internamente a Coventry para que el COI sea dirigido por una mujer por primera vez desde su fundación en 1894 y el resto de candidatos, como el francés David Lappartient o el sueco Johan Eliasch, supondrían una exagerada sorpresa. En todo caso, el Comité Olímpico Internacional escoge este jueves nuevo presidente con el silencio como protagonista.

Los siete candidatos

Juan Antonio Samaranch

Barcelona (España). 65 años. Miembro del COI desde 2001 y vicepresidente primero desde 2016. Ingeniero con un MBA, entró en el deporte a través de la Federación Internacional de Pentatlón Moderno, pero sobre todo vinculado a su padre, presidente del COI desde 1980 y 2001. Es el candidato continuista de la actual Directiva, aunque Thomas Bach no le ha prestado apoyo directo, más bien lo contrario.

Sebastian Coe

Londres (Reino Unido). 68 años. Miembro del COI desde 2020, cuando ya mostró su intención de presentarse a presidente. Leyenda del atletismo, desde 2015 preside su Federación Internacional, donde intenta una modernización, no sin polémica. Es el favorito por ese papel en el atletismo -el deporte más importante del olimpismo-, por su perfil público y por el poder anglosajón.

Kirsty Coventry

Harare (Zimbabue). 41 años. Miembro del COI desde 2013 y ex presidenta de su Comisión de Atletas. Campeona olímpica de natación, dueña de dos de los tres oros de la historia de su país, es su actual Ministra de Deportes. De ser escogida sería la primera mujer presidenta y la primera africana. Bach le ha dado apoyo interno y, por su juventud, podría cumplir los 12 años de mandato máximo.

David Lappartient

Pontivy (Francia). 51 años. Miembro del COI desde 2022, preside el Comité Olímpico de Francia y la Unión Ciclista Internacional. Político de Los Republicanos, el partido de Chirac y Sarkozy, hoy venido a menos, ha intentado atraer el voto africano prometiendo que allí se celebrarán unos Juegos Olímpicos. Su perfil, muy parecido al de Coe, le convierte en una posibilidad: si hay un ganador sorpresa, será él.

Feisal al Hussein

Ammán (Jordania). 61 años. Miembro del COI desde 2010 como presidente del Comité Olímpico de su país. Hermano pequeño del rey Abdullah II de Jordania, ingeniero y con un máster de administración de empresas como Samaranch, practicó la lucha libre y a partir de entonces se vinculó con el deporte. En las entrevistas ha subrayado que los presidentes anteriores fueron europeos o estadounidenses, reclamando "más puentes" entre oriente y occidente.

Morinari Watanabe

Kokura (Japón). 66 años. Miembro del COI desde 2018 y presidente de la Federación Internacional de Gimnasia desde 2016. Hijo de un sobreviviente de la bomba atómica en Hiroshima, fue dirigente de AEON, una cadena de supermercados japonesa, y entró en el deporte como patrocinador de la Copa del Mundo de gimnasia, el deporte que había practicado de joven. Su propuesta es la más rompedora y seguramente la más improbable.

Johan Eliasch

Djursholm (Suecia). 63 años. Miembro del COI desde 2024 como presidente de la Federación Internacional de Esquí (FIS) desde 2021. Banquero muy relacionado con el Partido Conservador británico, dueño de la marca Head, es el candidato que lleva menos tiempo recorriendo los despachos del olimpismo mundial. En las entrevistas él mismo ha admitido que le sorprende ser uno de los posibles sucesores de Bach.

Muere a los 82 años Akinori Nakayama, ganador de 10 medallas olímpicas de gimnasia

Muere a los 82 años Akinori Nakayama, ganador de 10 medallas olímpicas de gimnasia

Actualizado Martes, 18 marzo 2025 - 11:26

Akinori Nakayama, gimnasta japonés ganador de seis medallas de oro olímpicas, murió el pasado 9 de marzo a los 82 años, según informaciones de este lunes de Federación Japonesa de gimnasia recogidas por Afp.

El deportista murió como consecuencia de un cáncer de estómago, según medios locales.

Nakayama, que ganó un total de 10 medallas olímpicas entre México-1968 y Múnich-1972, además de otras 12 en campeonatos del mundo (7 de ellas de oro) inspiró a generaciones de gimnastas.

Especialista de las anillas, un movimiento de balanceo en este aparato lleva su nombre, el "Nakayama".

Otro Samaranch frente a la apuesta del sistema por una mujer y la arrogancia de Sebastian Coe "Nunca pensé que tuviera que defenderme de mi apellido"

Otro Samaranch frente a la apuesta del sistema por una mujer y la arrogancia de Sebastian Coe “Nunca pensé que tuviera que defenderme de mi apellido”

Jamás pensó Juan Antonio Samaranch Salisachs que debería repetir tantas veces que no sufre 'complejo de Edipo', que no pretende suplantar al padre, como hizo el hijo del rey de Tebas al matar a su progenitor y casarse con su madre. Samaranch Salisachs, en realidad, está casado con el olimpismo desde su juventud, aunque no fue hasta la madurez, con su nombramiento como vicepresidente del Comité Olímpico Internacional (COI), en 2016, cuando empezó a fraguar en su cabeza la idea de alcanzar el puesto que ocupó su padre, el gran patriarca que salvó al movimiento en tiempos de boicots y crisis económica, durante los años 80, y lo condujo a una era de prosperidad y gigantismo. Donde hay prosperidad, hay corrupción. A sus 65 años, aunque en los pasillos olímpicos es conocido todavía como el 'Júnior', se presenta, junto a otros seis aspirantes, a la elección más abierta del olimpismo, el jueves en Grecia, en la 144 Sesión del COI.

Samaranch Salisachs insiste en que estos tiempos no son los de su padre, por lo que propone una modernización en la captación de recursos, avalada por su formación financiera, pero encuentra, precisamente, su mayor rival en un signo de los tiempos actuales. El ascenso de la mujer toma forma en la figura de Kirsty Coventry, una gran ex campeona olímpica, con otro en la carrera, Sebastian Coe. El británico es el candidato perfecto, un 'Carro de fuego', atleta, dirigente y ministro. Pero ostentosamente perfecto e individualista para buena parte de la 'Olympic Family'. Samaranch Salisachs, en cambio, pretende encontrar el equilibrio entre el apellido del pasado y un presente propio, frente a un futuro con nombre de mujer.

Thomas Bach y Samaranch Salisachs.

Thomas Bach y Samaranch Salisachs.David GoldmanAP

Cuando Samaranch Salisachs se dirigió a los miembros del COI, en los turnos privados de los candidatos, dijo que se había preparado para todo menos para tener que justificar su apellido. La influencia en el voto por la herencia de su padres es prácticamente nula en una Asamblea renovada, con un 70% de miembros elegidos a petición del presidente saliente, Thomas Bach, y en el que ha crecido el número de mujeres casi hasta la paridad: 47 de 109, al haber dos suspendidos. Bach quiere a una en su puesto. La única de los siete candidatos es Coventry, por la que se ha decantado sin ocultarse.

Polémicos premios en metálico

Bach no quiere dejar el COI en manos del español ni de Coe, aunque su animadversión por el británico es mayor. Le ocurre a buena parte del Movimiento Olímpico, que considera que va por libre, con un estilo arrogante. La iniciativa de Coe, presidente de la World Athletics, de conceder premios en metálico a los campeones del atletismo en los Juegos de París generó muchas críticas y un agravio con otros deportes, hecho que comprometió a otros presidentes de federaciones internacionales. El ex doble campeón olímpico de 1.500 tiene un suelo de votos, pero poco margen para crecer en las siguientes votaciones, a medida que se eliminen candidatos. Los primeros en caer deberían ser el japonés Morinori Watanabe, el jordano Feisal al Hussein, el sueco Johan Eliasch y el francés David Lappartient, siempre que alguno de los favoritos no obtenga mayoría absoluta en las primeras rondas.

Sebastian Coe.

Sebastian Coe.JOEL SAGETAFP

«Con todo el amor, el respeto y el orgullo que tengo por mi herencia, mi apellido y mi padre, los escenarios son diferentes. Nunca pensé que tuviera que defenderme de mi apellido. Estoy muy orgulloso de ser el hijo de mi padre, pero estoy tratando de mantenerlo fuera de esta carrera de todas las formas posibles. Él se unió al Movimiento Olímpico hace casi 60 años y se fue hace 25. Ninguno de los desafíos a los que se enfrentó y las recetas a utilizar se parecen a los de hoy. Así que no hay conexión. No hay nada de allí que se pueda aplicar hoy en día», repitió Samaranch Salisachs en un encuentro con periodistas organizado por la Asociación Internacional de la Prensa Deportiva (AIPS) y conducido por su presidente, Gianni Merlo.

La claridad de la declaración revela que el español necesita más de sí mismo que de su apellido, aunque sin ser un Samaranch difícilmente habría entrado en el COI. Lo hizo en la misma sesión en la que se retiraba su padre, en 2001. Un último servicio a la familia. A pesar de formar parte de la estructura olímpica, como vicepresidente de Bach, no representa el continuismo, sino que su programa es más concreto con respecto a los cambios, fundamentalmente los que se refieren a la sostenibilidad económica del olimpismo del futuro, que los de la propia Coventry, 14 años más joven, centrados en la revolución que supondría que una mujer alcanzara por primera vez la presidencia.

«No hay nada de las recetas que generaron la bonanza de las finanzas olímpicas para poder florecer los Juegos Olímpicos hace 45 años que se pueda aplicar hoy. Tenemos socios de transmisión fuertes, y ahora con lo digital estamos entendiendo cada vez más cómo esto nos moverá en las próximas décadas. Todavía operamos con el programa de marketing deportivo más exitoso de la historia, llamado TOP, que necesita actualizarse, ser más flexible y adaptarse a las necesidades de marketing actuales», explica el hijo del patriarca, respetuoso con Bach, aunque no le apoye. El presidente actual entró en el COI a propuesta de su padre, pero Samaranch Salisachs no cuenta siquiera con su neutralidad. Coventry es su apuesta.

Kirsty Coventry.

Kirsty Coventry.FABRICE COFFRINIAFP

Joven, africana, mujer y campeona olímpica, la ex nadadora de Zimbabue insiste en que «Bach y yo somos personas muy diferentes. Tenemos estilos de liderazgo completamente distintos, pero compartimos el amor por nuestro movimiento». Se separa lo justo para subrayar su independencia y no generar rechazo por el favor de quien manda, aunque ya no se manda como antes, como en tiempos de Samaranch padre. Entonces una llamada era clave para movilizar a un grupo. Hoy no hay jefes de fila a la antigua, familias que decanten una elección en una Asamblea renovada y con solo tres españoles: Marisol Casado, ex presidenta internacional de triatlón, y Pau Gasol, además de Samaranch Salisachs, que intenta demostrar que no es su padre ni Edipo a la conquista del Olimpo.

Diego Botín, el vacío de un campeón olímpico en París: "Lo que no comías, ahora te lo comes"

Diego Botín, el vacío de un campeón olímpico en París: “Lo que no comías, ahora te lo comes”

¿Para qué entrenar más si ya tienes un oro olímpico en la estantería? Ganar en unos Juegos es la recompensa a toda una vida de sacrificios, pero también se parece demasiado a un final. Llegó el pasado septiembre y Diego Botín, campeón de la clase 49er junto a Florian Trittel en París, descubrió que tenía que volver al mar y, lo que es peor, a levantar peso en el gimnasio y a reprimirse ante la nevera.

¿Cuánto le costó?
Bastante, bastante, de hecho aún me cuesta. No he llenado ese vacío post-olímpico. En las primeras semanas era fácil porque había muchas cosas que hacer, muchos actos, muchas entrevistas, pero a la que se calmaron las cosas... Durante muchos años tu mente sólo piensa en una cosa, el oro, el oro, el oro, y cuando lo consigues ya no sabes muy bien qué hacer. Tengo motivación a largo plazo, pienso en los Juegos de Los Ángeles 2028, pero el día a día cuesta más que antes. Aquello que no te comías antes, ahora igual te lo comes.

Ricardo PintoSAIL GP

A los 30 años, Botín estará en los próximos Juegos Olímpicos y es posible que lo haga de nuevo con Trittel en la clase 49er, pero para eso todavía queda mucho. De hecho, incluso para el próximo Mundial falta un año y medio. Por eso busca estímulos entrenando con otros barcos, como el pequeño MOD, y compitiendo en otras categorías, especialmente en SailGP, la llamada Fórmula 1 del agua, que sigue en crecimiento. Con él como patrón, hace dos años el equipo español acabó último y parecía más fuera que dentro, pero el año pasado se volvió la revelación y venció ante países plagados de leyendas de las regatas como Australia o Nueva Zelanda.

Ganar el día que no toca

Ganaron SailGP el 14 de julio de 2024, el mismo día que España ganó la Eurocopa y Alcaraz en Wimbledon. Mal día para salir en las portadas.
Es cierto. Por un lado, es así, la repercusión se difumina, nos hubiera ido mejor otro día, pero también fue un honor. Formamos parte de un día histórico para España, con la Eurocopa, Wimbledon y creo que Sergio García también ganó [el LIV Golf Andalucía]. A mí me pareció bonito.
Ya no les vale lo de ir de tapadillo.
Totalmente. Las sensaciones son muy distintas a las del año pasado. Llevamos tres eventos [la temporada de SailGP se compone de 14, acabará en noviembre] y vamos terceros. Pero creo que nos falta trabajo para ser regulares. Tenemos días muy buenos y errores demasiado grandes. Necesitamos consistencia. Pero podemos volver a pelear por el título.
El equipo que patronea lleva junto casi desde la Copa América junior de Bermudas, en 2017. ¿Es demasiado?
No, no. Esa es la raíz del equipo y creo que su principal fortaleza. Hemos crecido navegando juntos y por eso nos entendemos muy rápido y nos adaptamos a cualquier cosa. En aquella Copa América estaban Florian, Joel [Rodríguez] o Joan [Cardona, bronce en los Juegos de Tokio], no está mal. Con Florian hemos compartido muchísimo, más en la última campaña olímpica, y no nos cansamos. Si hablamos de motivación, con todos ellos es más fácil porque nos empujamos los unos a los otros.

Ya en su quinta temporada, SailGP ha crecido en pruebas alrededor del mundo (Dubai, Nueva Zelanda, Australia, Estados Unidos, Brasil, Gran Bretaña, Alemania, Italia, Suiza y en España, Cádiz, el 4 y 5 de octubre), en audiencias y en patrocinios, pero todavía necesita que los equipos se sustenten solos. Al principio pertenecían a la organización y poco a poco fueron vendiéndose a inversores privados: de los 12 en liza, ocho ya tienen dueño. El equipo alemán, por ejemplo, es copropiedad del cuatro veces campeón de Fórmula 1 Sebastian Vettel. Pero hay otros conjuntos que todavía están a la espera de capital. El equipo español es uno de ellos y si no lo consigue es posible que la próxima temporada desaparezca. A Botín no le faltaban contactos -es sobrino segundo de Ana Botín, presidenta del Banco Santander-, pero la inversión es seria: ronda entre los 20 y los 30 millones de euros.

¿Sobrevivirá el equipo?
Vamos en buen camino. SailGP es una competición muy joven, pero se está afianzando en muchas partes del mundo y el equipo español es un equipo importante. Tenemos conversaciones prometedoras y estamos trabajando fuerte. Creo que vamos a ser un equipo sostenible, que vamos a seguir, pero no lo puedo asegurar.
La leyenda infinita de Craviotto, 'máster' olímpico, el deportista español con más medallas

La leyenda infinita de Craviotto, ‘máster’ olímpico, el deportista español con más medallas

En el pantalán de llegada del espectacular canal olímpico de Vaires-sur-Marne, sentado, un gigante dejaba escapar lágrimas mezcla de emociones. Ese 8 de agosto, Saúl Craviotto (Lleida, 1984) había roto la última barrera, la que, quién sabe por cuanto tiempo, le acompañará junto a ese apellido de orígenes italianos: el deportista español con más medallas olímpicas. Aquel bronce, su sexta presea, era liberación, era júbilo, pero también era ese poso amargo de inconformismo que les queda a los campeones cuando han acariciado la victoria: el K4-500 que compartía con Marcus Cooper, Carlos Arévalo y Rodrigo Germando había paladeado el oro durante gran parte de la regata, el mismo que también se les escapó tres años atrás (plata) en Tokio.

Es tal el impacto mediático de Saúl que tantas veces se le asume como una leyenda del pasado cuando su vigencia deportiva no puede ser más pletórica. Hasta el punto de que, cumplidos los 40, ni siquiera aún entierra la bala de Los Ángeles, los que serían sus sextos Juegos. Craviotto se toma con humor que por la calle le reconozcan más por su paso (y victoria en 2017, cómo no) por Masterchef Celebrity que por su legado olímpico: dos oros, dos platas y dos bronces (superando en París las cinco medallas de su predecesor en la piragua, mentor, ídolo y amigo David Cal). O que haya tenido que dejar de patrullar como Policía Nacional por las calles de Gijón (allí vive desde hace 20 años) para afrontar otras labores menos peligrosas para alguien con tal exposición social.

De Pekín 2008 a París 2024 va una vida que ahora pide apenas una tregua de meses en sus espartanas rutinas de entrenamiento (tres al día de lunes a sábado en época de pre competición) para estar más cerca de sus tres hijas. Horas y horas en el pantano de Trasona y en el gimnasio para una prueba de un minuto, para disfrutar y sufrir deslizándote por el agua con la pura fuerza de los brazos. Para escribir una leyenda inigualable -también es cuatro veces campeón mundial y tres europea- aunque por el camino, larguísimo, también hubiera sus sinsabores. «Ves a Saúl Craviotto con sus medallas olímpicas y parece que ha sido una carrera exitosa, pero me he pegado cada leche que no veas. He tenido ganas de dejarlo todo también», contaba meses atrás en este periódico.

El oro de Pekín

Para Saúl, quien se inició en el piragüismo por inspiración paterna (en su día Manuel llegó a competir en alguna Copa del Mundo y en 2022 fue campeón del mundo de la modalidad de maratón en categoría de veteranos), la cuenta arrancó hace ya 16 años en Pekín. Entonces, parte del K2-500, embarcación que compartía junto a Carlos Pérez, Perucho. Acudían como plata europea, pero dieron la sorpresa imponiéndose con contundencia a la pareja alemana, la favorita. Fue un oro premonitorio, el comienzo de una trayectoria única.

El siguiente paso olímpico fue en Londres, no sin contratiempos, pues Craviotto tuvo que cambiar de planes al no lograr clasificarse junto a Perucho para defender su oro en el K2. Fue en kayak individual, casi improvisando en una preparación exprés, donde el palista español se colgó la plata, sólo por detrás del británico Ed McKeever.

En Río 2016, ya figura consolidada, plena madurez, sumó dos medallas más. En el K2-200 el oro junto a Cristián Toro en una inolvidable remontada. Y en el K1-200, en solitario, un bronce ajustadísimo. Metales que le valieron ser, junto a Mireia Belmonte, abanderado para la que era su cuarta cita olímpica, la de Tokio, retrasada un año por la pandemia. Hasta esos Juegos, que fueron sus cuartos, el palista transitó por su boom mediático, año sabático de limpieza física y mental que, sin embargo, no le hizo rebajar su competitividad. Disputó la final sin premio del K1-200 y sumó la plata en el K4-500 con Cooper, Carlos Arévalo y Rodrigo Germade, el mismo cuarteto que repetiría podio en París, de nuevo Saúl como marca en la proa de la piragua.

Le ocurrió tras Tokio y, cómo no, le sucede ahora tras París. Todo el mundo asume su retirada, más en estos tiempos tan proclives al adiós de las leyendas que marcaron las últimas décadas del deporte nacional (Rafa Nadal, Andrés Iniesta, Javier Gómez Noya, Rudy Fernández, Álvaro Martín...). Sería la lógica para un tipo con 40 cumplidos. No aún para él. «Me encuentro bien, pero va a ser más el tema mental y que me apetezca. Yo ya sé el peaje que hay que pagar, a mí ya no me engañan. Digamos que yo ya estoy en una parte de mi carrera en la que me lo planteo año a año, reto a reto o a lo mejor, lo dejo ya», contaba hace unos días en una entrevista en Eurosport.