Dopaje para subir al Everest: el gas xenón que permite llegar a la cima "en una semana" a quien pueda pagar 200.000 euros

Dopaje para subir al Everest: el gas xenón que permite llegar a la cima “en una semana” a quien pueda pagar 200.000 euros

«Ya lo hemos hecho en apenas dos semanas. Ahora nuestro objetivo es hacerlo en sólo una», proclama Lukas Furtenbach en conversación con EL MUNDO y es el anuncio de una gesta, de una chifladura, de un milagro o de una insensatez. Furtenbach es el dueño de Furtenbach Adventures, una de las empresas de guías de alta montaña más conocidas en el mundo, sobre todo en Estados Unidos, y una semana es el tiempo que, según su oferta, tardarán sus clientes en ascender al Everest. Sólo siete días desde que salgan por la puerta de su casa en Nueva York, Los Ángeles, Londres o Madrid hasta que alcancen el techo del mundo. Alpinismo a todo gas, montañismo exprés.

Si una expedición normal suele tardar unos dos meses entre volar a Lukla con escala en Katmandú, completar la caminata hasta el campo base, acostumbrarse a la altitud, cruzar la enorme cascada de hielo del Khombu y hollar la cumbre a través del mítico escalón de Hillary; la expedición Flash de Furtebanch Adventures promete hacer todo eso en un abrir y cerrar de ojos. ¿Cómo? Con mucha planificación, varios trucos y alguna trampa. ¿Por cuánto? Por 103.900 euros en la versión más económica o 199.000 euros en su versión premium.

Para saber más

La compañía austriaca con oficina en Estados Unidos está especializada en viajes de lujo así que, además de comodidades como una tienda de campaña climatizada de 80m2 con baño privado, ofrece un servicio de traslado que no deja horas muertas. De cualquier ciudad del mundo a Katmandú, de allí a Lukla en avioneta y de allí al campo base del Everest en helicóptero. Pim, pam.

Hay espacio para aclimatarse en los cercanos Island Peak o Mera Peak, de más de 6.000 metros, pero no es más que un trámite. Al fin y al cabo, los rápidos ascensos de Furtenbach al Everest cuentan con ayudas como la compañía de dos sherpas experimentados por escalador, oxígeno ilimitado de día y de noche y, por supuesto, el uso de cuerdas fijas en toda la montaña. Con todo eso, cualquiera puede alcanzar los 8.848 metros de la cima, pero para ir tan rápido hay que ir más allá. Otras empresas de guías de alta montaña, como la nepalí Seven Summit Treks, ofrecen servicios parecidos; el truco de Furtebanch está en la aclimatación.

Más oxígeno en sangre

«Somos pioneros en la pre-aclimatación con tecnología hipóxica. La utilizamos desde 2008 y ahora mismo tenemos mucha experiencia. Gracias a ella, en 2022 conseguimos completar un guiaje completo en el Everest en sólo 16 días», cuenta el propio Furtenbach, que se refiere a la preparación de sus clientes en sus propias en las semanas previas a su viaje a Nepal. Un protocolo personalizado por un especialista, cámaras de hipoxia para dormir, máscaras para hacer ejercicio y lo último de lo último: sesiones de tratamiento con gas xenón.

Desde este año la empresa ofrece unas inhalaciones con el gas noble para multiplicar el oxígeno en sangre de quienes les contratan. El xenón engaña al cuerpo para que piense que le falta oxígeno, estimula la producción de EPO y a priori hace que en la sangre haya más glóbulos rojos. Con ello, los alpinistas deberían llegar al campo base como si llevaran allí viviendo toda la vida. Pero hay varios motivos para la polémica.

"Crece el riesgo"

El primero es que el xenón es dopaje. Desde que varios deportistas rusos lo utilizaran para los Juegos Olímpicos de invierno de Sochi 2014, la Agencia Mundial Antidopaje lo tiene prohibido, aunque los montañistas que escalan el Everest no están bajo sus directrices -al fin y al campo no forman parte de ninguna competición. El segundo motivo es que puede ser muy peligroso.

«Con el aumento de hematocrito, la sangre se vuelve más viscosa, fluye menos y crece el riesgo de que haya un accidente cardiovascular. De hecho, muchos grandes montañeros han fallecido por eso. De Iñaki Ochoa de Olza se decía que tenía un don para la aclimatación, que su cuerpo respondía muy rápido a la falta de oxígeno y, según el cardiólogo que le hizo la autopsia, eso pudo espesarle la sangre y causarle el edema que finalmente le afectó», analiza Adrián Castillo, investigador en Ciencias de la Salud en la Universidad de Alcalá y autor de la revista especializada Fissac, en conversación con este periódico: «Además no hay evidencia de que el gas xenón aumente el rendimiento. Por comparar, un ciclista puede ingerir más hidratos, pero eso no quiere decir que vaya a ir más rápido».

Furtenbach Adventures alega que el entrenamiento en hipoxia previo y la reducción de tiempo en el Everest hacen que sus expediciones Flash sean más seguras que el resto, pero el debate está abierto en el techo del mundo. Hasta 40 clientes ya han contratado sus servicios para la próxima primavera. Alpinismo a todo gas, montañismo exprés.

Meri Puig, la aventura de la primera española en el Everest: "Sufrí una parálisis facial y tuve que darme la vuelta"

Meri Puig, la aventura de la primera española en el Everest: “Sufrí una parálisis facial y tuve que darme la vuelta”

«Comencé a escalar a los 15 años. Nací en Barcelona, en el barrio de Gracia, y allí conocí a unos chicos que escalaban, que iban todos los fines de semana a Montserrat, que encontraban así la libertad que tanto se anhelaba en esa época. Me gustó mucho y fui conociendo a más gente, viajando más...», relata Meri Puig (Barcelona, 1962) como inicio de una de esas biografías perdidas en el deporte español.

Fue la primera española que pisó el Everest o la jefa de la primera expedición femenina europea en el Himalaya, pero sus logros han quedado sepultados por las gestas posteriores de alpinistas como Araceli Segarra o Edurne Pasaban. Nunca alcanzó la cima de la montaña más alta, no conquistó ningún ochomil, pero en los años 80 Puig fue la primera mujer en completar varias vías en los Pirineos, los Alpes o los Picos de Europa, como la Rabadá Navarro del Picu Urriellu con Anna Masip o la arista sur del Aiguille Noire de Peuterey con Mònica Verge.

¿Sintió que le faltaba reconocimiento en su momento?
No, porque en aquella época tampoco le daba importancia. No iba a una vía para ser la primera mujer, ni pensaba en ello, iba porque me gustaba. Estoy muy contenta de haber llegado donde llegué, aunque me quedé con la espinita de no poder subir al Everest.

Aquel ascenso al Everest fue un chasco, pero antes hubo muchos éxitos. En 1984, por ejemplo, se juntó con otras amigas que escalaban, como la propia Verge o Mari Carmen Magdalena, y formaron el primer grupo de mujeres europeas -y segundas en el mundo- que atacaba una montaña en el Nepal. Fue el Kangtega, de 6782 metros.

La primera expedición europea femenina

«Estábamos en el vestuario del gimnasio y dijimos: '¿Por qué no?'. Buscábamos una aventura, piensa que yo tenía 22 años. Conocíamos a Lluis Belvis, cónsul del Nepal en Barcelona, y nos propuso el Kangtega como objetivo. Era una montaña muy poco conocida y con pocas ascensiones desde que subiera un grupo liderado por Edmund Hillary en 1963. Se suponía que era asequible, pero luego fue más complicado de lo que parecía», recuerda Puig que en el primer tramo, un glaciar, se encontró junto a sus compañeras unas enormes grietas y tuvieron que abrir una variante. Alcanzaron la cima, todo un hito en su momento, que mantuvo en vilo a miles de lectores... en la revista Lecturas.

¿Por qué publicaron sus crónicas en Lecturas, una revista del corazón?
Nos financiaron el viaje junto a Freixenet y Perlas Majorica. No fue nada fácil encontrar el dinero para viajar, lo tuvimos difícil por ser mujeres. La mayoría de empresas interesados en el montañismo no confiaban en nosotras y nos cerraban las puertas. Lecturas nos ayudó y a cambio montamos todo un sistema para enviar las crónicas. No había radios ni teléfonos así que hacíamos fotos y escribíamos textos y un guía sherpa bajaba de la montaña a Lukla, cogía la avioneta a Katmandú y desde allí enviaba todo a la revista.

Un documental llamado Obrint camí. Kangtega 84 de Miquel Pérez recuerda ahora ese grupo y su éxito fugaz. Porque después del Kangtega no se volvió a reunir. Accidentes como el que sufrió en 1985 Verge en los Pirineos, en la Torre de Marboré, fueron obstáculos y finalmente cada alpinista hizo su propio camino. En 1988 a Puig le llegó una llamada especial: el Everest.

«Nos invitaron a mí y a Coco [Mari Carmen Magdalena], pero ella se quedó embarazada», rememora Puig que formó parte del equipo Everest'88 Epson. Junto a ella estaban Nil Bohigas, Lluis Giner y Jerónimo López, que hollaron la cima y colocaron allí la primera bandera española -las dos expediciones anteriores no lo habían hecho-, pero Puig se quedó abajo, viviéndolo desde la distancia.

¿Qué ocurrió?
Sufrí una parálisis facial por la altitud. En la misma expedición ya había habido un compañero que había padecido un edema cerebral y conmigo el médico se curó en salud: no me dejó subir. No íbamos por la vía normal, íbamos por la arista oeste y llegué a los 7.500 metros, al último tramo de la vía de los yugoslavos. Pero di media vuelta.

JAUME ALTADILL

Al año siguiente su compañera, Mònica Verge, se convirtió en el Cho Oyu en la primera española en lo más alto de un ochomil, pero Puig ya no volvió a intentarlo. Hija de unos tenderos del barcelonés mercado de la Abaceria Central, secretaria de formación, reorientó su vida hacia la psicología y se fue a vivir a los Pirineos, a la Seu d'Urgell. Ahora desde allí, a sus 62 años, ayuda a deportistas como los piragüistas que entrenan en el Parque Olímpico del Segre.

«Volví dos veces al Himalaya a hacer trekkings y ahora hace tiempo que no escalo, llevo un grupo de marcha nórdica. Ahora veo a muchas más mujeres en la montaña, pero no me atrevo a decir que lo tienen más fácil que yo. Todo evoluciona y la evolución está bien. Quizá hay más oportunidades, pero también más exigencia», finaliza Puig, parte de la historia del alpinismo español.

Mingma G, el mejor guía sherpa del mundo: "La primera vez que subí al Everest me emocioné; el resto fueron trabajo"

Mingma G, el mejor guía sherpa del mundo: “La primera vez que subí al Everest me emocioné; el resto fueron trabajo”

El pasado viernes una estrella del deporte mundial pasó por el Aeropuerto de Madrid, pero casi nadie se enteró. Era difícil reconocerle: no vestía su habitual ropa supertécnica -llevaba tejanos-, estaba lejos del lugar de sus gestas y suele esquivar el protagonismo. Pero el historial de Mingma G merecía que alguien le pidiera una foto en una de sus escalas entre Katmandú y el Aconcagua, su objetivo de este diciembre. «Es la primera vez que piso España, aunque sólo sea el aeropuerto. Estuve en Francia y Suiza esquiando», comenta a EL MUNDO quien seguramente sea el mejor guía de montaña del mundo.

La ascensión al K2 en invierno de 2021 junto a Chhang Dawa o Nirmal Purja le lanzó al estrellato, pero Mingma G acumula una larga listas de gestas, como sus 35 ascensos a ochomiles -seis al Everest, cinco al K2...-. En la comunidad sherpa del Nepal es un héroe, también por su trabajo al frente de Imagine Nepal, una de las compañías que copan el mercado del turismo en los techos del mundo.

Seis veces en la cima del Everest. ¿En todas sintió la misma emoción?
La primera fue especial, el resto fueron trabajo. En 2007, la primera vez que llegué a la cima, sentí una gran emoción. Siempre había querido llegar allí porque había escuchado hablar del Everest desde que nací. Mi padre, mi tío, muchos de mis familiares habían trabajado como guías y me habían explicado mil historias de la montaña. Después ya no sentí tanta excitación, sólo la responsabilidad de ayudar a quienes guiaba.

Estudios en Katmandú y proyectos propios

Como relata Bernadette McDonald en su libro Los verdaderos héroes del Himalaya (Desnivel 2024), Mingma G nació en 1987 en Na, una aldea a 4.100 metros de altitud, en el nepalí valle de Rolwaling. La zona es remota y de escasos recursos, pero el trabajo como guía de su padre, Dorjee Sherpa, uno de los más cotizados en la región en los años 80 y 90, le permitió estudiar en Katmandú, aprender inglés y licenciarse en Dirección y Administración de Empresas. «No tenía claro que quería ser alpinista, me gustaban las ciencias y los negocios, pero en mis primeras expediciones sentí una gran pasión. Muy pronto, en 2007, llegó mi primer ascenso al Everest», recuerda a este diario y tan pronto fue que apenas había cumplido 20 años.

Luego vendrían los cursos para convertirse en guía de la Unión Internacional de Asociaciones de Guías de Montaña (UIAGM), muchos encargos de clientes para subir a todos los ochomiles -ha completado los 14 sin oxígeno artificial- y también, raro para un sherpa, algunos proyectos propios. Su ascensión en solitario al Chobutse -en Nepal, de 6.686 metros- fue, según Himalayan Database, «la primera ascensión técnica en solitario realizada por un sherpa nepalí».

¿Qué opina de los atascos en la ruta de subida al Everest?
Creo que hay que poner límites. Tenemos que controlar el número de montañistas en las cuerdas para que no haya problemas. En Nepal hay una gran competencia entre empresas, algunas ofrecen precios muy bajos y aceptan escaladores sin experiencia. Nosotros no entramos en eso. Exigimos conocimientos y limitamos los grupos a 10 personas.

El reconocimiento a los sherpas

Mingma G vive en la ambivalencia que comparte gran parte de la comunidad sherpa. Sus montañas están siendo sobreexplotadas, pero eso ha permitido el crecimiento de la región del Khumbu, donde se alza gran parte del Himalaya. Él mismo participó en 2019 en el asombroso y polémico Project Possible en el que Nirmal Purja completó los 14 ochomiles en apenas seis meses. Luego llegaría la gloria, la verdadera gloria, con el K2 invernal de 2021 que aún hoy es el mayor orgullo del Nepal.

«En el pasado el trabajo de los sherpas no era reconocido porque no hablaban inglés y no tenían medios para explicar sus gestas al mundo. Ahora cada vez se nos tiene más en cuenta y contamos con las redes sociales como herramienta. En el K2 demostramos que somos capaces de cualquier cosa en la montaña, que los sherpas somos los más duros allí arriba. Es el mayor éxito de mi vida, mi legado para las próximas generaciones», proclama Mingma G, que la próxima primavera intentará subir nuevamente al Annapurna con varios clientes y que se ve con fuerza para seguir trabajando en las montañas «tres o cuatro años más».

Jordi Corominas, el primer español que recibe el Piolet d'Or, mayor premio del alpinismo: "Me han ofrecido mucho dinero por ir al Everest y no voy"

Jordi Corominas, el primer español que recibe el Piolet d’Or, mayor premio del alpinismo: “Me han ofrecido mucho dinero por ir al Everest y no voy”

No aparece en la lista oficiosa de 8000ers de alpinistas que han hollado los 14 ochomiles del mundo. Apenas ha salido en televisiones y puede contar las entrevistas concedidas con sus dedos llenos de callos. Google no responde con su cara si se le pregunta: '¿Quién es el mejor alpinista español de la historia?' Pero en el mundillo Jordi Corominas es «El jefe». El autor de gestas como aquella repetición en solitario de la Magic Line del K2 en 2004. El guía que ha enseñado las grandes montañas a muchos, como a Kilian Jornet. El maestro de muchos guías jóvenes españoles desde la Escuela de Montaña de Benasque, donde vive. «Sólo bajo del monte cuando voy a la escuela a dar clases», explica a EL MUNDO después de convertirse a los 66 años en el primer español en recibir el Piolet d'Or a toda una trayectoria, el mayor premio del alpinismo mundial.

En 1991, hace una eternidad, ya coronó en solitario el Dhaulagiri. Podría haber intentado ser el primer o el segundo español en coronar los 14 ochomiles.
Nunca me ha interesado. Siempre he buscado una montaña, una pared, que me llamara la atención y no me importa si es un ochomil, un sietemil o un cincomil. Lo importante no es subir, si no por dónde y cómo subes. Ese montañismo mediático, que siempre ha recibido mucho bombo en España y algunos otros países ahora eso se ha llevado al extremo, a intentar hacerlo en unos meses. Para mí es lo contrario al alpinismo, a su mentalidad. Lo interesante es saber qué puede hacer el ser humano, no veo el sentido a subir una montaña con medios como el helicóptero.
Sólo ha intentado una vez escalar el Everest, en 2006 y por la cara norte, una ruta alternativa.
Sí, y no llegué a la cima. No salió y me volví a casa, ya está. El Everest puede tener más de una línea interesante, pero no me ha llamado tanto como el K2. Cuando miras el K2 se te cae el alma a los pies.
Pero es guía de alta montaña y en el Everest es donde hay más negocio. ¿Cuánto deberían pagarle para subir allí por la vía normal?
Nada porque no voy a ir, estoy seguro. Me han ofrecido mucho dinero para hacerlo y nunca he ido. Allí no llevo a nadie. Nunca me interesó, pero ahora, con las aglomeraciones que hay, es inconcebible. Para mí subir al Everest haciendo cola es como estar en la cola del súper. No hago montaña para eso. Si aquí, en el valle de Benasque, ya no voy al Aneto en verano por la masificación, imagina al Everest.
Para ir a la montaña se necesita dinero y para conseguir dinero se necesita cierta atención mediática, que los sponsors ayuden... ¿Cómo lo ha hecho lejos de los focos?
Cuando era más joven trabajaba de cualquier cosa, en el campo o en algún negocio en el pueblo, para conseguir dinero rápido y poder montar mis proyectos. Luego lo he hecho con mi trabajo de guía o de profesor de la Escuela de Montaña. He tenido algunos patrocinadores, algunas subvenciones, y ha habido sitios a los que no he ido porque no tenía el dinero. Nunca he rechazado salir en los medios, pero no lo he buscado.

J.C.

Entre los expertos se explican muchas gestas suyas en solitario, incluso sin fotografías de por medio.
Cuando vas bastante a la montaña hay un momento en el que vas solo porque no encuentras a nadie, tus planes no encajan con los planes de otra gente. Te vas acostumbrando a ello y al final lo haces todo solo. Si vas así, es difícil pasar imágenes y, en realidad, tampoco importa mucho. El alpinismo es patrimonio inmaterial de la UNESCO, que lo define como el arte de subir montañas. Nada más. Vas a sitios desconocidos, buscas lugares por donde no haya pasado nadie, no importa si la gente se entera. Seguramente sea una actividad a contracorriente en el mundo actual.
Pero solo aumenta el riesgo.
Sí, pero nunca sabes cuánto riesgo asumes hasta que mueres. A determinado nivel si no cruzas ciertas barreras no vas a ningún sitio, te quedas en casa mirando el parte de avalanchas. Hay unos límites que debes cruzar, te la tienes que jugar. Has tenido gente cerca que ha muerto, que ha desaparecido, ha habido accidentes, pero tienes que pasar esa raya si quieres seguir moviéndote.
En 2011 presentó el Himalaya a Kilian Jornet. Muchos alpinistas clásicos, como Reinhold Messner, critican su montañismo rápido y ligero. ¿Qué opina?
Entiendo las dos posiciones. Kilian es un gran corredor, un buen montañero en resistencia y está explorando los límites del ser humano, como este verano en los Alpes, pero no es un buen escalador. Hubo un momento en el que escaló más, pero se dio cuenta que no podía estar en los dos mundos. Esto es lo que Messner ha criticado: que no ha hecho vías duras técnicamente. El propio Kilian tiene eso muy en cuenta y por eso él mismo dice que no hace alpinismo.
¿Por qué empezó a escalar montañas?
Por mis padres. Vivían en Barcelona, en el barrio de Sagrada Familia, pero la ciudad les agobiaba y decidieron mudarse a Calahorra, al campo. Mi padre montaba máquinas para fabricar zapatillas y en La Rioja había mucho calzado así que tiraron por ahí. Veníamos bastante a Benasque y hace ya más de 30 años me instalé aquí y empecé a dar vueltas por el mundo.
Cuentan que en su habitación tenía posters de Walter Bonatti, el mito, que precisamente recibió el mismo Piolet d'Or que usted.
Soy poco de mitos, pero si tengo uno, es él. Es un alpinista importante en la historia, todo un personaje y además mis padres lo conocieron en los Alpes. En un refugio en el Montblanc vio que eran españoles, pero que no hablaban castellano, porque hablaban catalán, y se acercó a preguntarles de dónde venían.
Un paso más para descifrar el mayor enigma del alpinismo: encuentran en el Everest la bota que llevaba Irvine en 1924

Un paso más para descifrar el mayor enigma del alpinismo: encuentran en el Everest la bota que llevaba Irvine en 1924

En 2021, Sebastián Álvaro, director del programa de TVE 'Al filo de lo imposible' y autor de libro 'Everest, 1924' advertía en una conversación con EL MUNDO de lo que iba a ocurrir: "En los próximos tres años, antes del centenario, habrá una avalancha de material, incluidos varios documentales". Y en efecto así ha sido, es y será. El mayor enigma de la historia del alpinismo está cerca de resolverse.

El 8 de junio de 1924, dos alpinistas ingleses, George Mallory y Andrew Irvine, fueron vistos por uno de sus compañeros de expedición, Noel Odell, a unos 8.650 metros de altitud "avanzando resueltamente" hacia la cima del Everest. El cielo estaba despejado y ya superaban el segundo escalón: la historia les esperaba. Pero nada más se supo de ellos. Quizá alcanzaron el techo del planeta 29 años antes que los pioneros Edmund Hillary y Terzig Norgay o quizá no. Es el interrogante que durante décadas ha movido a investigadores de todo el mundo y que ahora busca solución. ¿Lo consiguieron?

En busca del cuerpo de Irvine

La opinión mayoritaria del alpinismo decía que no hasta que en 1999 se encontró el cadáver de Mallory sin la foto de su mujer, Ruth, que el montañero juró que dejaría allí arriba. Y ahora simplemente se busca la prueba que demuestre que sí alcanzaron la cima. El objetivo es hallar el cuerpo de Irvine para descifrar lo ocurrido a través de las imágenes de la Kodak Vest Pocket que portaba y ahora ya queda poco para lograrlo. Según reveló este viernes 'National Geographic', un equipo de la revista formado por el fotógrafo Jimmy Chin y los escaladores Erich Roepke y Mark Fisher descubrieron recientemente una bota y un calcetín de Irvine en plena montaña.

"Levanté el calcetín", explica Chin, describiendo el momento, "y había una etiqueta roja que tenía cosida la palabra AC IRVINE". "Todos estábamos literalmente corriendo en círculos soltando palabrotas", comenta reconociendo la importancia del momento. Gracias a la bota y el calcetín, la búsqueda del cadáver de Irvine puede reducirse sobremanera y pronto descifrar el misterio sobre la expedición de Mallory e Irvine.

Alrededor del glaciar Rongbuk

Chin y el equipo del 'National Geographic' no han querido ubicar su hallazgo para evitar la aparición de cazadores de tesoros, pero sí han ofrecido ciertos detalles. Según su relato, en septiembre, descendían el glaciar Rongbuk Central, a unos 7.000 metros de altitud, cuando se encontraron con una botella de oxígeno fechada en 1933. Era propiedad de una expedición británica -la cuarta que intentó escalar el Everest- que seguía los pasos de Mallory e Irvine y eso les hizo pensar que los restos del segundo podrían estar cerca.

Crearon una ruta entre los pliegues y las grietas del glaciar y... "En realidad, fue Erich quien vio algo y dijo: 'Oye, ¿qué es eso?'", apunta Chin. Era la bota y el calcetín, que emergían del hielo. "Creo que literalmente se derritió una semana antes de que la encontráramos". Después del hallazgo, el equipo de 'National Geographic' tuvo que entregar los objetos a la Asociación de Montañismo de China-Tibet (CTMA), la autoridad que supervisa la cara norte del Everest, y continuó su búsqueda del cadáver de Irvine. La tarea sigue siendo complicada, pero el terreno ya no es inabarcable. El mayor enigma del alpinismo puede resolverse en las próximas semanas.

Mueren dos escaladores en el Everest y buscan a otro británico y a su guía en un inicio de temporada negro en Nepal

Mueren dos escaladores en el Everest y buscan a otro británico y a su guía en un inicio de temporada negro en Nepal

Actualizado Viernes, 24 mayo 2024 - 10:50

Dos escaladores, uno keniano y otro nepalí, murieron cerca de la cima del Everest en Nepal, informó este jueves el departamento de turismo de Nepal, elevando a al menos siete el número de muertes en la temporada de montañismo en la montaña más alta del mundo, donde además se busca a tres personas desparecidas.

"El equipo encontró muerto al escalador keniano entre la cumbre y el paso de Hillary, pero su guía sigue desaparecido" y buscado, dijo a AFP Khim Lal Gautam, jefe de la oficina local del departamento de Turismo.

El contacto con el keniano Joshua Cheruiyot Kirui, de 40 años, y su guía nepalí Nawang Sherpa, de 44, se perdió el miércoles por la mañana en el Everest, con una altitud de 8.849 metros. Otro escalador nepalés, Binod Babu Bastakoti, de 37 años, murió el miércoles a unos 8.200 metros, añadió el Departamento de Turismo en un comunicado.

Además del guía de alpinismo keniano, todavía se busca a otras dos personas. Se trata del alpinista británico Daniel Paul Paterson, de 40 años, y de su guía Pas Tenji Sherpa, de 21, que desaparecieron el martes por la mañana a unos 8.750 metros de altitud mientras descendían de la cumbre del Everest, tras el derrumbe de una cornisa.

El lunes, el alpinista rumano Gabriel Viorel Tabara fue encontrado muerto en su tienda de campaña en el Lhotse, la cuarta montaña más alta del mundo.

Para saber más

La semana pasada, dos escaladores mongoles que desaparecieron tras alcanzar la cima del Everest fueron encontrados muertos. Anteriormente, un francés y un nepalés habían muerto en Makalu, el quinto pico más alto del mundo.

Alrededor de 500 escaladores extranjeros y nepaleses han alcanzado ya la cima del Everest desde abril, cuando comienza la temporada de escalada que dura hasta principios de junio.

En primavera, cuando las temperaturas son suaves y los vientos generalmente más bajos, cientos de escaladores acuden en masa a Nepal, hogar de ocho de los 14 picos más altos del mundo.

Los sherpas ultraexperimentados son los primeros, cada año, en alcanzar la cima del Everest, abriendo un circuito seguro.

La multimillonaria industria del montañismo de Nepal se basa en la experiencia de los sherpas, montañeros nepaleses que actúan como guías. Pagan un alto precio por acompañar a los escaladores extranjeros cada año. Un tercio de las muertes en el Everest son guías nepaleses.

Nepal ha concedido más de 900 permisos para escalar sus montañas este año -incluidos 419 para el Everest- a alpinistas extranjeros que, en su mayor parte, escalan acompañados por un guía nepalí.

En 2023, más de 600 alpinistas alcanzaron la cima del Everest, un año marcado por un desastroso récord de 18 muertes.

El grave problema de las heces en el Everest: "Es un baño gigante"

El grave problema de las heces en el Everest: “Es un baño gigante”

El campo IV de la ascensión al Everest es un lugar único. El techo del mundo se eleva delante y alrededor emergen las montañas más imponentes del Himalaya, del cercano Lhotse al lejano Kanchenjunga. El horizonte es inmenso, incomparable, precioso a 8.000 metros de altitud. Antes de encarar la subida final, el montañista debería vivir allí una de las experiencias de su vida. Pero hay un problema: está lleno de mierda.

«Nuestra montaña está empezando a apestar», reconocía a la BBC Mingma Sherpa, el presidente del municipio de Khumbu Pasanglhamu, el responsable de parte de la gestión del Everest, y prometía una nueva regulación, pero aceptaba que la solución es complicada. «El campo IV del Everest es un baño gigante», afirmaba Chhring Sherpa, director ejecutivo de la ONG Sagarmatha Pollution Control Committee (SPCC) que desde el 1997 intenta limpiar la montaña más alta del mundo. ¿Cuál es el problema? Demasiado frío, demasiada gente y, sobre todo, demasiado egoísmo.

Al contrario de la creencia popular, los excrementos humanos son un problema en cualquier montaña: pueden contaminar ríos cercanos y son un foco de virus para las personas y los animales que andan por allí. El año pasado, de hecho, la Federación de Entidades Excursionistas de Cataluña (FEEC) hizo una campaña para evitar defecaciones en parques naturales y establecer un protocolo: en caso de necesidad imperante hay que cavar un agujero y no lanzar papel, mucho menos toallitas húmedas. El único consuelo es que en unos meses esas heces desaparecen y se acaba el riesgo de contagio. Pero eso no ocurre en el Everest.

Por las bajísimas temperaturas que hay en el campo IV -el promedio es de -36 grados-, los excrementos perduran décadas y se acumulan temporada tras temporada. Años atrás, cuando sólo unos pocos afortunados seguían los pasos de Edmund Hillary y Tenzing Norgay, la cuestión no era grave, pero ahora con más de 1.000 aventureros anuales allí arriba -unos 450 locales y unos 600 ayudantes- la preocupación va en aumento. Según SPCC, cada temporada se quedan en el campo IV del Everest unos 7.200 kilos de desechos humanos y ya se puede hablar de un entorno insalubre.

¿A quién multar?

Por eso las autoridades locales han lanzado una nueva norma. A partir de este año, cada escalador que salga del campo base se llevará con él dos bolsas de excremento fabricadas en Estados Unidos con productos químicos para solidificar los excrementos y poder acarrearlos hasta que acabe la expedición. Las bolsas aguantan aproximadamente un kilo y medio, un ser humano genera unos 250 gramos de heces al día y se tarda una media de dos semanas en subir y bajar el Everest así que deberán realizar entre seis y siete deposiciones en cada bolsa.

La propuesta ha gustado a organizaciones ecologistas y el ejército de Nepal ayudará con una misión para recoger excrementos a gran altura, pero el problema será que la nueva regla se cumpla. Desde hace años los escaladores deben bajar con los residuos que generan y pocos lo hacen.

Botellas de oxígeno vacías, bombonas de gas, envases de todo tipo, bolsas de plástico, mantas isotérmicas, piolets y kilómetros de cuerdas, tiendas de campaña abandonadas... en los diferentes campos de altura del Everest, la basura se acumula y se acumula. Las autoridades del Nepal recogen cada año 13 toneladas de residuos y, pese a ello, el techo del mundo sigue sucio. Una respuesta sería responsabilizar a las empresas que organizan las expediciones y no a los montañeros.

Con altas multas o incluso inhabilitaciones se podría empezar a atacar el asunto, pero de esas compañías viven buena parte de la región. Por eso la solución es muy difícil. De momento, este 2024, un año más, en el campo IV de la ascensión sur al Everest, un lugar único, se seguirán acumulando excrementos.