Junko Tabei, la historia olvidada de la primera mujer que subió al Everest: "Ella y su marido eran raros en Japón"

Junko Tabei, la historia olvidada de la primera mujer que subió al Everest: “Ella y su marido eran raros en Japón”

El marido de Junko Tabei trabajaba en la fábrica de coches de Honda, le explicó que la tela de los asientos era impermeable y ella no dudó en pedirle un rollo de varios metros: lo cortó, lo cosió y así hizo la chaqueta y las manoplas con las que se convirtió en 1975 en la primera mujer en subir al Everest. Anécdotas como esa, muchas. Decenas. Pero se conocen muy pocas.

Tabei hizo historia y hoy apenas se la recuerda. Escribió ocho libros explicando todas sus aventuras y durante muchos años solo se publicaron en Japón, con escaso éxito. No fue hasta después de su muerte en 2016 que apareció algo de bibliografía sobre ella en inglés. "Por eso quisimos hacer el documental", explica la directora española Isabel Díaz Novoa, autora de Lady Everest, que reivindica la figura de la alpinista japonesa. El documental se estrenó el pasado 11 de diciembre en el BBK Mendifilm de Bilbao y en los próximos meses recorrerá España de festival en festival.

Nacida en Mihaur, cerca de Fukushima, en 1939, cuenta la leyenda que Tabei se enamoró del alpinismo cuando subió a los 10 años al monte Nasu, aunque es difícil de creer: es una cima de apenas 1.000 metros de altitud, donde hoy hay un parque de atracciones enorme. Sería como enamorarse del montañismo en el Tibidabo. En realidad, su amor por las alturas nació en el Club de Montaña de la Universidad para Mujeres Showa, donde estudió Filología Inglesa, y creció en la reivindicación.

"Le decían que se quedara en casa"

"Las mujeres no estaban admitidas en los clubes masculinos y, si les incluían en alguna expedición, les prohibían abrir vías. Las utilizaban para darse publicidad. Tabei luchó para crear un club femenino y en 1970 organizó un viaje con otras mujeres al Annapurna III, que fue su primera ascensión fuera de Japón. Hizo cumbre, pero hubo muchas tensiones entre las alpinistas", explica Díaz Novoa, quien pudo entrevistar al marido de Tabei, Masanobu Tabei; al pequeño de los dos hijos de ambos, Shinya Tabei; y entre otras personas, a Setsuko Kitamura y Emoto Yoshinobu, miembros de la expedición al Everest de 1975.

¿Aquella ascensión al Annapurna III le permitió viajar al Everest?
En parte, sí, en parte, no. De todos modos le costó muchísimo. Necesitó cuatro años de preparación por los permisos y, sobre todo, por la financiación. En 1975 Tabei ya era madre y cuando se reunía con los empresarios todos le decían que se quedara en casa, que tenía que cuidar de su hija mayor Noriko, que la sociedad japonesa no vería bien su expedición al Everest. En realidad, tenían algo de razón: ella y su marido eran raros. Masanobu Tabei era alpinista, perdió varios dedos de los pies en el Cervino y tuvo que dejar las montañas. Por eso él le apoyaba y se quedaba en casa, aunque socialmente en Japón los dos eran incomprendidos.

Si Tabei consiguió el dinero para asomarse al techo del mundo fue porque la televisión japonesa, Nippon Television, y el periódico más leído, el Yomiuri Shimbun, entendieron el calibre histórico de su aventura y decidieron pagar una parte. A cambio, la alpinista tenía que acompañarse de cuatro periodistas, dos por medio. Una escolta que le trajo algún que otro problema.

La avalancha en el Everest

"En el campo 2, a más de 6.000 metros de altitud, Tabei y sus compañeras sufrieron una avalancha. La nieve que llegaba del Lhotse se llevó las tres tiendas de campaña de las expedicionarias. No sufrieron traumatismos, pero sí muchas contusiones", relata Díaz Novoa. Los únicos que se libraron eran los cuatro periodistas, que dormían en una tienda separada y que bajaron al campo base para avisar de que se anulaba el intento de ascensión. Tuvo que ser Tabei la que dijera que de eso nada, que solo necesitaban unos días extra para curarse las heridas.

Díaz Novoa, autora del documental.

Díaz Novoa, autora del documental.

¿La entendieron un poco mejor al llegar del Everest?
En Japón cambió mucho la perspectiva que había sobre ella. La recibieron con todo tipo de homenajes. De hecho, al contrario de lo que le pedían, tardó dos meses en poder ir a casa con la familia porque tuvo que participar en todo tipo de fiestas y festivales por todo el país.Ella dijo todo el tiempo que se consideraba antes ama de casa que alpinista y eso lo utilizó el Gobierno. Fue presentada como un ejemplo de mujer fuerte capaz de cuidar de su familia y de escalar a la cima más alta del mundo.

Después del Everest, Tabei se convirtió en la primera mujer en completar las Siete Cumbres, es decir, la montaña más alta de todos los continentes. Recibió premios como el Leopardo de las Nieves, que se concedía a quienes ascendían a los mayores picos de la Unión Soviética, y ofreció múltiples charlas en empresas con su lema, "paso a paso". En 2012 fue diagnosticada de cáncer de estómago, aunque siguió en las montañas hasta la muerte: tres meses antes de morir visitó por última vez el Monte Fuji.

"Antes de hacer el documental ya sabía que la figura de Tabei no era muy conocida en Europa o Estados Unidos, pero me sorprendió la poca importancia que le dan hoy en día en Japón", finaliza Díaz Novoa, que añade: "Incluso su marido y sus hijos me preguntaron por qué quería explicar su vida. Me parece evidente el gran peso que tiene su trayectoria en la historia del alpinismo".

Apa Sherpa, de sobrevivir a una avalancha con meses de edad a ser el 'Michael Jordan' del alpinismo: "He escalado 21 veces el Everest y no se lo deseo a nadie"

Apa Sherpa, de sobrevivir a una avalancha con meses de edad a ser el ‘Michael Jordan’ del alpinismo: “He escalado 21 veces el Everest y no se lo deseo a nadie”

"He escalado el Everest 21 veces y es algo que no se lo deseo a nadie". La paradoja suena curiosa en boca de Lhakpa Tenzing, conocido como Apa Sherpa, porque este menudo nepalí fue, hasta 2018, la persona que más veces había ascendido la montaña más alta del mundo hasta que le superó su amigo Kami Ritta, que llegó a 31 este año. "Es que no fue por un récord, ni por la aventura, lo hice por necesidad, por ayudar a mi familia", dice a EL MUNDO en la presentación de su línea de productos Thule.

¿No obtuvo ningún placer en esas ascensiones?
No, fue trabajo.

Lhakpa se llama así porque la tradición entre los Sherpa es nombrar a los niños según el día de la semana. Y él, que nació un 20 de enero de 1960 en Thame, lo hizo en miércoles. Lhakpa significa en tibetano "el que pertenece a los dioses". En su caso, su mayor vinculación es con Miyolangsangma o Diosa Madre, el nombre que da su pueblo a la protectora del Everest, el punto en el que más cerca se está del cielo en el planeta tierra. "Tenemos que respetarla y por eso siempre hacemos la ceremonia Puja antes de ascender", explica sobre el sentimiento religioso hacia este pico en Nepal.

Este montañero de origen sherpa debe mucho a la Diosa Madre, entre otras cosas la vida y su apelativo, "el más querido". Con tan sólo unos meses de edad, salió disparado de la cesta en la que le portaba su madre tras una avalancha. Ella lo encontró poco después, ileso y bajo una cornisa de hielo. Así que lo llevó al lama (sacerdote budista), que fue quien le puso el sobrenombre de Apa. "Tengo muy buena conexión con las montañas", apunta el porteador entre risas.

La sonrisa es un gesto perenne en su cara, como reflejó en el desfile en el que Thule avanzó sus productos para outdoor. También la mantenía en la fiesta posterior, entre 1.000 personas, sentado sólo, en un poyete, con un plato de ramen en la mano mientras el mundo se movía a otra velocidad. A él se le paró con 12 años, cuando falleció su padre y eso le convirtió en el único capaz de sacar adelante a su madre y hermanos y olvidar su sueño de ser médico. "Soñaba salvar vidas como doctor, pero me tocó aportar sustento a mi familia como porteador. Aunque al final, terminé por hacerlo con mi trabajo en la montaña", explica un sherpa que jamás ha perdido una vida en una expedición.

Plano general del Himalaya con Apa Sherpa.

Plano general del Himalaya con Apa Sherpa.THULE

Casi pierde la suya en la trágica aventura liderada por Rob Hall en 1996 e inmortalizada en el film Everest (2015). Ocho personas fallecieron, entre ellas el famoso montañero neozelandés al que Apa introdujo al Everest en 1989. Pero de nuevo Dios y en esta ocasión su mujer, le salvaron la vida. "Me dijo que no fuera porque tenía que construir una casa, es como si ella fuera una diosa", explica.

Apa Sherpa era uno de los porteadores más reputados en las ascensiones a cualquier montaña del Himalaya por su agilidad y resistencia. De ahí que le apoden el Super Sherpa, el Michael Jordan del alpinismo o el Tigre del Himalaya. "Estoy muy orgulloso de mis motes", aprecia entre risas. Pero su verdadera virtud es su seguridad, sea ascendiendo el Everest, el Dhaulagiri o el Annapurna, montaña en la que peor lo ha pasado y en la que pensó que él mismo no volvía tras ser atrapado por varias avalanchas . "Escalar en el Himalaya es muy arriesgado, cuando salimos de casa nunca sabemos si volveremos", dice.

"Escalar en el Himalaya es muy arriesgado, cuando salimos de casa nunca sabemos si volveremos"

Apa no es capaz de recordar todas las ascensiones que ha hecho en su vida, pero no olvida la única vez que ascendió el Everest por el lado chino. Tuvo que salvar la vida de dos montañeros, uno japonés y uno ucraniano, tras sufrir ambos problemas de salud. "Los llevé en mi espalda: el japonés fue fácil, pero el ucraniano era tan alto que iba arrastrando los pies durante el trayecto", rememora.

Lo más llamativo es que Apa Sherpa realizaba todas esas hazañas muchas veces con material prestado y de poca calidad, lejos de la tecnología que hoy se maneja en este tipo de aventuras. Su habilidad provenía de sus genes y de entrenamiento. "Nosotros nos preparábamos escalando", cuenta jovial sus rutinas para estar en forma y confirma que también influye su predisposición genética.

No obstante, son 30 los sherpas que han fallecido realizando su trabajo en este siglo, 110 en total en toda la historia, según Himalayan DataBase, con datos hasta diciembre de 2024. Es el peaje de un trabajo peligroso y que a veces se encuentra la obstinación de algunos clientes que buscan hollar cimas a toda costa. "Cuando tienen algún problema siempre les digo que la montaña no se va a ir a ninguna parte, que la vida es más importante", revela el sherpa.

El montañero, de pie, ante la coordillera más alta del mundo.

El montañero, de pie, ante la coordillera más alta del mundo.THULE

Labor social

Hablando de fama, dejando a un lado a Rob Hall, Apa Sherpa ha trabajado en varias ocasiones con Peter Hillary, hijo de Edmund, el primer europeo en escalar el Everest. De hecho, su primera ascensión a esa montaña se produjo con Peter en 1990. Mientras que en 2010 fue uno de los miembros de la expedición que llevó parte de las cenizas del padre a la cumbre en homenaje a su hazaña. "El apellido Hillary significa mucho en Nepal, no es sólo escalar, también han ayudado mucho construyendo hospitales y escuelas", desgrana.

Apa continúa ese progreso con su Fundación Apa Sherpa, colaborando en la educación de niños en Nepal que, como él, recorren tres horas diarias a pie para ir a la escuela. "Estaba siempre cansado y hambriento", recuerda. Thule ha querido sumarse a ese proyecto con una línea de productos en la que parte de lo recaudado va a la fundación. Se trata de brindar alternativas a los jóvenes para que no tengan que jugarse la vida como porteadores. "Devolver a la montaña todo lo que me dio", confiesa.

Quienes nunca se la han jugado son sus hijos. Ellos tuvieron una vida muy diferente ya que se criaron en Estados Unidos después de que Apa se mudara junto a su familia en 2006. Desde entonces no ha vuelto a escalar en el Himalaya. Tampoco quiere y confiesa a este periódico que a sus hijos sólo les permitiría hacerlo una vez "para que vivan la experiencia".

¿Es de playa o de montaña?
Ahora, de playa (risas). En la montaña ya he estado... muchas veces.
Muere a los 92 años Kanchha Sherpa, el último superviviente de la expedición que en 1953 llegó por primera vez a la cima del Everest

Muere a los 92 años Kanchha Sherpa, el último superviviente de la expedición que en 1953 llegó por primera vez a la cima del Everest

Actualizado Jueves, 16 octubre 2025 - 17:41

Era el último superviviente de la expedición que llevó por primera vez al ser humano a la cima del Everest en 1953. Héroe conocido por toda la profesión, el nepalés Kanchha Sherpa ha muerto este jueves a los 92 años.

Su viaje hasta la fama comienza de adolescente, cuando escapa hacia las montañas de Darjeeling desde su pueblo Namche Bazar, convertido hoy en el centro turístico más grande en la ruta hacia el campamento base del Everest. El joven de 19 años conoció en la ciudad india, en aquel momento punto de salida de las expediciones hacia el Himalaya, a su compatriota Tenzing Norgay Sherpa, que le dio trabajo como hombre multiusos.

Meses después y a cambio de algunas rupias, se une a Tenzing Norgay en Nepal, contratado en la expedición guiada por el neozelandés Edmund Hillary. Reunidos en Katmandú, los escaladores alcanzan el campamento base tras varios días de marcha, dado que en aquel momento no había todavía una ruta adaptada o la posibilidad de llegar por vía aérea. Hoy, los alpinistas siguen un itinerario trazado por guías nepaleses.

Sin haber tenido nunca entrenamiento en el alpinismo, Kanchha Sherpa ascendió a más de 8.000 metros en el Everest. Hace dos años, durante una conversación con la AFP, el nonagenario dijo haber sido el hombre "más feliz cuando Tenzing y Hillary alcanzaron la cima", según las declaraciones transmitidas por su nieto Tenzing Chogyal Sherpa.

Con vestimentas demasiado grandes para ellos y la espalda cargada de tiendas de campaña, material y víveres, recuerda cómo los sherpas nepaleses escalaban entonces las pronunciadas pendientes de la montaña cantando.

"Ganarse la vida"

Siete décadas más tarde, cientos de personas alcanzan cada año la cima del Everest (8.849 m) y otros miles viajan a Nepal para admirar los paisajes del Himalaya. La industria del montañismo, que mueve millones de dólares, reposa en la experiencia de los "sherpas", que cada año pagan un caro tributo para acompañar a los cientos de alpinistas hacia la cima, Y es que un tercio de los muertos en el Everest son escaladores nepaleses.

Para saber más

"Tenzing y Hillary nos abrieron los ojos e hicieron posible el desarrollo aquí", declaró Kanchha Sherpa a la cadena local YOHO TV en 2019. "La vida era muy dura antes. No había ningún medio de ganarse la vida", recuerda.

Testigo directo de la transformación de la región del Everest, Kanchha Sherpa continuó ascendiendo durante dos décadas, hasta que su mujer le pidió poner fin a sus peligrosas expediciones.

La educación de niños sherpas es el beneficio más importante del desarrollo de la región, destacó el ex alpinista. "Ahora tienen la posibilidad de estudiar y pueden convertirse en lo que quieran: médicos, ingenieros o científicos, como mi nieto", continuó. "En mis tiempos, jamás habría imaginado que algo así era posible", añadió el montañista.

Tras abandonar las cimas, Kanchha Sherpa creó una fundación a su nombre, dedicada a la ayuda de familias que no tenían medios para enviar a sus hijos a la escuela. Durante sus últimos días, temía que "la juventud esté influenciada por la cultura occidental, y olvide lentamente la cultura y la lengua sherpa".

Una autopista, la 'Golden Week' y 580 afectados, el último drama en el Everest: "Nunca sabremos qué ha ocurrido de verdad"

Una autopista, la ‘Golden Week’ y 580 afectados, el último drama en el Everest: “Nunca sabremos qué ha ocurrido de verdad”

En 2007, en la borrachera aperturista que para China supusieron los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, el Gobierno entonces presidido por Hu Jintao presentó su proyecto estrella para el Everest. Primero construiría una autopista hasta el campo base norte de la montaña más alta del mundo y, después, un hotel con spa, un museo y un helipuerto. A 5.150 metros de altitud, una ciudad de vacaciones. Los vaivenes políticos en el país y las protestas en el Tíbet entre 2010 y 2012 hicieron que los planes se encogieran -ni siquiera se puso la primera piedra del resort-, pero igualmente se asfaltó una pista desde la ciudad de Shigatse hasta los pies del Himalaya. ¿El resultado?

El pasado viernes, una tormenta sorprendió a más de 500 senderistas en los caminos entre el Everest y el Cho Oyu, y durante varios días se realizaron labores de rescate, con un fallecido que lamentar. Fue una tragedia, una concatenación de adversidades, pero sobre todo fue la demostración de que no hace falta hollar el techo del mundo para estar en peligro. Basta con acercarse.

«China construyó infraestructuras con la intención de controlar el Tíbet, empezó a llevar allí a vivir población de la etnia mayoritaria y a montar una especie de parque temático turístico alrededor del Everest, el Cho Oyu, el Makalu y el Lhotse, los cuatro 'ochomiles' de la zona. En festividades como la Golden Week, su Semana Santa, miles de senderistas chinos sin experiencia ni aclimatación se plantan a 5.000 metros de altitud con un cortavientos y unas zapatillas de ciudad. Y luego caen dos metros de nieve en una tormenta y pasa lo que pasa», cuenta Sebastián Álvaro, montañero, escritor y director de Al filo de lo imposible en TVE durante 27 años, que conoce bien la zona porque allí rodó un documental sobre la mítica expedición de George Mallory y Andrew Irvine en 1924.

DEPARTAMENTO DE BOMBEROS DEL TÍBET.EFE

Según sus cálculos, las informaciones oficiales que hablan del rescate de cientos de personas en apenas 48 horas tienen que ser imprecisas porque «allí no hay equipos de alta montaña». «Nunca sabremos qué ha ocurrido de verdad», apunta. «Desde Tingri, el poblado más cercano, enviaron a unos cuantos bomberos que no tienen experiencia y que están superados por toda la gente que acude al campo base norte del Everest», analiza Álvaro. Y los datos le dan la razón.

Medio millón de visitantes

Tal y como se vanagloria el propio Gobierno chino, el año pasado se superó por primera vez el medio millón de visitantes en lo que llaman la «zona escénica del Everest», una cifra exagerada. Aunque tiene una superficie que duplica la española, el Tíbet apenas cuenta con tres millones de habitantes y sus servicios públicos son mínimos. No hay cifras de accidentes -mucho menos de fallecidos- pero es muy posible que haya habido desgracias anteriores en la región.

AFP

Lejos de la indignación mundial que provocan las colas en el techo del mundo, en los últimos años se han multiplicado las caminatas alrededor de la base y, con ellas, los peligros. «En el lado chino del Himalaya hay un altiplano que apenas tiene vegetación y en las agencias de turismo del país se vende como una zona amable para hacer caminatas. Los chinos van allí con muy poca conciencia y muy poca preparación. Y, de repente, se encuentran a 5.000 metros. Hay que pensar que el pico más alto de la Unión Europea es el Mont Blanc, que tiene 4.800 metros», subraya Sergi Unanue, dueño de la agencia Mundo Recóndito, vecino de Pekín durante un año y autor del libro Un sendero entre las nubes, sobre la Gran Ruta del Himalaya. «Hay un riesgo muy evidente al hacer que zonas tan extremas del mundo sean tan accesibles. De la parte china no se habla tanto porque no viajan tantos extranjeros, pero también ocurre en la parte nepalí», añade Unanue.

Mover el campo base, misión imposible

En el sur del Himalaya, en Nepal, también se ha intensificado la actividad a los pies de las grandes montañas, aunque no se han lamentado tragedias desde la avalancha que en 2015 causó la muerte de 22 personas en el campo base sur del Everest. Cada año se informa de entre tres y cinco fallecimientos por edemas cerebrales causados por el mal de altura, pero la siniestralidad es baja si se tiene en cuenta que anualmente unos 30.000 montañeros visitan la zona. Aunque ya son muchos, en Nepal difícilmente se vivirá la turistificación extrema que se da en China. Los presupuestos de los dos países no tienen nada que ver, la orografía de ambas zonas es muy distinta y los turistas proceden de lugares diferentes.

En la zona nepalí, mientras las agencias de viajes que dirigen los sherpas consideran que el negocio está en las alturas, los trekkings al campo base sur son mayoritariamente organizados por compañías extranjeras y sus clientes llegan más preparados. Suelen estar bien informados, contar con consejo y ayuda de estas empresas en cuanto a material o comida y normalmente invierten tiempo suficiente para aclimatarse -entre 10 y 12 días para hacer la ruta-.

Este invierno, el Gobierno de Nepal, presidido por Ram Chandra Poudel, anunció que había acabado la llamada «autopista al Everest», y numerosos medios internacionales así lo publicaron, pero no dejaba de ser una pista entre Katmandú y Surke, cerca de Lukla, un trayecto que los turistas ya solían hacer en avioneta. En principio, la zona es más segura, aunque la amenaza se cierne sobre el campo base sur en forma de deshielo. Por culpa del calentamiento global, el glaciar de Khumbu sigue fracturándose y eso aumenta el peligro sobre el campamento. Hay un proyecto para moverlo 300 o 400 metros más abajo, pero falta presupuesto y logística. No hace falta hollar el techo del mundo para estar en peligro. Basta con acercarse.

Mueren dos alpinistas de India y Filipinas al intentar escalar el Everest

Mueren dos alpinistas de India y Filipinas al intentar escalar el Everest

Actualizado Viernes, 16 mayo 2025 - 09:15

Un alpinista indio y otro filipino se han convertido en los primeros montañeros en morir en elmonte Everest en la actual temporada de ascenso al pico más alto del mundo, según han informado fuentes oficiales.

Subrata Ghosh, indio de 45 años, murió bajo el Escalón Hillary cuando regresaba tras alcanzar la cumbre de 8.849 metros. "Se negó a descender por debajo del Escalón Hillary", declaró Bodhraj Bhandari, de la empresa organizadora nepalesa Snowy Horizon Treks and Expedition.

El Escalón Hillary está situado en la "zona de la muerte", un área entre el Collado Sur, de 8.000 metros de altura, y la cumbre, donde el nivel de oxígeno natural es inadecuado para la supervivencia. "Se está intentando bajar su cuerpo al campamento base. La causa de su muerte sólo se conocerá tras la autopsia", declaró Bhandari.

Por otro lado, Philipp II Santiago, filipino de 45 años, falleció en el Collado Sur mientras ascendía, declaró Himal Gautam, funcionario del departamento de turismo.

Santiago estaba cansado cuando llegó al cuarto campamento de altura y murió mientras descansaba en su tienda, añadió Gautam. Ambos eran miembros de una expedición internacional organizada por Bhandari.

Nepal ha expedido 459 permisos para escalar el Everest durante la actual temporada, que finaliza en mayo y cerca de 100 escaladores y sus guías han alcanzado ya la cumbre esta semana.

Al menos 345 personas han muerto en el Everest en los más de 100 años transcurridos desde que se tiene constancia del inicio de las expediciones a la cumbre, según la base de datos del Himalaya y los responsables del senderismo.

Dopaje para subir al Everest: el gas xenón que permite llegar a la cima "en una semana" a quien pueda pagar 200.000 euros

Dopaje para subir al Everest: el gas xenón que permite llegar a la cima “en una semana” a quien pueda pagar 200.000 euros

«Ya lo hemos hecho en apenas dos semanas. Ahora nuestro objetivo es hacerlo en sólo una», proclama Lukas Furtenbach en conversación con EL MUNDO y es el anuncio de una gesta, de una chifladura, de un milagro o de una insensatez. Furtenbach es el dueño de Furtenbach Adventures, una de las empresas de guías de alta montaña más conocidas en el mundo, sobre todo en Estados Unidos, y una semana es el tiempo que, según su oferta, tardarán sus clientes en ascender al Everest. Sólo siete días desde que salgan por la puerta de su casa en Nueva York, Los Ángeles, Londres o Madrid hasta que alcancen el techo del mundo. Alpinismo a todo gas, montañismo exprés.

Si una expedición normal suele tardar unos dos meses entre volar a Lukla con escala en Katmandú, completar la caminata hasta el campo base, acostumbrarse a la altitud, cruzar la enorme cascada de hielo del Khombu y hollar la cumbre a través del mítico escalón de Hillary; la expedición Flash de Furtebanch Adventures promete hacer todo eso en un abrir y cerrar de ojos. ¿Cómo? Con mucha planificación, varios trucos y alguna trampa. ¿Por cuánto? Por 103.900 euros en la versión más económica o 199.000 euros en su versión premium.

Para saber más

La compañía austriaca con oficina en Estados Unidos está especializada en viajes de lujo así que, además de comodidades como una tienda de campaña climatizada de 80m2 con baño privado, ofrece un servicio de traslado que no deja horas muertas. De cualquier ciudad del mundo a Katmandú, de allí a Lukla en avioneta y de allí al campo base del Everest en helicóptero. Pim, pam.

Hay espacio para aclimatarse en los cercanos Island Peak o Mera Peak, de más de 6.000 metros, pero no es más que un trámite. Al fin y al cabo, los rápidos ascensos de Furtenbach al Everest cuentan con ayudas como la compañía de dos sherpas experimentados por escalador, oxígeno ilimitado de día y de noche y, por supuesto, el uso de cuerdas fijas en toda la montaña. Con todo eso, cualquiera puede alcanzar los 8.848 metros de la cima, pero para ir tan rápido hay que ir más allá. Otras empresas de guías de alta montaña, como la nepalí Seven Summit Treks, ofrecen servicios parecidos; el truco de Furtebanch está en la aclimatación.

Más oxígeno en sangre

«Somos pioneros en la pre-aclimatación con tecnología hipóxica. La utilizamos desde 2008 y ahora mismo tenemos mucha experiencia. Gracias a ella, en 2022 conseguimos completar un guiaje completo en el Everest en sólo 16 días», cuenta el propio Furtenbach, que se refiere a la preparación de sus clientes en sus propias en las semanas previas a su viaje a Nepal. Un protocolo personalizado por un especialista, cámaras de hipoxia para dormir, máscaras para hacer ejercicio y lo último de lo último: sesiones de tratamiento con gas xenón.

Desde este año la empresa ofrece unas inhalaciones con el gas noble para multiplicar el oxígeno en sangre de quienes les contratan. El xenón engaña al cuerpo para que piense que le falta oxígeno, estimula la producción de EPO y a priori hace que en la sangre haya más glóbulos rojos. Con ello, los alpinistas deberían llegar al campo base como si llevaran allí viviendo toda la vida. Pero hay varios motivos para la polémica.

"Crece el riesgo"

El primero es que el xenón es dopaje. Desde que varios deportistas rusos lo utilizaran para los Juegos Olímpicos de invierno de Sochi 2014, la Agencia Mundial Antidopaje lo tiene prohibido, aunque los montañistas que escalan el Everest no están bajo sus directrices -al fin y al campo no forman parte de ninguna competición. El segundo motivo es que puede ser muy peligroso.

«Con el aumento de hematocrito, la sangre se vuelve más viscosa, fluye menos y crece el riesgo de que haya un accidente cardiovascular. De hecho, muchos grandes montañeros han fallecido por eso. De Iñaki Ochoa de Olza se decía que tenía un don para la aclimatación, que su cuerpo respondía muy rápido a la falta de oxígeno y, según el cardiólogo que le hizo la autopsia, eso pudo espesarle la sangre y causarle el edema que finalmente le afectó», analiza Adrián Castillo, investigador en Ciencias de la Salud en la Universidad de Alcalá y autor de la revista especializada Fissac, en conversación con este periódico: «Además no hay evidencia de que el gas xenón aumente el rendimiento. Por comparar, un ciclista puede ingerir más hidratos, pero eso no quiere decir que vaya a ir más rápido».

Furtenbach Adventures alega que el entrenamiento en hipoxia previo y la reducción de tiempo en el Everest hacen que sus expediciones Flash sean más seguras que el resto, pero el debate está abierto en el techo del mundo. Hasta 40 clientes ya han contratado sus servicios para la próxima primavera. Alpinismo a todo gas, montañismo exprés.

Meri Puig, la aventura de la primera española en el Everest: "Sufrí una parálisis facial y tuve que darme la vuelta"

Meri Puig, la aventura de la primera española en el Everest: “Sufrí una parálisis facial y tuve que darme la vuelta”

«Comencé a escalar a los 15 años. Nací en Barcelona, en el barrio de Gracia, y allí conocí a unos chicos que escalaban, que iban todos los fines de semana a Montserrat, que encontraban así la libertad que tanto se anhelaba en esa época. Me gustó mucho y fui conociendo a más gente, viajando más...», relata Meri Puig (Barcelona, 1962) como inicio de una de esas biografías perdidas en el deporte español.

Fue la primera española que pisó el Everest o la jefa de la primera expedición femenina europea en el Himalaya, pero sus logros han quedado sepultados por las gestas posteriores de alpinistas como Araceli Segarra o Edurne Pasaban. Nunca alcanzó la cima de la montaña más alta, no conquistó ningún ochomil, pero en los años 80 Puig fue la primera mujer en completar varias vías en los Pirineos, los Alpes o los Picos de Europa, como la Rabadá Navarro del Picu Urriellu con Anna Masip o la arista sur del Aiguille Noire de Peuterey con Mònica Verge.

¿Sintió que le faltaba reconocimiento en su momento?
No, porque en aquella época tampoco le daba importancia. No iba a una vía para ser la primera mujer, ni pensaba en ello, iba porque me gustaba. Estoy muy contenta de haber llegado donde llegué, aunque me quedé con la espinita de no poder subir al Everest.

Aquel ascenso al Everest fue un chasco, pero antes hubo muchos éxitos. En 1984, por ejemplo, se juntó con otras amigas que escalaban, como la propia Verge o Mari Carmen Magdalena, y formaron el primer grupo de mujeres europeas -y segundas en el mundo- que atacaba una montaña en el Nepal. Fue el Kangtega, de 6782 metros.

La primera expedición europea femenina

«Estábamos en el vestuario del gimnasio y dijimos: '¿Por qué no?'. Buscábamos una aventura, piensa que yo tenía 22 años. Conocíamos a Lluis Belvis, cónsul del Nepal en Barcelona, y nos propuso el Kangtega como objetivo. Era una montaña muy poco conocida y con pocas ascensiones desde que subiera un grupo liderado por Edmund Hillary en 1963. Se suponía que era asequible, pero luego fue más complicado de lo que parecía», recuerda Puig que en el primer tramo, un glaciar, se encontró junto a sus compañeras unas enormes grietas y tuvieron que abrir una variante. Alcanzaron la cima, todo un hito en su momento, que mantuvo en vilo a miles de lectores... en la revista Lecturas.

¿Por qué publicaron sus crónicas en Lecturas, una revista del corazón?
Nos financiaron el viaje junto a Freixenet y Perlas Majorica. No fue nada fácil encontrar el dinero para viajar, lo tuvimos difícil por ser mujeres. La mayoría de empresas interesados en el montañismo no confiaban en nosotras y nos cerraban las puertas. Lecturas nos ayudó y a cambio montamos todo un sistema para enviar las crónicas. No había radios ni teléfonos así que hacíamos fotos y escribíamos textos y un guía sherpa bajaba de la montaña a Lukla, cogía la avioneta a Katmandú y desde allí enviaba todo a la revista.

Un documental llamado Obrint camí. Kangtega 84 de Miquel Pérez recuerda ahora ese grupo y su éxito fugaz. Porque después del Kangtega no se volvió a reunir. Accidentes como el que sufrió en 1985 Verge en los Pirineos, en la Torre de Marboré, fueron obstáculos y finalmente cada alpinista hizo su propio camino. En 1988 a Puig le llegó una llamada especial: el Everest.

«Nos invitaron a mí y a Coco [Mari Carmen Magdalena], pero ella se quedó embarazada», rememora Puig que formó parte del equipo Everest'88 Epson. Junto a ella estaban Nil Bohigas, Lluis Giner y Jerónimo López, que hollaron la cima y colocaron allí la primera bandera española -las dos expediciones anteriores no lo habían hecho-, pero Puig se quedó abajo, viviéndolo desde la distancia.

¿Qué ocurrió?
Sufrí una parálisis facial por la altitud. En la misma expedición ya había habido un compañero que había padecido un edema cerebral y conmigo el médico se curó en salud: no me dejó subir. No íbamos por la vía normal, íbamos por la arista oeste y llegué a los 7.500 metros, al último tramo de la vía de los yugoslavos. Pero di media vuelta.

JAUME ALTADILL

Al año siguiente su compañera, Mònica Verge, se convirtió en el Cho Oyu en la primera española en lo más alto de un ochomil, pero Puig ya no volvió a intentarlo. Hija de unos tenderos del barcelonés mercado de la Abaceria Central, secretaria de formación, reorientó su vida hacia la psicología y se fue a vivir a los Pirineos, a la Seu d'Urgell. Ahora desde allí, a sus 62 años, ayuda a deportistas como los piragüistas que entrenan en el Parque Olímpico del Segre.

«Volví dos veces al Himalaya a hacer trekkings y ahora hace tiempo que no escalo, llevo un grupo de marcha nórdica. Ahora veo a muchas más mujeres en la montaña, pero no me atrevo a decir que lo tienen más fácil que yo. Todo evoluciona y la evolución está bien. Quizá hay más oportunidades, pero también más exigencia», finaliza Puig, parte de la historia del alpinismo español.

Mingma G, el mejor guía sherpa del mundo: "La primera vez que subí al Everest me emocioné; el resto fueron trabajo"

Mingma G, el mejor guía sherpa del mundo: “La primera vez que subí al Everest me emocioné; el resto fueron trabajo”

El pasado viernes una estrella del deporte mundial pasó por el Aeropuerto de Madrid, pero casi nadie se enteró. Era difícil reconocerle: no vestía su habitual ropa supertécnica -llevaba tejanos-, estaba lejos del lugar de sus gestas y suele esquivar el protagonismo. Pero el historial de Mingma G merecía que alguien le pidiera una foto en una de sus escalas entre Katmandú y el Aconcagua, su objetivo de este diciembre. «Es la primera vez que piso España, aunque sólo sea el aeropuerto. Estuve en Francia y Suiza esquiando», comenta a EL MUNDO quien seguramente sea el mejor guía de montaña del mundo.

La ascensión al K2 en invierno de 2021 junto a Chhang Dawa o Nirmal Purja le lanzó al estrellato, pero Mingma G acumula una larga listas de gestas, como sus 35 ascensos a ochomiles -seis al Everest, cinco al K2...-. En la comunidad sherpa del Nepal es un héroe, también por su trabajo al frente de Imagine Nepal, una de las compañías que copan el mercado del turismo en los techos del mundo.

Seis veces en la cima del Everest. ¿En todas sintió la misma emoción?
La primera fue especial, el resto fueron trabajo. En 2007, la primera vez que llegué a la cima, sentí una gran emoción. Siempre había querido llegar allí porque había escuchado hablar del Everest desde que nací. Mi padre, mi tío, muchos de mis familiares habían trabajado como guías y me habían explicado mil historias de la montaña. Después ya no sentí tanta excitación, sólo la responsabilidad de ayudar a quienes guiaba.

Estudios en Katmandú y proyectos propios

Como relata Bernadette McDonald en su libro Los verdaderos héroes del Himalaya (Desnivel 2024), Mingma G nació en 1987 en Na, una aldea a 4.100 metros de altitud, en el nepalí valle de Rolwaling. La zona es remota y de escasos recursos, pero el trabajo como guía de su padre, Dorjee Sherpa, uno de los más cotizados en la región en los años 80 y 90, le permitió estudiar en Katmandú, aprender inglés y licenciarse en Dirección y Administración de Empresas. «No tenía claro que quería ser alpinista, me gustaban las ciencias y los negocios, pero en mis primeras expediciones sentí una gran pasión. Muy pronto, en 2007, llegó mi primer ascenso al Everest», recuerda a este diario y tan pronto fue que apenas había cumplido 20 años.

Luego vendrían los cursos para convertirse en guía de la Unión Internacional de Asociaciones de Guías de Montaña (UIAGM), muchos encargos de clientes para subir a todos los ochomiles -ha completado los 14 sin oxígeno artificial- y también, raro para un sherpa, algunos proyectos propios. Su ascensión en solitario al Chobutse -en Nepal, de 6.686 metros- fue, según Himalayan Database, «la primera ascensión técnica en solitario realizada por un sherpa nepalí».

¿Qué opina de los atascos en la ruta de subida al Everest?
Creo que hay que poner límites. Tenemos que controlar el número de montañistas en las cuerdas para que no haya problemas. En Nepal hay una gran competencia entre empresas, algunas ofrecen precios muy bajos y aceptan escaladores sin experiencia. Nosotros no entramos en eso. Exigimos conocimientos y limitamos los grupos a 10 personas.

El reconocimiento a los sherpas

Mingma G vive en la ambivalencia que comparte gran parte de la comunidad sherpa. Sus montañas están siendo sobreexplotadas, pero eso ha permitido el crecimiento de la región del Khumbu, donde se alza gran parte del Himalaya. Él mismo participó en 2019 en el asombroso y polémico Project Possible en el que Nirmal Purja completó los 14 ochomiles en apenas seis meses. Luego llegaría la gloria, la verdadera gloria, con el K2 invernal de 2021 que aún hoy es el mayor orgullo del Nepal.

«En el pasado el trabajo de los sherpas no era reconocido porque no hablaban inglés y no tenían medios para explicar sus gestas al mundo. Ahora cada vez se nos tiene más en cuenta y contamos con las redes sociales como herramienta. En el K2 demostramos que somos capaces de cualquier cosa en la montaña, que los sherpas somos los más duros allí arriba. Es el mayor éxito de mi vida, mi legado para las próximas generaciones», proclama Mingma G, que la próxima primavera intentará subir nuevamente al Annapurna con varios clientes y que se ve con fuerza para seguir trabajando en las montañas «tres o cuatro años más».

Jordi Corominas, el primer español que recibe el Piolet d'Or, mayor premio del alpinismo: "Me han ofrecido mucho dinero por ir al Everest y no voy"

Jordi Corominas, el primer español que recibe el Piolet d’Or, mayor premio del alpinismo: “Me han ofrecido mucho dinero por ir al Everest y no voy”

No aparece en la lista oficiosa de 8000ers de alpinistas que han hollado los 14 ochomiles del mundo. Apenas ha salido en televisiones y puede contar las entrevistas concedidas con sus dedos llenos de callos. Google no responde con su cara si se le pregunta: '¿Quién es el mejor alpinista español de la historia?' Pero en el mundillo Jordi Corominas es «El jefe». El autor de gestas como aquella repetición en solitario de la Magic Line del K2 en 2004. El guía que ha enseñado las grandes montañas a muchos, como a Kilian Jornet. El maestro de muchos guías jóvenes españoles desde la Escuela de Montaña de Benasque, donde vive. «Sólo bajo del monte cuando voy a la escuela a dar clases», explica a EL MUNDO después de convertirse a los 66 años en el primer español en recibir el Piolet d'Or a toda una trayectoria, el mayor premio del alpinismo mundial.

En 1991, hace una eternidad, ya coronó en solitario el Dhaulagiri. Podría haber intentado ser el primer o el segundo español en coronar los 14 ochomiles.
Nunca me ha interesado. Siempre he buscado una montaña, una pared, que me llamara la atención y no me importa si es un ochomil, un sietemil o un cincomil. Lo importante no es subir, si no por dónde y cómo subes. Ese montañismo mediático, que siempre ha recibido mucho bombo en España y algunos otros países ahora eso se ha llevado al extremo, a intentar hacerlo en unos meses. Para mí es lo contrario al alpinismo, a su mentalidad. Lo interesante es saber qué puede hacer el ser humano, no veo el sentido a subir una montaña con medios como el helicóptero.
Sólo ha intentado una vez escalar el Everest, en 2006 y por la cara norte, una ruta alternativa.
Sí, y no llegué a la cima. No salió y me volví a casa, ya está. El Everest puede tener más de una línea interesante, pero no me ha llamado tanto como el K2. Cuando miras el K2 se te cae el alma a los pies.
Pero es guía de alta montaña y en el Everest es donde hay más negocio. ¿Cuánto deberían pagarle para subir allí por la vía normal?
Nada porque no voy a ir, estoy seguro. Me han ofrecido mucho dinero para hacerlo y nunca he ido. Allí no llevo a nadie. Nunca me interesó, pero ahora, con las aglomeraciones que hay, es inconcebible. Para mí subir al Everest haciendo cola es como estar en la cola del súper. No hago montaña para eso. Si aquí, en el valle de Benasque, ya no voy al Aneto en verano por la masificación, imagina al Everest.
Para ir a la montaña se necesita dinero y para conseguir dinero se necesita cierta atención mediática, que los sponsors ayuden... ¿Cómo lo ha hecho lejos de los focos?
Cuando era más joven trabajaba de cualquier cosa, en el campo o en algún negocio en el pueblo, para conseguir dinero rápido y poder montar mis proyectos. Luego lo he hecho con mi trabajo de guía o de profesor de la Escuela de Montaña. He tenido algunos patrocinadores, algunas subvenciones, y ha habido sitios a los que no he ido porque no tenía el dinero. Nunca he rechazado salir en los medios, pero no lo he buscado.

J.C.

Entre los expertos se explican muchas gestas suyas en solitario, incluso sin fotografías de por medio.
Cuando vas bastante a la montaña hay un momento en el que vas solo porque no encuentras a nadie, tus planes no encajan con los planes de otra gente. Te vas acostumbrando a ello y al final lo haces todo solo. Si vas así, es difícil pasar imágenes y, en realidad, tampoco importa mucho. El alpinismo es patrimonio inmaterial de la UNESCO, que lo define como el arte de subir montañas. Nada más. Vas a sitios desconocidos, buscas lugares por donde no haya pasado nadie, no importa si la gente se entera. Seguramente sea una actividad a contracorriente en el mundo actual.
Pero solo aumenta el riesgo.
Sí, pero nunca sabes cuánto riesgo asumes hasta que mueres. A determinado nivel si no cruzas ciertas barreras no vas a ningún sitio, te quedas en casa mirando el parte de avalanchas. Hay unos límites que debes cruzar, te la tienes que jugar. Has tenido gente cerca que ha muerto, que ha desaparecido, ha habido accidentes, pero tienes que pasar esa raya si quieres seguir moviéndote.
En 2011 presentó el Himalaya a Kilian Jornet. Muchos alpinistas clásicos, como Reinhold Messner, critican su montañismo rápido y ligero. ¿Qué opina?
Entiendo las dos posiciones. Kilian es un gran corredor, un buen montañero en resistencia y está explorando los límites del ser humano, como este verano en los Alpes, pero no es un buen escalador. Hubo un momento en el que escaló más, pero se dio cuenta que no podía estar en los dos mundos. Esto es lo que Messner ha criticado: que no ha hecho vías duras técnicamente. El propio Kilian tiene eso muy en cuenta y por eso él mismo dice que no hace alpinismo.
¿Por qué empezó a escalar montañas?
Por mis padres. Vivían en Barcelona, en el barrio de Sagrada Familia, pero la ciudad les agobiaba y decidieron mudarse a Calahorra, al campo. Mi padre montaba máquinas para fabricar zapatillas y en La Rioja había mucho calzado así que tiraron por ahí. Veníamos bastante a Benasque y hace ya más de 30 años me instalé aquí y empecé a dar vueltas por el mundo.
Cuentan que en su habitación tenía posters de Walter Bonatti, el mito, que precisamente recibió el mismo Piolet d'Or que usted.
Soy poco de mitos, pero si tengo uno, es él. Es un alpinista importante en la historia, todo un personaje y además mis padres lo conocieron en los Alpes. En un refugio en el Montblanc vio que eran españoles, pero que no hablaban castellano, porque hablaban catalán, y se acercó a preguntarles de dónde venían.
Un paso más para descifrar el mayor enigma del alpinismo: encuentran en el Everest la bota que llevaba Irvine en 1924

Un paso más para descifrar el mayor enigma del alpinismo: encuentran en el Everest la bota que llevaba Irvine en 1924

En 2021, Sebastián Álvaro, director del programa de TVE 'Al filo de lo imposible' y autor de libro 'Everest, 1924' advertía en una conversación con EL MUNDO de lo que iba a ocurrir: "En los próximos tres años, antes del centenario, habrá una avalancha de material, incluidos varios documentales". Y en efecto así ha sido, es y será. El mayor enigma de la historia del alpinismo está cerca de resolverse.

El 8 de junio de 1924, dos alpinistas ingleses, George Mallory y Andrew Irvine, fueron vistos por uno de sus compañeros de expedición, Noel Odell, a unos 8.650 metros de altitud "avanzando resueltamente" hacia la cima del Everest. El cielo estaba despejado y ya superaban el segundo escalón: la historia les esperaba. Pero nada más se supo de ellos. Quizá alcanzaron el techo del planeta 29 años antes que los pioneros Edmund Hillary y Terzig Norgay o quizá no. Es el interrogante que durante décadas ha movido a investigadores de todo el mundo y que ahora busca solución. ¿Lo consiguieron?

En busca del cuerpo de Irvine

La opinión mayoritaria del alpinismo decía que no hasta que en 1999 se encontró el cadáver de Mallory sin la foto de su mujer, Ruth, que el montañero juró que dejaría allí arriba. Y ahora simplemente se busca la prueba que demuestre que sí alcanzaron la cima. El objetivo es hallar el cuerpo de Irvine para descifrar lo ocurrido a través de las imágenes de la Kodak Vest Pocket que portaba y ahora ya queda poco para lograrlo. Según reveló este viernes 'National Geographic', un equipo de la revista formado por el fotógrafo Jimmy Chin y los escaladores Erich Roepke y Mark Fisher descubrieron recientemente una bota y un calcetín de Irvine en plena montaña.

"Levanté el calcetín", explica Chin, describiendo el momento, "y había una etiqueta roja que tenía cosida la palabra AC IRVINE". "Todos estábamos literalmente corriendo en círculos soltando palabrotas", comenta reconociendo la importancia del momento. Gracias a la bota y el calcetín, la búsqueda del cadáver de Irvine puede reducirse sobremanera y pronto descifrar el misterio sobre la expedición de Mallory e Irvine.

Alrededor del glaciar Rongbuk

Chin y el equipo del 'National Geographic' no han querido ubicar su hallazgo para evitar la aparición de cazadores de tesoros, pero sí han ofrecido ciertos detalles. Según su relato, en septiembre, descendían el glaciar Rongbuk Central, a unos 7.000 metros de altitud, cuando se encontraron con una botella de oxígeno fechada en 1933. Era propiedad de una expedición británica -la cuarta que intentó escalar el Everest- que seguía los pasos de Mallory e Irvine y eso les hizo pensar que los restos del segundo podrían estar cerca.

Crearon una ruta entre los pliegues y las grietas del glaciar y... "En realidad, fue Erich quien vio algo y dijo: 'Oye, ¿qué es eso?'", apunta Chin. Era la bota y el calcetín, que emergían del hielo. "Creo que literalmente se derritió una semana antes de que la encontráramos". Después del hallazgo, el equipo de 'National Geographic' tuvo que entregar los objetos a la Asociación de Montañismo de China-Tibet (CTMA), la autoridad que supervisa la cara norte del Everest, y continuó su búsqueda del cadáver de Irvine. La tarea sigue siendo complicada, pero el terreno ya no es inabarcable. El mayor enigma del alpinismo puede resolverse en las próximas semanas.