Xavi Pascual eleva al Barça a una nueva dimensión: arrasa al Olympiacos con recital de Clyburn y Punter

Xavi Pascual eleva al Barça a una nueva dimensión: arrasa al Olympiacos con recital de Clyburn y Punter

Ninguna prueba de estrés como el Olympiacos. Nada más competitivo ni áspero en toda Europa como para testar esta revolución que auspicia Xavi Pascual, cuatro victorias en cinco partidos (la única derrota, en el debut, en el último suspiro en la visita al Efes) desde su llegada, siete de ocho desde que Joan Peñarroya fuera despedido del Barça. "Partido grande", anunció el de Gavà. El preludio, todo lo anterior, de su noche más redonda, un disfrute, una paliza, un aviso. [98-85: Narración y estadísticas]

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No ha tardado ni un mes en poner todo patas arriba, en pasar de la mediocridad y las dudas permanentes a la ferocidad y la determinación. A un Olympiacos plagado de bajas (sin Ward, McKissic, Evans, Fall ni el recién fichado desde la NBA Monte Morris) el Barça se lo zampó desde una actividad defensiva de manual, el motor de todo lo demás, de sus carreras, de sus triples, de su euforia. Coral, pero con dos nombres propios por encima del resto. Dos aleros de talento evidente. Kevin Punter y, especialmente, Will Clyburn, despedazaron a todo un grande de Europa.

El reto de Pascual, es ser capaz de afianzar esta forma de competir, desde la precariedad actual. Desde los ajustes económicos que han desplazado al Barça de las cumbres de hace no tanto, nada que ver con todo lo que el técnico manejó en su etapa pasada. Sacar lo mejor de una plantilla que él no hizo. Explotar sus recursos, que comulguen con su idea de esfuerzo, defensa y rigor táctico.

Fournier, del Olympiacos, anota ante Clyburn, en el Palau.

Fournier, del Olympiacos, anota ante Clyburn, en el Palau.JOSEP LAGOAFP

Al menos, guerreros tiene. Y experiencia. En estos cinco primeros envites, nadie le hizo más de 80 puntos. Sí lo logró Olympiacos, aunque gracias a los 29 del acto final, cuando ya estaba todo roto. Un síntoma. Su quinteto inicial ante el fiero rival -de otro ex entrenador azulgrana, Giorgio Bartzokas-, sumaba 140 años, 33 de media. Amaneció con el acelerador a fondo (14-6), triples de bienvenida a los griegos, cinco de los siete primeros intentados, mortal ya Will Clyburn (11 puntos en el primer acto).

Pero la batalla iba para largo, respuesta inmediata. Milutinov y Donta Hall en la pintura, Fournier en el perímetro. Hubo un buen tramo de igualdad, pero no de dudas. A la vuelta de vestuarios, el ciclón. Bartzokas ni sabía cómo espabilar a sus pupilos, desnortados en el Palau, perdiendo balones de forma mísera en el medio del campo. El tercer cuarto fue una explosión y el Barça llegó a mandar por 18 puntos con el enésimo triple de Clyburn -aquel jugador al que el Real Madrid flotó durante toda una serie de cuartos de la Euroliga, cuando jugaba para el Darussafaka-.

El Olympiacos ya estaba herido de muerte. Fue incapaz de reaccionar. Enfrente, la solidez. El Barça es tercero ya, igualado con Valencia, perseguidores del Hapoel (venció en Bolonia y es el único con 11 victorias).

Un Real Madrid cada vez más sólido tumba al Baskonia de los "canastones impresionantes" de Markus Howard

Un Real Madrid cada vez más sólido tumba al Baskonia de los “canastones impresionantes” de Markus Howard

Ya otea la cima, las cumbres de la Euroliga que llevan para el Real Madrid tanto tiempo alejadas. Escalan los blancos, siete victorias seguidas, cuatro en Europa, la última este jueves ante el Kosner Baskonia en una noche siempre dominada. Pese a algunos sustos, los chispazos de genialidad de Markus Howard, "canastones impresionantes" (Scariolo dixit), triunfó la solidez, la de un equipo a cada paso más pétreo. [94-87: Narración y estadísticas]

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Se sellan las fisuras y caen los partidos, también los ajustados. Porque Campazzo ya no titubea, porque Hezonja dejó atrás los despistes y los enfados para emerger en ese líder que es. Dos jugadores que ya estaban -como el siempre dominante Tavares-, pero que capitalizan lo que este Real Madrid quiere ser. Las estrellas invitadas aportan el extra de una plantilla con mil variantes. Ante el Baskonia fueron también los puntos fáciles de Maledon (más grises Lyles y Okeke esta vez).

La primera parte fue apenas un preludio de todo lo demás. Avanzó entre la igualdad, entre el descaro y la frescura del Baskonia, un equipo móvil, sin referentes interiores, con tipos de talento individual a los que Paolo Galbiati trata de convertir en colectivo entre lesiones, salidas y fichajes. El último de los caídos ha sido el más importante, el capitán Tadas Sedekerskis, dos meses fuera tras operarse el tobillo este mismo jueves.

Para el duelo en el Palacio el italiano recuperaba a Trent Forrest, el mismo que enloqueció al Madrid en el choque previo de ACB, remontada baskonista en el Buesa allá por octubre. Pero este Madrid empieza a ser ya la roca pretendida. Todavía en el camino a su propia excelencia, los de Scariolo ya sacan las victorias que se escapaban, 11 en los últimos 12 encuentros. Y la confianza crece.

Hezonja celebra una de sus canastas, ante el Baskonia.

Hezonja celebra una de sus canastas, ante el Baskonia.Juanjo MartínEFE

Hasta el punto de aguantar sin inmutarse la osadía del rival. Los dos triples tempraneros de Markus Howard (respondidos por siete puntos seguidos de Abalde), los lanzamientos de media distancia de Spagnolo, la flexibilidad de Kobi Simmons. La iniciativa contrarrestada sin destellos, con ese gigante que es Tavares, aparentemente con un baloncesto frío, esfuerzo silencioso. Hasta el mazazo.

Que llegó a la vuelta de vestuarios, cuando se desprendió el Madrid de su ritmo anodino, cuando metió una marcha más, la necesaria. Si Feliz despidió el segundo cuarto con un triple, tres asestaron Hezonja (2) y Campazzo en el retorno, para poner una máxima fugaz (58-45).

Al Baskonia se le derrumbó de repente su castillo de naipes. Con un soplido regresaron todos sus fantasmas a domicilio, donde tanto le cuesta. Aunque este equipo ha ido desarrollando un carácter que le puede dar buenos réditos futuros. Apoyados en un líder insospechado. Y no por su talento. Con Galbiati, Luwawu-Cabarrot es otro. El jugador más en forma ofensivamente de toda Europa. Dos triples del francés, más otro de su compatriota Frisch, arrimaron a los vitorianos antes del final del tercer acto (60-55).

Iba a resultar un ejercicio de supervivencia para ellos. Maledon devino en pesadilla y estiró la cuerda (76-62). Pero se volvió a acortar con una explosión de Markus Howard, trance genial, liderando con tres triples de esos que sólo él parece capaz, un 0-15 de parcial para, después de muchos minutos, poner por delante a su equipo (76-77).

Y ahí murió el Baskonia. Agotado como un boxeador que se ha lanzado al ataque con las defensas bajas. Encajó un 9-0, tres canastas más de Hezonja, un triple como puntilla de Campazzo. Y el Madrid ya mira a los primeros puestos.

La revolución del Valencia Basket, el club de moda en Europa: "Esto va más allá del baloncesto. Queremos ser referentes a nivel de espectáculo"

La revolución del Valencia Basket, el club de moda en Europa: “Esto va más allá del baloncesto. Queremos ser referentes a nivel de espectáculo”

En una de las habituales encuestas de comienzo de temporada, los mánagers generales de los clubes de Euroliga no incluyeron al Valencia Basket entre los que acabarían ni siquiera entre los 10 primeros que, al menos, disputarían el play-in por el título. Y eso que acababa de conquistar la Supercopa ACB. Y eso que en unos días iba a estrenar el flamante Roig Arena. Y eso que a los mandos seguía Pedro Martínez. Pero nadie daba un duro por un equipo poco habitual de la máxima competición continental, de vuelta tras la ampliación a 20 de este verano. Hoy, 15 jornadas después, los taronjas pueden asaltar el liderato.

Enfrente estará el Anadolu Efes del recién fichado Pablo Laso y en las tribunas habrá más de 10.000 personas, pues presume de 11.000 abonados en un recinto estrenado en octubre después de una inversión de más de 400 millones de euros y que ya ha superado varias veces los 14.000 espectadores. Y que se suma a las impresionantes instalaciones de L'Alqueria. De ganar, sería su 10º triunfo en 15 partidos. Más otros ocho en ACB -sólo se vieron sorprendidos en Granada-, donde comparten primer puesto con el Real Madrid. En lo deportivo y en lo estructural, es el equipo de moda. «El nivel de autoexigencia es altísimo, empezando por Pedro y siguiendo por Enric Carbonell (Director General). Lo estamos disfrutando, pero siempre pensando en el siguiente partido», explica Luis Arbalejo, director deportivo desde hace tres temporadas.

El Valencia asombra y arrasa a partes iguales. Capaz de ganar en la misma semana, la pasada, en el OAKA de Atenas (sin la participación de su máximo anotador, Jean Montero) y en el Buesa Arena donde nadie lo había hecho en ACB, con una canasta sobre la bocina de Kameron Taylor. Que no deja de ser uno de sus refuerzos estrella, birlado al Unicaja. Un tipo que cumplía los requisitos. De los que Arbalejo, en completa sintonía con Pedro Martínez, rastrea en el feroz mercado Euroliga. «Jóvenes, atléticos y con buena mentalidad. Y que sean buenas personas», expone el director deportivo sobre el «perfil». Como Omari Moore, Darius Thompson, Neal Sako, Braxton Key, Yankuba Sima y el prometedor Isaac Nogués. Las caras nuevas que, unidas al bloque anterior, con fuerte presencia nacional (Jaime Pradilla, De Larrea, López-Arostegui, Josep Puerto...), han elevado las prestaciones de un equipo hoy por hoy temido por todos los rivales.

Porque los taronjas, que manejan «el tercer presupuesto en la ACB pero uno de los tres o cuatro más bajos de la Euroliga», encandilan por su propuesta. Nadie juega tan rápido y con tanto vértigo. Nadie en Europa lanza tantos triples (es el cuarto máximo anotador de la competición) ni en ACB mete tantos puntos, casi 97 por duelo. La idea de Pedro Martínez enamora hasta en la NBA. «Hay jugadas que robamos de él», admitía Kenny Atkinson, entrenador de los Cavaliers hace unos días: «Todos los entrenadores de la NBA aprendemos de Pedro, sus equipos son siempre innovadores. Tiene una gran influencia en el baloncesto global».

De Larrea celebra una canasta, ante Pedro Martínez.

De Larrea celebra una canasta, ante Pedro Martínez.

Conjugar éxito en la cancha y en los despachos no siempre va de la mano. Mientras el club crecía con el inestimable impulso del propietario Juan Roig, máximo accionista de Mercadona, el equipo masculino -el femenino, campeón de las tres últimas ligas, es la otra gran apuesta- lidiaba con la tiranía nacional de Madrid y Barça (el año que viene cumple 40 años y en sus vitrinas sólo luce la Copa de 1998 y la Liga de 2017) y con la ferocidad continental (cuatro títulos de la Eurocup), donde no siempre tuvo abiertas las puertas de la Euroliga en la que ha garantizado su presencia tres años más. Tras el paso por el banquillo de entrenadores como Joan Peñarroya o Alex Mumbrú, Arbalejo supo que el hombre indicado era el veterano Martínez. «Para mí lo más importante en un deporte colectivo es el entrenador. Es increíble trabajar con él. Tiene obsesión por hacernos mejores a todos, no sólo a los jugadores. Huye de protagonismos. Y, además, tenemos un estilo súper reconocible», destaca el joven director deportivo sobre una forma de frenética de plantear el baloncesto en la que «juegan todos, rota cada dos o tres minutos, cargamos el rebote ofensivo, tiramos mucho de tres, vamos a más de 100 puntos... Eso hace que seamos muy competitivos y capaces de ganar a cualquiera. Y, además. Es una de las cosas que nos ayuda a llenar».

En el Valencia hablan de «proyecto ambicioso» y se separan de la idea de «club de fútbol con la marca Madrid o Barça». «Va más allá del baloncesto. Con el Roig Arena, somos casi una empresa de entretenimiento. Es un pabellón cercano a los NBA», presume Arbalejo. Instalado, como todos, en la idea del «partido a partido», pero que no niega lo que apetece la Copa en casa de febrero. «No hay presión, pero sí somos ambiciosos. Aunque cuando sea el sorteo, sólo hablaremos del duelo de cuartos».

Pablo Laso vuelve a los banquillos: al rescate del Anadolu Efes

Pablo Laso vuelve a los banquillos: al rescate del Anadolu Efes

El verano del 2022 Pablo Laso abandonó de forma abrupta y polémica el Real Madrid en el que había hecho historia. Un final impropio tras sus problemas cardíacos para quien, insospechadamente, fue el capitán de una era: en 11 años, 22 títulos (entre ellos, dos Euroligas). En estos tres años y medio, la carrera del técnico vitoriano ha vivido dos aventuras más, sin demasiado éxito. Ahora, nada menos que en Estambul, afrontar la tercera: intentará enderezar al Anadolu Efes tras el despido de Igor Kokoskov.

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A sus 58 años, será el octavo club profesional como entrenador para quien también fuera leyenda en la pista, su segundo club fuera de España. Laso -cuyo nombre sonó también para sustituir a Sergio Scariolo en la selección española- acude al rescate de uno de los clubes más potentes presupuestariamente de Europa, campeón de la Euroliga en 2021 y 2022 (en la final derrotó precisamente a su Madrid, en Belgrado), pero sumido en una profunda crisis de resultados y azotado por las lesiones.

Los turcos, que el pasado jueves fueron vencidos por el Madrid en Estambul, ocupan la 17ª posición en la Euroliga, con sólo cinco victorias. En la liga turca, que no levantan desde 2023, son cuartos después de cuatro derrotas seguidas y se alejan del invicto líder Besiktas, del Fenerbahçe (al que precisamente se miden este domingo) y del Bahcesehir. Acaban de recuperar a Rodrigue Beaubois, pero siguen de baja jugadores tan importantes como Vincent Poirier, Shane Larkin, PJ Dozier y Georgios Papagianis.

Debut en Valencia

El pasado 27 de noviembre fue destituido Kokoskov, que había llegado al banquillo del Efes este verano, en sustitución de Luca Banchi. Desde entonces, las riendas estaban en manos de Rado Trifunovic como entrenador interino.

Tras su salida del Madrid, Laso pasó una temporada sabática hasta que fue contratado por el Bayern de Munich, al que dirigió la temporada 23/24. En el equipo alemán no logró alcanzar los playoffs de la Euroliga (13-21), aunque levantó tanto la Bundesliga como la Copa germana. La temporada pasada, el técnico regresó a sus orígenes y tomó los mandos del Baskonia, aunque sin lograr los objetivos: no disputó ni la Copa del Rey, ni los playoffs de Euroliga y en los de ACB cayó en cuartos contra el Madrid.

El vitoriano, que ha estado ejerciendo como comentarista en Liga Endesa en los micrófonos de Dazn, debutará con su nuevo equipo este mismo jueves, nada menos que en el Roig Arena ante el desatado Valencia Basket de Pedro Martínez.

Los puntos de Hezonja y la defensa de Garuba para ganar en Estambul

Los puntos de Hezonja y la defensa de Garuba para ganar en Estambul

En mitad del frenesí de un calendario del que todo el mundo se queja pero contra el que nadie hace nada, un pequeño parón puede descolocar las inercias. Lo superó el Real Madrid, media plantilla repartida por el mundo con los compromisos de selecciones nacionales, con su quinta victoria consecutiva. Hace nueve días tumbó al Hapoel en Bulgaria y ayer al Anadolu Efes en Estambul. Partidos ásperos, triunfos trabajados y un pequeño empujón para la clasificación en Euroliga. [75-81: Narración y clasificaciones]

El paradigma de la victoria fue Usman Garuba, el rey del esfuerzo. Se marchó de la cancha sin lanzar a canasta. Ni una vez. Pero no hubo nadie tan determinante. En un choque que no estaba hecho para Tavares (el Efes, con Poirier lesionado para largo, optó por los hirientes Smits y Osmani), cargado además pronto de faltas, el de Azuqueca emergió en los minutos finales con una defensa impresionante. Siempre el primero en la ayuda, valiente en los tapones, insuperable en los unos contra uno y dominante en el rebote. Ante eso se apagó el equipo local, plagado de bajas y todavía asimilando el despido de Igor Kokoskov.

Esa reacción la temía Sergio Scariolo, partido trampa, rival deprimido pero talentoso con entrenador interino (Trifunovic). Que plantó cara desde el comienzo. Y al que sólo el paso adelante defensivo blanco en la segunda mitad acabó por rendirle. Porque el Madrid se reencontró con el acierto desde el perímetro (11 de 25), pero no fue su tarde más lúcida en ataque, viviendo de los puntos de Hezonja (22) y de pequeños destellos de Maledon, Okeke y Lyles.

La primera mitad fue una especie de extraño intercambio de canastas. Como dos púgiles sin verdadera intención de hacerse daño con sus golpes. Un tanteo de ritmo lento, punto arriba y punto abajo hasta el descanso. Y eso que había amanecido el duelo con la estruendosa aparición de dos tipos que son puro talento ofensivo. Dos pistoleros con ganas de rock and roll.

Mario Hezonja, tan irregular en este inicio de curso, el mejor de largo en el último triunfo blanco, la semana pasada ante el líder Hapoel, asestó los 10 primeros puntos del Madrid. Pero encontró respuesta en el francés Cordinier y sus fulgurantes penetraciones.

Esa igualdad se iba a mantener, más dañino el Efes en la pintura, con esos falsos pívots, tan versátiles, que son Roland Smits y Ercan Osmani. Dominando también el rebote. Encontraban puntos sencillos entre otras cosas porque Tavares, tras sus dos faltas rápidas, no volvió hasta la segunda parte. Una contra de Cordinier cerró los primeros 20 minutos ante un Madrid demasiado obtuso ofensivamente.

Curiosamente, Chuma Okeke imitó a la vuelta de vestuarios la puesta en escena anterior de su compañero Hezonja. El ex NBA, apagado últimamente después de unos buenos apuntes en el inicio de curso, despegó con 10 puntos consecutivos, otra vez para mantener la balanza en una batalla que no terminaba de decantarse ni de tener dominador. Y que iba a presenciar otro intercambio eléctrico, pues Smits y Osmani (una pesadilla) golpeaban y Hezonja respondía, ahora con otros 12 puntos de carrerilla.

El cuarto triple de Osmani sin fallo iba a ser el último acercamiento turco (72-74). Campazzo se sacó de la manga la respuesta, cuando ya Garuba frustraba cada ataque rival. Al propio Osmani le frenó un rato antes con un potentísimo tapón. En el enredo de los últimos ataques, ya el Efes sólo iba a anotar cuando estaba rendido (se quedó en 34 puntos en la segunda mitad). Es el tercer triunfo a domicilio en Europa del Madrid.

El Madrid aprieta en defensa para ganar a domicilio al líder Hapoel

El Madrid aprieta en defensa para ganar a domicilio al líder Hapoel

Actualizado Martes, 25 noviembre 2025 - 21:40

El Real Madrid logró un meritorio triunfo en la pista del Hapoel de Tel Aviv, apoyado en una gran defensa que dejó al líder de la Euroliga en 74 puntos cuando promediaba 92.1 por noche. Tras su gris actuación ante el Zalgiris, Mario Hezonja (19 puntos, seis rebotes, tres robos) resurgió con una notable actuación en el primer cuarto y el tramo decisivo n que corregir acciones como un inexplicable triple postrero que pudo arrojar por la borda todo el trabajo previo.[Narración y estadísticas (74-75)]

La visita a Bulgaria, con el cansancio extra de haber tenido que aterrizar de madrugada en el día del partido, se antojaba como un punto de inflexión, la opción de espantar los malos augurios acumulados desde el arranque del curso.

Concentrados para frenar un sistema con tres hombres bajos en pista, tendencia de moda en la elite, el Madrid manejó ligeras ventajas durante el primer tiempo, limadas por el acierto israelí desde el perímetro (36-39, m.20). Hezonja había cerrado el primer cuarto con 11 puntos.

Aparición de Micic

Triples hubo también, ocho, durante los primeros siete minutos y medio de la segunda parte. El duelo exterior acabó en batalla nula al firmar cuatro por bando, pero en el montante global, con un Real Madrid diluido en la pintura por momentos, terminaron ganando los locales.

Sin embargo un parcial de 0-8, con bandeja de Andrés Feliz sobre la bocina de la media hora, sirvieron para que el susto de los de Dimitris Itoudis no se convirtiera en amenaza seria (58-60, m.30).

Parecía la oportunidad idónea para escaparse, pero les echó el lazo el talentoso Vasilije Micic, demostrando por qué cobra el sueldo más alto de la Euroliga. Bajo su dirección, encestando y asistiendo, se levantó el Hapoel (69-69, m.37).

Omnipresente Hezonja

Era un momento para los hombres importantes y, esta vez sí, Hezonja pidió paso. Primero punteó un rebote armando un contraataque exitoso; luego robó de manera impoluta para culminar en solitario con un mate; y, finalmente, capturó un rebote defensivo ante la presencia de dos contrarios.

El buen trabajo en aro propio obligó a agotar la posesión del Hapoel en su primer intento, por lo que todo seguía igual con 32 segundos por jugarse. Asumió el ataque Theo Maledon en un uno contra uno con Micic y erró, pero el rebote cayó de nuevo en manos de Hezonja.

Era la jugada que le hubiera consagrado como héroe de la noche, pero cerca estuvo de convertirse en villano al lanzar un triple que no tocaba, forzado y desde muy lejos, cuando solo había que aguantar la pelota. No entró y tuvo una opción más de ganar el anfitrión. El error de Micic otorgó el triunfo a los jugadores de Sergio Scariolo, que terminaron a medio camino entre la alegría y las reclamaciones a Hezonja.

El fenómeno Trey Lyles, el niño que levantaba a su padre a las cinco de la mañana para entrenar

El fenómeno Trey Lyles, el niño que levantaba a su padre a las cinco de la mañana para entrenar

Hacía mucho que un fichaje no impactaba de semejante forma en el Real Madrid. En apenas dos meses de competición, sin experiencia previa en baloncesto FIBA más allá de los partidos con su selección, Trey Lyles (Saskatoon, Canadá, 1995) es quizá la pieza más segura del equipo de Scariolo, su máximo anotador (15,2 puntos de promedio en Euroliga), el asombro de los que le rodean. Hasta tal punto, que el propio técnico tuvo que despejar esta semana los rumores sobre su inmediata vuelta a la NBA: "Cero, ninguna opción".

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Por las entrañas del Palacio se le ve caminar despacio, con idéntica calma con la que se mueve en la pista. No porta lujos, ni peinados llamativos. Luce barba de varios días, pelo enmarañado y cara de recién levantado. Pese a medir casi 210 centímetros, ni siquiera llama demasiado la atención por su físico ni por su musculatura. Y, sin embargo, ese canadiense -mantiene su nacionalidad de nacimiento y, pese al interés temprano de EEUU, es internacional por el país de su madre-, disputó 10 temporadas en la NBA, 662 partidos contando los de playoffs, ganó más de 40 millones de dólares y promedió casi un 35% en triples. "Mentalmente tiene una capacidad asombrosa para entender las cosas", destaca Scariolo.

Para entender el fenómeno Lyles hay que acudir a su infancia, a su historia personal. Cuando crecía en Camby, en los alrededores de Indianápolis, y finalmente se decantó por el baloncesto (también practicaba hockey y béisbol), adquirió una espartana rutina junto a su padre que moldearía su porvenir. Cada día, a las cinco de la mañana, Trey y Thomas -que también fue jugador profesional: en sus años en los Saskatoon Storm, en Canadá (una efímera liga llamada World Basketball League), conoció a Jessie, su esposa-, se levantaban y acudían al Armstrong Pavilion, donde el chico, alto ya pero bastante delgado, hacía bandejas con un chaleco a modo de lastre o saltaba a una gruesa comba de tres kilos. "Al principio yo lo despertaba. Pero después, se volvió tan habitual que había días en que pensaba: 'Hoy voy a dormir hasta tarde. No vamos a ir'. Y él se colaba en mi habitación y me susurraba: 'Papá. Papá. ¿Vamos al gimnasio?'. Yo pensaba: 'Dios mío, estoy cansadísimo'. Pero nunca le dije que no", confesaba el progenitor hace años en una entrevista.

Trey Lyles anota ante Tubelis, del Zalgiris.

Trey Lyles anota ante Tubelis, del Zalgiris.Juanjo MartínEFE

Trey, el menor de cinco hermanos, pronto estuvo predestinado. Su físico y sus genes le encaminaron a las canastas, su disciplina ayudó a su desarrollo - "lo deseaba cada vez más y se convirtió en un estilo de vida para él. Y hacía muchas preguntas. Quería entender el juego, sus reglas, además de simplemente jugarlo"-y su inteligencia le abrió el resto de puertas. Su nota media en High School siempre rozó el cuatro, el máximo; su hermana Jasenka fue el espejo.

Así que no tardaron en rifárselo. Y ahí vino uno de sus momentos críticos. En su último año de preparatoria en Arsenal Tech, promedió 23,7 puntos, 12,9 rebotes y 3,5 asistencias. También anotó el tiro libre decisivo en la final del Campeonato Estatal. Para entonces se había comprometido con la Universidad de Indiana, una decisión de la que se iba a retractar cuando la prestigiosa Kentucky de Calipari llamó a su puerta. Allí había estudiado su padre, que ahora es cantante -T. Lyles se hace llamar- y que compuso un rap contra las críticas que su hijo recibió en un estado con semejante tradición.

ACB Photo

Con los Wildcats, Lyles tuvo que superar otro obstáculo, el de compartir quinteto con con pívots de la calidad de Karl Anthony Towns y Willie Cauley-Stein. Pese a su tamaño, Trey se adaptó al puesto de alero y Kentucky sólo perdió en la Final Four de la NCAA contra Wisconsin. Sus números (8,7 puntos, 5,4 rebotes) hubieran sido mejores en cualquier otro lugar, pero le valieron para ser elegido en el número 12 del draft de 2015 por los Jazz (su compañero Towns ocupó el uno y Hezonja, por ejemplo, el cinco). En Utah disputó sus dos primeras temporadas NBA, otras dos en Denver, dos más en Spurs y media en Pistons. Su última aventura fue en Sacramento, hasta que este verano decidió cambiar de aires y probar en Europa.

Firmó por un año con el Madrid, que ya piensa en la renovación. Porque, numéricamente, es ya su líder. Regularidad y destellos de súperclase, como la noche del Palau. En su primer clásico, fue una pesadilla para el Barça: 29 puntos. A Scariolo le asombra más su capacidad mental que su talento. Cómo ha entendido la complejidad de su libro táctico en un entorno nuevo, el baloncesto FIBA y sus peculiaridades. "Por el número de repeticiones de acciones defensivas y ofensivas, del plan de partido y de jugadas que en estas pocas semanas ha tenido que estudiar y practicar, está muy, muy arriba". Y si con alguien ha conectado a la primera ha sido con Campazzo, quien sólo en Euroliga ya le ha repartido casi 20 pases de canasta.

Campazzo y Maledon apagan el fuego de una exhibición para el recuerdo de Sylvain Francisco

Campazzo y Maledon apagan el fuego de una exhibición para el recuerdo de Sylvain Francisco

Mientras se encuentra a sí mismo, este Real Madrid de Scariolo, todavía crudo, está condenado a aprender. A sufrir. A crecer. En este tramo, habrá de todo. También duelos de puro espectáculo. Porque el Zalgiris, uno de los colectivos más cohesionados y bravos de este comienzo de curso en Europa, llegó al Palacio dispuesto a todo. A volver a tomarlo. Y, ante ese descaro con capitán general -un inabordable Sylvain Francisco, 33 puntos, 11 asistencias, siete triples-, apareció el corazón blanco. La rebeldía de talento de Maledon y Campazzo, que resolvieron la batalla en un último cuarto maravilloso. [100-99: Narración y estadísticas]

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Un triunfo de sudor, hasta el último y desesperado lanzamiento de Ulanovas. Tan necesario para el Madrid, no sólo en lo clasificatorio, donde no se debían encender más alarmas. La semana pasada ya sonaron los silbidos en el Palacio, que no dejan de ser un aviso de exigencia. La caída en Valencia, el repaso del Panathinaikos, los apuros contra el Bilbao. Para más inri, Francisco iba a firmar una de las mayores exhibiciones individuales que se recuerdan. Contra eso resistieron los blancos, siempre irregulares, incapaces de mantener la compostura durante periodos largos.

Porque, pese al contundente amanecer, el Madrid -que, extrañamente, apenas iba a lanzar triples- nunca se logró sentir cómodo. Avanzó a trompicones, con errores que tantas veces arruinaban un buen trabajo. Campazzo, consciente de que lleva demasiado tiempo sir mostrar esa versión que le hizo imparable y único, arrancó como una moto. De su electricidad nacieron las primeras y esperanzadoras ventajas, el 28-16. Luego apareció Maledon y más madera, con esa facilidad que tiene el francés para entrar en pintura y que ocurran cosas. Dominaba el rebote el Madrid y también Lyles se sumaba a la fiesta. Aunque el Zalgiris, respondón y sólido, nunca se despegó del todo.

Garuba celebra una de sus canastas al Zalgiris.

Garuba celebra una de sus canastas al Zalgiris.Juanjo MartínEFE

No es casualidad, era líder de la Euroliga hasta hace unos días. El curso pasado ya derrotó a los blancos en Goya. Su vuelta de vestuarios fue un bofetón en toda regla. Un 4-17 de parcial con un protagonista inesperado. Nadie conseguía detener a Tubelis. Ni Lyles ni después Hezonja. Ahí emergió el Madrid de las dudas, el que no logra despegar en esta era Scariolo. Menos mal que Tavares, siempre Tavares, sostuvo al colectivo para volver a una batalla que, en los primeros minutos del acto final, devino en espectáculo.

Un toma y daca sin respiro. El demonio Francisco desplegó su show. Iba a firmar una de las actuaciones más impresionantes que se recuerdan en el Palacio. Anotaba de todos los colores y también alimentaba a sus compañeros. Pero, en vez de morir en esa pesadilla, el Madrid respondió en la otra canasta. El mejor Lyles, el coraje de Andrés Feliz, la pelea de Garuba... Carácter.

Punto arriba, punto abajo hasta la recta de meta. Una bendita locura (38-37 el último cuarto). Seis seguidos de Campazzo, la respuesta siempre asombrosa de Francisco, Maledon generando... Fue precisamente un dos más uno del francés, en contestación a un triple de su compatriota, lo que iba a acabar con la resistencia del Zalgiris (además de una falta en ataque de Lo por un mantazo a Campazzo). O casi, porque a Francisco le dio por anotar dos triples más en la desperación. Una batalla estupenda en la que los lituanos exigieron el máximo del este irregular Madrid. Que vuelve a ganar. Que vuelve a respirar.

Cruel y polémica derrota en Estambul en la vuelta de Xavi Pascual al Barça

Cruel y polémica derrota en Estambul en la vuelta de Xavi Pascual al Barça

"He venido a ganar", proclamó de primeras el ansiado Xavi Pascual, nueve años después de vuelta al Barça. En una situación crítica deportiva y económicamente, tan diferente a aquella era en la que reinó. El interino Orellana ya había conseguido, en tres partidos (tres victorias), cambiar la inercia de frustración de Joan Peñarroya. Con el de Gavà, en su debut, hubo fuegos artificiales en Estambul, un apagón preocupante y un desenlace doloroso y polémico para la derrota por la mínima ante el Efes. [74-73: Narración y clasificaciones]

Ante un Efes mermado (sin Larkin, Poirier, Papagianis, Dozier, Beaubois...), se recordará su reentré. Hubo de todo. Una fiesta, un canto a la esperanza y la ilusión de un grupo limitado pero corajudo, que escondió sus defectos por momentos en el Sinan Erden. Pero que también perdió el rumbo, esa mala cara a corregir. Y que sufrió al no saber rematar en las últimas acciones. Los tiros libres de Cordinier para la quinta derrota en Europa.

La conclusión inicial, pese a todo, es que Pascual va a tratar de potenciar aquellos mimbres con los que cuenta. Con el grifo cerrado (o casi) para los refuerzos, con estos bueyes tiene que arar. Y, con sus rotaciones, mostró que, de momento, todos cuentan. El gigante Fall, casi inédito, fue su primer cambio. Anotó un dos más uno y puso un tapón como agradecimiento. Willy Hernangómez, otro arrinconado, lo mismo: producción exprés. Hasta Myles Norris, si es que alguien se acordaba de la existencia del fichaje, estuvo en pista (no con tanta fortuna) ya en el segundo cuarto.

Fue en ese tramo cuando el Barça empezó a triturar al Efes. Le ayudó el perímetro, triples de Laprovittola, Cale y Punter. Llegó a dominar por 13 (33-46) con sólo Cordinier como contestación.

Pero no todo podía ser tan sencillo. La euforia del primer acto se derritió demasiado pronto. La vuelta de vestuarios fue una pesadilla para el Barça, un ciclón el Efes, a lomos de Jordan Loyd y Weiler-Babb. Ni los tiempos muertos ni los cambios espabilaban al Barça, que encajó un tremendo 19-2 de parcial, fallando triples. Tocó volver a empezar, ahora a remolque en el marcador y las sensaciones.

En ese abismo, el Barça volvió a demostrar personalidad. Olvidó el tercer acto y se metió de lleno en la batalla. A falta de menos de cuatro minutos, el imparable Osmani encendió las alarmas (69-64), pero entonces apareció la pizarra de Pascual, los puntos en la pintura de Vesely, un triple (al fin) de Satoransky... Pero el checo no remató a la siguiente. Parra taponó a Cordinier y, después, sobre el francés señaló Belosevic una dudosa falta en el mismísimo último suspiro. No erró con los tiros libres y, con 0,3 segundos, el palmeo de Fall fue imposible. Un cruel y polémico desenlace.

El Panathinaikos saca los colores al Real Madrid, en su primera derrota de la temporada en el Palacio

El Panathinaikos saca los colores al Real Madrid, en su primera derrota de la temporada en el Palacio

Cuando la locomotora de Scariolo parecía ya en marcha y definitivamente lanzada, de repente, un apagón. Ganar en Zaragoza, Barcelona (el clásico) y Badalona fue quitarse las frustraciones a domicilio, pero la semana ha vuelto a ser oscura para el Real Madrid, tan desdibujado ante el Panathinaikos como el martes en Valencia. La derrota ante los griegos, además, supuso la primera de toda la temporada en el Palacio, el templo mancillado por el imperecedero Sloukas, el eléctrico TJ Shorts y un invitado sorpresa llegado desde Taiwán. [77-87: Narración y estadísticas]

Para saber más

Kenneth Faried, repescado por Ergin Ataman, firmó 17 puntos y 10 rebotes en su estreno en París. Mejor todavía en Madrid, porque enfrente estaba Edy Tavares: 16 y ocho. Los nombres propios de una victoria total. El Panathinaikos, el que comanda en silencio Juancho Hernangómez, se impuso de principio a fin, marcando su ritmo y su talento, un aviso para tiempos futuros.

El duelo de vaivenes, de dos favoritos en busca todavía de rumbo, comenzó con un dominio abrumador de los visitantes. Dispuestos a ser los primeros en tomar el Palacio esta temporada, en el que era, para ellos, el cuarto partido seguido a domicilio, los verdes mandaron con sus dos pequeños demonios. Shorts y Kendrick Nunn propiciaron una primera parte de euforia que pronto devino en aplastamiento. Ellos fueron los que desataron a la bestia.

Tavares y Faried.

Tavares y Faried.Juanjo MartínEFE

Porque al Madrid el sopapo inicial (9-19) le sentó fatal. Ya todo iba ser remar contra corriente. Scariolo movía el banquillo en busca de soluciones rápidas, pero apenas encontraba pequeñas descargas eléctricas. Como las de Theo Maledon. A Alex Len le pudo el ímpetu de su debut en Madrid y Mitouglou le hizo todo un lío.

Pero lo peor de la primera mitad aguardaba al final. Faried, ese fichaje que se ha sacado de la manga Panathinaikos -ex NBA, campeón del mundo precisamente en el Palacio en 2014- para suplir sus bajas interiores (Lessort, Richaun Holmes y Yurtseven), le hizo dos mates tremendos en carrera a Tavares. Sloukas y Cedi Osman torturaron desde el perímetro y los de Ataman se fueron con la máxima, por entonces, al descanso (38-52). Ni la zona defensiva del Madrid surtió efecto.

Una distancia que aumentó a la vuelta, cuando los blancos tocaron fondo. Manimal, que va a cumplir 36 años, seguía jugueteando con Tavares. Y otro triple de Osman encendió la alerta roja (40-59). En ese pozo, la reacción. Fue Andrés Feliz, que ya ejerce de líder desde el carácter, el que tocó a rebato. Pero su alarde fue insuficiente. Porque enfrente hay toneladas de talento y también de experiencia. Casi nadie como Sloukas, que remató el tercer acto con acciones de las que silencian calderas.

En la recta de meta, tal era la tiranía verde, que ni resquicio a la épica le quedó al Madrid. Fue una derrota abrumadora. Y preocupante. Hasta desatar el run run en las tribunas.