El Barça salva el match-ball, el Madrid se enfrentará al Hapoel (¿sin público?) y el Valencia acaba segundo y espera rival

El Barça salva el match-ball, el Madrid se enfrentará al Hapoel (¿sin público?) y el Valencia acaba segundo y espera rival

Y después de 38 jornadas...

Pese a que no fue jornada unificada y todo se resolvió en dos días (ni siquiera los horarios coincidieron, ni uno...), la Euroliga puso el broche a su larguísima temporada regular y lo hizo con casi todo en el aire. Los últimos resultados, sin sorpresas, ordenaron los cuartos de final, el camino previo a la Final Four de Atenas (del 22 al 24 de mayo).

Para saber más

Allí quieren regresar los equipos españoles, ausentes todos de la última en Dubai. Y, menos el Baskonia (sin opciones desde hace semanas), los tres restantes cumplieron en la última fecha. El Real Madrid lo hizo el jueves, asegurando el factor cancha. Y este viernes el Barça salvó su match-ball y se metió en el play-in tras ganar de forma contundente al Bayern (95-89; nada se jugaban los alemanes, en el último partido de la carrera del legendario Svetislav Pesic). Y el Valencia Basket confirmó su histórica trayectoria: en su retorno a la máxima competición continental, sólo el Olympiacos fue mejor que ellos.

Los taronjas vencieron en Sarajevo al Dubai Basketball (85-95; aunque el Barça cumplió, le hizo un buen favor) y acabaron segundos. Han ganado 25 de los 30 partidos cuando casi nadie apostaba por ellos. Con ventaja de campo, aguardan rival del play-in: se enfrentarán al que venza del ganador del Panathinaikos-Monaco, que se disputa en el OAKA el martes. Si son los de Ergin Ataman, favoritos, los que se imponen, no será un rival nada apetecible.

Con su victoria, el Madrid acabó tercero y se las verá con el Hapoel de Tel Aviv, sexto. A los hebreos les ha derrotado en las dos ocasiones del curso, la última hace apenas unos días en el Palacio (92-83). Cuentan, eso sí, con una lujosa plantilla que encabezan Vasilje Micic y Elijah Bryant. Pero, sobre todo, tienen un hándicap. En esa ocasión, por medidas de seguridad a causa de la guerra en Oriente Próximo, no hubo espectadores en las tribunas. Así ha ocurrido con muchas de las visitas de los equipos de Tel Aviv, no todas. Falta por saber si en esta ocasión se repetirá, si el Madrid, después de los sudores para lograr el factor cancha, no podrá tener el aliento de su público en la eliminatoria clave. También si los de Itoudis seguirán jugando en su exilio de Sofia.

Pesic, homenajeado en el Palau Blaugrana.

Pesic, homenajeado en el Palau Blaugrana.EFE

El Barça, por su parte, deberá resolver un complicado play-in. Al acabar noveno, primero deberá vencer al Estrella Roja el martes en el Palau Blaugrana para no quedar eliminado. Y, después, siempre a domicilio, derrotar al perdedor del duelo entre Panathinaikos y Monaco. Si sobrevive a ambas citas, se las verá, nada menos, que con el mejor equipo de la temporada regular en cuartos: el Olympiacos.

La otra eliminatoria asegurada es que la enfrentará al Fenerbahçe, actual campeón y cuarto finalmente, contra el Zalgiris (quinto).

Campazzo enseña el camino hacia la Final Four

Campazzo enseña el camino hacia la Final Four

Campazzo tiene una cuenta pendiente con la Final Four. Ganó dos veces la Euroliga con el Real Madrid, pero en 2015 apenas contaba, recién llegado, y en 2018 una lesión le impidió ser protagonista en Belgrado. Para más inri, en 2023, la última del Madrid, todavía no había regresado de su aventura fallida en la NBA. Así que sabe el camino, tiene ganas y se siente líder. Llegada esta hora de la verdad, ahí su paso adelante. Sus últimos partidos en la competición son una gran prueba de ello. [101-82: Narracion y estadísticas]

Ante el Estrella Roja, paso previo a los cuartos de la verdad, había que cerrar el círculo. No fallar en un día no decisivo, pero sí importante. Y el argentino se echó el equipo a la espalda, otra vez. A un Madrid competitivo, contundente y, sobre todo, contagiado por su guía (16 puntos, ocho asistencias...). Un triunfo para asegurar el factor cancha en la eliminatoria, a la espera de saber rival este viernes.

Porque todo el enredo de la última jornada de esta agotadora Euroliga pasaba para el Madrid por seguir su demoledor ritmo en el Palacio, donde viene toda la temporada enjugando sus penas a domicilio. Más importante por ello asegurar la ventaja de cancha en cuartos, acabar segundo o tercero (a la espera del resultado del Valencia en Sarajevo ante el Dubai). Sin ser garantía de nada (hasta el Panathinaikos podría ser el cruce), la estadística asegura que en 81% de las ocasiones pasa a la Final Four quien lo consigue.

Djokovic y Doncic, en el Palacio, durante el Madrid - Estrella Roja.

Djokovic y Doncic, en el Palacio, durante el Madrid - Estrella Roja.EFE

También se la jugaba el Estrella Roja, aunque su batalla era un escalón más abajo y con una victoria evitaba el play-in. Pero era día grande en el Palacio, partido con aroma a antesala de la hora de la verdad, con Doncic y Djokovic en primera fila, flipando con las mandarinas de Llull (la hubo, cómo no: para cerrar el tercer acto, a tabla, una más en esa cuenta inigualable). El Madrid se lo iba a llevar por pura ambición, en uno de sus ejercicios más serios del curso, a unir al protagonizado la semana pasada en Estambul ante el Fenerbahçe.

El tiroteo con el que se abrió el telón no era precisamente lo más indicado, pero no es sencillo contener el talento. Y Sasha Obradovic, al que Scariolo nunca había vencido en Euroliga, posee un buen puñado de jugadorazos, tantos con lustroso pasado NBA. Amaneció el Estrella Roja con seis triples, con Nwora imparable. Aunque el primer revés, la lesión de tobillo de Bolomboy (no volvió), iba a resultar un lastre.

El primer arreón local llegó con la entrada en pista de Maledon, tan gris últimamente. Sus penetraciones descolocaron a los de Belgrado, que encajaron un parcial de 13-1. Garuba era una fiera, enchufadísimo esta vez, robando, reboteando, taponando, acabando en la otra canasta: en esta versión, resulta decisivo. Y Campazzo bailaba ante el que un día fue su ex equipo para irse al descanso con la máxima (56-44).

A pesar de algún acercamiento de los serbios, el Madrid no estaba por la labor de complicarse. Y su ventaja creció y creció con un buen puñado de sus protagonistas (Feliz, Maledon, Garuba...) afilando el cuchillo. Bien los necesita Scariolo.

Todas las cuentas para la última jornada de la Euroliga: ¿pueden enfrentarse Madrid y Barça en cuartos?

Todas las cuentas para la última jornada de la Euroliga: ¿pueden enfrentarse Madrid y Barça en cuartos?

Nunca la Euroliga tuvo tantos partidos, nunca exprimió de tal manera a sus protagonistas, aunque, al fin, llega a su primer desenlace, el de su temporada regular. 38 jornadas después (las mismas, también en formato todos contra todos, que tendrá el curso que viene), casi todo está por decidir. De los cuatro equipos españoles en liza, dos estarán seguro en cuartos de final, otro lo tiene que sellar el viernes y el Kosner Baskonia está eliminado hace tiempo.

El primer turno será este jueves para el Real Madrid, que recibe en el Palacio al Estrella Roja (20.45 h.) con el alivio de su triunfo el pasado jueves en Estambul ante el Fenerbahçe y la garantía de su buen paso en casa: ha ganado 17 de sus 18 partidos. Un triunfo le asegura el factor cancha en la eliminatoria: será segundo o tercero dependiendo del resultado del Valencia Basket, que el viernes (20.00 h.) visita al Dubai en su exilio de Sarajevo.

"Somos conscientes de la importancia del partido. Clasificarnos directamente para el playoff ya ha sido un buen resultado, un punto de mejora claro, y ahora queremos dar un paso más y ganar el último encuentro. Nos hemos ganado, después de una temporada regular excelente, el derecho de depender de nosotros mismos para estar en una de las primeras tres posiciones", valoró Sergio Scariolo en la previa.

Las cosas se enredan para los del italiano en caso de derrota, aunque en ningún caso caerían hasta el play-in que se disputa la semana que viene. Si pierden contra el Estrella Roja, serán cuartos si de Zalgiris, Hapoel o Fenerbahçe sólo gana uno de ellos. Quinto si lo hacen dos de los tres y sexto si ganan los tres.

Por su parte, la extraordinaria temporada de los de Pedro Martínez les asegura el factor cancha en cuartos, pase lo que pase el viernes. Pueden incluso acabar como primeros si vencen y Olympiacos cae contra el Milán. Una derrota y un triunfo blanco le haría descender al tercer puesto.

Con todas estas combinaciones, no resulta sencillo adivinar su rival en la serie de cuartos. Hapoel, Fenerbahçe y Panathinaikos podrían evitar el play-in. Algo por lo que luchará el Barça.

Clyburn, contra el Mónaco.

Clyburn, contra el Mónaco.EFE

Los de Xavi Pascual reciben a un Bayern que nada se juega, aunque una derrota en el Palau unida a un triunfo del Dubai contra el Valencia les dejaría directamente eliminados. En cambio, si ganan, serán octavos si vence Mónaco y pierden Estrella Roja y Panathinaikos; noveno si Mónaco y Panathinaikos ganan y Estrella Roja pierde e incluso alguna combinación le dejaría 10º.

Después de todo esto, no parece sencillo, pero incluso hay alguna opción de que en cuartos de final Madrid y Barça se vean las caras. Si los blancos acaban segundos y el Barça, desde el play-in, logra billete de octavo ganando al séptimo... habrá clásico por un lugar en la Final Four de Atenas.

Golpe de carácter del Real Madrid en Estambul: rompe su maldición y derrota al campeón Fenerbahçe en un duelo decisivo

Golpe de carácter del Real Madrid en Estambul: rompe su maldición y derrota al campeón Fenerbahçe en un duelo decisivo

13 noches para olvidar, 13 dagas en el orgullo del Real Madrid, 13 viajes de vuelta con caras largas en el avión. 13 derrotas a domicilio (de 18) que quizá ya nadie recuerde, sofocadas en el abismo de Estambul, un triunfo en la pista del campeón que fue un puñetazo de personalidad. Como el triple de Hezonja que sentenció al Fenerbahçe, tras siete fallos. Una liberación. [69-74: Narración y estadísticas]

Abrió los brazos Mario, suspiró. Su propia liberación, a falta de un minuto, la de un tipo único. Sabía que era un triunfo de los que marcan el porvenir y no sólo por su importancia clasificatoria, por lo que le supone al Madrid si confirma la semana que viene en el Palacio contra el Estrella Roja. A falta de las matemáticas, ser cabeza de serie en cuartos. Habían escapado de la frustración de últimamente y lo habían hecho con un estupendo ejercicio de amor propio. Un duelo fiero en el que tuvo que sobrevivir varias veces. Y en el que no tembló en la recta de meta, donde se le fueron tantas victorias este curso.

Si Hezonja, tan errático como genial, fue el ejecutor, hubo tres nombres propios muy por encima del croata. El de dos clásicos, dos apuestas seguras, Campazzo-Tavares, esa pareja de época. Y el de Trey Lyles, hielo en el infierno, recursos y clase para desentrañar la noche en Estambul.

Brandon Boston

Porque la cosa en el Ulker Arena eran palabras mayores, uno de esos partidos que ya parecen eliminatorias. Después de un trayecto más largo que nunca, la hora de la verdad se acerca y las cuentas alarman. Los dos equipos acudían con más dudas que certezas y el que perdiera casi no iba a tener margen para arreglarlo en la última jornada. Y el Fenerbahçe, en plena crisis (seis derrotas en las últimas siete jornadas, arruinando lo que parecía un liderato asegurado), lo resolvió elevando la temperatura.

Jasikevicius planteó una batalla: nadie se sentiría cómodo. Cada balón que recibía Tavares, un mar de manotazos le agobiaba. Para igualar ese juego físico, esa incomodidad permanente, hacen falta mentes duras también y mal síntoma fue la marcha de Campazzo, desesperado, directamente al túnel de vestuarios cuando cometió su segunda falta en tres minutos.

El rebote era la falla. Lo dominaba Fenerbahçe, hambriento en el ofensivo. Y en cuanto el Madrid bajó un ápice su concentración, los turcos, con un eléctrico Brandon Boston -una pesadilla toda la noche-, abrieron una grieta (29-21). Y, sin embargo, en ese primer abismo fue cuando emergió el mejor Madrid. La reacción fue de carácter, de defensa y de acierto. Volvió a sus básicos, al dominio de Tavares, al acierto de Campazzo... Y a la no obsesión de Hezonja, quien se mostró solidario pese a su mal día en tiro y en defensa.

Fue un parcial de 2-14 a pesar del susto en el hombro de Deck, quien pudo regresar a pista. Los blancos habían dado con la tecla, pero había que mantener esa pujanza. Los triples de Campazzo compensaban los errores de Hezonja, cada vez más desesperado. Pero el Madrid necesitaba algo más. Y en vez de eso, la segunda unidad supuso un bajón.

Maledon, de capa caída últimamente, no parecía a la altura, y el Fenerbahçe se vino arriba con un peligroso parcial de 12-0. El último acto fue de los que llaman a los "grandes jugadores", los que pedía Scariolo al comienzo de la semana. Los que no aparecieron en Atenas y sí en Estambul. Lyles anotó 10 puntos en el acto final y tomó todas las decisiones correctas en ataque. Y luego, el triple, la liberación, de Hezonja.

Tyler Dorsey destruye a un flojísimo Madrid y le mete en problemas

Tyler Dorsey destruye a un flojísimo Madrid y le mete en problemas

Actualizado

Llamó Sergio Scariolo en la previa al "momento de los grandes jugadores", consciente de que se acerca la hora de la verdad de la temporada y su Madrid no es todavía lo que pretende, pero lo que se encontró fue un equipo sin alma. Una paliza sin respuesta en el Pireo, torturado por Tyler Dorsey; la enésima derrota a domicilio de este Madrid de dos caras. Que se despide del liderato y se complica el factor cancha en cuartos. [102-88: Narración y estadísticas]

Nada de grandes jugadores, lejísimos de su versión de mínimos algunos como Hezonja. Apenas Trey Lyles (y Tavares, que nunca falla) se dio por aludido, firmando uno de sus mejores partidos de blanco. Que no sirvió de nada. Porque, lo demás fue un bochorno, una lluvia de triples rival, siempre la distancia del Olympiacos demasiado grande como para soñar con la remontada. El Madrid, que suma 13 tropiezos en 18 partidos en Euroliga lejos del Palacio, está obligado a reaccionar este mismo jueves en Estambul ante el Fenerbahçe, el campeón.

La peor derrota de la temporada en el peor momento. Ante un rival que bien podría encontrarse en otras cumbres, si es que el Madrid llega a ellas. Para ello, nada de lo mostrado en el Pireo debería tener continuidad. Menos un ratito en el segundo cuarto, lo demás fue un desastre.

Andrés Feliz, durante el partido en Atenas.

Andrés Feliz, durante el partido en Atenas.Realmadrid.com

Empezando por el arranque. Si lo que preocupaba era la resolución de partidos a domicilio, esos tramos finales en los que se han escapado de mala manera un buen puñado de victorias (sin ir más lejos, las últimas, en Kaunas y Vitoria), la desconexión esta vez llegó en el mismísimo amanecer. Tampoco es la primera vez. Hace dos días, el Andorra se puso 18 arriba en el Palacio en el primer acto.

Va de tramos en los que al Madrid le pasan por encima y no termina de solucionar esa falta de consistencia. Esta vez, como si no estuviera sobre aviso ante uno de los equipos más temibles de Europa, que acumulaba nueve victorias de carrerilla en Europa, los blancos salieron a verlas venir. Y lo que vieron fueron los triples de Tyler Dorsey, cuatro sin fallo en un pestañeo. Hasta 15 arriba fueron ya los de Bartzokas (27-12).

Tras estruendosa fue la caída como la (breve) resurrección. A lomos de la clase de Trey Lyles (de vuelta, todavía renqueante, de sus problemas de tobillo) y del ímpetu de Andrés Feliz, apoyado en el rebote ofensivo y en los 10 triples seguidos fallados ahora por el Olympiacos, el Madrid asestó un 0-18 a un rival que se quedó como una estatua de sal. Pero que volvió a espabilar antes del descanso, con su propio parcial, un 15-2. Entre Vezekov y Dorsey habían anotado 33 puntos.

No hubo lección aprendida. Ni capacidad de mantener la pujanza. Otra vez la debacle, el llegar tarde a casi todo, el rival que se dispara. A la vuelta de vestuarios, la pareja mortal del Pireo destrozó de nuevo al Madrid. Vezenkov y Dorsey, qué pareja, estiraron la ventaja (65-49) a base de triples. Una superioridad preocupante. Que continuó hasta el final. El Olympiacos llegó a mandar por 23 en el festival de Dorsey, que acabó con ocho triples (de 13 intentos) y 38 puntos. Y ni el maquillaje final salvó el basket-average del Madrid.

El momento de los grandes jugadores.

El Real Madrid de los finales inexplicables se vuelve a disparar en el pie ante el Baskonia y se aleja del liderato

El Real Madrid de los finales inexplicables se vuelve a disparar en el pie ante el Baskonia y se aleja del liderato

Otro desenlace inexplicable, falto de contundencia, de sangre fría y hasta de inteligencia. Otro remate de partido para preocuparse, pues es tendencia lejos del Palacio. Un Madrid de nuevo desplumado a domicilio, arruinado en un final impropio ante un rival que nada se jugaba. Ahí estaba el liderato de la Euroliga, a tiro el Olympiacos y el Fenerbahçe (los oponentes de la semana que viene, la penúltima de la Liga Regular) , y lo dejó escapar el equipo de Scariolo como se deja escapar el agua entre los dedos. El Baskonia, tan repleto de bajas como de carácter, volvió a amargar a los blancos. [98-96: Narración y estadísticas]

Un parcial de 10-1 para deleite del Buesa. Esta vez fue más cuestión de acierto local que de despropósito del Madrid, aunque en ese trayecto Campazzo (21 puntos, nueve asistencias para nada) se dejó un tiro libre y Hezonja un lanzamiento, además de la ya desesperada de Llull. Apareció un impresionante Kobi Simmons, que alargó la fiesta anterior de Diakité (cinco triples sin fallo) y de Luwawu-Cabarrot (26 puntos). Y el Madrid se quedó con cara de tonto.

Imbuido en el espíritu rebelde que le hizo levantar la Copa hace poco más de un mes en el Roig Arena, sin nada que perder (desde hace tiempo sin opciones en Europa) y lleno de lesionados, el Baskonia salió a divertirse un rato en su último partido de Euroliga de la temporada en casa. A volver a arruinar el panorama al Madrid sin Trey Lyles ni Len. Y eso que Campazzo amaneció como una moto...

Los 15 primeros puntos blancos salieron de las manos del argentino (11 puntos, dos asistencias). Conectaba bien con Tavares y los de Galbiati (que a última hora perdieron también a Trent Forrest), apenas defendían. Se guardaban las fuerzas para torturar desde el perímetro. Completamente liberados de presión, acertaron con ocho de sus nueve primeros triples. Un tiroteo que no sólo les hizo mantenerse en la batalla. De repente, desconcertaron a su rival.

El Madrid enloqueció, se dejó llevar por el frenesí baskonista y encajó un parcial de 13-0, con Luwawu-Cabarrot y Simmons como estiletes. Once abajo, Scariolo tuvo que recomenzar, volver al quinteto y ponerse en manos de Llull y Hezonja. Logró responder con idéntico parcial para marcharse al descanso de nuevo con ventaja. En el segundo cuarto, los locales se quedaron secos desde el triple: 0 de 7.

Pero no aprendió la lección el Madrid. La de la contundencia ante un oponente tan peligroso. El tercer acto fue un intercambio que no conducía a nada. Desaparecieron las defensas y ambos equipos anotaban sin esfuerzo, con una alarmante igualdad en el marcador. Alarmante principalmente para los blancos, que era quien se la jugaban. Ganar fuera, después de 11 derrotas en Europa.

Lección sin aprender. El desenlace guardaba más espectáculo. Un partido que fue una montaña rusa. Siete arriba el Madrid con el cuarto triple de Llull, respondió con tres más el Baskonia, dos de Simmons para el más difícil todavía (94-95 con un minuto por jugar). Igualo TLC, erró Hezonja y el propio croata frenó en falta a Simmons a falta de poco más de un segundo. Difícil de creer.

El Madrid buscará la semana que viene, de nuevo fuera de casa, ser cabeza de serie. Doble reto en Atenas y Estambul. Le quedará una bala final, en el Palacio ante Estrella Roja.

El Real Madrid despluma al Efes de Laso y acecha la segunda plaza

El Real Madrid despluma al Efes de Laso y acecha la segunda plaza

De entre todos los partidos que le restaban al Real Madrid en la recta de meta de la fase regular, la visita del Anadolu Efes, pese al componente emocional que supone el regreso de Pablo Laso y Vincent Poirier -merecidamente ovacionados en el presentación ambos-, se asumía como la victoria más 'segura'. No sólo por jugar en el casi inexpugnable Palacio, también porque los turcos, pese al cambio en el banquillo, deambulan sin objetivo ya en la Euroliga. No suele haber peor augurio. [82-71: Narración y estadísticas]

Lo solucionó el Madrid, victorias sin muchos apuros. Faena de aliño con un sólido Deck, el Tavares de siempre y los triples del necesitado Lyles. Aunque nadie se acordará del comienzo.

Porque el amanecer blanco en el partido fue aterrador. Posiblemente los peores cinco minutos iniciales de la temporada. Con una confianza y un relajamiento impropio, el Madrid era una máquina de fallar canastas. Y el Efes, claro, lo aprovechó. Un 0-12 de salida. Los de Scariolo cerraron el primer acto con cuatro canastas de 20 intentos y ni siquiera gastaron sus faltas. Malas caras de Campazzo y Hezonja al ser cambiados... La cosa ya sólo podía ir a mejor.

Tan rápido como se había enredado el Madrid lo arregló. Tan estrepitoso fue su arranque como contundente su reacción. Todo lo que falló antes lo metía ahora. Empezando por Trey Lyles, tres triples de carrerilla, más dos de Llull... Un equipo disparado, impulsado por la energía de Garuba, capaz de salvar dos bolas en la misma jugada. El Efes reculó y sólo pudo sacar el paraguas. El parcial en el segundo cuarto llegó a ser de 31-9 hasta que Weiler-Babb lo cerró con un triple sobre la bocina.

Como si todo estuviera ya visto para sentencia, el tercer acto fue un toma y daca sin mucho sentido. Y peligroso también, pues el Madrid no terminaba de enterrar al rival. Efectivamente, al poco del comienzo del definitivo, el Efes se había arrimado tanto (65-63, con los puntos de Jordan Loyd) -tras un buen susto por un golpe en el ojo que se llevó Saben Lee, involuntariamente de Deck-, que el Madrid tuvo que volver a reaccionar.

No le costó demasiado, otro apretón de defensa y concentración. Un triple de Deck, una penetración de Maledon, un tapón de Garuba... Y el Efes cayó a la lona.

Con 22 victorias, la mayoría en el feudo del Palacio, al Madrid le resta ahora un desenlace duro. Tres partidos seguidos a domicilio (Baskonia, Olympiacos y Fenerbahçe), los dos últimos en la misma semana y el cierre en casa contra el Estrella Roja. Un buen test para los cuartos de final y para corroborar si finalmente acude a ellos como cabeza de serie, incluso como segundo en esa batalla que libra principalmente contra Olympiacos y Valencia. Es posible que le hagan falta un par de victorias al menos.

El Real Madrid se gusta ante el Hapoel en una noche a la que sólo le faltó el público

El Real Madrid se gusta ante el Hapoel en una noche a la que sólo le faltó el público

Alargando las estupendas sensaciones del aplastante triunfo liguero en el Palau del domingo, el Real Madrid trituró a un rival directo en su lucha por terminar entre los cuatro primeros de la temporada regular de la Euroliga. Lo consiguió con suficiencia, con un entonadísimo Hezonja, con Campazzo a los mandos y con un ejercicio de defensa brillante. Un paso enorme en este tramo final de curso en Europa. [92-83: Narración y estadísticas]

Y, comprobando semejante buena sintonía, se entienden menos algunos resbalones pretéritos. Especialmente los más recientes. Los que le condenaron en la final de Copa (y casi en la semifinal), constándole el primer título serio del año. Y los que le hicieron perder el pasado jueves en Kaunas, incluso con el flagrante error arbitral en el desenlace.

Desde el Roig Arena, definitivamente el Madrid es otro. Y en casa, pese a que el Palacio volviera a lucir con la desolación que suponen las gradas vacías (motivos de seguridad al recibir a otro equipo israelí), es posiblemente el equipo más sólido de Europa. Ni Micic ni Elijah Bryant pudieron desentrañar su defensa. Desde el arreón inicial propiciado por los 10 puntos casi seguidos de Campazzo al golpe de la segunda unidad, un parcial de 9-0 que dejó al descanso una estupenda renta para los de Scariolo (45-35).

En el tercer cuarto el Madrid encadenó acciones que hubieran levantado a la grada. Tapón de Tavares, triple de Hezoja, robo de Campazzo, triple de Abalde... Y una distancia que se disparó hasta los 18 puntos (63-45), ante la desesperación de Itoudis, cuyas protestas torturaban en el silencio del Palacio. Nadie bajó el pistón, dominio del rebote, un ejercicio coral redondo: al comienzo del acto final, otro ratito de festival, con Maledon omnipresente (84-62).

Visto lo visto, camino de la mayor paliza que recibía su equipo en lo que va de temporada (su primera en Euroliga), Itoudis decidió poner a sus suplentes y pensar en el jueves (Vitoria). Y bien que maquillaron, aunque el basket-average sea blanco, pues ganaron también en la ida.

El Real Madrid cae con polémica en un ajustadísimo duelo en Kaunas

El Real Madrid cae con polémica en un ajustadísimo duelo en Kaunas

Cuando Sylvain Francisco, un pequeño demonio francés que en Manresa vio como su carrera se disparaba, se metió en la defensa del Real Madrid para jugarse la última posesión con el marcador tan igualado como lo había estado toda la noche en Kaunas, ni él mismo esperaba que esa caída hacia adelante con Tavares enfrente iba a ser premiada con falta. Scariolo estalló -"No me preguntéis por la última jugada, porque estoy sin palabras. Absolutamente sin palabras", dijo después en sala de prensa-, Llull protestó, pero le dio igual a los blancos, desplumados en el Zalgirio Arena, pues Hezonja, errático todo el duelo pese a sus 18 puntos, falló después el triple final. [87-85: Narración y estadísticas]

Una derrota polémica y dolorosa, pero otra derrota fuera de casa al fin y al cabo. La 11ª en 16 partidos para un Real Madrid que no arregla su asignatura pendiente en Europa y le puede terminar costando caro. Cayó por causas ajenas y propias también: falló sus últimos seis triples y tres canastas y apenas metió dos tiros libres en los últimos cuatro minutos. Desperdició, en fin, una estupenda oportunidad de ir encarrilando acabar entre los cuatro primeros y gozar de factor cancha en cuartos de final.

La Euroliga toma temperatura, se acerca la hora de la verdad, y como un puñado de sprinters en la recta de meta, se rifan los codos y la tensión. Kaunas, plaza feroz, resultó una batalla enorme para el Real Madrid. Un duelo de esos que hablan del carácter, que van más allá de lo técnico o lo táctico, y en el que los blancos, que acumulaban cuatro victorias seguidas en Europa y unas recobradas sensaciones tras el bajón de la Copa, volvieron a las andadas, achicados en los últimos minutos.

Ya fue una primera mitad de puro dinamismo. De dureza pero también de acierto. Un golpe a golpe que mostraba el carácter del Real Madrid en el siempre caldeado ambiente del Zalgirio Arena, pero también su floja defensa, incapaz de frenar la electricidad de Sylvain Francisco. En esa igualdad, con altísimos porcentajes desde el perímetro, en los blancos fueron apareciendo nombres propios. De inicio, Okeke, autor de los ochos primeros puntos. Después, Hezonja. Y para poner la firma final, con dos triples tan imprevisibles como él mismo -uno sobre la bocina y el otro a tabla-, el infinito Llull. Y, siempre, Tavares (10 puntos y cuatro rebotes en la primera mitad).

A la vuelta siguió la intensidad. Todo impresionantemente ajustado. Pequeños tirones de unos respondidos inmediatamente por el otro. Como si jugaran enganchados con una goma. En el minuto 34 se habían producido ya 15 cambios de liderato en el marcador (iba a ver un par más, mortales para el Madrid). El Zalgiris era pura imprevisibilidad y el rebote ofensivo su aliado. Cuando la cosa bajaba pulsaciones, era el momento del Madrid, de Deck y de Maledon.

Emergió Hezonja, su primer triple a falta de cuatro minutos. Tuvo a continuación el Madrid un puñado de posesiones para casi sentenciar, pero le falló la puntería. Y se fue viniendo abajo. Un par de mates del impresionante Moses Wright, ese pívot que anhela el Barça, dos tiros libres de Maledon... En la penúltima posesión, no acertó Campazzo y Francisco se la jugó con 20 segundos. Le salió cara gracias a los árbitros y al Madrid cara de circunstancias.

El Madrid se desmelena y castiga duramente al Valencia con su propia medicina

El Madrid se desmelena y castiga duramente al Valencia con su propia medicina

Quizá fue la noche más plena que ha vivido el Palacio en la era Scariolo. Una catarsis necesaria tras todas las ampollas que levantó la Copa perdida. Una victoria contundente, redonda, espectacular. Un Madrid desmelenado. Lo sufrió el Valencia Basket, quebrado con sus propias armas. Velocidad, triples, rebotes ofensivos... todo mecido por la inmensidad de Tavares. [96-79: Narración y estadísticas]

Un Madrid-Valencia ya tiene aroma de rivalidad, cuentas pendientes y desafíos futuros. Partido grande. Escocía la reciente semifinal de Copa en el Roig Arena en los taronjas. Y, a la vez, era un aviso para los blancos, que se vieron descarrilados entonces hasta el milagro de Hezonja. Con este equipo de Pedro Martínez, cualquier atisbo de siesta significa recibir un aluvión. Juegan cada posesión como si alguien les contará hacia atrás.

Pero fue como si jugara ante un espejo. Que le quitaba el rebote, que le hería desde el perímetro. Que le sacó con agresividad y ritmo de la cancha para hasta levantarle el basket-average. Ahora, a la estela del Fenerbahçe e igualados con el Olympiacos, pugnan ambos por la segunda plaza.

La primera tarea era la de frenar de inicio todas esas señas de identidad, ahí donde acostumbra el Valencia a dispararse ya. Hace unos días el Madrid recibió 36 en el primer acto. Ahora sólo fueron 19, una labor defensiva a la altura del frenesí rival. Pero ni siquiera eso es suficiente. El triple es el as bajo la manga de los taronja. Lanzan y lanzan y acuden al rebote ofensivo como posesos. Deck y Feliz fueron los estiletes de la segunda unidad blanca y Lyles intentaba despejar las dudas por las que atraviesa.

Costello y Deck pugnan por un rebote, en el Palacio.

Costello y Deck pugnan por un rebote, en el Palacio.EFE

Pero era un toma y daca, un parcial aquí y una respuesta allá. Un Montero contra Hezonja. Antes del descanso, en esa preciosa intensidad, con Llull al frente de la diversión, fue el Madrid el que logró la primera ventaja significativa (51-43).

Le estaba dando de su propia medicina al Valencia. Triples y rebotes ofensivos. Y, a la vuelta, tenía preparada su propia emboscada. Otro zarpazo. Un 16-5 con triples, carreras y más intensidad. El Valencia, siempre cómodo al galope, no aguantaba el ritmo (67-58). Aunque logró recuperarse con un cúmulo de acciones en el final del tercer cuarto. Una precipitada decisión de Maledon, una falta inexistente al triple de Reuvers, una técnica a Scariolo...

Ese cabreo, fue acicate. Otro meneo a la noche al comienzo del acto final, triples de Deck y Lyles. Más carreras. Una ventaja creciente y unos árbitros que fallaban en casi todas las decisiones complicadas. El Madrid coral y acertado (16 triples), el del dominante Tavares, el de los 16 puntos de Hezonja y los ocho rebotes de Feliz, el de las nueve asistencias de Campazzo... borró de la noche al gran Valencia.