Después de una derrota, Rafa Nadal nunca necesitó aliento, un «¡Alegra esa cara!», porque en esos momentos el fuego le arde por dentro y sólo quiere abrasarlo todo, pero un periodista colombiano lo intentó este lunes en la zona mixta de Roland Garros. Con gracia paisa, le reclamó una sonrisa. Y Nadal le miró, elevó su ceja izquierda hasta el cielo, se abrió de brazos y le dejó claro que no estaba para fiestas: «Con una derrota así, ¿Qué te espera
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Una mano al muslo derecho, mal asunto. Carlos Alcaraz señalaba a la juez de silla que sentía un dolor, una molestia, un algo y en el descanso el fisioterapeuta de los Juegos de París entraba a asistirle. Con la boca tapada le explicó su problema y el sanitario le emplazó a pasar cinco minutos por los vestuarios para recibir tratamiento. Al volver, el español mostraba cierta amargura, pero podía moverse como siempre, correr como siempre, volar como siempre. ¿Qué pasó? Un gesto tonto, una incomodidad, en principio nada grave. "Siempre hay problemas, es el día a día del tenista. Es un dolor que ya vengo arrastrando y que sé cómo llevarlo. Mañana (por este martes) voy a estar a tope para el dobles con Rafa", aseguró críptico.
El problema fue que esa ligera dolencia le amargó una victoria que iba a ser dulce. En la segunda ronda del torneo olímpico superó al neerlandés Tallon Griekspoor por 6-1 y 7-6(3) en una hora y 48 minutos y ese triunfo nunca estuvo en duda, ni mucho menos, pero podía haber sido más sencillo, más rápido, más agradable.
En el primer set, con su adversario encogido y perdido en errores, Alcaraz desplegó la inmensidad de su artillería: hacía lo que quería y cómo quería. En sólo media hora resolvió el periodo, un calentamiento para él, un paseo por el campo. Pero al comenzar el segundo set, Griekspoor decidió que no se iba a marchar a casa con tan malísimas sensaciones. Tenista capaz de llevar a Alexander Zverev al quinto set en el último Roland Garros, soltó el brazo, empezó a encontrar las líneas y puso al español en aprietos. Alcaraz seguía firme con su saque, en los últimos meses su mejor golpe, pero no podía quebrar el servicio de su oponente. Ni de una manera, ni de la otra. Con Griekspoor mucho más atinado, tenía que entregarle la pista y no podía alcanzar la red.
La resolución de Alcaraz
Entonces llegó la molestia. Si a Alcaraz ya le estaba costando hallar la solución, con esa contrariedad más. Durante algunos juegos parecía más preocupado por probar su pierna que por resolver el intercambio. Y así se llegó al tie-break. Como tantas otras veces, ante la posibilidad de un partido demasiado largo e incluso una victoria, el número tres del mundo cambió el chip, se concentró, optó por su versión más agresiva y se llevó el triunfo.
Ahora el camino vuelve a estar despejado. Si sigue sano, con Novak Djokovic y Alexander Zverev como posibles rivales en la final, el horizonte está despejado. En su próximo partido de octavos, el miércoles, se medirá al ruso Roman Safiullin, el 66 del mundo, clasificado por sorpresa, que a sus 26 años sólo ha conseguido dos veces entrar al cuadro final de Roland Garros, y después en cuartos el mejor rival hipotético es el estadounidense Tommy Paul, tenista al que desarmó en el último Wimbledon. Si realmente no sufre ningún percance, el oro sigue siendo el único objetivo posible.
Hace tres años, Álex Dujshebaev salía del pabellón Yoyogi Kyogi-jo de Tokio con un bronce en el cuello, dolores por todo el cuerpo y poca energía para celebrar su éxito. Estaba reventado. En los últimos Juegos Olímpicos de la generación dorada del balonmano español -Raúl Entrerríos, Viran Morros, Julen Aguinagalde, Gedeón Guardiola...- había que ganar una medalla y la ganaron, aunque por el camino se dejaron el físico. «Tuvimos bajas y se juega un partido cada dos días, pero ojalá también me vaya destrozado de París», comenta Dujshebaev, que en estos Juegos está en otra situación.
De ser el joven de un equipo de veteranos a ser el líder de un grupo de chavales. La renovación de la selección llegó y ahora, a sus 31 años, Dujshebaev es de los mayores. Después de la victoria en el debut, este lunes ante Suecia (16.00 horas) y luego ante Japón, Alemania y Croacia se jugarán los cuartos de final. Encontrarse con un buen rival será clave para optar a la quinta medalla olímpico del balonmano masculino español.
¿Cuándo 'aterriza' uno en unos Juegos Olímpicos?
En el primer partido. Los días previos andas un poco despistado, es verdad, conociendo la Villa, saludando a otros deportistas, pero a nosotros nos tocó debutar a las 9.00 del primer día, así que se acabó rápido la fiesta. Igualmente, anteayer estuve hablando un rato con Nadal y Alcaraz y fue un placer, me impresionó lo cercanos que son.
En su casa ya hay un oro olímpico, aunque no es suyo, es de su padre Talant, campeón en Barcelona 1992 con el equipo unificado. ¿Cuántas veces le ha hablado de ello?
Algunas veces, algunas. En los Juegos de Barcelona 1992 justo mi madre estaba embarazada de mí y nací esa Navidad, así que de alguna manera también lo viví (Risas). La verdad es que mi padre, siempre que habla del oro olímpico, habla del orgullo que sintió, no de cómo jugaron. Un oro olímpico es una hazaña que perdura, a lo que todo el mundo aspira, tiene otro nivel de relevancia respecto a un Mundial o un Europeo.
¿Ha visto aquella final?
Entera nunca. Creo que tenemos un VHS, pero no tengo aparato. He visto un resumen que hay en Youtube y algunas acciones sueltas.
Aaron FavilaAP
En aquella época el balonmano llenaba pabellones en España.
Obviamente era otra época. El bajón de la liga Asobal ha repercutido, ha quitado interés al balonmano, pero no sólo es eso: otros deportes han ido cogiendo relevancia, no nos hemos modernizado. Hay gente que me para por la calle y me recuerda cosas de mi padre y su generación. Es un orgullo, pero desde entonces España ha conseguido muchas cosas.
"Notas la diferencia con otros deportes"
Es considerado uno de los mejores del mundo, si no el mejor. En aquella época sería bastante famoso.
La verdad es que hay veces que notas la diferencia con otros deportes. La atención que recibimos cuando conseguimos alguna medalla, lo que se te conoce por la calle... No me quejo, la verdad, notamos el apoyo del público, pero si estuviéramos en otro país la repercusión sería más grande. La situación en España es la que es y sólo nos queda intentar ayudar, hacer lo que podamos.
También es bastante tímido.
Sí, es verdad, soy reservado, no me gusta entrar en polémicas y menos hacerlo en público. No quiero que hablen de mí por algo negativo, por eso en redes sociales intento ir con cuidado. Ahora estoy haciendo unos vídeos de la Villa y hay gente que los sigue, pero básicamente hablo de los partidos que juego. Hay deportistas más controvertidos, que llaman más la atención, pero eso no va conmigo.
Le puede pedir consejo a los chavales del equipo de cómo triunfar en redes. Ahora ya es un veterano.
(Risas) Es ley de vida. Antes era el primero en todo, no perdía ni una carrera en los entrenamientos y ahora me empiezan a adelantar los más jóvenes. Es lo que toca. Por suerte durante muchos años aprendí de los veteranos, de Raúl [Entrerríos], de [Joan] Cañellas, cómo medir los esfuerzos. En los Juegos de Tokio, por ejemplo, algunos no estaban en su mejor momento físico, pero se conocían tan bien que daban el 100% en el momento adecuado. Ahora tenemos un equipo más joven y más energía, pero también menos conocimientos de ese tipo. Es lo normal.
Con Jordi Ribera siempre hay minutos para todos, pero en las últimas jugadas el balón siempre está en sus manos. ¿Entrena esos lanzamientos en el minuto final?
No, no, es muy complicado entrenarlo, hay que sentir el momento. Lo digo siempre: yo asumo esa responsabilidad porque el cuerpo técnico y mis compañeros me dan esa confianza. Estoy cómodo en ese papel porque ellos me apoyan. Si no fuera así surgirían las dudas y me costaría más jugármela.
Conocer a un ídolo tiene que ser bonito: saludarle, expresarle tu admiración e incluso charlar unos minutos. Amigarte con tu ídolo debe de ser especial: descubrir una afinidad mutua y escuchar sus opiniones sobre el arte por el que lo idolatras -un deporte, la música, un oficio-. Pero convivir con tu ídolo y crear juntos, ambicionar juntos e incluso triunfar juntos ya tiene que ser un sueño. Carlos Alcaraz está en ello y el camino, claro, no es fácil. Al lado de una leyenda debe de haber demasiada ilusión, demasiados nervios, demasiada responsabilidad.
En la Philippe Chatrier, la pista central de Roland Garros, un lugar que ya le había triunfar como lo que es, uno de los mejores de la historia del tenis, Alcaraz apareció este sábado como el niño de 10 años que desde su casa en Murcia veía por la televisión a Rafa Nadal ganar un Grand Slam tras otro. La gloria o el fracaso de la pareja de dobles entre Alcaraz y Nadal en estos Juegos Olímpicos de París dependerá de él, más joven, más rápido, más decisivo, y su excitación complicó el debut ante la pareja argentina formada por Máximo González y Andrés Molteni. Al final ganaron por 7-6(4) y 6-4, pero hubo que sufrir.
Y aprender, sobre todo aprender. También era normal. Nadal acumula experiencia en dobles, no en vano ya fue campeón olímpico en Río 2016 con Marc López, pero Alcaraz sólo había disputado cuatro partidos por parejas. Desde el principio hubo momentos icónicos, como cuando los dos corrieron hacia atrás de la misma manera cuando acabó el sorteo inicial, pero también varios errores, especialmente del actual número tres del mundo.
Los momentos de Alcaraz
Delante, una pareja clásica, con sus golpes en la red, su compenetración y sus cambios de lado para cubrir el fondo. González y Molteni dejaban muy pocos huecos en la pista, siempre bien situados, y Alcaraz buscaba en todo momento el punto ganador. "¡Vamos, vamos! ¡Calma, calma!", le tranquilizaba Nadal. Poco a poco Alcaraz lo fue entendiendo. Pese a que en todo momento albergó dudas de cuándo y cómo atacar la red, desde el fondo fue hallando su sitio hasta la victoria.
Nadal, por su parte, ejercía de líder. Ovacionado por el público francés que un día antes le había entregado un papel preponderante en la ceremonia de inauguración de los Juegos, el ganador de 22 Grand Slam hizo de la formación su prioridad. Sin necesidad de forzar su cuerpo ni de probar el estado de su vendado muslo derecho, hizo lo suyo, ahora una derecha ganadora, ahora una volea imposible de devolver, y aportó a Alcaraz la tranquilidad que necesitaba. Nadal sostuvo al dúo hasta que al final en dos momentos de brillantez de su compañeros lo decidieron.
En el primer set, hubo un intercambio continuo, incluido un break y un contrabreak, hasta el tie-break decisivo: allí, la igualdad entre Nadal-Alcaraz y González-Molteni se mantuvo hasta que Alcaraz armó el brazo. Y en el segundo set, los españoles remontaron un 3-0 en contra para alcanzar el 4-4 y allí disfrutar de otro momento de brillantez de Alcaraz con un revés cruzado demoledor al resto.
Hacía falta ganar. Era casi una obligación. Para coger confianza y para dejar sellada la clasificación a los cuartos de final de los Juegos. A esa ronda, que a pesar de llegar como campeones de Europa, todavía sigue generando mucho respeto. Ese será, después del encuentro ante Egipto, el siguiente reto para los de Santi Denia tras conseguir la victoria ante una República Dominicana entrenada por un viejo amigo, Ibai Gómez.
Al contrario que ante Uzbekistán, la selección comenzó concentrada, controlando el partido desde inicio para que no sucediera ningún imprevisto que complicara el pase. Con un gran Pablo Barrios comandado el centro del campo, España presionó alto para romper el esquema defensivo de los caribeños y estuvo a punto de obtener su premio cuando el portero dominicano le regaló a Abel Ruiz un balón en la frontal.
El nuevo delantero del Girona no acertó, pero sí lo hizo Fermín, que aprovechó otra mala salida para batir a Boesl y estrenar así el marcador en el minuto 24. Todo parecía que el segundo iba a tardar poco en llegar, pero después de otra buena ocasión del capitán español, Ángel Montes cabeceó solo un saque de esquina para poner el empate. La primera para dentro.
Expulsión de Azcona
España no acusó demasiado el golpe y continuó con su dominio, pero antes del descanso se produjo una jugada que iba a cambiar decididamente el encuentro. Azcona fue expulsado al agredir a Pau Cubarsí con una patada después de que el catalán le arrebatara el balón con una entrada.
A la vuelta de vestuarios, todo se centraba en cómo conseguir el segundo para desatascar definitivamente el partido. Con uno más no se podía fallar, y en el minuto 55, Álex Baena sacó un disparo desde la frontal que, tras tocar en Urbaez, se metió dentro de la portería. España volvía a sonreír.
Con el resultado en contra, la República Dominicana se encerró de nuevo en su campo, mientras el equipo de Santi Denia combinaba de lado a lado para encontrar el espacio. Fermín buscó el doblete con insistencia, pero el que sí marcó fue Miguel Gutiérrez, lo hizo a placer, aunque tuvo que esperar a una larga revisión del VAR para celebrarlo.
Diego López y Turrientes, con un fuerte disparo esquinado, pudieron lograr el cuarto, pero nada se movió. Con este resultado, la República Dominicana se queda con un solo punto y tiene muy difícil conseguir la clasificación.
Se extinguía el primer set del debut de Carlos Alcaraz en los Juegos de París cuando el público de la Suzanne Lenglen, una aficiñón más animada de lo que se estila en Roland Garros, empezaron a hacer una ola. Ante tanta diversión los tenistas normalmente se inquietan. La concentración es muy difícil de mantener en una fiesta así, se supone. Hay que mantenerse concentrado, ¡hay que mantenerse concentrado! Pero este sábado Alcaraz se lo gozó.
Con la mirada empezó a seguir el movimiento ondulante de las gradas, aplaudió la primera vuelta y cuando la segunda vuelta llegó a él no dudó en levantar los brazos. ¡Uuuuuuuuuuue! La afición se rindió ante su carácter alegre y a la vez alucinó con su tranquilidad. Porque en su debut olímpico ante el libanés Hady Habib, Alcaraz apareció relajadísimo, jugando como si estuviera en el patio de su casa o, mejor dicho, en casa de su amigo Rafa. Después de ganar en Roland Garros y Wimbledon podría sentir la presión de tener que colgarse una medalla, incluso el oro, pero nada de eso. Con la confianza que le dan los últimos Grand Slam, Alcaraz sabe que si juega su tenis, simplemente si está a su nivel, lo lógico es que como mínimo alcance la final.
A Habib lo venció sin dificultades, como era de esperar, por 6-3 y 6-1 en una hora y 10 minutos de juego. El libanés, invitado por el Comité Olímpico Internacional (COI) para cumplir su criterio de universalidad, llegaba como el 275 del ranking ATP y apenas sin experiencia en el circuito profesional. Su objetivo era aguantar y aguantó. Con un servicio muy trabajado, sólo concedió tres de las 13 bolas de breaks que defendió e hizo que el partido cruzara la barrera de la hora. Un esfuerzo más que digno.
Incluso, en algún momento, imbuido por el ambiente de la Suzanne Lenglen que le apoyaba, se atrevió a jugarle dejadas a Alcaraz, el tenista que mejor domina ese golpe. Si el español se inquietó en algún momento, tres o cuatro minutos, fue a mediados del segundo set, cuando se le complicó uno de sus juegos (15-40), aunque finalmente solventó sin más.
Los Juegos Olímpicos se presentan a Alcaraz como una oportunidad para el disfrute. Mas allá de lo que pueda hacer en el dobles con Rafa Nadal y de la experiencia de un novato en la Villa Olímpica, el español juega en una superficie que ya ha dominado este año -¿Y cuál no?- y tiene por delante un cuadro muy asequible. En segunda ronda se medirá al vencedor del duelo entre Cameron Norrie y Tallon Griekspoor y en tercera ronda, con Alejandro Tabilo o Tomás Etcheverry como opciones, tampoco debería padecer Luego hasta la final no se encontraría a los otros grandes candidatos, como Novak Djokovic, que este sábado resolvió su estreno en el torneo individual ante el australiano Matthew Ebden por 6-0 y 6-1.
"Los Juegos son una experiencia muy bonita, todo el público está con las banderas, hay un ambiente muy distinto. Me gusta mucho", comentaba Alcaraz tras su partido en solitario y antes de debutar en su encuentro de dobles. Avanza en los Juegos Olímpicos tranquilo, relajadísimo, jugando como si estuviera en el patio de su casa o, mejor dicho, en casa de su amigo Rafa.
Fue al descanso cuando España miró hacia abajo y supo que la caída sería mortal. El formato de unos Juegos Olímpicos engaña porque la fase de grupos es muy amable -son seis equipos y pasan cuatro-, pero un par de derrotas te sitúan en unos cuartos de final muy desagradables, quizá ante Francia, quizá ante Dinamarca. Por eso, entre la primera y la segunda parte de su debut contra Eslovenia, la selección que dirige Jordi Ribera comprendió que se estaba jugando la vida. Era pronto, muy pronto en el recinto Puerta de Versalles, las nueve de la mañana del día después de la ceremonia de inauguración, pero no importaba. Tocaba despertar. Y despertaron.
Después de 30 minutos grises, España reaccionó con mucho carácter para llevarse el partido por 25 a 22 y lanzarse en los Juegos. Quedan rivales de peso en la primera fase, Croacia, Alemania, Suecia y Japón, pero ahora hay cierto margen y un futuro más despejado. Alcanzar las semifinales, la lucha por las medallas, ya está más cerca.
Eslovenia, con Uros Zorman como seleccionador, planteó un balonmano como el que jugaba él no hace tanto: control, creatividad y, en cierta forma, lentitud. En la primera parte, el partido se jugó al ritmo pausado que impuso el equipo balcánico y ahí España estaba perdida. Dani Dujshebaev o Ian Tarrafeta intentaron responder a los bombazos de Dean Bombac, pero la selección no es eso. Desde hace una década la selección es velocidad, correr al contraataque, construir jugadas a toda prisa, y eso faltaba. En ese periodo, España sólo marcó ocho goles.
De ahí la reacción. Al descanso Ribera ordenó correr a toda costa, correr, correr y correr aunque se multiplicaran los fallos y se descontrolara el encuentro y eso hicieron. De repente los extremos, especialmente Aleix Gómez y Daniel Fernández, empezaron a ver la luz y a marcar hasta sumar 10 tantos entre ambos. Con la ayuda de Gonzalo Pérez de Vargas en la portería, que ya sostuvo el marcador durante la primera parte, España cambió el ritmo y lo cambió todo. Aún le quedaría bajar al barro para aguantar los golpes de Eslovenia, ahora un palo a Alex Dujshebaev, ahora un pelotazo en la cara a de Vargas, pero ya tenía el mando. Al final fue un estreno
Marta García acababa de terminar su carrera de Medicina, años de estudio compatibilizados con el atletismo de alto nivel que ahora requerían un esfuerzo más, el MIR, la residencia y, como parecía obligado, ir despidiéndose del sueño del deporte profesional. Moha Attaoui era una diamante, pero apenas le daba a sus 20 años para pagarse de su bolsillo una concentración en altura en Ifran. Hoy ambos, casos tan dispares, nombres para la esperanza del atletismo español, viven en las montañas de los Alpes, en la idílica St. Moritz, porque les llegó una oferta de esas que no se pueden rechazar.
Ella, como nunca, fue bronce europeo en el 5.000 en el pasado Europeo de Roma, batió allí el récord de España (14:44.04) y acude a París esperanzada. Es la revelación de la temporada: desde enero a junio pulverizó cuatro plusmarcas nacionales más. Él, como nunca, adelantó a todos los gallos del 800 nacional y más todavía. Sorprendió en la capital italiana con una asombrosa plata y, hace 15 días, en Mónaco, firmó un tiempo para soñar con cualquier cosa en los Juegos (1:42,04, la novena mejor marca mundial de la historia).
Ni Marta ni Moha son casualidad. Junto a otros 11 mediofondistas de toda Europa forman parte del novedoso proyecto OAC, el equipo de elite auspiciado por la marca deportiva suiza ON que dio un paso más allá en la profesionalización del atletismo.
Encajonado en el impresionante valle de Engadina, a 1.800 metros de altitud, con la estación de esquí más antigua del mundo y un precioso lago que se congela en invierno, un grupo de jóvenes atletas rueda en la pista de atletismo de St. Moritz a las órdenes de Thomas Dreissigacker, que sigue sus evoluciones de cerca en una bicicleta eléctrica. Quedan unas semanas para los Juegos y un pequeño grupo de periodistas tiene la oportunidad de conocer por dentro esta pionera experiencia. No hay tiempo que perder. «Que sean de diferentes países es algo clave. Aquí no hay celos ni competitividad mal entendida, como si se estuvieran jugando el mismo billete. Se mejoran unos a otros. Como mucho y con suerte se tendrán que ver las caras en una final con su compañero», cuenta a EL MUNDO el también jovencísimo entrenador, el gurú alemán, formado en la Universidad de Leipzig y ex técnico de su Federación nacional.
Thomas Dreissigacker, entrenador alemán del OAC.
«Sólo me tengo que preocupar de correr. Por primera vez tengo un sueldo», admite sonriente Attaoui, que ya se suelta con el inglés, tan lejos de su Torrelavega, más aún de su Marruecos natal. «Ellos creyeron en mí antes incluso que yo. Despejaron todas mis dudas. Ahora todo es muy fácil», relata Marta, que, siguiendo las exigentes directrices de Dreissigacker -«aquí se entrena los siete días de la semana y en sesión doble»- está comprobando a base de tiempazos el salto asombroso en su carrera. Ella cambia: un par de semanas en la altitud de los Alpes, otras en Buitrago del Lozoya, donde se reencuentra con su pareja y con los bosques de la sierra de Madrid.
El germen del proyecto europeo, que cuenta con todo tipo de comodidades y beneficios para los atletas (fisioterapia, alimentación, apoyo para la salud mental, ayuda financiera...) se remonta a Boulder (Colorado). Allí, Dathan Ritzenhein, tres veces olímpico, maneja otro grupo impresionante de atletas, entre los que destacan la reciente ganadora del maratón de Boston y principal favorita al oro en París Hellen Obiri. O Yared Nuguse, plata mundial en pista cubierta (3.000). También el español Mario García Romo, exquisito mediofondista, bronce europeo en 2022 y plusmarquista nacional de la milla, que busca medalla en París en el exigente 1.500.
El OAC Team, que también cuenta con sede en Melbourne, supone una revolución en el atletismo, un modelo privado e internacional, independiente de las becas, los apuros y las competencias de los programas de cada país. «Nos gusta hacer las cosas de forma diferente. Y en este caso es simple, aquí el atleta es el centro de todo», razona Oliver Bernhard, bicampeón del mundo de duatlón y creador de On, las zapatillas que ideó con suelas de trozos de manguera y que han sacudido el mercado en los últimos años. Y quien, antes incluso de ponerse manos a la obra con el proyecto deportivo, lanzó una encuesta entre los atletas para desentrañar sus preocupaciones. Los sorprendentes resultados son hoy los seis pilares del "360 Athlete Support": preparación física y mental, salud y recuperación, finanzas, marca personal y medios de comunicación, desarrollo personal y profesional y experiencia familiar On.
Apagar el móvil, eso lo primero. Entrar en el Monestir de les Avellanes, un monasterio en mitad de la sierra de Montsec, cerca de Lleida. Y a partir de ahí, callar. Callar, callar y shhhhhhh, callar. Tres días en silencio. En el desayuno, durante el entrenamiento, en el almuerzo, en las sesiones de meditación y en la cena. Ni un ruido. Horas y horas de escucharse a uno mismo, desenredar los pensamientos propios y descubrirse hasta en lo más profundo. Así fue el stage que el equipo español de tiro con arco hizo el pasado octubre en su preparación para estos Juegos Olímpicos de París.
La semana próxima, entre el martes y el domingo, Pablo Acha y Elia Canales se jugarán tres medallas -dos individuales y el equipo mixto- con el mindfulness como arma. Si ganan a los tiradores asiáticos, especialmente a los surcoreanos, eternos dominadores de la disciplina, pueden decidir que es gracias a conocerse más a sí mismos.
«Fue una idea del seleccionador, Elías Cuesta, que buscaba mejorar la capacidad de concentración del grupo y sabía que existían estos retiros de meditación. Nos pusimos en contacto con Andrés Martín Asuero, que es un experto en mindfulness y él coordinó la actividad», explica Carlos Morillo, director deportivo de la Federación Española de Tiro con Arco y parte de una revolución.
Del método coreano al estilo español
Desde siempre la selección seguía las enseñanzas que llegaban de Corea del Sur y, de hecho, tenía una pareja de seleccionadores del país asiático, Hyung Mok Cho y Mi-Jeong Lee, pero después de los Juegos de Río 2016, al ver que las medallas se volvían a escapar, la Federación decidió romper con todo. Le entregó el equipo a Elías Cuesta, olímpico en Londres 2012, y permitió que trabajara de otra manera. «El método coreano es muy simple: repetir, repetir y repetir. Hacerlo lo más básico posible, dejar la mente en blanco, convertirse en un robot. Con Elías todo es muy distinto», explica Canales, que en primera ronda se medirá a la británica Megan Havers, de sólo 16 años.
Con Cuesta al mando, los tiradores españoles no tienen que ser robots, todo lo contrario: tienen que conocerse, dominar su cuerpo y su mente. En los últimos años han hecho ejercicios de estabilidad o de vista, estudios de biomecánica y mucho trabajo psicológico como el retiro de silencio en el Monestir de les Avellanes. «Trabajamos la meditación. En el monasterio nos enseñaron mucho a estar en el momento presente, a escucharnos, a mantener la concentración en una única cosa. Al final el tiro con arco no es sólo tirar flechas, es relajación, autoconocimiento y control», asegura Pablo Acha, que debutará contra Lin Zih-Siang, de China Taipei, y que admite que lo más difícil del retiro fueron las primeras comidas.
Un esfuerzo durante el almuerzo
La instrucción era que, en silencio, cada tirador podía empezar a comer cuando quisiera y levantarse cuando acabara, que estaban solos aunque se sentaran en grupo, pero al principio costaba aguantarse la risa. «En esos momentos sí era complicado, pero luego ya nos acostumbramos. Los tiradores, por naturaleza, solemos somos tranquilos», añade Acha. En el 'stage' en el monasterio ilerdense, la selección no tuvo ninguna sesión de técnica, aunque sí lanzaron flechas. Colocaron unas dianas en el patio del recinto y cada tirador pasó un par de horas al día practicando, siempre en silencio, para no perder 'feeling' con el aparato.
Ahora, después de todo ese trabajo, España llega con opciones de medalla en tiro con arco por primera vez desde el oro del equipo masculino en Barcelona 1992. Canales es quinta del ranking mundial, aunque puede encontrarse en octavos con la surcoreana Lim Sihyeon, que en la clasificación batió el récord del mundo femenino. Habrá más opciones el dúo mixto, debutará contra la pareja china formada por Xan Yang y Yan Wang.
«Las coreanas no son intratables. En la clasificación lo hicieron muy bien; el nivel lo tienen, pero, al final, en una eliminatoria puede ganar cualquiera. Es complicado, pero no es imposible», comentaba incluso Canales que cuenta con una fortaleza que no tienen las asiáticas: en el más absoluto silencio en el Monestir de les Avellanes se conoció en profundidad a sí misma.
Esta noche, desde la lejana y norteña Lille, los chicos y las chicas de las selecciones de baloncesto verán por la televisión con añoranza uno de esos momentos por los que vale la pena clasificarse para unos Juegos. La ceremonia de inauguración en la que tan bien lucen sus centímetros, el orgullo patrio de compartir el espíritu olímpico, la foto para toda la vida de la que, aquellos que nunca estuvieron (Santi Aldama, Lorenzo Brown, Megan Gustafson...), no podrán presumir. Allí, en la lejana Lille, tuercen el gesto por lo que consideran una injusticia y se enrabietan, ellos y ellas, para darlo todo por sobrevivir a la primera fase y poder viajar en unos días a la París olímpica.
La denuncia la pronunciaba, por todos, el capitán, en EL MUNDO. Rudy Fernández es historia del olimpismo, el jugador de baloncesto con más presencias (nadie superará sus seis Juegos), pero el recuerdo de los últimos partidos de su carrera estará empañado. «Este año va a ser diferente a nivel olímpico, porque no se podrá vivir en la Villa al estar en Lille. Eso es algo que me parece fatal. Y también que no tengamos ni voz ni voto en ese tipo de decisiones», protestaba.
Algo que el propio seleccionador refrenda también en este periódico. «Es una pequeña injusticia, pero no podemos hacer nada que no sea así», dice Sergio Scariolo, que ya se quejó amargamente de otros problemas logísticos al fin solucionados. Tras disputar el último amistoso de preparación, el pasado martes en el WiZink contra Puerto Rico, en el horizonte de la selección no se dibujaba la posibilidad de entrenar el Lille, donde llegaban el jueves. «Parece absurdo. Estamos muy preocupados por la situación de los entrenamientos. Esto nos obliga, posiblemente, a salir de Francia», acusó. Después, tras barajar incluso la posibilidad de viajar a Charleroi (Bélgica), las gestiones de la Federación, del Comité Olímpico y de FIBA dieron sus frutos: España pudo entrenar en la pista oficial.
«No nos gusta, pero nos adaptamos y nos concentramos en la competición. Pero si me dicen esto en mis primeros Juegos en 2012, que no podéis ir al desfile porque vais a Lille y a otra Villa, hubiera sido como si me hubieran cortado una pierna», admite Scariolo. «Menos los americanos (de baloncesto), que viven fuera, el resto ha disfrutado de la Villa, la ha considerado un premio. Es como si en el preolimpico nos hubieran puesto la zanahoria y ahora te la alejan unos metros más adelante tras lograr clasificarnos».
El estadio Pierre-Mauroy, en Villeneuve-d'Ascq, donde se disputa la primera fase de baloncesto.SAMEER AL-DOUMYAFP
Porque para poder vivir en la Villa de Saint Denis y probar sus colchones de cartón, para viajar a París, para escapar del Pierre Mauroy de esta Lille que, sin embargo, tan bonitos recuerdos trae -aquel oro europeo en 2015 con el heroico Pau Gasol de semifinales ante Francia-, España debe superar el grupo de la muerte, eso sí, con Juancho Hernangómez y Alex Abrines recuperados con respecto al torneo previo de la Fonteta. Y, para empezar, hoy temprano (11:00 h.), un viejo conocido. Australia, rival por el bronce en Río y en semifinales del Mundial de 2019, es el primer obstáculo, quizá el menos fiero pues luego llegan la Grecia de Antetokounmpo y la Canadá de Jordi Fernández y sus NBA.
Es la sexta ocasión consecutiva que la selección está en los Juegos. No se ausenta desde Atlanta 96 y, aunque está vez costó mucho más de lo acostumbrado -el durísimo trámite de un Preolímpico que no superaron potencias como Lituania, Eslovenia o Croacia, por ejemplo-, no se baja de la elite en la que se instaló hace tanto. Se empeña en no hacerlo, pese a la evidente nueva realidad. Las cinco ocasiones olímpicas anteriores la selección se estampó contra el mismo muro, el USA Team como verdugo en Atenas, las plateadas Pekín y Londres, Río y Tokio. Quizá ahora firmaría verse las caras con LeBron y compañía en los cruces, porque todos los sentidos están puestos en ganar al menos uno de los partidos (con dos o tres victorias la eliminatoria de cuartos sería esperanzadora) y estar en el Bercy Arena: «Queremos intentarlo».