Sólo Hezonja brilla en la oscuridad de Gran Canaria

Sólo Hezonja brilla en la oscuridad de Gran Canaria

Pocas veces el Real Madrid se va a encontrar un triunfo más cómodo en sus visitas a las islas. Sin brillar, sin llegar ni siquiera a los 70 puntos, sin hacerlo "bonito" en palabras de Chus Mateo, pero con defensa y eficacia, los blancos sumaron su novena victoria consecutiva en ACB para mantener su liderato en solitario. El Dreamland Gran Canaria, raquítico en ataque, no fue rival. [54-69: Narración y estadísticas]

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Fue un Real Madrid de entreguerras, con la resaca del clásico y la vista puesta en su visita al OAKA del jueves, en esa Euroliga en la que tanto trabajo le queda por hacer. No pareció en ningún momento apretar el acelerador, entre otras cosas porque tampoco lo necesitó. Dominó desde el amanecer, aguantó el envite amarillo del regreso del descanso y sobrevivió a su poco acierto y a la tristísima actuación de Dzanan Musa (dos puntos en 11 minutos y -6 de valoración).

En contraste con Mario Hezonja (14 puntos y ocho rebotes), que fue esta vez ese líder que tanto quiere ser. Sin alardes, certero y poderoso desde el banquillo. Bien acompañado por Bruno Fernando y con Hugo González y Llull animando el cotarro.

Como un aviso de lo que venía, resultó una pobrísima primera mitad en el Gran Canaria Arena, el reciente escenario de la Copa. No es que se impusieran las defensas, es que nadie parecía con suficiente clarividencia como para hacer fluir el baloncesto. Especialmente los locales, que no pudieron contar por unas molestias físicas con su máximo anotador, Caleb Homesley. Pero es que tampoco atraviesan precisamente por su mejor momento del curso.

Horrible Musa

Cayeron en semifinales de Copa con el Madrid y en ACB vienen de cuatro derrotas en los últimos cinco duelos. Al descanso habían fallado 14 de los 15 triples intentados -paradójicamente, entró el de Brussino desde su campo justo cuando sonaba la bocina- y se quedaron en unos míseros 18 puntos, nueve por cuarto. Así, el Madrid, a poco que se entonó Hezonja, se fue en el marcador con demasiada facilidad.

Chus Mateo recuperó a Eli Ndiaye en el quinteto -se quedó fuera esta vez Ibaka y Rathan-Mayes ni jugó-, pero su equipo también empezó desatinado, fallando los 11 primeros triples. Fue cuestión de defensa, de dominio del rebote y de Mario Hezonja.

Nada podía seguir así, con esa atonía. Si en el arranque del partido al Granca le costó casi cuatro minutos estrenarse, a la vuelta de vestuarios ya había anotado 14 puntos en ese mismo tiempo (14-3 fue el parcial), tres triples incluidos, para cabreo de Chus Mateo y desesperación de un Musa totalmente fuera del partido. Al poco, los de Lakovic ya habían empatado (36-36). Hasta que volvió Hezonja.

Y todo quedó en un fogonazo de un Gran Canaria apático, desacertado, gris. Como si su mente estuviera en el partido de entre semana, donde se juega la vida en Eurocup ante el Reyer Venezia. Con el croata liderando, Bruno Fernando y Hugo González dejando buenos detalles y con Tavares y Campazzo descansado más de lo normal, el Madrid no tuvo ningún problema en sumar su novena de carrerilla y en mantenerse en lo alto de una ACB donde le aprietan bien Unicaja y Tenerife.

El no 'Proceso' de Joel Embiid: del MVP de 2023 a un posible "retiro médico"

El no ‘Proceso’ de Joel Embiid: del MVP de 2023 a un posible “retiro médico”

Cuando jugaba en la Universidad de Kansas, un año después de llegar a Estados Unidos y dos después de empezar a jugar al baloncesto en su natal Yaoundé (Camerún), Joel Embiid hacía creer a sus compañeros que con seis años tuvo que «entrar en la jungla, matar un león y cargarlo en la espalda hasta mi aldea para demostrar que era un hombre». Eso fue poco antes de comenzar lo que él mismo bautizó como El Proceso. Desde que fue elegido en el número tres del draft del 2014 hasta su debut en la NBA tuvieron que pasar 853 días (más de dos años), dos operaciones de tobillo mediante.

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Eso, las lesiones, han sido la pesadilla del gigante africano, que se ha perdido más de 400 partidos en la liga hasta que esta semana los Sixers anunciaron lo que todo el mundo temía: no iba a jugar más en el resto de la temporada por sus problemas, ahora, en la rodilla izquierda, la misma que también se operó en febrero de 2024 (y mucho antes, en 2017, lo que le impidió ser nombrado rookie del año). Fue después de que el alero de los Warriors Jonathan Kuminga le cayera encima. Quizá en el momento de más dominio de toda su carrera, pues hasta ese día , Embiid había anotado más puntos que minutos jugados, algo que ningún jugador había logrado desde Wilt Chamberlain hace más de 60 años.

Desde entonces, parones, cirugías, descansos, inyecciones y un estado físico bastante precario que, evidentemente, repercutió en su rendimiento. Hasta la alarmante preocupación de ahora. Se diría que todo el futuro de Embiid está en el aire. «Estamos trabajando con expertos médicos para determinar el plan de tratamiento exacto», informó la franquicia de Pensilvania. Pronto se deslizó que incluso valora seriamente intentar el «retiro médico», una decisión que debe tomar un médico seleccionado por la propia NBA y la Asociación de Jugadores, y un mecanismo que le permitiría ahorrarse parte de la boyante extensión de contrato que le firmó hace sólo unos meses: tres años más por 193 millones de dólares (para un total de 301 en cinco). Embiid, que cumplirá 31 años en unos días, asoma como un negocio ruinoso: le deben 248,1 millones durante las próximas cuatro temporadas.

Embiid, en el banquillo de los Sixers.

Embiid, en el banquillo de los Sixers.Matt SlocumAP

Los Sixers lo hicieron pensando en los cielos alcanzados por el chico que creció formándose para ser profesional del voleibol, pateando un balón de fútbol y soñando con jugar en el Real Madrid (del que es un fanático, hasta viajar a alguna de sus recientes finales de Champions League y celebrar cada triunfo blanco con euforia en las redes sociales), siete veces All-Star y MVP de la NBA en la temporada 2022-2023 -para destronar a Nikola Jokic promedió 33,1 puntos, 10,2 rebotes y 4,3 asistencias, aunque en sólo 66 partidos-, un año después de ser el primer pívot desde Shaquille O'Neal en dominar la liga en anotación. Desde aquel cénit todo ha sido una travesía en el desierto y no sin polémicas, desde su atribulada elección para jugar con el USA Team los pasados Juegos Olímpicos (se había comprometido con Francia) a su sanción de tres partidos este comienzo de curso por empujar a un periodista. Al parecer, el columnista de The Philadelphia Inquirer hacía mención a Arthur, el hermano de Joel fallecido a los 13 años en Camerún en un trágico accidente de tráfico.

Embiid, en acción contra los Raptors.

Embiid, en acción contra los Raptors.Matt SlocumAP

Aquel lejano Proceso, que también incluía al equipo de Filadelfia -estuvo seis años sin pisar unos playoffs-, tampoco culminó en lo colectivo. Pese a las expectativas, no logró no acercarse a unas Finales (como en 2001 con Allen Iverson). Y lo que debería ser presente vuelven a ser cuentas de futuro. Con el curso arruinado (en verano se habían hecho con Paul George), los de Nick Nurse pierden y pierden y ya piensan en el siguiente draft, en la posibilidad de que ahí les caiga ese fenómeno que viene llamado Cooper Flagg. Para eso, la lotería del draft les tiene quedar una de las seis primeras elecciones; si acaban del siete en adelante, será para los Thunder en una acuerdo que se arrastra desde 2020, cuando Al Horford fue enviado a Oklahoma Danny Green.

La racha del Real Madrid en los clásicos y la polémica de siempre: "Mira la estadística"

La racha del Real Madrid en los clásicos y la polémica de siempre: “Mira la estadística”

Todos los clásicos, cuatro, de esta temporada, han acabado igual. Con victoria del Real Madrid en partidos más o menos igualados. Es una racha preocupante para el Barça, pues se une a las tres de la pasada semifinal de la ACB para acumular siete consecutivas. Una tendencia que presenciaron en primera fila hasta siete jugadores de la primera plantilla de fútbol, Bellingham, Vinicius, Brahim y Alaba en un fondo, y Modric y Mbappé en un lateral.

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Esta vez la presión era para ambos, titubeantes en la Euroliga, fuera de los puestos de playoffs. Y tras el fiasco copero mutuo, uno en la final, el otro en cuartos. El Barça, además de jugar a domicilio y tener un triunfo de ventaja, tenía la 'excusa' de su plaga de lesiones (y su política de no fichajes). Sin Laprovittola, Vesely, Punter ni Juan Núñez, el último en caer. Y con dos canteranos en la convocatoria de un Joan Peñarroya que tuvo que meter al base Raúl Villar ya en el primer cuarto.

Por entonces, el técnico catalán ya había visto una técnica y se iba a pasar desquiciado con el arbitraje toda la noche en el Palacio. Como Juan Carlos Navarro y, sobre todo, Mario Bruno Fernández al lado del banquillo. En rueda de prensa, Peñarroya se mordió claramente la lengua. Su equipo había lanzado 20 tiros libres menos que el rival. "Mira la estadística. Fui de los primeros sancionados de la competición y no tengo ganas de volver a estar sancionado. Pero vamos... es igual», despidió una rueda de prensa en la que se lamentó de perder otro partido igualado, una lacra para el Barça en lo que va de temporada.

Porque, con el desempeño de Jabari Parker, Chimezie Metu, Darío Brizuela y, sobre todo, un excepcional Joel Parra, el Barça aguantó el tipo hasta llegar igualado a la orilla. "¿Sabes qué pasa? Que hemos perdido algunos partidos ya así. Competimos bien, pero también hay que exigir hacer bien las cosas en los momentos importantes para sacar victorias en partidos así", reflexionó.

Chus Mateo estaba más calmado. Habló de la importancia del triunfo. "No es el mejor partido que hayamos jugado este año, sin duda. Ha sido de carácter. Nos da confianza. Ojalá sea el primer paso del sprint final. Estoy contento por la victoria. Viene un calendario muy duro", admitió. Y se sinceró sobre la importancia de reenganchar jugadores para el tramo que viene. Tipos como Usman Garuba y Xabier Rathan-Mayes, titulares ante el Barça tras no aparecer en la Copa. "Necesito enganchar a más gente. Que vayan sumando y se vayan sintiendo partícipes. No puedo ir perdiendo vagones", confesó.

Si hubo un protagonista en el Palacio, ese fue, sin duda, Alberto Abalde. Omnipresente, encendido. Quizá no hubo en su carrera un momento así. 16 puntos, cinco asistencias y dos robos, "absolutamente fundamental" el gallego. "¿Cuántas veces hemos dejado fuera de rotación a Abalde? Hasta de los 12. Ha peleado, luchado. Ha hecho cambiar la opinión de su entrenador y de sus compañeros a base de trabajar. Siento muchísimo orgullo. Ha estado callado cuando ha tenido que sufrir. Y encima no falla un tiro", se rompió en elogios Chus Mateo hacia su pretoriano.

El Real Madrid se lleva el clásico del miedo

El Real Madrid se lleva el clásico del miedo

El clásico del miedo fue para el Real Madrid (96-91). En una noche en la que sólo en el desenlace fue capaz de plasmar su superioridad, como si todas sus dudas le vinieran una y otra vez a la mente, derrotó a un Barcelona igual de inseguro y tan mermado como digno y luchador, ahogado en la orilla del Palacio. Un completísimo Alberto Abalde fue el líder silencioso, junto a Campazzo y Hezonja, en el primer paso blanco para evitar la debacle en la Euroliga.

Todas las urgencias se posaron sobre la pista del Palacio. Una batalla más trémula que efectiva tras días de reflexión después del fracaso copero, de puesta de pilas con los que no se fueron a las ventanas FIBA con sus selecciones y muchas, muchas cuentas. Ser cabeza de serie para los playoffs, lo que casi siempre fue lo normal, es casi una quimera para Madrid y Barça. Lo demás tampoco será sencillo. La conclusión es que la Final Four de Abu Dhabi está bien lejos.

Chus Mateo, ya con Dennis Smith Jr. nada menos que de vuelta a Estados Unidos, amaneció con dos novedades. Usman Garuba, quien apenas contó en la Copa, y Rathan-Mayes, que ni siquiera fue convocado, en el quinteto. Se trata de pasar página y de avanzar con los que quedan, aunque el canadiense poco participó después. Joan Peñarroya pocas cábalas podía hacer con apenas nueve piezas sanas (el último en caer ha sido Juan Núñez). No había acabado el primer cuarto y ya estaba en pista, debut con el primer equipo, el canterano Raúl Villar -hermano del internacional Rafa, ahora en el Lleida-.

Llull culmina con una bandeja, ante el Barça.

Llull culmina con una bandeja, ante el Barça.JUANJO MARTINEFE

Pese a esos apuros y a un fortísimo cabreo inicial del técnico catalán con el arbitraje (le iba a durar toda la noche, tal es la presión que tiene encima), el Barça aguantó el tipo. Con coraje y mucho más acierto que el Madrid, que avanzaba sin más, como si atisbara una superioridad que no era. Jabari Parker, Justin Anderson y, especialmente, un entonadísimo Joel Parra, llevaron a su equipo con ventaja a vestuarios.

Sólo Campazzo había parecido consciente de lo que se jugaba en este clásico de entreguerras. Se percibía la inseguridad, que atenazaba a casi todos los protagonistas. Otros tienen tanto talento que flotan sobre la pista. Como Jabari, un bailarín en el infierno. Un tres más uno de Abalde pareció ser el toque de la caballería, el que iba a hacer espabilar definitivamente al Madrid. Otro del gallego, la siguiente mella a un Barça que daba muestras de debilidad por primera vez. Su capacidad de resistencia estaba empezando a menguar. Otro de Dzanan Musa (a pase de Abalde, cinco asistencias), el siguiente, de la nada, de Hezonja... (35 puntos para los Brates, que esta vez sí aparecieron). Y hasta Bellingham (estaba media plantilla del equipo de fútbol), en pie (69-58).

Pareció el éxtasis, pero al Barcelona aún le restaba aliento. Más con un Madrid que no es plenitud, que cometía fallos flagrantes, que no dominaba el rebote y que erraba más tiros libres de los aconsejables. Metu y Brizuela eran ahora su corazón, agarrándose al partido como un escalador a la pared. Lo iban a llevar al límite para que sólo los detalles le enterraran. Una penetración de Campazzo, dos tiros libres de Abalde, un salto inicial (tras un balón dividido que fue una auténtica guerra) que ganó Tavares... Son demasiados los duelos que los azulgrana han perdido en el filo este curso.

La victoria fue celebrada, un alivio, y la derrota escoció a un Barça frustrado. Porque realmente lo peleó. Pero iguala a ambos en la tabla. Lejos de los puestos nobles de playoffs y también de la excelencia.

Pero, ¿quién está peor? Lesiones, espantadas y apuros en el clásico de las urgencias

Pero, ¿quién está peor? Lesiones, espantadas y apuros en el clásico de las urgencias

La Copa del Rey se presentaba como un oasis para Real Madrid y Barcelona, la oportunidad de un título que aliviara más o menos sus tortuosas temporadas. Incluso un resorte para enderezar el camino. Era fácil pensar que uno de los dos regresaría de Gran Canaria con un poderoso impulso anímico con el que afrontar su realidad, pues de las últimas 15 ediciones habían ganado 14 (con 10 finales entre ambos incluidas). Pero no sólo volvieron derrotados, -uno en la final, el otro en cuartos-, también con más problemas de los que se fueron. Este jueves se enfrentan en el Palacio (20.45 h., Movistar), un clásico de Euroliga cargado de urgencias.

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Diez días después de que el Unicaja se proclamara campeón, al Real Madrid le falta un jugador, pues Dennis Smith Jr., uno de sus refuerzos invernales, pegó la espantada y ya está en Atlanta intentando reconducir lo que iba a ser una carrera de estrella. Para la no historia blanca quedarán los 35 minutos de juego, repartidos en cuatro encuentros, del que venía con la vitola de haber sido todo un número tres del draft. «No se ha adaptado a nuestra forma de hacer», confirmó Chus Mateo, también que nadie vendrá por él (ya se cerró el mercado Euroliga) y que se queda con los «14 que van a pelear hasta final de temporada» (Gaby Deck está en la recta final de su recuperación). Incluido un Serge Ibaka del que se deslizó su malestar por su poca trascendencia en la rotación (menos tras el fichaje de Bruno Fernando), incluso que estaba dispuesto también a salir. «Rumores que no creo que tengan una muy buen intención», en palabras de su entrenador.

Tampoco parece que el Barça vaya a fichar, pese que Joan Peñarroya confirmó ayer la lesión de Juan Núñez (inflamación del menisco externo de la rodilla derecha), del que no descarta que no vuelva a jugar en lo que resta de temporada. Se une el base madrileño a Kevin Punter, caído en Las Palmas, Jan Vesely y Nico Laprovittola. Los azulgrana se quedan con apenas un base puro en la plantilla, Tomas Satoransky (Brizuela, incluso el joven Dame Sarr, tendrán que echar una mano en la dirección), y con muchos problemas hasta para completar la convocatoria. También ellos experimentaron lo de las incorporaciones fallidas. Raulzinho Neto por lesión y el gatillazo inexplicable de Thomas Heurtel, al que hicieron regresar de China y ahora está jugando en el Leyma Coruña.

Juan Núñez y Darío Brizuela, durante la pasada Copa.

Juan Núñez y Darío Brizuela, durante la pasada Copa.MARIANO POZO / ACB PHOTO

Con todo esto, ¿quién está peor? A priori, parecería que el propio Barça, eliminado en cuartos de Copa, séptimo en ACB (11-9) y que no levanta un título desde la Liga de 2023 (sin contar sus últimos años de penurias). Los de Peñarroya tienen, eso sí, una victoria más en Euroliga. Es decir, en caso de caer hoy se quedarían igualados al Real Madrid con 14-13 (con el basket average perdido, pues los blancos ganaron en el Palau 90-97). Una victoria les daría un buen balón de oxígeno.

Porque lo cierto es que el Madrid tampoco está para muchos alardes. Desde la final perdida en Berlín, se recuperaron en parte levantando la ACB ante el UCAM Murcia, pero han vuelto a perder dos finales a un partido, la Supercopa y la Copa, ambas contra Unicaja. Son líderes de la Liga Endesa, pero su panorama en Europa a falta de ocho jornadas es alarmante. «Ahora vienen muchísimos enfrentamientos directos con equipos implicados en esta lucha, queremos hacer un buen esprint final», admitía ayer Mateo refiriéndose a la disputa de los playoffs. Es decir, acabar entre los seis primeros, algo que se antoja complicado si no empieza a ganar hoy mismo (el próximo jueves visita la pista del campeón Panathinaikos). Objetivo de mínimos sería estar al menos en el play in, que disputan a un partido del séptimo al décimo.

Doncic y su retiro en México para empezar a sonreír con los Lakers

Doncic y su retiro en México para empezar a sonreír con los Lakers

Le ha costado unas semanas, sonreír al fin, disfrutar de lo que para cualquiera hubiera sido el sueño de una vida, jugar en los Lakers. A Luka Doncic el traspaso a Los Ángeles le cogió con el pie cambiado, no lo pudo disimular ni en su flamante presentación al lado de quien todo lo tramó, el General Manager Rob Pelinka. Porque ni siquiera lo sospechaba, porque suponía abandonar lo que ya sentía como casa, el equipo al que había llevado a las últimas Finales de la NBA, y porque el movimiento no dejaba de poner bajo sospecha su condición física y su ética de trabajo.

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Pero una vez asimilado, sólo era cuestión de tiempo que todo empezara a fluir, que dos genios como Luka y LeBron James se encontraran en la pista. Su cuarta noche, nada menos que ante los Nuggets el pasado sábado, pareció demasiado perfecta. Un triunfo incontestable en la cancha del equipo de Nikola Jokic, el que tanto les venía frustrando, el mismo que expulsó a los Lakers de los pasados playoffs en primera ronda (y también de los anteriores: el balance, terrible, era de 13 derrotas en sus últimos 14 choques). Doncic anotando 32 puntos (más 10 asistencias, siete rebotes...), algo que no lograba desde el 15 de diciembre, en apenas 30 minutos.

«Por fin me sentí yo mismo, por eso estuve sonriendo», confirmó el esloveno. Este pequeño Big Bang tiene una intrahistoria. Emocional, con los consejos de JJ Redick sobre la actitud en la pista de Doncic, el «momento apagón», en palabras del técnico. Y física: según desveló el gurú Sams Charania, durante los días del All Star (que Luka no disputó por haberse perdido más partidos de la cuenta por su lesión en el gemelo), trabajó concienzudamente en su cuerpo. Esa semana de concentración en un pabellón en la localidad mexicana de Cabo San Lucas (Baja California) estuvo acompañado por Scott Brooks, base NBA noventero y uno de los entrenadores ayudantes de los Lakers. El objetivo, estar a punto para lo que resta de una temporada en la que sólo hay un objetivo: «Ganar el campeonato».

«Cada día será mejor»

Ante los Nuggets, Doncic no sólo fue Doncic en los números (cuatro triples de nueve, cuando en sus tres partidos anteriores había fallado 21 de 24). «Ese es el Luka que conozco. El asesino», se felicitó un Redick impresionado por cómo su nuevo jugador ha conectado con sus compañeros. Y con el que desde el primer momento parece haber una química que Luka sigue buscando en la pista con LeBron: «Tenemos mucho que mejorar en eso, pero cada día será mejor». «Soy un receptor abierto nato y él es un quarterback nato, así que encaja perfectamente. He estado corriendo por la cancha toda mi vida y él ha estado lanzando grandes pases toda su vida. No es difícil conseguir ritmo cuando tienes ese tipo de conexión. Todo se trata del contacto visual», explicó James.

Todos se congratularon al comprobar la versión más desatada del ex madridista, celebrando, gesticulando e incluso protestando a los árbitros. «Una vez que comenzó a anotar esos triples con paso atrás, empezó a gritar y ladrar, ya sea a los aficionados, a nosotros o a él mismo», se felicitó LeBron.

Doncic saluda a JJ Redick, su entrenador.

Doncic saluda a JJ Redick, su entrenador.David ZalubowskiAP

Los Lakers, cuartos en el Oeste (pugnan por acabar segundos, inalcanzables ya los Thunder) quieren sumar su tercera victoria seguida y este martes reciben a unos Mavericks sin Anthony Davis en el Crypto Arena. Será una de las noches más especiales en la carrera de Doncic, la primera vez en su vida que se enfrente a un ex equipo (más allá del amistoso de Dallas en el Palacio de Madrid). La hora de comprobar si la inercia es real, si Doncic es ya Doncic. Si podrán más los sentimientos hacia Kyrie Irving y los ex compañeros con los que tanto labró o las ganas de reivindicarse ante el señalado Nico Harrison, el General Manager que optó por su salida antes de entregarle una renovación histórica y millonaria.

Un duelo en el que LeBron, a sus 40 años, se acercará todavía más a otra marca histórica. Con 49.894 puntos (sumando los conseguidos en temporada regular y playoffs), está a sólo 106 de ser el primer jugador en alcanzar los 50.000 en la historia. Cuestión de días.

La asombrosa transformación de Joel Parra después de perder 15 kilos: "Ya no me levanto fatigado"

La asombrosa transformación de Joel Parra después de perder 15 kilos: “Ya no me levanto fatigado”

El pasado verano, Joel Parra, el 'Tete' del vestuario de la selección, campeón de Europa en 2022 (esa defensa a Markkanen en cuartos...) y mundialista en 2023, se dio la «hostia final», en sus propias palabras. Sergio Scariolo le dejó fuera del Preolímpico y el jugador del Barcelona no necesitó demasiadas explicaciones. «Dentro de lo negativo de quedarte fuera de unos Juegos, era el primer verano que tenía para trabajar en mí, en mi físico, en mi cuerpo, en mis cosas. A partir de ahí, trazamos un plan de verano, casi dos meses. Cambié de dieta, de hábitos... todo eso fue clave para tener el físico que tengo ahora. Y la confianza», explica a EL MUNDO desde León su metamorfosis.

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Los 15 kilos de menos saltan a la vista. Y se reflejan en su rendimiento, en esta nueva versión de un chico que, a los 25 años, decidió poner orden en su vida. El domingo, en León, Parra (siete puntos) fue clave en la victoria ante Bélgica (59-52) con la que España despidió la fase de clasificación para el Eurobasket.

Esa fuerza de voluntad, ese «aprender de los errores», como Joel lo llama, incluyó ponerse en manos de expertos. Del preparador físico Pau Vaccaro y del chef Oriol Domenech, que ya trabajó con Pau Gasol. Al alero le afectaban los comentarios negativos sobre su aspecto, algo que también han sufrido Luka Doncic o Nikola Jokic -«me entraban por una oreja y me salían por la otra. Mirar las redes sociales no sirve de nada»- y también pronto se dio cuenta de que su grasa corporal estaba en niveles no adecuados. Ajustó su dieta y ordenó sus rutinas.

«Sinceramente, ahora como más que nunca. En eso me he quedado sorprendido. Comidas con pocas calorías, todo muy limpio, a la plancha, casi nada de aceites, muchas verduras...», explica un menú que incluye chía, hongos, umeboshi (un encurtido japonés)... A menudo se le puede ver con un tupper en los entrenamientos. Y que excluye otros alimentos considerados normales en los deportistas: «Fue un poco raro, porque estamos acostumbrados a los días de partido comer carbohidratos, pasta o arroz. Yo eso ya no lo como».

Más sueño

Joel luce fino y ágil. Su rendimiento con el Barça de Joan Peñarroya se ha elevado y puede ocupar otras posiciones en la pista, más alejadas del aro. Un jugador zurdo que ya de niño supo lo que era protagonizar un cambio radical: mutó su forma de lanzar para hacerlo con su mano natural, pues lo hacía con la derecha.

El «proceso», como Joel lo llama -y al que le falta una evolución, «ganar dos kilos de músculo el próximo verano, antes de la llamada de Scariolo»- incluyó muchas horas en el gimnasio del Palau, en solitario, pero también muchas horas de descanso. «Es tener unos hábitos saludables, tanto de alimentación como de descanso, de dormir tus horas para recuperar (ha pasado de dormir siete horas a nueve más la siesta). Somos deportistas que estamos tres o cuatro horas en el pabellón, muy intensas. Tenemos que descansar bien para que nuestros músculos se recuperen lo antes posible», cuenta Parra, que se levanta cada mañana «con más energía». «Ya no me levanto fatigado. Estoy muy contento del cambio que he hecho», explica.

Parra ha vuelto a la selección, ahora con galones de veterano, con la misión de «transmitir esos valores que a nosotros nos transmitieron en su día Rudy, Llull...» a los jóvenes, pero le sigue doliendo el Barça y su crisis. «El vestuario está unido y confía en que esta situación va a cambiar. Es verdad que la Copa ha sido un palo, que la temporada está siendo dura a nivel de derrotas y de lesiones. Pero las palabras se las lleva el viento, es una cuestión de trabajo, de estar todos unidos. Tenemos plantilla de sobra», proclama, siendo consciente de que «las bajas son importantes» y que el partido de Euroliga en el Palacio del jueves contra el Real Madrid es «clave». «Estamos los dos a la par. Ganar nos daría un chute de energía y de moral. Y mucho empuje en la clasificación», concluye.

La España del futuro se da una alegría ante Bélgica

La España del futuro se da una alegría ante Bélgica

Son pinceladas, llenas de dificultad todavía, pero no dejan de ser los primeros pasos de los llamados a protagonizar el porvenir del baloncesto español. Hugo González, Mario Saint-Supery, Izan Almansa... los talentos del mañana se dieron una alegría de presente, una victoria laboriosa y poco lucida ante Bélgica en León, un partido sin historia (la selección ya tiene billete para el Eurobasket) pero que alguien recordará cuando estos chicos sean estrellas. [59-52: Narración y estadísticas]

Fue una segunda parte de orgullo. Los veinteañeros tienen carácter. El mismo que han ido mostrando en sus etapas de formación, en esas categorías inferiores que cada verano inundan de medallas el baloncesto nacional. Especialmente Hugo González (nueve puntos en 16 minutos) y Saint-Supery (cuatro asistencias, cinco robos...) fueron protagonistas de una tarde espesa, defendieron, corrieron, se lanzaron contra la cerradísima defensa belga y batallaron contra un lamentable arbitraje FIBA que tuvo la desfachatez de acabar expulsando a Scariolo por una doble técnica. La reacción fueron ellos, una alegría de la España del futuro.

Porque la primera parte había sido otro episodio de pura frustración ofensiva. Si algo se pone en evidencia en esta España tan mermada, de puñados y puñados de ausencias, es la espesura en ataque, la incapacidad de generar puntos con solvencia. Scariolo no se cansa de exponer la falta de responsabilidades en ataque y de protagonismo del jugador nacional en sus clubes. No hay puntos en sus manos. Al descanso se quedaron en 22 (11 por cuarto) ante Bélgica, como si sus cincos, Tumba y Bolavie fueran gigantes en la zona.

Yusta, ante Bélgica.

Yusta, ante Bélgica.J.CasaresEFE

Apenas un triple y demasiada espesura. Ante un rival que no es nada del otro mundo y que también sufrió ante la defensa de España. A falta de fluidez, trabajo y esfuerzo. Eso no se negocia y este puñado de chicos jóvenes llamados a ser el futuro de la selección lo tienen claro.

La selección no podía seguir en ese nivel. Espabiló sin duda a la vuelta de vestuarios, acudiendo a la energía, al coraje, con tipos, casi niños, como Saint-Supery y Hugo González tomando las riendas. Esa agresividad se tradujo en puntos, en dominio y en las primeras ventajas ante una Bélgica que tiraba y tiraba. Y que de vez en cuando acertaba, especialmente Mwema.

El comienzo del acto final resultó definitivo. Cuatro tiros libres de Hugo y dos canastas seguidas de esta nueva versión estilizada de Joel Parra, que no deja de ser un veterano en estas ventanas. Como López-Aróstegui, capitán y máximo anotador.

A pesar de anotar apenas dos triples, de perder balones, de conceder 21 rebotes ofensivos, España ganó.

Hugo González y las puertas de la selección: el espejo de Rudy, estudiante de economía y padres jugadores

Hugo González y las puertas de la selección: el espejo de Rudy, estudiante de economía y padres jugadores

El pasado verano, cuando Sergio Scariolo ya miraba a la obligada renovación de la selección española y mostraba su preocupación por los diferentes problemas de maduración que atravesaban sus perlas, los llamados nuevos júniors de oro (campeones del mundo en Hungría), desde Izan Almansa a Aday Mara, el seleccionador sabía que, de todos ellos, había un jugador listo para dar el salto. A Hugo González, de la generación de 2006, sólo le faltaban minutos en el profesionalismo. Mientras quema etapas con la precocidad de los pregonados, el chico, que acaba de cumplir 19 años, al fin ya un habitual en la rotación del Real Madrid, debutará este jueves con la absoluta de España.

Será en el Riga Arena, el mismo escenario que este verano acogerá la final del Eurobasket. Y ante Letonia (18.30 h., Teledeporte), un rival que ha derrotado a la selección en los dos últimos duelos. En la Copa del Mundo 2023 en Yakarta y hace un año en la primera Ventana de esta fase de clasificación para el Eurobasket. En Zaragoza, los letones ganaron en el último minuto.

Es imposible contener el talento, que tantas veces se abre paso en las dificultades. Hugo González podría estar siguiendo los pasos de tantos y formarse en alguna de las muchas universidades americanas que le pretendió. Pronto tendrá ante sí las opciones de un draft (puede presentarse este verano o el próximo) para dar el salto a la NBA que muchos ven inevitable. Prefirió seguir en el Madrid, club al que llegó sin cumplir los 10 años desde San Agustín del Guadalix. En la cantera blanca fue tutelado por Javi Juárez, el mismo entrenador con el que su padre, Paco González, había jugado en EBA y LEB Plata en Illescas, uno de los muchos equipos de la carrera de un clásico del baloncesto madrileño, policía municipal en el distrito de Fuencarral. El alero lo lleva en los genes. Su madre, Montserrat Peña, llegó a jugar en Primera Femenina con el Estudiantes y el Baloncesto Alcalá.

Hugo González charla con Scariolo.

Hugo González charla con Scariolo.ALBERTO NEVADO / FEB

Hugo fue plata en el Mundial sub 17 de Málaga 2022 y subcampeón del Europa en 2023. Con el Madrid debutó a los 16 años, el cuarto más joven de la historia blanca. La temporada pasada ya apareció 10 partidos a las órdenes de Chus Mateo. Y en la presente ha ido de menos a más. En la Copa, el técnico le prefirió por delante de sus dos exteriores americanos, fuera de la convocatoria Rathan-Mayes y Dennis Smith Jr. A Hugo, que aportó seis puntos fugaces en la final perdida contra el Unicaja, muchos le echaron de menos en la segunda mitad. Ha participado en 21 encuentros de Euroliga y 16 de ACB. «Para nosotros es un jugador absolutamente fundamental, nos da una rotación de mucho nivel, a nivel físico y técnico. No vamos a encontrar jugadores del calibre de Hugo. Tiene una calidad y un físico extraordinario», le valoró recientemente su entrenador, que le combina con Abalde.

Hugo, que aprendió como una esponja de Rudy Fernández, es aún tímido ante los micrófonos. «Tengo sensaciones especiales, sobre todo de felicidad y mucha ilusión por ser mi primera convocatoria con la absoluta, algo que tenía muchas ganas de que llegara algún día y he tenido la suerte de que ha llegado pronto en mi carrera profesional. Ojalá vengan muchas más», decía el martes en la concentración de Guadalajara. Le gusta la economía y estudia Dirección de Empresas.

Hugo González, durante un entrenamiento de la selección.

Hugo González, durante un entrenamiento de la selección.ALBERTO NEVADO / FEB

Scariolo ha aprovechado esta última Ventana de clasificación para el Eurobasket para probar a nuevos jugadores. Entre las muchas ausencias que ha tenido y que el billete ya está asegurado, era el momento de «dar prioridad a otros aspectos». «Por supuesto, poder ver y poder acelerar un poco la progresión y la maduración de muchos de estos jugadores», aseguraba ayer.

«Todo se está acelerando un poco, pero la verdad es que estoy muy preparado para lo que venga, para todo lo que te pida el entrenador, tanto Chus como ahora Sergio, sin más preocupación por las prisas».

Los problemas del Real Madrid que deja en evidencia la Copa: la inconsistencia de los 'Brates', fichajes que no aportan y más derrotas de las tolerables

Los problemas del Real Madrid que deja en evidencia la Copa: la inconsistencia de los ‘Brates’, fichajes que no aportan y más derrotas de las tolerables

La temporada del Real Madrid está siendo un tobogán con demasiados descensos. Y no es costumbre. «Este escudo, esta camiseta, no te permite ir perdiendo tantos partidos», admitía Alberto Abalde hace unos días en este periódico, esperanzado sin embargo en que la Copa fuera el punto de inflexión de otras veces. Pero lo que parecía diseñado para ser el comienzo del despegue ha acabado resultando el peor de los desengaños.

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Restaban más de cinco minutos cuando Juan Carlos Sánchez, un manojo de nervios en el túnel que conducía a las entrañas del Gran Canaria Arena, tiró la toalla. No recordaba el directivo encargado de la sección de baloncesto blanca a su equipo barrido de tal forma en una final. Ante un rival completamente hechizado en los últimos tiempos, sí, pero que no deja de ser inferior en presupuesto y experiencia competitiva. Lo ocurrido en la final de Copa confirma una sospecha, los blancos no son lo que eran. Y mucho se van a tener que poner las pilas de aquí a final de temporada para que esto no sea el principio del fin de una era.

Están los resultados y luego están las sensaciones. El Madrid ha perdido los dos títulos en juego en lo que va de curso, Supercopa y Copa, ambos ante el Unicaja. Recuperó el liderato de la ACB recientemente, pero su paso por la Euroliga está siendo un calvario. En las ocho jornadas que restan deberá ganar la mayoría de los partidos para no meterse en un buen lío; ser cabeza de serie ya es una quimera y parece abocado al play in. La Final Four se antoja lejos y no hay tiempo que perder: dos terribles exámenes en unos días, el clásico en el Palacio y la visita al campeón Panathinaikos.

Los jugadores del Madrid, tras la derrota en la final de Copa.

Los jugadores del Madrid, tras la derrota en la final de Copa.Ángel Medina G.EFE

Serán pruebas de fuego y quien sabe si Chus Mateo se jugará un puesto que, a principios de diciembre, en la primera crisis, le tuvo más fuera que dentro del equipo. El técnico, que desde el comienzo mantiene un discurso apelando a la «paciencia» y destacando lo mucho que perdió su colectivo con los cambios de este verano («Es un año más complicado que otros y tenemos algún déficit más, pero hay que seguir intentando competir», volvió a pronunciar tras la derrota), tiene su parte de culpa y ahí están los errores en la final, la poca imaginación táctica para contrarrestar el ímpetu malagueño, el empeño en Musa y Hezonja...

El problema, claro está, se arrastra de la planificación. Los fichajes que llegaron no mejoraron a los que se fueron. Especialmente dañino fue el adiós tardío de Gerschon Yabusele rumbo a la NBA, pero se echa de menos el poderío de Vincent Poirier (clave en la Copa pasada del Carpena) como recambio de lujo para Tavares, y, cómo no, la magia de Sergio Rodríguez y la sabiduría competitiva única de Rudy Fernández.

Ni Ibaka, ni Andrés Feliz, ni Garuba ni mucho menos Rathan-Mayes, pese a la «paciencia» pedida, han dado el paso adelante necesario en estos meses. Algunos cumplen, otros ni aparecen y con el canadiense se tiró la toalla hasta desaparecer de las convocatorias. La excusa de los refuerzos tampoco vale, pues recientemente llegaron Dennis Smith Jr. (que tampoco contó para ninguno de los partidos de la Copa) y Bruno Fernando, un pívot cotizadísimo pero al que aún no se ha visto pleno.

Al Madrid, que evidentemente extraña a Gaby Deck, ya no le falta físico ni profundidad de plantilla. Le falta química y buen baloncesto. Ni Campazzo, pese a su empeño en la final, ni Tavares están como en sus momentos de dominio más altos, y los Brates no aportan la consistencia y el liderazgo que se les presume por calidad, contrato, experiencia y responsabilidad. Brillan, pero no parecen hacer ganar al equipo. La final fue sintomática para ambos. Musa, mostrando su desesperante dimisión cada vez que le llega un partido importante: no metió ni una canasta. Y Hezonja, al que durante todo el torneo se le vio tomando las riendas del colectivo, tanto en ascendencia como en juego, traicionado por esa cabeza tan especial: cruzado, fallón (uno de ocho en triples), individualista... Y desaparecido durante la entrega de trofeos.