Tavares aplaca el efecto trampa del Baskonia de Laso

Tavares aplaca el efecto trampa del Baskonia de Laso

Que Edy Tavares es un factor diferencial en el baloncesto europeo es algo obvio. Pero también que con su mejor versión, la que luce últimamente, el Real Madrid es otro. Aleja sus miserias, potencia sus virtudes. Así fue en el partido trampa contra el Baskonia, unos cuartos fugaces al mejor de tres, después de 22 victorias seguidas en ACB, pero también de no haber conquistado ni la Copa ni la Euroliga. Con el gigante en modo dominador, una actuación tan descomunal como silenciosa (16 puntos, 12 rebotes, dos tapones, tres recuperaciones... para 35 de valoración), todos los intentos de los de Pablo Laso quedaron en poco. [82-76: Narración y estadísticas]

No fue el mejor partido del Madrid, ni mucho menos. Sin demasiado acierto, sin fluidez, con pérdidas... Chus Mateo habló nada más terminar de "tiros precipitados" y de "dificultad mental". No se despegó en toda la tarde de un Baskonia animado, al ritmo de Markus Howard y sus chispazos de desenfreno. Pero el poderoso despliegue en la pintura de Tavares, una reacción en el tercer cuarto (con Llull y Feliz) y algunos triples fundamentales cuando los vitorianos intentaban acercarse en el desenlace, fue suficiente para evitar el abismo que hubiera supuesto el 0-1.

El Baskonia aguantó el pulso realmente bien en la primera mitad. Iba a ser la tendencia. Con concentración y, sobre todo, con muchas alternativas. Pablo Laso encontraba soluciones en su banquillo. Cuando Khalifa Diop y Moneke se cargaron temprano de faltas, apareció primero Rogkavopoulos y después Samanic, invitados inesperados ante un Real Madrid que avanzó a tirones.

Campazzo supera Sedekerekis durante el primer partido de cuartos, en el Palacio.

Campazzo supera Sedekerekis durante el primer partido de cuartos, en el Palacio.JUANJO MARTINEFE

Lúcido en el comienzo, especialmente en defensa. Sus fallos desde el perímetro y sus pérdidas (10 al descanso) le impedían distanciarse. Luego Markus Howard desequilibró la tarde en el Palacio, un 0-8 para una primera ventaja visitante (15-22). Y los blancos no encontraron la comodidad; a Campazzo le costaba encontrar fluidez, todo era demasiado enrevesado.

Iban a llegar los nervios, el runrún del Palacio, porque el Madrid seguía sin despegar, fallando y fallando triples. Al borde de la desesperación, a remolque del Baskonia. Que sólo encontraba un gran hándicap, el de Tavares. Contra el gigante, todo era oscuridad en la pintura. Un dominio sereno y constante. Un triple de Feliz y una contra de Llull, provocada por un tapón de Tavares, igualó la tarde. Era el inicio de un parcial de 15-1 (triples de Hugo González y Llull), justo antes del acto final, el punto de inflexión.

Pues aumentó con otro triple de Feliz (11 de ventaja). Él y Llull supieron ver el peligro, llamar a rebato. Pero aún quedaba mucho y el Baskonia, pese a tambalearse, iba a volver a la carga. Peleó hasta casi la línea de meta, con Samanic y Howard. No peligró el triunfo del Madrid, pero casi, ante un rival que promete batalla.

Ante Tomic: "Veo cero la NBA, muy poco la Euroliga y no mucho la ACB"

Ante Tomic: “Veo cero la NBA, muy poco la Euroliga y no mucho la ACB”

Han pasado 15 años desde que Ante Tomic llegara a Madrid soportando comparaciones con Pau Gasol y 13 desde que firmó por el Barça no sin ser criticado. Y ahí sigue el gigante, dominando las pinturas de la ACB con su atildado baloncesto, ahora con el Joventut, con el que eleva aún más su rendimiento (fue líder en valoración de la ACB, pero el MVP fue para su amigo Marcelinho Huertas). Afronta los playoffs precisamente contra el Tenerife. Con EL MUNDO habla de su vida familiar, del paso del tiempo y de sus planes de futuro mientras pasea a su perro Papi: "Esta mañana me toca a mí".

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Cumplió 38 años, renovó con el Joventut y ha firmado su temporada con más puntos, más rebotes y más minutos. ¿Le asombra?
Ha salido así, pero en mi carrera nunca me he fijado en meter más o en hacer más. Bueno, en hacer más para ayudar al equipo, eso sí. Pero este año los números son realmente buenos y estoy contento.
¿Cuál es la clave?
Influye un poco todo, no hay una fórmula exacta. Durante estos años he tenido unas temporadas muy buenas y otras no tanto. Aunque creo que durante todos mis años en España he mantenido un nivel bastante sólido. Esto parece como el mercado, este año lo importante es que el rendimiento va para arriba. La bolsa ha subido un poquito (ríe).
El MVP de la ACB fue para su amigo Marcelinho Huertas, con 42 años. Pero estadísticamente usted fue el mejor.
Los numero están ahí, pero no se mira sólo eso. También tu equipo debe estar entre los mejores. Este año, en ACB fue una montaña rusa, pero hemos estado ahí, hemos tenido mucho éxito, logrando el objetivo del playoffs. Veremos ahora, sin tener factor cancha, en una eliminatoria corta, puede ser importante o no. Pero yo siempre me fijo en las dos competiciones juntas. En Eurocup podemos decir que no lo hemos hecho bien.
¿Se cuida tanto como él?
No, tan radical como él no. Intento cuidarme, sobre todo con la comida. Es muy importante para un deportista. El descanso también. Hice algunos cambios en mi vida, pero no tan radicales. Creo que no hace falta. Tampoco creo que hubiera cambiado mucho en mi cuerpo.
¿Convivió mucho con el dolor?
Por suerte tuve muy pocas lesiones, me respetaron mucho. Algún dolor en la espalda, esto pasada cada día. Pero nada importante, por suerte. Ni nada crónico. Y esto es importante, no sólo para ahora, más allá. Imagínate con 60 años, para una persona tan alta. Es importante cuidarme ahora para llegar bien.
Se hizo muy viral la queja de Huertas sobre el nivel físico del baloncesto actual, lo que se permite. ¿Está de acuerdo?
Bueno, le pegaron mucho ese partido y se enfadó (ríe). La cosa ha cambiado, sí y no. Te podía decir algo, pero mejor no... Hay partidos donde te pegan más y quizá no te pitan tanto. Y otro que te sientes un poco mejor y pasas de estas cosas. Marce estaba un poco caliente. No creo que haya un cambio tan radical. Siempre hubo equipos y jugadores así.
No ha bajado de 10 de valoración en ningún partido de la temporada. Algo histórico.
Me lo decían después de cada partido. No te voy a engañar, lo miro y soy consciente. Pero quiero no pensarlo. Pero con las redes, la gente alrededor que te avisa... Intento concentrarme en cosas que importan de verdad.
Pau Ribas anunció su retirada. Serán sus últimos partidos juntos. ¿Qué siente?
Me siento raro. He visto un dato que es bastante impresionante. Es el compañero con el que más partidos he jugado, casi 500. Eso no me sorprendió tanto, pero sí la diferencia con el segundo y el tercero, Brad Oleson y Guillem Vives, casi 300 partidos menos. Madre mía. Y claro, Pau anuncia que se retira y pienso: '¿Y yo qué?'. Es raro. Después de jugar tantos años con un compañero... le echaré de menos. Tenemos una conexión importante. Sin querer, después de tantos años, es especial. Pero no sólo yo, el mundo del basket le echará de menos. Seguro que se queda cerca.
Ante Tomic.

Ante Tomic.DAVID GRAU LLINARESMUNDO

¿Cómo es su relación con los jóvenes en un equipo de formación como el Joventut?
Me siento bien con ellos. Para mí ha sido un cambio enorme. Sobre todos los dos primeros años en el Joventut, cuando éramos un equipo muy muy joven. Chicos de 17 y 18 años. Y yo y Pau como unicornios. No soy el típico veterano que te va a gritar. No soy ese tipo de persona. Siempre intento, y en casa con mis niñas también, mandar o enseñar con el ejemplo. Más que hablar mucho o decirte 'tienes que hacer esto'. Por esta razón desde el primer día tuve el respeto de todos. Soy así.
¿Qué quiere ser Ante Tomic de mayor, cuando se retire?
Este año he empezado un curso en un instituto y el año que viene empiezo otro. Estoy haciendo pasos pequeños hacia la retirada. Cursos de economía, finanzas, marketing... Para luego decidir el camino.
Ante Tomic, con su familia, en el Olímpic de Badalona.

Ante Tomic, con su familia, en el Olímpic de Badalona.ACB Photo

¿Alejado del baloncesto?
No tanto. Pero si me preguntas si quiero ser entrenador, en este momento no. Pero en el futuro, yo qué sé.
¿Ve mucho baloncesto?
NBA cero. Nada. Euroliga muy poco. Y ACB cuando puedo, sobre todo los domingos al mediodía, pero no mucho. La Final Four no la pude ver, o mejor dicho, no la quise ver, porque fui con mi hija pequeña al cine. Hay cosas que son prioritarias. En este caso, entre un partido de Final Four y mi hija pequeña, creo que no hay discusión.
¿Cambió mucho el baloncesto desde sus inicios?
Hay una cosa que me está sorprendiendo muchísimo, la fuga de talentos a college o universidades americanas. Y la cantidad de dinero que están pagando. Nadie puede creer lo que está pasando.
¿Es malo?
No lo sé, pero me sorprende una barbaridad. La cantidad de dinero. Son niños. Yo llegué a Madrid con 22 años, es diferente. Ahora se van de casa con 16 ó 17. O incluso 14. El otro día hablé con un compañero croata, Nikola Garma, su hijo Toni juega en los cadetes del Real Madrid. ¡Se fue con 13 años! Imagínate. ¿Tú tienes niños? Imagínate que se vaya solo a un país no sé dónde. Es complicado. Pero de eso se trata ahora mismo en Europa. Son niños de 13 años que tienen que ser adultos.
Tu hija mayor tiene nueve años. ¿Juega?
No. No juega y no le interesa el basket. Ni a la pequeña, de momento.
Cuando viaja a Dubrovnik con ellas, ¿les habla de cómo fue su infancia, de los años de la guerra?
Ellas no lo entienden, les puedes explicar todo lo de la guerra, y no lo entienden. Y tampoco quiero entrar. Por suerte no tienen que vivirlo. Estamos viendo lo que está pasando en el mundo. En Croacia hay un dicho que no sé muy bien cómo traducirlo: "Están felices en su no conocimiento". Nuestra vida en Barcelona es muy tranquila y muy simple. He renovado dos años, pero en un futuro nos gustaría quedarnos aquí. Por lo menos hasta que las niñas crezcan. Ellas mandan un poco.

Simon Yates y un Giro contra todo pronóstico: forjado en el velódromo, indistinguible de su gemelo Adam y fichado para proteger a Vingegaard

Actualizado Domingo, 1 junio 2025 - 23:21

Simon nació 26 segundos después que su gemelo Adam, el mismo que el viernes comandaba el ya rendido grupo de perseguidores camino de Sestriere, toda la estructura del UAE hecha añicos por un ciclista con el que nadie contaba y que ayer en Roma festejaba enfundando en rosa el triunfo de una vida. Es el éxito de quien siempre prefirió «pasar desapercibido», la segunda grande del 'menor' de los Yates -el Yates bueno se suele bromear, pues le supera en victorias- tras la Vuelta a España de 2018, entonces por delante de otro talento emergente, Enric Mas.

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En esta época de prodigios precoces, Simon ha triunfado con varias de las cualidades que marcan su carrera. La regularidad, la resistencia y, finalmente, el ataque. No flaqueó en ninguna de las etapas de montaña de las dos primeras semanas, lució en la contrarreloj bajo la lluvia de Pisa (a nueve segundos de Juan Ayuso), en una de las disciplinas que más ha evolucionado durante su carrera. No le pilló el corte del pelotón camino de Nova Gorica. Y resistió sin alardes pero sin perder demasiado tiempo los tres etapones de los Dolomitas. Y, en el Colle delle Finestre, donde en 2018 había protagonizado un hundimiento histórico, saldó una cuenta pendiente para escribir una de las páginas más vibrantes del ciclismo de los últimos tiempos, desplumando las dudas de Isaac del Toro y de Richard Carapaz.

La carrera de Simon, que incluye 10 victorias de etapa entre las tres grandes, está marcada por las comparaciones con su hermano -al que hace dos años, en la primera etapa del Tour con meta en Bilbao, dejó el honor del triunfo cuando culminaron juntos la escapada-, que sigue siendo su mejor amigo, no hay día sin llamada telefónica entre ellos. Imposibles de distinguir, cuando se convirtieron en profesionales en el equipo australiano Orica-GreenEdge en 2014, les obligaron a usar gafas de sol de diferentes colores. Habían crecido en Bury, influidos por la afición de su padre John, y se habían labrado en el ciclismo en el velódromo de Mánchester. De hecho, su gran sueño de infancia era ser olímpico en pista, ahí fue oro Mundial en 2013 en Minsk. Simon aguantó algo más, creciendo en la Academia Great Britain. Adam puso rumbo a Francia (Troyes) para aventurarse en la carretera.

Era la primera vez que se separaron. Se volvieron a unir en 2014, hasta que en 2021 Adam volvió a separar el camino, rumbo al Ineos. Simon permaneció una década bajo la misma estructura con sus cambios de nombre: Orica-Scott, Mitchelton-Scott, Team BikeExchange, BikeExchange-Jayco y, finalmente, Jayco-AlUla. Allí vivió uno de sus episodios más turbios, cuatro meses sancionado por el uso de un inhalador para el asma en París-Niza. Su propio equipo se responsabilizó del error de no haber avisado previamente a la UCI.

Hasta que el pasado verano protagonizó uno de los fichajes más sonados al unirse al proyecto de un Visma Lease a Bike marcado por los infortunios y las derrotas en los últimos tiempos. Pero el gran objetivo de Simon era (y sigue siendo) ayudar a Jonas Vingegaard en el Tour.

Adam y Simon Yates, durante la última etapa en Roma.

Adam y Simon Yates, durante la última etapa en Roma.LUCA BETTINIAFP

Nadie contaba demasiado con él para el Giro. Pero alejado de enfermedades e infortunios que le lastraron en el pasado, su preparación fue perfecta, entre las montañas de Andorra (donde reside desde 2015) y de Sierra Nevada, su lugar preferido para los trainings camps, donde siempre le acompaña su familia y su perro. «Disfruto analizando los datos, mirando las gráficas y viendo qué funciona y qué no», aseguraba en una entrevista hace un par de años.

Simon, cuyos ojos claros estaban empapados en lágrimas en la meta de Sestriere, el mismo que por la mañana en Verrés dudaba de si iba a ser capaz de pasar al ataque (reconoció que fueron sus compañeros los que le animaron y le dieron la confianza suficiente para intentarlo), confiesa su pasión por los videojuegos - paso muchas horas relajándome con el FIFA, Call Of Duty, Battlefield»- y también disfruta de la carrera a pie, que practica fuera de temporada. Su hermano corrió hace años el maratón de Barcelona, bajando de las tres horas. Él, confiesa, también le gustaría intentarlo algún día.

«No hay nada más grande que esta sensación. Es un momento importante en mi carrera, ya veremos qué pasa a partir de ahora», confesaba ayer el tercer corredor británico de la Corsa Rosa, tras Chris Froome en 2018 y Tao Geoghegan Hart en 2020.

El Giro corona a Simon Yates con la bendición del Papa León XIV

Actualizado Domingo, 1 junio 2025 - 19:17

El habitual paseo por Roma para coronar al campeón del Giro de Italia tuvo en esta edición 108, una de las más sorprendentes que recordará la Corsa Rosa, la bendición del nuevo Papa. León XIV recibió al pelotón a las 15.30 horas en el Vaticano, antes del inicio de la última etapa.

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"Sepan que son modelos a seguir para los jóvenes de todo el mundo. Les agradezco su labor y espero que, así como han aprendido a cuidar el cuerpo, el espíritu también sea siempre bendecido. Estén siempre atentos a la totalidad del ser humano: cuerpo, mente, corazón y espíritu. Que Dios los bendiga", pronunció el Papa Prevost, que estrechó la mano de Simon Yates, Mads Pedersen, Isaac del Toro y Lorenzo Fortunato, las cuatro maglias del Giro. Y recibió un maillot rosa del presidente de RCS, Urbano Cairo.

La anécdota del encuentro la protagonizó Nairo Quintana que se saltó el protocolo y se acercó al Papa para estrechar su mano. Los corredores pasaron por la Plaza de San Pedro, los Jardines Vaticanos y salieron por la Porta del Perugino para iniciar la etapa final. De ahí, con los festejos típicos del final de cada gran vuelta, afrontaron los 144 kilómetros por Roma, casi siempre controlado el pelotón por el Soudal, el Alpecin y el Visma.

Olav Kooij celebra su triunfo en Roma.

Olav Kooij celebra su triunfo en Roma.LUCA BETTINIAFP

A falta de 70 kilómetros triunfó una fuga de seis hombres (Verre, Paleni, Cerny, Hepburn, Pietrobon y Marcellusi), que mantuvieron un pulso con el pelotón durante muchos kilómetros: su ventaja apenas llegó a los 30 segundos. Josef Cerny fue el que más resistió; fue neutralizado a falta de menos de seis kilómetros, ya en la última vuelta al circuito.

El triunfo de etapa fue para Olav Kooij, su segundo de este Giro. Por delante de Kaden Groves y Moschetti. Lanzado por Van Aert y completando la fiesta del Visma Lease a Bike, que lució un maillot negro y rosa para la ocasión

Así se gestó la jugada maestra de Simon Yates en Finestre que destrozó a los dos “más fuertes”: “Ha ganado el más inteligente”

Actualizado Sábado, 31 mayo 2025 - 23:00

En la penúltima partenza del Giro 2025, en la coqueta Verrès, en el corazón del Valle de Aosta, contrasta la actitud de los dos tipos que un rato después, entre el Colle delle Finestre y Sestriere, van a perder lastimosamente la carrera. La calma casi insultante de Isaac del Toro, el chico con «un par de pelotas» al que Josean Fernández Matxin descubrió hace unos años corriendo en el barro del ciclocross belga, un mexicano, una rareza. Los nervios de depredador de Richard Carapaz, que abandona el último el autobús del Education First, pero se detiene para hacerse una foto con unos aficionados ecuatorianos, que le reclaman como a una estrella de rock. Nadie repara en Simon Yates, como casi nadie lo ha hecho durante las más de tres semanas de esta Corsa Rosa que partió desde Albania. Pero el británico, agazapado, tenía una cita con la historia.

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En el mismo lugar en el que hace siete años él mismo perdió el Giro. Esa subida infinita, mitad asfalto, mitad grava. La conoce porque ha aparecido en sus pesadillas, su desfallecimiento en 2018 cuando acudió de rosa y se dejó 40 minutos ante la hazaña de Chris Froome. Por eso no se altera cuando Carapaz dinamita todo casi en la primera rampa, cuando Del Toro le sigue sin inmutarse. Él aguarda, tarda unos metros en atraparlos, pero cuando llega a ellos sabe lo que tiene que hacer. Atacar. Juguetear con sus dudas. Completó los 18 kilómetros de subida en 59:20, superando por 1:25 el récord que estaba en posesión del joven español Pablo Torre.

El británico va a cumplir 33 años y ya pocos contaban con él para las grandes cuando hace unos meses el Visma Lease a Bike, tan de capa caída, le reclutó. El viernes se dejó unos segundos en Champoluc y su candidatura parecía difuminada ante los dos latinos. Por eso sus lágrimas de incredulidad a más de 2.000 metros de altitud. «No tengo palabras. Tenía en mente intentar hacer algo y lo hice. Aunque esta mañana ni siquiera estaba seguro de si quería probar algo, tenía dudas», confiesa, emocionado. Su compañero Wout Van Aert, que le aguardó desde la escapada y le impulsó en el descenso hasta una ventaja que superó los cinco minutos, sonríe cuando entra a meta. Con el orgullo del trabajo en equipo. Una lección táctica del Visma, a la altura de la que protagonizaron hace tres años en el Tour de Francia, camino del Granon, nada menos que ante Tadej Pogacar.

Simon Yates, con la maglia rosa, en Sestriere.

Simon Yates, con la maglia rosa, en Sestriere.LUCA ZENNAROEFE

En la estación de esquí de la Via Lattea también llaman la atención los contrastes. Del Toro, que nunca supo muy bien lo que hacer, que sólo se dedicó a marcar a Carapaz, acelera en la nada para entrar con unos estúpidos metros de ventaja. Es el perdedor, pero él no deja de sonreír, se abraza con otro joven, Pelizzari. «Chapeau para ellos. Han jugado bien sus bazas. Y yo no he tenido nada que hacer. Richard me dejó la responsabilidad. Estoy decepcionado, pero nadie habría imaginado que yo estuviera aquí. Me he demostrado mucho a mí mismo», pronuncia y aclara:«No voy a llorar. No me arrepiento de nada». «Es un ragazzo. Algún día ganará el Giro. Y el Tour», le defiende su compañero Majka, el veterano que no pudo estar junto a su líder, demasiado tarde todo el UAE Team Emirates.

Para el que no hay consuelo es para Carapaz. Él sí es consciente de lo sucedido. Se ha dejado todo por ganar este Giro al que llegó reinventado. Su director, Juanma Gárate, explicaba estos días que el nuevo Richard ya no tiene mentalidad «sudamericana», ahora es «más alemán». Cambió la alimentación, los pequeños detalles. Ya no se pierde en la burocracia de los emails en inglés del equipo a los que no atendía desde sus entrenamientos en Carchi, a 3.000 metros de altitud. El ecuatoriano lo probó casi en la primera rampa del Colle delle Finestre y no dejó de intentarlo. Una y otra vez. No claudicó Del Toro y, claro, le dejó la responsabilidad. Una condena para ambos. «Éramos los más fuertes. Ha ganado el más inteligente», protesta. «Del Toro perdió el Giro. No ha sabido correr bien», critica. Y le apartan de los micrófonos, por miedo a más.

Por tercera vez en los últimos cuatro años (2022 Jai Hindley, 2023 Roglic y 2025 Yates), la maglia rosa es conquistada en el penúltimo día. Son dos perdedores y es un ganador en el Giro más impredecible, el que vio por el camino las desgracias de los favoritos (Primoz Roglic, Juan Ayuso, antes Mikel Landa), el amanecer de la perla Del Toro y el resurgir de Carapaz. Y, sin embargo, en Roma este domingo será coronado el redimido Yates, al que bendecirá el Papa León XIV cuando atraviesen la Ciudad del Vaticano.

Simon Yates dinamita y conquista el Giro en un movimiento estratégico en Finestre para la historia

Simon Yates dinamita y conquista el Giro en un movimiento estratégico en Finestre para la historia

Ni en la más osada de las predicciones. Pero siempre la realidad supera con creces la ficción. Más en el ciclismo, en escenarios tan proclives a la gesta como el Colle delle Finestre, colofón brutal a un Giro que será recordado. El Giro de Simon Yates, una victoria tan insospechada que engrandece a los protagonistas. A los derrotados, un fracaso mayúsculo del joven Isaac del Toro, lección de vida, y del veterano Richard Carapaz, desplumados por la valentía del británico y por el movimiento estratégico de su equipo, el Visma Lease a Bike. [Narración y clasificaciones]

En la meta Sestriere, donde la victoria fue para el australiano Chris Harper, héroe desde la escapada del día, el amarillo del Visma de Yates lució para la historia. Con una ventaja enorme, de casi seis minutos, rendidos sus rivales, ahogados en sus dudas, en una frialdad que fue mortal. Porque cuando el británico, que había flaqueado el viernes, que no respondió al primer golpe de Carapaz nada más comenzar Finestre, les atacó desde su remontada al poco, fue directo a una gesta.

Su ventaja, que durante varios kilómetros de ascensión no fue mayor de 30 segundos, se amplió del todo cuando Carapaz, harto y exhausto tras sus ataques a los que siempre respondía Del Toro, paró en seco. Y ahí, el inexperto mexicano, el que tenía el Giro en sus piernas tras 11 días de rosa, no supo qué hacer. Y también se detuvo.

Yates coronó con dos minutos la Cima Coppi de este Giro y al poco encontró la ayuda de Wout Van Aert desde la escapada. Descendieron como balas, pero Del Toro y Caparaz pararon aún más. Se dispararon al pie y la ventaja se fue a los cinco minutos. Antes de comenzar la ascensión final a Sestriere, Simon Yates ya era el ganador.

El zafarrancho de Carapaz había sido brutal, una ofensiva con todo, desde las primeras rampas de Finestre. Primero aceleró su compañero Rafferty, después fue Steinhauser el que lanzó como si fuera un sprinter al ecuatoriano. Se apartó el Chalequito Cepeda y allá fue la Locomotora del Carchi, a destrozarlo todo, a quedarse mano a mano con un Del Toro que reaccionó con una frialdad asombrosa para sus 21 años. Entonces todo era un espejismo para ellos.

Chris Harper celebra su  victoria en Sestriere.

Chris Harper celebra su victoria en Sestriere.LUCA BETTINIAFP

Porque quedaban los 18 kilómetros de Finestre, ocho de ellos sin asfalto. Un mundo y una batalla en la que también jugaba la mente. Al poco acudió desde atrás Simon Yates, el tercero en discordia, que vio su oportunidad entre los dos latinos. Allá donde hace siete años se dejó el rosa y un Giro que tenía en sus piernas ante Chris Froome. No dudó ni un instante. Atacó y atacó hasta que se fue en solitario, mientras sus rivales jugaban al póquer.

Porque tras otro par de zarpazos de Carapaz en los que ni se inmutó Del Toro, siempre poco a poco en su remontada, con la calma de los elegidos, el ecuatoriano frenó en seco y puso la duda en su rival. Fue la llegada de Derek Gee por detrás la que avivó el ritmo, aunque Yates tenía todavía la baza de Van Aert por delante.

Y ocurrió lo insólito, Yates creció y creció y logró una ventaja de hasta dos minutos que le vistió virtualmente de rosa ante la cobardía de Del Toro, que sólo vigilaba a Carapaz y aguardaba por detrás la ayuda que no llegaba de alguno de sus compañeros. La bajada fue su condena, unos kilómetros de dudas que recordarán por mucho tiempo.

La penúltima etapa había avanzado a todo gas desde Verrès -donde Juanma Gárate, director de Carapaz, bromeaba con los posibles aliados y hasta con miembros del equipo rival como Igor Arrieta-, todavía en el corazón del Valle de Aosta, hacia las rampas del temible Colle delle Finestre, con dos cotas antes de aperitivo: Corio y Colle de Lys. La fuga, más bien pelotón delantero, constó de 31 integrantes, con Carlos Verona, Pello Bilbao y Jon Barrenetxea como españoles, pero también con Van Aert, quien, una vez más, iba a resultar clave en la victoria de un compañero, para la segunda grande de Simon Yates tras la Vuelta de 2018.

La pasión "irracional" de Scariolo por el Inter: su tío "favorito", el susto de la moneda tragada y un viaje loco de Moscú al Bernabéu

La pasión “irracional” de Scariolo por el Inter: su tío “favorito”, el susto de la moneda tragada y un viaje loco de Moscú al Bernabéu

Entre la bruma de los recuerdos de infancia, Sergio Scariolo rescata nítida una tarde del año 1967, un niño siguiendo por el transistor un Mantua-Inter, jugueteando con una moneda entre sus labios. Cuando el locutor gritó el gol "de un tal Di Giacomo, tras clamoroso fallo del interista Sarti", aquel niño de seis años se tragó la monedita, "para pánico de los presentes".

La anécdota -el susto no fue a mayores- define el lado más pasional del seleccionador español de baloncesto, que esta noche estará en el Allianz Arena de Múnich dejando libre sus emociones, perdiendo la voz que ya trae tocada de los cambios de temperatura del pasado fin de semana en la Final Four de la Euroliga de Abu Dabi. Sufriendo con su Inter, el que se le quedó grabado en el corazón en su infancia en Brescia y al que ha seguido por toda Europa. El nerazzurro hasta en la pantalla de su móvil.

"Mi afición por el Inter empieza desde que tengo uso de razón. Los primeros partidos de los que me acuerdo fueron los del 67 (aquel Il Grande Inter que había conquistado dos Copas de Europa con Helenio Herrera), el final de temporada de liga y de la final de la Copa de Europa contra el Celtic. Dos derrotas, por cierto. Y hasta ahora", cuenta Scariolo a EL MUNDO antes de viajar a Alemania invitado por el Inter, que siempre mimó a uno de sus tifoso más fieles. A Sergio no le falta cada año su camiseta azul y negra.

Sergio Scariolo, durante una visita a las instalaciones del Inter en 2019.

Sergio Scariolo, durante una visita a las instalaciones del Inter en 2019.Inter

"Es algo que entra dentro de lo poco que tengo en la zona irracional. Realmente no responde a parámetros normales de lógica. Empezó con mi tío favorito, que era interista hasta la médula. Aunque ese recuerdo se pierde un poquito, estamos hablando de hace 60 años", explica el técnico, siempre sereno, analítico y lógico cuando se trata de canastas, balones de baloncesto y pizarras... "Provengo de una familia de profesores", suele presumir. Hasta que aparece el Inter y una locura "que se mantiene con mucha fe". "Va más allá de las personas. Tengo recuerdos muy lejanos de victorias y derrotas, a prueba de toda decepción y de ciclos negativos. Puro amor infantil", admite con orgullo.

Y hace repaso de sus jugadores preferidos. De "Mazzola, Zanetti, Roberto Boninsegna... Altobelli siempre fue de mis favoritos. Honestamente, aprecio a muchos. Pero sobre todo son los colores, que tienen un significado especial al margen de los nombres propios".

La vida de entrenador de Scariolo, que comenzó de la mano de su mentor Ricardo Sales en las categorías inferiores del Brescia, pronto le llevó a hacer las maletas. Con menos de 30 años ya era primer técnico del Scavolini de Pésaro. Luego Desio, Bolonia... Y en 1997, con 36, ya estaba en España (en Vitoria con el Baskonia), donde sigue residiendo, ahora en Marbella con su esposa Blanca Ares. A Italia volvería, pero Sergio entrenó (y entrena) por medio mundo, Moscú, Toronto... "He visto muchos partidos en directo. Pero también por la tele, por internet o en circunstancias raras, claro, porque mi trayectoria profesional pronto me alejó de Italia. También hubo algún viaje bastante curioso...", cuenta, para relatar una de las anécdotas que resumen su locura por el Inter.

Mayo de 2010. Scariolo, que ya se las había apañado para estar en el Camp Nou en la semifinal contra el Barça, la de Mourinho y los aspersores, de donde tuvo que marcharse "a toda prisa y con cierto nerviosismo", es seleccionador español y técnico del Khimki de Moscú. El día de la final contra el Bayern... "Entrené por la mañana, luego fui al aeropuerto, cogí un vuelo vía París y llegué al partido", rememora de los apuros en el Santiago Bernabéu. "Cuando acabó la final, sin tiempo para ver los festejos, me llevaron en scooter fuera de la zona vetada a los coches. Me recogió un coche y me trasladó a toda prisa al aeropuerto (el avión partía a las 23:30 horas). Seis horas de vuelo para Moscú de vuelta, un descansito, entrenamiento por la mañana y por la tarde el partido de semifinales de Liga contra el Lokomotiv Kuban. Una aventura para archivar con nostalgia en el cajón de los mejores recuerdos", pronuncia.

En la semifinal contra el Barça de hace unas semanas, Scariolo, que comentó para Movistar el partido de cuartos de Euroliga de los azulgrana contra el Mónaco, corrió para Montjuic desde el Palau para presenciar el apasionante 3-3 de la ida, aunque se perdió el primer gol de Marcus Thuram. También el año pasado estuvo presente en el palco del Metropolitano, aunque esta vez le tocó sufrir la eliminación nerazzurra en la tanta de penaltis contra el Atlético de Madrid. Esta noche estará en Múnich y "espero que pudiendo gritar".

Del Toro-Carapaz, duelo latino en la grava de Finestre donde Froome firmó una gesta “mágica”: “Sabemos la dureza que tiene. Será algo más serio”

Actualizado Sábado, 31 mayo 2025 - 01:51

En las 29 curvas de herradura del Colle delle Finestre, en sus ocho kilómetros finales de grava sin asfaltar, allá donde hace siete años Chris Froome dejó para la historia una de las exhibiciones más grandes que recuerda el ciclismo moderno, allá, entre Val di Susa y Val Chisone, en los Alpes Cocios, se resolverá el Giro de Italia que nadie acertó a predecir. Camino de Sestriere, ni Primoz Roglic, ni Juan Ayuso, serán dos latinos los que se desafiarán al sol en una de las subidas más bellas y míticas de Europa, 18 kilómetros en total de sufrimiento y pasión.

Para saber más

Isaac del Toro, tanta frescura que cuando le preguntan dice que aquello de Froome en 2018, ese ataque a 80 kilómetros de meta para arrebatar el rosa precisamente a un Simon Yates que sigue en la pelea (tercero en discordia, a 1:21 del liderato, aunque ayer no dio muestras de fortaleza), fue «mágico, apasionante», aunque entonces él era un niño de 14 que soñaba en el desayuno con las grandes gestas de ciclistas que llegaban de Europa, un país, el suyo, ahora apasionado pero sin tradición.

Y el retador Richard Carapaz, 43 segundos de desventaja (dos más perdidos en Champoluc por la bonificación), que se sabe ante una de las últimas opciones de su vida de sumar otra grande (a unir al Giro de 2019), pues estos jóvenes ambiciosos no dejan ni las migajas. Y desafía en la llegada del Valle de Aosta, donde no pudo soltar al Torito, pese a su ofensiva con todo en la quinta ascensión del día, Antagnod: «Mañana (por hoy) será un día diferente. Será algo más largo, más serio. Todos sabemos la dureza que tiene. Todavía queda mucho».

Cima Coppi

No fue un viernes de valientes, pero será un sábado sí o sí para ganar o perder, más de 200 kilómetros desde Verrès, con dos puertos de previa antes de la Cima Coppi (el puerto más alto por el que transitan los ciclistas durante cada edición de la Corsa Rosa), el Finestre que subirá el Giro por quinta vez en su historia, y la meta en Sestriere, a más de 2.000 metros de altitud.

Del Toro salvó el penúltimo día de montaña -la victoria fue para Nicolas Prodhomme, quien resistió desde la numerosa y permitida escapada del día- con una solidez que ya está empezando a dejar de sorprender. Se siente pleno, como si la presión no le afectara, 11 días ya con la maglia rosa. Como si calaran en él los mensajes que le manda desde la distancia su amigo y mentor Tadej Pogacar. Le preguntan si, de sentirse con fuerza, será capaz incluso de atacar en Finestre para coronar su hazaña con una victoria. Y el chico, con un gorro de lana del UAE Team Emirates para resguardarse de un frío que no hace en Champoluc, se queda callado 20 segundos, mira a un lado y a otro, esboza una media sonrisa que desata las carcajadas de los enviados especiales y no pronuncia palabra. «No me asustaré por lo que venga este sábado. Es genial estar en esta posición», celebra después el niño de rosa, que no deja de agradecer a su equipo y bromea con los periodistas: «Tengo las mismas opciones que tenía cuando empecé el Giro. ¿Tú me veías en rosa o no? [niega] Veremos mañana».

Entre México y Ecuador, entre el joven Del Toro y el veterano Carapaz, entre dos latinos que no entraban en ninguna de las quinielas. El Giro en Roma hablará castellano aunque haya estado maldito para los españoles. Pero antes hay que sobrevivir a Le Finestre.

Del Toro resiste sin inmutarse a Carapaz en la penúltima etapa de montaña y Prodhomme gana en Champoluc

Actualizado Viernes, 30 mayo 2025 - 18:04

Todo se resolverá el sábado en el Colle delle Finestre, un duelo al sol en un puerto extraordinario, porque en la penúltima etapa de montaña nadie pudo con Isaac del Toro, el mexicano fino y bravo, una auténtica revelación a sus 21 años, al que ni los zarpazos de furia de Ricard Carapaz cambian el gesto ni arrebatan el rosa. En Champuluc, donde el triunfo fue para Nicolas Prodhomme en solitario, los dos latinos descartaron al resto. [Narración y clasificaciones]

Para saber más

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Lo dejaron todo para el final, pero confirmaron que el ganador en Roma el domingo hablará castellano. El ataque final de Carapaz, a siete kilómetros de meta, a dos de coronar el quinto y último puerto del día, sólo lo resistió Del Toro. Sin inmutarse, con una frialdad impropia. No alcanzaron a Prodhomme, el francés del Decathlon que aguantó de la fuga, quien a sus 28 años se apunta la primera victoria en una grande, que supera a la lograda hace apenas unos días en el Tour de los Alpes.

Pero aventajaron en 24 segundos al resto de líderes, entre ellos un Simon Yates que no mostró las mejores sensaciones, aunque sigue a 1:21 del liderato de un Del Toro que arrebató dos segundos de bonificación a su rival Carapaz.

Carapaz, en su ataque en Antagnod.

Carapaz, en su ataque en Antagnod.LUCA BETTINIAFP

La etapa se fue adentrando en el Valle de Aosta, siempre con el Cervino y el Monte Rosa en el espléndido horizonte, devorando metros de desnivel a una velocidad suicida (la primera hora a más de 45 km/h). Una trituradora hacia Champoluc que achicaba a los valientes, ya con 20 días de pelea en sus piernas y la amenaza del temible Finestre el sábado, la Cima Coppi de este Giro. La escapada del día, que tardó en formarse, acabó con un grupo de nueve hombres, que fueron siete ya en el Col de Saint Pantaleon, entre ellos Pello Bilbao, Igor Arrieta y Carlos Verona, salvando los muebles nacionales en este Giro maldito para España desde la caída inicial de Mikel Landa.

Pero ya en el Col de Joux, más de 15 kilómetros casi al 8% de media, se intuyó que pocos de los escapados llegarían a meta. Coronó Nicolas Prodhomme (a él le aguardaba la gloria), que pugnó con Verona y Tiberi hasta casi el final. Pero los que se juegan el rosa afilaban el colmillo. Hubo algún amago de Pellizzari (quien se fue al suelo después, en la misma recta de meta) y otro de Carapaz, pero todo se iba a decidir en la primera subida de la Corsa Rosa a Antagnod.

Ahí, sin embargo, reinó la calma hasta casi el final, dominando el UAE con Majka. Cuando los dos latinos del Giro dejaron al resto y se citaron para el sábado.

Las últimas pedaladas de Castroviejo, el gran gregario español: 20 grandes vueltas, un solo abandono y el “corazón lleno”

Actualizado Jueves, 29 mayo 2025 - 22:09

En la calurosa mañana de Morbegno, en el valle de Valtellina,Jonathan Castroviejo se dispone a atender a los medios en zona mixta. Pero, de súbito, algo escucha en su pinganillo y se pone alerta. Le reclaman justo antes del comienzo de la etapa. No hay nada en el Ineos Grenadiers que no pase por él, el gran kapo, esa figura única en el pelotón. Castro corre a la llamada. Hasta el último día al servicio de los demás. Le quedan cuatro días en su 20ª gran vuelta. Sólo una vez abandonó. Luego dirá adiós con la sensación del deber cumplido y se podrá entregar por fin a sus tres hijos.

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Al de Getxo, 38 años, 18 de profesional desde que dio el salto con el Orbea -se formó en el club Punta Galea-, se le vienen los días plenos a la memoria. En su primera Vuelta, ya con el Movistar, llevó al equipo hasta la victoria en la crono inaugural de Pamplona. Ahí, contra el reloj, ha sido uno de los más grandes de la historia nacional. Sus 11 triunfos llegaron en la especialidad, seis campeonatos de España, uno europeo, un bronce en el Mundial de Doha, un prólogo en Romandía... Le queda la espina del triunfo en una etapa en ruta y eso que lo rozó, un segundo puesto de etapa en el Tour (2022), otro en el Giro (2020) y otro en la Vuelta (2016).

Pero es que Castro siempre estuvo para los demás. Todavía lo está, de hecho. Ahora la sombra de Egan Bernal. La ascendencia sobre las perlas del equipo británico, Tarling, Joshua Turner... que le admiran y le escuchan. Sus consejos sobre nutrición, sobre posicionamiento en carrera. Con el propio Bernal ganó un Tour, el de 2019. También el Giro del 21. Inseparables. "En la tercera semana de una grande es donde más puedo enseñar. Ellos aprenden mucho", explica.

Antes había conquistado la Grande Boucle en el Sky con Geraint Thomas (2018). «Fueron dos momentos especiales. Y la Vuelta a España que ganamos camino a Formigal con Nairo Quintana», recuerda con media sonrisa y su barba recortada.

Castroviejo, con el INEOS Grenadiers.

Castroviejo, con el INEOS Grenadiers.INEOSMUNDO

Pero la vida ciclista no perdona. «Ya este año me ha costado mucho toda la preparación, la conciliación familiar...», protesta. Estos últimos días Castroviejo todavía deja algún alarde. Porque se encuentra pleno. «Ha ido a más en el Giro, al principio le faltaba chispa. Su terreno predilecto han terminado siendo las subidas largas. Ha enfilado el pelotón varias veces para los ataques de Egan», recuerdan desde su entorno. Y él bromea: «El físico va cambiando. Con los años uno es más diésel, el metabolismo es más lento. La gente joven tiene más chispa. Pero me llevo muy bien con todos». Lo volverá a hacer hoy y el sábado, con ese pedalear tan redondo, siempre buscando en la aerodinámica los vatios extra. «Por suerte el físico me está acompañando, no voy mal y puedo disfrutar de estos últimos días», pronuncia. No estará en el Tour ni en la Vuelta, salvo cambios de última hora en Ineos. Buscará lugares desde donde despedirse sin llamar mucho la atención, como siempre hizo en una carrera de admirar. "Me gustaría correr más tranquilo, intentar disfrutar. El calendario está por definir", asegura.

«El ciclismo me lo ha dado todo: enseñanzas, amistades, retos, y momentos que llevaré conmigo para siempre. Me voy con el corazón lleno de gratitud», se despidió hace unos días, cuando hizo oficial su retirada.