Quique Llopis consigue en el Mundial indoor la medalla que le consagra: plata en el 60 vallas

Quique Llopis consigue en el Mundial indoor la medalla que le consagra: plata en el 60 vallas

Esta vez su rostro en los tacos de salida, calle 2, era ligeramente diferente. Un leve asentimiento, la seriedad habitual, más determinación. Había una maldición que liquidar y Quique Llopis sabía que en Torun podía ocurrir. Y lo logró, en una final increíblemente igualada, la plata mundial bajo techo que le consagra. Sólo el polaco Jakub Szymanski (7,40) fue más rápido que el valenciano, que, como temía y como estaba dispuesto, tuvo que rebajar (otra vez) el récord de España para conseguir la medalla. Un 7,42 para la historia.

Llopis acudía a Torun respaldado por su apabullante regularidad y por «el mejor momento de forma» de su carrera a sus 25 años. Un vallista que es una garantía, aunque le esquivara la gloria de los podios: cuarto en los Juegos de París, cuarto en el Mundial de Tokio y cuarto en Mundial de pista cubierta de Glasgow. En el Campeonato de España, hace unos días, se volvió a colgar el oro y, antes, en Gallur y en Lievin, clavó por dos veces el 7,45, plusmarca nacional. Hasta este sábado.

Llopis, durante el 60 vallas del Mundial indoor de Torun.

Llopis, durante el 60 vallas del Mundial indoor de Torun.Petr David JosekAP

Con el Europeo de Birmingham de agosto en mente (ya fue plata en el último, en Roma), allá donde los 110 metros le benefician al despliegue de sus 190 centímetros, el valenciano no deja de pulir detalles. Trabajando en la biomecánica, en el estudio del vídeo para "medir todo en busca del error" y hasta en los tacos de salida. Junto a su entrenador, Toni Puig, descubrieron que tendía a invadir la calle derecha, peligro mortal en una final, por lo que desplazaron el punto de partida "hasta un palmo".

El valenciano de Bellreguard fue avanzando con su seguridad habitual. En semifinales, allá donde su colega Asier Martínez no pudo clasificarse (quedó quinto con 7,62), él volvió a rozar el récord de España (7,46), pese a algún problema con la primera valla.

Y en la final, el favorito Trey Cunningham, que había corrido unos minutos antes en 7,35 sólo pudo colgarse el bronce, igualado con el jamaicano Demario Prince. Por detrás del local Szymanski y del genial Quique Llopis, la segunda plata de España en un sábado para no olvidar. La medalla de Llopis es la segunda de España en la especialidad, 41 años después de la de Javier Moracho, también plata.

"Estoy en una nube. Por fin hemos conseguido una medalla a nivel mundial, que siempre se nos resistía y ya la tenemos", celebró Llopis desde Torun en los medios de la Federación. "Han sido tres carreras en un día. Por la mañana he sentido una pequeña molestia en el pie y la hemos arrastrado durante las tres carreras. En la final estaba anestesiado y prácticamente ya no sentía nada", confirmó.

Markel, Paula, David y Blanca y los secretos de una plata mundial para la historia: "¡Cuántas hostias!"

Markel, Paula, David y Blanca y los secretos de una plata mundial para la historia: “¡Cuántas hostias!”

La plata de la España plural. Un chico de Sopelana, un pacense nacido en Alcorcón, una manchega de La Solana y una madrileña de Majadahonda. Markel Fernández, campeón nacional indoor, con sus heridas en el muslo y los mareos que ni celebrar le dejaban. David Fernández Zurita, que se reivindicaba: "No he sido tan cagón como en el 400 individual". Paula Sevilla, la experiencia de ir "paso a paso", recibiendo el testigo en la última posición, dejando atrás el caos de la aparatosa caída que arruinó a Estados Unidos y Países Bajos. Y Blanca Hervás, bellísimas zancadas, sonrisa magnética en la meta, generosa ella, pues en un rato disputaría una final mundial, nada menos, la primera de su vida. Y prefirió el frenesí al descanso.

Para saber más

La medalla mundial en el estreno del relevo mixto 4x400 bajo techo, Torun ya para siempre en la memoria colectiva del atletismo español. La plata de la España solidaria, de la España valiente, de la España sufridora. Y de la España metódica, porque detrás de la Historia está el trabajo en la sombra, ese Plan Nacional de Relevos, donde tres técnicos que merecen mención (Antonio Puig, Esther Lahoz y Berni Domínguez), elaboran como orfebres desde hace años el salto enorme del relevo español. Que ya se traduce en éxitos.

Con su melena canosa, Puig arengaba al colectivo en las entrañas del Kujawsko-Pomorska Arena. "Todos positivos, en la cámara de llamadas es donde se ganan las medallas. Disfrutad ahí dentro", espoleaba en el corrillo, donde no sólo estaban los cuatro titulares (los cuatro que compitieron en las semifinales del individual, decisión pensada), también Gerson Pozo, Rocío Arroyo, Carmen Avilés, Daniela Fra y Ana Prieto, los que se quedaron fuera. Ellas, este domingo, buscarán repetir gesta en el 4x400 femenino, siguiendo la estela de las Golden Bubbles, que el pasado año se proclamaron campeonas en el World Athletics Relays de Guangzhou.

Zurita y Blanca Hervás se abrazan tras lograr la plata en el relevo mixto 4x400.

Zurita y Blanca Hervás se abrazan tras lograr la plata en el relevo mixto 4x400.Petr David JosekAP

"¡Cuántas hostias!", gritaba después desde la tribuna Fra, alucinando con la norteamericana que completó su posta sin zapatilla. Porque, si algo marcó la carrera, fue el enganchón tremendo que se produjo en el primer relevo, por los aires los atletas por la imprudencia, después sancionada, de Jamaica (fue descalificada y perdió el bronce en favor de Polonia). En ese primer 400 España iba última, perjudicada por partir desde la calle 1, con un Fernández (47,76) enredado en choques, ahí sus "heridas de guerra". "Ese cambio está estrenado", se congratulaban las compañeras cuando, limpísimos, los españoles salieron bien parados y Paula Sevilla, esquivando el incidente, la veterana del cuarteto, se lanzó a por todas (52.05). De repente, con dos rivales menos.

Valiente fue García Zurita (46,09), quien dejó todo listo para Blanca Hervás (51.06), una atleta que crece a zancadas. Con "cabeza y calma", siguiendo los consejos de Puig, la madrileña, formada en la Universidad de Florida (aunque no guarda los mejores recuerdos deportivos de allí), aguardó a rebufo de la jamaicana Leah Anderson, lejos ya la belga Helena Ponette, contundente oro. Y en la recta de meta, un acelerón hacia la gloria. "Se la va a comer", anticipaban sus compañeras.

España pulverizó el récord de España (3:16.96, mejorando los 3:17.12 logrados en el Europeo de Apeldoorn). Y España, en los rostros de juventud y ambición de Markel, Paula, David y Blanca, conquistó la segunda medalla mundial en pista cubierta para un relevo español. En Belgrado 2022, el masculino 4x400 compuesto por Bruno Hortelano, Iñaki Canal, Manuel Guijarro y Bernat Erta también consiguió la medalla de plata.

España logra una histórica plata en el estreno mundial del relevo mixto 4x400

España logra una histórica plata en el estreno mundial del relevo mixto 4×400

Era la gran baza oculta del atletismo español para el Campeonato del Mundo de pista cubierta de Torun (Polonia). El estreno del 4x400 mixto, una especialidad donde España evoluciona con pasos de gigante. Un final directa, los seis mejores. Entre ellos Markel Fernández, Paula Sevilla, David García Zurita y Blanca Hervás. Pletóricos los cuatro, plata tras Bélgica, con una marca que es el nuevo récord de España.

El 3:16.96 rebaja el 3:17.12 del Europeo de Apeldoorn 2025. Un tiempo que vale una medalla por sí solo, aunque se vio favorecido por el tropezón en el primer relevo que llevó al suelo a los relevistas de Estados Unidos y Países Bajos, con Jamaica como culpable del incidente (fue descalificado posteriormente y su bronce pasó a Polonia).

Momento de la caída en el 4x400 mixto.

Momento de la caída en el 4x400 mixto.Petr David JosekAP

Markel Fernández corrió en 47.76 y fue después Paula Sevilla, con dos rivales ya descolgados, la que empezó a dibujar la medalla (52.05). Cumplió David García Zurita (46.09) y remató, extraordinaria, Blanca Hervás. Ella, generosa para competir pese a que esta tarde deberá disputar también su primera final en un Mundial (la de 400), compitió con velocidad y cabeza. Lejos la belga Helena Ponette, no perdió el pie de la jamaicana, a la que adelantó con una sonrisa unos metros antes de la línea de meta (51.06).

Bélgica, oro, logró el récord del campeonato (3:15.60).

El Real Madrid cae con polémica en un ajustadísimo duelo en Kaunas

El Real Madrid cae con polémica en un ajustadísimo duelo en Kaunas

Cuando Sylvain Francisco, un pequeño demonio francés que en Manresa vio como su carrera se disparaba, se metió en la defensa del Real Madrid para jugarse la última posesión con el marcador tan igualado como lo había estado toda la noche en Kaunas, ni él mismo esperaba que esa caída hacia adelante con Tavares enfrente iba a ser premiada con falta. Scariolo estalló -"No me preguntéis por la última jugada, porque estoy sin palabras. Absolutamente sin palabras", dijo después en sala de prensa-, Llull protestó, pero le dio igual a los blancos, desplumados en el Zalgirio Arena, pues Hezonja, errático todo el duelo pese a sus 18 puntos, falló después el triple final. [87-85: Narración y estadísticas]

Una derrota polémica y dolorosa, pero otra derrota fuera de casa al fin y al cabo. La 11ª en 16 partidos para un Real Madrid que no arregla su asignatura pendiente en Europa y le puede terminar costando caro. Cayó por causas ajenas y propias también: falló sus últimos seis triples y tres canastas y apenas metió dos tiros libres en los últimos cuatro minutos. Desperdició, en fin, una estupenda oportunidad de ir encarrilando acabar entre los cuatro primeros y gozar de factor cancha en cuartos de final.

La Euroliga toma temperatura, se acerca la hora de la verdad, y como un puñado de sprinters en la recta de meta, se rifan los codos y la tensión. Kaunas, plaza feroz, resultó una batalla enorme para el Real Madrid. Un duelo de esos que hablan del carácter, que van más allá de lo técnico o lo táctico, y en el que los blancos, que acumulaban cuatro victorias seguidas en Europa y unas recobradas sensaciones tras el bajón de la Copa, volvieron a las andadas, achicados en los últimos minutos.

Ya fue una primera mitad de puro dinamismo. De dureza pero también de acierto. Un golpe a golpe que mostraba el carácter del Real Madrid en el siempre caldeado ambiente del Zalgirio Arena, pero también su floja defensa, incapaz de frenar la electricidad de Sylvain Francisco. En esa igualdad, con altísimos porcentajes desde el perímetro, en los blancos fueron apareciendo nombres propios. De inicio, Okeke, autor de los ochos primeros puntos. Después, Hezonja. Y para poner la firma final, con dos triples tan imprevisibles como él mismo -uno sobre la bocina y el otro a tabla-, el infinito Llull. Y, siempre, Tavares (10 puntos y cuatro rebotes en la primera mitad).

A la vuelta siguió la intensidad. Todo impresionantemente ajustado. Pequeños tirones de unos respondidos inmediatamente por el otro. Como si jugaran enganchados con una goma. En el minuto 34 se habían producido ya 15 cambios de liderato en el marcador (iba a ver un par más, mortales para el Madrid). El Zalgiris era pura imprevisibilidad y el rebote ofensivo su aliado. Cuando la cosa bajaba pulsaciones, era el momento del Madrid, de Deck y de Maledon.

Emergió Hezonja, su primer triple a falta de cuatro minutos. Tuvo a continuación el Madrid un puñado de posesiones para casi sentenciar, pero le falló la puntería. Y se fue viniendo abajo. Un par de mates del impresionante Moses Wright, ese pívot que anhela el Barça, dos tiros libres de Maledon... En la penúltima posesión, no acertó Campazzo y Francisco se la jugó con 20 segundos. Le salió cara gracias a los árbitros y al Madrid cara de circunstancias.

El insospechado resurgir de Eusebio Cáceres: «He estado muchísimo tiempo sin saber saltar, me pegaba con el foso»

El insospechado resurgir de Eusebio Cáceres: «He estado muchísimo tiempo sin saber saltar, me pegaba con el foso»

«Tengo la sensación de ir un poco de novatillo», avanza Eusebio Cáceres (Onil, 1991) en los preámbulos de una entrevista en la que él mismo entra en materia antes incluso de empezar: «Es que he descubierto la técnica que me está ayudando a saltar otra vez. No hace ni un mes. Hace nada estaba saltando 7,60 metros...».

Para saber más

Con 34 años cumplidos, en Torun será la 27ª internacionalidad del Saltamontes de Onil. Aquel apodo que bautizó a un chico que era un filón, una promesa como no se recordaba, subcampeón mundial juvenil. Un atleta que enredó en su propio laberinto, estancado por dolencias y lesiones, en marcas que en vez de avanzar, retrocedían. Vueltas por lugares de entrenamiento, por los mejores técnicos -desde hace unos meses está con el gurú Iván Pedroso- y quizá ya nadie esperaba a Eusebio. Que siguió persiguiendo el salto de una vida, tantas veces a centímetros de la gloria (cuarto en unos Juegos y en un Mundial).

Y, de repente, hace unos días, un 8,19 para proclamarse, por octava vez, campeón de España indoor. Nunca había saltado tanto bajo techo, su mejor marca global desde 2019. Un penúltimo baile que merece una explicación antes de acudir a Torun con una mezcla de prudencia por el poco tiempo que lleva con los cambios técnicos y la ambición que siempre le caracterizó. «He estado muchísimo tiempo sin saber saltar, me pegaba con el foso», resume.

Pregunta. Cuente, ¿qué es eso que ha encontrado?

Respuesta. He estado con entrenadores muy buenos. Y todos tienen su método, pero al final se parece todo mucho técnicamente. La sensación es que todos coincidían y que el problema no era de la técnica en sí, sino mío, un problema natural, por decirlo así, de una lesión que tengo en la espalda, un poco torcida. Y tengo que hacer una alineación, forzarlo muchísimo. Algo que me resulta muy incómodo, una retroversión antinatural.

Cáceres, en el podio del Campeonato de España de atletismo.

Cáceres, en el podio del Campeonato de España de atletismo.RFEA

P. ¿Y cómo lo descubrió?

R. A base de introspección. Viendo vídeos del pasado. Recordando las sensaciones que he tenido durante toda mi vida, de saltos que no he chocado, de momentos en los que he visto que el salto salía y sin embargo se perdía la velocidad. También ha sido un poco de prueba y error. Al final he conseguido esa posición donde aprovecho toda la velocidad, ese salto que ha estado durmiendo tanto tiempo. He dado con la tecla.

P. ¿Siente que ha vuelto a sus inicios?

R. Sí y no. Porque esa naturalidad que tenía antes se perdió por la lesión y ahora lo estoy forzando muchísimo. Una lesión que está en la conexión de la espalda a la cadera, se llama espondilolistesis. En su momento me dijeron que estaba a un nivel como para dejar el deporte. Pero yo siempre me he sentido bien en el momento en el que estoy fuerte.

P. ¿Cómo asimiló ese saltó de 8,19 en el Campeonato de España?

R. Me ha dado cierta tranquilidad. Siempre he sido muy pesado, siempre he pensado que era capaz de hacer saltos buenos. Yo sabía que tenía que haber alguna manera de recuperar las sensaciones.

P. ¿Llegó a desesperar?

R. Ha habido momentos de todo. No voy a decir que ha sido fácil, todo lo contrario. Tampoco voy a decir que ahora porque me esté saliendo haya valido la pena. Hubo muchos momentos muy malos, muy buenos y hay que tirar para adelante con todo. En mi caso, yo no hago esto simplemente por ambición, sino porque me gusta, me encanta competir, me encanta darlo todo, me encanta entrenar.

Eusebio Cáceres.

Eusebio Cáceres.EFE

P. ¿Siente que la gente dudó?

R. Que la gente tenga dudas y demás es algo lógico. Es decir, nadie está tanto tiempo, ni siquiera uno mismo, aguantando, pensando que es capaz de volver a tener una sensación que tenía hace 12 o 13 años.

P. Ocho años después vuelve a un Mundial indoor. ¿Qué espera de Torun?

R. El nivel está muy alto. Tentoglou ha saltado 8,50 en varios Mundiales. El búlgaro [Saraboyukov] ha hecho 45, el italiano [Furlani], 40. Ahí van a estar las medallas. Yo estoy entrenando de esta manera un mes, queda mucho por pulir. Es una manera de correr y saltar muy forzada. Todo esto es lo que tengo que decir, pero te puedes imaginar lo que pasar por mi cabeza. Es una final directa y voy a por todas.

P. ¿Se acostumbró a que le mencionen siempre eso de los cuartos puestos?

R. [Ríe] Es normal. Si he quedado cuarto es porque los demás fueron mejores, por un centímetro o por 20.

P. ¿Con el paso de los años, cambió mucho sus rutinas?

R. Sí y no. Tengo simplemente más conocimientos, pero la idea y la ambición es prácticamente la misma. Me siento igual que con 20 años, igual de tontico, de querer ir a por todas.

Attaoui, Llopis y alguna sorpresa: las opciones de España en el Mundial indoor de Torun

Attaoui, Llopis y alguna sorpresa: las opciones de España en el Mundial indoor de Torun

Desde Estambul 2012, hace 14 años, España no falla a su cita con las medallas en los Campeonatos del Mundo de pista cubierta. Una racha a mantener en el Kujawsko-Pomorska Arena de la polaca Torun. En la ciudad de Copernico, 22 atletas nacionales, «un equipo no demasiado amplio pero en un estado de forma excepcional», en palabras del seleccionador José Peiró, en la cita atlética más importante de 2026 junto al Europeo al aire libre de agosto en Birmingham.

Sin la presencia de la siempre proclive marcha y sin los saltadores -ni la embarazada Ana Peleteiro ni el misterioso Jordan Díaz estarán en Torun-, las opciones de España son pocas pero certeras en busca de ampliar ese palmarés indoor que presume de 45 medallas, aunque sólo tres de oro: el iniciático de Colomán Trabado en 800 metros en 1985, el de Manolo Martínez en peso en 2003 y el último, también en 800, de Mariano García hace cuatro años en Belgrado. Esta vez, dos nombres propios por encima del resto. Se codean sin complejos con la elite mundial tanto Moha Attaoui como Quique Llopis. Y, sin embargo, habitan ambos en dos especialidades que viven momentos de altísima igualdad y competitividad.

Del oro al cuarto puesto pueden moverse por una mala zancada, una táctica equivocada o el roce de una valla. O la exhibición de alguno de sus rivales. Tan plenos como el marroquí de Torrelavega, el atleta que vive y entrena en las montañas alpinas de St. Moritz a las órdenes del gurú alemán Thomas Dreissigacker -el mismo que maneja los designios de Marta García y todo el equipo OAC Europa-, que no ha firmado una gran marca invernal en el 800 (1:44.98), pero mostró poderío en el intento de récord del mundo de 1.000 metros en Gallur: se quedó a sólo 32 centésimas. Quinto en los Juegos de París y en el Mundial de Tokio, Attaoui tendrá como principales rivales al belga Eliott Crestan, al australiano Bol o al joven estadounidense Cooper Lutkenhaus. Faltan algunos de los top mundiales como Wanyonyi, Sedjati, Arop o Hoey.

Más nivel todavía en el 60 vallas. Llopis, con su regularidad y su reciente récord de España (7.45), se enfrenta a rivales que han corrido este año en 7.37: Trey Cunningham, Dyland Beard y el polaco Jakub Szymaski.

Marta García

La asombrosa Marta García peleará por otra plaza de finalista en los 3.000 metros, aunque las medallas parecen una quimera en el cielo etíope (10 de los últimos 12 oros), con Freweyni Hailu dispuesta a revalidad su título y otras grandes candidatas como Nadia Battocletti o Jessica Hull. Y Mariano García, ahora en el 1.500, ya sabe lo que es ganar un oro indoor (en 800). Experiencia y talento le sobran. El gran favorito será el portugués Isaac Nader, quien ya se separó de su entrenador español Enrique Pascual. Al murciano le convendría una carrera lenta en la que sorprender a otros pretendientes como Samuel Chapel o los estadounidenses Nathan Green y Luke Houser.

Destaca en el combinado nacional, que de Nanjing se vino con tres bronces (Canales, Diamé y Peleteiro), la escasez en los concursos, con apenas dos saltadores de longitud, Eusebio Cáceres e Irati Mitxelena. Y, sin embargo, el veterano alicantino esconde una llamativa reinvención. Un saltador que debutó como internacional hace 17 años y que disputa su tercer Mundial indoor tras Estambul 2012 y Birmingham 2018 (fue octavo). Todo, gracias a su salto de 8,19 (el mejor de siempre bajo techo) que logró en el reciente campeonato de España, su octavo título nacional a los 34 años.

El Mundial indoor de Torun, presume de algunas peculiaridades en su 21ª edición. Por ejemplo, se disputará por tercer año consecutivo tras Glasgow 2024 y Nanjing 2025. Algo insólito en una competición bienal que se debe al aplazamiento por el covid de la prueba en China en 2020. También contará con una prueba nueva, el 4x400 mixtos, un relevo en el que España, con una evolución extraordinaria en los últimos años, tiene puestas muchas esperanzas. He aquí la posible sorpresa, como en el relevo femenino de Paula Sevilla, Blanca Hervás y Rocío Arroyo, a las que se unen Carmen Avilés, Daniela Fra y Ana Prieto -con tres de las cuatro integrantes que lograron el oro en los World Athletics Relays de Guangzhou 2025.

Quique Llopis, biomecánica y horas de vídeo en busca de la centésima que le lleve al oro mundial: "Medimos todo"

Quique Llopis, biomecánica y horas de vídeo en busca de la centésima que le lleve al oro mundial: “Medimos todo”

Como un autómata en busca de la décima perdida. Quizá en los tacos de salida, o en el paso de unas de las seis vallas, en la aceleración final o en ese gesto que sólo la biomecánica desvela. El hierático Quique Llopis es desde hace tiempo un vallista de elite mundial, la gran baza del atletismo español, junto a Attaoui, para el Campeonato del Mundo de pista cubierta de este fin de semana en Torun (Polonia), para esa medalla mundial que persigue como persigue rascar tiempo a lo que parece ya imposible rebajar.

El valenciano de Bellreguard habita en una plenitud que no esquiva, «en el mejor momento de forma» de su carrera. Lo cuenta en un hotel madrileño antes de partir con la expedición hacia el desafío. Con la seguridad de quien lo siente y de a quien se lo reafirman las marcas. El invierno ha sido de buena cosecha: campeón de España en el Velódromo Luis Puig y, antes, récordman nacional con 7,45 (lo clavó dos veces, en Gallur y en Lievin), la quinta marca mundial del año... Y, sin embargo, él mismo es consciente de que no es suficiente: «Es circunstancias normales, no debería valer para una de las medallas. Pero yo creo que puedo rebajarlo y confío en sacar mi mejor versión en esa final. Si es así, nos iremos orgullosos».

La evolución del pupilo de Toni Puig, camino de los 26 años, ha sido tan constante como abrumadora. De aquella espeluznante caída en Estambul, a rozar el podio en los Juegos de París (cuarto), el Mundial de Tokio (4º) y en Mundial de pista cubierta de Glasgow (cuarto). A la medalla de chocolate -se ríe y lo valora cuando se le recuerda: «Es que quedar cuarto en unos Juegos o en un Mundial... nosotros lo vemos como un logro. No es nada fácil. Es verdad que te quedas con la espinita de estar tan cerca»-, le alivia la plata en el Europeo de Roma, en esos 110 metros que le van mejor a la potencia de sus 1,90 metros.

Llopis, celebra su victoria en la final de 60m Vallas del campeonato de España.

Llopis, celebra su victoria en la final de 60m Vallas del campeonato de España.EFE

Llopis, que sigue estudiando ADE, que los videojuegos y las series ocupan el poco tiempo de ocio que le resta, mira también el horizonte del Europeo de Birmingham en agosto, el otro gran reto. Habla de «acabar de sacar todo lo que tenemos» y de que «no firma el bronce», pero también de cómo los propios atletas valoran tan poco el camino: «Aún no has cumplido un objetivo, estás buscando otro y hay muchas veces que se te olvida todo lo que estás consiguiendo».

Pregunta. ¿En qué detalles técnicos ha enfocado su preparación?

Respuesta. En la primera fase de carrera. En la segunda valla, que es la parte que más me cuesta a mí. Es verdad que mi fase lanzada es muy buena, aunque no dejamos de trabajarla. Y después, en la mejora sobre todo de aspectos a nivel de distancias de zancadas hasta la primera valla.

P. Correcciones milimétricas.

R. Así es. Medimos todo para saber dónde está el error. Yo soy partidario de que todo lo que no se puede medir no se puede mejorar. Igual hacemos muy largas las primeras zancadas o muy largas las últimas, entonces en base a ello trazamos un plan y vamos mejorando. Son muchas horas de vídeo, grabamos todos los entrenamientos, todas las series. Especialmente, estuvimos unos cuantos días con los biomecánicos en el CAR de Barcelona y nos sacaban datos de todo tipo. Nos vinieron de maravilla.

Quique Llopis posa para EL MUNDO:

Quique Llopis posa para EL MUNDO:Sergio Enriquez Nistal

P. Han detectado problemas al invadir parte de la calle derecha. Un fallo que podría ser fatal.

R. Sí. Es que me he echo un poco para el lado contrario. En los entrenamientos estoy intentando ser consciente de ello a la hora de correr, porque eso obviamente en competición es más difícil estar pendiente de ir en línea recta. Hemos movido los tacos de salida, igual un palmo entero a la izquierda. Especialmente si la persona que tengo a mi lado corre en la parte opuesta de mi calle: si corre por la izquierda, yo me voy a la derecha.

P. En su prueba, ¿se puede calibrar cuánto de importante es el tema mental, el físico y el técnico?

R. Es todo un conjunto. Si no tienes la cabeza, por mucho que tengas el físico no vas a correr. Al contrario también.

Quique habla del nivel de sus rivales, "de los americanos", "especialmente Trey Cunningham... Y Szymanski, que es el polaco. Hay tres chicos con 7,37...". Y reflexiona sobre la presión, sobre esa medalla a nivel mundial que le falta a su palmarés. Que quizá merece. "Pues sí, sería algo que creo que algún día acabaré consiguiendo. Ojalá sea ya este fin de semana, en este campeonato del mundo. Pero bueno, en caso de no conseguirlo, seguiremos luchando e iremos a por la próxima", valora. Porque, aunque no lo parezca por su rostro inexpresivo, Llopis también siente el cosquilleo por dentro antes de la hora de la verdad. "A ver, te aseguro que luego a la hora de competir, a la hora de estar en cámara de llamadas, hay nervios, obviamente. Pero son nervios siempre muy buenos, de ganas de salir a correr. Siempre hay que tenerlos", apunta quien no tiene rituales ni manías: "No hago nunca nada especial".

La repentina y preocupante crisis del Barça: "Nos hemos venido abajo"

La repentina y preocupante crisis del Barça: “Nos hemos venido abajo”

Cuando Xavi Pascual, una década después, volvió al Palau Blaugrana allá por noviembre, fue como abrir una puerta al optimismo. Acababa la gris era de Joan Peñarroya y, como un aluvión, regresó al Barça la esperanza. Y, sobre todo, las victorias, con los mismos mimbres. Hasta al Real Madrid, con el que sumaban nueve tropiezos de carrerilla, lograron tumbar en el Palacio. Fueron 19 en sus 22 primeros partidos (incluidas las tres con el interino Óscar Orellana) y ni parecía importar la falta de apuesta económica del club, la política cero de fichajes que la directiva dejó bien claro al de Gavà durante la negociación para su retorno.

Pero aquel éxtasis se topó de lleno con la realidad. Las lesiones fueron palos en las ruedas de la inercia de Pascual. A la Copa del Rey se plantó bajo mínimos y apenas la recuperación milagrosa de Kevin Punter le rescató de no caer a las primeras de cambio contra UCAM Murcia. Tampoco duró demasiado la alegría, fue el Baskonia en semifinales quien le eliminó. Sigue sin ganar un título y ya han transcurrido casi tres años.

La semana pasada se confirmaba otra baja capital. Nico Laprovittola seguramente no volverá a jugar esta temporada. «Si queremos ganar, todo el mundo tiene que querer ganar», deslizó Pascual tras el inconveniente, mirando hacia arriba en un club en pleno proceso electoral. Pero si el técnico que ya ganara la Euroliga de 2010 en su anterior etapa (entre otros muchos títulos), pensaba que con el renovado mandato de Joan Laporta le iban a llegar refuerzos (aunque ya no podrían ser inscritos en Europa) con los que escapar del pozo, pronto ha visto sus ilusiones por los suelos. «El baloncesto, evidentemente, se tendrá que reforzar de cara el año que viene. Ya está todo previsto. También confío en que este año, el equipo remontará y luchará por los títulos que quedan», pronunció ayer mismo Joan Cubells, directivo de las canastas, en Jijantes. Quizá una ligera inyección económica para un equipo que con el paso de los años ha ido viendo como su presupuesto decaía. Y también la salida por fin de contrato de varios jugadores con un salario elevado (Satoransky, Laprovittola, Myles Cale, Miles Norris, Willy Hernangómez, Vesely y Fall).Entre los refuerzos ya suenan con fuerza nombres como el pívot Moses Wright (del Zalgiris) o el baskonista Luwawu-Cabarrot (máximo anotador de la ACB).

Porque, efectivamente, la crisis ha llegado con tanta fuerza al Barça como pareció su resurrección. Y todos los males de un equipo mal confeccionado, corto de efectivos y con demasiados años en la espalda de sus jugadores referentes, han vuelto al primer plano en el peor momento del curso.

El domingo, el Asisa Joventut -con hasta cuatro de su ex jugadores brillando: Ricky Rubio, Ante Tomic, Adam Hanga y el recién llegado Jabari Parker- le derrotó en Liga Endesa sin demasiados problemas (84-72). El Barça sigue tercero en la competición doméstica, pero empatado hasta con el séptimo y cada vez más lejos de Real Madrid y Valencia Basket. El propio Xavi Pascual dejó después del partido en el Olímpic una frase que resume su momento: «Estamos muy frágiles, está muy claro. Nos hemos venido abajo mental y emocionalmente. Nos está costando mucho salir de esta situación y hoy tampoco lo hemos hecho». Aunque, sin duda, donde las alarmas están a punto de saltar es en Europa.

Ahí, hasta clasificarse para el play in está en riesgo. Los azulgrana han perdido seis de sus últimos siete partidos y son décimos (17-14), con el Dubai Basketball y el Emporio Armani Milan pisándole los talones. Poco queda de esa defensa que asombró en el amanecer de Pascual. El resurgir de jugadores que parecían desahuciados, especialmente los pívots («es un problema que tenemos desde que volví al Barça», se sinceró el técnico tras encajar 54 puntos en la pintura ante la Penya). Y el tiempo apremia. Esta misma semana visita en Euroliga al Valencia, justo antes de una doble jornada clave con la visita al Palau de Anadolu Efes y Estrella Roja. Aunque, entre medias, el domingo, nada menos que otro clásico, esta vez liguero.

Carla Masip, la profesora de Instituto que es campeona de España de 1.500: "Mis alumnos me hicieron el pasillo al entrar en clase"

Carla Masip, la profesora de Instituto que es campeona de España de 1.500: “Mis alumnos me hicieron el pasillo al entrar en clase”

«Sé que algunos medios ya tenían preparado el titular: doblete de Marta García», confiesa sin rencor Carla Masip (Vinarós, 1997), la atleta de la que pocos habían oído hablar, la nueva campeona de España de 1.500 metros en pista cubierta, la que robó la gloria nada menos que a «la gran favorita, a la medallista europea y finalista mundial, algo impensable», el pasado 1 de marzo en el velódromo Luis Puig de Valencia.

El lunes, cuando llegó a su instituto, el Leopoldo Querol de su Vinarós natal, sus alumnos la recibieron haciéndola un pasillo de aplausos. Entre clase y clase, en vez del habitual timbre, sonó el 'We are the Champions'. Porque el lunes, la campeona, como siempre, tenía que ir «a trabajar». Carla ni siquiera es profesional. Compagina su carrera deportiva con su trabajo de profesora de Educación Física. Y así lo seguirá haciendo, salvo que... «No, no me ha llamado ninguna marca ni ningún patrocinador después del oro», resuelve.

Masip, por delante de Marta García, en el Campeonato de España de pista cubierta.

Masip, por delante de Marta García, en el Campeonato de España de pista cubierta.EFE

«Es la victoria del otro atletismo», asiente. De los que tantas veces fueron cuartos -la última vez que había subido al podio en un Campeonato de España absoluto fue en 2018, bronce-, de los que nunca pisaron un Europeo, un Mundial o unos Juegos, de los que pelearon en silencio contra las lesiones. «La progresión que tenía desde niña, que había ganado seis campeonatos de España, pues se cortó», aclara. Tras la pandemia, Carla, que empezó en el atletismo porque en el club de fútbol en el que jugaba en su pueblo no había equipo de chicas, sufrió un calvario con el tendón de Aquiles. «Estuve como año y medio intentando curarlo de todas las maneras posibles, hasta que pasé por el quirófano. Y al salir, seguía igual, con los mismos dolores. Estuve tres años sin competir. Y aproveché para sacarme las oposiciones de profesora», recuerda la Lleona del Maestrat, cuyo entrenador es Xavier Fontelles.

Tampoco esquivó las adversidades personales. Porque cuando ganó en el Luis Puig la carrera de su vida, miró al cielo, la dedicatoria a Alba Cebrián, su joven compañera de entrenamientos que murió en enero de 2024 tras sufrir un paro cardíaco. «Me costó salir de eso. Porque que fallezca una joven de 23 años entrenando, lo que llevaba haciendo desde niña... Y luego ir tú a entrenar. Era complicado, estaba todo el rato en mi cabeza. Ahora convivo con ello, porque es imposible olvidarlo», pronuncia emocionada.

Carla Masip.

Carla Masip.David GonzálezAraba

Pregunta. ¿Ha podido asimilar en estos días el oro?

Respuesta. Poco a poco. Pero cuando pienso fríamente en ello... Es que era algo impensable.

P. ¿Qué pasó por su cabeza en esos segundos de carrera?

R. A falta de 300 metros vi en la cámara del velódromo que la cuarta estaba lejos. Y yo ya estaba la mar de feliz, porque tenía el bronce asegurado. Luego vi que la que iba segunda empezaba a petar. Me dije: 'Va, intenta pasarla, lo doy todo'. Defendiendo la plata aceleré tanto que al salir de la curva vi que el oro estaba ahí. Cuando adelanté a Marta, pensaba: 'No puede ser, la estoy liando, la estoy liando'.

Carla Masip, en la puerta de su Instituto.

Carla Masip, en la puerta de su Instituto.David GonzálezAraba

P. Entiendo que llegaba en un buen momento de forma.

R. Sí. De hecho, ha sido la primera vez en toda mi trayectoria deportiva que no me he lesionado de septiembre a marzo. Ni molestias. Para mejorar hay que tener continuidad. Aunque no me había salido una gran marca.

P. ¿Sintió que había arruinado la fiesta a Marta?

R. Sí. Al principio pensé: 'Voy a ser la mujer más odiada de España después de esta carrera'. Después, hablando con gente de todo el país, te dicen que para el espectador, que ganen personas diferentes, que gane alguien que trabaja aparte de entrenar, que no lo ha tenido fácil con tantas lesiones, es algo bueno, algo de lo que se alegran.

P. ¿Qué le dijo Marta?

R. Ella es súper buena chica. Me felicitó y se alegró de que si alguien la tenía que ganar, fuera yo.

P. ¿Cómo hace para compaginar el instituto y el atletismo a ese nivel?

R. El trabajo me sirve para despejar la mente. Aunque te vaya bien o mal la competición del domingo, el lunes tienes que ir a trabajar, estar al pie del cañón. Y tengo la suerte de tener un horario que me ayuda. Y algunos alumnos que son compañeros de entrenamiento. Les digo: 'Chicos, hoy calma que mañana tengo competición. Portaos bien'. Me suelen respetar. También creo que les sirvo como inspiración, para su futuro. Muchos piensan que les vale sólo con el deporte, que no hace falta que sean buenos en los estudios. Esto les enseña que se pueden hacer muchas cosas a la vez.

P. Hasta un máster...

R. Sí. Este año estoy haciendo uno de Gestión y Dirección de empresas. El año pasado, uno de alto rendimiento. No me aburro.

El Madrid se desmelena y castiga duramente al Valencia con su propia medicina

El Madrid se desmelena y castiga duramente al Valencia con su propia medicina

Quizá fue la noche más plena que ha vivido el Palacio en la era Scariolo. Una catarsis necesaria tras todas las ampollas que levantó la Copa perdida. Una victoria contundente, redonda, espectacular. Un Madrid desmelenado. Lo sufrió el Valencia Basket, quebrado con sus propias armas. Velocidad, triples, rebotes ofensivos... todo mecido por la inmensidad de Tavares. [96-79: Narración y estadísticas]

Un Madrid-Valencia ya tiene aroma de rivalidad, cuentas pendientes y desafíos futuros. Partido grande. Escocía la reciente semifinal de Copa en el Roig Arena en los taronjas. Y, a la vez, era un aviso para los blancos, que se vieron descarrilados entonces hasta el milagro de Hezonja. Con este equipo de Pedro Martínez, cualquier atisbo de siesta significa recibir un aluvión. Juegan cada posesión como si alguien les contará hacia atrás.

Pero fue como si jugara ante un espejo. Que le quitaba el rebote, que le hería desde el perímetro. Que le sacó con agresividad y ritmo de la cancha para hasta levantarle el basket-average. Ahora, a la estela del Fenerbahçe e igualados con el Olympiacos, pugnan ambos por la segunda plaza.

La primera tarea era la de frenar de inicio todas esas señas de identidad, ahí donde acostumbra el Valencia a dispararse ya. Hace unos días el Madrid recibió 36 en el primer acto. Ahora sólo fueron 19, una labor defensiva a la altura del frenesí rival. Pero ni siquiera eso es suficiente. El triple es el as bajo la manga de los taronja. Lanzan y lanzan y acuden al rebote ofensivo como posesos. Deck y Feliz fueron los estiletes de la segunda unidad blanca y Lyles intentaba despejar las dudas por las que atraviesa.

Costello y Deck pugnan por un rebote, en el Palacio.

Costello y Deck pugnan por un rebote, en el Palacio.EFE

Pero era un toma y daca, un parcial aquí y una respuesta allá. Un Montero contra Hezonja. Antes del descanso, en esa preciosa intensidad, con Llull al frente de la diversión, fue el Madrid el que logró la primera ventaja significativa (51-43).

Le estaba dando de su propia medicina al Valencia. Triples y rebotes ofensivos. Y, a la vuelta, tenía preparada su propia emboscada. Otro zarpazo. Un 16-5 con triples, carreras y más intensidad. El Valencia, siempre cómodo al galope, no aguantaba el ritmo (67-58). Aunque logró recuperarse con un cúmulo de acciones en el final del tercer cuarto. Una precipitada decisión de Maledon, una falta inexistente al triple de Reuvers, una técnica a Scariolo...

Ese cabreo, fue acicate. Otro meneo a la noche al comienzo del acto final, triples de Deck y Lyles. Más carreras. Una ventaja creciente y unos árbitros que fallaban en casi todas las decisiones complicadas. El Madrid coral y acertado (16 triples), el del dominante Tavares, el de los 16 puntos de Hezonja y los ocho rebotes de Feliz, el de las nueve asistencias de Campazzo... borró de la noche al gran Valencia.