La intrahistoria de la revolución que pone fin a una era en el Real Madrid: del 'lasismo' y 28 títulos a Scariolo y el Chacho

La intrahistoria de la revolución que pone fin a una era en el Real Madrid: del ‘lasismo’ y 28 títulos a Scariolo y el Chacho

Fueron 11 años de lasismo, más tres de prolongación con el que fuera su asistente principal desde 2014, Chus Mateo. 15 en total desde que Juan Carlos Sánchez se hiciera cargo de una sección completamente a la deriva entonces (hasta la amenaza del cierre) y la reconstruyera para lograr lo impensable: 28 títulos, entre ellos tres Euroligas, en un trayecto ya inolvidable. Estos días acaba una era en el Real Madrid de baloncesto, tanto en los despachos como en el banquillo, con el abrupto adiós de los que han sido sus protagonistas. El reto recae ahora en las manos de Sergio Rodríguez y de Sergio Scariolo.

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Una revolución con el listón alto, fraguada a fuego lento y ejecutada radicalmente, apenas unos días después de conquistar la ACB de forma arrolladora. En la misma pista de La Fonteta, después de ganar ocho partidos de nueve en los playoffs, a Mateo, «más alivio que felicidad», le rondaba una sentencia que no era nueva para él. Fue en diciembre cuando estuvo más fuera que dentro del club. Ese fue el comienzo.

El espíritu navideño apaciguó los deseos de Florentino Pérez de echar a Mateo, enredado su equipo en un comienzo de temporada impropio (especialmente en la Euroliga), fruto también de un verano en el que los fichajes no fueron capaces de paliar las enormes pérdidas que supusieron las salidas de Poirier, Yabusele, Causeur, Rudy Fernández y el Chacho. La derrota en la final de Copa y la no clasificación para la Final Four terminaron de convencer del cambio al presidente, independientemente ya de lo que ocurriera en la ACB, donde se evitó acabar la temporada en blanco, algo que no sucedía desde 2012.

«No será la primera vez»

En esos momentos en los que Mateo confesaba sus sufrimientos, reivindicaba su labor y se postulaba sin duda a cumplir el año de contrato que le restaba, ya estaba sentenciado. Scariolo, con el que comparte representante, siempre fue el único candidato y llegar a un acuerdo con él no ha resultado difícil. Fue el lunes por la noche cuando todo se cerró y el italiano -que vuelve al club blanco 23 años después- comunicó a Elisa Aguilar su decisión de dejar la selección tras el Eurobasket (tenía contrato hasta Los Ángeles 2028). Si España llegara a la final, apenas tendría 12 días para preparar la Supercopa. «Durante un tiempo, relativamente corto, tendré que compatibilizar con el club. No será la primera vez, lo he hecho durante toda mi carrera», explicó ayer tras ofrecer la lista de convocados para el torneo continental.

Paralelamente al cambio de entrenador (Scariolo llevará su propio equipo de asistentes, previsiblemente con Luis Guil como segundo, aunque aún tiene contrato con el Palencia), se fraguó el de la dirección deportiva. Mucho más inesperada y llamativa ha sido la salida de Juan Carlos Sánchez, el hombre de máxima confianza de Florentino. Que tuvo sus luces y sombras: especialmente desagradable fue la gestión de la salida de Pablo Laso, con el que llevaba tiempo enfrentado. A Sánchez le ha acabado sentenciando un conflicto de intereses, pues su propio hijo trabaja en una conocida agencia de representación de jugadores; algunos como Hugo González o hace unos años Juan Núñez, captados en la propia cantera blanca.

Su sustituto será Sergio Rodríguez, quien desde hace meses se prepara para el cargo: completa un máster de Dirección General en el IESE Business School. A sus 39 años, uno después de retirarse precisamente en el Madrid en el que recorrió dos etapas, aplicará toda su sabiduría baloncestística y experiencia en Europa (jugó en Rusia, Italia y, por supuesto, España) y NBA (clave en esto para la nueva etapa del baloncesto continental). Y estará acompañado por Felipe Reyes en la dirección deportiva (en sustitución de Alberto Herreros).

El Real Madrid despide a Chus Mateo después de seis títulos en tres temporadas

El Real Madrid despide a Chus Mateo después de seis títulos en tres temporadas

Chus Mateo aterrizó en el banquillo del Real Madrid hace tres veranos en mitad de una desagradable batalla por la salida Pablo Laso, del que era asistente -y al que sustituyó en mitad de la semifinal ACB a causa del problema cardiaco del vitoriano, que ya no volvería-, y se va también de forma extraña apenas unos días después de conquistar de forma rotunda la Liga Endesa, el que era su sexto título en el trayecto.

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A falta de hacerse oficial, el club ya le ha comunicado su adiós, aunque ya en la misma noche del título en La Fonteta se dispararon todos los rumores. Todavía en caliente por la victoria ante el Valencia Basket, el técnico se reivindicaba a sí mismo y manifestaba su deseo de continuar y cumplir con el año de contrato que le restaba: "Voy a seguir. ¿Por qué no? Tengo contrato, me siento con ganas y con ilusión. Estoy convencido de que formaré parte del proyecto el año que viene".

No ha sido así. En el mismo vestuario Mario Hezonja calificó "de año de mierda" el curso 2024/2025 del Madrid, en el que perdió la final de Copa y no se clasificó para la Final Four de la Euroliga. Y ya parecía el futuro del técnico sentenciado.

El futuro del Real Madrid pasa ahora por Sergio Scariolo, que firmará por las próximas tres temporadas y dejará la selección española después del Eurobasket, como ha confirmado este miércoles durante el anuncio de la lista de convocados. A falta de cerrar los detalles y anunciarlo oficialmente, el italiano vuelve al Real Madrid 23 años después.

Chus Mateo, que ya trabajo en la cantera del Real Madrid de 1991 a 1999, llevaba en el club desde julio de 2014, cuando fue fichado como ayudante de Laso. En sus tres temporadas como entrenador principal ha conquistado una Euroliga, dos ACB, una Copa y dos Supercopas. También deja el club Paco Redondo, su principal asistente.

Scariolo se despide de la selección tras el Eurobasket, el "último", y pone rumbo al Real Madrid

Scariolo se despide de la selección tras el Eurobasket, el “último”, y pone rumbo al Real Madrid

Los rumores y las especulaciones las despejó Sergio Scariolo de un plumazo. Tras dar a conocer la lista para el Eurobasket, el seleccionador anunció que será "su último" torneo con la selección española. A falta de confirmación oficial, el italiano será el próximo entrenador del Real Madrid en sustitución de Chus Mateo.

"La decisión es de hace dos días (lunes por la noche). Todo ha sido extremadamente rápido. La Federación ha sido partícipe en todo momento de la realidad", aclaró después Scariolo, que no quiso todavía dar más detalles sobre su incorporación al club blanco, al que vuelve 23 años después.

Elisa Aguilar, la presidenta de la FEB, agradeció la labor de Scariolo durante estos 15 años. "Me pidió que nos reuniéramos. Había llegado el momento de dejar de ser seleccionador absoluto. No fue una buena notica. Se ha ganado el momento de decidir", pronunció. El de Brescia tenía contrato hasta los Juegos Olímpicos del 2028.

Scariolo también anunció este miércoles en la sede de Iberia en Madrid la lista de convocados que, a partir del 27 de agosto, defenderán el oro en el Eurobasket. Un equipo con pocas novedades, una prolongación de los que disputaron los pasados Juegos de París.

De aquellos 12 sólo se ausentan Rudy Fernández (retirado) y Sergio Llull, quien hace unos meses se despidió del combinado nacional. Y, además, Alex Abrines y Usman Garuba, quizá este último la gran sorpresa. También es baja Juan Núñez, operado de su rodilla, que estuvo en el Preolímpico de Valencia. Las novedades son la vuelta de Alberto Abalde (no disputa un gran torneo con España desde los Juegos de Tokio, en 2021) y Joel Parra, además del posible debut del joven Sergio de Larrea, quien completaría la rotación de bases junto a Lorenzo Brown y Alberto Díaz. También llaman la atención Eli Ndiaye y Yankuba Sima.

El resto de convocados, 14 en total, son Darío Brizuela, Xabi López-Aróstegui, Santi Yusta, Oriol Paulí y Juancho Hernangómez en los puestos de escoltas y aleros. Y Willy Hernangómez, Santi Aldama, Jaime Pradilla, Yankuba Sima y Eli Ndiaye en la pintura. Scariolo deberá hacer cinco descartes durante la gira de verano.

Garuba por "razones físicas y personales". Y Hugo González por su año de rookie en los Celtics, no han entrado en el equipo.

Alberto Abalde, durante la final de la ACB contra el Valencia.

Alberto Abalde, durante la final de la ACB contra el Valencia.Miguel Ángel PoloEFE

Los convocados se concentrarán el lunes 28 de julio en Madrid para comenzar la Gira Imperium Nostrum. Durante la fase de preparación, España pasará por Málaga, Badalona, París (Francia), Madrid y Colonia (Alemania) para disputar un total de seis partidos amistosos frente a República Checa, Portugal, Francia y Alemania, estas dos últimas selecciones por partida doble.

Una de las novedades del verano será el de la España B, un equipo de 16 jóvenes jugadores (dirigido por Jaume Ponsarnau) que trabajarán paralelamente y en completa conexión con la absoluta hasta el 7 de agosto en Málaga. Entre ellos, la mayoría en la NCAA americana, Michael Caicedo, Rubén Domínguez, Álvaro Folgueiras, Baba Miller, Great Osobor o Rafa Villar. Izan Almansa, Mario Saint-Supery y Aday Mara no podrán estar por diferentes cuestiones burocráticas con sus equipos.

Alba Torrens y la revolución

Alba Torrens y la revolución

Duelen las lágrimas, pero qué diferentes. Hace un año, en el Bercy Arena de París, Alba Torrens, ojos enrojecidos, abrazos de cariño y tristeza aquí y allá, mostraba una de esas derrotas que rompen el corazón, en cuartos de final de los Juegos, también Bélgica. "No en caliente", se concedió, lo que parecía tan obvio, su adiós a la selección. Ya en frío, el paso de los meses, la responsabilidad. Camino de los 36 años, el premio, su décima medalla con España. No se puede decir que sea la más asombrosa, aunque haya sido en mitad de un acelerado y casi obligado relevo generacional, con bajas a puñados (más la de Iyana Martín durante el torneo), cinco jóvenes debutantes y sin jugadora nacionalizada. ¿Cuál de todas las medallas fue la más insospechada, la más alucinante?

Alba es el paradigma de lo que Laia Palau bautizó como "la revolución". Hasta 2001, apenas un oro como un oasis, su plata de Los Ángeles, el de Perugia 1993. En 24 años desde entonces, 17 medallas, entre ellas, tres oros continentales más, una plata mundial y la plata olímpica en Río. Ayer Italia se colgó el bronce en el Pireo, habían pasado 30 años de su último éxito. Para poner en perspectiva.

La revolución es luchar contra molinos, siempre en inferioridad física. Es la garra, el esfuerzo, la solidaridad y, especialmente, el compromiso. La Familia. El trabajo de la Federación con las categorías de formación y la Liga. Es no darse "por satisfechas", como pedía en la previa Miguel Méndez, pese a que el ogro Meesseman estuviera de nuevo enfrente. ¿Pero es que las francesas no son más altas y más fuertes?

La revolución es levantarse tras golpes que pueden destruir imperios, que los hubo en el trayecto. El décimo puesto en Eurobasket 2011 que dejó sin billete para los Juegos de Londres. La vuelta, 2013, fue el oro en Orchies. O el más reciente, el que parecía poner fin a una época, el séptimo puesto en el Eurobasket patrio de Valencia, dolor infinito y adiós al Mundial. La vuelta han sido dos platas más. La revolución son 157.432 licencias (y subiendo cada año), el deporte femenino español, de largo, con más. Casi 50.000 más que el fútbol, goleada pese a todo. La revolución es una mujer, Elisa Aguilar, presidenta de la Federación, rareza absoluta y maravillosa en el deporte español.

Que la crueldad del desenlace en Atenas no empañe la realidad. La herencia es la enormidad de Raquel Carrera, el poderío de Awa Fam, el descaro de Ayna Ayuso, el talento y la calma de Helena Pueyo. Y las lágrimas de quien pierde con un amor propio infinito. Eso también es la revolución.

El Real Madrid, un campeón desde la lona: "la mierda de año que hemos hecho", el adiós de Musa y dos descubrimientos para la esperanza

El Real Madrid, un campeón desde la lona: “la mierda de año que hemos hecho”, el adiós de Musa y dos descubrimientos para la esperanza

Más que euforia, en la Fonteta lo que se percibía era alivio. No habían pasado ni cinco minutos de conquistar su sexto título en tres años y a Chus Mateo ya le estaban cuestionando sobre su futuro. Y el propio entrenador, emocionado, reconocía eso. "Más que alegría siento alivio", dijo y añadió: "Yo sufro mucho". Poco después Dzanan Musa admitía que había sido su último partido con el Real Madrid (destino Dubai) y Mario Hezonja, tan irrefrenable ante los micrófonos como en la pista, fue un poco más allá: "Este título no justifica la mierda de año que hemos hecho".

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El "año de mierda", con colofón en la segunda ACB consecutiva, tuvo de todo. Más episodios negativos que positivos, muchas "caídas en la lona", pero un desenlace al fin esperanzador para un colectivo que vio en la propia final a dos de sus fichajes, Andrés Feliz y Bruno Fernando, brillar.

El espíritu navideño había salvado a Chus Mateo, enredado su equipo en un comienzo de temporada impropio. Seis derrotas y cuatro victorias en Euroliga, incapaces de ganar a nadie lejos del Palacio hasta que visitaron el Palau allá por finales de noviembre. Después de eso llegaron tres derrotas seguidas (en Villeurbanne y en casa contra Fenerbahçe y Zalgiris) que dejaron bien tocado al técnico, al que se le buscó sustituto, sobrevolando con fuerza la opción Sergio Scariolo.

Fue la primera vez que el Real Madrid ahora flamante campeón ACB se levantó de la lona. No la última en una temporada que ha terminado resultando una prueba de resistencia. El equipo, pese a los golpes, no se resquebrajó. "En el Madrid no es fácil. Cuando no ganas parece que no has hecho tu trabajo", se reivindicaba en Valencia el técnico.

El siguiente palo, duro, llegó en febrero. Allí, en la Copa de Gran Canaria, el Unicaja, como ya hiciera en la final de la Supercopa, birló el título a los blancos. Que ya habían empezado a corregir en el mercado los desajustes de un verano fallido, origen del problema. En la temporada del adiós (irremplazables) de Rudy Fernández, Sergio Rodríguez, Fabien Causeur, Vincent Poirier y Yerschon Yabusele (este último sin mucho aviso, tras los Juegos en los que brilló con Francia, camino de la NBA), los refuerzos no estuvieron a la altura. De todos ellos, sólo el renacido Andrés Feliz, una de las mejores noticias de la temporada, paradigma del empeño y la fortaleza mental, y por supuesto Usman Garuba, han logrado demostrar que son jugadores a la altura del Madrid (no Rathan-Mayes ni Ibaka).

Fue tras la Copa cuando el equipo mostró, al fin, lo que de él se esperaba. La "paciencia" que tanto reclamó Mateo en un curso diferente empezaba a surtir efecto. Si bien el extraño fichaje de Dennis Smith Jr. fue un fracaso total, Bruno Fernando, con sus luces y sombras en su adaptación, resultó importante en la pintura. Campazzo (MVP de la final) recuperó su versión más fiera tras "dos meses raros" y también Tavares dio un paso al frente. En Liga enhebró 22 triunfos seguidos para acabar, sobrado, en lo más alto de la temporada regular.

Chus Mateo, durante el tercer partido.

Chus Mateo, durante el tercer partido.Miguel Ángel PoloEFE

Y, sin embargo, le iba a llegar otro mazazo, fruto de los errores pasados, que le condenaron a un cruce mortal contra el Olympiacos en cuartos de la Euroliga tras superar el susto del play-in. Contra los griegos, quizá el equipo más sólido y peligroso del curso en Europa (hasta su accidente en la Final Four), el Madrid dio la cara, compitió, pero no le dio para viaja a Abu Dhabi.

Sobrevolaba entonces la amenaza de la temporada en blanco, algo casi olvidado en un club que viene de sus mejores años, algo que no sucedía desde 2011. Y, ahí el mérito de Chus Mateo y sus jugadores, todos esos golpes fueron utilizados para llegar como nunca a los playoffs ACB, donde han superado todos los obstáculos con su mejor versión de la temporada. Al peligroso Baskonia, al potente Unicaja (con el que perdieron el único partido) y, finalmente, ante un Valencia al que anularon defensivamente y apenas dieron algo de resquicio en el segundo envite.

"Esto no es suficiente cuando llevas la camiseta del Madrid. Hay que sentarse en la oficina y hablar del futuro de todos. Esto no se puede repetir", desafío Hezonja, en plan capitán. De momento, el francés Theo Maledon es el primer refuerzo.

El Real Madrid más sólido y coral despide la Fonteta conquistando su 38ª Liga

El Real Madrid más sólido y coral despide la Fonteta conquistando su 38ª Liga

En la misma Fonteta que ocho años atrás había comprobado el éxtasis de la primera ACB del Valencia Basket y una de las mayores afrentas sufridas por el Madrid en los últimos tiempos, en la Fonteta que anoche se despidió para siempre del baloncesto después de 37 temporadas taronjas (a unos metros aguarda a su estreno el impresionante Roig Arena), el equipo de Chus Mateo alzó su Liga número 38, la segunda consecutiva, la tercera en cuatro años, para reivindicar a un colectivo sobre el que pendía la amenaza del año en blanco. [70-81: Narración y estadísticas]

Lo logró con un contundente 3-0 en la final, sin resquicio ni opción para el Valencia de Pedro Martínez y su juego frenético, completamente apagado en la final por un Madrid sólido como una roca, otro recital defensivo que dejó en 70 puntos a los que no es raro que pasen de 100. Un Madrid que no tuvo un héroe y sí muchos esta vez, mérito de un Chus Mateo que terminó logrando lo que no tuvo a principio de curso, una rotación amplia y de garantías. Y así, protagonistas de la final fueron Andrés Feliz o Bruno Fernando. Y no tanto pero también Hezonja (16 puntos y nueve rebotes), Campazzo, Llull, Tavares o un Musa que pudo jugar su último partido de blanco.

Al Valencia le sobró ímpetu y le faltó concentración y pausa defensiva. También acierto. Mucho (2 de 15 en triples en la segunda parte). Le ocurrió en el arranque y después. Lo emocional se agolpaba en la Fonteta, también el calentón del error arbitral en su contra en los minutos decisivos del segundo round. Y el Madrid, experto en estos terrenos y ambientes, fue todo lo contrario. Bajó la temperatura al juego, impuso la intimidación de Tavares y empezó a herir ofensivamente con demasiada facilidad. Su despliegue no iba a resultar brillante, pero sí muy efectivo.

Bien temprano se hizo con eso que llaman el tempo del choque. Dos triples de Llull estiraron la ventaja en el amanecer y el segundo dos más uno de Bruno Fernando, especialmente acertado e incisivo el angoleño -también en defensa con sus tapones-, pusieron la máxima por entonces (19-29). Ocurrió justo después de una antideportiva de Llull a la que siguió una técnica en la tangana para Garuba. Una primera alarma roja que el Valencia logró apagar antes del descanso, espoleados por Puerto y López Aróstegui. Un triple final, sobre la misma bocina, del alero vasco llevó incluso con ventaja a los locales a los vestuarios (40-39).

Bruno Fernando, ante el Valencia Basket.

Bruno Fernando, ante el Valencia Basket.ACB Photo

El Madrid había echado de menos el protagonismo de Campazzo y Tavares, apenas un punto entre la pareja que no deja de ser el pilar de su baloncesto. Y de más sus pérdidas y sobre todo los rebotes ofensivos del Valencia.

Pero todo eso se iba a solucionar de un plumazo a la vuelta, cuando el Facu arrancó como mejor rinde, ritmo de vértigo para un tremendo 0-15 que dejó helada a la Fonteta y también a Pedro Martínez, quien tardó de más en parar el parcial con un tiempo muerto. Se estrenó Campazzo y también Tavares, ya en la batalla. En apenas tres minutos, al Valencia se le había plantado una montaña delante.

Llull celebra una de sus canastas, en la Fonteta.

Llull celebra una de sus canastas, en la Fonteta.ACB Photo

Iba a resultar el momento clave del duelo, pues ya todo fue un querer y no poder taronja (nueve puntos en el tercer cuarto), un remar contra corriente contra un Madrid que no lograba romper del todo la noche, pero tampoco dejaba resquicios para la remontada local. Y que abrochó el título con un parcial de 2-12 en los últimos minutos en una Fonteta ya en silencio.

El tremendo enfado de Pedro Martínez tras el 2-0 del Madrid en la final: "Son árbitros muy expertos, que saben cuándo sí y cuándo no"

El tremendo enfado de Pedro Martínez tras el 2-0 del Madrid en la final: “Son árbitros muy expertos, que saben cuándo sí y cuándo no”

El bocinazo final en el Palacio desató las iras de Pedro Martínez. Como no se recordaba. El veteranísimo técnico catalán se fue directo a por los tres árbitros del segundo duelo de la final (Pérez Pizarro, Araña y Perea) y los persiguió a gritos hasta el túnel de vestuarios. En los micrófonos de Movistar, segundos después, se contuvo. No así en la rueda de prensa posterior, donde el entrenador del Valencia Basket arremetió duramente contra los jueces tras la derrota de su equipo en el tiempo extra que le aboca a un 2-0 que nadie levantó jamás (18 de 18 en los precedentes).

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"Felicito al Real Madrid por ganar un cara o cruz y por haber llevado el partido a la prórroga. Al mismo tiempo, estoy un poquito quemado. Con determinadas acciones que han pasado en el partido", comenzó Martínez, quien pidió que "los estamentos profesionales de la liga" hicieran un análisis "serio" de lo sucedido. "No necesito que sea público, porque yo ya sé lo que ha pasado. Pero creo que ha habido acciones muy decisivas".

El entrenador del Valencia las detalló a continuación, haciendo especial hincapié en la que desató las iras de la afición taronja, un 'barrido' ilegal de Tavares a la bandeja de Jean Montero cuando restaba poco más de un minuto para el final y todo estaba igualadísimo (87-88). "Toca el tablero y la barre sin tocar el aro. No entiendo que ninguno de los tres árbitros pite para ir a revisarlo, que lo pueden hacer. Y si no pita, no pueden verla ellos ni pedirla yo. Árbitros muy expertos, que saben cuándo sí y cuando no. A estos árbitros los conozco de toda la vida, nos han pitado muchas veces, y en el conocimiento muchas veces está la realidad", denunció.

"Ha habido varias. El final del partido ha sido un despropósito. Que lo analicen. Y que mejoren. Aquí estamos todos para mejorar. Nosotros también intentaremos mejorar y hacerlo mejor en el próximo partido. Que lo hagan todos los estamentos. Porque aquí todos somos profesionales. Que parece que unos lo somos más que otros. No quiero quitar al Real Madrid un ápice de mérito de su juego, de su carácter, de cómo han levantado el partido. Son el mejor equipo de la liga. Una cosa no quita la otra", concluyó.

Era la victoria número 31 seguida en el Palacio de los blancos, la que les deja a un suspiro de su segunda liga seguida. La que elevó la leyenda de un Campazzo vital en los minutos finales de remontada y que con sus 11 asistencias rompió el récord en una final, superando a José Luis Llorente, Elmer Bennett y Sergio Llull. "El Valencia no te permite licencias, pero hemos apretado los dientes en el momento más complicado", explicó Chus Mateo.

Andrés Feliz acaba en la prórroga con el resucitado Valencia

Andrés Feliz acaba en la prórroga con el resucitado Valencia

Acarició el Valencia Basket un triunfo con el que elevar la temperatura de la final ACB, con el que buscar repetir el guion de 2017. Lo tuvo tan cerca que escoció el doble, pues sólo la habitual capacidad de obrar milagros, de llevar a la prórroga (y ahí, un desatado Andrés Feliz) un partido en el que se vio siete abajo a falta de menos de cuatro minutos, rescató a un Real Madrid que ya paladea la Liga de camino a La Fonteta. [102-96: Narración y estadísticas]

Nadie fue capaz nunca de levantar un 2-0. Bien lo sabían todos, bien lo sufrieron en la agonía de un desenlace en el que todo tuvo cabida. La genialidad (Montero, Llull, Feliz, Campazzo...), los errores clamorosos y también la polémica. Más allá de las quejas por el doble rasero que llevaron a Pedro Martínez a perseguir a gritos a los árbitros hasta el túnel de vestuarios, hubo una acción que no pasó el filtro de la tecnología. Un barrido ilegal de Tavares a Montero que los árbitros ni vieron ni revisaron con poco más de un minuto por jugar.

Hubiera sido la única canasta taronja en los últimos cuatro minutos, pues tras el triple de Costello con el que se sintieron poderosos, todo se apagó para ellos cuando Llull llevó la tarde a la prórroga. Peor todavía ahí, a remolque y arruinados por la capacidad blanca de ir a por el rebote ofensivo, ya sea con el omnipresente Andrés Feliz o con el gigante Tavares, que sentenció con un palmeo.

El choque resultó vibrante. El temido Valencia, el equipo que practica el baloncesto más frenético de Europa, el que juega cada posesión como si en vez de 24 segundos tuviera 10, al fin apareció en la final. Lo hizo de la única forma que podía despertar, con una sucesión asombrosa de triples, su seña de identidad. Lo hizo cuando el segundo round parecía una extensión del primero en el amanecer, pura frustración por una defensa del Madrid tan bien ajustada que apenas dejaba resquicio.

Lo hizo cuando marchaba ya 11 abajo (16-5), en un rompecabezas. Un despegue como cuando un boxeador acorralado sale de las cuerdas a base de golpes. Sestina, Costello, Jovic y... un desatado López-Aróstegui, que enhebró tres triples seguidos, 11 puntos de carrerilla cual Larry Bird. Acumulaba ya el Valencia ocho por apenas una de canastas de dos. Había asestado un parcial de 6-23 a todo correr. Y en ese preciso momento Pedro Martínez decidió que el alero vasco necesitaba un descanso.

Hezonja celebra una de sus canastas, en el segundo partido contra el Valencia.

Hezonja celebra una de sus canastas, en el segundo partido contra el Valencia.MariscalEFE

Coincidencia o no, después de otro par de triples más para la máxima visitante (29-38), el Madrid se sacudió la paliza. Lo hizo con Campazzo abusando de un De Larrea superado por la final, por un Garuba eléctrico y por los puntos de Musa y Hezonja. Lo hizo volviendo a su normalidad para marcharse al descanso de nuevo con ventaja (48-45), la misma que en el primer duelo.

El tercer acto resultó un estupendo toma y daca, con la diferencia de que esta vez el Valencia no se arredraba. Respondía con su descaro habitual, con canastas de muchísimo mérito y con la suficiente confianza en sí mismo para al menos plantar cara en toda un final. Con Reuvers golpeando a un Bruno Fernando mejor en ataque que en defensa, al fin Jean Montero y otro triple de Costello, los de Pedro Martínez se comprobaron incluso lanzados en el acto final (73-82). Más cerquita cuando el propio Costello atinó con su cuarto sin fallo y ya quedaban menos de cuatro minutos (81-88).

Sin embargo, ya sólo iba a anotar un punto más hasta el final, un tiro libre de Aróstegui. Hubo un barrido ilegal de Tavares que los árbitros no vieron y tres acciones maravillosas de Campazzo. Fue Llull, quién si no, el que llevó el partido a la prórroga en la que era su primera canasta del partido. Montero, sacando de fondo por elección del entrenador a falta de ocho segundos, no acertó con el forzadísimo tiro final.

En el tiempo extra pesó la experiencia y la facilidad del Madrid en esos abismos. También su acierto, tres triples seguidos, dos de Feliz (asumió la responsabilidad por encima de Campazzo, Hezonja...) y uno de Garuba, los tipos que desequilibran desde la segunda unidad. La diferencia.

Andrés Feliz es el líder: una exhibición defensiva del Real Madrid anula al Valencia en el primer round

Andrés Feliz es el líder: una exhibición defensiva del Real Madrid anula al Valencia en el primer round

El dominicano determinante en el primer round de la final ACB fue Andrés Feliz y no Jean Montero. El base del Real Madrid, tan de menos a más en su primera temporada en el Madrid, de pie anoche las mismas tribunas que hace no tanto sospechaban de él y de su fichaje, lideró a un equipo determinado y sin fisuras, capaz de anular al ataque más asombroso que comprobó la liga en los últimos años y de poner el 1-0 que es el mejor de los augurios. [89-75: Narración y estadísticas]

No lo fue para el Madrid hace ocho años, cuando los taronjas, también de Pedro Martínez, se recompusieron para ganar su primera ACB con tres triunfos de carrerilla en cinco días. Radicalmente tendrá que cambiar el Valencia Basket esta vez, tan irreconocible como su líder, un Jean Montero que fue paradigma del desacierto y la espesura. Se quedó en tres puntos, un acierto de nueve intentos, tan seco como sus compañeros, que acabaron arrojando la toalla tras el demarraje local al comienzo del último acto.

En ese acelerón brutal del Madrid, con Feliz tocando a rebato, sin respuesta alguna de los visitantes, se zanjó el primer asalto de una final que prometía más igualdad y espectáculo. El Valencia se encontró enfrente a un Madrid sin fuegos artificiales, pero serio y seguro de sí mismo. Tanto tiene que ver en estos inicios la experiencia, quien tantas veces estuvo en semejante escenario y quien no lo hizo jamás: ningún jugador de Pedro Martínez había disputado nunca una final.

La primera parte fue por momentos un desvarío. Se sucedían los tiros absurdos y precipitados, tan rápidos como desviados; a veces el baloncesto ofensivo, mal concebido, puede resultar aterrador. El Madrid, aplicado en defensa como en sus mejores tardes, había conseguido desarbolar a un Valencia que amaneció con dos triples en un minuto, pero luego lanzó y lanzó sin sentido. Pero los blancos tampoco andaban como para florituras. Tras el inicio asestaron un parcial de 11-0, luego Llull hizo seis puntos seguidos pero tampoco consiguió abrir demasiada brecha.

Fue Tavares el que pronto hizo mella, demasiado en la pintura para los pívots taronjas. Y eso que una de sus primeras acciones fue un fallo tonto seguido de una falta igual de tonta. Pero el gigante es capaz de rehacerse, de olvidar el error y continuar con su labor de zapa. Se fue con 10 puntos y sin ningún rebote al descanso, ahí donde el Valencia al que le viene costando bien poco pasar de 100 se había quedado en 32 puntos sólo tres de ellos de Montero.

Algo tenía que cambiar Pedro Martínez, el último entrenador que ganó en el Palacio al Madrid en ACB (hace 29 partidos, aún dirigía al Manresa). Y su Valencia pareció otro a la vuelta, más veloz todavía, para no dejar a la defensa del Madrid aplicarse. Apareció rotundo Brancou Badio (15 puntos en ese tercer acto), el senegalés que ya destrozó al Tenerife en el tercer partido de semifinales. Un parcial de 4-16 para ponerse por delante.

Y para encender también los motores del rival. Porque, ahora sí, el duelo devino en la batalla ofensiva que prometía. Tavares seguía a lo suyo y a Badio le contestó un gran Andrés Feliz, quien con dos triples seguidos devolvió la ventaja al Madrid (62-55).

Iba a ser el principio del fin del Valencia, el acelerón que le iba a dejar grogui. Más de Feliz, Bruno Fernando, Musa... Y un Llull tan breve como certero. Cuando se quiso dar cuenta, el Valencia estaba 18 abajo. El domingo, segundo episodio, otra vez en el Palacio.

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El martes, a la vez que el Real Madrid apagaba el ímpetu del Unicaja en el Martín Carpena y celebraba su pase a la final de la Liga Endesa por quinta vez consecutiva (exceptuando la edición de la burbuja, ha estado presente en 12 de las últimas 13, ganando siete de ellas), se cumplían ocho años exactos de uno de sus descalabros más sonados de los últimos tiempos, uno de los grandes borrones del 'lasismo', el título perdido en La Fonteta, el histórico triunfo del Valencia Basket de... Pedro Martínez. El mismo rival y el mismo entrenador, de vuelta tras sus años en Manresa, que a partir de hoy (21.15 h., primer partido en el Palacio) desafía a los blancos.

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Como si el tiempo hubiera retrocedido, se desatan los paralelismos para un desenlace entre los dos mejores equipos de la temporada regular (primero contra segundo), dos de los principales protagonistas de récords y rachas, pero también dos sin rúbrica: no saben todavía lo que es levantar un título. Al Madrid el Unicaja le dejó sin Supercopa y Copa y el Olympiacos sin Final Four. El Valencia cayó en cuartos coperos ante el local Gran Canaria y el Hapoel Tel Aviv (campeón después) le apeó en semifinales de la Eurocup.

Entonces, junio del 2017, el Valencia se plantaba en la segunda final de su historia con un colectivo que hoy es recordado por la química que desató, de Dubjlevic a San Emeterio. Entonces, a unos metros de La Fonteta estaba a punto de inaugurarse L'Alqueria, 15.000 metros cuadrados dedicados al baloncesto de formación. Hoy, a otros pocos metros de La Fonteta, está a punto de inaugurarse el Roig Arena, un pabellón sin igual en España, lugar de tantos próximos eventos, entre ellos la Copa del Rey 2026. Entonces, el Valencia regresaba a la Euroliga. La próxima temporada, el Valencia disputará la Euroliga.

Hace ocho años el Madrid era de Pablo Laso (con Chus Mateo como asistente), Luka Doncic despuntaba con 18 y Facundo Campazzo iba a regresar después del verano tras su cesión en Murcia. Había ganado la Copa en el Buesa Arena, precisamente en la final al Valencia y buscaba el doblete. Pero después se había quebrado tras la Final Four en el Sinan Erdem de Estambul. Los taronjas le ganaron tres partidos seguidos en cinco días en el desenlace, tras perder el primero en el Palacio.

Ese es el aviso, tan lejos y tan cerca. Pedro Martínez volvió al Turia y el Valencia pulverizó el récord de la ACB de valoración (114,4), de rebotes (41,4), de asistencias (22,1) y de triples (13,5) en liga regular. También firmó la mayor anotación desde el curso 1988-89 (96,7). Un equipo que es frenético: acumula 14 partidos de 100 o más puntos en esta Liga Endesa. Nadie conseguía tantos desde la 1989-90 (Barça, 14 también). Y fue el primero en llegar a los 500 triples anotados en la misma temporada.

"Es algo parecido (al Unicaja). Te hacen jugar a muchas posesiones. Hay que tener buena selección de tiro y bajar a defender. Hacer un juego generoso. Te pueden romper, te pueden penetrar, te pueden tocar pintura... Hay que tener paciencia, como en esta serie", valoraba Campazzo sobre el Valencia. Precisamente el argentino llega en el mejor momento de su temporada, promediando 13,3 puntos, 4,5 asistencias y 18,5 de valoración en los partidos del playoff tras "dos meses raros", en los que no pareció él. Facu será protagonista, como Tavares y Hezonja. Enfrente, el eléctrico Jean Montero, toda una sensación, que promedia 19,4 puntos, cuatro rebotes, tres asistencias y 20,2 créditos de valoración en los playoffs. También en buena onda Pradilla, Badio...

Ante eso y ante la amenaza del año en blanco, algo que no le ocurre desde el curso 2010-2011 (26 trofeos en 13 temporadas desde entonces) impone el Madrid sus argumentos, que el Unicaja obligó a maximizar, lección aprendida. Antes de caer en el tercero contra los malagueños en semifinales, los blancos encadenaron 26 triunfos de carrerilla (tercera mejor racha histórica de la ACB), precisamente desde su derrota en La Fonteta.