El Barça choca con la la pedagogía del miedo de China por una foto de niños con la bandera de Taiwan

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La escena tiene algo de tragicomedia globalizada. Un club de fútbol del top mundial que presume de formar talento adolescente y valores universales descubre, en chino mandarín, que también forma parte indirectamente de la compleja cartografía política actual. El FC Barcelona pidió ayer disculpas en Weibo, equivalente a X en China, tras la difusión de una fotografía inofensiva en apariencia: un grupo de niños de su academia sujetando en un torneo juvenil de Asia la bandera de Taiwan, la isla que de facto funciona como un país independiente, pero que Pekín reclama como parte de su territorio.

El club alegó en su disculpa que la web era de un tercero, que la imagen se retiró con diligencia quirúrgica y que se reforzarán los protocolos. Traducción: alguien olvidó que en el ecosistema digital chino no pasan por alto esos detalles y el Barça no se puede permitir enfurecer a sus muchos fans en el gigante asiático -como así sucedió en redes-, donde además tiene muchos intereses comerciales.

Al final, el equico catalán terminó actuando como un actor disciplinado en el teatro de la soberanía que dicta China. Pidió perdón por "cualquier inconveniente causado" y aseguró que tomaría las medidas oportunas para evitar que incidentes similares se repitan.

El deporte lleva años funcionando como un campo de pruebas de esa sensibilidad extrema. En 2019, el entonces mánager general de los Houston Rockets, Daryl Morey, publicó un tuit de apoyo a las protestas en Hong Kong. El mensaje duró horas; las consecuencias, meses. La NBA vio cómo se suspendían retransmisiones en China, se cancelaban patrocinios y se evaporaban ingresos. Morey se retractó, la liga y el episodio dejó una lección nítida: el mercado chino no discute, sanciona.

Algo parecido ocurrió con el gigante del entretenimiento deportivo. La WWE obligó al luchador John Cena a disculparse en mandarín después de referirse a Taiwan como "país" durante la promoción de una película. Las marcas mas importantes que orbitan el deporte tampoco han escapado. Nike y Adidas han tenido que navegar polémicas recurrentes sobre mapas, listados de países o productos que mencionaban a Taiwan de forma incompatible con la narrativa oficial de Pekín. En cada caso, el patrón se repite: indignación en redes chinas, presión coordinada y rectificación rápida para proteger negocio y acceso al consumidor local.

Incluso las competiciones internacionales viven bajo esa lupa. En torneos donde participan delegaciones taiwanesas, el nombre "Chinese Taipei", una fórmula diplomática tan enrevesada como funcional, es la única etiqueta aceptable para evitar conflictos con China. Cuando organizadores, comentaristas o federaciones se desvían de ese guion, las protestas llegan con precisión milimétrica. No hay margen para la espontaneidad en la nomenclatura.

Estos episodios no son anécdotas aisladas sino un síntoma. Pekín lleva años afinando una maquinaria de presión en la delicada cuestión de Taiwan, mientras que el buscado aislamiento de la isla autobobernada se vuelve cada vez más visible. Esta misma semana, el presidente taiwanés, Lai Ching-te, canceló un viaje a Eswatini, el último aliado diplomático de Taipei en África, un socio minúsculo en términos de PIB y peso internacional, pero con alto valor simbólico.

Los taiwaneses denunciaron que la "intensa presión" de China había provocado que varios países (Seychelles, Mauricio y Madagascar, todos aliados de China) revocaran los permisos de sobrevuelo. Apenas una docena de naciones mantienen relaciones diplomáticas plenas con Taiwan, y casi todas orbitan en la periferia del poder global.

China ha logrado que el debate sobre Taiwan se formule casi siempre en sus términos: integridad territorial frente a "separatismo". En ese marco, cualquier gesto -una foto, una escala aérea, una visita parlamentaria- se convierte en un acto político de alto voltaje. Y la mayoría de actores, desde multinacionales hasta clubes de fútbol, optan por minimizar riesgos.

Polémica en China por la repatriación de un prometedor futbolista en muerte cerebral tras un choque en un partido en Alcobendas

Actualizado Miércoles, 12 febrero 2025 - 12:17

Guo Jiaxuan es uno de los jóvenes talentos con más proyección en el fútbol chino. Un corpulento central diestro de 18 años que fue reclutado de adolescente por los ojeadores del Beijing Guoan, uno de los equipos más laureados de una Superliga china en caída libre tras la desaparición de históricos clubes por los problemas económicos de sus propietarios, promotores inmobiliarios en quiebra, y la salida de las veteranas estrellas internacionales, ahora más seducidas por el dinero de Arabia Saudí.

Guo llegó a hacer el amago de dar un gran salto a Europa en 2023, cuando estuvo unos meses entrenando en la cantera del Bayern de Múnich. Regresó a Pekín para continuar formándose en su país y ya había debutado en las categorías inferiores de la Selección China.

La Superliga china no arranca hasta marzo, por lo que los equipos se encuentran ahora de pretemporada. Guo, junto con los juveniles del Beijing Guoan, se encontraba esta semana en España, concretamente entrenando en Madrid. El pasado jueves, su equipo disputó un partido de entrenamiento contra el RC Alcobendas. Durante el encuentro, el central chino, en la disputa de un balón, cayó desplomado al suelo después de que un jugador del equipo madrileño le golpeara la cabeza con la rodilla.

El joven en el hospital.

El joven en el hospital.E.M.

Guo fue trasladado de inmediato al hospital, donde ingresó con graves lesiones cerebrales. "Su estado es de muerte cerebral. Tiene pocas posibilidades de sobrevivir", escribió este martes el hermano del futbolista en la popular red social china Xiaohongshu. "Guo sufrió una hemorragia subaracnoidea (una forma de accidente cerebrovascular causado por sangrado en la superficie del cerebro) después de chocar con otro jugador durante un partido de entrenamiento", detallaba el hermano.

La familia de Guo comenzó a denunciar en las redes sociales del gigante asiático que ni el Beijing Guoan ni la Asociación de Fútbol de Pekín (BFA), la que organiza cada pretemporada las giras de los juveniles por Europa, se querían hacer cargo de los gastos médicos de futbolista, incluyendo el traslado a China para ser tratado en su país.

"La BFA nos dijo que teníamos que aceptar la situación porque el trabajo de Guo conlleva peligros de alto riesgo. Ahora, el médico nos dice que hay muy pocas esperanzas de que sobreviva, que está clínicamente muerto como resultado de una falta de oxígeno en el cerebro, y que le van a quitar los tubos (el soporte vital)", aseguraba ayer el hermano del jugador.

La publicación en redes comenzó el miércoles a ser muy compartida entre los usuarios, que demandaban a las autoridades chinas que ayudaran a su compatriota. Tras toda la polémica, desde la BFA han asegurado que van a cubrir todos los gastos del traslado de Guo a China, que se efectuará a lo largo de este miércoles. "Estamos totalmente comprometidos para garantizar su tratamiento", dijo un portavoz de la asociación.

Singapur, el país donde está prohibido mascar chicle en la calle y que retiene a una pareja española de luna de miel por protestar contra Peter Lim

Actualizado Miércoles, 9 octubre 2024 - 10:31

En Singapur ahorcaron en agosto a un hombre de 59 años que había sido detenido por traficar con 35 gramos de heroína. Fue la segunda ejecución en menos de una semana y la tercera vez que este año una persona terminaba en la horca. A principios de 2023, dos singapurenses fueron ejecutados después de ser condenados a pena de muerte por posesión de menos de dos kilogramos de cannabis. La próspera ciudad-estado del Sudeste Asiático cuenta con uno de los corredores de la muerte más temibles del mundo para los narcotraficantes.

Pasear por Singapur mascando chicle, que está prohibido, puede acarrear una multa hasta 10.000 dólares singapurenses, que al cambio son alrededor de 7.000 euros. También hay multas, incluso penas de prisión, por utilizar sin permiso el Wi-Fi de otra persona, por fumar cigarrillos o usar vapeadores en la mayoría de lugares públicos, por no tirar de la cadena en los baños públicos y por dar de comer a las palomas en los parques.

Singapur presume de una extraordinaria historia de éxito: la pequeña y pobre isla de cinco millones y medio de habitantes que se convirtió en uno de los centros financieros más prósperos y caros del mundo.

Es incuestionable el llamado "milagro económico" gracias a las reformas que atrajeron grandes inversores, que transformaron un estratégico puerto comercial y manufacturero en un centro también de innovación, y la apertura de puertas a los trabajadores migrantes que resolvieron la escasez de mano de obra.

Aunque trate de venderse al exterior como una democracia, Singapur opera como un país autoritario donde se reprime la libertad de prensa y con el poder político y económico concentrado en un selecto club -casi todos hombres mayores que se enriquecieron con el rápido desarrollo de la nación- que se ha movido bajo la protección de la familia Lee, la dinastía de gobernantes que construyeron el Singapur moderno tras la independencia de Gran Bretaña en 1965.

Para saber más

Esta semana, el foco mediático de España se ha puesto sobre el Singapur pulcro y severo que cuenta con una serie de normas sociales que apenas dan respiro a la libertad de expresión. Un matrimonio de valencianos recién casados, Daniel Cuesta y Mireia Sáez, están retenidos sin pasaporte en el país porque el marido tuvo la ocurrencia de pasearse con una pancarta contra el magnate Peter Lim, máximo accionista del Valencia Club de Fútbol, y por colocarle una pegatina en la puerta de lo que pensaba que era un hotel de propiedad de Lim, pero que en realidad se trataba de un bloque de lujosos apartamentos donde reside el singapurense.

Lim es uno de los empresarios más reconocidos de Singapur, intocable entre las élites, y con una historia personal que ha enganchado a sus compatriotas: el millonario de cuna humilde, hijo de una ama de casa y de un pescadero, que logró levantar un imperio y ahora es un filántropo idolatrado que invierte muchos millones en una fundación que ayuda al desarrollo de jóvenes atletas.

Daniel, muy aficionado al Valencia, club del que Lim se hizo cargo en 2014, y Mireia, quien grababa a su marido paseando la pancarta contra Lim por todos lados ("Lim go home", se podía leer), estaban en Singapur pasando su luna de miel e iban a salir hacia Bali cuando fueron detenidos el pasado viernes en el aeropuerto.

Singapur, donde las organizaciones de derechos humanos critican con frecuencia la represión contra activistas y periodistas independientes, mantiene restricciones muy estrictas respecto a manifestaciones en lugares públicos y una ley de vandalismo que castiga con hasta penas de prisión o multas que pueden superar los 1.000 dólares "dañar o colgar objetos en una propiedad privada sin consentimiento del propietario".

En el caso del valenciano Daniel, que ya ha declarado ante las autoridades, debería ser el Ministerio Fiscal del país asiático el que lo acuse formalmente de la comisión de un delito y fije la correspondiente multa.