Dani Milagros, pionero por sorpresa en patinaje de velocidad: "En España nunca he podido entrenar"

Dani Milagros, pionero por sorpresa en patinaje de velocidad: “En España nunca he podido entrenar”

Dani Milagros recuerda la tarde en la que le llevaron a descubrir el hielo. Difícilmente podría olvidarla: las sensaciones fueron raras, rarísimas, y además ocurrió hace apenas un par de años. Pese a ello, ya está en la élite del patinaje de velocidad sobre hielo; será uno de los dos españoles que participarán en los Juegos Olímpicos de invierno de Milán-Cortina d'Ampezzo del mes que viene.

¿Por qué probó a patinar sobre hielo?
Desde pequeño siempre hice patinaje de velocidad sobre ruedas. Soy de Pamplona; en la ciudad hay varias pistas y se me daba bien. En 2023 llegué a ser subcampeón del mundo, pero poco después quise dejarlo. Al no ser modalidad olímpica sacrificaba mucho tiempo y no recibía nada a cambio. Iba a ponerme a trabajar al 100% en lo mío -estudié Ciencias del Deporte-. En ese momento, mi preparador físico, Ángel Arraras, me propuso lo del hielo y me pareció un reto bonito. La Federación Española de Deportes de Hielo organizaba unas concentraciones en Alemania y Polonia y pedí incorporarme al grupo, aunque lo pagué de mi bolsillo.
¿Cambia mucho patinar sobre hielo respecto a patinar sobre asfalto?
Muchísimo. Desde fuera parece que es lo mismo, pero hay cosas que van más allá de lo que ven los ojos. Cambia mucho la manera en la que debes aplicar la fuerza en los patines. Por eso hay muchos patinadores que lo han probado y no les ha funcionado.

El regalo de Nil Llop

Milagros es una auténtica rareza en los deportes invernales españoles. Normalmente, esquiadores, snowboarders e incluso pilotos de skeleton como Ander Mirambell alcanzan los Juegos Olímpicos de invierno tras toda una vida dedicada a sus disciplinas. Él, de repente, se convirtió en pionero. Nunca hubo un español olímpico en patinaje de velocidad y en unos días habrá dos: Milagros será uno de ellos. En 2024, su primer año sobre el hielo, entró en la Copa del Mundo sub-23. La temporada siguiente se marchó a vivir a Alemania para competir con los mejores. Y ahora, la cima.

Aunque hay un truco. Milagros se beneficia de la lucha de un compatriota, Nil Llop. Tras muchos años en el hielo, Llop logró dos plazas para España, en los 500 y los 1.000 metros, y aceptó compartir una de ellas con Milagros.

«Me lesioné y no pude luchar por mi plaza como quería. Estaba junto a Nil en Noruega; los de la Federación le preguntaron si estaba dispuesto y él aceptó. Yo flipé. Le estaré súper agradecido toda la vida», comenta el patinador, de 23 años.

Los Juegos Olímpicos le han cambiado la vida: ahora puede dedicarse al deporte. Pero haga lo que haga, siempre tendrá un sueño pendiente: patinar en casa.

Falta de instalaciones

España verá debutar en unos Juegos Olímpicos a sus primeros patinadores de velocidad, pero sigue sin contar con pistas donde puedan entrenar. Las instalaciones de Jaca, Puigcerdà, Majadahonda, San Sebastián, Pamplona o Logroño, donde se juega al hockey hielo, son demasiado pequeñas para el patinaje de velocidad -se necesita una pista de 400 metros, como la del atletismo-, y fuera de esas ciudades solo hay instalaciones lúdicas o temporales.

¿Cómo entrena está en casa?
No estoy en casa (ríe). Toda la temporada de invierno vivimos fuera y en verano mantengo la forma con el patinaje sobre ruedas. Alguna vez he ido al Palacio de Hielo de Pamplona, pero para hacer el tonto; no puedo entrenar. Voy con mi familia y me río un poco. Lo más parecido a un entrenamiento que he hecho en España fue en un acto publicitario que montaron el otro día en el Metropolitano, pero nada más.
¿Por qué los Países Bajos siempre se llevan todas las medallas en patinaje de velocidad?
Porque allí los patinadores son profesionales desde muy jóvenes. Hay mucha cantera, muchas pistas y los equipos tienen estructuras buenísimas, casi como si fueran equipos ciclistas. En España debemos de ser unos 30 patinadores e, increíblemente, vamos dos a los Juegos Olímpicos. Ellos tienen entre 5.000 y 10.000 candidatos entre los que elegir a los mejores. En Noruega, Canadá o Corea del Sur también hay buenos patinadores, pero ningún país tiene lo que tienen los Países Bajos.

Djokovic, el ‘antimito’ que aguanta en el Open de Australia: abrazos a un árbol y un doctor nuevo para “compensar lo perdido”

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«Es mi viejo amigo aquí en Melbourne. Siempre está ahí para sanar mis heridas y hacerme compañía. Tenemos una conexión preciosa, una amistad que ya dura más de 20 años», comentaba este jueves Novak Djokovic. Pero... ¿de quién hablaba?

La relación del serbio con el Open de Australia, que ha ganado 10 veces, es realmente extraña. Tiene muchos seguidores, pero no mueve masas. Tiene privilegios, pero sus partidos no suelen ser en su horario favorito —la noche—. Quizá su negativa a vacunarse contra el covid y el lío para entrar en el país en 2021 lo estropearon todo. O quizá ya venía de antes. En todo caso, era interesante saber quién le prometió fidelidad hace tanto tiempo en ese lugar, quién era ese «viejo amigo». Pero resultó que no era quién, sino qué.

Desde su primer Open de Australia, en 2005, Djokovic mantiene una tradición que cumple siempre: ir a abrazar a un árbol local antes de que empiece el torneo. Un árbol único para él. Siempre el mismo.

Décadas atrás, el serbio visitó el precioso Real Jardín Botánico de Melbourne, conectó de una forma especial con una de las decenas de higueras de Bahía Moretón que hay allí y decidió mostrarle su cariño. Desde entonces repite el rito cada año. Las higueras de Bahía Moretón son árboles enormes —en España hay ejemplares en Valencia, Alicante, Cartagena o Sevilla—, así que Djokovic va allí, abre los brazos al máximo y se queda un rato pegado a su corteza. Puede parecer extraño —y lo es—, pero a él le funciona.

En el camino de Sinner

De momento, este año el actual número cuatro del mundo ha aparecido en el mejor estado de forma posible a sus 38 años. Si en primera ronda venció al español Pedro Martínez por 6-3, 6-2 y 6-2, este jueves repitió resultado en segunda ronda ante Francesco Maestrelli, y le espera mañana Botic van deZandschulp. En su camino, hasta ahora despejado, podría encontrarse con Jakub Mensik, Lorenzo Musetti o TaylorFritz, pero vuelve a ser la gran amenaza para una nueva final entre Carlos Alcaraz y Jannik Sinner. Si alcanza una semifinal contra el italiano, cuidado.

«Tuve una larga pretemporada y pude trabajar en muchos aspectos. Ese es el objetivo. ¿De qué sirve seguir compitiendo si no intento mejorar cada temporada? Esa es mi mentalidad. Supongo que es lo que me permite seguir jugando a mi edad», valoraba el ganador de 24 Grand Slam, que a simple vista se muestra más fresco, más ligero y más rápido.

DAVID GRAYAFP

La temporada pasada, Djokovic se dio cuenta de que no podía competir con el Big Two que domina el circuito. Su juego siempre se basó en la rapidez y la anticipación, y los años le estaban arrebatando ambas virtudes. Unas décimas de segundo menos eran una eternidad frente a Alcaraz o Sinner. «Ahora soy más lento que cuando dominaba el tenis; es normal, es biología», reconocía a principios de esta semana. Por eso decidió cambiar su preparación.

Su nueva ayuda

Contrató a un nuevo ayudante, el doctor en Fisiología Marc Kovacs, y se puso en sus manos. Durante un par de semanas en Atenas hizo exactamente lo que le indicó, aunque ninguno de los dos ha querido revelar en qué consistió el trabajo. Kovacs ha realizado investigaciones sobre la biomecánica del servicio, los sprints en pista y la resistencia en el tenis, así que pudieron trabajar en diversas áreas. «En este momento de mi carrera necesito compensar lo perdido, 'ocultar' mis debilidades y potenciar mis fortalezas para poder competir al máximo nivel con Alcaraz y Sinner», aseguró el serbio, que está a un paso de alcanzar las 400 victorias en Grand Slam, un récord histórico.

«¿Es esta la mejor oportunidad de Djokovic para ganar su Grand Slam número 25?», preguntaba este jueves ESPN a los aficionados presentes en el Melbourne Park, y la mayoría decía que sí, que no hay duda. La superficie y las condiciones son las que mejor le van, está sano y lleva varios meses de descanso en las piernas.

DAVID GRAYAFP

«Entiendo que Sinner y Alcaraz están jugando a un nivel diferente en este momento que el resto. Eso es un hecho. Pero eso no significa que nadie más tenga una oportunidad. Tengo mis posibilidades en cualquier torneo, especialmente aquí. Cuando soy capaz de juntar todas las piezas del rompecabezas puedo vencer a cualquiera», intimidaba en la previa del torneo el número cuatro mundial, que esta vez no está acompañado de su familia, pilar esencial en sus éxitos. Es enero, sus hijos tienen colegio y ya no tienen edad para perderse dos semanas.

«Estoy eternamente agradecido al tenis por darme la oportunidad de vivir mi sueño. Espero que llegue a 25, pero quedarme en 24 tampoco estaría mal», finalizaba Djokovic.

Badosa pierde, cae a los infiernos del ranking y desnuda la crisis del tenis femenino español

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Y ahora, vuelta a empezar. Como ya le ocurrió hace dos años, Paula Badosa regresa a los infiernos del ranking WTA, esas posiciones peligrosas que te exponen a cualquier sorteo en los grandes torneos. ¿Aryna Sabalenka en primera ronda? Puede pasar. El próximo 2 de febrero aparecerá como la número 64 del mundo, con la necesidad de brillar en el WTA 1000 de Miami para frenar la caída. Todo, por culpa de una derrota inesperada en segunda ronda del Open de Australia ante la rusa Oksana Selekhmeteva, por un doble 6-4 en una hora y 39 minutos de juego. En Melbourne, donde el año pasado alcanzó las semifinales —su mejor resultado en un Grand Slam—, esta vez tocó decepción.

Desde el inicio del partido, a Badosa se la vio cabizbaja, quejicosa y, sobre todo, fallona. Selekhmeteva, número 101 del mundo, residente en Barcelona y pupila de la extenista Ana Alcaraz, le planteó un duelo parejo, de largos intercambios, y la española se estrelló una y otra vez contra la red. A los 15 minutos ya se lamentaba de sus equivocaciones en continua conversación con su equipo. Al final del partido había acumulado más del doble de errores no forzados (36) que de golpes ganadores (17).

Dita AlangkaraAP

"Ella ha empezado muy bien; me ha sorprendido su nivel. Yo no estaba cómoda en pista, no estaba lo rápida que debería ni leyendo bien las jugadas. A nivel de tenis también me ha costado: el saque, el resto —cuando normalmente es algo en lo que soy bastante sólida—, y he cometido muchos errores, quizá demasiados no forzados (36). Creo que todo eso ha acabado marcando la diferencia", analizó Badosa, triste en rueda de prensa por la sorpresa.

De vuelta de su enésima lesión, en este Open de Australia no esperaba pelear por el título, pero sí se imaginaba en rondas posteriores. De haber vencido, en tercera ronda le habría esperado Jessica Pegula y, en octavos de final, Madison Keys; dos rivales ante las que podía perder. "Sinceramente, perder hoy no entraba en mis cálculos. No esperaba repetir lo del año pasado, pero tampoco este resultado. Soy una persona muy competitiva y siempre tengo expectativas altas. Tenía en la cabeza que quizá no iba a competir como antes de la lesión, pero no esperaba esto", reconoció.

Un fracaso

Su derrota expuso el mal momento del tenis femenino español, que se quedó sin representantes en tercera ronda del Open de Australia. Un hundimiento que no se producía desde el US Open de 2023, cuando una lesión suya coincidió con la retirada de Garbiñe Muguruza. Según los resultados que se den en Melbourne, el ranking WTA podría quedarse sin españolas entre las 50 mejores. Un drama.

"He estado en todas las situaciones posibles, por suerte o por desgracia. He estado fuera del top-100 —como cuando en el Mutua Madrid Open de hace un par de años tuve que empezar de cero— y también he empezado una temporada siendo top-10, como el año pasado. He pasado por todo y siempre he acabado saliendo adelante. Eso es lo bueno: como no es la primera vez, sé lo que hay. Me fastidia, sé que hay que pasar por momentos duros, pero también sé que puedo salir de ellos. Así que me preocupa... y a la vez no", se prometía Badosa, aún con margen para levantarse a sus 28 años.

Mensik acaba con el sueño de Jódar

Rafa Jódar lo intentó, pero no fue posible. En segunda ronda del Open de Australia, el joven de 19 años, la nueva promesa del tenis español, cayó ante Jakub Mensik por un claro 6-2, 6-4 y 6-4. Desde el inicio la fuerza de los golpes del checo, especialmente del saque, sobrepasó a Jódar, aunque igualmente aguantó. Ni una queja, ni una mala palabra. En el tercer set, de hecho, llegó a estar un break arriba e intentó alargar el duelo hasta el último punto. Tendrá más oportunidades. Muchas más.

Los dos detalles del nuevo saque de Alcaraz que tenían ‘derechos de autor’: “Simplemente salió así”

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«Yo también puedo ver similitudes, sí, sí», reconocía hace unos días Carlos Alcaraz, al tiempo que se defendía: «Pero no pensé en copiar a Novak [Djokovic], simplemente salió así».

Desde que llegó al circuito ATP, Alcaraz ha aprovechado cada pretemporada para perfeccionar su saque. Cuando celebró su primer Grand Slam en el US Open de 2022 se frenaba hasta dos veces antes de golpear; al año siguiente pasó a hacer únicamente una parada; y la temporada pasada adoptó un movimiento más fluido, sin pausas, muy directo. Fue un éxito. Más puntos ganados con el primer servicio -del 73% al 74%-, más aces por partido -de 3,9 a 4,8- y, más allá de los números, mayor confianza. En su triunfo en el último US Open sobre Jannik Sinner, por ejemplo, el saque fue su argumento más sólido.

Pero aun así, el pasado diciembre quiso introducir algún retoque de la mano de Samuel López. Los cambios de años anteriores le habían dado más potencia, pero también le habían restado fiabilidad. Cada vez tenía que recurrir más al segundo saque -el porcentaje de primeros cayó hasta el 63%- y esa tendencia podía llevarle a problemas en determinados encuentros. Ahí entró en juego Djokovic.

El mayor problema que Alcaraz tenía al sacar era el toss, es decir, el lanzamiento de la pelota al aire antes del impacto. Había días en los que subía recta y firme, pero en otros le bailaba y no encontraba la manera de controlarla. Por ello, en la Carlos Alcaraz Academy, López le propuso dos pequeñas variaciones como remedio. Ahora el número uno del mundo se prepara colocando la pelota sobre la raqueta para sentirla antes de propulsarla. Y, al hacerlo, ejerce la fuerza con delicadeza, con la muñeca hacia abajo en lugar de hacia arriba. Son dos detalles mínimos, pero llamativos: es lo que lleva haciendo Djokovic toda la vida. Ahora el saque de Alcaraz se parece al del serbio. Se parece mucho. Se parece muchísimo.

PAUL CROCKAFP

«En cuanto vi el saque de Carlos, le envié un mensaje diciendo: 'Debemos hablar sobre los derechos de autor'. Y el otro día, cuando llegamos aquí a Melbourne, le comenté que hay que empezar a hablar de royalties. Por cada ace que haga en el torneo, espero un homenaje. A ver si cumple el acuerdo», bromeaba Djokovic el lunes, después de que el propio Alcaraz admitiera «ver similitudes». «Hay golpes que no he cambiado nunca, pero siempre estoy mirando cómo mejorar mi saque. Prácticamente cada año he introducido algún detalle nuevo. Si me comparo con mi versión de hace cinco años, lo más diferente técnicamente es el saque, eso seguro», aseguraba este miércoles Alcaraz.

Una arma para este torneo

Un análisis certero de los efectos del cambio exige meses, pero en los dos partidos que ya ha disputado en el presente Grand Slam el español ha empezado a encontrar resultados. En el debut ante Adam Walton, su porcentaje de primeros se elevó hasta el 67% y apenas sufrió con el saque -aunque cedió un break en la única opción en contra-. Y este miércoles, frente a Yannick Hanfmann, su servicio le sostuvo en un primer set muy incómodo. Al final venció por 7-6(4), 6-3 y 6-2, y este viernes, en tercera ronda, se medirá a Corentin Moutet, un tenista extravagante que volverá a poner a prueba armas como su saque.

Ante Hanfmann quedó en evidencia que, después de dos meses de parón, el español todavía está en busca de ese no sé qué que te da la competición. Apareció nervioso, perjudicado por el cambio de horario -debutó de noche y esta vez jugaba al mediodía- y molesto por el fuerte viento que soplaba en Melbourne. En el primer set, un periodo que se alargó durante 78 minutos, empezó con problemas con su derecha que le llevaron a cometer varios errores no forzados y muy pronto se vio con un break en contra. El 1-3 en el marcador era una amenaza.

Hubo un buen tramo en el que no le salía nada. Si hacía un malabarismo con la raqueta, se le caía. Si jugueteaba con las pelotas, se le escapaban. Pero la rotura de su servicio por parte de Hanfmann le obligó a reaccionar con rapidez y, en el juego siguiente, todo empezó a funcionar.

Alcaraz y el pequeño espacio para el homenaje a las víctimas del accidente de Adamuz: “No sabía cómo hacer para que se entendiera”

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En el tenis, los ánimos de los aficionados están acotados a un único momento: justo antes de que los jugadores se coloquen para el saque. El público apenas tiene unos segundos para participar en la acción y, por ello, la mayoría de los fans va a lo seguro. "¡Vamos, Carlos!", se suele escuchar en los partidos de Carlos Alcaraz, con sus variantes idiomáticas: "Come on!", "Allez!". Hay quien dice "¡Vamos, Carlitos!" y los amigos murcianos del tenista suelen personalizarlo con su "¡Vamos, Charly!". De vez en cuando, alguien vocea con alma de entrenador —"¡Es ahora, Carlos!"— y también hay quien desata toda su pasión en un único grito —"¡Te quiero, Carlos!"—. Pero no hay mucha más innovación. Ya está.

Este miércoles, en cambio, en la Rod Laver Arena un espectador fue tan original que obligó a Alcaraz a detenerse un momento. "¡Carlos Nadal!", chilló en el segundo set de su victoria de segunda ronda ante Yannick Hanfmann y, como premio a su originalidad, se llevó la risa del número uno del mundo.

Fue uno de los pocos momentos de distensión en otra jornada incómoda en el Open de Australia. Como ya le sucedió en primera ronda ante Adam Walton, el español se encontró con un rival complicado que le llevó al límite en el primer set, donde tuvo que esperar al tie-break para imponerse. "Yannick siempre es un adversario difícil y algún momento del partido me he frustrado. Pero mi equipo me ha tranquilizado. Hablándolo con ellos me he dado cuenta de que he jugado mejor de lo que creía sobre la pista", reconocía Alcaraz, que ya piensa en la tercera ronda, en la que este viernes se medirá a Corentin Moutet, un rival completamente opuesto a Hanfmann. Si el alemán era potencia, el francés es originalidad. Otra prueba en el camino hacia la segunda semana.

El mensaje por el accidente

Al cerrar su victoria, Alcaraz se acercó a la cámara para estampar la tradicional firma del vencedor y no quiso olvidarse de las víctimas del accidente ferroviario ocurrido en Adamuz. "Mucho ánimo...", escribió de un tirón y después se detuvo, miró y reflexionó. En la escasa superficie del objetivo no cabía la frase "a las víctimas del accidente de tren en Adamuz" y tampoco podía permanecer allí mucho más tiempo, así que resolvió como pudo: "Mucho ánimo a lo que está pasando en España". La construcción gramatical de la frase era muy mejorable, pero el mensaje se entendía igual.

"No sabía cómo referirme en la cámara para que se entendiera bien. Cuando me enteré del accidente de tren fue un mal trago. Estoy en la otra punta del mundo, pero eso no quiere decir que no siga lo ocurre en España. Quiero enviar mucho apoyo y mucho ánimo a los familiares de los fallecidos y a todas las personas que han perdido un ser querido en ese trágico accidente", proclamó luego el número uno, que este jueves volverá a entrenarse a primera hora de la mañana y que por la tarde intentará de nuevo jugar al golf.

Melbourne cuenta con varios campos —de hecho, aquí también se disputa el otro Open de Australia— y en cuanto puede se escapa a uno. A principios de semana, sin ir más lejos, se enfrentó a 18 hoyos contra un rival ilustre, uno de sus ídolos de infancia: Roger Federer. "Juega tan bonito al golf como jugaba al tenis. Es increíble. Todo lo que hace lo hace con estilo. Juega muy bien, juega realmente bien", analizó Alcaraz, a quien no le importó reconocer que el suizo le derrotó.

Eso sí, al principio, cuando fue preguntado por el duelo entre ambos, dudó si explicarlo o no, seguramente por respeto a la privacidad de Federer. "Espero poder volver a jugar contra él", concluyó Alcaraz, a quien, después de ver su reacción, seguro que volverán a gritarle aquello de "¡Carlos Nadal!".

Alcaraz lee la respuesta en el viento ante Hanfmann y alcanza la tercera ronda del Open de Australia

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Un par de horas antes del partido, Carlos Alcaraz comía una pechuga de pollo en el restaurante Cambio de Tercio que hay dentro de la Rod Laver Arena, estudiaba el vaivén de los árboles del Melbourne Park a través de la enorme cristalera del local y reconocía lo que venía: no iba a ser fácil. El verano en el sureste de Australia es tan feliz como el verano en cualquier parte del mundo —no hay quien entienda a los amantes del frío—, pero hay días en los que se esconde. Se levanta un viento frío antártico y tú vas en pantalón corto. Se levanta un viento frío antártico y Alcaraz debe lidiar con ello sobre la pista.

Como en la primera ronda ante Adam Walton, su victoria en segunda ronda del Open de Australia frente a Yannick Hanfmann, por 7-6(4), 6-3 y 6-2, fue compleja, incómoda, antiestética. Todavía no ha disfrutado de un día tranquilo en el Grand Slam. Quizá llegue en tercera ronda, el viernes, ante Corentin Moutet.

O quizá no llegue en todo el torneo; también sería lógico. En su regreso tras dos meses de parón, Alcaraz está en busca de ese ritmo, ese feeling, ese no sé qué que te da la competición, y cuando lo encuentre se enfrentará a los rivales más poderosos. Ante Hanfmann apareció nervioso, perjudicado por el cambio de hora —debutó de noche y esta vez era mediodía— y molesto por el viento. Después de ciertos puntos ofreció gestos de extrañeza e incluso lanzó algún desaire; quejas al aire, nunca mejor dicho. En el primer set, un periodo que duró 78 minutos, empezó con problemas con su derecha que le llevaron a varios errores no forzados y muy pronto se descubrió con un break en contra. El 1-3 en el marcador era una amenaza.

Hubo un buen rato en el que a Alcaraz no le salía nada. Si hacía un malabarismo con la raqueta, se le caía. Si jugueteaba con las pelotas, se le escapaban. Pero la rotura de su servicio por parte de Hanfmann le obligó a reaccionar lo más rápido posible. En el juego siguiente recuperó el break y en el tie-break decisivo estuvo brillante. Su saque y su revés paralelo, los dos golpes que mejor le están funcionando en Australia, le dieron el triunfo, y el resto del encuentro fue de otra manera. Antes de empezar el tercer set, de hecho, Hanfmann se quedó con dolor abdominal y su juego se resintió.

Buen nivel de Hanfmann

Fue una pena para él. Porque hasta ese momento había merecido más, mucho más, como mínimo llevarse algún set. A sus 34 años, fuera del Top 100 del ranking ATP, el alemán se presentaba ante Alcaraz como un rival de vuelta de todo. Un tipo fuerte, uno de tantos, ya en declive. Ciertamente, el español podía incluso recordar cómo en 2019, cuando solo tenía 16 años, le venció en el challenger de Sevilla e imaginar un triunfo asequible. Pero Hanfmann proponía una reivindicación.

WILLIAM WESTAFP

Con una derecha deliciosa, muy parecida a aquella que dio gloria a Andy Murray, tomó todos los riesgos posibles y asedió a Alcaraz todo lo que pudo. Su resto, metido dentro de la pista, demostraba que, si tenía que morir, lo haría con las botas puestas. En la Rod Laver Arena, ante una audiencia millonaria, estaba decidido a probar que su tenis puede ser mejor de lo que indica su palmarés. Y con ello obligó al número uno a actuar como número uno. Entre el viento, los cambios de hora y la falta de ritmo, Alcaraz siguió en pie, que es, al final, lo único imprescindible.

"El público mira el ranking y pienso que será un partido sencillo. Pero cada rival es diferente y hay rivales que hacen sentir incómodo ne la pista. Además las condiciones cambian, el otro jugué de noche, hoy había viento... Estoy muy contento de haber superado el primer set y haber mejorado después", analizaba el español que, al final el encuentro, mandó un mensaje a las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz: "Mucho ánimo a lo que está pasando en España".

Cómo el tenis ha perdido la esperanza de ver un campeón que no sea Alcaraz o Sinner: "Juegan mejor al tenis que nosotros, simplemente eso"

Cómo el tenis ha perdido la esperanza de ver un campeón que no sea Alcaraz o Sinner: “Juegan mejor al tenis que nosotros, simplemente eso”

El pasado julio, Alexander Zverev visitó Mallorca. Un alemán en Baleares, dirán, menuda novedad. Pero el número tres del mundo no estaba de vacaciones, no quería pisar la playa ni tomarse una cerveza en un pub: estaba en un viaje espiritual. Durante 10 días se recluyó en la Rafa Nadal Academy de Manacor en busca de inspiración. A sus 28 años, con tres derrotas en sus tres finales de Grand Slam, necesitaba ayuda, alivio, apoyo, y encontró todo ello en Rafa Nadal.

"No sé cuántas veces me dijo que tenía que ser más agresivo y valiente. Sé que debo hacerlo, pero escucharlo de él, con quien he jugado partidos importantes...", aseguraba Zverev. En las semanas posteriores parecía un tenista nuevo, se le veía cambiado, pero igualmente perdió en tercera ronda del US Open. Ni Nadal puede hacer ciertos milagros. ¿Será distinto este Open de Australia? A juzgar por el sufrimiento del alemán en primera ronda ante Gabriel Diallo, no lo parece.

El tenis se ha instalado en una era previsible: Carlos Alcaraz o Jannik Sinner ganarán este Grand Slam, como hicieron en los anteriores. Es lo más probable. ¿Lo único posible? La alternativa es Novak Djokovic, una leyenda de 38 años, y más allá es difícil confiar en alguien. Ya cayó eliminado un Top 10, Felix Auger-Aliassime, y el resto aceptan que sus opciones son remotas.

El estadounidense Taylor Fritz, número nueve del mundo, comentó durante el verano de 2024 que "si alguien tiene una buena semana, cualquier cosa puede pasar". El pasado domingo en Melbourne se lo recordaron. "¿Yo dije eso? ¿Cuándo? ¿Hace tres o cuatro años? No, no, ahora realmente todo depende del Big Two", reconoció, como uno de tantos adversarios a años luz de los dos dominadores del circuito.

JAMES ROSSEFE

Ante otros tenistas, el estadounidense es poderoso, pero nunca ha ganado a Alcaraz en sus cinco enfrentamientos —sí lo hizo en la exhibición de la Laver Cup— y la única vez que derrotó a Sinner fue en 2021, cuando este tenía 19 años. Entre los mejores del planeta se acumulan estadísticas igual de sonrojantes, aunque ninguna como la que sufre el local Alex de Miñaur, número seis del mundo: ha jugado cinco veces contra Alcaraz y 13 contra Sinner sin ganar nunca. 18 derrotas en 18 partidos. El público local le adora, pero es difícil considerarle candidato en un Grand Slam a cinco sets.

La resignación de Medvedev

"Carlos y Jannik juegan mejor al tenis que nosotros, simplemente es eso. No me da vergüenza decir que si juego 10 partidos contra Carlos y 10 contra Jannik perderé la mayoría de las veces. Pero podría ganar alguno. El resto tenemos que tener esa mentalidad. He jugado contra muchos grandes nombres de la historia del tenis y también tienen días malos", analizaba el lunes Daniil Medvedev, posible rival de Alcaraz en semifinales.

El ruso es una rareza entre los aspirantes porque sabe qué es llevarse un 'grande' —el US Open de 2021— y sabe qué es vencer tanto a Alcaraz como a Sinner, aunque de todo ello ha pasado ya tiempo. A sus 29 años asume su declive, y quizá ese sea el punto diferencial con otras épocas. Entre 2005 y 2007, Rafa Nadal y Roger Federer encadenaron 11 Grand Slam consecutivos, pero ya amenazaba un joven Novak Djokovic, junto a Andy Murray, Stan Wawrinka o Juan Martín del Potro. Ahora los posibles adversarios del Big Two son mayores que ellos, y a los coetáneos —Ben Shelton, Lorenzo Musetti, Jack Draper o Holger Rune— les queda más de un paso por dar.

LUKAS COCHEFE

En las orillas del río Yarra, más allá de los jugadores australianos, todos los carteles de promoción del Open de Australia tienen las mismas caras: las dos de siempre, Sinner y Alcaraz. Eso desvela la parte problemática de su dominio. La repetición de duelos entre ambos es una bendición para los amantes del tenis —el año pasado hubo seis finales memorables—, pero también puede ser un problema a corto o medio plazo. A su sombra no crecen otras figuras y si uno de los dos se lesiona, los torneos perderán interés.

Además, las marcas se concentran en ellos y las diferencias económicas son abismales. Según la revista Forbes, en 2025 Alcaraz y Sinner fueron los tenistas con más ingresos del mundo. Djokovic no se quedó lejos, pero el cuarto clasificado, Fritz, ingresó un tercio de lo que ingresaron ellos. Coco Gauff, Aryna Sabalenka, Qinwen Zheng e Iga Swiatek ganaron más dinero que él.

El tenis celebra la excelencia de Alcaraz y Sinner, dos jugadores camino de convertirse en leyendas. Pero necesita que aparezca un tercer nombre, o un cuarto, o un quinto, para que la monotonía no rompa la magia.

El prodigioso Jódar debuta con victoria en su primer partido en un Grand Slam

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Fue un único grito. Tras culminar su victoria en primera ronda del Open de Australia ante el japonés Rei Sakamoto en cinco sets (7-6 (6), 6-1, 5-7, 4-6 y 6-3) y casi cuatro horas de juego, Rafa Jódar se permitió un gesto inusual en él. "¡Ahhh!", estalló en el centro de la pista 5 de Melbourne Park. Era su debut en Grand Slam, su primera vez en el circuito ATP, y había ganado: se lo merecía. A sus 19 años, el tenis español ya tiene una nueva promesa con la que ilusionarse.

"Esta victoria no me va a cambiar para nada. Me va a dar confianza para afrontar la temporada de la mejor manera posible. Mi objetivo sigue siendo mejorar y disfrutar en una pista de tenis. El partido a cinco sets con Sakamoto ha sido duro, pero lo he disfrutado muchísimo. Me lo he pasado muy bien y estoy muy contento con la victoria", comentó después en rueda de prensa con el mismo tono humilde y comedido que había mostrado en la previa del torneo.

En sus primeras semanas como profesional, tras abandonar la Universidad de Virginia y la NCAA estadounidense, Jódar ya ha demostrado que su lugar está entre los mejores. No hay duda, tanto por su discurso como por su juego. El sorteo del Open de Australia lo emparejó con Sakamoto, un coetáneo al que ya había derrotado en las semifinales del US Open 2024, y supo aprovecharlo. En los dos primeros sets mandó con su velocidad de bola y su envergadura, pero la inexperiencia le impidió cerrar el partido de manera contundente.

Dar YasinAP

Un desliz en el tercer set

Cayó en uno de los errores más comunes en su primer encuentro a cinco sets: relajarse. En el tercer set, con la remontada de Sakamoto aparentemente imposible, Jódar bajó el ritmo, arriesgó menos, se frenó. Su rival no se lo perdonó. Y al español le costó olvidar ese desliz. En el inicio del cuarto set apareció confuso —break en contra para arrancar— y el mal momento casi le cuesta la eliminación. Pero en el set decisivo recuperó la concentración y se aseguró el pase a segunda ronda, donde se medirá el jueves a Jakub Mensik.

"Hace un año estaba viendo el Open de Australia por televisión. Soy un chico de 19 años de Madrid al que siempre le ha apasionado el tenis y el deporte. A partir de ahí, las cosas han ido muy bien y he mejorado mucho. Cada paso lo he disfrutado y he sabido llevarlo. Soy una persona normal, como cualquiera de mi edad", aseguró quien ya está entre los 120 mejores del mundo -saltó 32 puestos con su victoria- y sólo acaba de empezar

El eterno regreso de Paula Badosa: “El tenis siempre me va a llevar al límite emocional”

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Paula Badosa podría estar en cualquier otro lugar. En los últimos tiempos, las lesiones la han martirizado, le han negado cualquier buena racha y la han apartado de las pistas durante meses y más meses. A sus 28 años y con sus dolores, podría haber recogido el botín —más de nueve millones de dólares en premios a lo largo de su carrera— y centrarse en cualquier otra cosa. Seguidores no le faltan —más de un millón en Instagram— ni gancho comercial; le bastaría con disfrutar de la vida. Pero aquí está, en una pista secundaria del Melbourne Park, persiguiendo todavía aquel anhelo que nació en la infancia.

"Quiero ganar un Grand Slam. Todavía hoy es mi sueño, es por lo que me levanto cada día. El tenis siempre me va a llevar al límite mental y emocional; siempre hay altos y bajos. Tener ese sueño que perseguir es lo que hace que me esfuerce", cuenta tras vencer a la azerí Zarina Diyas por 6-2 y 6-4 en la primera ronda del Open de Australia. En la siguiente se medirá a la rusa Oksana Selekhmeteva.

Sonríe Badosa a orillas del río Yarra antes de marcharse a su hotel, el Crowne Plaza, el mismo en el que se aloja Carlos Alcaraz, y recuerda que fue aquí, precisamente aquí, donde más cerca estuvo de ganar un grande. El año pasado derrotó a Coco Gauff, alcanzó las semifinales y tuvo que ser la número uno del mundo, Aryna Sabalenka, quien la frenara a dos pasos del título. Esta vez podría recorrer una senda similar, acercarse de nuevo a la gloria, aunque lo ve complicado.

"El cuerpo me responde"

"Jugar en Australia siempre me ha gustado, pero son situaciones muy distintas. El año pasado venía con muchos partidos a las espaldas, con mucho ritmo competitivo. Ahora, obviamente, me falta todo eso. Después de un parón por lesión la confianza se resiente y se pierde acierto en la toma de decisiones, velocidad de reacción... Eso es lo que más noto que me falta", explica Badosa, que aun así no pierde la esperanza por un motivo muy sencillo: está sana. La espalda, su punto débil, no le duele.

¿Cómo se encuentra?
El cuerpo me está respondiendo muy bien, la espalda también. He hecho una pretemporada muy larga, la más larga de mi vida, y ya he jugado unos cuantos partidos este año con buenas sensaciones. Obviamente estoy cada día pendiente de las lesiones porque he sufrido mucho, como todo el mundo sabe, y quiero prevenir para que no vuelva a pasar.

A simple vista, sus palabras se confirman. El pasado septiembre, una rotura en el cuádriceps izquierdo la obligó a renunciar al tramo final de la temporada, pero se recluyó en Dubái, donde reside, para volver más fuerte. Sus brazos, más musculosos que nunca, dan fe del trabajo en el gimnasio. Sus golpes, tan potentes como le gusta, también se benefician. Este lunes apenas ofreció opciones a su primera rival en Melbourne, Diyas. Cada intercambio desde el fondo de la pista, ¡boom! y punto. A la azerí le faltaba potencia para igualar su velocidad y, si resistió algo más de una hora, fue porque desde el inicio intentó frenarla con tiros cortados y dejadas.

Badosa, durante su partido ante Diyas en Melbourne.

Badosa, durante su partido ante Diyas en Melbourne.AFP

Los discretos números de la española con el saque evidencian que aún le falta seguridad sobre la pista, pero a ver quién la detiene. Según el cuadro, su primera gran prueba llegaría en tercera ronda ante Jessica Pegula, y más allá asoman Madison Keys o Amanda Anisimova. No será fácil.

"El año pasado entrené más fuerte que nunca y ahora me siento en el mejor estado de forma de mi vida. Me centré mucho en el gimnasio y creo que mi cuerpo lo ha agradecido. Mi lesión de espalda siempre va a estar ahí y no puedo controlar que vuelva a doler, pero sí puedo hacer todo lo que esté en mi mano. La prevención, el descanso... ahí tengo que dar el cien por cien", analiza la actual número 26 del mundo, que en los próximos días podría perder su estatus. Si no repite semifinales, cederá muchos puntos e incluso podría verse fuera del Top 50.

En cualquier caso, eso no es ahora lo más importante. "Me encantaría hacerlo bien ya, pero si lo pienso con calma sé que mi mejor nivel llegará dentro de tres o cuatro meses, cuando recupere el ritmo. Ojalá sea antes, pero tengo que tener paciencia hasta la gira europea de tierra batida", se sincera Badosa, otra vez de regreso. Un regreso eterno.

Davidovich cumple en su estreno

Alejandro Davidovich no quiere fallar en Melbourne. Después de su enésimo cambio de entrenador y de sus notables resultados en 2025, el segundo español del ranking ATP debutó en el Open de Australia con una victoria rapidísima por 6-2, 6-2 y 6-3 ante el austriaco Filip Misolic. En sólo una hora y 42 minutos ya estaba en segunda ronda. Davidovich estuvo impecable e incluso salvó las cuatro bolas que tuvo que enfrentar. En segunda ronda se medirá al estadounidense Reilly Opelka, todo un desafío en pista dura, que ganó por 6-4, 6-3 y 6-4 al noruego Nicolai Budkov Kjaer.

Jim Courier, ex número uno: “Alcaraz no quiere responder ante nadie, le comprendo”

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Jim Courier siempre ha sido un tipo intenso. Cuenta la leyenda que, cuando acababa los partidos, salía a correr en lugar de ir a la ducha para demostrar a sus adversarios que podía haber aguantado más. Entre 1991 y 1993 ganó cuatro Grand Slam y fue número uno del mundo, y en Melbourne se le recuerda especialmente porque celebró sus dos Open de Australia bañándose en el contaminado río Yarra.

"Lo volvería a hacer, pero no fue cosa mía. Fue idea de mi entrenador entonces, Brad Stine, que me retó y me acompañó. Sufrimos con aquello", recuerda en conversación con EL MUNDO desde su nuevo rol. Hoy Courier forma parte del equipo de expertos de HBO Max y Eurosport, el canal que emite el primer Grand Slam del año, y agarra el micrófono como agarraba la raqueta. Quizá no sea el más fino ni el más estético, pero las devuelve todas.

Lleva ya 20 años comentando tenis en televisión. Parece una vida dulce.
Lo es. Disfruto mucho comentando partidos, pero también le pongo mucha dedicación. Me dejo la piel, no sale solo. Recuerdo las primeras entrevistas con jugadores como Roger [Federer], Andy Roddick o Marat Safin... buf, un desastre. Tuve suerte porque me ayudaron. El público no sabe el esfuerzo que hay detrás de una retransmisión de televisión. Es un trabajo en el que también sientes presión. Cuando era tenista no tenía ni idea.
¿Nunca quiso ser entrenador?
No. Con la televisión viajo unas cuantas semanas al año, pero entrenar a un tenista exige dedicación total y no quiero eso. Es un sacrificio familiar, más que personal, y tengo dos hijos pequeños, de 11 y nueve años.
En una entrevista explicó que no quiere que sus hijos vean sus trofeos.
Los tengo guardados en cajas. Mis hijos saben quién soy a través de sus amigos del colegio, o mejor dicho, de los padres de sus amigos. Pero yo no les he explicado mucho. No quiero que crezcan con presión, a la sombra de nadie. Su madre y yo somos personas normales, como el resto de padres, y ellos pueden dedicarse a lo que quieran. Aun así, estoy orgulloso de esos trofeos.
¿De cuál más?
El primer Grand Slam es el que te cambia la vida, así que supongo que debo decir Roland Garros 1991. Pero guardo grandes recuerdos de todos.

El momento de Alcaraz

Ya ha empezado el Open de Australia. ¿Le sorprendió el divorcio previo entre Carlos Alcaraz y Juan Carlos Ferrero?
Muchísimo. Cuando todo va bien no parece lógico cambiar. Los tenistas cambian de entrenador por tres razones: resultados, luchas por el control o dinero. No fue un problema de resultados, eso seguro. Así que debe de haber un poco de los otros dos motivos. Será interesante ver a Carlos en este Open de Australia, aunque no creo que su decisión provoque un efecto inmediato en su juego.
¿Por qué?
Antes, en mi época, los equipos eran mucho más pequeños y el impacto de un cambio de entrenador era mayor. No solo cambiabas de técnico, cambiabas de psicólogo, de compañero de viajes, de todo. Ahora los jugadores como Carlos tienen mucha más ayuda y, con Samu López, tiene continuidad en su banquillo.
¿Qué rol debe tener un entrenador de tenis? ¿Debe controlar o dejar hacer?
Depende muchísimo del jugador. Algunos tenistas necesitan un jefe y otros prefieren serlo ellos mismos. El nivel de control fuera de la pista depende mucho de la dinámica de cada pareja. En el caso de Carlos, todos podemos imaginar que cuando era adolescente Juan Carlos le decía lo que tenía que hacer y ahora, a los 22 años, con seis Grand Slam, prefiere no tener que responder ante nadie. La relación entre entrenador y jugador debe cambiar para que dure, igual que un matrimonio o una amistad. A mí me pasaba igual: cuando era joven quería que la gente me dijera qué hacer y luego solo buscaba ayuda técnica.
El año pasado dijo que Alcaraz podía batir uno de sus récords: usted es el más joven en llegar a la final de los cuatro Grand Slam. Por edad todavía puede hacerlo.
Y creo que lo hará este año. De hecho, tiene una gran oportunidad para completar el Career Grand Slam, para ser el más joven en ganar los cuatro 'grandes'. Lo veremos en dos semanas.

La mejoría de Sinner

¿Ve a Sinner favorito aquí en Australia?
Debe superar a Alcaraz, que es su mayor obstáculo. Los veo muy parejos. Pero creo que el año pasado Sinner evolucionó muchísimo, más de lo que se reconoce. Sabemos que su juego se basa en dominar, pero ahora se puede adaptar más al juego de Alcaraz, a sus dejadas, a sus 'slices', a sus cambios de ritmo. Alcaraz es muy completo pero Jannik también. No tienen los agujeros que tuvieron otros campeones como Sampras y McEnroe en Roland Garros o Lendl en Wimbledon. Eso también les da mucha seguridad.
En su época había grandes rivalidades: Sampras, Agassi, Lendl, Becker... ¿Qué le parece la amistad entre Alcaraz y Sinner?
Me parece una amistad real. Y se puede tener amistad y rivalidad a la vez; no me parece un problema. El tenis no es un deporte de vestuarios separados, es un circo itinerante en el que todos viajan juntos constantemente. Entiendo que la gente quiera animadversión, pero no es necesaria. Evert y Navratilova o Federer y Nadal nos demostraron que se puede mantener una amistad y, al mismo tiempo, querer arrancarle la cabeza al otro en la pista.
¿Cree que falta un tercer aspirante a los Grand Slam?
Estaría muy bien, pero lo que tenemos ahora ya es increíble. Dos grandes rivales que pelean por todo, que evolucionan el uno con el otro... Si llega un tercero, mejor aún. Pero esta época ya es increíble. Lo importante es que no haya un solo dominador en el tenis, sino rivalidades constantes.