Celia Antón, la promesa española que se quedó por el camino: "El éxito no era para mí"

Celia Antón, la promesa española que se quedó por el camino: “El éxito no era para mí”

Celia Antón fue un talento único. Celia Antón fue un portento. Celia Antón fue algo más: la perla del atletismo español, el último milagro del mediofondo. Perteneció a la generación que prometía lo imposible junto a María Vicente, Jaël Bestué o la hoy futbolista Salma Paralluelo. Hace una década, en 2015 y 2016, la Federación Española de Atletismo la consideraba la mejor corredora del país menor de 20 años. Pero ahora, a sus 28, ya está de vuelta: lleva varias temporadas lejos de la alta competición y únicamente corre por diversión.

¿Qué pasó?
La salud. Si no tienes salud, nada funciona. Empecé a sufrir lesiones musculoesqueléticas de larga duración que se repetían y se repetían. Nunca tuve la continuidad necesaria para competir en la élite. Lo luché, eh. Lo luché todo lo que pude. Hice todo lo que tenía que hacer: seguí el plan A, el plan B, el plan C y así hasta el plan Z. Pero no era para mí. El éxito no era para mí.

Antón habla con la tranquilidad de quien ya lo ha aceptado todo. No podía ser y no fue. De Aranda de Duero (Burgos), nacida en 1997, a los 10 años se sumergió en el atletismo gracias a una profesora de Educación Física y a los 15 ya era campeona de España sub-16. Ahí llegó el esplendor: hasta los 19 ganaba todo lo que corría y Adidas le firmó un contrato plurianual. Fue la época de los halagos, las expectativas y los premios. Pero también entonces empezaron los dolores. Si no era el talón, era la rodilla y, si no, otra cosa. La exigencia de la competición la lastimaba y no daba con la fórmula. Por entonces vivía en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid y llegó incluso a pedir un cambio de habitación para ver si alejaba el mal fario o, como mínimo, los malos recuerdos. Y, de alguna manera, lo hizo.

"La élite no es sana"

Con 22 años se asomó de nuevo entre las mejores del mundo: fue finalista en los 3.000 metros del Europeo indoor de Glasgow 2019, por detrás de atletas como la británica Laura Muir o la alemana Konstanze Klosterhalfen. Sin duda, era un regreso. En las entrevistas le preguntaban por los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y ella prometía intentarlo: la clasificación no era imposible. Pero ya entonces volvían a incordiarle los problemas físicos. Uno, otro y otro más, hasta que finalmente se apartó de las pistas.

Fue una retirada temprana.
La palabra retirada todavía no ha salido de mi boca. El atletismo me encanta, me apasiona, y no quiero decir que me he retirado. No estoy en la alta competición, dejé esa vida, pero sigue siendo mi hobby. A veces no puedo entrenar y hago bici, yoga o voy al gimnasio, pero adoro correr cuando puedo

Ahora Antón disfruta de las carreras populares e incluso vuelve a tener club. Con la ayuda de su paisano Juan Carlos Higuero ha entrado en el Vicky Foods Athletics, patrocinado por Oysho, y ejerce como embajadora en pruebas y social runs. Sin buscarlo, de hecho, ganó la Milla Urbana de Burgos del pasado año o subió al podio en la Carrera de la Mujer de Barcelona. "Cuando me pongo un dorsal, lo hago lo mejor posible. Si en el futuro tiene que venir algo, que venga. Pero ahora mi mentalidad es otra. No tengo ambiciones: solo quiero pasarlo bien. El deporte de élite no es sano y prefiero centrarme en hacer deporte por salud", comenta Antón, que por suerte siempre supo que algo podía fallar.

Su trabajo como maestra

Mientras peleaba por ser atleta, estudió Bioquímica y un máster en Formación del Profesorado y ahora trabaja como maestra en el Colegio San Gabriel de Aranda. De juguete roto no tiene nada. "Creo que siempre fui consciente de lo que podía pasar; mantuve los pies en el suelo. Me decían que podía batir récords o ganar medallas, pero yo sabía que no solo dependía de mí. Para que un deportista llegue a ser campeón olímpico deben darse una enorme cantidad de factores a su favor", asume la exatleta profesional, ahora atleta amateur, atleta por placer, atleta disfrutona.

¿Fue injusto?
El atletismo me dio mucho y me quitó mucho. Me puedo centrar en una cosa o en la otra. Es mi elección y yo elijo quedarme con lo que me dio. Para mí el atletismo fue un aprendizaje. Viví mucho, viajé, conocí a mucha gente y me quedo con eso. Hay que saber gestionarlo y no siempre es fácil, pero me quedo con todo lo bueno.
El negocio de las exhibiciones: Alcaraz gana en un amistoso en Seúl casi lo mismo que si conquistara el Open de Australia

El negocio de las exhibiciones: Alcaraz gana en un amistoso en Seúl casi lo mismo que si conquistara el Open de Australia

Carlos Alcaraz aterrizó en Seúl el jueves, atendió a fans coreanos en el aeropuerto, visitó la sede de Hyundai, ofreció una rueda de prensa amabilísima -muchas preguntas de broma, ninguna sobre su separación de su ya exentrenador Juan Carlos Ferrero- y este sábado (08:00 horas, Movistar) se enfrentará a Jannik Sinner en una exhibición de una hora y media. Gane o pierda, este domingo se marchará de la ciudad con dos millones de euros más, según publicó La Gazzetta dello Sport.

Unas horas después, Alcaraz llegará a Melbourne, se entregará a numerosos actos publicitarios -entre ellos un partido a un punto con un aficionado-, se enfrentará en las siguientes dos semanas a los mejores tenistas del mundo en siete partidos de esfuerzo máximo e intentará levantar su primer Open de Australia. Si lo logra, con el propio Sinner como amenaza, ingresará 2,4 millones de euros, no mucho más de lo que ya tiene asegurado en Seúl. De hecho, si es subcampeón apenas recibirá la mitad.

JUNG YEON-JEAFP

Siempre ha habido encuentros de exhibición en el tenis. Antes de la Segunda Guerra Mundial, jugadores históricos como Bill Tilden o Suzanne Lenglen ya disputaban partidos amistosos y recibían notables cantidades por ello, aunque entonces prevalecía la excusa proselitista: descubrieron el tenis a muchos que no lo conocían. En las décadas posteriores hubo auténticos profesionales de las exhibiciones, como Bjorn Borg, pero con la madurez de los circuitos ATP y WTA la tendencia fue decreciente. Roger Federer y Rafa Nadal también disputaron en 2006 un lucrativo encuentro en Seúl, por ejemplo, pero en sus agendas apenas había huecos para informalidades.

En los últimos años, en cambio, la moda de las exhibiciones ha vuelto con fuerza. Pese a que el calendario tenístico es cada vez más exigente por medidas como la ampliación de los Masters 1000 a dos semanas, los mejores tenistas no paran de disputar encuentros de esta índole por todo el mundo por un motivo muy claro: se pagan exageradamente bien. Lejos de las obligaciones que implica la organización de un torneo -y de la dificultad de entrar en el universo ATP-, empresas y gobiernos de todo el mundo ven en el formato de exhibición una forma de promoción y no dudan en gastar lo que haga falta.

La defensa de Alcaraz

Gracias a ello, Alcaraz, que según los extenistas del podcast Nothing Major tiene un caché superior a los 1,5 millones de euros, puede ganar en una única temporada entre ocho y 10 millones únicamente a través de las exhibiciones. En los últimos años, el número uno ha tenido que escuchar críticas por la falta de descanso que esto implica, pero la recompensa no es poca cosa.

«Es un formato muy diferente. Es muy distinto jugar una exhibición que un Grand Slam oficial, con 15 días seguidos de una concentración muy alta y una exigencia física enorme», declaró hace unos meses Alcaraz a BBC Sports, y añadió: «Los jugadores elegimos las exhibiciones porque consisten en simplemente divertirse y eso es genial». El año pasado, el español participó en las exhibiciones previas al Open de Australia en enero, se midió en marzo a Frances Tiafoe en Costa Rica, en octubre disputó el multimillonario Six Kings Slam de Arabia Saudí y en diciembre volvió a verse con Tiafoe en Nueva Jersey y se midió a João Fonseca en Miami.

Los torneos pequeños, los perjudicados

Para él y el resto de jugadores, el riesgo de estas exhibiciones es mínimo y el beneficio, alto. Para el tenis es otra cosa. Los Grand Slam van incrementando sus premios para no quedarse atrás, pero la tendencia afecta con mayor fuerza a los torneos pequeños. Las exhibiciones impiden que los mejores tenistas incorporen citas ATP 250 como las que se disputan estas semanas -Brisbane, Hong Kong, Adelaida, Auckland- en sus preparaciones y, sobre todo, les roban protagonismo.

La mirada del público, que durante toda la temporada ya está centrada en los duelos entre Alcaraz y Sinner, no puede extenderse a torneos más humildes ni cuando ambos están fuera de la competición oficial. En la pista es normal que haya alegría durante las exhibiciones; en los despachos crece la preocupación.

Muere Uliana Semenova, la jugadora de baloncesto más determinante de la historia

Muere Uliana Semenova, la jugadora de baloncesto más determinante de la historia

Nunca hubo una jugadora de baloncesto tan dominante como la letona Uliana Semenova. Si jugaba, ganaba. Durante dos décadas, desde su debut con 16 años en 1968 hasta su retirada en 1988, su Daugava Riga se impuso 11 veces en la Euroliga femenina y la Unión Soviética dominó dos Juegos Olímpicos, tres Mundiales y hasta 10 Europeos. De hecho, en sus 18 años en activo, la URSS sólo perdió un encuentro. Con sus 2,13 metros de altura y sus 135 kilos de peso era imparable.

Por eso, cuando el Telón de Acero comenzó a hacerse permeable, en 1987 fichó por el Tintoretto Getafe y en 1988 por el Valenciennes Orchies francés y, pese a su decadencia física, dejó huella en ambos países. Pero desde que abandonó las pistas, la vida de Semenova estuvo muy alejada del éxito, hasta su fallecimiento este viernes.

"Letonia ha sufrido otra gran pérdida: el fallecimiento de la leyenda del deporte Uliana Semenova. La chica de oro del baloncesto olímpico, mundial y europeo, una persona muy cálida y comprensiva. Nuestro más sentido pésame a la familia, colegas y aficionados de Uliana", afirmó el presidente de Letonia, Edgars Rinkevics, en un mensaje en X, que no mencionaba el mal vivir de Semenova en sus últimos años.

Sus problemas económicos

Con acromegalia, un trastorno hormonal que hace que la glándula pituitaria produzca gran cantidad de hormona de crecimiento, la letona pronto empezó a sufrir problemas de movilidad, tuvo que someterse a varias operaciones y luchó hasta el final para costearse su manutención. En sus años en activo, las normas soviéticas le impidieron resguardar ciertos ahorros -mucho menos generar un patrimonio-, y después del baloncesto no pudo dedicarse a otras labores.

Por eso hace tres años, al conocer sus problemas económicos, las exjugadoras del Club Clermont Université organizaron una recogida de fondos para ayudar a quien fuera su rival y generaron todo un movimiento de solidaridad en el baloncesto europeo. "No está abandonada pero no tiene una gran pensión y debe invertir 9.000 euros para acondicionar su piso y le deberían poner una prótesis. Esperamos que participe la mayor cantidad de gente posible porque el deporte no es sólo medallas, también es amistad, fraternidad, viajes", aseguraba entonces Jacky Chazalon, leyenda del baloncesto francés. Con más de 20.000 euros recaudados, se pudieron pagar las necesidades médicas de Semenova y una pequeña reforma de su casa.

En la campaña también participaron excompañeras suyas del Tintoretto, donde fue subcampeona de Liga y donde "dejó un gratísimo recuerdo entre sus compañeras y rivales", según recogía este viernes la Federación Española de Baloncesto, que trasmitía "en nombre de todo el baloncesto español, su más sentido pésame a familiares y amigos de Uliana Semenova, así como a la Federación de Letonia".

Cristina Gutiérrez asalta el Dakar: ¿Puede convertirse en la segunda mujer en ganarlo?

Cristina Gutiérrez asalta el Dakar: ¿Puede convertirse en la segunda mujer en ganarlo?

El Dakar exige cautela a quienes corren, sí, pero también a quienes lo siguen. Quizá ya no sea un rally tan imprevisible, tan aventurero, tan salvaje como fue, pero igualmente en cualquier duna todo puede cambiar. Cualquiera entre los 10 primeros tiene opciones de victoria final y en ese grupo, ahora mismo, transcurridas las tres primeras etapas, está Cristina Gutiérrez.

A sus 34 años, ya no solo es pionera, es algo más. Después de participar en nueve ediciones, su objetivo ha dejado de ser acabar y vencer en la más bien simbólica clasificación femenina. Ahora quiere asaltar la general, llevárselo todo y, visto lo visto, puede hacerlo. Este martes acabó quinta en la especial de 422 kilómetros con salida y meta en Al Ula y apenas se distancia en seis minutos del líder de la prueba, el estadounidense Mitch Guthrie. Los dos españoles que tiene por delante, Carlos Sainz, cuarto, y Nani Roma, quinto, no están muy lejos. ¿Puede realmente ganar la carrera?

"Estoy teniendo muy buena vibración en este Dakar, somos muy constantes y eso que hemos tenido cada día un pinchazo", comentaba Gutiérrez eufórica en la llegada, donde felicitaba a su copiloto, Pablo Moreno, por su labor en la navegación: "Está haciendo un trabajazo brutal". El jefe de su marca, Dacia, Bruno Famin, se acercó a darle personalmente la enhorabuena y declaró que, pese a que los dos líderes, Nasser Al-Attiyah y Sebastian Loeb, van detrás suyo, no se plantea hacerle parar: "Nuestros cuatro coches van a competir hasta que alguno quede eliminado, sea quien sea".

Una década de aprendizaje

Hasta esta edición, la mejor clasificación final de Gutiérrez fue el puesto 16 que obtuvo en 2024, pero su currículo merece respeto. Durante un lustro disfrutó en categorías como la T3 o la Challenger, con varias victorias de etapas y un triunfo final, y su salto con los mayores llegó el pasado año.

El camino, eso sí, no fue inmediato. Odontóloga de profesión, aficionada a los rallys por herencia de su padre, Gutiérrez llegó al Dakar casi por intuición y tuvo que aprender a toda velocidad. Debutó en 2017, sin estructura oficial ni grandes expectativas, y pese a los errores y el cansancio ya alcanzó la meta. El resto de pilotos siempre la analizan desde la misma perspectiva: sabe correr el Dakar. No confunde una etapa con la carrera, ni un buen parcial con una obligación de ataque. Gestiona el ritmo, cuida el coche y toma decisiones pensando en el día siguiente.

Mientras otros alternan fogonazos con problemas, Gutiérrez suma kilómetros y confianza, que es la moneda más cara en Arabia Saudí. El contexto también juega a su favor. El fichaje por Dacia supuso un empujón definitivo para su carrera, más aún por cómo se hizo: no fue un gesto de marketing, fue un proyecto deportivo a su alrededor. Mismo coche y misma mecánica que sus compañeros, también misma presión y mismas órdenes.

Si Gutiérrez lograra culminar este Dakar en lo más alto de la general, entraría en la historia del deporte. Solo Jutta Kleinschmidt, en 2001, ha sido capaz de ganar el Dakar absoluto en coches. Desde entonces, ninguna mujer ha vuelto a pelear de verdad por ese objetivo. Que casi un cuarto de siglo después una española esté en disposición real de hacerlo no es una cuestión de género, sino de rendimiento. No sería una victoria simbólica. Sería una victoria total. ¿Puede Cristina Gutiérrez ganar el Dakar? Hoy, al menos, la pregunta ya no suena ingenua. Suena razonable. Y en el Dakar, eso ya es decir mucho.

Junko Tabei, la historia olvidada de la primera mujer que subió al Everest: "Ella y su marido eran raros en Japón"

Junko Tabei, la historia olvidada de la primera mujer que subió al Everest: “Ella y su marido eran raros en Japón”

El marido de Junko Tabei trabajaba en la fábrica de coches de Honda, le explicó que la tela de los asientos era impermeable y ella no dudó en pedirle un rollo de varios metros: lo cortó, lo cosió y así hizo la chaqueta y las manoplas con las que se convirtió en 1975 en la primera mujer en subir al Everest. Anécdotas como esa, muchas. Decenas. Pero se conocen muy pocas.

Tabei hizo historia y hoy apenas se la recuerda. Escribió ocho libros explicando todas sus aventuras y durante muchos años solo se publicaron en Japón, con escaso éxito. No fue hasta después de su muerte en 2016 que apareció algo de bibliografía sobre ella en inglés. "Por eso quisimos hacer el documental", explica la directora española Isabel Díaz Novoa, autora de Lady Everest, que reivindica la figura de la alpinista japonesa. El documental se estrenó el pasado 11 de diciembre en el BBK Mendifilm de Bilbao y en los próximos meses recorrerá España de festival en festival.

Nacida en Mihaur, cerca de Fukushima, en 1939, cuenta la leyenda que Tabei se enamoró del alpinismo cuando subió a los 10 años al monte Nasu, aunque es difícil de creer: es una cima de apenas 1.000 metros de altitud, donde hoy hay un parque de atracciones enorme. Sería como enamorarse del montañismo en el Tibidabo. En realidad, su amor por las alturas nació en el Club de Montaña de la Universidad para Mujeres Showa, donde estudió Filología Inglesa, y creció en la reivindicación.

"Le decían que se quedara en casa"

"Las mujeres no estaban admitidas en los clubes masculinos y, si les incluían en alguna expedición, les prohibían abrir vías. Las utilizaban para darse publicidad. Tabei luchó para crear un club femenino y en 1970 organizó un viaje con otras mujeres al Annapurna III, que fue su primera ascensión fuera de Japón. Hizo cumbre, pero hubo muchas tensiones entre las alpinistas", explica Díaz Novoa, quien pudo entrevistar al marido de Tabei, Masanobu Tabei; al pequeño de los dos hijos de ambos, Shinya Tabei; y entre otras personas, a Setsuko Kitamura y Emoto Yoshinobu, miembros de la expedición al Everest de 1975.

¿Aquella ascensión al Annapurna III le permitió viajar al Everest?
En parte, sí, en parte, no. De todos modos le costó muchísimo. Necesitó cuatro años de preparación por los permisos y, sobre todo, por la financiación. En 1975 Tabei ya era madre y cuando se reunía con los empresarios todos le decían que se quedara en casa, que tenía que cuidar de su hija mayor Noriko, que la sociedad japonesa no vería bien su expedición al Everest. En realidad, tenían algo de razón: ella y su marido eran raros. Masanobu Tabei era alpinista, perdió varios dedos de los pies en el Cervino y tuvo que dejar las montañas. Por eso él le apoyaba y se quedaba en casa, aunque socialmente en Japón los dos eran incomprendidos.

Si Tabei consiguió el dinero para asomarse al techo del mundo fue porque la televisión japonesa, Nippon Television, y el periódico más leído, el Yomiuri Shimbun, entendieron el calibre histórico de su aventura y decidieron pagar una parte. A cambio, la alpinista tenía que acompañarse de cuatro periodistas, dos por medio. Una escolta que le trajo algún que otro problema.

La avalancha en el Everest

"En el campo 2, a más de 6.000 metros de altitud, Tabei y sus compañeras sufrieron una avalancha. La nieve que llegaba del Lhotse se llevó las tres tiendas de campaña de las expedicionarias. No sufrieron traumatismos, pero sí muchas contusiones", relata Díaz Novoa. Los únicos que se libraron eran los cuatro periodistas, que dormían en una tienda separada y que bajaron al campo base para avisar de que se anulaba el intento de ascensión. Tuvo que ser Tabei la que dijera que de eso nada, que solo necesitaban unos días extra para curarse las heridas.

Díaz Novoa, autora del documental.

Díaz Novoa, autora del documental.

¿La entendieron un poco mejor al llegar del Everest?
En Japón cambió mucho la perspectiva que había sobre ella. La recibieron con todo tipo de homenajes. De hecho, al contrario de lo que le pedían, tardó dos meses en poder ir a casa con la familia porque tuvo que participar en todo tipo de fiestas y festivales por todo el país.Ella dijo todo el tiempo que se consideraba antes ama de casa que alpinista y eso lo utilizó el Gobierno. Fue presentada como un ejemplo de mujer fuerte capaz de cuidar de su familia y de escalar a la cima más alta del mundo.

Después del Everest, Tabei se convirtió en la primera mujer en completar las Siete Cumbres, es decir, la montaña más alta de todos los continentes. Recibió premios como el Leopardo de las Nieves, que se concedía a quienes ascendían a los mayores picos de la Unión Soviética, y ofreció múltiples charlas en empresas con su lema, "paso a paso". En 2012 fue diagnosticada de cáncer de estómago, aunque siguió en las montañas hasta la muerte: tres meses antes de morir visitó por última vez el Monte Fuji.

"Antes de hacer el documental ya sabía que la figura de Tabei no era muy conocida en Europa o Estados Unidos, pero me sorprendió la poca importancia que le dan hoy en día en Japón", finaliza Díaz Novoa, que añade: "Incluso su marido y sus hijos me preguntaron por qué quería explicar su vida. Me parece evidente el gran peso que tiene su trayectoria en la historia del alpinismo".

La felicidad o por qué Alcaraz dominó el tenis este año

La felicidad o por qué Alcaraz dominó el tenis este año

Estaba en un hotel de puro lujo en una isla paradisiaca de Turcas y Caicos, tenía una playa privada frente a su habitación y un barco a su disposición para navegar hasta Miami, pero lo que recordará Carlos Alcaraz de sus semanas de vacaciones recién finalizadas serán las partidas de mus o de League of Legends junto a su hermano Álvaro y sus amigos de siempre, el Joserra, el Pedro, el Fran, el Álex.

2025 fue el mejor año de la carrera de Alcaraz: remontó la final de todas las finales en Roland Garros ante Jannik Sinner, volvió a derrotar a su máximo rival en el US Open y acabó la temporada como número uno. Pero sobre todo 2025 fue el año en el que encontró el equilibrio.

Hay muchos motivos técnicos y muchos motivos tácticos y muchos motivos técnico-tácticos, pero si el español domina el tenis de la manera en la que lo hace, hasta sumar seis Grand Slam con apenas 22 años, es porque ha entendido una cosa: las victorias no dan la felicidad, la felicidad puede llevar a las victorias.

Otras temporadas acabó cayendo en la desesperación, el llamado burn-out: en 2025 ya no. Alcaraz ha comprendido que lo primero es su bienestar. Para vencer necesita alegría y su alegría se basa en la compañía, en sentirse querido, en estar con los suyos el máximo tiempo posible. Más que trofeos, le llenan las comidas con su familia, los ratillos con los amigos.

Bajo esa máxima también se puede entender el divorcio con su entrenador, Juan Carlos Ferrero: por encima de todo, su espacio. Bajo esa máxima incluso se puede entender su ventaja respecto al resto de tenistas.

El antiejemplo, Zverev

Este 2025, cuando el español o Sinner no estaban en pista, se observaban cuadros de ansiedad, montones de hombres padeciendo el privilegio de vivir holgadamente de un juego. Hay un debate encendido sobre qué posición ocuparían Alcaraz o Sinner si hubieran nacido 15 o 20 años antes, pero no hay duda sobre qué pasaría con el resto de jugadores del Top 10 actual. Nada bueno.

El caso paradigmático es Alexander Zverev. De otros, como Alex de Miñaur o Lorenzo Musetti, se puede decir que su tenis no les alcanzó para discutir a los dos mejores del mundo. Pero con el alemán es distinto: tiene el juego, siempre lo ha tenido, pero le falta precisamente eso, la alegría.

Zverev vive en una constante lucha contra sí mismo que le lleva a sabotarse cuando menos debe. Cuatro veces se enfrentó al italiano durante la temporada y cuatro veces se empequeñeció hasta desaparecer. Su estabilidad parece depender de ganar, incluso de ganar mucho, de celebrar por fin su primer Grand Slam, y así será difícil que lo consiga.

En un deporte individual, más en uno tan cruel como el tenis, esa inquietud es letal. Y al mismo tiempo quizá sea inevitable. Quienes llegan a lo más alto de la ATP lo hacen cargados de un entorno armado de halagos y exigencias -normalmente personificado en el padre- y es imposible hollar la cima con tanto peso.

Muchos de su generación ya han caído por lo mismo: Daniil Medvedev, Stefanos Tsitsipas, Andrei Rublev. Y muchos otros lo harán. La revelación del final de temporada fue Felix Auger-Aliassime, aunque en sus ojos se sigue leyendo la tristeza.

Sinner aprende a disfrutar

También les pesa la diferencia con Alcaraz, siempre disfrutón, y con un Sinner que este 2025 ha emprendido su mismo camino. La rivalidad con el español sería un nido de frustración para muchos, ya no digamos perder como perdió en París, pero el número dos del mundo analizó lo ocurrido y extrajo la mejor conclusión posible: su rival le derrotó porque al final se lo gozó más. El balance, Sinner también ha hallado el balance.

En el último de seis duelos Alcaraz-Sinner del curso recién terminado, la final de las ATP Finals, pasó algo extraordinario. Durante el segundo set, Sinner engañó con una dejada de revés a Alcaraz y este, que no llegó a devolverla, sonrió. Sonrió de verdad. Sonrió con todos los dientes.

Si hubiera sido un partidillo en el club, sin trofeos ni cámaras, lo hubiera parado y le hubiera dicho a su amigo: «Lo ves, ahí me has pillado». Son muy distintos, pero Sinner devolvió el detalle a Alcaraz con una miradita cómplice. Dentro de todo, los dos estaban echando un buen rato.

Poco después, en Turín, las cámaras ya estaban apagadas, pero al acabar la ceremonia de trofeos, Sinner saltó a la pista con su equipo, unos familiares, su nueva pareja y su perrete. Ahí se podía ver que el tipo es mucho más alegre de lo que parece.

Le lanzó un «Sit!» al animal, el animal le hizo caso y entonces Sinner soltó una carcajada. ¡Una carcajada! Como Alcaraz, parece que también se siente en paz, que duerme bien, que tararea al pasear por la calle. Este 2025 fue el año de la felicidad en el tenis; la felicidad de Alcaraz y Sinner que no se sustenta en victorias.

Un día en un Centro de Alto Rendimiento: "Siempre hay salseo. Mucha gente joven, fuerte, atractiva... siempre pasa algo"

Un día en un Centro de Alto Rendimiento: “Siempre hay salseo. Mucha gente joven, fuerte, atractiva… siempre pasa algo”

Pasta con tomate y ensalada lleva Andrea Fuentes en la bandeja y come a toda prisa; se va también volando, siempre a la carrera, la seleccionadora de sincronizada. Las nadadoras de su equipo, en cambio, se esparcen en su conversación en una de las mesas que dan a la ventana y son las más ruidosas hasta que aparece el grupo de halterófilos, que repite de carne, y de pescado, y de todo aquello que rebose proteína.

Al mediodía, el comedor del Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat es un muestrario del deporte español. Se puede hacer un juego divertido: mirar quién entra y descifrar su disciplina.

«Cuando llegué, la gente me preguntaba: '¿Trial? ¿Eso qué es?' Pero yo les decía: "¿Gimnasia de trampolín? ¿Eso qué es?" En realidad, eso es lo más chulo. Normalmente los equipos van juntos y los que venimos de deportes individuales, minoritarios, hacemos piña. El tiro, la escalada, la esgrima...», cuenta Berta Abellán, vigente campeona del mundo de trial, que lleva aquí 10 años como externa.

Abellán, en el CAR.

GORKA LOINAZ

En España hay cuatro Centros de Alto Rendimiento y nueve Centros de Especialización de Tecnificación Deportiva, pero solo en dos se puede vivir y estudiar: Madrid y Sant Cugat.

Ambos se crearon al calor de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, ambos tienen más o menos las mismas plazas -algo menos de 300-, en ambos se cursa ESO, Bachillerato y algunos grados medios y superiores, y ambos ofrecen servicios parecidos: preparación física, medicina, fisioterapia, nutrición, fisiología, psicología, biomecánica...

Conseguir una beca interna, con cama en habitación doble y comida, es un sueño para cualquier deportista de entre 16 y 20 años, por las instalaciones, la ayuda de profesionales y la facilidad para compaginar estudios y entrenamientos.

"Sólo veo dos cosas malas"

«Lo tienes todo a mano y el instituto del CAR tiene una dinámica diferente. En mi escuela pensaban que me inventaba competiciones para no ir a clase. Aquí los profesores te apoyan», explica Abellán, que añade: «Solo veo dos cosas malas: la presión por renovar la beca y el peligro de que te satures. Viviendo aquí puedes cansarte de tanto deporte, no airear la cabeza».

Esa explicación descifra por qué han cambiado los dos grandes CAR de España desde su creación. En sus inicios solían acoger deportistas ya formados que, en sus lugares de nacimiento, no tenían medios para entrenar: era normal ver a residentes que superasen los 25 años. Ahora, en cambio, los menores de edad son mayoría; el CAR es un lugar de paso y, en cuanto maduran, se van a vivir fuera.

De hecho, solo media docena de residentes en Sant Cugat -varias nadadoras de sincronizada y el atleta Josué Canales-, estuvieron en los Juegos Olímpicos de París 2024, aunque en el lugar se prepararon los conjuntos de waterpolo, rítmica o hockey hierba, además de escaladores, atletas, taekwondistas, gimnastas...

La supervisión de profesionales

«El CAR es cada vez más para etapas formativas. Fuera de aquí hay mejores instalaciones que antes, es más fácil el acceso a los profesionales... Pero esto sigue siendo un privilegio», proclama Susana Regüela, jefa de la Unidad de acompañamiento a los deportistas, que fue residente en el CAR como lanzadora en los años 90.

Regüela asume la presión que puede generar el lugar: «En el departamento de psicología hay varios temas recurrentes: está el peso que genera ser becado en el CAR, la presión por no perder la beca y está la soledad. Hay mucho jaleo, pero también ausencia». «Recuerdo una deportista canaria que me decía: 'Llevo tres meses aquí y nadie me ha abrazado'».

«Cada vez tenemos una mirada más holística sobre el deportista; antes todo era entrenar. Todo ha cambiado. Los jóvenes ahora necesitan cosas como Wi-Fi o aire acondicionado. Nosotros traíamos ventiladores de casa y hacíamos inventos con hielo», recuerda Regüela y comenta: «Además, las familias quieren estar presentes, ser parte del CAR. Yo pasé aquí una década y mis padres solo vinieron una vez, para traerme».

Regüela, en el CAR

Regüela, en el CARGORKA LOINAZ

La ex atleta forma parte del equipo que supervisa la residencia y sus habitaciones separadas por plantas: hay una para las chicas menores, una para los chicos mayores y una última mixta para los mayores de edad.

El centro tiene protocolo contra el bullying o el acoso sexual y un reglamento de convivencia, con sus faltas leves, graves y muy graves, que pueden llevar a la expulsión. «No hay muchos casos muy graves, dos o tres al año como mucho», señala Regüela, que rehúsa dar ejemplos. El personal del centro está formado para identificar situaciones problemáticas, como el deportista que siempre come solo, o aquel que deja mucha comida en el plato, aunque siempre «con discreción».

El uso del móvil es libre -«no sirve restringir, solo educar sobre su uso»- y hay máquinas de preservativos en los lavabos. «Hay relaciones, claro, a diario; sería ingenuo pensar lo contrario. De aquí han salido matrimonios, recuerdo una boda de dos deportistas de tenis de mesa», reconoce la ex atleta.

La historia de la 313

Un residente, el atleta Josué Canales, le secunda: «Siempre hay salseo. Mucha gente joven, atractiva... siempre pasa algo. Pero se descansa bien. Yo estoy en la planta de mayores y somos serios. Los más jóvenes tienen más jaleo». Hace unos meses, Netflix estrenó una serie, Olympo, ambientada en un ficticio CAR Pirineos, donde todo eran amoríos, envidias y calenturas. La realidad no es para tanto. «Tampoco hay grandes movidas como en la serie», rectifica Canales, que tiene una prebenda en el CAR.

Aunque las habitaciones rotan cada año, la suya era la 313; es la 313 y será la 313 hasta que se vaya. Es lo que tiene batir el récord de España indoor de los 800 metros y celebrarlo haciendo un 313 con los dedos.

Venía de un entorno complicado en Girona y aquí se encontró «un cambio brutal». «Para mí fue un sueño. Cuando llegué pensé: 'Ahora ya no tengo excusas, me toca luchar'».

A sus 24 años, Canales sigue la estrategia de todos los veteranos: ahorrar y estudiar a distancia y prepararse para salir del Centro de Alto Rendimiento con todo preparado. «Es lo que hacemos todos», admite justo al salir de la pista de atletismo.

De camino a la residencia se encuentra con la pared de escalada de velocidad, última incorporación al centro junto al segundo gimnasio. Mientras se prepara la renovación del gimnasio principal, una mole de 400 metros cuadrados, se ha creado un box de crossfit con lo último de lo último.

De dónde sale el dinero

«Intentamos tenerlo todo actualizado, aunque evidentemente es un centro público y todo tiene sus tiempos», acepta Natalia Rovira, preparadora física del CAR y ex gimnasta.

El CAR de Sant Cugat cuenta este año con siete millones procedentes de la Generalitat, tres millones y medio del Consejo Superior de Deportes y otros tres de la facturación propia obtenida de alquilar las instalaciones a otros organismos. El CAR de Madrid, en cambio, vive principalmente del CSD, del que recibe casi 10 millones.

Rovira, en el CAR.

Rovira, en el CAR.GORKA LOINAZ

«En un CAR no tienes que preocuparte de nada, puedes centrarte en lanzar tu carrera deportiva. La sociedad y el deporte evolucionan, pero esto sigue siendo un lujo», finaliza Rovira.

Ya es tarde y el comedor del CAR se llena de nuevo. Andrea Fuentes sigue a la carrera, los halterófilos continúan repitiendo proteína y Josué Canales entrena de nuevo.. Afuera, en Girona o en Canarias o en cualquier pueblo de España, hay cientos de adolescentes soñando con llegar aquí. Dentro, entre el salseo y la presión por renovar la beca, los que ya lo lograron saben que esto es un privilegio. Un privilegio agotador, pero privilegio al fin.

Kyrgios derrota con comodidad a Sabalenka en la Batalla de los Sexos

Kyrgios derrota con comodidad a Sabalenka en la Batalla de los Sexos

El australiano Nick Kyrgios ganó el partido de exhibición de tenis ante la número 1 mundial bielorrusa Aryna Sabalenka, en lo que se presentó como una nueva "Batalla de los Sexos", este domingo en Dubái.

Kyrgios, subcampeón de Wimbledon en 2022 pero caído actualmente a sus 30 años al 671º puesto del ranking ATP, derrotó 6-3 y 6-3 a Sabalenka (27 años).

El excéntrico jugador australiano se impuso además con la sensación de no estar golpeando la bola tan fuerte como de costumbre, en un partido que tenía más de show que de pulso deportivo real y que contaba con unas reglas modificadas para tratar de brindar un duelo más equilibrado.

La pista tenía dimensiones reducidas y el australiano jugaba en una parte un 9% más grande que el de la bielorrusa. Ambos tenían además una única bola con su servicio en vez de las dos habituales.

Este partido hacía pensar inevitablemente en otra mítica "Batalla de los Sexos" del tenis, la que en 1973 enfrentó al excampeón estadounidense Bobby Riggs, que tenía entonces 55 años, con las dos mejores tenistas femeninas de la época, Margaret Court y Billie Jean King.

Para ambas, aquellos partidos servían de reivindicación en un momento en el que se estaba organizando el circuito profesional de mujeres. Riggs ganó claramente a Court pero perdió ante Billie Jean King, lo que adquirió un enorme valor simbólico en aquel momento histórico.

La situación es ahora muy diferente, con un tenis femenino sólidamente asentado desde hace décadas y que ha logrado equiparar los premios económicos en los principales torneos.

Por ello el partido se leía más en clave de espectáculo y 17.000 espectadores acudieron a presenciarlo en Dubái. Entre los asistentes estaban los exfutbolistas brasileños Ronaldo o Kaká.

Deportivamente, el interés del partido fue limitado. El australiano dominó claramente e incluso se permitió algunos momentos de diversión como un saque de cuchara, un arma que él mismo ya utilizó en otros partidos más serios en el pasado.

Sabalenka y Kyrgios: la Batalla de los Sexos que amenaza con reabrir un debate ya cerrado sobre el tenis femenino

Sabalenka y Kyrgios: la Batalla de los Sexos que amenaza con reabrir un debate ya cerrado sobre el tenis femenino

Bobby Riggs era un bocachancla. Ganador de tres Grand Slam antes de la Segunda Guerra Mundial, varias décadas después, en los años 70, observó los avances del tenis femenino y se colocó enfrente. Literalmente enfrente.

"Las tenistas no tienen estabilidad emocional para ser deportistas y deberían restringir su actividad a la cama y a la cocina", soltó en uno de sus alegatos machistas. Después desafió a Billie Jean King, líder y fundadora de la WTA, a un partido. King, entonces dominadora del circuito, lo consideró una provocación y pasó de él, pero Riggs insistió. Y mucho. Incluso puso sobre la mesa unos 100.000 dólares, lo que King ganaba en toda una temporada.

Al final logró enfrentarse a ella el 20 de septiembre de 1973 en Houston en la llamada Batalla de los Sexos y su rotunda derrota por 6-4, 6-3 y 6-3 ante una audiencia millonaria —se emitió en prime time en la ABC— fue un espaldarazo para el tenis femenino. Años más tarde, la ESPN desveló que pudo ser un amaño, que el tenista debía dinero a la mafia y que perder significaba limpiar sus deudas, pero la historia ya estaba escrita. Riggs era un bocachancla, pero a su manera cambió el tenis.

Ahora todo es distinto.

Este domingo, un hombre, Nick Kyrgios, se volverá a enfrentar a una mujer, Aryna Sabalenka, y hay alguna que otra similitud con el partido entre Riggs y King, pero sobre todo hay mil diferencias. Kyrgios también es un charlatán cuyo esplendor tenístico quedó atrás —está medio retirado desde 2023 por lesiones recurrentes—, Sabalenka también es la mejor jugadora del momento y el duelo también ha recibido el apodo mediático de Batalla de los Sexos, pero deja de contar. Todo lo demás es distinto.

Un producto de marketing

El encuentro se disputará en Dubái (17.00 horas) y en la mayoría de países se emitirá en plataformas de pago, como Movistar+ en España. No nace de una dialéctica previa, sino de una promotora o de algún brainstorming en Evolve, la agencia de representación que dirige la carrera de los dos contendientes. Y, lo que es más importante, no servirá para impulsar ningún debate alrededor del tenis femenino, más bien para regresar a uno que ya parecía cerrado.

Los Grand Slam ya han igualado sus premios a hombres y mujeres, las tenistas son las deportistas mejor pagadas con diferencia y la lucha por la paridad en el tenis ya solo trata detalles. Importantes, pero detalles. Desde hace años, las jugadoras reclaman que en los torneos grandes las programen en mejores horarios, por ejemplo. Pero pocos en las pistas dudan de que lo que cobran ellas tenga que ser lo que es. De momento.

Aunque se trate de un encuentro de exhibición, una victoria de un Kyrgios jubilado ante la todopoderosa Sabalenka daría argumentos a quienes quieren reabrir ese melón y organizar un reparto monetario desigual.

La previsión de Muguruza

La propia Billie Jean King y otras exjugadoras, como Garbiñe Muguruza, no lo ven con buenos ojos. "Mi partido se centraba en el cambio social que se estaba produciendo, en la situación que vivíamos en 1973, este no tiene nada que ver. Quiero que Sabalenka gane, pero el contexto no es el mismo", comentó King a BBC Sport. Muguruza señaló en Cope: "Es un show, no tiene nada que ver con lo que fue la Batalla de los Sexos. Esto es por diversión, para que los fans se lo pasen bien".

El argumento de Muguruza estuvo acompañado de un pronóstico que ya trajo polémica: si Kyrgios juega en serio ganará sí o sí. "Yo creo que incluso un júnior me ganaba estando yo en el número uno", anotó la ganadora de dos Grand Slam sobre la superioridad física masculina. Pero el australiano, en realidad, lo tiene en contra. De hecho lo más probable es que pierda.

Más allá de su estado de forma y del momento de Sabalenka, el partido de exhibición probablemente ya nace con un marcador pactado y si no, como mínimo, con ciertas condiciones.La pista será un 9% más pequeña por un estudio que considera que las mujeres son un 9% más lentas que los hombres y los dos contendientes sólo dispondrán de un saque para entorpecer la potencia del australiano.

"Le voy a ganar de paliza", aseguró Sabalenka y quizá tenga razón. Si lo hace las partes se dividirán el botín -por ahora desconocido- y promotores y responsables de marketing considerarán los beneficios del partidillo. Si no lo hace, en cambio, el tenis se puede sumergir en una discusión que creía enterrada desde los tiempos de Billie Jean King y el bocachancla de Bobby Rings.

Josep Pedró, un charcutero en el Dakar: "La crisis me dejó sin patrocinadores y me dediqué al negocio familiar"

Josep Pedró, un charcutero en el Dakar: “La crisis me dejó sin patrocinadores y me dediqué al negocio familiar”

En mitad del desierto de Arabia Saudí, una cajita y dentro de la cajita, un sobre de 100 gramos de jamón ibérico, «jamón del bueno, bueno, del mejor». Es un capricho, por supuesto, pero también es un recuerdo, un talismán, un cable a tierra.

Del 3 al 17 del próximo mes de enero, Josep Pedró será uno de los participantes que recorrerán los casi 8.000 kilómetros del Rally Dakar, pero el resto del año es charcutero. De hecho, estos días, antes de preparar la maleta para irse a Yanbu, la ciudad que acoge el prólogo, va a tope para gestionar los pedidos navideños que llegan a las tiendas de su familia, las tiendas La Garriga, tanto en Barcelona -en el barrio de Sarrià- como en Madrid -en plena Castellana-.

«Estas fechas son una locura, se me junta todo, pero ya será mi tercer año en el Dakar y he aprendido a delegar tareas de la empresa. Si no es imposible llegar», cuenta Pedró, que en 2024 llegó a meta en el puesto 37 y en 2025 tuvo que retirarse por una caída. En esta edición 2026 el objetivo vuelve a ser acabar.

Realmente usted Lleva el Dakar en la sangre.
Totalmente. Ya era la pasión de mi padre, que participó en la edición de 1992 entre Rouen y Ciudad del Cabo [acabó el 112 en la categoría de coches]. Yo por entonces tenía cinco añitos y ya empecé a probar con una Merlin 50 de trial de mis hermanos, aunque hasta los 10 o 11 años no competí. En casa veíamos todas las imágenes que llegaban del Dakar, no nos perdíamos nada.

El adiós de los circuitos

Pedró se inició en el motociclismo en el mundo del off-road, es decir, el motocross, los que pisan el barro, pero con 15 años le seleccionaron para la Telefónica Movistar Cup y se pasó a los circuitos. De ese certamen habían salido Dani Pedrosa, Casey Stoner o Toni Elías: era su oportunidad en el mundo de la velocidad.

Fue cuarto en un Campeonato de Europa, corrió un par de pruebas en el Mundial de Supersport, pero cuando iba a probar en el Mundial de 250cc, se acabó. En 2008, cuando tenía 20 años, la crisis inmobiliaria le dejó sin sponsors y le obligó a la retirada.

«Seguí un año como pude. Con una furgoneta, un remolque y arreglando yo mismo la moto, pero era imposible. Lo dejé y me dediqué a los estudios y al negocio familiar», recuerda Pedró, que a partir de ese momento estuvo una buena época sin dar gas. Es más, sin hacer nada.

«Dejé el deporte por completo. Cero deporte. Era totalmente sedentario. Por eso unos años después decidí volver a la moto, al off-road, al motocross y tuve la suerte de conocer el equipo All1». cuenta el piloto.

El Dakar más salvaje

Después de una desgracia, el fallecimiento del joven Alex Llibre en un accidente, su hermano Carlos y un grupo de amigos decidieron correr el Dakar para rendirle homenaje -el rally era una de las 101 cosas que Llibre se había propuesto antes de morir- y Pedró se sumó a ellos. Así debutó en 2024, estableció relación con su actual equipo, el Pedregà Team, y vio crecer una obsesión por el rally que aún dura.

Tanto que este año correrá en la categoría Original, una categoría en la que no se permite asistencia y que obliga a los pilotos a cargar con todo, incluida su propia tienda de campaña. Café para los muy cafeteros.

«Es la esencia pura del Dakar, lo que se vivía antiguamente en esta carrera, buscando soluciones en solitario, durmiendo en una tienda de campaña y arreglándote tú mismo la moto al final de cada día. Siempre había querido correr en esta categoría, aunque sé que será complicado. Mi reto más grande será la mecánica. No soy mecánico y para un piloto es difícil solventar algunas averías», analiza Pedró, que no ambiciona una posición final, pero sí alcanzar la meta.Y entonces, seguro, abrir su preciada cajita y comer por fin jamón ibérico, «jamón del bueno, bueno, del mejor».

¿Qué le dice su padre de cómo se corre ahora el Dakar?
Que es una evolución natural. Hay gente muy crítica, pero el Dakar sería muy aburrido si todavía se hiciera en África con los recorridos de los años 90. Todo ha evolucionado muchísimo, los vehículos, los equipos, los pilotos... y la carrera cada vez es más complicada. La gente que realmente ha vivido el Dakar entiende cómo ha cambiado el rally y la lógica que hay detrás.