«No paro de ver las imágenes de mi lesión en los Juegos Olímpicos de París, no tengo más remedio, me las ponen allí donde voy, ¿y qué le voy a hacer? Lo tengo asimilado, lo tengo muy trabajado», reconoce Carolina Marín. Su dolor en aquellas semifinales trágicas vendrá a la memoria cuando se hable de ella en el futuro, pero tiene que haber otros recuerdos. Su palmarés enumera un oro olímpico, tres Mundiales y siete Europeos; su legado va más allá. De repente, de la nada, una española dominó Asia en bádminton. En Huelva, su ciudad, donde lleva días recibiendo homenajes, se sienta con EL MUNDO para repasar siete momentos de su carrera ya terminada.
1. UNA NIÑA EN LOS JUEGOS OLÍMPICOS
Antes de ser conocida en el mundo, en España o incluso en su Huelva, Marín ya lucía especial en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid, donde se instaló a los 14 años. Contaba su entrenador Fernando Rivas que tenía una ambición impropia.
«Cuando llegué a Madrid ya quería ser la mejor en todo, campeona olímpica, número uno, todo lo que fuera posible. Nunca me conformaba y creo que eso fue lo que me empujó hacia arriba. Tenía dudas por dentro, pero por fuera siempre me mostraba muy segura. Ya entonces, desde los 15 años, empecé a trabajar con psicólogos para controlar los miedos, las inseguridades, los nervios», rememora Marín, que fue bronce en un Mundial júnior, debutó en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 con 19 años y al año siguiente ganó el Grand Prix Gold de Londres, el equivalente a un Grand Slam en el tenis.
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«Con Fernando creamos nuestra metodología, fuimos originales, hicimos nuestro propio camino. Si hubiera intentado imitar lo que hacían las asiáticas, tantas repeticiones, siempre hubiera ido por detrás», analiza.
2. EL PRIMER MUNDIAL: NACE EL MILAGRO
«Redunda su nombre, Carolina María Marín Martín, cumpliendo un cometido: la Historia ya no podrá olvidarlo», empezaba así este periódico la crónica de un éxito improbable. En 2014, en Copenhague, la española levantó su primer título en un Mundial y prometió más. «A principios de aquel año aprobé la selectividad y decidí dejar los estudios para centrarme en el bádminton. No es fácil dar ese paso, pero ahora sé que fue acerté», apunta Marín, que meses antes ya había ganado su primer Europeo. Acababa de cumplir 21 años y pasó de ser una rareza, una europea en la élite, a ser la rival más temible.
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«Diría que todo cambió en la segunda ronda de aquel Mundial 2014. Gané a la china Wang Yihan, que era la número tres del mundo, y en Asia empezaron a mirarme con otros ojos. Hasta ese momento nadie me hacía caso. A partir de entonces cada vez que jugaba tenía 10 cámaras de televisiones asiáticas alrededor. ‘Cuidado, que viene la española’. Hablaban de mi carácter. Cuando iba a los torneos ya era diferente. Para mí era importante ese respeto, ahí noté que me había hecho hueco en el bádminton».
3. CAMPEONA OLÍMPICA, FOTOS EN ESPAÑA
En los años de plenitud Marín controló su deporte como nadie lo había hecho. Después de dos Mundiales consecutivos llegó el oro en los Juegos de Río 2016 y desde fuera parecía que nada fallaba. Aunque ella lo recuerda de otra manera.
«Aquel oro fue el mejor momento de mi carrera. Para mí fue maravilloso que mis padres estuvieran allí, pero detrás de todas mis medallas siempre ha habido una angustia. Antes del Mundial de 2014 me hice una luxación de hombro y no podía levantar el brazo; antes del Mundial de 2015 me rompí el quinto metatarsiano del pie derecho; y antes de los Juegos de Río tuve un problema en el sacro. Estuve los cuatro meses sin poder hacer un buen entrenamiento. He tenido momentos de felicidad, pero mi camino nunca ha sido un camino de rosas», admite Marín, que asegura que aquel oro le cambió la vida.
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«En el bádminton ya era conocida, pero después de los Juegos me di cuenta de que ya no sería anónima en España, que la gente me reconocía por la calle. Eso te cambia un poco la forma de actuar. Es bonito, pero siempre hay ese momento en el que alguien quiere una foto y no entiende que estás en algo personal».
4. EL TERCER MUNDIAL: ¿LA MEJOR DE LA HISTORIA?
«Después de aquellos Juegos fue el único momento en el que noté un vacío. Ya había ganado todo lo que soñaba desde niña; al volver de Río me costaba sacar motivación. Me senté con mi entrenador y pensé: ‘¿Y si me propongo ser la mejor de la historia?’», narra Marín, quien venció después de haber vencido, lo más difícil.
En 2018, en Nankín (China), se impuso en la final a la india Pusarla Sindhu, la rival más importante de su vida, también amiga, y se hizo con su tercer Mundial. Hasta ese momento ninguna jugadora había conquistado tres títulos, pero la española considera que eso no la convierte en la mejor de la historia en lo suyo.
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«Me faltó un segundo oro en los Juegos . Pero igualmente yo ya no me quiero ni considerar ni la mejor ni nada de la historia. Ya no pienso así. Me quedo con que di todo lo que estaba en mis manos, exprimí mi cuerpo más allá de lo imaginable».
5. «EL PEOR MOMENTO DE MI VIDA»
En 2019, con todo su palmarés completo, Marín aún divisaba una década más de éxitos. Podría disputar dos o tres Juegos Olímpicos más y cinco o seis Mundiales… ¿Cuánto más ganaría? En realidad, ninguno. Lo cierto es que su carrera se frenó en seco después de que se rompiera la rodilla derecha primero y la rodilla izquierda después. Pese a sus esfuerzos, no pudo ir a los Juegos de Tokio 2020, aunque eso no fue lo más duro. A principios de 2020 su padre Gonzalo sufrió un accidente laboral y falleció meses después.
«El fallecimiento de mi padre fue el peor momento de mi vida, que a nadie le quepa duda. Las dos lesiones de rodilla que sufrí antes de París no fueron tan malas porque sabía que las podía superar. Me siento orgullosa de haber superado tantos obstáculos. La vida me ha puesto piedras grandes en el camino y siempre he querido tirar adelante. Al fin y al cabo he sido una privilegiada por haber vivido de mi deporte», proclama.
6. UN ‘CREC’ Y TODO SE ACABA
Un día después, su rival, la china He Bingjiao, contó que la admira. En semifinales de los Juegos de París 2024, tras recuperarse de todo, rozando ya su segundo oro, Marín se volvió a romper la rodilla derecha y toda España empatizó con sus lágrimas.
«Fue muy cruel», lamenta, y añade: «Había hecho la preparación más dura de toda mi carrera. Antes de empezar no confiaba en mí plenamente, pero una vez ya en semifinales la verdad es que tenía mucha confianza. Después tuve que trabajar mucho con mi psicóloga para entenderlo, para superarlo. Fue duro, evidentemente». En el momento de la lesión Marín tenía 31 años y por ello se agarró a un objetivo, un último objetivo. Huelva, su ciudad, había conseguido la organización del Europeo de 2026 y qué mejor lugar para retirarse, sobre la pista, con su gente. Tampoco pudo ser.
Después de un 2025 de dolores continuos, a principios de este año se volvió a operar y jugar de nuevo ya se convirtió en una quimera. «Hasta la última operación me costaba andar, iba coja. Sentía dolor desde que me levantaba hasta que me acostaba. Ahora tengo que ir con cuidado, no puedo salir a correr 10 kilómetros, pero puedo caminar y eso ya es vida», se congratula.
7. VIVIR DESPUÉS DEL BÁDMINTON
«¿Qué voy a hacer? Lo voy a hacer todo», resume Marín sobre lo que viene ahora. Desde la adolescencia su vida ha consistido en perseguir un volante con su raqueta y ahora brilla el sol y el mundo es infinito y no hay nada que la detenga. «Quiero probar todos los deportes que pueda, porque solo hacía bádminton. Quiero conocer mundo, no tenía tiempo libre. Quiero probar cosas diferentes. Estas primeras semanas las dedicaré a mi familia y a mis amigos, a recuperar las horas que no he tenido con ellos y después tengo el futuro abierto. No he decidido nada», asegura Marín, que en los últimos tiempos estudió a distancia Fisioterapia en la Universidad Católica San Antonio de Murcia y Dietética y Nutrición en la Universidad Alfonso X el Sabio, pero que parece improbable que vaya a ejercer.
EFE
Su vida laboral se intuye en los despachos, sean donde sean. «Ahora mismo puedo vivir tranquila. No voy a estar en el sofá de mi casa sin hacer nada, pero he tenido cabeza y he sabido invertir bien. Creo que con mi retirada he tomado la decisión acertada. Debía priorizar mi salud. Soy muy joven y ahora me toca vivir», finaliza.




