Carlos Alcaraz anunció este viernes su renuncia a participar en el Mutua Madrid Open que empezará la semana próxima. Por segundo año consecutivo, no podrá acudir al torneo por culpa de una lesión sufrida en el Conde de Godó, en este caso una distensión de la muñeca derecha.
“Hay noticias que cuesta muchísimo dar. Madrid es casa, uno de los lugares más especiales del calendario para mí, y por eso me duele tanto no poder jugar aquí por segundo año consecutivo”, afirmó en sus redes sociales
Su objetivo esta temporada era completar la gira de tierra batida al completo rumbo a Roland Garros, pero un nuevo problema físico le obliga al descanso. Después de llegar a la final del Masters 1000 de Montecarlo, donde cayó ante Jannik Sinner, apenas pudo disputar un partido en Barcelona, no estará en Madrid y queda en el aire su participación en el Masters 1000 de Roma ya en mayo.
Su baja del Mutua Madrid Open se sumó a la renuncia de Novak Djokovic, que también este viernes anunció que no tomará parte por culpa de una lesión en el hombro. En el caso del serbio está en duda incluso su participación de Roland Garros. Por sus problemas físicos recurrentes podrá saltarse toda la gira de arcilla y centrarse en Wimbledon, un Grand Slam que le suele ser más propicio.
Ahora el interrogante en Madrid se centra en Sinner. El número uno del mundo aterrizará este sábado en la capital de España, entrenará en la Caja Mágica hasta el lunes y será entonces cuando decidirá si compite o no. Ese mismo lunes, Alcaraz y Sinner estarán en la entrega de premio de los Laureus -los dos están nominados como mejores deportistas del año- y se reencontrarán en el acto.
Cuenta Joan Cardona que en casa tienen una tradición cada vez que su hijo pequeño Oriol logra una medalla. En la cena, reunidos todos, debe sacar el metal de donde lo tenga escondido, mostrarlo y recibir un aplauso de los suyos. No es vanidad ni chulería. Es todo lo contrario. Si fuera por Cardona guardaría todos sus oros y pasaría a otra cosa: no los mostraría ni a los suyos. Por eso deben recordarle que hay que celebrar los logros y recibir halagos cuando los merece.
«Con estas cosas es un poco frío», reconocía este jueves su padre, presente en la estación de esquí de Stelvio, y lo mismo aseguran sus amigos, entre ellos Kilian Jornet: «Es muy tímido, muy introspectivo. Se queda mucho para él». Después de ganar el oro en la carrera al sprint de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina, ese carácter quedó a la vista. A falta de tres curvas para llegar a la meta, echó un vistazo atrás, confirmó que ni el ruso Nikita Filippov -plata- ni el francés Thibault Anselmet -bronce- le atrapaban y levantó los brazos. Fue lo máximo que se concedió. El festejo se quedó ahí. Como mucho hubo besos para sus padres y para su pareja, la actriz Amaia Aberasturi, pero ya está.
Preguntado por EL MUNDO, aseguró que ni tan siquiera se permitiría un postre por el oro, ni un tiramisú, ni un helado, porque todavía no ha acabado el trabajo. Este sábado, en el relevo mixto (13.30 horas), él y Ana Alonso, también medallista, deben regresar al podio. «Queremos estar centrados hasta el relevo. No celebraremos nada, no haremos nada fuera de lo normal», decía Cardona, que dejó una imagen icónica para la historia del deporte español. En plena subida, con las pulsaciones ya disparadas, se puso a saltar las escaleras de dos en dos mientras sus rivales se resbalaban y caían escalones abajo a su estela. Ahí se decidió su victoria.
John LocherAP
Las condiciones para la final no eran las mejores en los Alpes italianos, donde todas las competiciones se realizaron bajo una intensa nevada, pero «era lo que había». «Yo prefiero sol, como todos los españoles, pero en peores plazas hemos toreado», aseguraba el campeón olímpico, que pasa sus vacaciones en la playa y reconocía su orgullo pese a su calma: «Cuando he girado la última curva y he visto toda la grada ha sido un momento de felicidad enorme, nunca había sido tan feliz. Es un oro para España, que ya era hora, pero también para mi familia, mis amigos y mi equipo».
"Fui totalmente dependiente"
A su lado durante toda la ceremonia posterior a las finales, Ana Alonso trataba de igualar su tranquilidad, con el relevo mixto como objetivo compartido, pero en su caso se intuía la emoción a flor de piel por el bronce obtenido. Cinco meses atrás estaba tirada en una carretera de Granada después de haber sido embestida por un todoterreno y este juevesestaba en la gloria, en la mismísima gloria.
«Vengo de meses muy duros. Además de la rotura en la rodilla tenía lesiones en el hombro y en el tobillo, así que durante varias semanas fui totalmente dependiente. Me tenían que ayudar para cocinar, hasta para ducharme. En noviembre pensaba que era una locura, que tenía que dejarlo, pero no quería que llegaran los Juegos y pensar que no lo había intentado todo», contaba Alonso, que como Cardona aún no había reflexionado sobre cómo el éxito les cambiará la vida: «Lo que tenga que venir, vendrá. Lo recibiremos con los brazos abiertos».
GUILLAUME HORCAJUELOEFE
De 31 años los dos, tanto a Cardona como a Alonso la inclusión del esquí de montaña en los Juegos Olímpicos les pilló algo tarde, pero la aprovecharon al máximo. Horas después del logro de su vida ya hablaban de seguir incluso más allá del relevo mixto: de llegar a los Juegos Olímpicos de los Alpes 2030, de no parar ya nunca más.
Si en la final de Cardona las escaleras fueron decisivas, el momento de Alonso fue la última transición. Llegó cuarta arriba del todo de la subida, allí donde se cambian las fijaciones y se quitan las pieles de foca para empezar la bajada, pero salía tercera. Por detrás de la suiza Marianne Fatton y la francesa Emily Harrop, en la última transición la francesa Margot Ravinel se hizo un lío y le entregó el tercer puesto. «No me podía creer que fuera tercera, he tenido que mirar varias veces atrás», reconocía Alonso al acabar un día de gloria para el deporte español.
Una hora antes de que llegue Carlos Alcaraz, los fotógrafos ya están haciendo pruebas en los jardines del Royal Exhibition Building de Melbourne. "Ponte aquí", le piden al periodista más madrugador, y él se pone. Más tarde, cuando el campeón del Open de Australia aparece con cara de sueño, todo sucede a una velocidad de vértigo. Ya acostumbrado a estas artes, Alcaraz posa, posa, posa y vuelve a posar con su traje de Louis Vuitton, saluda a los aficionados que le esperan y se entrega a sus últimos compromisos antes de volar de vuelta a casa, por fin.
"Ya me gustaría haber tenido fuerzas para ir de fiesta. Después de la final llegué a mi habitación a las dos de la madrugada y no podía hacer nada. Estaba muerto. Estuve jugando a unos juegos con mi hermano y ésa fue toda mi celebración. No daba para más", confiesa a EL MUNDO en una entrevista realizada en el coche que le lleva a toda velocidad del posado oficial a su hotel para recoger las maletas antes de ir al aeropuerto. "Tengo ganas de llegar ya a Murcia para descansar", añade, con la amabilidad con la que siempre habla a los demás y con la que en los últimos meses también se dirige a sí mismo.
En este Open de Australia, como en el pasado US Open, no ha parado de animarse durante los partidos. "Vamos, Charly", se decía. Todo empieza por uno mismo.
Totalmente. Es muy importante para mí. Me he dado cuenta de la importancia que tiene hablarse en positivo. Cuando las cosas se complican es cuando hay que sacar esos ánimos. Lo pueden cambiar todo, te cambian la mentalidad. No es raro que mis dos mejores Grand Slam -en referencia al US Open y a este Open de Australia- hayan llegado cuando me he hablado bien y cuando me he tratado bien de manera exagerada, con intención de hacerlo desde el principio.
¿Con quién habla si ese positivismo no acaba de salir, si algo le preocupa?
Fuera de la pista está mi familia. Mi padre, mi tío, mi hermano... todos viajan conmigo y para mí es una gran suerte. Pero en la pista, durante los torneos, tengo a Samu [López]. Samu es una persona que no solo me ayuda a nivel profesional, a mejorar mi revés o mi derecha, a señalarme cambios tácticos; también me tranquiliza cuando me inquieta algo. Eso es muy importante para dar lo mejor en pista.
Cuando de niño soñaba con tener esta vida, ¿se la imaginaba así?
De niño soñaba con ganar los mejores títulos, con tener varios Grand Slam, pero no sabía qué sentiría ni qué iba a pasar en mi vida. De la idea que tenía de niño, las sensaciones son un poco diferentes.
¿En qué sentido?
Cuando tenía 12 años quizá pensaba que todo llegaba de la nada. Como un regalo, algo que aparece. Pero conforme vas avanzando te das cuenta de que eso no es así. Que te tienes que preparar mucho para ese momento que soñabas, que tienes que trabajarlo mucho, que empiezas en los primeros torneos ATP 250, luego los 500, los Masters 1000, y vas llegando. Ahora, obviamente, me siento increíble, me siento especial, pero no viene de la nada. Hay mucho detrás.
WILLIAM WESTAFP
En su discurso de campeón habló de las críticas recibidas por haberse separado de su entrenador, Juan Carlos Ferrero. ¿Le afectaron?
Conforme pasa el tiempo me he ido dando más cuenta del poder de las palabras. Tanto una palabra buena como una palabra mala puede cambiar el ánimo de una persona. Por eso yo siempre intento llevar mucho cuidado con lo que digo y cómo lo digo. Algunas de las cosas negativas que leí o escuché me afectaron, incluso me entraron un poquito de dudas. Pero también quiero decir que las cosas positivas me llenaron de orgullo y me hicieron feliz. Gracias a Dios hubo más cosas buenas que malas.
Ese cambio en su equipo, ¿qué motivos tenía?
La temporada de un tenista es de enero a noviembre y cuando acaba hay que tomar decisiones. La vida se basa en eso: en tomar caminos. A veces esos caminos son correctos, a veces son erróneos, y hay que ir aprendiendo. Veíamos que necesitábamos un cambio, lo decidimos así y se dio de esa manera.
Son siete Grand Slam con 22 años, el pleno en todos los 'grandes'. ¿Le preocupa despegar los pies de la tierra?
La verdad es que no. Tengo claro cuál es mi base, de dónde soy, de dónde vengo, cuál es mi gente, y eso nadie me lo va a cambiar. Si alguna vez, en algún momento, por lo que sea, puedo llegar a equivocarme, ahí tengo a mi familia y a mi gente. Si me tienen que pegar una colleja para bajarme a la tierra, lo harán. Son los que siempre me han acompañado desde chico y los que me conocen realmente.
Dita AlangkaraAP
Cuando habla con sus amigos, ¿ve una vida muy distinta a la suya?
Obviamente sí. Eso es innegable. Pero cuando estoy con ellos me olvido de todo eso. Me olvido de lo que vivo, de todo lo que implica ser tenista. Cuando nos reunimos somos todos iguales y vuelvo a la infancia, cuando tenía 12, 13 o 14 años y podía estar más tiempo con ellos. Yo les agradezco que me traten así, me encanta, pero obviamente vivimos situaciones diferentes en nuestro día a día.
Su palmarés dice que ya lo ha conseguido casi todo.
Antes veía que el año que viene aquí, en Australia, puedo completar los cuatro Grand Slam dos veces y también ser el más joven en hacerlo. Siempre hay algo. Siempre salen cosas que te mantienen con ambición. Los torneos grandes siempre me motivan y hay varios Masters 1000 que me gustaría ganar al menos alguna vez. También están las ATP Finals y, sobre todo, la Copa Davis. La Davis es un torneo que me encanta, me gusta mucho jugar con España y me encantaría tenerla en mi palmarés.