Deporte en estado puro, lucha física, mental, generacional, 16 años de diferencia. Por un lado, Carlos Alcaraz, al que podría catalogar como el jugador más completo técnicamente de la historia a su edad. Ha revolucionado el tenis, usando sus golpes e
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En Roland Garros sólo hay dos salas de prensa así que el resto se improvisan. Con jardineras y plafones, basta un micrófono y unas sillas para que los tenistas, normalmente los menos conocidos, contesten unas cuantas preguntas. Allí, en la temporal sala 3, aparece Alejandro Davidovich y su ronda acaba rápido. Pocos medios le interpelan. Está entre los 30 mejores del mundo y ya en segunda ronda, donde mañana se enfrentará a Jiri Lehecka, pero a sus 25 años sigue siendo un tenista por descubrir, un outsider, un secundario.
«Me da igual. No estoy al tanto si la gente me conoce más o menos. Obviamente, si hago un gran resultado, si llego a las rondas finales, habrá más aficionados siguiendo mis partidos», comenta en conversación con EL MUNDO un tenista que en los últimos meses lo ha cambiado todo: su entrenador y el resto de su equipo, su manager y hasta su lugar de residencia. De su Málaga, donde nació, hijo de padres rusos, a Montecarlo, donde vive ahora. «¿Tenemos tiempo?», pregunta cuando se le cuestiona por el motivo de tan drástica transformación.
Tenemos tiempo.
Desde hacía unos años yo ya veía que siempre hacía lo mismo, las mismas rutinas, los mismos errores, los mismos aciertos, y ya no disfrutaba del tenis. Mi nivel no mejoraba, estaba estancado. Mi entrenador de toda la vida, Jorge [Aguirre], me dijo que si me iba de Málaga no seguiría conmigo así que no me atrevía a dar el paso. Pero el año pasado, después del Mutua Madrid Open, me decidí. Pasaron cosas personales, hubo cosas en mi equipo que no me gustaron y pensé que era el momento de cambiar.
¿Qué ocurrió?
Algún día se revelará, pero prefiero no hacerlo ahora.
¿Cómo se construye otra vida?
Es muy difícil. El mayo pasado empecé a entrenar con [Fernando] Verdasco y estuvimos varios meses juntos, pero él vive en Doha y la logística era complicada. Me quedé con David Sánchez, con quien ya había trabajado, y buscamos otro entrenador, que finalmente fue Félix [Mantilla]. Como me marché a vivir a Montecarlo también tuve que hacer una búsqueda de nuevo fisio y nuevo preparador físico. Fueron meses de mucho estrés fuera de la pista.
¿Por qué se fue a Montecarlo?
En Málaga me faltaba gente para entrenar y en Mónaco viven muchos de los mejores tenistas del mundo. Nos conocemos todos, tenemos todos los números de teléfono y sabemos quién está cada semana por allí. Es muy fácil cuadrar agendas para un entrenamiento y, si no se puede, también hay muchos juniors de nivel. Me alquilé un apartamento y me lancé al cambio. Decidí escoger yo mismo mi camino.
¿Antes no lo hacía?
Antes decidían por mí, ahora decido yo. Antes no era mi vida y ahora sí lo es. Hago lo que me gusta y nadie me juzga por lo que hago. Estoy tranquilo, estoy feliz y estoy en paz conmigo mismo. No tengo malos pensamientos a mi alrededor. Cuando voy a entrenar, doy el máximo y si ese día es un 70%, doy el 70%.
Los sacrificios del tenis
A raíz del documental de Alcaraz, hablamos estos días de lo mucho que exige el tenis.
No he visto el documental. El tenis es un trabajo que te cuida y te da mucho. Pasas mucho tiempo fuera de casa, no ves a tu familia o tus amigos, pero al final es un trabajo más. Serán unos pocos años y, cuando me retire, ya podré hacer lo que quiera en la vida. Es un sacrificio, pero también lo son otros trabajos y duran mucho más tiempo. Hace unos años yo también luchaba un poco con eso, pero cuando lo entiendes lo ves de otra manera. Irme a Mónaco me ha abierto mucho la mente en ese sentido, me he entregado más al tenis, ha cambiado mi visión de la vida.
Ha vuelto a estar entre los 30 mejores del mundo. ¿Cuál es su techo?
Lo veremos este año. Todos los años hacía un pronóstico de cómo acabaría y en éste no lo he hecho. Me gustaría acabar en el Top 10, pero todavía queda mucha temporada por delante. Nunca he entrado en el Top 20 y ya sería un gran paso. Para mí la Race es más importante que el ranking y ahí voy bien [decimocuarto].
«Estás jugando el mejor tenis de tu vida», le dijo Alexander Zverev en el Mutua Madrid Open después de que llegara a cuartos de final en Montecarlo. ¿Tiene razón?
No te sabría decir, pero estoy siendo constante. No tengo altibajos, juego más regular. Es un elogio, aunque entiendo que Zverev no me había visto jugar en meses y por eso dijo eso. Aquí, en Roland Garros, tengo que centrarme en seguir avanzando rondas y trabajar mi momento. Todos están jugando muy bien, están 'on fire' y será difícil.
Hace unos meses explicaba que se había aficionado a la lectura.
Bueno, no te voy a mentir, sigo viajando con los libros, pero ya no los leo. Ahora estoy en una etapa muy de Play Station. He traído el Fortnite y el FIFA y juego a uno de los dos.
Rafael Nadal ha saltado este viernes a la pista Phillipe Chatrier de Roland Garros para el entrenamiento previsto, en compañía de Carlos Alcaraz y con el otro dueto español, formado por Marcel Granollers y Pablo Carreño, en vísperas del inicio de la competición de tenis de París 2024.
El tenista balear, con molestias en el aductor derecho, retornó a la actividad este viernes después de que el jueves cancelara las dos sesiones que tenía fijadas para descansar y mejorar de la dolencia. Nadal se entrenó con un vendaje en el muslo derecho.
Bajo la supervisión de Carlos Moyá, su entrenador, del seleccionador David Ferrer y el médico Ángel Cotorro, Rafa Nadal, oro individual en Pekín 2008 y en dobles con Marc López en Río 2016, inició con aparente normalidad la sesión.
Tras informar de las molestias de Nadal el jueves, Moyá ha confirmado que el jugador jugará el dobles con Alcaraz y dependerá de su evolución física para su concurso individual. "El partido de dobles, a priori, es menos agresivo, menos puntos largos, cubres media pista. Es más amable con el cuerpo. Va a ser un test importante", dijo Moyá en declaraciones a la cadena SER. "Si está sin ninguna limitación, evidentemente jugaría el individual", añadió.
Sin dificultades aparentes, Nadal tomó el mando de la dupla que forma con Alcaraz y durante la hora que duró el entrenamiento fue el encargado de dar indicaciones y formar jugadas desde el saque que terminaron con buenas definiciones de su compañero, vigente campeón de Roland Garros.
La pareja formada por Nadal y Alcaraz entrará en acción el sábado (19.00 h.), en el partido contra los argentinos Máximo González y Andrés Molteni. También debutará la otra pareja de España, Pablo Carreño y Marcel Granollers, ante los italianos Simone Bolelli y Andrea Vavasori.
Flota sobre Wimbledon la espera que ya marcó Roland Garros: la final del domingo 13 aguarda a Carlos Alcaraz y Jannik Sinner y cualquier otro visitante será una sorpresa. La hierba concede menos errores que la tierra y sería irrespetuoso negar opciones a Novak Djokovic, pero los dos primeros del mundo vuelven a estar por encima del resto. Este viernes, Alcaraz ascendió otro escalón con su victoria en tercera ronda ante el alemán Jan-Lennard Struff por 6-1, 3-6, 6-3 y 6-4 en dos horas y 25 minutos.
Como ocurrió en París o en años anteriores, la magia de momento aparece a ratos, muchos trucos siguen guardados, pero su tenis sigue siendo prominente. El español se ha acostumbrado a transitar por estas rondas iniciales a un ritmo constante, a vencer con el mínimo desgaste. Por el camino de la madurez ha adoptado una versión más seria de sí mismo, con menos celebraciones, incluso menos sonrisas, pero al mismo tiempo una versión más fiable. Para que pierda así, concentrado, firme, debe ocurrir algo extraño.
Ante Struff, un rival que ya le había incordiado en los cuatro encuentros anteriores, sufrió ciertos problemas y los resolvió sin mover ni una ceja. El alemán, el número 125 del mundo, irregular como pocos, supone el paradigma del tenista que más inquieta a Alcaraz. Un saque vertiginoso, un juego plano y movimientos indescifrables. En ocasiones Struff se invertía para pegar con su revés, una decisión táctica curiosa. Para resumir el partido sirve un dato: se disputaron más de 200 puntos y únicamente cinco -¡cinco!- se resolvieron en un intercambio de más de nueve golpes.
HENRY NICHOLLSAFP
Ante un adversario así, para Alcaraz necesitaba mucha confianza en su saque y ésa sigue siendo su asignatura pendiente en este Grand Slam. Nuevamente hubo instantes en los que jugó con demasiados segundos servicios y en consecuencia Struff disfrutó de sus opciones de break. Pero frente a ese abismo el número dos del mundo siempre encontraba el recurso necesario, el toque perfecto.
El extraño inicio
Los dos primeros sets no tuvieron relato. En el primero, Struff apareció nervioso sobre la pista y falló casi todo lo que intentó. Parecía entregado a una derrota irremediable, fallón, hasta tristón. Pero en el segundo set se reconcilió con su saque, empezó a conectar su derecha y Alcaraz le sorprendió el cambio. Con la igualdad en el marcador, los dos últimos sets fueron más interesantes.
Cada vez que el español conseguía poner la bola en juego ofrecía un recurso distinto para enredar a su rival, para moverlo y finalmente confundirlo. Tan explosivo como siempre, tan inspirado cerca de la red, también jugó siempre que pudo con las alturas y los ángulos; en definitiva, jugó al tenis, a su tenis, que es el mejor tenis. Un ejemplo claro fue el último break que consiguió, en el cuarto set, en el que llegó a conectar un tiro pasante por encima de un jugador de 1,93 metros. En octavos de final, el domingo, le espera Andrei Rublev, el 14 del mundo, pero para que Alcaraz pierda así, concentrado, firme, debe ocurrir algo realmente extraño.