Tras la derrota liguera contra el Barça, que rompía una racha de nueve victorias blancas en los clásicos, Scariolo habló sarcásticamente de los ‘hiroshimas’ que se desatan con cada bache en el Real Madrid. Le sobran batallas al italiano, consciente de lo que se trae entre manos en su retorno al club, de la calma que requiere un proyecto así, una carrera de fondo. Sea lo que sea, desde aquel 4 de enero, su Madrid es otro. Ante el Monaco, el último rival capaz de batirle en Europa, fue la corroboración del despegue. [90-78: Narración y estadísticas]
Desplumó al subcampeón de Europa en una primera parte impecable y aguantó su embestida después, liderada por Mirotic. Con colmillo, con juego del que gusta en el Palacio, con personalidad y defensa. Y con Campazzo, en una versión magistral (17 puntos, 10 asistencias). A un mes de la Copa, el primer Rubicón, el Madrid parece en órbita.
La vida con puntería es otra cosa. La frustración de un lanzamiento fallado se transforma en pura confianza cuando, por contra, entra. Tantas veces igual da que sea después de una mala o buena jugada. Todo fluye con alegría, hasta la defensa. El crecimiento del Madrid en las dos últimas semanas, concretamente desde que tocara fondo ante el Barça, tiene mucho que ver con sus porcentajes. Es como el trampolín de todo lo demás.
Que son siete victorias de carrerilla. Pero no cualquiera. Ni de cualquier forma. Entre tanta acumulación de partidos, no es baladí tumbar al mismo Barça que dejó 105 puntos en el Palacio (dejándole en 61), ni remontar al asombroso Valencia, ni desplumar, como anoche, al Mónaco. Un cambio radical.
Con muchos nombres propios. Aunque ninguno como el de Usman Garuba. El gran salto que su carrera estaba aguardando. Seguirá equivocándose y su ímpetu le llevará, en ocasiones, a frenar demasiado tarde. Pero ahora es consciente de que esa energía es lo que le hace único. De que por cada fallo hay 10 cosas que transmite al equipo, que desequilibra al rival. Se siente respaldado en esa forma de entender el juego, por el banquillo y también por las tribunas. Que le adoran.
Garuba intenta taponar a Strazel, del Monaco.EFE
Cuando saltó a cancha la Pantera, siempre el primer recambio de Tavares, su equipo ya navegaba viento en popa sobre el temido Monaco de Mike James, Mirotic y compañía. Pero su zarpazo escoció. Nueve puntos, sin fallo, casi de carrerilla y la grada en pie. El Madrid, que amaneció con cinco de seis en triples, se fue 23 arriba al descanso (54-31). Una apisonadora, un ritmo endiablado, los puntos de Hezonja y Lyles, los de Tavares (bien encontrado) en pintura o la canasta imposible (que no falte) de Llull. Ni siquiera le inmutó la lesión en una mano nada más entrar de Theo Maledon, que no volvió a cancha.
Dejar a uno de los equipos ofensivamente más peligrosos de la Euroliga en 31 puntos al descanso fue una buena muestra de los cielos en los que habita este Madrid en pleno salto. Y aunque a la vuelta un triple de Abalde puso el 26 arriba, los de Spanoulis reaccionaron. A base de puntos, claro. 20 en seis minutos, con Theis haciendo daño a Tavares, para arrimarse peligrosamente (64-51).
Regresó Garuba y puso orden. Robos, rebotes y asistencias tras recorrerse la cancha botando, como solía. Pero el Monaco era ya otro y el Madrid no se sentía tan seguro ante las individualidades del subcampeón. Un triple de Mirotic -silbado, como siempre-, volvió a acercarles (71-58). Llegaron a estar a nueve y Tavares (y los demás, llegaron a acumular un 1 de nueve) falló después algunos tiros libres para poner algo de emoción. Pero el triunfo, con el basket average ganado, la hace ser ya tercero. Y subiendo.











