Messi, en un entrenamiento con Argentina.JUAN IGNACIO RONCORONIEFE
Buenos Aires es, de nuevo, una fiesta. La capital argentina acoge esta próxima madrugada (00:30 horas) el primer partido de su selección desde que se proclamara campeona del mundo en Qatar. Será un encuentro amistoso contra Panamá en el Monumental que servirá para homenajear a Messi, Scaloni y toda la plantilla que imprimió la tercera estrella en su camiseta.
La albiceleste, con un Messi que según Scaloni «jugará en la selección hasta que quiera», disputará este duelo y otro el martes contra Curazao, en una fecha FIFA relajada para ella a la espera de que en septiembre comience la clasificación para el Mundial 2026. Brasil, que ni siquiera ha cruzado el charco, jugará ante Marruecos el sábado en Tánger.
Más competitivas se van a poner las cosas entre las selecciones europeas, que empiezan esta tarde la fase de grupos clasificatoria para la Eurocopa del próximo verano en Alemania, cuyo combinado nacional ya tiene plaza asegurada en el torneo. España peleará por uno de los dos puestos que dan acceso directo a la Euro con Noruega, Escocia, Georgia y Chipre. En caso de no conseguirlo, todavía les quedará la opción del playoff. Suena casi imposible pensar en un torneo sin la selección de De la Fuente.
En otros grupos, la lucha será más feroz. Italia e Inglaterra, campeona y subcampeona de la última Euro, se enfrentan esta noche para estrenar el Grupo C, mientras que Dinamarca y Finlandia intentarán liderar el H y Portugal el J, arrancando hoy contra la débil Liechtenstein.
Mañana, Países Bajos y Francia se enfrentarán en el B, Polonia y República Checa en un E más flojo, Suecia y Bélgica en el F y Serbia y Lituania en el G. Para el sábado, más allá del debut de España, quedará el Croacia-Gales del Grupo D y el Suiza-Bielorrusia del I. Una primera jornada atractiva entre los mejores de cada grupo que dejará paso a una serie de duelos más desiguales camino de Alemania 2024.
Partidos más destacados del parón:
Jueves: Italia-Inglaterra (20.45), Portugal-Liechtenstein (20.45) y Argentina-Panamá (00.30, madrugada del jueves al viernes)
Mounir Nasraoui, padre del jugador del Barcelona, Lamine Yamal, ha sido apuñalado esta noche en un parking de la calle Frank Marshall del barrio de Rocafonda de Mataró. El hombre ha sido trasladado al hospital universitario Germans Trias i Pujol (Can Ruti) de Badalona, con heridas de diversa consideración, aunque su vida no corre peligro.
Fuentes del entorno de la familia del jugador del Baça y la selección española confirman a la Cadena Ser que se encuentra bien.
Los Mossos d'Esquadra se han hecho cargo de la investigación de esta agresión al padre del futbolista azulgrana. Los agentes han detenido a tres personas acusadas de tentativa de homicidio, y mantienen abierta la investigación.
Los agentes han confirmado que el suceso ha ocurrido sobre las 21.10 horas de este miércoles en el barrio de Rocafonda de Mataró, lugar donde creció Yamal y donde viven aún su padre y su abuela.
Según el testimonio de algunos vecinos de la zona que cita el diario La Vanguardia, el padre de Yamal fue increpado por unos individuos cuando paseaba a su perro.
Ese incidente derivó posteriormente en una pelea y en el transcurso de la misma Mounir Nasraoui sufrió varias puñaladas.
Mounir Nasraoui multiplicó su fama tras publicar este verano numerosas fotos en sus redes sociales durante la celebración de la Eurocopa de Alemania, donde su hijo fue una de las estrellas de la selección.
En junio de 2023, fue condenado una multa de 546 euros e indemnizar a un simpatizante de Vox con 110 euros, por atacar una carpa de la formación ultraderechista en Mataró.
Rocafonda es donde se crio Yamal. El jugador tiene por costumbre celebrar los goles haciendo con sus manos el 304, el código postal de este modesto barrio catalán.
Todavía no ha tenido tiempo de pasear por Madrid. Lo reconoce con pesar Jannik Sinner mientras recorre los pasillos de la Caja Mágica, donde el número uno del tenis mundial y estrella del Mutua Madrid Open permite que EL MUNDO le acompañe un par de horas en su apretada agenda de compromisos previos al primer entrenamiento en la pista Manolo Santana. «Tengo ganas de darme una vuelta, pero llevo sólo dos días aquí y estoy priorizando mucho el descanso, dormir el máximo posible para llegar bien al torneo», explica.
No prodiga las sonrisas, pero se expresa con una sensibilidad muy propia. El tópico del tenista-máquina resulta difícil de sostener: es un joven más cercano de lo que aparenta. «Soy un chico normal. Tengo una familia normal, tengo amigos normales. Todo esto [señala las cámaras de televisión] es un caos, pero lejos de aquí puedo escoger quién soy y con quién estoy. En realidad es mucho más fácil de lo que la gente piensa. Rodeado de mi gente no tengo que pensarlo mucho para mantener los pies en la tierra».
¿Su seriedad es timidez?
Forma parte de mi método. Es mi manera de estar lo más concentrado posible en la pista. Sé que no hago muchos gestos a la grada, pero es la forma que he encontrado para competir. A mí me encanta jugar al tenis. No juego porque tenga que hacerlo, juego porque me divierte, aunque quizá no lo muestro tanto. Luego fuera de la pista disfruto mucho de la vida y de mi gente. Me siento más afortunado por la familia que tengo, los amigos que tengo, el equipo que tengo, que por mis títulos.
Ha empezado a hacer vlogs de su día a día en YouTube. ¿Quiere que el público le conozca mejor?
No soy de la generación de TikTok. Si me tengo que distraer durante un torneo llamo a algún amigo, juego a la Play Station o directamente miro YouTube un rato. Me gusta ver vídeos largos, donde hablan de temáticas diferentes, divulgación de ciencia o de geopolítica, también de cosas más profundas. El mundo está cambiando mucho y saber de todo es importante. También suelo ver entrevistas o vlogs de otros deportistas y me apetecía mostrar mis cosas también.
Cuando no está jugando, ¿puede disfrutar de la vida en los torneos?
Sí, sí. Cada semana vivo algo diferente, diferentes entornos, diferentes personas. Cada año vamos a las mismas ciudades, pero es agradable conocerlas cada vez más, descubrir nuevos lugares, explorar los sitios. Esa es la parte más bonita de la vida en el circuito.
¿Y la que menos?
Dar entrevistas es duro, no te lo puedo negar. Pero no es por hablar con los periodistas, es porque muchas veces te hacen la misma pregunta. Entiendo que es parte de mi trabajo e intento que no me quite energía.
Las aficiones de Sinner
Si está en su casa, en Mónaco, ¿qué le divierte cuando no entrena?
Estar con mis amigos y, cuando tengo unas horas libres, conducir. Después de los entrenamientos a veces cojo el coche y simplemente conduzco por las carreteras de allí. Sin rumbo, por placer. Si tuviera más tiempo me gustaría incluso ir a circuitos y practicar mi conducción. También soy un gran fan de la Fórmula 1, por supuesto, me encanta verla y más ahora con Kimi [Antonelli, líder del Mundial].
JAVIER BARBANCHO
Nació y creció en los Alpes italianos, donde sus padres aún regentan un refugio, el Rifugio Fondovalle. ¿Echa de menos la montaña?
Echo de menos esquiar, echo mucho de menos esquiar. Cuando era niño esquiar era una gran parte de mí como persona y me gustaría poder esquiar más. Cuando visito a mis padres, en invierno, lo sigo haciendo, sin pensar en las lesiones, porque lo necesito. Me da calma mental. No puedo resistirme a hacerlo, aunque puede haber riesgo. Esquiar también es parte de ese disfrute de la vida.
Su relación con Alcaraz
Es interesante porque viene de un entorno muy distinto al de su gran rival, Carlos Alcaraz. ¿Cree que le costará motivarse sin él en este Mutua Madrid Open?
El tenis necesita a Carlos y yo también necesito verle en el cuadro. Esa es la verdad. Es un poco diferente cuando él no está aquí. Verle lesionado no es lo que quiero y espero que vuelva lo antes posible. Especialmente espero que esté en Roland Garros. Pero el tenis también es así. Espero que nuestras carreras sean muy largas y a veces voy a saltarme algunos torneos y él a veces va a saltarse algunos. El deporte también tiene esa cara.
¿En la gala de los premios Laureus llegaron a hablar de su lesión?
No, no, es algo muy personal, muy privado. Todos pudimos ver que llevaba una férula de inmovilización y que estaba lesionado, pero no hablamos sobre ello.
Mantienen una relación muy cercana, pero la mayoría de las veces el éxito de uno depende del fracaso del otro. ¿Cómo saben de qué temas hablar y de qué no?
Obviamente no hablamos de todo. También es normal. No hablamos de temas desde un punto de vista personal. Hablamos de cosas generales y siempre es agradable pasar tiempo con Carlos. Es un chico muy amable, siempre lo ha sido. Pero hay cosas que los dos preferimos guardarnos para nosotros.
JAVIER BARBANCHO
No ha jugado mucho, pero... ¿Se siente apreciado aquí en España?
La verdad es que sí. Veo que los aficionados tienen mucha pasión y que puedo tener una buena conexión con el público. Entiendo que esa relación viene de Carlos y de la amistad que tenemos fuera de la pista. La gente se da cuenta de que es algo bonito y positivo, que no es impostado. A él le pasa lo mismo en Italia. Tengo ganas de aclimatar, de entender esta superficie y de sentirme cómodo. Recuerdo que cuando era niño vi algunos partidos aquí cuando la tierra batida era azul, partidos de Roger [Federer], por ejemplo. Como niño me parecía curioso.
Una evolución necesaria
Después de perder en el último US Open prometió cambios en su juego y ahora viene de ganar en Indian Wells, Miami y Montecarlo. ¿La transformación ya ha terminado?
Nunca va a terminar. Como tenista siempre intentas mejorar y siempre puedes aprender cosas nuevas. Todo el mundo hace lo mismo, no sólo yo. Incluso los que están en el fondo del ranking pueden jugar muy bien y cada detalle puede marcar una gran diferencia. Por ejemplo, en los últimos meses he trabajado mucho el saque, me he centrado en ello y sigo haciéndolo. La evolución debe seguir siempre, no hay una línea de meta.
Creo que no. La derrota siempre es una oportunidad para ganar. Está claro que no siempre puedo pensar en positivo y estar feliz. Mentiría si dijera que lo hago. Pero lo más importante del deporte es entender lo que te ha ocurrido y tirar adelante. Eso es decisivo. Tienes mucho ganado si eres capaz de olvidar rápido los pensamientos negativos. Yo sé que todo depende de cómo te sientas como persona. Si te sientes bien, si no tienes problemas fuera de la pista, es un poco más fácil darle la vuelta a las derrotas.
"¿Sabes qué? Todos los días conduzco por esa misma carretera, paso por esa misma curva, y no siento nada especial. Si voy con alguien le digo: 'Mira, ahí me la pegué yo'. Conozco al chico que me atropelló e imagino que no será un buen recuerdo para él. Me gustaría que supiera que no le guardo ningún rencor".
La madrugada de la verbena de San Juan de 1987, Ivan Corretja cruzaba la Arrabassada, la carretera que conecta Barcelona y Sant Cugat con subida y bajada el Tibidabo. Iba en moto, de paquete. Estaba a punto de cumplir 15 años y, gracias a un viaje de sus padres, vivía una de aquellas primeras noches de libertad adolescente en las que todo parece posible. Era buen estudiante y mejor tenista, había sido subcampeón de España infantil de clubes formando pareja de dobles con su hermano pequeño, Alex. Bajo una luna clara era imposible pensar que en uno de los últimos giros, un coche asaltaría el carril contrario y se lo llevaría por delante a toda velocidad. "No perdí el conocimiento y en todo momento supe qué pasaba. Tenía 14 años y creía que me iba a morir. Pensaba: 'No me puede pasar esto a mí'. Por eso, unas horas después, cuando me dijeron que me tenían que amputar la pierna izquierda por debajo de la rodilla me pareció lo de menos. La única pena que sentí fue porque no podría jugar a tenis", explica en conversación con EL MUNDO.
Cuenta la leyenda que el bueno era usted, que sin el accidente hubiera llegado incluso más lejos que su hermano Alex.
(Risas) Entiendo el bulo, lo he escuchado varias veces. Como historia es cojonuda, pero no es verdad. El tenis no es sólo técnica o agilidad, también es táctica y cabeza. Álex de pequeño ya era mejor que yo. Yo quería llegar a ser profesional y Álex ya quería ser número uno del mundo. La diferencia es abismal. Él tenía muy claro lo que quería y, mira, se quedó a un partido de conseguirlo.
A sus 52 años, Ivan Corretja es ahora campeón del mundo de tenis adaptado de pie, pero hasta conseguirlo tuvo que pasar mucho tiempo alejado de su deporte favorito. "Después del accidente me fui a estudiar a Estados Unidos, a un high school en Fremont, en Nebraska, y allí ayudé al entrenador del equipo femenino de tenis y me hicieron una prótesis que estaba muy bien para la época, pero cuando volví me di contra un muro. Tenía 17 años, quería seguir haciendo deporte al más alto nivel, quería ir a unos Juegos Paralímpicos, pero todo lo que probé, como la natación y el ciclismo en pista, no se me daba nada bien. Lo mío era el tenis y como no había tenis para amputados, sólo tenis en silla de ruedas, me pasé al pádel, que justo estaba empezando en España. Pasaron muchos años hasta que no volví a jugar al tenis, la verdad. De hecho, llegué a pensar que ya no lo haría", relata y por esa experiencia ahora está en lucha.
Sólo hay tenis en silla de ruedas
Mientras la mayoría de deportes tienen múltiples categorías en los Juegos Paralímpicos, el tenis se ha quedado reducido a su modalidad en silla de ruedas. Hay todo en circuito para tenistas sentados, con Grand Slam y premios cuantiosos, pero nada más. Por ejemplo, los amputados de un brazo no tienen posibilidad de jugar oficialmente porque deberían elegir entre golpear con la raqueta o hacer avanzar la silla. Por eso se creó la Para-Standing Tennis, la asociación internacional de tenis adaptado de pie, con Corretja como presidente. Por eso, últimamente se han llevado a cabo iniciativas como partidos de exhibición en el US Open y el Abierto de Australia, que buscan presionar a la Federación Internacional de Tenis (ITF) para que mueva ficha. Ya hay torneos en varios países, incluso Mundiales y Europeos, con Corretja como dominador de la categoría PS2, para amputados de una pierna, pero falta oficialidad y apoyo económico.
Stefano GuidiMUNDO
¿Nunca pensó en jugar en silla de ruedas?
No, no, no le veía sentido. Si no necesitaba una silla para ir por la calle, tampoco para jugar. Me entristecía no poder jugar al tenis porque me encantaba, adoraba la competición, pero nunca caí en depresión, ni pensé que me habían hundido la vida. Sobrevivir me dio una energía de la hostia. En 1987, unas semanas después del accidente, fui al Campeonato de España infantil por equipos, el trofeo Joan Compta, del que yo había sido subcampeón el año anterior. A la gente le daba mucha pena verme allí, con la pierna amputada, con muletas, pero yo recuerdo mi alegría por ver otra vez jugar a mi hermano Álex, que entonces sí ganó el título. Si ahora peleo por el tenis adaptado de pie no es por mi, para estar 10 años jugando por el mundo, es por los chavales que sufren un accidente o una enfermedad y pueden seguir practicando su deporte favorito.
Ivan Corretja estudió Derecho y Publicidad en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y trabajaba como director de un club de tenis, el Bonasport, cuando su hermano Alex ganó el Masters de 1998 y le pidió ayuda. De repente se convirtió en su representante. Poco después, Joaquim Hernández, le encomendó la carrera de su hijo, Xavi, que acababa de debutar en el Barça de la mano de Louis Van Gaal y así el mediano de los Corretja empezó su carrera como agente. Luego llegarían otros tenistas como Albert Costa y otros deportistas como Gemma Mengual y Toni Elías hasta que hace unos años aceptó la oferta del Bayer Leverkusen para convertirse en su responsable de scouting en España. "En la vida me ha ido bien, nunca he sentido mucha pena por lo que me pasó", finaliza.