Andrea Lasheras, la boxeadora que noqueó a un tumor cerebral: “Me operaron cinco veces en un mes. A mi familia le dijeron que me quedaba vegetativa, muerta en vida”
La primera vez que se subió a un ring, Andrea Lasheras (Barcelona, 1994), temblaba. «¿Qué hago yo aquí? No vuelvo a hacer esto jamás». Cuando se bajó, la plenitud le recorría: «No lo cambio por nada del mundo». El golpe más fatídico en el boxeo es aquel que no se ve venir. También en la vida. A Andrea, púgil por vocación, estudiante de arquitectura y mosso d’esquadra en el Raval, le aguardaba un gancho de los que tumban a gigantes. Un control rut
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Eva Santidrián contesta al whatsapp a los pocos minutos. Las otras tres ni lo ven, entre el jet lag y el frenesí de su llegada a España desde Guangzhou, del insospechado boom mediático de su hazaña. Pero Blanca Hervás, Paula Sevilla y Daniela Fra responden después a la llamada del periodista a la primera. Es la normalidad dentro de lo extraordinario, cuatro jóvenes de oro, el estadillo del 4x400 español, no sólo por ganar el pasado fin de semana en el Estadio Tianhe el Campeonato del Mundo, por delante de Estados Unidos, principalmente por cómo lo hacen y también por la frescura, la espontaneidad y la alegría de su celebración.
Dos madrileñas, una manchega y una burgalesa, de entre 22 y 27 años. Cada una con una historia propia, pero también con tanto en común. Todas universitarias. Todas ambiciosas. Las Golden Bubbles las bautizaron hace tres años, en el Europeo de Múnich, donde se quedaron ya tan cerca del récord de España que ahora pulverizan una y otra vez. «Estábamos empezando a calentar para pasar a esa final y empezó a llover. El chubasquero de la Federación es dorado. Y una compañera dijo: 'Parecemos las burbujas Freixenet'. De ahí viene. Es un nombre que a la gente le gusta mucho y a nosotras también», explica Santidrián, la cuatrocentista más pura quizá del cuartero, cuatro veces campeona de España, la encargada de la segunda posta, la que debe conquistar la calle libre.
Ella recibió el relevo de Paula Sevilla, la más veterana y la última en llegar al grupo. Una auténtica revelación desde la velocidad, especialista en 200 metros. Que regresa de China con dos medallas al cuello. Pues ella también formó parte de otro póquer para la historia, el del 4x100, plata por delante de la Jamaica de Shelly-Ann Fraser-Pryce y Shericka Jackson junto a Esperança Cladera, Jaël Bestué y Maribel Pérez (con récord nacional de 42,18).
Sevilla, Santidrián, Fra y Hervás, durante la sesión de fotos.JOSE AYMAMUNDO
La manchega de La Solana no esconde su timidez. «Soy muy vergonzosa. Me cuesta mucho abrirme. Pero es una parte importante también y yo la tenía pendiente de mejorar. Esto me está sirviendo», dice la mujer que igualó el récord de España de Sandra Myers (50,99) en pista cubierta, bronce en el último Europeo indoor de Apeldoorn. Una revolución. «Es la bondad en persona. Sólo suma, todo el rato pendiente de las demás», la define Blanca Hervás. «Es muy humilde. Es un amor, muy grande, gigante», sigue Daniela, la tercera en discordia, la que protagonizó uno de los momentos clave de la final.
Fra es especialista en vallas y con su entrega con Eva hicieron frotarse los ojos al resto. Nada al azar. «Llevamos mucho tiempo haciendo concentraciones para practicar los cambios», explica sobre el Plan Nacional de Relevos, donde tres técnicos en la sombra que merecen mención (Antonio Puig, Esther Lahoz y Berni Domínguez), elaboran como orfebres desde hace años el salto enorme del relevo español. «Ha sido clave en este campeonato. En mi posta, el cambio que hacemos Eva y yo es tan bueno que conseguimos meternos en segunda posición», reivindica. «Se colocan por delante de Sudáfrica. Y Daniela tiene la fuerza para adelantar a la americana. Y Blanca igual. Hacen unos movimientos muy inteligentes y eso lo ensayan muchísimo en estas concentraciones. Yo llegué la última y estoy aprendiendo. Pero ellas son verdaderas expertas», añade Sevilla. «Los otros países se fijan en cómo lo hacemos, nos estudian y aprenden», se sincera Santidrián.
Blanca Hervás, tras cruzar la línea de meta en Guangzhou.ALEX PLAVEVSKIEFE
Para siempre quedarán también la última vuelta a la pista, los brazos en cruz entrando a meta, la sonrisa magnética y viral de Blanca Hervás. Su adelantamiento a la americana, tan segura de sí misma, tan feroz. «Mis compañeras hicieron un papel perfecto, cada una lo clavó. Cuando Daniela me entrega el testigo, veo la velocidad a la que viene, la fuerza. Me la iba a entregar primera y yo iba a defender esa posición a muerte ante la americana o ante quien sea. No podía tirar por tierra el trabajo de mis compañeras», cuenta la de Aravaca, universitaria en Florida, currante ahora a media jornada como Product Manager en una empresa de Diseño de Estrategia, la gran promesa. «Mantuve la calma cuando me pasó. La que tenía más fuerza al final era yo, porque la americana tuvo el desgaste de los 200 primeros metros», recuerda.
Ella es licenciada en Dirección de Medios de Comunicación. Paula es profesora de Educación Física, aunque ha pospuesto las oposiciones. Eva tiene la carrera de Nutrición Humana y Dietética y está con un Máster. Como Daniela, licenciada en INEF. «Hay que tener un Plan B, porque todas sabemos que esto se acaba», resume Sevilla.
El otro gran secreto del éxito es su complicidad. «Somos como hermanas, amigas de verdad», cuentan las cuatro por separado, como un mantra. El grupo de whatshapp en el que intercambian confidencias y bromas. «Nos contamos los problemas, nuestras inseguridades y nos apoyamos», confiesa Sevilla. Los viajes, las concentraciones, los paseos por las ciudades, las tardes «haciendo el tonto» y las partidas a un juego de mesa que sirve también como pegamento colectivo. «El The Mind es un entretenimiento en equipo. Consiste en ponerse de acuerdo para ordenar números por conexión mental, sólo mirándonos, sin gestos. Es el juego del relevo. Nos enseñaron las de 4x100, pero las hemos superados. Nos reímos y hacemos equipo», explica Hervás, que olvidó su desliz en el Europeo de Apeldoorn (fueron cuartas) con un empeño: «Cruzar la meta sonriendo».
Sevilla, Santidrián, Fra y Hervás posan con sus medallas de oro.JOSE AYMAMUNDO
Complicidad y rivalidad. Crecen juntas en su propia batalla. «Hay muy buen rollo, pero si no aprietas, no estás. La rivalidad nos hace mejores. Si a ti te va bien, a mí también. Es un círculo vicioso bastante chulo», admite Paula, que habla de la «parte emocional», de «correr por tu compañera». En la misma línea Blanca: «O mejoras o te quedas fuera. Esa lucha nos hace mejores». Todas recuerdan a las que no salieron en la foto, las suplentes, Carmen Avilés, Berta Segura, Herminia Parra y Bárbara Camblor.
Antes de Guangzhou, España nunca había subido al podio en unos World Athletics Relays. Solo tiene una medalla en relevos en la historia de los Mundiales, en pista cubierta (la plata en los 4x400 masculinos de 2022) y ninguna en pista ni en Mundiales ni en Juegos. El oro no significa que España, 12ª en los Juegos de París, sea la mejor del mundo (no estaban en China las mejores), pero el éxito conviene ponerlo en su justo valor. Dispara las expectativas. «Podemos soñar con estar en la final del Mundial de Tokio y competirla», cierra Santidrián de lo que sería casi más grande aún el próximo septiembre.
Juegos Olímpicos
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LUCAS SÁEZ-BRAVO
@LucasSaezBravo
Madrid
Actualizado Lunes,
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noviembre
2023
-
20:04La selección de Scariolo buscará su billete en Valencia del 2 al...
"Se abre el capítulo de las primeras veces", avanzó Elisa Aguilar, presidenta de la Federación. Y, a continuación, en el Recinto Ferial de Tenerife, Chus Mateo desveló sus primeros 14 guerreros. Se diría que no hubo sorpresas para la primera ventana de clasificación al Mundial de Qatar 2027 de finales de noviembre, cuando España, su España, se enfrente a Dinamarca (seguramente sin Shavon Shields ni Iffe Lundberg, sus peligros) en Copenhague y a Georgia (seguramente con Shengelia, Shermadini y McFadden, entre otros) precisamente en el Santiago Martín de Tenerife. Pero detrás de cada lista hay un puñado de pequeñas intrahistorias.
Desde el día que fue presentando, Mateo no ha parado de viajar. Ni de reunirse y testar la predisposición de quienes deben recuperar el lugar de España en el panorama del baloncesto mundial. "Me he encontrado a un grupo con un compromiso extraordinario y una disposición fantástica", se congratuló. Porque en su lista -que tiene representados a 12 equipos de ACB y dos invitados, Miguel González y Miguel Allen- apenas hay ausencias llamativas (¿Barreiro?). Y sí alguna sorpresa, alguno que, se supone, no debería estar por jugar en un equipo Euroliga. Es el caso de Izan Almansa, al que el Real Madrid de Sergio Scariolo (no es casualidad) le ha permitido estar "desde el primer día", "una alegría".
Sólo hay un jugador que estuvo presente en el pasado Eurobasket, Santi Yusta que es, con todo merecimiento, un líder: es el máximo anotador de la ACB con 19 puntos por partido con el Casademont Zaragoza (y el segundo más valorado por detrás de Shermadini). Otros habituales de los partidos clasificatorios vuelven, como el capitán Alberto Díaz (se perdió el pasado torneo continental por lesión) y Jaime Fernández, campeones de Europa en 2022 ambos, o Fran Guerra, Dani Díez, Oriol Paulí y Miquel Salvó.
Luego están los jóvenes que vienen pisando fuerte y que no han pasado desapercibidos para Chus Mateo. Estupendo es también el tramo por el que atraviesan Pep Busquets en Girona o Francis Alonso en el Breogán, 14 puntos por partido ambos en ACB. El base Álvaro Cárdenas, formado en la NCAA y ahora brillando en el Peristeri griego (cedido por el Valencia). Igual que Great Osobor en la España B: ahora destaca en el Science City Jena alemán.
Chus Mateo, junto a la imagen de los seleccionados.FEB
Con todos ellos, Mateo quiere seguir el consejo que hace unos días le dio su veterano colega Svetislav Pesic: "No entrenes mucho. Intenta tener atmosfera (pronúnciese con acento serbio)". "Es lo que voy a buscar, conexión. Necesito que se conozcan, que formen una familia. Que sientan lo mismo que siento yo: orgullo nacional".
Sólo hay dos nombres de los ausentes que llamaron la atención. Para bien y para mal. De ambos habló Mateo con franqueza. Tanto con Ricky Rubio como con Tyson Pérez mantuvo "conversaciones personales". El primero le abrió las puertas de su retorno. "Quizá sea pronto. Está disfrutando del baloncesto. Y con él, ni un poquito de presión. Ojalá vuelva en algún momento, sería cerrar una etapa tan bonita. Pero cuando él decida".
Diferente es la situación del ala-pívot de Unicaja, con el que el seleccionador contaba -"en su puesto, si no el mejor, uno de los mejores"-, pero "de momento, no ha dado su disponibilidad". "No quería tener nada en contra de una decisión personal. No era el momento. Lo consideraremos en un futuro. Estamos dispuestos a dialogar con él". Tyson, nacionalizado español e internacional, busca el permiso (improbable) de FIBA para poder jugar con su país natal, la República Dominicana.