Si el Real Madrid, con Mbappé, Vinicius y Rodrygo, no logra un gol en todo el partido ante Las Palmas, es porque Ancelotti es un desastre. No sabe manejar al equipo, no trabaja y no tiene un sistema tenebroso.
Ancelotti es una “vergüenza”. No tiene sistema, no sabe y es un mar de dudas. Y el Madrid no juega al fútbol. Es un simulacro de equipo, vulnerable ante cualquiera que toque y pase bien la pelota. En definitiva, que juegue al fútbol como lo
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Quince minutos retratan las dos caras de Escocia en el Seis Naciones. En la primera jornada el XV del Cardo jugaba en Roma y en el último cuarto de hora, tres puntos por debajo, fue incapaz de crear peligro y sufrió ante Italia una derrota (18-15) con ecos de fracaso, generación agotada y seleccionador cuestionado. Sin embargo, el pasado sábado en Edimburgo en los primeros quince minutos encadenó un 17-0 y encarriló su inesperada victoria sobre Inglaterra (31-20). Un resultado que cuestiona el pronóstico inicial de un torneo reducido en 2026 a la pugna entre ingleses y franceses.
Cuando Escocia se divierte al ritmo de Finn Russell, el Seis Naciones gana emoción, recobra su viejo encanto. Pero Escocia sólo se divierte de vez en cuando. Puede arruinar el torneo a un rival pero no lo ha ganado en este siglo, anclada en el último lustro en la zona media de la clasificación. Si Escocia había caído con Italia en el debut, Inglaterra había barrido a Gales (48-7) y llegaba como favorita al duelo de máxima rivalidad, la llamada Calcutta Cup.
Pero las estadísticas oficiales permiten una segunda mirada. El rugby contemporáneo no sólo concede importancia a la batalla por el balón en el suelo, sino que en los últimos años también ha ganado valor el vuelo, la disputa por los balones aéreos. Las habituales patadas defensivas para alejar el peligro se alternan con patadas tácticas de ataque, generalmente para presionar al contrario cuando recibe la bomba caída del cielo y tratar de recuperar el oval.
Los escoceses se desmarcaron de esa apuesta que reduce riesgos y brindaron ante Inglaterra jugadas agradecidas para el espectador, con cambios de pie, carreras, el balón de mano en mano y alguna salida alocada desde su zona de 22. Escocia disfrutó del 46% de posesión pero rompió 14 veces la línea defensiva. Además de ganar muchos duelos en el aire, sólo dio diez patadas tácticas de ataque, la cifra más baja en lo que va de torneo. En el partido que perdió en Roma había dado 18, un recurso favorecido ese día por la lluvia.
El juego con el pie ha sido, por el contrario, santo y seña de Inglaterra de la llegada de Borthwick al banquillo. Sobre esa base construyó su tercer puesto en el último mundial. El apertura Ford lleva la partitura cosida a la bota. Pero el sábado, cuando intentaba un drop, los escoceses bloquearon la patada y atravesaron disparados el campo para posar el ensayo bajo los palos de Inglaterra. El pie frenado por los brazos, acaso una metáfora del choque.
Pese al tropiezo, el XV de la Rosa dispone de muchos jugadores de calidad y es todavía candidato a la victoria final. A Gales le había metido siete ensayos sin exprimirse en la primera jornada. Contra Escocia tuvo minutos de iniciativa aunque interrumpidos por sus propios errores, desperdició ocasiones de ensayo, y pagó su inferioridad numérica durante 30 minutos, 20 de ellos por una expulsión evitable. Ahora se ve obligado a vencer todos los partidos en la estela de una Francia que no falla y, además, a asaltar París en el encuentro que el 15 de marzo cerrará la competición.
Italia ilusiona, Irlanda preocupa
Tras el avance de los últimos años Italia se acredita como otra posible animadora del Seis Naciones. En su victoria de la primera jornada contra Escocia se quedó en el 36% de posesión de balón y el 31% de dominio territorial. Venció multiplicándose en defensa: completó 226 placajes y sólo falló 26 (86% de éxito). Este sábado perdió el segundo partido, cayó 20-13 frente a Irlanda en Dublín, y sin embargo se marchó entre elogios por el dominio en la primera mitad y la visible superioridad de su melé, que empujó a la local a lo largo del encuentro. La Italia de Gonzalo Quesada ha crecido en los aspectos básicos, antes era comparsa y ahora genera expectación.
Irlanda emite, por el contrario, señales de declive. Las lesiones, la tardanza en el relevo generacional y una probable bajada de nivel en puestos clave presagiaban que en 2026 podía retroceder. En la primera jornada fue arrollada en París por Francia (36-14) aunque consiguiera reducir la desventaja en la segunda parte. Ya en ese partido entre los dos grandes dominadores de los últimos años,el XV del Trébol pisó en un par de ocasiones la 22 rival y acabó perdiendo el balón. Es el espacio donde antes se mostraba letal. Este sábado, en casa contra Italia, sumó con mucho esfuerzo su primer triunfo y su segunda tarde de inquietud. A la inferioridad en melé puede, al menos, oponer la satisfacción de la remontada y un detalle positivo. En el 50% de sus rucks sacó el balón en menos de tres segundos, un dato que le permite abrigar esperanzas de mejora.
Francia y Gales, cara y cruz
El tropiezo inglés deja ahora como gran favorita a Francia, que está descosiendo a los rivales sobre todo con su juego abierto. El domingo, los jugadores de Galthie le metieron tres ensayos, 19 puntos, a Gales en el primer cuarto de hora. Si sus delanteros se despliegan por todo el campo, los tres cuartos irrumpen vertiginosos, se apoyan y en segundos agujerean la trinchera contraria. Al mando, tres jugadores que se caracterizan por su lectura inmediata para leer espacios y, si no los ven, fabricarlos. El medio melé Dupont, el apertura Jalibert y, en las transiciones de defensa a ataque, el zaguero Ramos.
El francés Theo Attissogbe se escapa de la defensa galesaPaul EllisAfp
En el primer partido contra Irlanda Francia rompió 19 veces la línea defensiva y anotó cinco ensayos. En el segundo contra Gales (12-54 en Cardiff), sólo tuvo el 45% de la posesión. Pero aun así sumó 28 rupturas, 1.152 metros con el balón en la mano y ocho ensayos. En un partido rápido Francia parece ahora mismo imparable.
Gales, para su desgracia, confirma las previsiones.Ha encajado 48 puntos de Inglaterra y 54 de Francia. A ratos domina sin obtener fruto, otros resiste en defensa con el orgullo herido, pero transmite la incómoda sensación de ser inferior a sus rivales. En el primer partido la acumuló indisciplinas y expulsiones; en dos ocasiones llegó a quedarse con dos jugadores menos sobre el campo. En el segundo, al menos, no sufrió ninguna expulsión. Puede refugiarse en el consuelo de que ya ha jugado contra los dos rivales a priori más potentes. En la esperanza de que le faltan dos partidos en casa. En la certeza de que, tras este arranque, lo más probable es mejorar.
El Barça revivió los peores recuerdos de la etapa de Xavi. Un error defensivo de Koundé, en la recta final del partido, acabó por salirle carísimo. Los azulgrana se plantaron en los últimos minutos de su duelo con el Celta con un 0-2 en el zurrón gracias a los tantos marcados por Raphinha y Lewandowski, reconciliado con el gol tras dos jornadas sin sumar más muescas a su revólver, pero acabaron viendo cómo el conjunto local ponía la igualada en el marcador y amenazaba con hacerse finalmente con los tres puntos después de que el ímpetu de Casadó le obligara a marcharse a la caseta antes de tiempo por doble amonestación. Los locales, no obstante, a pesar de su toque de corneta final, tuvieron que conformarse finalmente sumar solo un punto. [Narración y estadísticas, 2-2]
El Barça, de hecho, aprovechó un latigazo de Raphinha, cuando apenas se había jugado el primer cuarto de hora del partido, para marcharse al descanso con ventaja frente a un Celta que tuvo más llegada al área contraria, pero que estuvo terriblemente falto de puntería a lo largo de los primeros 45 minutos. Y, cuando logró que alguno de sus remates encontrara el camino de los tres palos, chocó o bien con la ordenada zaga barcelonista o bien con un Iñaki Peña que, poco a poco, sigue afianzándose bajo los palos del conjunto azulgrana.
Los locales, además, se marcharon a la caseta tremendamente enfadados por dos acciones que podrían haber cambiado muchísimo las cosas. Por un lado, un posible penalti de Gerard Martín sobre Iago Aspas que podría haber supuesto la segunda cartulina para el zaguero formado en La Masia, no concedido ni por Soto Grado ni por el VAR, y, por el otro, una contundente entrada de este mismo lateral izquierdo sobre el capitán celtista que, para el de Moaña, debería haber sido sí o sí merecedora de una nueva amonestación y su consiguiente expulsión. Amonestación que, en cambio, si vio el propio Aspas por sus reiteradas protestas.
De nuevo sin Lamine Yamal, aún con molestias en el tobillo, Flick sorprendió concediéndole a Gavi su primera titularidad desde la gravísima lesión de rodilla que lo tuvo prácticamente un año en el dique seco. El centrocampista azulgrana, cómo no, hizo gala de su habitual garra en la presión, mientras que Dani Olmo debía encargarse inicialmente de labores ofensivas desde la banda izquierda y Raphinha le tomaba el relevo al joven crack barcelonista en la derecha.
Raphinha celebra el tanto contra el Celta.Emilio LavandeiraEFE
El ex del Leipzig, por su parte, tuvo una buena opción para ampliar las distancias con un disparo seco bien abortado por Guaita, mientras que Lewandowski, titular tras superar las molestias en la espalda que le impidieron jugar con Polonia y otra vez más trabajador que brillante en la primera mitad del duelo, vio cómo le anulaban un gol por un claro fuera de juego.
Flick, para ahorrarse nuevos sustos, decidió dejar en la caseta a Gerard Martín con vistas a una segunda parte en la que el Celta salió con todo dispuesto a, por lo menos, igualar las cosas en el marcador. Y a punto estuvo de lograrlo muy pronto, con un remate cargado de picardía de Aspas, casi desde el centro del campo, con el que trató de sorprender a un Iñaki Peña acostumbrado a vivir lejos de su portería.
No obstante, sería el Barça el que volvería a golpear de nuevo. En esta ocasión, por medio de Robert Lewandowski. El polaco aprovechó a la perfección una asistencia tras recuperación de Raphinha para marcharse con algo de fortuna de la zaga local y llevar el 0-2 al marcador de Balaídos. Alfon, casi acto seguido, obligaría a Iñaki Peña a ir al suelo para evitar un remate con más intención que peligro. El alicantino, poco después, frustraría también un remate de un Hugo Álvarez que se plantó en sus dominios tras romper el fuera de juego azulgrana.
Los azulgrana, con una ventaja más que clara en el zurrón, apostaron por ir bajando paulatinamente el ritmo del juego. La expulsión de Casadó por doble amarilla, en los instantes finales y un error de Koundé que propició el 1-2 de Alfon pusieron picante a una recta final en la que Hugo Álvarez, a cinco minutos de llegar al 90, acabó por materializar un 2-2 que los locales trataron hasta el final de convertir en el 3-2, con más corazón, en este caso, que puntería.