La esperada final europea en Bilbao llega anticipada y envuelta en una cainita guerra interna. El Athletic recibe hoy a la Roma tras perder en el Olímpico en el descuento (2-1). Pero en el Botxo casi no se habla de fútbol. Son los radicales de uno y otro bando quienes atraen focos y preocupación. Los apenas 500 seguidores agrupados en la Iñigo Cabacas Herri Harmaila (ICHH) se han comprometido a convertir hoy San Mamés en un «infierno» tras lograr que la directiva de Jon Uriarte les reconociera como interlocutores. Otros 400 ultras de la Roma forman parte del grupo de 2.000 seguidores italianos que se esperan en La Catedral. La Ertzaintza y la Policía Local han desplegado un enorme dispositivo policial que servirá de «ensayo» de la final de la Europa League que se celebrará el 21 de mayo en San Mamés.
«Queríamos una final en San Mamés y ya la tenemos», señaló, en las horas previas al encuentro, Ernesto Valverde. El tono mesurado del técnico vitoriano contrasta con los ánimos caldeados de una afición dividida. Un San Mamés convertido en un intercambio de gritos y pitidos, como ocurrió en el partido del domingo contra el Mallorca. Casi 45.000 socios abuchearon cada grito de los ICHH, el sector radical crítico con la directiva de Jon Uriarte que ha protagonizado numerosos incidentes castigados con 85.000 euros en multas abonadas, hasta ahora, por el club rojiblanco.
La previa de la final contra el equipo de Claudio Rainieri se ha jugado entre comunicados y reuniones. Los de ICHH hicieron público el pasado lunes una «propuesta» de falsa tregua con sabor a chantaje. La propuesta de los radicales exigía que sus líderes asumieran la animación con megáfonos, bombos y banderolas propios. El Athletic, 24 horas después, se reunió con representantes de este grupo de seguidores. Una cita cuestionada por cientos de socios rojiblancos hartos, como gran parte de San Mamés, del protagonismo de ICHHen este conflicto interno por el control de una grada de animación con más de 4.000 aficionados.
La posición pública del Athletic advirtió de las «incorrecciones e inviabilidades» de las exigencias de sus ultras. El tono del comunicado y la «vía para que ICHH pueda dinamizar la animación el próximo jueves» chirría con el posicionamiento que hasta ahora había mantenido Jon Uriarte.
Más aún cuando los últimos gritos lanzados por los miembros de la ICHH el pasado domingo fueron los de «¡Uriarte, kanpora! («¡Uriarte!, fuera»). El resto de San Mamés -más pendientes de los gritos que del juego- descalificó con sus silbidos las consignas contra su presidente. La propuesta para recuperar hoy una momentánea y endeble paz social pasa porque los miembros de la ICHHacepten animar con los megáfonos del club -permiten grabar las consignas que se utilicen- y permitir que lleven su pancarta, banderolas e incluso bombos.
«Que haya acercamientos es muy positivo para nosotros», respondió ayer el capitán Óscar de Marcos para valorar esta pax romana en San Mamés. El lateral rojiblanco no quiere que el partido de hoy (18.45 horas) sea su último duelo en Europa. El acicate de que la final de la segunda competición europea se dispute el próximo 21 de mayo en San Mamés empuja a un equipo que prácticamente ha descartado la presencia de Oihan Sancet en la punta de ataque junto a los hermanos Williams.
Antes del pitido inicial, la alta tensión del duelo recorrerá las calles de Bilbao. Los ultras de la Roma podrían contar con el apoyo de seguidores del Frente Atlético. San Mamés ha sido perimetrado con una valla alrededor de la enorme explanada a la que se accede para establecer un primer filtro de seguridad. El Ayuntamiento de Bilbao, además, ha ordenado a las cafeterías y bares de los alrededores la retirada de sillas y mesas de sus terrazas desde las 15.00 horas. 45 minutos más tarde se cortarán tramos de las calles Gran Vía, Sabino Arana y el Puente Euskalduna. En ese momento está previsto que se inicie la marcha de la afición de la Roma hasta el estadio. El fútbol, si nadie lo impide, volverá a San Mamés cuando el árbitro Clement Turpin (Francia) arranque el partido.