Alcaraz se cabrea con Rublev para llegar a su segunda final este año

Alcaraz se cabrea con Rublev para llegar a su segunda final este año

Carlos Alcaraz juega al tenis por el placer de jugar al tenis y cuesta ver un partido en el que eso no sea así. Este viernes, en las semifinales del ATP 500 de Doha, fue el caso. El español no es uno de esos deportistas que quiere romper a su rival, acabar con sus ánimos, hundirle. Su mente suele moverse por el disfrute propio y, en muchas ocasiones, el disfrute de quienes le están viendo. Pero ante Andrey Rublev eso cambió. Quizá por el cansancio después del Open de Australia, quizá por sus sensaciones estos días en Catar y, seguro, por el comportamiento del ruso, Alcaraz se cabreó y así venció por 7-6(3) y 6-4 para clasificarse para la final del torneo. En las gradas del complejo Tenis Khalifa Internacional, su amigo Holger Rune, que bien lo conoce, se reía.

Por una vez y sin que sirva de precedente, el español cambió la sonrisa por el ceño fruncido y la alegría por la irritación para hacerse con el triunfo. En realidad, las dos maneras son válidas. Aunque a Alcaraz le funciona mejor la positiva. Lo sabía su entrenador, Samu López, que a principios del segundo set le pedía que levantara la cabeza y sonriera, y lo sabía él mismo, que intentó tranquilizarse. Pero el cabreo no se le fue del cuerpo hasta que cerró el encuentro.

El momento de la polémica

El enojo de Alcaraz llegó por una extraña queja de Rublev. En los primeros juegos del partido, el español había estado impreciso y desordenado en los intercambios largos, como ya le había pasado en cuartos de final ante Karen Khachanov. El ruso tuvo entonces opciones de adelantarse, pero prefirió autoflagelarse, como acostumbra: en lugar de centrarse en su magnífica derecha, se martirizó por sus problemas con el revés. Así se descubrió con un break en contra. En el marcador, 5-4, saque para Alcaraz, y todo parecía decidido. Pero ahí tuvo lugar la polémica.

Rublev obtuvo una bola de rotura y, justo antes de que se disputara, empezó a quejarse al juez de silla. Que si Alcaraz tardaba mucho en sacar, que si a él le habían advertido por lo mismo… El español no entendía nada. En ese preciso instante, con el set en juego, era un momento inadecuado para congelar el encuentro. Y esa desorientación le afectó. Después de un rato de charla entre Rublev y el juez, Alcaraz se enfrió, cometió una doble falta y se vio obligado a alargar un set que tenía controlado. Su cara lo decía todo: estaba enfadado. En los puntos posteriores empezó a tirar derechazos como si estuviera poseído, y le funcionó hasta que dejó de hacerlo. Al final tuvo que esperar al tiebreak para calmarse y llevarse ese primer set.

La finura de Alcaraz

Cuando lo hizo, Rublev ya se había desesperado. Después de romper las cuerdas de la raqueta contra su rodilla y de tener que marcharse a los vestuarios por ello, el ruso encaró el segundo set con el ánimo torcido. Nuevamente volvió a inquietar a Alcaraz, especialmente con su finura al resto, pero en los momentos decisivos se vio superado por el número uno, ya más relajado. Divertido y cabreado a partes iguales, Alcaraz no deja de ganar este año, y este sábado —a las 19.00 horas por Movistar— disputará su segunda final.

kpd