La emboscada pilló desprevenido a Carlos Alcaraz, demasiado temprano, ante un rival inesperado: todo fue una sorpresa. En uno de los mejores momentos de su carrera, Jaume Munar le planteó una complicada batalla y casi le cuesta la eliminación del ATP 500 de Queen’s. Al final, Alcaraz venció por 6-4, 6-7 (7) y 7-5 en tres horas y 23 minutos y este viernes se enfrentará en cuartos de final al vencedor del duelo entre Reilly Opelka y Arthur Rinderknech. Después quién sabe, ya cayeron eliminados favoritos como Taylor Fritz, Alex de Miñaur, Ben Shelton, Francis Tiafoe o Jakub Mensik, y parece que lo peor ha pasado.
Fue un partido extraño, de eso no hay duda. Hubo intercambios geniales entre ambos, desde el fondo, como en tierra batida, y hubo errores raros en momentos decisivos. Con las piernas cansadas de su gesta en la final de Roland Garros ante Jannik Sinner, por la noche Alcaraz recordará las bolas de partido que desaprovechó en el tie-break del segundo set, una de ellas por una doble falta.
Cuando lo haga, eso sí, podrá consolarse con los fallos de su adversario. De hecho, el primer set se decantó por un juego en el que Munar encadenó tres dobles faltas consecutivas y ya no pudo remontar. El partido entero parecía desigualado por ese mal rato, pero el que fuera ahijado de Rafa Nadal supo arreglarlo. Con lucha y su derecha, Munar fue envolviendo a Alcaraz en un nube densa y al actual número dos del mundo le faltaron ideas.
Durante muchos minutos intentó dominar los intercambios, pero se le notaba el cansancio de París. Sus errores en el tie-break, precisamente allí donde nunca erra, fueron el mejor ejemplo. Después, en el tercer set, supo imponer su experiencia, más templado, con más variantes en su juego, para levantarle a Munar un ‘break’ en contra y presionarle en el momento justo para resolver la pelea sin necesitar otra muerte súbita.
En Barcelona, en Madrid, en Roma y en sus entrenamientos en Roland Garros antes de su debut este lunes ante Alexander Zverev (sobre las 16.00 horas, Eurosport), multitud de aficionados se agolpaban allí por donde pasaba Rafa Nadal para despedirlo. Desde su comunicado en la primavera del año pasado, la mayoría del público había aceptado que se retiraba, que este 2024 abandonaría para siempre el Grand Slam francés y que disputaría sus últimos partidos en los Juegos Olímpicos de París, pero no estaban en lo cierto. ¿Quién lo desmintió? El propio Nadal.
Primero, las semanas anteriores, con timidez y finalmente, este sábado, con rotundidad el vencedor de 22 Grand Slam lo negó todo. «No quiero obligarme a decir que este es mi último Roland Garros. No quiero cerrarme puertas. Estoy disfrutando del tenis, viajando con mi familia y no sé cómo responderé si juego con menos limitaciones», comentó en la sala de prensa de la Philippe-Chatrier, su casa. Una alegría para su público. O no. Porque Nadal sueña con jugar otra temporada, pero también reconoce que cualquier contratiempo, cualquier 'crec', cualquier dolor, le devolvería al abismo de la retirada. El equilibrio es incierto. El español deshoja y deshoja la margarita de su futuro, pero la flor todavía no le responde. No es el momento.
YOAN VALATEFE
«Le entiendo. Se sigue notando motivado, en los entrenamientos se encuentra bien y piensa que no hace falta retirarse, pero luego en los partidos su físico le lastra y cambia de parecer. Un día ve el sol y el otro, las nubes y así es difícil tomar una decisión firme. Hay que pensar que Rafa no se retira porque quiere, se retira porque su cuerpo le obliga. Eso es muy importante», analiza en París, Alex Corretja, dos veces finalista aquí, ahora comentarista del segundo Grand Slam de la temporada para Max y Eurosport, que lo emitirán al completo.
Fuerte en los entrenamientos
Quien fuera número dos del mundo recoge así las percepciones del entorno del propio Nadal que asegura que su nivel físico está por encima de lo mostrado en los últimos partidos. La cruda derrota ante Hubert Hurkacz en segunda ronda del Masters 1000 de Roma fue muy desconcertante. Pero ya lo había sido la dificultad para vencer a Zizou Bergs en el estreno del torneo. Nadal entonces venía de una semana de entrenamientos a altísima intensidad, con un set de práctica ganado a Stefanos Tsitsipas, y se entendía capaz de más.
Ahora, antes de Roland Garros, también llega después de derrotar en entrenamientos a rivales de la talla de Sebastian Korda, Stan Wawrinka, Daniil Medvedev y Holger Rune, por lo que ni él mismo deduce qué pasará. El trabajo de los últimos meses podría florecer, vencer a Zverev y abalanzarse sobre el torneo como hizo tantas veces. O podría caer pronto, hacerse daño y entender que sí, que ahora ya, que toca decir adiós.
Sin homenajes en París
En ese funambulismo se mantiene desde hace más de un año. Un continuo sí, pero no. «Mi intención es que 2024 sea mi último año», dijo en marzo de 2023 cuando se apartó de las pistas, pero unos meses después, en septiembre, ya recuperado de su operación de cadera, se retractó: «No puedo asegurar que 2024 será mi último año». Ausente del Masters 1000 de Montecarlo, este curso tampoco se despidió del todo del Trofeo Conde de Godó y el Masters 1000 de Roma y sólo fue tajante sobre su última participación en el Mutua Madrid Open, un torneo hacia el que siente amor y odio. Nadal nunca ha dicho que éste será su último año en Roma.
ALESANDRO DI MEOEFE
«Creo que en 2025 jugará en Montecarlo y en Roma, pero dependerá de cómo le vaya en los próximos torneos», aseguraba esta semana Paolo Lorenzi, ex jugador y director del torneo italiano, que recordaba también que al español le queda calendario esta misma temporada. Porque Nadal se ha inscrito en Wimbledon -aunque es improbable que juegue- y ha confirmado que estará en la Rod Laver Cup de septiembre.
Su indecisión ha impedido que Nadal reciba homenajes oficiales más allá del que vivió en Madrid y tampoco habrá actos parecidos en Roland Garros. Pese a la escultura que luce esplendorosa a la entrada de la Philippe-Chatrier, el español podría abandonar el torneo parisino sin más, pues así lo ha pedido él. «Teníamos algo planeado, pero quiere dejar la puerta abierta, así que no le presionaremos. Puedo confirmar que no habrá homenaje este año», comentaba ayer la directora de la competición, Amelie Mauresmo, que confía en que, llegado el momento, la afición parisina improvise una despedida a Nadal a su altura.
Mundial de atletismo
JAVIER SÁNCHEZ
Enviado especial
@javisanchez
Budapest
Actualizado Sábado,
26
agosto
2023
-
21:21Introvertido, silencioso, busca en los 5.000 metros la gloria que...
Jannik Sinner ya estaba clasificado como primero de su grupo para las semifinales de las ATP Finals, pero el partido aún repartía puntos y el hambre del italiano sigue siendo insaciable. Ante Ben Shelton venció por 6-3 y 7-6(3) con la clara sensación de que, de haberlo necesitado, habría ganado más rápido y con más contundencia.
«¡Bravo!», le gritó a Carlos Alcaraz antes del partido, justo después de la ceremonia de entrega del trofeo de número uno del año, y luego le dedicó unas bonitas palabras: «Si tuviese que elegir a otro jugador para acabar número uno en lugar de mí, siempre le elegiría a él; se lo merece». Sinner también reconoció su sana envidia: «Estoy feliz por él, pero si me preguntas si estoy muy, muy feliz, te mentiría. Ha tenido una temporada increíble: ha ganado dos Grand Slams, ocho torneos. Está jugando a un gran nivel y es competitivo en cualquier superficie».
Para Sinner, el número uno de Alcaraz es una motivación de cara al próximo año, y así lo expresó antes de entrar en una de las polémicas más comentadas estos días en Turín.
Tras conquistar dos Copas Davis consecutivas, Sinner ya anunció hace semanas que no estaría en la cita de la próxima semana en Bolonia, y su compañero Lorenzo Musetti hizo lo propio este jueves. Italia buscará su tercera corona con un equipo igualmente competitivo —Matteo Berrettini, Lorenzo Sonego, Flavio Cobolli, Andrea Vavassori y Simone Bolelli—, pero las ausencias, especialmente la de Musetti, han recibido numerosas críticas en el país.
«Veo más factible que la Copa Davis se juegue cada dos años, porque es difícil que los mejores participen cada temporada», reflexionó Sinner este viernes, en la misma línea que Alcaraz o Zverev. Como ya ocurría antes del cambio de formato, la Davis vuelve a convertirse en una incomodidad para los mejores tenistas, que deben defender a sus países en uno de los momentos más exigentes del año: finales de noviembre, en pleno cierre de temporada.
En este contexto, el debate sobre el calendario vuelve a cobrar fuerza. Los jugadores reclaman una mayor coordinación entre torneos, federaciones y organismos para evitar la saturación de finales de año, cuando el desgaste físico y mental es más evidente. La Davis, símbolo histórico del tenis por equipos, se encuentra así en una encrucijada: mantener su prestigio sin comprometer la salud y la disponibilidad de los mejores. La próxima edición podría ser decisiva para definir si el torneo necesita un nuevo ajuste o una reforma profunda para recuperar la presencia de las grandes estrellas.