Ángel Morales, la vida de un descubridor de puertos: “He dibujado unas 400 altimetrías”

Ángel Morales, la vida de un descubridor de puertos: "He dibujado unas 400 altimetrías"

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El ciclista aficionado lleva casi 40 años buscando ascensos que no conozca nadie. “Mi puerto favorito es el Zoncolan, lo dibujé en 1988 y 15 años después pasó el Giro”, dice.

Morales, en el Monte Lussari, en Italia.A.M.

Un puerto. El que sea. El Tourmalet, los Lagos de Covadonga, el Mortirolo. Escriban el nombre en Google. Saldrá un dibujito con la subida dividida en kilómetros, el porcentaje de pendiente de cada tramo, el desnivel y otros detalles como si hay casas, rotondas, parkings o fuentes por el camino. Es la altimetría. Y puede parecer un trabajo de la Inteligencia Artificial, o de Google Maps, o de cualquier software sotiscado, pero no lo es. Si existe información sobre las montañas que se ascienden en el Tour, la Vuelta o el Giro es porque unos aventureros, unos poquísimos aventureros, llevan toda la vida buscando ascensos inexplorados, rampas desconocidas, subidas vírgenes. Uno de ellos es Ángel Morales y lo de toda la vida no es una exageración: tiene 54 años y empezó con 15. Nadie ha “cazado” más puertos que él y no solo en España, también en Italia, Francia, Suiza o Austria y países más recónditos como los de este año, Albania y Ecuador.

Para empezar, una pregunta difícil: ¿Cuál es su puerto favorito?
Diría que el Zoncolan, en Italia. En 1988, siendo un adolescente, en uno de mis primeros viajes, estuve allí, lo dibujé y se lo envié a una revista ciclista italiana. Me contestaron: ‘¿Cómo es posible que lo hayas conocido antes que nosotros?’. Luego, en 2003, 15 años después, lo subió el Giro, que ha vuelto varias veces. Para mí es especial. Antes, además, todo era más difícil: comprabas mapas topográficos y mapas de carreteras, hacías algunas llamadas al pueblo, viajabas allí y explorabas con la bicicleta. Si en la subida había asfalto, perfecto, si no, media vuelta. Te llevabas más chascos.

Morales fue, como todos, un niño que soñaba con ganar etapas y a los 20 años corrió en amateurs con el equipo Hotel Queralt de Berga, un filial del Kelme, pero pronto se cansó de la competición y sus padeceres. “Lo mío siempre ha sido la aventura. Me aficioné a hacer altimetrías por Mario Ruiz, que publicaba en ‘Ciclismo a fondo’ y desde entonces, cada verano, viajo en busca de nuevos puertos, de lugares que no se conozcan. He dibujado unas 400 altimetrías. Es otra forma de vivir el ciclismo. Podría hacer cada año la Quebrantahuesos, pero eso no me atrae. En lugar de eso, me gasto el dinero explorando por el mundo”, explica el ciclista de La Pobla de Lillet que este año ha dibujado las subidas al Chimborazo, al Cotopaxi y al Mirador del Cóndor en Ecuador y, en Albania, el ascenso al Llogara Pass entre otros. Quien sabe si algún día revivirán sus pedaladas los mejores ciclistas del mundo. Ciclistas como Sepp Kuss, vencedor de la última Vuelta a España, que aprovecha los dibujos de Morales para sus entrenamientos por Cataluña.

¿Cómo se hace una altimetría?
Con un altímetro, un ciclocomputador y una grabadora. Voy subiendo y voy grabando. En el kilómetro 0, tal altura, en el kilómetro 1, tal altura, aquí hay una fuente, aquí hay un cruce… Luego en casa lo reviso todo con el mapa topográfico, que es el que manda, y lo dibujo. Los ciclocomputadores actuales hacen solos la altimetría, pero nunca está bien, cometen muchos errores. Hay que cotejar esos datos.

Actualmente Morales, empleado de una fábrica de papel en La Pobla, publica sus altimetrías en la revista especializada Ziklo y ya está. Después de muchos años en el foros de ciclistas exploradores como APM ha dejado de subir sus trabajos a internet. “Luego los coge cualquiera, los firma y se los atribuye”, comenta. “Me parece una afición inacabable. Hay gente que cree que ya está todo descubierto, pero ni mucho menos. En España sí es así porque se asfalta poco en la montaña, pero me faltarán vidas para conocer los Alpes al completo. Allí se puede subir a cualquier carretera que va a una casa o a un prado”, analiza Morales que, si la salud se lo permite, no parará nunca.

Con los años ha formado una grupeta de investigadores y ya planean nuevas expediciones en busca del puerto perdido. ¿Dónde? Habrá que mirar los mapas. “Seguiré hasta que pueda, tengo muchos proyectos. No es algo que guste a mucha gente, la mayoría de aficionados al ciclismo suben siempre los mismos puertos y quieren completar la lista de los más conocidos. Yo hago lo contrario. Busco los que no ha subido nadie”, finaliza Ángel Morales, el descubridor de puertos.

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