Es la historia de siempre en el mundo del fútbol. Cuando el juego y los resultados no acompañan, lo más fácil es hacer un cambio en lugar de 20. Y ese único cambio suele centrarse en un punto: el banquillo. Ahora, por mucho que desde el entorno azulgrana se insista en que, por el momento, no habrá movimientos, Xavi está de lleno en la diana. El bajón de juego de las últimas fechas, marcado por una inusitada fragilidad defensiva, y las dos derrotas consecutivas encajadas ante el Girona y el Amberes convierten al duelo ante el Valencia en Mestalla en toda una piedra de toque. La idea, en principio, es dejarlo todo en stand by hasta enero, cuando empiecen a estar en juego de verdad los títulos, empezando por la Supercopa. Una nueva debacle, no obstante, podría revolucionarlo todo.
La figura de Xavi empieza a estar en entredicho. Sobre todo, a nivel de autoridad. La rocambolesca situación que rodeó al encuentro frente al Amberes, con una convocatoria en la que Araujo, Gündogan, De Jong y Lewandowski iban a quedarse fuera para descansar y en la que finalmente entraron todos menos el holandés fue sólo el principio.
Xavi, en la previa del partido, aseguró que todo se consensuaba tanto con el director deportivo, Deco, como con el presidente, Joan Laporta, por mucho que RAC1 llegara a señalar que el cambio en la lista se debió a una petición expresa del dirigente. El portugués, por su parte, avivó el fuego señalando en los prolegómenos que las convocatorias eran únicamente responsabilidad del entrenador. La vuelta de tuerca final, con todo, fue el hecho de que el polaco, finalmente, incluso fuera titular. El de Terrassa aseveró que había hablado con él y que le dijo que no estaba cansado y que quería jugar. Su participación, a pesar de todo, estuvo de nuevo muy lejos de su mejor versión.
El presidente, en el vestuario
Toda esta suma de situaciones, unidas a un bache de juego del equipo que, salvo oasis como el vivido ante el Atlético, es cada vez más patente, colocan insistentemente a Xavi en el punto de mira. Las aparentes consignas de no hablar sobre el entrenador que parecen tener muy asumidas en el seno de la directiva no están teniendo el efecto deseado. Puede que los dirigentes eviten hablar de él o que, incluso, reiteren su máxima confianza en sus posibilidades. Pero el fútbol no tiene nada de paciencia. En absoluto.
Da lo mismo que el Barça se impusiera con brillantez al Real Madrid en la Supercopa a principios de este año que ya termina o que se hiciera con el título de Liga. El ahora no es para nada halagüeño y es el presente, sobre todo, lo que acaba marcando la agenda. Fue sintomático, por ejemplo, que el propio Laporta bajara a los vestuarios del estadio del Amberes para tratar de levantarles el ánimo a los futbolistas, pero que acabara abandonando el estadio seriamente cabizbajo. A nivel mediático, tanto propios como extraños ya empiezan a hablar cada vez más de la opción de un relevo en el banquillo.
Xavi, por supuesto, entiende que la situación no es buena. «No queda otra, hay que ser críticos. No estamos en una buena racha, pero esto sigue y ya pensamos en el partido del sábado contra el Valencia. La derrota que hace daño fue contra el Girona, esta es mucho menos dolorosa», trató de arengar el técnico, a pesar de que el domingo se perdió contra el vigente líder de la Liga y de que el Amberes, de hecho, ni siquiera había logrado puntuar hasta este miércoles.
Xavi, durante el partido en Amberes.Geert Vanden WijngaertAP
«Se ha generado en este partido una sensación innecesaria. Las sensaciones son desde fuera, no son malas desde dentro. Es una decisión consensuada: Robert y Gündogan me dicen que están bien. Lo decidimos nosotros, el club. La última decisión la tomo yo. El entrenador no queda en una mala posición y el presidente en buena: es un tema de grupo. Dentro no tenemos ningún problema. Hoy hemos estado hablando con presidente y Deco durante dos horas. Estamos vivos, es un momento de disfrutar y pensar de donde venimos», insistió.
¿Y el vestuario? Según señaló Ferran Torres, apoya sin tapujos a su técnico. «Estamos con el míster y su idea a muerte. Es fácil criticar al entrenador, pero los que estamos en el campo somos nosotros. Sabemos cómo es el Barça, nos intentan destruir, poner nerviosos, pero, a partir de ahí, vamos a darle la vuelta a todo. Siempre hay mucho ruido externo», aseguró el delantero, de quien se deslizó últimamente que no estaba muy contento con su papel en el equipo. La consigna, ahora, parece ser cerrar filas. ¿Hasta cuando? La pelotita, como siempre, dictará sentencia.
Durante casi cinco semanas en Nueva Zelanda y Australia, Luis Rubiales nunca manejó otra opción en su cabeza. España, por primera vez en la historia, iba a proclamarse campeona del mundo de fútbol en categoría femenina. Lo repetía a modo de mantra. Con una convicción casi suicida. Así que sus colaboradores, entre la prudencia y el estupor, optaron por seguirle la corriente. Las futuras campeonas, con quienes había mantenido notorias discrepancias, también empezaron a observarle con creciente simpatía. En aquel verano de 2023, el ex presidente de la Federación ejercía como único enlace entre el vestuario y su técnico, Jorge Vilda. Porque ese vínculo se había roto tiempo atrás. Y no había reconciliación posible. Sin embargo, tras cada victoria en el Mundial, el entusiasmo de Rubiales empezaba a resultar más y más contagioso. De algún modo, cautivador. Su apuesta por el fútbol femenino, esta vez sí, era firme. Así se lo había repetido mil veces a Jennifer Hermoso. Con ella mantenía una relación muy estrecha, basada en la camaradería. En un visceral modo entender el fútbol y la vida. Sin embargo, el 20 de agosto de 2023, sobre el césped del Stadium Australia de Sydney, Rubiales propinó un beso no consentido a Hermoso que puso patas arriba el fútbol español y por el que, a partir de hoy, deberá rendir cuentas en la Audiencia Nacional. Se le acusa de dos delitos: agresión sexual y coacciones. La Fiscalía pide para él una pena de dos años y medio de cárcel.
En el banquillo del Juzgado Central de lo Penal, presidido por el magistrado José Manuel Clemente, también se sentarán Jorge Vilda, ex seleccionador femenino, Albert Luque, ex director deportivo de la selección masculina y Rubén Rivera, ex responsable de marketing de la selección. A los tres se les imputa un delito de coacciones, por el que podrían ser condenados a un año y medio de cárcel.
Según la denuncia de Hermoso, Vilda, Luque y Rivera intentaron subestimar la importancia de lo sucedido, presionándola para que no tomase medidas legales. Respecto al beso de Rubiales, Jenni admitió haberse sentido «vulnerable y víctima de una agresión, un acto impulsivo, machista, fuera de lugar y sin ningún tipo de consentimiento por mi parte». Así definía, el 25 de agosto de 2023, los hechos. Sin embargo, sólo unos minutos después del beso, ni Hermoso ni su entorno más cercano, incluido el sindicato FutPro, mostraban alarma alguna. ¿Qué sucedió en esos seis días para que la capitana cambiase el discurso? Tras consultar con varios testigos, EL MUNDO ha querido reconstruir, paso a paso, aquellos hechos.
«Estoy para lo que me pidáis»
Para comprender de forma más precisa lo que pasó aquel domingo en Sydney hay que remontarse unos días atrás. En concreto, hasta el acceso de España a las semifinales, donde se mediría a Suecia. «Estoy para lo que me pidáis. Si queréis que vengan más familiares, adelante», contó Rubiales a sus jugadoras. Aquello suponía otro paso en el plan de conciliación por el que ellas tanto habían peleado. El que les igualaba en derechos a otras selecciones de la elite.
Porque desde el inicio del torneo, Irene Paredes e Ivana Andrés, dos de las líderes, pudieron convivir en el hotel de concentración con sus parejas y sus hijos: Mateo, de dos años, y Jara, de apenas unos meses. Rubiales se había involucrado personalmente para que todas dispusieran de una bolsa económica destinada al desplazamiento de sus familiares. Aunque en el inicio del torneo ese reparto resultó algo caótico, con el paso de las semanas se hizo más flexible. De igual modo, las malas caras de los primeros días dieron paso a un ambiente más cálido. Salvo un par de excepciones, el equipo apreciaba el golpe de timón de su presidente.
Sin embargo, el clima interno distaba del ideal. Baste el caso de Misa Rodríguez, relegada a la suplencia tras el 0-4 ante Japón. A partir de ese momento, la guardameta rompió cualquier relación con Vilda. Sin olvidar la clásica rivalidad de clubes trasladada a la selección. Ivana Andrés, capitana, y Misa Rodríguez, jugadoras del Real Madrid, observaban con recelo a las del Barça, con siete titulares en la final ante Inglaterra. Cuando las azulgrana pidieron permiso a Ivana para que Paredes alzase la copa, la madridista se negó en rotundo. Ella había seguido con Vilda durante el plante de Paredes y otras 14 compañeras en 2022. «Si algo nos enseñó aquel Mundial es que, a diferencia de lo que suele decirse, un equipo con un vestuario roto sí puede alcanzar el éxito», explica a este periódico un ex trabajador de la RFEF.
Vilda, durante el calentamiento previo a la final ante Inglaterra.AFP
La gravedad del asunto habría desesperado a otro presidente, pero no a Rubiales. En realidad, aquellos manejos le parecían peccata minuta. Al fin y al cabo había sido él, socialista de cuna, hijo del alcalde de Motril, quien pactó con Gerard Piqué una comisión de 24 millones de euros por el traslado de la Supercopa a Arabia Saudí. Era su peculiar modo de entender la presidencia. Después de mil escaramuzas con Javier Tebas, presidente de LaLiga; después de tantos devaneos con Pedro Sánchez para organizar el Mundial 2030; después de grabar en secreto sus conversaciones con José Guirao, ministro de Cultura y Deporte; después de la fiesta en un chalet de Salobreña con una decena de «chicas de imagen»; después del espionaje a David Aganzo, presidente del sindicato AFE, Rubiales se sentía invulnerable. Dos meses antes ya había gozado con la Nations League, un logro menor. Ahora necesitaba otro título a escala planetaria: el Mundial femenino.
Aferrado a su incombustible optimismo festejó desde el palco de autoridades el gol de Olga Carmona, maldijo el penalti errado por Jenni Hermoso y descontó, uno a uno, los 13 minutos de tiempo añadido. Tras el pitido final, la tensión se le iba a desbordar del modo más obsceno: una mano en los testículos ante la atónita mirada de la Reina Letizia y la Infanta Sofía. Pocos metros más allá, en la zona VIP donde se sentaban los representantes de clubes, federaciones territoriales y la gente de FIFA y UEFA, nadie iba a percatarse. La mayoría se enterarían al día siguiente.
«No descarto que lo llevara pensado, como muestra de lo cercano y cariñoso que era»
Entre tanta euforia, Rubiales bajó a la hierba. Las campeonas desfilaban hacia el podio, donde Gianni Infantino, presidente de la FIFA, y la Reina entregarían el trofeo. Una a una fueron pasando. Al llegar Jenni, ante casi nueve millones de españoles frente al televisor, Rubiales le lanzó un beso en la boca. «No descarto que lo llevara pensado, como muestra de lo cercano y cariñoso que era», apunta una fuente federativa.
Unos minutos más tarde ya se había formado un pasillo a modo de besamanos. «Cuando fuimos a felicitarle, el clima era de cachondeo, de cero importancia. Algunos le recordaban lo sucedido entre Iker Casillas y Sara Carbonero», rememora otra asistente, del círculo de Hermoso. Una anécdota para la mayoría de radios y televisiones que lo recogieron casi en directo. Mientras en el vestuario continúan con la broma («¡Presi, que nos casamos!») un tuit de Pablo Echenique, a eso de las 16:25 horas, hace saltar las alarmas en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas.
En el Airbus A350 de Iberia
«¿Esto de Rubiales no va a tener consecuencias penales?», se preguntaba el ex portavoz parlamentario de Podemos. La red X, a petición de la FIFA, iba a retirar su vídeo por una cuestión de derechos televisivos, aunque Echenique no cejaría en el empeño. «Aquí el fotograma del posiblemente delictivo acto de Rubiales. A ver si la FIFA me tumba esto también». Casi de inmediato, Yolanda Díaz, número dos del Gobierno en funciones, e Iñigo Errejón se sumaron a la censura.
Jenni, que había transmitido un directo por Instagram siguiendo la broma, decide atender una llamada de la Cadena COPE. Más chistes. El equipo viaja desde el hotel al aeropuerto y los responsables de prensa de la RFEF empiezan a detectar en las redes sociales un efecto de bola de nieve. Rubiales, cegado por el éxito, no da al tema trascendencia alguna. Tampoco ante los micrófonos de Juanma Castaño: «No hagamos caso de los idiotas y de los estúpidos, de verdad. Es un pico de dos amigos celebrando algo... no estamos para gilipolleces».
Según el escrito de la Fiscalía, durante ese vuelo Rubiales se dirigió a Jenni «para que accediese a hacer una manifestación pública conjunta» durante la escala en Doha. «Es verdad que hubo gente que habló con ella, pero sin ningún tipo de presiones para que grabara el vídeo», explica otro de los presentes. Mientras el escándalo alcanzaba ya cada rincón del planeta, en el interior del Airbus A350 de Iberia se sucedían escenas que rozaban lo grotesco. Con Emilio Butragueño, director de Relaciones Institucionales del Real Madrid, en pijama por los pasillos; con las campeonas rechazando cualquier petición para colaborar; con Vilda aún pendiente de su hija, que dos horas antes de despegar había sido hospitalizada por un leve problema gástrico; con los brindis de cava, las porciones de tarta y las miradas de inquina; con el secretario de Estado, Víctor Francos, tranquilizando a Rubiales: «No te preocupes, que a la ministra portavoz [Isabel Rodríguez], le vamos a decir lo que tiene que contar»...
Cuando Rubiales descubre que Jenni se niega en rotundo a comparecer junto a él, pierde los papeles. En Doha tuvo que ofrecer, solo ante la cámara, unas disculpas que sonaban a hueco. Aquel vídeo tuvo un efecto bumerán.
«En mitad de la negociación con Junts, a Pedro Sánchez le venía muy bien que se hablara de otra cosa»
Después de 22 tortuosas horas en el aire, la fiesta en la madrileña explanada del Parque del Rey tampoco despejaría los nubarro. Mientras atronaban los acordes de Juan Magán, Vicco o Camela, Francos y Rodríguez intentaban jugar, entre bambalinas, un papel de mediadores. Rubiales no quiso aparecer, convencido de que la celebración sólo correspondía a las campeonas. Un año antes, tras el éxito de la Nations League, ya había seguido desde casa los actos organizados en el WiZink Center.
Rubiales y Vilda, durante la recepción a las campeonas en La Moncloa.AFP
Él ansiaba su momento a la mañana siguiente en La Moncloa. Sin embargo, Pedro Sánchez se lo negó. Más allá de un frío apretón de manos a la llegada, el presidente del Gobierno no quiso ninguna foto con él. Durante el posado de grupo, Rubiales fue relegado a una esquina. Por aquellos días, Sánchez empezaba a negociar los votos de Junts para la investidura. «Le venía muy bien que se hablara de otra cosa, así que exprimió al máximo nuestro problema», apunta uno de sus ayudantes.
Los adeptos a la causa
Según quienes vivieron junto a Rubiales aquel final de agosto, los días siguientes en Las Rozas fueron «muy difíciles». Los gabinetes de crisis se sucedían en la tercera planta del edificio principal de la Ciudad del Fútbol. Por el despacho del presidente -más de 100 m², con terraza incluida- desfilaron los adeptos a la causa: su amigo Nene -imputado junto a él en la operación Brody-; Antonio Gómez-Reino, director de relaciones institucionales; Chema Timón, jefe de Gabinete, y su padre, Luis Rubiales López. Sin olvidar a los seleccionadores, Luis de la Fuente y Jorge Vilda o algunos presidentes de las territoriales. La inmensa mayoría, con la excepción de su padre, le animaba a resistir.
Hasta Ibiza, tratando de ablandar a Jenni, habían viajado Rivera y Luque. «Si en este momento le ayudaba seguramente le podría conseguir un puesto en la Federación», razona Marta Durántez, fiscal del caso, aportando algunos mensajes donde el ex futbolista del Deportivo acusa a Hermoso de «mala persona» y la desea «que se encuentre muy sola en la vida». A tenor de otras filtraciones, los contactos entre la jugadora y Rivera también incluían Whatsapp de diversa índole: «Rubén, puedes decir a tu mujer que no tengo bikini. Que me ha preguntado y le he dicho que sí tenía, jaja».
A última hora del martes 22, la Federación convocó una Asamblea Extraordinaria para el viernes 25. Según los más fieles a Rubiales, este fue su mayor error. Y lo atribuyen a la recomendación de Alejandro Blanco, presidente del COE, que pretendía escenificar el apoyo de todos los estamentos del fútbol. En cualquier caso, tras interminables conversaciones, el núcleo duro convence a Rubiales para que dimita en la Asamblea. El jueves 24, él mismo activa la maquinaria con la que dar por hecho su adiós. Llama al Consejo Superior de Deportes para informar de todo. La inmediata filtración de Francos no sólo le enfurece, sino que le impulsa a un último y triple salto mortal. «¡No voy a dimitir!, ¡no voy a dimitir!, ¡no voy a dimitir!».
Sólo su padre y otra persona, que no ha podido ser identificada por este diario, sabían de la pirueta. Después, tomó a sus hijas, las montó en su coche y puso rumbo a Valencia. Al mediodía del sábado 26, la FIFA, comunicó por mail a la RFEF que suspendía provisionalmente a Rubiales «mientras se tramita el expediente disciplinario». Aquello se tradujo en tres años de inhabilitación. Hasta ahí alcanzó la justicia deportiva. Hoy llega el turno de la justicia ordinaria.
Como cada verano, antes del arranque de la temporada futbolística, el Comité Técnico de Árbitros ha hecho públicas las directrices que aplicarán los colegiados a la hora de interpretar el reglamento. Entre ellas, destaca una novedad que se aplicará tanto en Primera como en Segunda División y que está destinada a aumentar el cuidado de los futbolistas: un cambio más en caso de conmoción cerebral. De esta manera, los contendientes podrán llevar a cabo una sustitución adicional, sin que afecte a las cinco de que disponen ahora por partido, para que el jugador afectado pueda abandonar el terreno de juego si así lo determinan los servicios médicos.
Los árbitros, además, aplicarán una especial mano dura con las protestas. De acuerdo con las directrices que aplican tanto la FIFA como la UEFA, únicamente el capitán estará habilitado para hacerle cualquier tipo de comentario al trencilla. Siempre, eso sí, que lo haga sin perder las formas. Cualquier otro futbolista que se acerque, será debidamente amonestado. En cuanto a las tarjetas, además, habrá novedades con respecto a las manos. Hasta el curso pasado, interceptar el balón con la mano se castigaba siempre con cartulina amarilla, salvo que impidiera una ocasión manifiesta de gol. En este último caso, se mostraba la roja. A partir de esta temporada, mientras, tocar el balón con la mano no siempre conllevará amonestación.
Los árbitros, además, tendrán una ayuda semiautomática en los fueras de juego y, en lo relativo a los penaltis, una de las acciones para las que más se suele recurrir al VAR, se tendrá especial vigilancia con respecto a los agarrones. Si son continuos y reiterados, serán castigados con pena máxima. En cuanto a otros tipos de acciones punibles dentro del área, la circular insiste en que deben ser acciones claras, significativas y con una intensidad suficiente que justifique la sanción. De esta forma, el videoarbitraje deberá abstenerse de intervenir en acciones que se consideren en principio leves, a no ser que su objetivo sea corregir penas máximas que hayan podido ser sancionadas de manera errónea con la acción en vivo sobre el césped.
En cuanto a qué debe ser considerado mano y qué no, los criterios a aplicar son muy similares a los adoptados el curso pasado. Así, se sancionará con falta por mano los casos en que un futbolista toque de manera voluntaria el balón con la mano o el brazo, en que la mano o el brazo ocupen un espacio mayor al que ocuparían en circunstancias normales o se encuentren en posición antinatural o en que, inmediatamente después de que el balón contacte con la mano o el brazo de un atacante, aunque sea de forma accidental, la jugada acabe en gol.
No se considerarán mano, mientras, los casos en que el balón impacte en la mano o el brazo y estos estén pegados al cuerpo, en apoyo o en dirección al apoyo, si golpea después de que el propio jugador o un compañero hayan tratado de jugar el balón, si hay gol después de que el esférico impacte de forma accidental en la mano o el brazo de un compañero o si un futbolista anota de forma no inmediata, con regates o conducción del balón de por medio, a que el balón haya impactado en su brazo o mano de forma accidental.